jueves, mayo 17, 2007

Poesía y presentimiento (I)

La adivinación es un arte apolíneo, de esto existe una arraigada convicción en la concepción tradicional de la poesía. Apolo, hijo de Júpiter (Zeus) y de Latona (Leto), llamado también Febo (personificación del sol) es el dios de la poesía y de la profecía.
Por su parte, los poetas, según la genealogía de los dioses que versificó Hesíodo en su Teogonía, son los hijos "de las Musas y del flechador Apolo" (v.95) Por la vía materna recibieron la facultad de recordar (pues las Musas son hijas de Mnemósine, es decir, de la memoria) y por la vía paterna, o sea, apolínea, recibieron el arte de la premonición, el don de atisbar el porvenir.
Hay en los poetas una veta de adivinos, de la cual ellos se sienten eventualmente conscientes y hasta llegan a proclamarlo en algunas ocasiones. Por más que ello suponga, más bien, una fatalidad. Pues lo que del futuro suele atisbar el poeta es aquello que atañe a su propio destino, sobre todo cuando es de signo trágico.
Estas facultades mánticas, o adivinatorias, del poeta han sido reconocidas desde antiguo, como podemos rastrear por testimonios suficientemente significativos, propios o ajenos. La misma palabra 'vaticinio' (que literalmente significa 'lo que canta el poeta') se entendió teñida de una connotación profética. Vaticinio se considera sinónimo de pronóstico.
Algunos poetas han incurrido en jactancia, al arrogarse una facultad mántica que probablemente no tenían. Los que de veras la tienen, la tienen a título de premonición, barrunto o pálpito, sin que puedan afirmar nada con certeza.
Esos atisbos del porvenir suelen vivirlos los poetas en forma de presentimientos. Algo que intuyen aunque no puedan justificar, son corazonadas, presagios que nunca se le revelan con la seguridad de que han de acontecer. Y es mejor que sea así, pues no es conveniente saberse abocado a un destino trágico.
Más o menos oscuramente, los poetas se sienten a veces en posesión de la facultad mántica. Los testimonios en este sentido datan de muy antiguo. Así en un conocido fragmento de un texto de Píndaro, el poeta se ve a sí mismo como capacitado para interpretar oráculos:
Musa, di tu oráculo y yo seré tu profeta (fr.150)
En Horacio, en cambio, la facultad mántica atribuida al poeta se ve más bien con irónico escepticismo, como algo que el presunto adivino dice haber recibido de Apolo:
Divinare etenim magnus mihi donat Apollo* (Sat. 2.5.60)
Todavía en el pasado siglo, tan cercano aún, uno de los poetas franceses de las vanguardias, Guillaume Apollinaire (ya su propio apellido parece relacionarlo a propósito con el dios de la profecía) se presentaba como dotado de poderes mánticos:
Tu vois que flambe l'avenir.
Sache que je parle aujourd'hui
pour annoncer au monde entier
qu' en fin est né l'art de prédire
.
(Ves que reverbera el porvenir.
Sábete que yo hablo hoy aquí
para anunciar al mundo entero
que por fín ha nacido el arte de predecir)
En fin, la relación entre poesía y profecía se puede considerar un tópico literario. A la tarea de determinar esa relación han dedicado tiempo algunos estudiosos y uno de los trabajos ya clásicos sobre el tema es Poetry and Prophecy, de Nora Chadwick.Poseo una copia de este libro obtenida de la biblioteca tayloriana. No es lo que yo me esperaba sobre el particular.
Los resultados de las investigaciones en este sentido no contienen aportaciones decisivas acerca del asunto. Nos movemos en un terreno en el que no podemos trascender la mera conjetura.
Con todo, cabe afirmar que hay suficientes indicios que nos permiten establecer la hipótesis de que poesía y premonición van, a menudo, asociadas. De que cabe establecer entre ambas una relación eventual, susceptible de ser apoyada con ejemplos.
Se da, efectivamente, en algunos poetas una especie de atisbo o vislumbre del futuro, especialmente en lo que atañe a su propio destino. Dos casos significativos en este sentido están representados por sendos poetas que mutuamente se atrajeron y se repelieron, sucesivamente, según la orientación de sus respectivos polos espirituales. Me estoy refiriendo a García Lorca y a Miguel Hernández.
Es fácil diagnosticar a posteriori que ambos poetas tuvieron como una suerte de premonición de sus respectivos destinos.
El barrunto de ese fatum que, como dijo Dámaso Alonso, en el caso de Lorca, "en la última y tremenda hora de su vida prevaleció aciagamente", se puede rastrear tanto en uno como en otro poeta; bien que de modo más personalizado en el autor de El rayo que no cesa. El pálpito de una muerte temprana está ya en la fase inicial de la poesía del oriolano, en unos versos primerizos que hoy nos parecen sorprendentemente premonitorios:
Sabe
que me iré por el sendero,
muy pálido y muy ligero,
y que me iré muy temprano:
Tal vez no esté todavía
el sol en el meridiano
.
Este presentimiento se hace recurrente a partir de la gran experiencia del amor, influido probablemente el poeta por la concepción aleixandrina del amor/destrucción. El símbolo del mar "que es el morir", según la intuición manriqueña, nos revela que el poeta es tremendamente lúcido acerca del presentimiento de la muerte prematura que le ronda:
Esposa, sobre tu esposo
suenan los pasos del mar
.
Esta inminencia de la muerte presentida se asume, a veces, desde una perspectiva menos trágica, despojándola de sus trazos sombríos para aceptarla de una forma más llevadera, casi con un resignado humor. Entonces el poeta se declara "vecino de la muerte". La familiaridad con ella hace que su proximidad resulte menos temerosa. En la "Elegía a Federico García Lorca", Miguel alude a esta familiaridad con la muerte, confesándole a su admirado amigo, ya difunto:
Tú sabes, Federico García Lorca,
que soy de los que gozan de una muerte diaria
.
Por su parte, Federico había asimilado la intuición de su propia tragedia, desplazándola hacia sus personajes. Las visiones premonitorias de muerte y asesinato que rondaban al propio poeta se fijan en los personajes de sus dramas y poemas. El sino trágico del poeta se refracta en muchos de estos personajes. Se diría que en ellos el poeta adopta los papeles drámáticos que representan su propia tragedia, ya prefigurada en ellos. Así, por ejemplo, en el "Romance sonámbulo", uno de los poemas del Romancero gitano, el poeta dice:
Compadre, quiero morir
decentemente en mi cama,
de acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda
...


Pero también en el "Romance del Emplazado", del mismo libro, se cuenta un caso que presenta curiosas afinidades con la propia circunstancia del poeta. Al Emplazado le pronostican en junio su próximo fallecimiento:


El veinticinco de junio


le dijeron a El Amargo:


Ya puedes cortar si gustas


las adelfas de tu patio (...)


Porque dentro de dos meses


yacerás amortajado.


De modo que El Amargo murió en el mes de agosto, lo mismo que Federico. De suerte que podemos conjeturar que con una anticipación de ocho años (el Romancero gitano se publicó en 1928) el poeta había tenido algo así como un pálpito de su propio fin trágico.
Cabe, en efecto, imaginar que Federico anticipa en este caso la visión de su propia tragedia, y que está vislumbrando su propia muerte, ignominiosa y violenta, junto al barranco de Víznar.
El pasaje citado no es más que un ejemplo de entre los varios más que se podrían citar a este propósito. En todos ellos, como en los fragmentos de un espejo roto, se puede ver reflejada, multiplicadamente, la propia tragedia personal del poeta.


____


* La ironía de Horacio se advierte sólo por el contexto con el verso anterior:


¡Oh, hijo de Laertes, lo que diré ocurrirá o no ocurrirá: / pues el gran Apolo me ha concedido el don de adivinarlo! (Se entiende que una de las dos cosas tiene que verificarse, por fuerza, ya que "tertium non datur".Pero, claro, aquí huelga la profecía. Por simple lógica sabemos que ha de ser así)

lunes, mayo 14, 2007

NE QUID NIMIS

*Representación de Astrea, o Virgo, sosteniendo la balanza (=Libra)
que sopesa las acciones humanas



(No excederse)



Respecto a la oda alcaica latina, incluida en este blog, me doy por satisfecho, por el momento, con la redacción actual. Renuncio a traducirla en verso, utilizando cualquier tipo de estrofa, incluido el verso libre.
Ya es bastante con haberse sometido al tormento de Procusto que supone versificar en latín (un verdadero tour de force) para volver a someterse de nuevo ahora a un doble grillete, de pies y de manos: la fidelidad al texto y la sujeción al modelo métrico. Demasiadas sujeciones.
Retiro la traducción en verso y ofrezco una traducción en prosa, más ajustada al texto original. Aquí está:

I.- Digno de llanto, padre mío querido, privado de la vida con muerte muy penosa, de tu fiel esposa arrancado y de tus hijos y tu anciana madre.

II.-Un general sin piedad, reo de alta traición, que dirigió las armas contra su propio pueblo, invadió las ciudades de España y declaró la guerra a sus conciudadanos.

III.- Dueños de la situación, la derecha y la nefaria tropa de los militares, se embriagan con la muerte y el asesinato, derramando la sangre de sus hermanos.

IV.- Se inicia entonces una doble línea de combate feroz y la guerra se lleva a cabo de una doble manera: por la vía militar castrense y por los asesinos ejecutores del crimen, servidores de aquellos.

V.-Entonces la muerte trajo la desolación a las ciudades; entonces se otorgó a los civiles el derecho a matar, allanando las viviendas de los conciudadanos, para llanto y ruina de la patria.

VI.- Temiendo las funestas iras de los verdugos, huiste a una finca lejos resguardada; así abandonando a tu esposa y a tu hijo evitas el ataque de los malvados.

VII.- “¿Así conocéis a Ulises?”
(Virgilio, Eneida, II, 44)



Fiándote en las falsas promesas de los enemigos, de no hacer daño a nadie que regrese a su casa, en una lenta carreta transportado, vienes a caer en manos de los despiadados.








VIII.- "se les prometía incolumidad a quienes se entregasen" (César, B.G. 3,28,2)

Jamás deis crédito a promesas no fiables de parte del enemigo: guardaos de prestar oídos a quienes dicen falsedades y a las lenguas mentirosas: siempre os llevarán a la ruina.

IX.- Descubierto el error, quedó a la vista el engaño; pero tarde te pesó de tu equivocación y del doloso fraude padecido: ya estabas en manos del enemigo.

X.- Tan pronto supieron de tu regreso fueron a prenderte a tu casa. Prendido y bajo la coacción de las armas te encierran en la cárcel y el calabozo.

XI.- Allí encerrado permaneciste muy poco tiempo. De allí te sacan para morir. Oprimido te ves por el gran dolor de dejar para siempre a tu mujer y a tu hijo.
XII.- Los que iban a matarte no te permitieron ni darme un beso ni decirme tu adiós: sacudido por la angustia y el terror eres conducido al lugar de los muertos.

