martes, septiembre 11, 2007

Así da gusto








A juzgar por las fotos con que nos regala hoy EL PAÍS, los políticos están dando ─¡por fin!─ una imagen distinta de la habitual. De juzgar por esas fotos, diríamos que las perspectivas no pueden ser más halagüeñas. Réparese, si no, en la actitud de Ángela Merkel y Sarkozy, tan acaramelados que parecen estar a un tris de unir sus labios en un apasionado beso. Da gusto verlos tan amartelados, hasta parecen más guapos. Que cunda el ejemplo.
¡Ay, Ángela! ¿Cómo es posible que andéis a la gresca las más veces los políticos, con lo bonito que es amarse?

Pues no digamos el caso de Zapatero y Esperanza Aguirre, amagándose mutuamente con unas zalemas que parecen precursoras del ósculo. Así da gusto. Aproximaciones como éstas, y aun mayores, es lo que necesita la política española, habitualmente bronca y esquinada. Que pueda decirse aquello que se decía de los primitivos cristianos:”¡Mirad cómo se aman!”.



La noticia luctuosa del día es la muerte de una de las actrices más simpáticas de Hollywood (antes, naturalmente, de que encarnase, muy eficazmente, por cierto, el abominable papel de la Ángela Channing de Falcon Crest). Ya sabéis que me estoy refiriendo a Jane Wyman, uno de mis primeros amores (platónicos, claro) de juventud. Yo me había divorciado de ella (platónicamente, por supuesto) cuando se metió en la piel de aquel avieso personaje. Ya no era la adorable pizpireta que yo amé, haciéndome pasar por Bing Crosby, en aquella deliciosa historia que se titulaba Aquí viene el novio (Here comes the groom). Porque era de veras seductora, por aquellos años, la anciana actriz que ahora acaba de morir. Chatunguera, resuelta, con un desparpajo encantador. Recuerdo una canción que también popularizara, hace muchos años, pero menos, el cara de Luis Aguilé:

La chatunga tiene algo que me gusta…

Busco, a través de Google los datos biográficos de la Wyman juvenil y veo que estuvo casada con Reagan y con él tuvo dos hijos.

¡Vaya tío con potra! Se acostó con la Wyman de mis sueños y, encima, llegó a presidente de los Estados Unidos.

miércoles, agosto 29, 2007

Los dos planos

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He resuelto suprimir la segunda parte del escrito precedente, por improcedente. La autocrítica ha operado en forma de censura. Pues es el caso que me estaba sintiendo incómodo conmigo mismo, por el cariz irreverente, propio de ciertos monólogos cómicos de última hora, que había tomado mi meditación anterior.
El suceso que nos narra el evangelista Lucas (2.42-52) es susceptible de ser considerado en el doble plano de lo natural y lo sobrenatural o, si se prefiere, de lo humano y lo sobrehumano. La conducta del niño-Dios, Jesucristo, con sus padres naturales, vista desde el primero de estos planos nos parece desconsiderada, reprobable, y hasta merecedora de un severo correctivo por parte de los responsables de la protección y custodia del niño. La conducta de éste, por más que esté justificada desde el plano sobrenatural, resulta inaceptable mirada de tejas abajo. ¿Era necesario haberles dado ese disgusto mayúsculo a los pobres padres naturales?
Sin embargo, la reconvención de María, la madre, la humilde mesura con que expresa su sufrimiento en nombre de ella misma y del esposo, no puede ser más moderada y exenta de acritud:
– Hijo, ¿por qué has hecho esto con nosotros? Tu padre y yo, afligidos, te hemos estado buscando.
Dolor paternal y reproche, manifestados con admirable mansedumbre y comedimiento.
La respuesta del niño-Dios, desde el plano de lo natural nos parece, a fuer de sobrehumana, poco humana:
– ¿Qué es eso de que me estabais buscando? ¿No sabíais que es conveniente que yo me ocupe de las cosas de mi Padre?
¿Deberían saberlo? Desde luego, María y José estaban en antecedentes de que tenían a su cargo a un ser extraordinario. Sólo tenían que recordar cómo habían sido informados, en su día, por los emisarios divinos: María, avisada por Gabriel, y José, prevenido por un sueño revelador, cuando se disponía a abandonar a María, luego que advirtiera su preñez, sabiendo que no la había causado él.
No había más remedio que resignarse. Por más que tener a todo un Dios en la familia no es algo a lo que uno pueda acostumbrarse así como así. De modo que tuvieron que pechar con su disgusto por el extravío del hijo en Jerusalén.
El evangelio nos dice, escuetamente, que María “guardaba todas estas cosas en su corazón”. Es decir, sufría y callaba. Es de suponer que el esposo compartía con ella el sufrimiento y el silencio.

Y no hay que comparar a Jehová con Zeus, ni a María con Alcumena y, por ende, a José con Anfitrión. Aunque, a riesgo de resultar irreverentes, nos haya tentado el paralelismo.




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*Jesús entre los doctores, cuadro de Giotto.

lunes, agosto 27, 2007

Jesús se pierde en Jerusalén, II (modificado por autocensura)

Después de este episodio, he vuelto a reflexionar un par de veces sobre el suceso. La imagen que debí dar a los empleados de la farmacia debió ser épica: la del pavor personificado. Luego he tenido ocasión de ver, sucesivamente, el lado cómico y el lado serio de la situación. Me vi en el pellejo del pobre Pepe Isbert, el desaparecido y provecto actor, gritando afónico y atribulado aquello de:
-¡Chencho, Chencho!
Y es que, según se mire, la situación es de aquellas en que “lo cómico y lo grave, confundidos, / risas y llanto arrancan”, como dijera Bécquer. Lo emotivo del caso me fue sugerido, precisamente, por el episodio de la pérdida de la que nos habla el evangelio de Lucas, concretamente, por las palabras que éste pone en boca de María (2.48)
– Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo, afligidos, te hemos estado buscando.
Y esta queja, conmovedora, adquiría para mí su más exacto y doliente sentido, próximo al enternecimiento.
Porque yo puedo ponerme en el caso de los padres, pero apenas logro entender la respuesta del Niño, consciente de su propia condición sobrenatural:
– ¿Y cómo es que me buscabais? ¿Acaso no sabíais que conviene que yo me ocupe de las cosas de mi Padre?