XIII.- INVOCACIÓN A LA JUSTICIA

Virgen Astrea, diosa de la Justicia, diosa que moras en el alto cielo, que durante la Edad de Saturno habías sido huésped de los hombres justos que entonces habitaron la Tierra:

XIV.- No permitas que quede sin castigo el daño que sufrieron las víctimas. Recibe benignamente los ruegos de los ciudadanos y compensa, con la exactitud de tu balanza, las pérdidas de todos aquellos que perecieron en la guerra.

viernes, mayo 11, 2007

Cumpliendo con el IV Mandamiento

Mi amigo Miguel, ciudadano USA, me felicita por mi oda alcaica latina, publicada días atrás, pero dice que no le parece acertada la traducción, especialmente por el ritmo ligero del verso elegido, el heptasílabo; no acorde, según su apreciación, con el tema “sombrío y fúnebremente lento” de la oda. Para él hubiera resultado más adecuado un verso más lento y reposado, probablemente, el endecasilabo, entreverado con los heptasílabos, como en los versos de Fray Luis de León.
Puede que no le falte razón en esto. Y tal vez reconsidere, por mi parte, la posibilidad de sustituir mi anterior traducción por otra en la que emplee los versos que me indica. A título de prueba, incluyo aquí la oda latina escrita hace un par de años, para commemorar el octavo aniversario de la muerte de mi madre. La estrofa empleada en esta ocasión es la llamada asclepiadea A, o asclepiadea primera. La reproduzco aquí, acompañándola de la traducción castellana en la estrofa típicamente leonina, garcilasiana y sanjuanista: la lira.

Con ello cumplo gustosamente con el precepto divino del IV mandamiento: "Honrarás a tu padre y a tu madre".

EPICEDION AD MATREM
IN DECESSUS EIUS VIII ANNIVERSARIO

O dulcis genetrix, alma parens mea,
quae iam transieris limina Tartari,
hos versus pia nunc accipe amabilis,
flores quos tibi dedico.

Annus iam volucris transiit octies
ex quo mors tua nos reddidit orphanos,
cum te amisimus, heu, et valediximus,
mater lumine carior.

Lecto iam recubans morteque proxima,
vitae praeteritae dum reminiscere,
vestem sollicite condere quaeritans
sutricis peti’ forficem.

Etsi post obitum tardior adfui
laturus tibi, heu, oscula postuma,
servasti tepidos corporis halitus
donec basia venerint.

Sic vitae calor haud deseruit tuum
corpus, dum veniunt filia filiusque,
ad Manes abiens laeta viatico
almo dulcis amoris. *
____
* El verso final es aquí, excepcionalmente, un ferecracio, en vez de un gliconio





TRADUCCIÓN DE LA ODA ANTERIOR

Madre que me nutriste,
y que en tu tibio seno me llevaste,
que de la muerte triste
ya la puerta cruzaste,
recibe tú estos versos que inspiraste.

Fugaz, perecedero,
ocho veces pasó, tras de tu muerte,
el año volandero;
pero el cariño es fuerte;
y el dolor de perderte, duradero.

En tu lecho postrada,
recordando el oficio de tu vida,
con él obsesionada,
las sábanas cogida*,
pedías la tijera, enfebrecida.

Llegué junto a tu lecho
poco después que tú habías expirado,
por el dolor maltrecho,
habiendo tú guardado
el calor de la vida al beso amado.

El calor de la vida
no abandonó tu cuerpo, demorando
la triste despedida;
los besos esperando
del viático que ibas preparando.
_____

* Construcción intencionada de la forma llamada acusativo de relación o acusativo griego.

martes, mayo 08, 2007

NOTICIAS DE OLIVENZA




Estoy al tanto, gracias a los buenos oficios de mi amigo Alfonso Limpo, archivero, cronista oficial y bibliotecario de la histórica villa oliventina, de la actividad editorial de su corporación municipal. Actividad que se traduce en ciertas publicaciones a plazo fijo, tales como el Boletín Mensual que edita el Ayuntamiento, por el que se da cuenta prácticamente de todo lo que se realiza a través de la citada corporación en las diversas áreas de su competencia.
Una de las más recientes publicaciones versa sobre el Homenaje a tres intelectuales oliventinos, con motivo de habérseles concedido sendos títulos de Hijos Predilectos a dos de ellos: los hermanos Marzal Fuentes. Naturales de la vila, se les otorga el distintivo de Hijos Predilectos por su reconocido prestigio intelectual y la labor social desarrollada en la Universidad española, el uno, y americana, el otro. Al profesor Abadíe se le distingue con el título de Hijo Adoptivo de Olivenza, por sus trabajos de investigación acerca de las relaciones luso-españolas en la América meridional. Y por haber legado a la Biblioteca Municipal de Olivenza un estimable tesoro bibliográfico, el de su biblioteca particular, cedida al Ayuntamiento oliventino a título de legado personal, sin que haya tenido que abonarse otra cantidad que la de cubrir los gastos de transporte, desde Uruguay a España.
Al mayor de los hermanos Marzal, posiblemente le conociera yo de la época del Seminario de Badajoz. Se dice en este librito homenaje que “estudió en el Seminario de San Atón de Badajoz, donde fue compañero de don Apolonio Noriega” (pág. 31). Es decir, era del curso de los que estudiaban 3º de Filosofía cuando yo ingresé en ese mismo centro. Yo recuerdo sobre todo a don Apolonio, que amenizaba las aburridas misas con un variado repertorio de intermedios musicales que interpretaba al armonio. Melodías que nos eran familiares y que recordábamos mucho tiempo después. Pero de Marzal no me acuerdo nada.
Después de su paso por San Atón se hizo jesuita, para terminar secularizándose en 1970. Se dedicó a la docencia universitaria que alternaba con sus colaboraciones periodísticas (“Cuadernos para el diálogo”, “La Vanguardia”, “El Mundo”…) Fue decano de la Universidad Ramón Llull de Barcelona, donde falleció en el año 2005.
En cuanto a Manuel Marzal, la mayor parte de su actividad apostólica y docente (“id y enseñad”, fue la misión que Cristo confió a los apóstoles) transcurriría en America Meridional, más concretamente, en Perú, como profesor de Antropología de la Universidad Católica.
Como historiador, el bibliotecario y cronista oficial de Olivenza se declara en deuda con él, ya que Manuel Marzal fue quien le puso en la pista de un dato muy a tener en cuenta para comprender la historia del contencioso oliventino. Olivenza fue, en efecto, enajenada a Portugal por un acto de conquista. Una guerra en la que, en vez de tiros, hubo naranjas. Pero que no se emplearon como proyectiles, sino como una especie de trofeo que el primer ministro, Manuel de Godoy dedicó galantemente a la reina María Luisa de Parma. No obstante, Portugal recibiría como compensación por parte de España un amplio territorio de las colonias americanas: “Olivenza, no jurídica sino fácticamente, fue permutada por Siete Pueblos guaraníes que constituían como dos tercios del actual estado de Rio Grande do Sul” (pág. 54)
Los 400 kms. cuadrados perdidos en la metrópoli eran compensados con la ganancia de 90.000 kms. cuadrados en tierras americanas. ¡Un terreno 225 veces mayor! Fue, realmente, "la perla que costó un tesoro", según la significativa valoración que hace Limpo de aquella histórica transacción (Ver su OLIVENZA, LAS RAZONES DE ESPAÑA, pp. 133 ss.)
El libro homenaje, cuidadosamente editado, se avala con firmas de conocidos personajes de la política y de las letras: José Juan Toharia, Carlos Losada, Pedro Altares, Miguel Roca i Junyent, Fernando Suárez, Alain Surpiot…
Y un artículo final del único superviviente entre los homenajeados, el profesor Abadíe.
Y un par de trabajos más de Alfonso Limpo, el factótum de esta publicación y eficaz colaborador como jefe de prensa del Ayuntamiento oliventino.Trabajos que versan sobre Manuel Marzal y sobre el profesor Abadíe-Aicardi.

lunes, abril 30, 2007

Con piezas de Mecano






Para mi sobrina Eloísa y su amiga Ana Torroja,
la voz del grupo que se llamó Mecano



Siempre seguí, en su día, los avatares y los éxitos del grupo Mecano, contagiado, en cierta medida, por una de sus fans más entusiastas: mi sobrina Eloísa Arnés. Los componentes del célebre y recordado grupo musical tenían en la hija de mi hermana una de sus más fervientes y fieles admiradoras, y el cuarto de mi sobrina era la prueba más fehaciente de esa admiración: una fonoteca de lo más completo acerca del grupo, álbumes de discos, cassetes, CDs, videos, carátulas, carteles… fotos dedicadas, etc. etc.
Hasta tal punto me sabía yo los títulos y las canciones de Mecano que un día se me ocurrió la humorada de componer un pequeño relato, ensartando los títulos de esas canciones, componiendo con ellos (como si se tratase del conocido juego que lleva el nombre que para sí adoptó el conjunto musical) un texto, a la manera de los antiguos centones. Por estar compuesto con las piezas exitosas del célebre grupo, mi artículo llevaba el título de “Concierto de Mecano” y se publicó en el diario HOY, de Badajoz, con fecha 15 de agosto de 1995. Por cierto que el título del artículo apareció alterado por el tipógrafo de turno que se tragó por descuido la preposición: Concierto Mecano (sic)

Reproduzco aquí la parte más lúdica de aquel relato:
(…)
La “fan” a la que me refiero (la destinataria de este artículo) ha convertido su habitación en lo que yo llamo “el santuario de Mecano”. Posters de la trinidad musical tapizan las paredes, souvenirs por doquier, fotos dedicadas y, sobre todo, la más completa fonoteca monográfica de Mecano jamás vista: versiones en LP, en microsurco, en compact disc, en cassette... Mecano en inglés, en francés, en italiano. Mecano por activa y por pasiva.
Es un empacho, diría cualquier incrédulo; pero el devoto, el entusiasta, el “fan”, tiene que reconocer: es una gozada.
Puedes escuchar varias versiones de cada canción, puedes apreciar matices, puedes, en fin, “mecanizarte” a placer.
Yo, aunque Me río de Janeiro y hasta de mi propia sombra, me he tomado muy en serio esto de Mecano. Por fin, en estas vacaciones, creo que estoy haciendo algo de provecho: ponerme al día sobre uno de los grupos musicales más importantes de este siglo en España.
Así que Nada tiene de particular que, fascinado por los temas y las melodías del exitoso grupo, intente ahora componer, con piezas de Mecano, la clave de un pequeño cuento veraniego que podría “sonar”, más o menos, así:
Cuando llega La estación calurosa (es decir, cuando Ya viene el sol pegando fuerte) en nuestra tierra extremeña se alcanzan temperaturas sofocantes. En casa no hay quien pare y tienes que estar todo el tiempo echándote Aire con el abanico. Llega un momento en que dices Ya no aguanto más. Se acabó. Ahora mismo Me voy de casa. Tan desesperado estás que en ese momento te irías a El fin del mundo, incluso a vivir, como Los héroes de la Antártida, en compañía de las Focas.
Claro que lo que a mí me gustaría de verdad es visitar Japón, pero el presupuesto no me da para tanto. Así que Busco algo más barato. Echándole imaginación al asunto, procuro montarme mis paraísos artificiales sin salir de mi propio piso. Me lo paso Bomba y es como si estuviera en Hawai.
Pero como no es cosa de estar todo el día Perdido en mi habitación, a veces salgo para echar una cana al aire. Así que, para variar, me meto en El cine o, si se tercia, me voy de marcha. Sobre todo, los fines de semana. Anoche, sin ir más lejos, Me colé en una fiesta, Por la cara, y estuve toda la noche Bailando salsa. Así que, claro, Hoy no me puedo levantar. La verdad es que, a cierta edad, uno no está ya para muchos trotes. Hay que reconocer que uno toma ya, cada vez más de tarde en tarde, El barco a Venus. Y apenas te interesas por La extraña posición.
Y no es que uno sea insensible a Las curvas de esa chica. Lo que pasa es que para esa chica ni siquiera cuentas. En el mejor de los casos te toma como una Naturaleza muerta. Y es que, cuando vamos siendo viejos, para ciertas cosas ya No pintamos nada.
Hay quien dirá que estoy Un poco loco. Desde luego, tengo que reconocer que no soy un Ángel. Yo Sólo soy una persona que tiene sus fallos, como todo el mundo. Lo importante es que cada uno de esos fallos se vea como El fallo positivo que enriquece nuestra experiencia.
De momento lo que más me fastidia es que se están acabando las vacaciones. Para antes de El 7 de septiembre me veo currando de nuevo. O sea, entonando, Un año más, El blues del esclavo:
— Tu - ru - ru - rú