Esta respuesta, a fuer de divina, resulta un tanto inhumana.




Los padres deberían saber, en efecto, que estaban ante un ser extraordinario. Estaban en los antecedentes de que eran custodios de una criatura singular. La madre, María, podía tener presente las circunstancias de su concepción, los sucesos sobrenaturales que la acompañaron. El padre, José, había sido advertido en sueños del carácter sobrenatural del embarazo de su esposa. Y, sin embargo, ellos se comportaban, persistían en comportarse, como unos padres normales, con su instinto de protección hacia el amado hijo.




La madre le reconvenía, dolorida por aquella angustia que les había hecho pasar. Y el hijo, a su vez, les argumentaba con las obligaciones contraídas con su Padre celestial. Los pobres padres de carne y hueso debieron callar, resignados, ante el prodigio con el que tenían que convivir.




El evangelista Lucas nos dice solamente que “la madre guardaba todas estas palabras en su corazón” (2.51) Nada dice del sufridísimo José. Imaginen la zozobra de ambos cónyuges, después de tres días de búsqueda por todas las calles y plazas de Jerusalén, y de haber desandado el camino, por ver si el chico había emprendido el regreso en solitario, tras haberse despistado de sus padres. Vueltos a la ciudad, lo encontraron, por fin, en el templo, disertando entre los doctores de la ley, acerca de la interpretación de las Sagradas Escrituras. Todo un debut, el espectáculo sorprendente que ofrecía un niño prodigio. El mismo que había hecho pasar a sus padres tres largos días de angustias y desvelos.

Jesús se pierde en Jerusalén, I

Si yo hubiera alcanzado la condición de clérigo, a la que estuve vocado en una etapa de mi vida, sería una cosa habitual en mí, como suele ser algo consuetudinario de los clérigos en general, la glosa de los episodios bíblicos del Nuevo Testamento, concretamente de los Evangelios. Como sabemos, la glosa de estos episodios constituye el tema habitual de la mayoría de los sermones y homilías. Si yo hoy traigo aquí a colación uno de esos episodios, es por haberme sentido por unos momentos en la piel de los padres de Jesús, cuando este, siendo un niño de doce años, se extravió en Jerusalén durante los días tumultuosos de la Pascua judía.
El caso es que, por unos instantes, yo perdí el otro día a mi nietecito (dos años y medio de edad) Le gusta mucho meterse en la casita de juguete que hay en la farmacia próxima, en cambio, rehúsa, por lo común, introducirse en el ‘gusanito’, el otro juguete que hay en el establecimiento. El ‘gusanito’ abre su boca y extiende su roja lengua, a guisa de alfombra, para que por ella penetren los críos, a gatas, saliendo por el extremo opuesto que corresponde a la cola. Lo dejé un momento en la casita, mientras me acerqué al mostrador a pedir una caja de ‘juanolas’. Me sirvieron el pedido en un par de minutos, a más tardar, durante los cuales yo miré un par de veces hacia la casita, para cerciorarme de que el barbián de mi nieto estaba allí, disfrutando con abrir y cerrar las ventanas del diminuto habitáculo, tan adecuado a su estatura que, entrar en él, resulta un privilegio reservado a personas menores de cuatro o cinco años. Realizada mi compra, me volví hacia el minúsculo edificio a recoger al niño. Pero –sorpresa mayúscula– el edificio estaba vacío, como jaula de la que acaba de escapar el pájaro. Comencé a llamar, algo asustado, “¡Álvaro, Álvaro!”. Pero al niño parecía habérselo tragado la tierra. Lo que puede pasar en esos instantes por la imaginación “calenturienta” (recuerdo haber sido tachado de esto en alguna ocasión) de un abuelo novato hace que se disparen todas las alarmas. Acuden a la memoria los recientes sucesos del Algarve y de las Canarias, y las extraordinarias medidas sugeridas por Sarkozy, amenazando con la castración química a los secuestradores…todo el desquiciado y brutal desbarajuste de la actualidad cruza, cercano y amenazador, por nuestra imaginación. Y la alarma crece en proporciones inimaginables. Grité, desencajado: “¡Álvaro, Álvaro!”. Llamando la atención de los y de las empleadas del establecimiento. Una de éstas, por fin, me sacó de mi angustia:
El niño (el “joío” niño) estaba escondido en el ‘gusanito’.



miércoles, agosto 15, 2007

ELOÍSA






Traigo a colación a esta página los rasgos de un rostro familiar, una persona que me es querida, entre otras razones porque, sucesivamente, ocupamos el mismo claustro materno. Somos hijos de la misma madre y, con toda certeza (sin necesidad de recurrir a pruebas del ADN) del mismo padre. Padre al que ella no tuvo oportunidad de conocer, por encontrarse aún en el mismo seno materno en el que yo había estado años atrás. Nuestra madre estaba en el 4º mes de gestación cuando la 'gloriosa Cruzada', en la primera etapa de su benemérita campaña, exterminó a cuantos habían sido afectos a la República, aunque se hubieran casado por la Iglesia y hubieran llevado a bautizar a sus hijos. Compartimos una infancia de privaciones, aunque sin llegar a la suma indigencia, gracias al trabajo de nuestra madre. La Providencia rodeó las cosas para que, tanto mi hermana como yo, pudiéramos realizar estudios de Magisterio, gracias a la ayuda de maestras generosas a las que siempre recordaremos con gratitud y cariño. En mi caso, fue una equivocación, también providencial, la que me llevó al Seminario pacense, para estudiar la carrera de cura, que abandoné al concluir el 2º curso de Filosofía. Por libre (y gracias a la generosa y desinteresada ayuda de amigos como Ildefonso Durán, que me enseñó las Matemáticas precisas para superar las pruebas) acabé la carrera de Magisterio y obtuve plaza en 1960. Antes tuve que hacer el cursillo obligatorio del Frente de Juventudes, en un campamento especial para tales usos. Y prometer fidelidad al régimen que nos había dejado huérfanos. Luego, también por libre, obtuve la licenciatura en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense.
Pero, en fin, es de mi hermana de quien quiero hablar aquí, no de mí. Eloísa obtuvo plaza de maestra a mediados de los años 60. Ya está, como se puede suponer, ‘disfrutando’ de su jubilación, como su hermano. Tiene una hija, periodista, de nombre Eloísa, como ella. María Eloísa, para ser más exactos. Eloísa, madre, ha heredado algo de las habilidades de mamá Virginia. En la costura y en las labores relacionadas con la aguja.
Te quiero, hermana.

domingo, agosto 12, 2007

Transición: Democracia en rodaje

Igual que cuando se adquiere un vehículo nuevo hay que adoptar ciertas medidas de prudencia para su adecuado uso, por ejemplo, no sobrepasar cierto límite de velocidad, los españoles hubimos de adoptar precauciones similares al estrenar el nuevo vehículo de la democracia. El conjunto de medidas adoptadas, en vistas al buen funcionamiento de este vehículo, incluido el tiempo que duró su aplicación, es lo que hemos dado en llamar transición, que podemos definir, de acuerdo con el símil propuesto, como la democracia en rodaje.
El pueblo español fue de lo más sensato a la hora de tomar precauciones en este sentido. Y el vehículo funcionó a satisfacción, en tanto que no se forzó demasiado. Hasta el punto de que este período de rodaje se ha podido considerar modélico en su género, a juicio de propios y extraños. Sólo que conviene tener presente que ‘transición’ y ‘rodaje’ son términos connotativos de provisionalidad. Ambos tienen un plazo de caducidad. Han de durar un tiempo razonable, pasado el cual se tornan inoperantes. Ni el rodaje ni la transición se pueden prolongar más allá de ciertos límites.
Suele manifestarse, en los últimos tiempos, una especie de nostalgia de la transición, especialmente por parte de la clase política más conservadora. Parece añorarse aquella época de avenencia política, en la que la derecha y la izquierda se anulaban a sí mismas para identificarse ambas en el centro. ¡Ah, si el espíritu de la transición perdurase, aquél que nos llevó a consensuar un código de normas aceptables por tirios y troyanos, como fue la Constitución de 1978!
Pero la armonía de los contrarios que representaba el centro no pudo prolongarse indefinidamente. El bandazo del 23-F, ya que no tuvo peores consecuencias, sirvió, al menos, para cargarse el invento del centro. Tuvo un efecto ‘centrífugo’, así como antes el común apetito por la democracia había producido una fuerza ‘centrípeta’, de cohesión. Ahora, ante la bravata derechoide, la reacción había operado el efecto contrario. Previsoramente, se desplazó la carga hacia babor.
La izquierda (el espíritu superviviente de la República) siguió aplazando, pacientemente, ciertas reivindicaciones, posponiéndolas, bien que sin renunciar nunca a ellas; sobre todo porque nunca creyó que tales reivindicaciones estuviesen animadas por el espíritu de revancha, sino basadas en la legítima aspiración de reparar la anulación política que había padecido durante la dictadura. De este modo, el plazo de la transición se alargó hasta el punto de casi alcanzar la duración de la propia dictadura.
Ahora que, por fin, se plantean esas reivindicaciones con carácter inaplazable (tras haber renunciado a otras más graves, como, por ejemplo, se hizo en Alemania con los juicios de Nuremberg) hay todavía quienes protestan y hablan de “reabrir heridas”. Pero ¿es que habían cicatrizado alguna vez las del bando perdedor?
La derecha española ha adolecido siempre, salvo en contadísimas excepciones, de falta de generosidad con los perdedores de la guerra civil. ¿Tuvieron éstos, acaso, la oportunidad de honrar a sus muertos o de rescatar sus cadáveres en la etapa de la dictadura? Sin embargo, los “caídos por Dios y por España” tuvieron anualmente, a fecha fija, un Día del Dolor, para celebrar las honras fúnebres de los suyos: la fecha del 20 de noviembre. Y un 20 de noviembre – curiosa coincidencia – murió también el dictador. Como si la Providencia hubiera querido, compensatoriamente, trocar la fecha, dolorosa para algunos, en jubilosa para otros.
¿No habían de tener derecho, en la democracia, los caídos “sin honor y sin recuerdo”, a ser sepultados honrosamente, en el caso de haber podido localizarse sus restos?
Quienes nos ‘refregaron’ hasta la saciedad la memoria de sus caídos por una doble (y, por descontado, noble) causa, Dios y España, para justificar sus propias crueldades, ¿se molestan ahora porque, a destiempo, (no pudimos hacerlo antes) reivindiquemos la Memoria Histórica?
Esta reivindicación es de justicia. Y es de justicia que, a la luz de los principios democráticos, condenemos una y mil veces la dictadura, su presunta legitimidad política y, sobre todo, su santificación bajo el nombre de Cruzada.
Toda la parafernalia, en fin, que desplegó el Régimen en detrimento de los derechos del pueblo español.