martes, abril 24, 2007

EN POS DE LA "RUTA 66" (I)

El deseo de tender puentes con una derecha cada vez más arisca y recalcitrante, en lo que a “crispación” se refiere, me lleva a saludar, con fundadas esperanzas de entendimiento mutuo, el artículo recientemente aparecido en HOY (18 de abril de 2007) titulado “Ira, memoria, Ruta 66”, cuyo autor es el concejal de Zafra, Juan Carlos Fernández:

http://www.hoy.es/prensa/20070418/articulos_opinion/memoria-ruta_20070418.html



Quiero, antes de nada, felicitar sinceramente a su autor porque creo apreciar en su escrito tres cosas que considero importantes y que son, en el presente caso, objetividad, veracidad e inteligencia.


La política de mano tendida, si bien en tiempos de guerra es, cuando menos, imprudente y nada recomendable (véase el artículo precedente en este mismo blog, titulado PUNICA FIDES) es, por el contrario, muy recomendable en tiempos de paz y de convivencia democrática.El concejal zafrense trae a colación algunas analogías que él aprecia entre ciertos episodios de la novela de Steinbeck titulada Las uvas de la ira y el contencioso, de “rabiosa actualidad”, (valga el tópico, no por manido menos exacto) que se conoce con el nombre de “Recuperación de la Memoria Histórica”.


Juan Carlos es joven y quiere comenzar su andadura política desde el presente, sin ese fardo oneroso del pasado. Siguiendo su paralelismo, al hilo del relato del autor norteamericano, Juan Carlos considera estéril aferrarse a la tierra calcinada del pasado, para colonizar el presente y el futuro, sembrando nuevas esperanzas. Y establece este bello aserto que suscribo: “las cenizas de antaño deberían servir de abono a la convivencia de hogaño”. Y, en un breve repaso de la denominada Transición (que sería el equivalente de la primera etapa de la Ruta 66, que nos sirve de símbolo) recuerda los gozos y las sombras de nuestra, todavía corta, andadura democrática: el referendum del 76 (el del “Habla, pueblo, habla”) , la legalización del partido comunista, el susto del 23-F y otros hitos memorables de esta puesta de largo de nuestra ciudadanía, de nuestra mayoría de edad, inútilmente prolongada por el paterfamilias del Pardo:


Todos los sepultados (dice el edil zafrense) fueron víctimas de la misma no-España.Y justo será que a todos se llore. A todos. Pero al llanto de familiares (…) se suman plañideras indeseables (…) con rencor y ansia de revancha…


Bueno, es posible que haya plañideras, parece inevitable. También las hay que hacen ruido junto a las víctimas del terrorismo. Y que agitan banderas inconstitucionales en solidaridad interesada con esas víctimas. (Indeseables, honesto Juan Carlos, los hay en todas partes)


Yo le agradezco sinceramente el que usted reconozca el derecho de los familiares de los vencidos en aquella guerra a buscar y honrar los huesos de los suyos. Ese derecho no les fue reconocido durante los años de la Dictadura. Y en la Transición hubo que dar preferencia a otros asuntos más acuciantes, al objeto de afianzar la todavía débil democracia.Pero la herida estaba ahí. Y había que restañarla para inaugurar de una vez por todas una convivencia no basada en el recelo. No es, créame, ganas de incordiar a la derecha, sino de restablecer la concordia, depurar la convivencia de todo rescoldo de amargura. La izquierda (lo que ella simboliza) necesitaba una catarsis, es una norma saludable de la convivencia echar fuera el veneno de esa amargura (permítame decírselo, sin petulancia, en el viejo latín de Cicerón: evómere virus acerbitatis)


Pero esto requiere ser tratado más pormenorizadamente. Abrigo la esperanza (y con esto termino por hoy) de que usted y yo podamos ponernos de acuerdo, puesto que ambos parecemos estar bien dispuestos para lograr el mutuo entendimiento. Se trata de alcanzar un consenso básico respecto a ciertos aspectos innegociables de la verdad. Algo en lo que, necesariamente, tenemos que coincidir, por ser el resultado de una deslumbradora evidencia, como, por ejemplo, convenir que en este momento en que escribo (las diez de la mañana) es de día.Por supuesto que, respecto a lo opinable, vamos a fomentar la bio-diversidad de opiniones. Es otro de los preceptos saludables de la higiene democrática.




(continuará)

EN POS DE LA "RUTA 66" (II)

Por fortuna, ya no hay Zona Roja y Zona Nacional: Hablar de eso suena ya a un anacronismo afortunadamente superado. Hay Zona Democrática común. Pero nuestra confluencia en la democracia parece provenir de distintos caminos. Y lo que su Partido Político nos trae a la memoria, aunque en la actualidad circule correctamente por la vía democrática, es que nació, como el ave fénix, de las cenizas del franquismo, es decir, de la antidemocracia. Creo que no tendrá usted mucha dificultad en reconocerlo. En cambio, la vieja República, fue un primer esfuerzo, si bien tosco e imperfecto, por tomar el rumbo hacia la verdadera Democracia. En esta caravana popular hacia el santuario de la Democracia ideal, en la que usted y yo parecemos estar empeñados, hemos venido a confluir con la opinión del viejo mandatario inglés, Mr. Churchill, de que “la democracia es el menos malo de todos los sistemas de gobierno” (el premier británico lo decía de una forma más ingeniosa y paradójica, al estilo de aquel Wilde que fue contemporáneo suyo)


Como ve, escribo solemnemente Democracia con mayúscula. No es mi pretensión ‘santificar’ la democracia, con minúscula, aunque, verá: ‘santificar’ o ‘canonizar’ viene a ser a ser lo mismo. Ambas palabras provienen de nuestros comunes manantíos léxicos, el Latín y el Griego. ‘Santificar’ viene de ‘sancire’, sanctum, y ‘facere’, hacer. Digamos ‘elevar a rango de acuerdo o pacto venerable algo que creemos digno de respeto’. Y ‘canonizar’, del Griego ‘kanon’, viene a ser casi lo mismo. La Iglesia santifica o canoniza a algunas personas, reconociendo que son ejemplares.La Democracia se sanciona (se ratifica) mediante lo que se conoce con el nombre de Constitución. Consiste en convertir en regla o norma (‘kanon’) de nuestras vidas una serie de pactos ratificados de mutuo acuerdo.Las normas de convivencia, ratificadas, conforman lo que llamamos la Constitución. Esos acuerdos pactados nos garantizan que vamos por el buen camino de la Democracia. Los santos se han preocupado siempre por encontrar el buen camino. Santa Teresa de Jesús, nuestra santa más castiza, escribió su Camino de perfección. Y un santo de relativamente reciente canonización escribió un libro titulado, simplemente, Camino. Un conjunto de normas que sirvan de guía espiritual, pensado para hombres destinados a ser líderes. Hay libros destinados a guiar (ejemplo, la Guía de pecadores, de Fray Luis de Granada, la Guía de perplejos, de Maimónides…) Y hay otros libros destinados a guiar a los guiadores. Tal parece ser el libro de Monseñor Escrivá de Balaguer, San José María, al que acabamos de referirnos.


La incomprendida Memoria Histórica tiene una razón de ser más profunda, no la mezquina que se le atribuye de atizar rencores pretéritos y reavivar heridas. Se trata de fundamentar la convivencia sobre bases más estables, consolidando el firme sobre el que pisamos, para que no se llene de baches. Ese camino provisional hacia la democracia llamado Transición no fue (ahora lo vemos con claridad meridiana) más que una etapa del camino hacia la Democracia con mayúscula, la anhelada meta a la que usted y yo aspiramos, como compañeros de viaje. La razón de ser de la Memoria Histórica surge de la necesidad de elaborar un mapa del territorio que hemos recorrido, para no volver a equivocar la ruta. Y eso implica razones más importantes, de mayor calado que la de exhumar huesos putrefactos de unos y de otros. Sí, es verdad que los unos fueron celebrados y honrados, sin censura, por los poetas azules (¡aristocrático Foxá!) y los otros silenciados ignominiosamente. Reparemos también esta iniquidad (‘in-aequitas´, ‘desigualdad’ = in-justicia) en la medida de lo razonable.


La Memoria Histórica demanda otro modo de revisar el pasado, otra forma de puesta en común, de verificar que anduvimos errados, cuando, para atajar atentados menores, nos metimos en el Gran Atentado de la Guerra Civil. Los promotores de este Gran Atentado están actualmente siendo juzgados por la Historia, como los de la yihad islámica lo están siendo estos días por la justicia ordinaria. La justicia, a secas. Fíjese cómo van encajando las piezas: hubo tribunales de justicia cuyos vere-dictos fueron, más bien, falsi-dictos, que ahora están siendo invalidados por la justicia, a secas. La Justicia verdadera, la de la Edad de Oro, a la que siempre ha aspirado la Humanidad; la mitológica Astrea, que emigró al Cielo cuando vio que en la Tierra no tenía nada que hacer, vuelve, por fin, por sus fueros. Los añorantes de la “dichosa edad” queremos convencerla para que se quede con nosotros.La Memoria Histórica demanda, exige, reparar los viejos errores. Reconocer los pasos en falso y proclamar con sinceridad y valentía: aquí anduvimos errados. La confrontación bélica entre españoles fue un formidable error y no existe razón histórica que lo justifique.