sábado, agosto 11, 2007

DEMOCRACIA Y TRANSICIÓN

Cuando en política hablamos de transición nos referimos a un proceso que viene marcado por dos puntos de referencia, el de partida, que coincide, en este caso, con el fin de la dictadura, y el de llegada, que es la democracia propiamente dicha. Si admitimos que salir de la dictadura significa entrar, “ipso facto”, en la democracia, habrá que reconocer que esta entrada en la democracia requiere de un cierto periodo de adaptación a la nueva situación, al nuevo terreno que pisamos. Los españoles, entumecidos por un largo periodo de inactividad política, procuramos pisar con cautela en el nuevo terreno. A este periodo de adaptación a la nueva situación es al que puede aplicarse con propiedad el nombre de transición.
La nave del Estado (permítaseme la manida metáfora) varada durante casi cuatro décadas en la dictadura, volvía a ser reflotada. Y los pasajeros embarcados en ella, supervivientes de la guerra civil, o descendientes de ellos, guardaban la memoria de ese naufragio. La lección que traía aprendida la tripulación más avezada era procurar no escorar, bajo ningún concepto, el barco, ni a babor ni a estribor. De modo que el lugar político más recomendable para mantener el barco a flote era... el Centro político. La huera consigna de la España Una sólo estuvo a punto de realizarse gracias a esa palabra mágica: el Centro. Y esa fue la opción política por la que se decantó la mayoría de los españoles. Con ella parecía superada, por fin, la vieja dicotomía que había enfrentado secularmente a nuestros compatriotas: izquierda/derecha. Los españoles verdaderamente patriotas no éramos de izquierda ni de derecha: éramos... del centro. ¿Cómo no lo habíamos visto antes, con lo sencillo que era?
Sólo que duró poco el espejismo político. La fecha del 23-F alertó a los españoles de que el golpismo tardofranquista constituía una amenaza cierta. Y ese súbito bandazo del barco por estribor dio al traste con el feliz invento del centro: muchos españoles desde entonces se decidieron a ocupar, resueltamente, la banda de babor. El mito del centro político acabó por desinflarse y sus líderes, sin apoyo popular, acabaron reintegrándose a sus respectivas posiciones, en la derecha o en la izquierda. Volvimos a la vieja y, al parecer, inevitable dicotomía.
Por supuesto, el triunfo de la izquierda (el PSOE) fue, en cierta medida, una consecuencia del fallido golpe de Tejero y sus conmilitones. Y vinieron varias legislaturas con el PSOE en el poder. Hasta que la corrupción por un lado y el “affaire” de los GAL, por otro, propiciaron que en la siguiente ocasión el pueblo retirase su confianza al PSOE y la depositase preventivamente en el PP. Dos legislaturas más y, otra vez, la confianza de los españoles tuvo que cambiar de signo. Ahora fue el presidente Aznar el que nos metió en líos, compadreando en las Azores con Bush y Blair. Y la gota que colmó el vaso fue el desastre provocado por el terrorismo islámico, tercamente atribuido por los responsables del gobierno a un nuevo golpe de ETA. Y, seguidamente, el descalabro electoral del PP y la obstinada atribución de este fracaso a una tramposa maniobra de la izquierda. Ya entramos de lleno en la peligrosa dialéctica de las suspicacias hacia el rival político, aun con todas las pruebas en contra. Tenía que ser ETA y, si intervino el integrismo islamista, fue seguramente con la complicidad de ETA. Y, con la culpabilidad de ETA, se trataba de implicar al gobierno que, supuestamente, pretendía pactar con ella una paz afrentosa , a cambio de pagar un presunto precio político. Bulo desmentido por unos hechos irrebatibles: las numerosas capturas de terroristas etarras que ha habido en lo que va de legislatura.


La Transición ha tocado fondo. Ahora navegamos en plena Democracia, aunque con el viento en contra de la oposición. Porque no es esta una oposición de equilibrio y contrapeso, sino de encrespamiento y oleaje. Se encrespan los ánimos, espoleados por actitudes que tienden a la disolución del estado de derecho. Hay una beligerancia partidista que infecta y degrada la libertad de prensa, el periodismo oral o escrito. La jerarquía eclesiástica, invocando la objeción de conciencia y el compromiso moral, inherente a los deberes de su ‘sagrado ministerio’, obstruye la labor del Estado e incita a la desobediencia cívica, a propósito de una asignatura que lleva el inocuo nombre de Educación para la Ciudadanía. Por lo visto, la ciudadanía que propugna el Estado de derecho (aunque no de derecha) no es otra cosa que la legalización del libertinaje. Una vez más “con la Iglesia hemos topado”.
Sí: ha concluido la Transición. Navegamos en el mar proceloso de la Democracia y habrá que capear el temporal, como sea. Convendría, sin embargo, recordar a la oposición que todos vamos en el mismo barco. Y que estamos en el deber de velar por la seguridad de este barco, que es la seguridad de todos. Y pudiera ocurrir aquello que en un texto fragmentario dice Cicerón: hoc miror, hoc queror, quemquam hominem ita pessum dare aliquem velle ut etiam navem perforet in qua ipse naviget (esto me produce estupor, de esto me quejo: que haya alguien que quiera hundir a otro, hasta el extremo de perforar el barco en el que él mismo navega) La cita la hace Quintiliano, maestro español en Roma, en sus Instituciones oratorias (8.6.47.13)