Pero, si le parece, hacemos un alto en el camino para tomarnos un respiro

EN POS DE LA "RUTA 66" (III)

La mirada retrospectiva, crítica, de la situación política dejada atrás, trata de revisar la etapa de la Dictadura a la luz de la experiencia democrática. Si la Memoria Histórica plantea esta revisión no es, como algunos piensan, con la finalidad de “renovar heridas”, sino con la de dejar bien clara la ilegitimidad de un sistema opuesto a la democracia, desmontando así, uno a uno, los mitos (es decir, las falsedades) en las que basó su presunta legitimidad el franquismo.Desde luego que esa revisión crítica implica también el reconocimiento de errores por parte de los herederos ideológicos de la 2ª República. Las deficiencias de ese primer intento de implantar la democracia eran, en gran medida, consecuencia de uno de los males que la República intentaba corregir: la falta de cultura, como resultado de una situación económica que no facilitaba, precisamente, a quienes carecían de recursos, el acceso a esa cultura. Hubo intentos de remediar tales carencias, como los que ensayaron las llamadas Misiones Pedagógicas, o las Universidades Populares (que no son, como pudiera creerse, un invento de hoy día) En esos proyectos colaboraron poetas como García Lorca, o Miguel Hernández, hondamente comprometidos con la causa popular.Pero la cultura, más allá de lo meramente ‘folklórico’, no estaba al alcance del pueblo llano, sin recursos para realizar estudios superiores. Y, sin cultura, una democracia nunca puede prosperar (Un texto mío, en Latín, cuyo título en español podría ser “Una democracia inculta no puede subsistir”, puede verse en DEMOCRATIA INDOCTA


El inconveniente principal de los ensayos de democracia sin cultura es que, como decía Cicerón, las masas se embriagan fácilmente con el vino de la libertad (R.P. I, 43) El diagnóstico ciceroniano parece aplicable a la 2ª República española:


De este exceso de libertinaje que ellos creen que es la única libertad, dice él 〔Platón〕que brota y nace, como de su raíz, el tirano (Cic., R.P. 1.68.


3-5)*


Las torpezas cometidas por quienes, ayunos de cultura, se embriagaron de libertad, se fueron anotando en la cuenta de la República.Los desheredados de la cultura se asilvestraron. Y, al parecer, no hubo un gobierno que pudiera controlarlos y lograra meterlos en cintura. Los ‘dipsómanos de la libertad’ cometieron algunos excesos contra el estamento religioso, quizá influenciados por aquel punto doctrinal del marxismo que se refiere a la religión como ‘el opio del pueblo’. Y se produjeron sabotajes y estragos contra establecimientos religiosos: las conocidas quemas de iglesias y conventos.


Por otro lado, los terratenientes (los ricos de entonces) temían verse privados de sus posesiones, por los planes de expropiación de tierras, para repartirlas entre jornaleros y gañanes. Se comprende que los ricos hicieran causa común con los intereses de la Iglesia, igualmente amenazada.


Y, por fin, la solución drástica de la sublevación militar. ¡La salvación!Franco fue jubilosamente recibido por los ricos y el estamento religioso como el salvador de la patria en peligro. La jerarquía eclesástica vio en el caudillo el hombre providencial y no tuvo ningún reparo en bendecir la sublevación, calificando de ‘Cruzada’ el golpe militar.Había que atajar los desórdenes particulares de una democracia errónea (la República) con una enérgica intervención militar que implantara el orden por la fuerza.


Pero, señores, ¿cómo se pueden atajar los errores particulares mediante ese Desorden General que es la guerra? Séneca, el Viejo (que sabía más por viejo que por Séneca) había dejado constancia, en sus Controversias, del carácter contradictorio, absurdo, de una medida como esa: Quis, ut seditiones leniret, turbavit rem publicam? (Contr. 2.6.4.23) (Adaptando el sentido de esta pregunta a nuestra particular circunstancia, traduciríamos: “¿Quién, para atajar revueltas, trastornó el orden constitucional?”)


Pues hubo quien lo hizo, y fue nuestro ‘invicto’ caudillo. Que, además, frustró la implantación de la democracia en España durante ocho lustros.La revisión crítica de la dictadura, la demolición de sus viejos tópicos, es necesaria para cimentar la nueva casa común que hemos de habitar los españoles. Esa revisión presenta, entre otras reivindicaciones, la de la condena explícita de la Dictadura, como antítesis de la Democracia. Y esa fue la prueba del algodón que en 2002, el partido entonces en la oposición, recabó del PP, entonces en el gobierno. Cogido entre la espada y la pared, el partido que había obtenido el poder en virtud de las reglas democráticas, aceptó condenar la dictadura (so pena de incoherencia política) ¿Por qué después, en el Parlamento Europeo (4 de julio de 2006) el diputado Sr. Mayor Oreja, inconsecuentemente con lo aceptado por su partido en el Parlamento Español, no condenó el franquismo? ¿No es eso dar marcha atrás?


En efecto, la condena de la dictadura (y, en consecuencia, del franquismo) que tuvo lugar en el Parlamento Español (20 de noviembre de 2002) con la unanimidad de todos los partidos politicos, era una señal esperanzadora de que íbamos por el buen camino, la “Ruta 66” de la Democracia. Andarse ahora con reticencias y resabios en este punto es de muy mal pronóstico.Y es que la deseable pluralidad y la bio-diversidad de opiniones, propia del sistema democrático, resulta incompatible con cualquier tipo de concesiones a la dictadura, y menos a la franquista, que consistió en


a) Una traición al pueblo español legítimamente representado por el gobierno de la República (aun admitiendo posibles fallos e incompetencias de estos representantes legales)


b) Una traición al resto del estamento militar que no secundó la sublevación


c) Un delito de parricidio, perpetrado principalmente contra una población inerme e indefensa, cuyo único delito fue profesar unas ideas que aspiraban a mejorar las condiciones sociales de los españoles.


d) Una prolongada usurpación del poder, obtenido por la fuerza, que retrasó de manera exasperante la mayoría de edad de los españoles y el disfrute de las libertades (de prensa, de culto, etc.) a que tienen derecho las naciones ‘civilizadas’


e) Una rémora, en fin, de la incorporación de España a la modernidad y el bienestar.





Estos y otros daños trajo al país la dictadura franquista.No es de recibo que un representante de un partido español, que se supone democrático, rehúse condenar lo que su mismo partido ya había condenado con anterioridad (quizás a regañadientes)





Ahora bien, si el PP no reitera esa condena es una señal inequívoca de que su propia credibilidad democrática está en entredicho. Y de que no va en la dirección de la democrática "Ruta 66", sino que tiende ‘a volver grupas’, hacia la vieja querencia.


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* La cita de Platón pertenece su Rep. VIII, 562c-563e)






lunes, abril 23, 2007

¡Ah, los matemáticos!





A mi ex–alumna Inmaculada P. de G. Molina



Lo que son las cosas… Si mi exclamación del epígrafe hubiera cambiado del masculino al femenino (¡ah, las matemáticas!) nadie la hubiera interpretado como referida a las mujeres, sino a las ciencias llamadas matemáticas. Claro que, entonces, en la escritura, la correcta grafía de la expresión hubiera requerido el empleo de la mayúscula inicial del sustantivo. Pero eso no sería percibido en la frase oral, sino en la escrita: ¡Ah, las Matemáticas!
Si opto por la forma masculina se entiende que me estoy refiriendo a las personas (¡de ambos sexos!) que cultivan esas ciencias tan peculiares como son las que, de entrada, ya se enuncian en plural, a diferencia de otras ciencias (la Filosofía, la Medicina, la Astronomía…) que habitualmente se nombran en singular.
Si digo las Matemáticas se entenderá, seguramente, que me refiero a las ciencias, no a las personas del sexo femenino que las cultivan. Si, en cambio, digo “los matemáticos”, está claro que mi expresión se entenderá referida a los seres humanos, mayoritariamente masculinos, claro, que cultivan esas ciencias.
Ellas, las Matemáticas, son maravillosas; y ellos (los matemáticos y las matemáticas) unos seres maravillosos, como la mente del personaje que encarna el actor Russell Crowe, de modo maravilloso, por cierto.
Si el saber produce deleite, el que producen las Matemáticas (y algunas matemáticas, probablemente) consiste, según afirman ellos/ellas, en un deleite muy señalado, muy sui generis, casi inefable. Descartes lo explicó en alguna ocasión, tratando de razonar la causa que lo producía:
Je me plaisais sourtout aux Mathématiques, à cause de la certitude et de l’évidence de leur raisons. (Yo me deleitaba, sobre todo, con las Matemáticas, debido a la certeza y la evidencia de sus razonamientos)
¿Y los matemáticos? ¡Ah, eso depende de los gustos de cada cual! A mí, personalmente me atraen más las matemáticas de líneas curvas, pero, según dicen, “sobre gustos no hay nada escrito”, cosa que tampoco es verdad.
Tanto admiro a los matemáticos que hace ya bastantes años me compré los dos tomitos publicados por Penguin Books, que tratan de las vidas maravillosas de esos cerebros privilegiados. Me refiero al libro titulado Men of Mathematics, de E.T. Bell.
Allí leí cosas muy interesantes acerca de esos seres admirables, anécdotas de sus vidas, a veces trágicas, como la muerte en duelo del famoso algebrista Èvariste Galois; o sorprendentes, como la prodigiosa precocidad de un Gauss, descubriendo, intuitivamente, hacia los nueve años, el procedimiento de la suma rápida, casi instantánea, de los términos de una progresión aritmética…
Sí, me hubiera gustado enamorarme, hasta las cachas, de las Matemáticas. Y, por supuesto, te envidio, querida ex–alumna, Inma Pérez de Guzmán, profesora de esta disciplina en la Universidad malagueña. Pero,¡ay!, non omnia possumus omnes, no todo se puede. Hay, menos mal, otros puros placeres en la tierra, a los que, por fortuna, yo he tenido acceso. Leer a Virgilio en su idioma es también un placer muy estimable. Y otro tanto puede decirse de quienes tienen la suerte de saborear la incomparable sinfonía dactílica de los versos homéricos. Alguna experiencia, aunque muy modesta, tengo del asunto.
Por estos espirituales deleites, barrunto que me perdí algo extraordinario por no haber estudiado a fondo las Matemáticas. Pero, de haberlas estudiado, me hubiera gustado escalar esas cimas gloriosas que escalaron los más audaces. Me gustaría haber compartido con Fermat el secreto del célebre teorema que él se llevó a la tumba y que sólo hace unos años, con métodos posiblemente más sofisticados pero menos sutiles, logró descifrar Andrew Wiles, un matemático anglosajón, profesor en Princeton. O conseguir elevar al rango de teorema el atisbo genial de otro gran matemático francés, Henri Poincaré, la llamada conjetura de Poincaré, sólo recientemente resuelta por otro genial matemático, esta vez de origen ruso, Gregor Perelman.
Todos estos inmarcesibles secretos de las Matemáticas podrían sernos más accesibles, de haber estudiado más a fondo las llamadas ciencias exactas. Por más que hay matemáticos que rehúsan el calificativo de ‘exactas’, aplicado a las Matemáticas, lo mismo que hay filósofos que rechazan para su ciencia el epíteto de ‘pura’, que hasta hace 30 ó 40 años (cuando yo acudía por la Complutense) se solía aplicar a la Filosofía
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jueves, abril 19, 2007

PUNICA FIDES

La memoria histórica sirve, entre otras cosas, para desenmascarar las viejas trapisondas que puso en marcha la propaganda del régimen franquista, a fin de disfrazar de celo por la causa pública y el mantenimiento del orden lo que era en realidad una añagaza para hacer salir de sus escondrijos a los obreros afectos al socialismo y, una vez localizados, tenerlos bajo control y, eventualmente, hacerlos desaparecer para siempre.
Lo sé porque la estratagema enemiga dio resultado en el caso de mi familia. El contenido del bando que aquí se reproduce es idéntico al que movió a un tío carnal mío (hermano de mi padre) a ir a buscar a su hermano a un escondite para trasmitirle las garantías recibidas de que no tenía por qué temer, ya que no tenía delitos de sangre y bla, bla, bla…
Mi tío (20 años entonces) incurrió en la candidez de dar crédito a semejante faramalla y allá se fue en un carro, a unas cuantas leguas del pueblo, en busca de su hermano.
Todo fue una añagaza marrullera. No bien hubo vuelto al pueblo, mi padre fue llevado preso a la cárcel que se había habilitado al efecto en el que luego sería (si es que no lo era ya) el Bar de Nicolás, en el rincón junto al Casino. De allí saldría en la madrugada del 10 de septiembre del 36, para ser asesinado junto a las tapias del cementerio, en compañía de otros presos, entre ellos una mujer apodada La tenienta.
Unas reflexiones al hilo del contenido de este bando, que se conserva en el archivo propiedad de la familia Salazar, de Zafra, y que el historiador José María Lama reproduce con el nº 135 entre los documentos que aporta en su libro La amargura de la memoria (Ed. Diputación de Badajoz, 2004) :
La primera reflexión es la que aconseja no fiarse jamás del enemigo. Es la moraleja de aquella conocida fábula de Samaniego titulada “El perro y el cocodrilo”. Dice la moraleja:
¡Oh, taimado perro viejo!:
Yo venero tu sentir
en eso de no seguir
del enemigo el consejo
.


Esa desconfianza sistemática hacia el enemigo es lo que entre los romanos se conocía con el nombre de Punica fides. La proverbial alevosía cartaginesa se conocía entre los romanos con el irónico mote de lealtad cartaginesa. Ese recurso tropológico llamado antífrasis, que consiste en dar a algo el nombre más opuesto al que en realidad le cuadra. Esa lealtad era, justamente, todo lo contario de la auténtica lealtad. Bien lo sabía Laocoonte cuando aconsejaba a sus compatriotas desconfiar del caballo de Troya:
Timeo Danaos et dona ferentes
(Temo a los griegos incluso cuando nos traen regalos)

Y, por último, una ojeada sobre el fementido y pestífero texto del bando, sobre sus abominables muletillas, simulando preocuparse del bienestar de los obreros y protegerlos de los abusos del explotador, en este caso, naturalmente, los líderes rojos. Se refiere a la insurrección como un “movimiento salvador de España”, lo que es flagrantemente contradictorio y falso. Y pretende ganar, con el halago doloso, la confianza del obrero. Este tipo de soflamas estaba a la orden del día.
De paso conmina a la entrega de las armas, so pena de ser pasados por ellas, a quienes no lo hicieren (se sobreentiende: a menos que pertenezcan, o sean adictos, a la gloriosa causa del Movimiento Nacional, en cuyo caso, la tenencia de armas resulta totalmente lícita; ya que en algunos lugares, los propios militares han suministrado armas a los mandamases de la derecha para que contribuyan a limpiar a España del rojerío, el enemigo común)
Y termina el bando con el preceptivo y patriótico “¡Viva España!”
La España suya, naturalmente, no esa otra España sobre la que ellos sembraban diariamente la muerte.
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* Transcribo el texto del bando, por no estar legible en la fotocopia que se adjunta a esta entrada. Falta algún que otro acento y sobra alguna que otra coma. Pero no iba encima a suministrarle ortografía al comandante. Faltaría más.
Don Carlos Blond Mesa
Comandante Militar de esta Plaza

HAGO SABER: Todos los obreros que estén ausentes de su domicilio pueden volver tranquilamente a sus casas en la seguridad de que nada han de temer, ya que el movimiento salvador de España no va ni ha ido nunca contra el obrero, sino todo lo contrario, puesto que solo quiere su bienestar, la paz entre todos y la salvación de la Patria que estaba en peligro de derrumbarse.

El ejército salvador viene a los pueblos en son de paz, no de guerra como traidoramente os querían hacer ver los dirigentes a costa de vuestras cotizaciones, pan que quitabais a vuestros hijos, vivían y querían seguir viviendo en el lujo y el bienestar de los potentados, y esto por fortuna para vosotros ha terminado para siempre.

Por tanto el que no haya sido dirigente ni tenga sobre su conciencia delitos de sangre, puede regresar tranquilamente a su lugar, entregando previamente el arma que tenga como prueba de lealtad a su patria, y promesa de que no incurrirá nuevamente en los errores a que le llevó su ignorancia o buena fe al seguir a unos traidores a su nación.

En cumplimiento de bandos publicados anteriormente y que ya conoceis, advierto a todos que los registros domiciliarios se llevarán a cabo con todo detalle y energía, por tanto, el que aún conserve algún arma y no se atreva a entregarla, que la deposite en la vía pública de donde por las fuerzas a mis órdenes serán recogidas, bien entendido que a los inquilinos de las casas en donde se encuentre alguna sin la debida autorización, serán pasados por las armas con arreglo al bando de declaración de Estado de guerra.

Espero de todo el pueblo de Zafra el más exacto cumplimiento a las órdenes dadas y no dudo que todos sabrán portarse como buenos españoles cooperando con las autoridades a la salvación de nuestra Patria.

¡Viva España!

Zafra, 27 de Agosto de 1936

Carlos Blond

domingo, abril 15, 2007

Pensar con los pies...

"El sastre", por G. Battista Moroni (1529-1578) National Gallery

Entre los poetas antiguos, griegos y romanos, los poemas nacían con un traje a la medida, con el verso puesto. El lenguaje poético era de Corte y Confección y las musas impartían lecciones de sastrería, de modo que los pupilos aprendían a pensar directamente en verso. Y esto era factible, en gran medida, porque los alumnos aprendían antes a cantar que a hablar, mejor dicho, cantar era la forma habitual del habla, por lo que a hablar se aprendía cantando, y de ahí los nombres prosodia y acento, griego y latino, respectivamente, palabras relacionadas con el canto (pros odé / ad-cantus) El hablar era una suerte de música y ‘música’ era, propiamente, el lenguaje de las musas. Griegos y latinos percibían de una forma natural las cantidades breves o largas de las sílabas y equivocar estas cantidades era como desafinar, de ahí que riesen cuando denotaban en los forasteros la falta de precisión en las cantidades. Así los poemas griegos y latinos brotaban espontáneamente cubiertos con el traje a la medida del verso. La armonía innata era su ropaje natural. Claro que algo semejante se podría decir de muchos grandes poetas que no fueron griegos o latinos. Rubén Darío es el ejemplo más preclaro de una aptitud innata para expresarse en verso. Y esto se puede afirmar, en general, de los grandes poetas, sea cualquiera el idioma en que escriban.
Pero la ciencia de las cantidades silábicas en la poesía grecolatina se aprendía de forma natural en el habla. El canturreo, el sonsonete, el acento, se asimilaban de viva voz. Los versos se ajustaban a ritmo y medida, susceptibles de ser marcados por movimientos de cabeza, o, más frecuentemente, marcando el compás mediante la elevación y depresión alternativa de la punta del pie (arsis y tesis). Por eso a un griego, o a un romano, les resultaba relativamente fácil versificar y, en cambio, a nosotros nos resulta muy difícil hacerlo, aun habiendo estudiado las reglas de la cantidad en esos idiomas.
La prosodia, con sus matices musicales, era algo connatural con el aprendizaje del habla viva de las lenguas clásicas y por eso decimos que los poemas nacían ya trajeados de un lenguaje a la medida, sílaba por sílaba. El verso nacía revestido de manera natural por la prosodia asimilada en el habla.
Los poetas, empero, hablan de poesía desnuda y aun de poesía inefable. Bécquer afirmaba conocer “un himno gigante y extraño”, que él quisiera escribir
con palabras que fuesen a un tiempo
suspiros y risas, colores y notas
.
Es decir, un lenguaje incluso exento del vehículo normal que es la palabra.
Juan Ramón postulaba una poesía ‘desnuda’, bien que admitiendo una única vestidura decorosa para su poesía: la túnica de la inocencia:
Vino, primero, pura,
vestida de inocencia
y la amé como un niño
.
Pero en la alegoría juanramoniana la poesía se hace adulta y, despues de pasar por una etapa sofisticada, de perifollos y atavíos verbales, inicia un strip-tease en el que se va progresivamente despojando de sus vestiduras:
Se quedó con la túnica
de su inocencia antigua
.
Hasta que se despoja incluso de esa túnica. Porque hasta la inocencia puede ser considerada como una ‘fermosa cobertura’. La naturalidad es la desnudez. Por más que el cínico Henry Woton, del wildeano El retrato de Dorian Gray, dijese que “la naturalidad no es más que una pose, y la más irritante de las que conozco” (cap.I)
Por suerte o por desgracia, se perdió para la Poesía esa ciencia de la alta costura por la cual los poetas engendraban versos, a veces con más pies que cabeza: dáctilos, espondeos, yambos, troqueos, pirriquios, anapestos, proceleusmáticos…
Perdido ese arte de vestir el verso ‘a la medida’, arte de sastrería, le resulta muy ardua tarea, al que quiere versificar en versos clásicos, someter su inspiración a las pautas rítmicas marcadas por las cantidades. Es como el tormento de Procusto: estira aquí, corta allá…una tarea enojosa. Cuesta trabajo incluso a quien se ha preparado a conciencia para ello. Quizás por eso nuestro gran humanista Arias Montano componía versos latinos como quien hace penitencia. Casi todos los poemas que componen su colección dedicada a los profetas menores son el resultado de una promesa (Carmen ex voto) Se promete, en religión, aquello cuya realización comporta sacrificio. Montano se sacrificaba componiendo versos latinos. Era esta su disciplina y este su tormento en el potro, como un Procusto voluntario.
A mí me cuesta mucho versificar, someterme a la tortura de las largas y las breves. Y es que no hemos sido educados en esta naturaleza prosódica de manera natural, como los griegos y los romanos. Desconocemos la cadencia prosódica con que ellos aprendían a hablar desde la infancia o, si aprendían a hablar ya desde adultos, por ser extranjeros, desconocemos el acento peculiar de esas lenguas, tal como se aprendía de viva voz. De modo que versificar, que era para ellos relativamente sencillo porque partían de un conocimiento vivo de la prosodia, resulta para nosotros una tarea ardua. Como si sometiéramos nuestra inspiración a un corsé insoportable.
Estas reflexiones se me ocurren tras arduos esfuerzos por componer en latín unas cuantas estrofas en versos alcaicos. La llamada estrofa alcaica consta, en efecto, de dos endecasílabos, un eneasílabo y un decasílabo, según el esquema:

‾ ‾ ˘ ‾ ‾ ‾ ˘˘ ˉ ˘ x / (bis)
‾ ‾ ˘ ‾ ‾ ‾ ˘ ‾ x /
‾ ˘ ˘ ‾ ˘ ˘ ‾ ˘ ‾ x.
He conseguido pergeñar algunas estrofas, pero a costa de un esfuerzo ímprobo. He aquí una de esas estrofas:
O digne luctu, care pater meus,
erepte vita morte nefaria!
avulsus uxori benignae
et genitae genitoque parvo!