jueves, julio 26, 2007

Más sobre la Educación para la Ciudadanía

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Ya voy entendiendo (tardo de entendederas que es uno) las causas de la actitud beligerante del episcopado español frente al sistema democrático, en el que procura afianzarse el actual Estado de Derecho. Parece ser que la opción democrática (una de las aspiraciones irrenunciables del pueblo español, tras haber soportado, durante casi cuatro décadas, la dictadura franquista) no acaba siendo del agrado de sus excelencias reverendísimas. Y es que la democracia, según parece colegirse, no siguió por los derroteros que sus excelencias esperaban, cuando se inició la andadura que previamente habíamos consensuado y que nos había marcado la Constitución de 1978. Pero en este documento se daba por sentada la libertad religiosa (art. 16) y la aconfesionalidad del Estado en este punto (apart. 3), pese a admitirse, como se ha venido haciendo, “las relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”.
¿A santo de qué viene ahora la objeción de conciencia, por parte de sus eclesiásticas señorías, a propósito de la asignatura Educación para la Ciudadanía? ¿Suponen que la citada disciplina, aun sin que se hayan determinado por completo sus contenidos, no augura nada bueno? ¿Escrúpulos de conciencia de que pudiera entenderse que ellos, los señores obispos, estén sancionando, con su silencio, (quien calla otorga) ese sesgo abiertamente acatólico que ha tomado el Estado de Derecho? Suponemos que no les gustan una serie de medidas que se han adoptado por parte de este Estado, representado por un Gobierno legítimamente constituido, tales como la ley que aprueba el matrimonio homosexual, u otras disposiciones acerca de, por ejemplo, el uso del preservativo, o la fecundación “in vitro”, o la eutanasia bajo determinadas condiciones, etc. etc.
¿Es esto lo que les mueve ahora a objetar, a priori, la ‘heterodoxa’ asignatura, recomendando paladinamente, a los fieles a su credo, la desobediencia civil? Porque, si ahora comienzan a sentir escrúpulos religiosos, habrá que recordarles que sus antecesores, que tan bien se entendieron con el militar golpista, no tuvieron empacho alguno en apoyar un régimen que practicaba, sin contemplaciones, los fusilamientos a mansalva. ¿No iba esto contra uno de los más humanitarios mandamientos de la Ley de Dios? Con el salvoconducto de “Cruzada”, que los señores obispos de antaño aplicaron al levantamiento militar, se cometieron asesinatos de muchas personas que ningún daño habían hecho a los religiosos ni a la Iglesia, en general. Es más, se asesinaron religiosos, por parte de las tropas sublevadas, sólo por haber querido favorecer a quienes ellos, los sublevados, habían declarado enemigos.
¿Son conscientes los señores obispos de que pueden generar una especie de cisma civil que conduzca, a la larga, a un nuevo enfrentamiento? Las connivencias con la derecha son harto obvias y, desde luego, preocupantes. Y, desde los medios de comunicación por ellos patrocinados, son de alguna manera corresponsables de la crispación que viene tratando de minar, con su labor de zapa, la democracia que tan largos sacrificios ha costado al pueblo español.
Mediten el problema, porque es grave. Y más les valdría que, de cara a la memoria histórica, procuraran recuperar ante el pueblo español la credibilidad que perdieron con su incondicional apoyo a la Dictadura. **
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* Una foto para el recuerdo, que evidencia la buena avenencia del episcopado con la Dictadura, cuando la democracia ‘brillaba por su ausencia’


**Quien entienda lo escrito en Latín puede consultar http://www.alcuinus.net/ephemeris/folia.php?id=371

domingo, julio 15, 2007

EL SEMINARIO HUMANÍSTICO ZAFRENSE




Se han concedido recientemente los premios que anualmente otorga el CIT, a propuesta de su Junta Directiva (propuesta que se ratifica, o se rechaza, posteriormente, en Asamblea General de Socios, previamente convocada a tal efecto) Formo parte de esta Junta Directiva desde que se constituyó, hace unos años: los mismos en que (hasta muy recientemente no hemos caído en ello) venimos incurriendo en una reiterada preterición: no haber premiado todavía la encomiabilísima labor cultural que el Seminario Humanístico Zafrense viene prestando en pro de la ciudad, desde que reinició su andadura, hace más o menos una década.

Por extraño que pueda parecer, el Seminario Humanístico Zafrense, pese a tener méritos más que sobrados para que le sean reconocidos y premiados a nivel local, nunca ha sido recompensado con este tipo de distinciones que concede anualmente el CIT.

Quizás una de las más obvias explicaciones de esta, que pudiéramos llamar ‘anomalía’, se deba a que el Seminario Humanístico haya sido considerado como muy “nuestro”, quiero decir, de algunos de los que formamos parte del CIT. La frase que mejor explica, ya que no justifica, esta omisión es aquella que dice “en casa del herrero, cuchillo de palo”. Ni a Francisco Croche ni a mí, que fuimos quienes pusimos en marcha aquella especie de tertulia cultural que se llamó, a propuesta de Paco Croche, “Seminario Humanístico Zafrense”, se nos ha ocurrido, en estos últimos tiempos proponer desde el CIT (de cuya Junta Directiva ambos formamos parte) que ya va siendo hora de otorgarle alguna de esas distinciones que, generosamente, otorgamos a otras personas, grupos o entidades benéficas de nuestra ciudad.

Hay que reconocer, ante todo, que el Seminario Humanístico Zafrense es hoy lo que es, y tiene el prestigio que tiene, gracias al impulso nuevo con que retomaron el testigo y supieron mejorar la marca unos cuantos jóvenes emprendedores con ideas claras y visión de futuro. Estoy refiriéndome principalmente a José Mª Lama y a Luciano Feria y a quienes con ellos han colaborado después. El definitivo despegue del Seminario Humanístico se debe a ellos y a su idea de afiliar la renovada asociación cultural a la Asociación de Escritores Extremeños. Esta unión a un organismo superior es la que ha reportado renombre y prestigio a nuestra primitiva tertulia local, bautizada por Croche con el nombre de Seminario Humanístico Zafrense. Lo de bautizar siempre se le dio bien a Croche.

Pues bien, ya va siendo hora de reconocer que el Seminario Humanístico Zafrense es acreedor a este reconocimiento por parte del CIT y, en la parte que me toca, queda de antemano formulada mi propuesta que, naturalmente, y siguiendo los trámites de rigor, deberá ser aprobada por la asamblea general que anualmente viene convocando la Junta Directiva del CIT a este propósito.

“Nunca es tarde si la dicha es buena”. Sirva este tópico para consolarnos, aunque no para eximirnos de la culpa que nos corresponde por esta tardanza.

Nuestra “modestia” (entre comillas) no podía aguantar por más tiempo el aplazamiento. Podría tomarse como una negligencia imperdonable. Y, especialmente, porque al habérsele otorgado este honor (ciertamente merecido) a otras asociaciones culturales nacidas con posterioridad al Seminario Humanístico Zafrense, estábamos incurriendo, inadvertidamente, en enojosos agravios comparativos.

He dicho nuestra “modestia” sintiéndome parte integrante del Seminario Humanístico Zafrense, en cuanto miembro fundacional del mismo. Pero, tal vez, la verdadera modestia consiste, en este caso, en desmarcarse del mismo, en reconocer que el mérito es de otros. A saber: de esos jóvenes a los que me he referido anteriormente: Luciano, José María Lama, Santi, Adolfo…

A todos ellos nuestro reconocimiento y nuestra gratitud.

viernes, julio 06, 2007

Educación para la Ciudadanía (I)

Ignoro qué razones se alegan desde el episcopado español para oponerse a la implantación de una asignatura cuyo solo enunciado la hace atrayente, por más que adolezca de una una cierta redundancia: toda educación, si lo es, se supone que influye positivamente en la calidad de la ‘ciudadanía’. Otra cosa es (y de esto se trata) que la tal asignatura se proponga como objeto principal mejorar el comportamiento cívico de los ciudadanos, instruyéndoles acerca de los derechos y deberes que tienen como tales, lo que en su sentido más genuino se llamó entre los griegos Política (de “polis”, ciudad, y “polites”, ciudadano). Los romanos, conscientes de que la Política suponía la participación del ciudadano en una empresa común, adoptaron, como término correspondiente al griego ‘Política’, el equivalente latino de República (Res publica = la cosa pública). El estado que adopta el nombre de República, si lo es de verdad, está declarando implícitamente su opción democrática*. Claro que la opción democrática no excluye la aceptación de la institución monárquica. Así ocurre de hecho en varios países europeos cuyos gobiernos democráticos son compatibles con el mantenimiento de la institución monárquica: Gran Bretaña, Holanda, Suecia, Bélgica, España...
De todos modos sospechamos que no se trata de meros tiquismiquis gramaticales, sino de reparos de mayor calado, algo que en la apreciación de sus excelencias reverendísimas debe parecerse mucho al cisma o a la herejía. No se explica, de otro modo, esa incomprensible inquina, ese radical rechazo de una asignatura, por demás, postulada por el propio estado de derecho y, por supuesto, inspirada en los principios de la Constitución. ¿Qué habrán visto de inconveniente en la tal asignatura los señores del báculo y la mitra como para ponerla poco menos que en el punto de mira del anatema?
Yo no entiendo qué puede haber de malo en que se trate de enseñar a los alumnos (de uno y otro sexo) a ser buenos ciudadanos. La ciencia de la ciudadanía, la Política en su sentido más genuino, se puede enseñar y, desde luego, es teorizable, como lo demuestran los más célebres tratadistas del tema en la antigüedad, entre ellos Aristóteles y Cicerón. Tanto uno como otro explicaron y clasificaron los sistemas de gobierno, señalando sus respectivas ventajas e inconvenientes. Y las ventajas del sistema democrático consisten, principalmente, en la participación del pueblo en el gobierno de la ciudad, participación que se realiza, principalmente, a través del sufragio, la consulta y consiguiente ratificación, por parte de la mayoría, de aquellas medidas que se vayan a adoptar para el mejor gobierno de la ciudad. Las leyes que regulan esa convivencia se sancionan y se aprueban, o no, tras su propuesta y discusión por los legítimos representantes elegidos por el pueblo. Y el derecho fundamental a la libertad, en general, se reconoce y se respeta en el sistema democrático.
Tal vez lo que inquieta a los señores de la mitra y el báculo es que una sociedad adoctrinada en la ciudadanía desde los presupuestos de la democracia es, por exigencias y cohesión interna del propio sistema, aconfesional. Antidogmática, sin perjuicio de ser respetuosa con cualquier credo religioso.
¿Está en su derecho el Estado democrático a educar a sus conciudadanos en los principios de la democracia? Creemos que no sólo es su derecho, sino su deber, hacerlo. En efecto, fue la falta de educación democrática, junto a otras carencias educativas y de otro signo, lo que dio lugar en España a los conflictos sociales y a la guerra civil que se derivó de ellos. Ningún país educado en las normas de la convivencia puede adoptar, como medio recomendable para dirimir sus pleitos, el remedio de la guerra civil. Remedio peor que la enfermedad.
La Educación para la Ciudadanía trata, desde luego, de prevenir que una tal situación pueda volver a darse en el futuro.
Repárese en el hecho de que los sistemas de gobierno, tanto los legítimos como los que no lo son, tienden a perpetuarse, incluso contra la voluntad de los gobernados. El franquismo hizo lo posible por dejarlo todo “atado y bien atado”. Implantó en la enseñanza obligatoria una asignatura que se llamó Formación en el Espíritu Nacional, en la que pretendía inculcar a los ciudadanos los dogmas y principios del Movimiento. El Catolicismo, desde luego, formaba parte del sistema, ya que, por desgracia, la Iglesia hubo de tomar partido por los militares que se alzaron contra la República. Por supuesto que, en esa ocasión, los obispos no tuvieron inconveniente en admitir tal imposición por parte del Estado (que no lo era de Derecho, sino sólo de Derecha) Pero, claro, si el propio Alzamiento había sido una cosa loable, una verdadera Cruzada, según el criterio de la jerarquía eclesiástica de la época, lo que el Régimen disponía contaba, de antemano, con el beneplácito de la jerarquía eclesiástica. Así que las disposiciones del Estado (no de derecho) en este sentido tenían asegurado el “nihil obstat” por parte de la autoridad eclesiástica.