Teóricamente, deben seguir siete u ocho estrofas más, pero de momento, están en el telar.Ya veremos si tengo paciencia para terminarlas. Espero que las musas me instruyan con sus lecciones de alta costura.

sábado, marzo 31, 2007

LAS ALAS DEL FRANQUISMO

Toda metáfora puede ser el principio de una alegoría y este es el caso de la que da título al presente artículo. Si hemos equiparado el franquismo con un ave, podemos completar la alegoría diciendo que, en el presente caso, las alas que lo impulsaron y lo hicieron ganar altura para poder planear a sus anchas sobre el solar español, fueron la Falange y la Iglesia. Alas tienen los insectos, las aves y algunos mamíferos (el murciélago), pero alas poderosas que permitan un vuelo sostenido las tienen, entre las aves terrestres, principalmente las rapaces: el águila, el cóndor, el buitre… Imagine el lector, según sus simpatías o antipatías hacia el fenecido régimen, la figura del ave que mejor lo represente, a su juicio. Desde el águila imperial, de tanto abolengo histórico en la heráldica universal, hasta el buitre carroñero tenemos donde elegir. Para los perdedores en la guerra civil el franquismo es como el buitre prometeico, que en este caso se alimentó durante cuarenta años del cadáver de la España vencida, encadenada, privada de libertad.
El franquismo tomó impulso ascensional gracias a la Falange, de un lado y, del otro, a la Iglesia. La primera le proporcionó la doctrina política que sirvió, sobre todo, para paliar la absoluta inopia doctrinal de un régimen carente de ideología política, ciego y sordo a las aspiraciones de mejora social que motivaba a la clase proletaria; empeñado únicamente en mantener el “statu quo” en lo referente a una más equitativa distribución de los bienes de producción, lo que hubiera permitido el acceso de los menos favorecidos económicamente a los bienes superiores de la cultura y el espíritu.
La Falange, al menos sobre el papel, incluía algunas de estas preocupaciones en sus puntos programáticos (recuerdo, por ejemplo, aquello de "todos los que lo merezcan tendrán acceso incluso a los estudios superiores") La letra de estas y otras disposiciones por el estilo sonaba muy bien, pero en la práctica todo venía a quedar en buenos propósitos. El aspecto doctrinario de la Falange interesaba al régimen sólo de cara a la galería. De hecho, quienes en los primeros momentos del levantamiento militar se enrolaron en las filas de la Falange tenían como objetivo inmediato contribuir a eliminar al enemigo político. Ser falangista consistía, sobre todo, en pertenecer al cuerpo paramilitar que en la retaguardia se ocupaba de eliminar al adversario político, antes de que pudiera alcanzar las trincheras, o sea, todavía inerme e indefenso.
Ni el régimen ni el falangismo militante se tomaron verdaderamente en serio el corpus ideológico joseantoniano. Lo que sí se tomó en cuenta fue lo de "la dialéctica de los puños y las pistolas", que el fundador preconizara en un momento de arrebato oratorio. Pero aun así, se le interpretó torcidamente, ya que no cabe tal dialéctica frente a un adversario desarmado.
Personalmente, tras haber leído los escritos del fundador, me inclino a creer en la probidad intelectual de su pensamiento que, en la práctica, quedó descalificado por los hechos de sus presuntos correligionarios. A la Falange auténtica la desacreditaron, para los restos, aquellos facinerosos de primera hora. De ahí que haya resultado vano cualquier intento posterior de resucitar una presunta “falange auténtica”. Aparte del fundador, ha habido muy pocos falangistas auténticos. Los que de veras lo fueron, como Ridruejo, hubieron de apostatar de aquella falange espúrea, o aliviar sus remordimientos con “descargos de conciencia”, como el íntegro Laín Entralgo.
En cuanto a la otra “ala” del franquismo, casi es preferible no hablar. La redención social del proletariado que demandaban los nuevos tiempos topó con la incomprensión del estamento eclesiástico, propiciando el desencuentro con el pueblo. La situación empeoró debido al radicalismo de los más exaltados, imbuidos del principio marxista que considera la religión como “el opio del pueblo”. Los sabotajes contra instituciones religiosas que los más extremistas llevaron a cabo ante la ineficacia de un gobierno que no supo atajar estos desmanes, se cargarían en la cuenta de la causa popular, propugnada por un socialismo mayoritariamente moderado. Así, cuando sobrevino la rebelión militar, la izquierda en bloque, entre los que se encontraban no pocos creyentes, cayó bajo el anatema político y religioso, que en principio sólo alcanzaba al materialismo marxista. Todos quedaron marcados por el mismo denominador común denigratorio de “rojos”.
La rebelión militar se colgó los galones de la salvaguarda de la religión y surgió la consabida entente Iglesia-Estado. La sublevación militar contó con las simpatías y las bendiciones del estamento eclesiástico. El alzamiento se revistió de ‘cruzada” y en los muros de las iglesias se grabaron los nombres de los “caídos por Dios y por España”. La medida se aplicó a todos los pueblos de la geografía española, incluidos aquellos en los que no hubo ni un solo muerto de derechas y sí muchos de izquierda. Con lo cual éstos quedaron, de una parte, tildados de réprobos y, de la otra, de antiespañoles. A la muerte se añadió el oprobio.
Esa deuda histórica de la jerarquía eclesiástica con el pueblo español aún sigue pendiente, en nuestra opinión. La Iglesia, dispensadora de perdón, no ha considerado pertinente pedirlo en el presente caso
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miércoles, marzo 14, 2007

VIRGINIA (mamá)

Murió hace ahora diez años. Si viviera habría complido ya los 101 años. De los casi 92 que estuvo en el mundo, 61 los pasó viuda. Su viudez comenzó un 10 de septiembre de 1936. La partida de defunción de su marido, asentada seis años después del óbito, en el juzgado de Aceuchal, da como causa del fallecimiento la siguiente: “a consecuencia de la pasada guerra”. Mi padre no había estado en ningún frente. Había hecho el servicio militar a la patria entre 1926-1929, en Sevilla. Cuando las tropas de Yagüe, Asensio y Castejón pasaron por Extremadura, dieron licencia para matar (quizás más bien impusieron, como norma que había que cumplir a rajatabla, la mano dura) delegando esta función en los grupos paramilitares de derecha, que se habían hecho cargo de la autoridad en los municipios.Por regla general, estos grupos no sacaban la cara por nadie que se considerase sospechoso de connivencias con la izquierda. Era preferible seguir estrictamente la consigna de aquellos militares, dispuestos a no dejar eventuales enemigos en la retaguardia, aunque estuvieran desarmados. No hacerlo así podía resultar sospechoso de no colaboración con la causa militar. Nada más cómodo y expeditivo (y cobarde) que matarlos, aprovechando la ocasión de que estaban, precisamente, indefensos.
Virginia estaba en su cuarto mes de gestación cuando fusilaron a su marido. Su hija Eloísa nacería cinco meses después.
¿Cómo fue la vida de mamá a partir de aquel aciago 10 de septiembre? Supongo que tremendamente amarga. Le habían quitado a su marido y habían dejado huérfano a su hijo de tres años y a la criatura que estaba por nacer (nacería en el transcurso del año siguiente). Mamá tuvo que ponerse a coser por las casas y pudimos ir tirando gracias a las familias de los terratenientes que le daban trabajo.
A principios de los años 40 mamá estuvo seriamente enferma con anemia. Recuerdo que le inyectaban un compuesto de hígado de vaca fresco (es decir, algo de la plaza de abastos, pero hecho química) Tenía un olor especial aquel medicamento, que aún hoy día reconocería si volviera a olerlo. Creo que se llamaba Hepatrat. Fue entonces cuando temí seriamente por la vida de mamá y prometí (¡con no más de nueve años!) guardar celibato de por vida si mi madre se curaba. Lo que yo no podía prometer era no enamorarme y esto llegaría fatalmente con el tiempo. En el año 1945 estuve de monaguillo y fue por entonces cuando el párroco habló a mi madre de llevarme a estudiar al Seminario. En él ingresé al año siguiente, tras haber superado con facilidad las pruebas de ingreso. Y de allí saldría seis años después, entre otras razones porque “el amor corría el peligro de equivocar sus caminos”.
Y me puse a trabajar de profesor de Latín, con 19 años, en el colegio de San Antonio, en Almendralejo. Los alumnos mayores eran casi de mi edad. Uno de ellos fue Pedro Baquero, que (según me han dicho) ha muerto recientemente de un ataque cardiaco fulminante.
De mamá recuerdo muchas cosas admirables. Sobre todo, que cantaba con muy buen oído. Tenía un abundante repertorio de canciones de su mocedad, supongo que eran las que sonarían en los bailes de su época. A fuerza de oirlas, esas canciones se me grabaron en la memoria y ahora las recuerdo de vez en cuando. Todo un repertorio que abarca parte de los años veinte y treinta del siglo pasado. En varias ocasiones me he entretenido en hacer el recuento de esas canciones y en ir anotando la letra que recuerdo de las mismas. Algunas he conseguido encontrarlas por Internet, como la de “Abuelita, ¿qué horas son?”.
Gracias a esas melodías el recuerdo de mamá sigue vivo y se renueva cada vez que, sin saber por qué, aflora a mi memoria, un día u otro, alguna de esas canciones.

martes, marzo 13, 2007

ESTE BLOG...

Este blog puede, de un día para otro, presentar alteraciones que consistan, no ya en la incorporación de un nuevo escrito, sino en la modificación de cualquiera de los demás que ya figuran en él, incluyendo la eliminación de alguno de ellos.
De sabios es rectificar, dice un viejo aforismo, aunque, como apostillaba un antiguo profesor mío, es de más sabios no tener que hacerlo. Así he matizado afirmaciones, he sustituido viñetas o caricaturas por otras que me parecían más acertadas, he suprimido, incluso, algún artículo que pudiera lastimar a terceras personas o que, simplemente, no llegaba a convencerme. Varios han sido los motivos que me indujeron a manifestar mis opiniones en esta especie de nuevo foro que es Internet. Uno de ellos la necesidad de ‘catarsis’ que la puesta a punto de la convivencia democrática requería, a fin de hablar, desde una plataforma común de confianza y de sinceración, con quien suponemos nuestro otro interlocutor democrático de la oposición. Es (entre otras cosas) el ejercicio del derecho a enjuiciar la larga etapa, ya superada, de la Dictadura, desde la normalización de la democracia restaurada, la democracia que la Segunda República trató de establecer y que se frustró con la sublevación de unos militares desleales que se adueñaron del Estado y convirtieron la “cosa pública” en “cosa nostra”. Y a esto lo llamaron “patria”, obligando al exilio, a la cárcel o a la muerte, a una parte muy considerable de los españoles.
Se trata del derecho a opinar libremente, largamente negado a los vencidos durante la Dictadura y aplazado después espontáneamente, de manera cautelar, durante la llamada ‘transición’, con el fin de consolidar una democracia que echaba a andar con paso todavía vacilante, tras el entumecimiento de casi cuarenta años de inactividad política.
Pues bien, parece que todavía no es bastante. Quizás la generación perdida de la posguerra, hoy ya septuagenaria u octogenaria, debería haber seguido callando y aguantar hasta que hubiera desaparecido el último superviviente. Porque, por lo visto, el propósito de cerrar heridas de los “hunos” implicaba la intención aviesa de abrir las de los “hotros”. Las dos Españas volvían a enzarzarse en una nueva pugna, ahora de tipo dialéctico. De nuevo aparecieron los enfrentamientos con ocasión de algunas reivindicaciones por parte de los vencidos, que no tuvieron la oportunidad, en su momento, de honrar a sus familiares caídos en el frente, o eliminados en la retaguardia. La publicación en los periódicos, con un retraso de casi 70 años, de esquelas de familiares asesinados o muertos en campaña durante aquellos años (y los que siguieron a la proclamación de la paz) provocó, entre los herederos de las víctimas del bando vencedor, una reacción similar: publicar esquelas de familiares fallecidos en el frente, o a consecuencia de crímenes imputables a los grupos revolucionarios de la izquierda. De modo que, lo que pretendía ser una compensación por el silencio y la ignominia que cayó sobre los familiares de los vencidos, frente a las honras públicas que se tributaban a los “caídos por Dios y por España”, se convirtió en motivo de nuevas reivindicaciones por parte de los familiares de los vencedores, lo que dio lugar a fenómenos como la llamada “guerra de las esquelas”.
No ha llegado la derecha a comprender que los perdedores de la guerra no tuvieron ocasión de honrar a los suyos hasta que el advenimiento de la democracia les deparó esa oportunidad. Por supuesto, es la misma libertad que ellos tienen de hacerlo, tanto de forma pública como privada. ¡Ay de los vencidos, si se hubieran atrevido a hacer honores públicamente a sus muertos!
En fin, que en el terreno de la normalización política, dentro de la democracia, los progresos de esa normalización se ven con frecuencia impedidos por los resabios de una derecha recalcitrante. Lejos de progresar, retrocedemos a posturas que se revelan cada día más inconciliables. Los recientes acontecimientos revelan que se hacen cada vez más profundas las diferencias y que se agrandan las incompatibilidades.
El odio hacia un presidente democráticamente elegido nunca se ha hecho tan patente como ahora. Hay movilizaciones espectaculares que pretenden dar la impresión de que existe un desacuerdo mayoritario con el presidente del gobierno español, contra el que se agitan patrióticamente banderas que son de todos los españoles, junto a consignas que son, pese a su algarabía, claramente minoritarias.
La excarcelación de un terrorista (execrable, ciertamente, el terrorista, no la excarcelación, hecha por razones humanitarias y con el correspondiente refrendo jurídico) ha sido interpretada como debilidad, como connivencia del poder hacia el propio terrorismo, como traición a la patria. De poco han valido que se alegasen razones humanitarias, aunque estén contenidas en la misma doctrina evangélica del perdón, que se ha predicado siempre desde el sector que se alió con la cruz, ya desde la época de Constantino el Grande. Ni ha sido tenido en cuenta aquel precepto humanitario y sabio que Don Quijote diera a Sancho al entrar en el gobierno de la ínsula Barataria: “Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia” (cap.XLII, 2ª parte)
Las fuerzas reaccionarias de la derecha toman bríos. La cohesión democrática se debilita, por otra parte. De todos modos esperamos que las urnas digan, en su momento, su veredicto.
Aunque no sería la primera vez que, incluso habiendo hablado las urnas, esas fuerzas reaccionarias han impuesto la razón de la fuerza. El ejemplo al canto lo tenemos en el fatídico 1936.
Si la derecha sigue arrogándose, como en otro tiempo, la exclusiva de salvaguardar la unidad de España, el golpismo puede encontrar pretextos para volver a intervenir.

domingo, marzo 11, 2007

LA COMBA Y EL CORRO

(Recuerdos de la infancia)

Si vuelvo, en el recuerdo, a la época de la niñez y me sitúo con la memoria en la calle Santa Marta, de Aceuchal, puedo recordar a las niñas que eran por entonces mis vecinas. Y, especialmente, la hora del atardecer cuando todas las chavalas de la calle se reunían para jugar al corro o saltar a la comba. Aunque el repertorio de canciones no pasaba quizás de la media docena, ahora en la distancia del tiempo, me parece que ese repertorio era mucho más abundante del que yo acierto a recordar. Con frecuencia, las letras de estas canciones incluían frases mal asimiladas, por haberlas aprendido mal, o porque las letras en sí eran un poquito disparatadas. Vamos con algunos ejemplos:
Por la carretera Reyes
cuatro mocitas van
y la que va en el medio
hija de un capitán,
sobrina de don Félix,
teniente coronel…etc.

Si hubiera dicho un número ‘impar’ de mocitas se comprendería que una de ellas cayera justo en medio del grupo; pero ¿cuál será la que va en el medio cuando son, como en este caso, cuatro? Nadie reparaba entonces en este tipo de pamplinas. Era así y sanseacabó. Como tampoco había inconveniente en admitir la posibilidad de que alguien fuera a Francia a comprar ‘hilo portugués’:
De Francia vengo, señores, de por hilo portugués,
y en el camino me han dicho que tres hijas tiene usté.
- Si las tengo o no las tengo, eso no le importa a usté
… etc.

Y las cosas que uno podía encontrar dentro de una manzana eran realmente fabulosas:
Yo me comí una manzana,
¡qué manzana tan sabrosa!,
dentro la manzana había
el correo de Piadosa (¡)
había una cigarrera,
hablando con su soldado,
y al tiempo de despedirse
se agarraron por la mano.
adiós cigarrera hermosa,
adiós, soldado valiente,
contigo me casaría
a la hora de la muerte…


También 'al levantar una lancha' uno podía llevarse sorpresas:

Al levantar una lancha
una jardinera vi,
regando sus lindas plantas
y al momento la seguí.


Es posible que lo que ahora nos parece un poco absurdo se debiera, en parte, a que las letras estuviesen viciadas por haber entendido mal las frases. Suele ocurrir con las letras. En este sentido, mi amigo Miguel ha recordado que la letra del himno de la Virgen de Guadalupe, Patrona de Extremadura, solía malentenderse, especialmente en aquel pasaje que dice:
Somos los hijos del gran Pizarro,
los hijos somos de Hernán Cortés,
y en nuestro pecho noble y bizarro
un alma late que fuego es.
La deformación consistía en que se cantaba de esta manera:
Somos los hijos del gran Pizarro,
Los hijos somos del gran Cortés,
Y en nuestro pecho noble y pizarro
Un almanaque que fuego es.



A la puerta está la ronda, sí, sí,
que yo rondaré primero
clavellina colorada nacida en el mes de Enero… ,
En vez de decir “clavellina colorada” se decía “la gallina colorada”, como si tal cosa. Más ejemplos:
Soy el farolero de la puerta ‘l Sol,
cojo mi escalera y enciendo el farol,
después de encendido me pongo a cantar
y siempre me sale la cuenta cabal.

Pero, o yo oía mal, o juraría que las niñas decían:

“y siempre me sale la cuenta cagá”.

Apenas había letra de copla o coplilla que no estuviera lastrada con algún gazapo prosódico. El mismo Cara al sol, estaba gramaticalmente viciado (aparte de sus otros vicios de fondo) Y donde los poetas azules habían escrito 'impasible el ademán', los cazurros prosélitos de la camisa azul y el 'cangrejo' bordado canturreaban: 'imposible el ademán'.

Otra copla de corro infantil:

A un capitán sevillano siete hijos le dio Dios
y tuvo la mala suerte que ninguno fue varón.


Es natural, pues no eran siete hijos, sino siete hijas. Si alguna hubiera sido varón hubiera sido un transexual.

Era aquella una época todavía muy respetuosa con los padres, a los que algunos hijos hablábamos de usted (me incluyo porque yo también lo hice durante algún tiempo)
Papá, mamá, ¿quiere usté que vaya
un poquito a la alameda, (bis)
con los hijos de Merino (bis)
que llevan rica merienda?
Al tiempo de merendá (bis)
se perdió la más pequeña.(bis)
Su papá la anda buscando,
calle arriba y calle abajo,
¡dónde la vino a encontrar,
en una sala metida,
hablando con su galán,
diciéndole ‘prenda mía’,
contigo me he de casá
aunque me cueste la vía!
Una paloma volaba
y al volar su pico abría,
ella parecía que hablaba
pero yo no la entendía, etc.

La niña, a pesar de ser “la más pequeña”, se conoce que estaba muy adelantada para su edad, pues ya tenía su galán con el que se veía a escondidas. ¡Qué precocidad!

¡Todo ahora se ve tan lejano, tan irreal!
Un recuerdo agradecido para aquellas niñas piporras que nos hicieron amables y amenas las tardes cuando éramos unos críos, en aquellos duros tiempos de la posguerra.



jueves, marzo 08, 2007

EL FLAMENCO Y EL FOLKLORE







El martes, 6 de marzo, estuvo conferenciando en el Seminario Humanístico de Zafra (filial de la Asociación de Escritores Extremeños) el más Grande de los emeritenses vivos, Félix de nombre. Ya sabéis: el autor sabio de Blanco spirituals o de Los rubáiyátas de Horacio Martín, por no citar más que dos de sus más conocidos títulos poéticos. Su charla amena, interesante, estuvo sazonada de anécdotas personales, de vivencias indelebles de su infancia en Mérida. El auditorio escuchó con atención y con visible interés la voz cálida y profunda del maestro.
No faltó la referencia al flamenco, ese filón de la sabiduría popular que en palabra ya consagrada, aunque extraña, se denomina folklore. Sabiduría condensada en coplas, en sentencias, en refranes. Paremias griegas, adagios latinos, pliegos de cordel, trovas de juglares (con laúd o con guitarra). Tampoco faltó la mención de Paco de Lucía, el gran virtuoso de la guitarra flamenca.
Citó Félix algunas de esas coplas de las que dijo Machado (Manuel)
A todos nos han cantado
en una noche de juerga
coplas que nos han matado…

Coplas que apuntan directo al corazón, esas coplas sabias del folklore, del que dijo el mismo poeta


Es el saber popular
que encierra todo el saber:
que es saber sufrir, amar,
morirse y aborrecer.
Y la copla esta vez decía:
El reloj está en la torre;
el mochuelo, en el olivo;
en mi corazón, la pena:
cada cosa está en su sitio
.