Ahora, en cambio, con la puerta abierta al laicismo en materia religiosa, los obispos oponen resistencia y se muestran beligerantes con el Estado de derecho. Y amparados en la libertad de expresión que les reconoce ese mismo Estado, y en la magnífica labor de equipo de la COPE de sus finanzas, consienten que medre en España una atmósfera de crispación cada vez más irrespirable.



Habría que recordarles en el viejo latín de los romanos aquello de Caveant consules ne quid res publica detrimenti capiat (Procuren los mandatarios que la patria común no reciba ningún daño)
_____



* R. Martínez Fernández, "Res publica, ¿Estado implícitamente democrático?" (Helmántica, t. XXIX,pp. 353-375)

Educación para la Ciudadanía (II)

La asignatura Educación para la Ciudadanía, incomprensiblemente vetada en la actualidad por la jerarquía eclesiástica, no tiene otro objetivo que el de propiciar la continuidad del sistema democrático, una vez que éste se considera consolidado. Olvidar los pasos que han tenido que darse hasta llegar a la situación actual equivale a correr el peligro de tener que repetir el proceso (largo, lento y laborioso, según nos enseña la historia reciente) de recuperación de las libertades cívicas. De ahí la conveniencia de esa disciplina educadora, así como la de la proyectada Ley para la Recuperación de la Memoria Histórica, otra de las medidas del nuevo estado democrático, que crispa especialmente a quienes se consideran ideológicamente ligados a la dictadura pasada. ¿Por qué les produce irritación el que otros recuerden en voz alta lo que antes les estuvo vedado recordar? El día de la Victoria y el día del Dolor (1 de abril y 20 de noviembre, respectivamente) fueron recordados y commemorados durante cuarenta años por el franquismo. Y el mausoleo de Cuelgamuros se edificó para recordar a perpetuidad a los Caídos por Dios y por España.
Ahora, en cambio, se reprocha a los descendientes de los represaliados de la República el que traten de recuperar los huesos de los suyos. Y se les reconviene por recordar, ya que eso implica “abrir heridas”. ¿Y por qué no, mejor, se entiende que lo que se pretende es cerrar definitivamente las que aún permanecen abiertas?
La restauración de la democracia (pese a que los herederos del franquismo hubiesen preferido perpetuar ‘sine die’ la vigencia del régimen) tuvo ya un precio por parte de los demócratas: el de la impunidad de los responsables. Muerto el principal, no tenía ningún aliciente pedir responsabilidades a los restantes. Se contemporizó con los herederos ideológicos del franquismo, a cambio de que estos se incorporasen a la democracia. Hubo, por supuesto, algunos eslóganes reticentes, como aquel que decía: “¿Democracia? No, gracias”. (¿Qué se hubiera podido esperar de aquellos analfabetos de la ciudadanía?)
Ahora el Estado quiere, en aras del bien común, instruir al ciudadano en los principios y los hábitos de la ciudadanía. Y se encuentra, inexplicablemente, con la objeción de la jerarquía eclesiástica. ¿Qué es lo que puede suscitar tan obstinada oposición por parte de los representantes de la doctrina oficial de la Iglesia, como para que se recomiende a los padres de los alumnos el rechazo a ultranza de una asignatura que se presenta bajo el inocuo título de Educación para la Ciudadanía? ¿Qué peligros se recelan de esta nueva asignatura? ¿No estaremos, quizás, ante el viejo cargo que sus acusadores imputaron a Sócrates, como “corruptor de la juventud”?
¿Qué barruntan los señores obispos en los contenidos de la nueva asignatura que les huele a chamusquina? ¿Recelan, acaso, que la disciplina condenada de antemano desencadene una ola de anticlericalismo como la que contribuyó a la justificación de la guerra civil?



En evitación de producir alarma a ciertas susceptibilidades, procuren las fuerzas democráticas estar al aviso, no sea que si, fortuitamente, se produce un incendio en algún templo (provocado, pongo por caso, por un cortocircuito) se ponga en marcha alguna nueva intentona golpista por parte de los sempiternos "salvadores de la patria". La secuencia ya la sabemos, gracias precisamente a la memoria histórica.
Yo no he visto aún ningún texto sobre la nueva asignatura (aprobado, supongo, por el ministerio del ramo) Los contenidos me los imagino. Deben consistir, conjeturo, en un cierto calco de la Constitución. No recelen los señores de la mitra y el báculo. Nadie quiere ir contra los intereses de la Iglesia. ¡Qué disparate! Y aunque el Estado actual se reconozca laico aconfesionalmente, creo que en muchos aspectos ha favorecido y sigue favoreciendo los intereses (económicos) de la Iglesia.
Dejen, pues, en paz al gobierno legítimo de la nación legislar y tomar iniciativas en lo que a la educación para la ciudadanía se refiere. El humor de El Roto lo ha expresado últimamente en repetidas ocasiones: “Prefiero buenos ciudadanos a malos feligreses”, dice -en una viñeta- Cristo desde la cruz (pues si no son buenos los ciudadanos, mal pueden serlo los eventuales feligreses que de entre ellos salgan) Y el más reciente, el que corresponde a la viñeta de hoy en El País, que ironiza a propósito de la ignorancia interdisciplinar de las asignaturas entre sí: “Las Matemáticas han suspendido en Humanidades; las Humanidades, en Ciencias; las Ciencias en Religión y la Religión en Historia”.
Deseamos muy sincera y fervientemente que los señores obispos y la religión católica que ellos representan no hayan olvidado la lección que para la Santa Iglesia representan los últimos 70 años de la Historia de España.

lunes, julio 02, 2007

Modificaciones en el blog

Ya advertí en su momento que me reservo el derecho a modificar, retrospectivamente, los artículos de este blog. Y como periódicamente suelo revisarlo, surge, ocasionalmente la oportunidad de corregirlo, bien enmendando errores o bien, simplemente, modificando el texto. Esta vez se trata sólo de lo segundo.