El texto popular encierra una suprema ironía, dando la impresión de que reina un profundo orden y de que existe una gran normalidad, por el hecho de que se comprueba que cada cosa está en su sitio. Pero la paradoja real es que hay algo que está donde no debería estar, pues lo justo, lo ideal y lo deseable es que en el corazón no esté la pena sino la alegría, el contento, la felicidad. Si está la pena, ocupa, sí, un sitio adecuado, pero un sitio donde habitualmente no debiera estar; lo que, en el fondo, constituye un desorden, puesto que, en ese sitio, dentro de un orden ideal, debería estar el gozo, la alegría, la dicha... No la tristeza. La pena está ahí suplantándolos, usurpándoles el puesto.



Un día escuché una de estas canciones que se nos graban en la memoria, porque barruntamos en ellas hondas experiencias dolorosas:
No te deseo más castigo
que el que te acuestes con otro
y estés soñando conmigo.


Aviso y advertencia que el amante comunica a quien le amó y después le sustituyó por otra persona.
Son letras sabias, las de las canciones de este tipo.
Pero hay también letras poco acertadas, a veces tontas o absurdas. Aunque tuvieran, en su momento, un éxito indiscutible. La letra de El emigrante, la famosa canción que popularizó Valderrama, constituye un buen ejemplo de lo que decimos. El emigrante manifiesta su deseo de recordar, durante su ausencia, la blanca dentadura de su amada, convertida en fetiche, en objeto sagrado:
Tengo que hacerme un rosario
con tus dientes de marfil
.

¡No lo dirás en serio! ¿Qué quieres, cariño, que tenga que ponerme dentadura postiza?
El folklore flamenco tiene también una cierta propensión al autobombo, a la presunción. Se piropea a sí mismo, presume, alardea, se ufana. Quizás de ahí proviene lo de ‘flamenquear’.¡Muy flamenco estás tú, niño! Muy infatuado, muy sobre sí. Un pelín más de la cuenta ‘poseídos’, algo endiosados, estos flamencos y flamencas no tienen abuela. Se nota que tienen esa orfandad de nacimiento. Un ejemplo de canciones de este tipo:
No hay majeza ni tronío
que igualen a mi majeza.
De los pies a la cabeza
llevo rumbo y señorío.
¡Que soy del barrio Triana
flamenca como ninguna!
tengo la gracia gitana,
vivo orgullosa de mí…
etc.


Este tipo de autoafirmación presuntuosa es, a mi manera de ver, uno de los puntos flacos del flamenco.
Y, no obstante, en ciertos aspectos, parece consustancial con él.

sábado, marzo 03, 2007

EN BUSCA DEL CONSENSO PERDIDO

Una cosa tengo bien clara en lo que atañe a la concordia entre los españoles, a la normalización de la convivencia entre los mismos, tras la fatal crisis de la unidad que tuvo como resultado el enfrentamiento civil. Y esa cosa es que los perdedores tenían derecho a ser resarcidos, a recibir compensación, siquiera de índole moral, por la parte que se alzó con el poder por medio de las armas. La guerra produjo daños y pérdidas por ambas partes, pero, por la de los vencidos, unos traumas adicionales, algo así como unos daños psicológicos permanentes sobre el “ego” de la conciencia nacional; y ese daño requería ser reparado, en la normalización de la convivencia democrática, a través de una catarsis colectiva que nos preparase para afrontar la nueva situación. Esta puesta a punto requería cierta dosis de paciencia y buena voluntad por parte de tirios y troyanos. Ello pasaba por el reconocimiento de los propios errores por ambas partes, de los excesos y atropellos que por uno y otro lado se cometieron; pero también, y sobre todo, de algo muy especial que consistía (y consiste) en revisar desde la óptica común del planteamiento democrático (con el que se supone implícitamente que estamos todos de acuerdo) lo que de particularmente erróneo e inaceptable tuvo la situación pasada, enjuiciada desde este punto de vista democrático, en el que se supone que existe unanimidad por ambas partes. Claro que esta vía dialéctica conduce, indefectiblemente, a la condena del franquismo, es decir, de la situación superada; y esta condena del franquismo (verdadera prueba del algodón del talante democrático de un partido) a propuesta del partido socialista entonces en la oposición, fue la que en el Parlamento español, en el año 2002, puso al PP contra las cuerdas. Por fortuna, en aquella ocasión el PP no pudo sustraerse a la evidencia y aceptó refrendar la condena democrática del franquismo, acuerdo importante para partir de una base común. Pero, por desgracia, con posterioridad ha dado marcha atrás y ha rehusado, inconsecuentemente, mantener esta condena a nivel internacional en el parlamento europeo. Ahora bien, esto constituye un contrasentido y una ruptura del consenso democrático en un punto vital: no se puede ser demócrata sin el rechazo explícito de lo que fue esencialmente antidemocrático, como lo fue el franquismo. Y no caben subterfugios ni componendas de que puede darse un franquismo evolucionado, converso a la democracia, lo que sería teóricamente el PP. La democracia tiene que rechazar el franquismo, como éste, en su larga andadura, rechazó aquélla: son visceralmente incompatibles. Claro que abjurar del franquismo supone renunciar a las propias raíces, tratándose del PP, y esto requiere una ‘metanoia’, o cambio de criterio mental muy difícil de lograr. Es, por lo demás, obvio que la condena del franquismo conlleva la revisión crítica de sus dogmas políticos y el desmantelamiento de los tópicos con los que justificó su presunta “salvación de España”. Todo lo cual supone para muchos de los adictos a aquel régimen una renuncia intolerable. Que estas reivindicaciones no se plantearon durante la transición, de acuerdo. Importaba entonces más afianzar una democracia valetudinaria, todavía expuesta a sustos como el del 23-F. Pero que la salud democrática de España necesitaba de reparación y catarsis desde la maltrecha izquierda, nadie lo podría negar. Y en ello estamos. ¿Habrá la generosidad suficiente, por parte de la derecha, para hacer estas concesiones que reparen, siquiera en parte, el largo secuestro de la voluntad popular que propició el franquismo?

viernes, marzo 02, 2007

EL INTERNAUTA NO TIENE QUIEN LE ESCRIBA

Parafraseando el conocido título de la novela de García Márquez, se podría decir lo mismo de aquellos que mantienen sus “blogs” abiertos a comentarios (bien que, como en mi caso, condicionados a la aprobación del propio “blogger”) y, sin embargo, nunca, o muy rara vez, reciben comentarios de lectores. Ya recordé, a este propósito, en cierta ocasión, aquellos versos demoledores con que el poeta hispanorromano Marcial fulminaba a un detractor suyo:
Versiculos in me narratur scribere Cinna:
Non scribit cuius carmina nemo legit

(Se dice por ahí que un tal Cinna escribe versillos contra mí:
No escribe aquel cuyos versos nadie lee)


Hubo, en aquella ocasión, un benévolo lector que se aventuró (eso sí, embozado en el anónimo, a escribirme -¡en Latín!- diciéndome, como para darme ánimos, que había alguien que me leía: él) Bueno, algo es algo: alguien NO es nadie. Ya puedo afirmar que escribo porque, al menos, uno me lee.
Hubo, sin embargo, una ocasión en la que al abrir el correo me encontré con la sorpresa de tener, de golpe, nada menos que 68 comentarios a uno de mis artículos, Abrí, con cautela, algunos de ellos, al azar, y me encontré que todos estaban en inglés y que me proponían leer sus propios “blogs”. Desde entonces suelo eliminar sistemáticamente los susodichos comentarios, sin molestarme en abrir las correspondientes misivas.
La verdad es que no me importa demasiado hacer en solitario esta travesía, en la que mi distracción, casi exclusiva, es anotar mis divagaciones en este “cuaderno de bitácora”. A veces escudriño las olas, quizás con la secreta esperanza de ver flotando la botella en la que me llega el mensaje de algún amigo que me necesita.




GUERRAS DE RELIGIÓN

Ahora que reparo en ello, casi todas las llamadas “guerras de religión” que en el mundo han sido han servido de tapadera a otras causas, aparte de las propiamente religiosas. El motivo de la religión ha sido, con frecuencia, un buen pretexto para justificar una guerra,aunque el motivo oculto haya sido otro.
Así, por ejemplo, la guerra contra el turco, que culminó en la batalla de Lepanto (ocasión de la manquedad de Cervantes) y que dio a los cristianos la preponderancia naval en el Mediterráneo, fue una “guerra de religión”. Tal se consideró en aquellos tiempos, y aun en los nuestros. Refiriéndose al Mediterráneo, dijo el poeta Adriano del Valle:
Con naumaquias sacras
se cristianizó.
Lepanto fue una de esas naumaquias. La Guerra Civil española también se pretextó “guerra de religión”, o “guerra santa”, por quienes la “bautizaron” pomposamente como “Cruzada”. Y en nuestros días, la llamada Yihad islámica (quam horroris causa nomino) también es una “guerra de religión”, más bien una “guerrilla” que golpea acá y allá, con sus fanáticos adeptos dispuestos a inmolarse como víctimas, con tal de sembrar el terror. Con golpes espectaculares, a veces, como el de las Torres Gemelas. Siempre habrá kamikazes dispuestos a morir por el emperador, siempre habrá suicidas heroicos, decididos a inmolarse por una causa religiosa. Catecúmenos del fanatismo, persuadidos de antemano de que, con su sacrificio personal, ganarán el Paraíso: “Tantum religio potuit suadere malorum”, como dijo el poeta romano Lucrecio: a tanto mal pudo ser inductora la causa religiosa.
En la Guerra Civil española hubo matones que se dejaron persuadir de que eran el brazo ejecutor de la justicia divina:
– “No te mato yo, te mata Dios” (cuentan que decía un conocido matón de aldea, en uno de estos pagos extremeños) ¿Quién le inculcaría a aquel botarate que su acción homicida era el medio a través del cual se manifestaba la voluntad divina?
Hay cierto tipo de fans que practican lo que los germanos llaman el Todesfanatismus (el fanatismo de la muerte) Hoy son relativamente fáciles de reclutar, sobre todo entre los prosélitos del Islam. Su utilización con fines terroristas está, como sabemos, a la orden del día, sobre todo en los países de Oriente Medio. Y, por lo que se ve, hay bastantes voluntarios de esa religión, dispuestos a inmolarse.
¡Que Dios – o Alá, tanto da– nos libre de ellos!