Estas modificaciones afectan a la oda alcaica latina dedicada a la memoria de mi padre (mayo, 02, 2007) y consisten en lo siguiente:
1) En la estrofa XI, v. 42, donde antes se leía “eductus exis ut venias neci”, he optado por escribir “eductus exis, dederis et neci” (‘sales conducido y te entregan a la muerte’). ‘Dederis’ (del verbo ‘dedo,-is, dedere, 3ª) difiere del otro ‘dederis’ que aparece en la estrofa VIII, (esta vez es del verbo ‘do, das, dare… 1ª) (las cantidades de la primera sílaba, en cada caso, difieren: larga, en el verbo ‘dedere’; breve, en el verbo ‘dare’)
2) He añadido una cita, tomada de César, que dice “incolumitatem deditis pollicebatur” (B.G. 3, 28) O sea: “a los que se entregaban se les prometía respetarles la vida”. Este tipo de promesas resultó falaz en muchas ocasiones. En el caso de mi padre lo fue. Ya dábamos cuenta del bando del comandante militar Carlos Blond Mesa (abril, 19, 2007) No sabemos si en el distrito de Zafra se respetaría la palabra dada. En otros lugares de Extremadura, desde luego, no se respetó.

3) Algunas modificaciones han sido introducidas en un artículo bastante anterior. Me refiero al titulado “El obelisco de Castejón”, con motivo del escrito que en su día se elevó al Ayuntamiento por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica “José González Barrero”. Recientemente, pasando junto al ‘pericuto’ (en una hora mañanera en la que el sol lo iluminaba en su faceta donde todavía está visible el vaciado de la placa de cobre desaparecida) leí una palabra que en la anterior lectura me había pasado desapercibida y que esta vez, gracias a la intensidad de la luz, se podía apreciar visiblemente: la palabra ‘internacional’. O sea, la inscripción primitiva completa, por este lado, decía: “Gloria a Franco, Caudillo de España, vencedor del comunismo internacional”.
He añadido ahora un breve comentario, subrayando lo presuntuoso de esta afirmación.
En fin, me declaro abierto a posibles modificaciones en el futuro y, por supuesto, me reafirmo en la provisionalidad (junio 15, 2007) de los juicios que se insertan en el blog. Espero, no obstante, que la mayoría de esos juicios permanecerán inalterables en sucesivas revisiones.

jueves, junio 28, 2007

Obispos: ¿dictadura o democracia?

Un reciente artículo publicado en El País (2007-26-06) por el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza, Julián Casanova, expone con claridad meridiana la alianza de intereses que se estableció, desde el inicio mismo del llamado Alzamiento Nacional, entre la jerarquía eclesiástica y la jerarquía militar, con la consiguiente demonización de la causa republicana, identificada con el ateísmo y la persecución religiosa. Esta alianza perseguía, como objetivo principal, la justificación del genocidio franquista, elevado al rango de “cruzada” por esa misma jerarquía religiosa. Ese fue el origen de la mentira fundamental sobre la que se basó todo el tinglado del Alzamiento: canonización de mártires del lado de los sublevados y damnatio memoriae (condena de la memoria) para los réprobos caídos del otro lado, identificando la causa política y la religiosa en un frente común que ungía de santidad ambas causas, de manera que, aun las víctimas civiles del bando que representaban los rebeldes eran “caídos por Dios” y, recíprocamente, las víctimas religiosas eran “caídos por España”. Y, unos y otros, por ambas causas. Primera apropiación indebida del patriotismo, por demás abusiva y falaz.
La “causa victrix”, la causa vencedora, comenzó a serlo por obra de la mentira, basada sobre todo en esa interesada confusión que, por un lado, identificaba la causa republicana (la que resultaría ser, a la postre, la “causa victa”, la causa de los vencidos) como responsable de la persecución religiosa, algo que fue siempre una circunstancia accesoria, es decir, no consustancial a la causa republicana. Fue la mentira interesada la que alimentó este mito, explotándolo a su favor, en descrédito de la república.
La mentira fue, desde luego, el arma de guerra más eficaz del franquismo, y su mejor exponente lo constituyeron las soflamas faramalleras de Queipo de Llano, pero también esas consignas y eslóganes, imbuidos de falsedad, como el repetido ‘ad nauseam’ de “Por Dios y por España”.
Mentira también y añagaza propia del régimen franquista, siempre con el beneplácito eclesiástico, fueron las listas amañadas de esos presuntos "caídos", que figuraron en su día en los muros de las iglesias de todos, o casi todos, los pueblos de la nación. Incluidos, desde luego, aquellos en los que no hubo ni un solo muerto de la parte del bando vencedor. Así ocurrió en mi pueblo y en tantos otros en los que no mataron a nadie de derechas. ¿Cómo se confeccionaron aquellas listas, de 15 ó 20 caídos por cada pueblo, unas personas que nadie, o casi nadie, conocía?
En mi pueblo, Aceuchal, pudo leerse durante algunos años, en el muro que da a la Cruz de los Caídos, la correspondiente lista: era la que pretendía borrar de la conciencia ciudadana la otra lista de caídos locales, esos que en el pueblo todos conocían, los muertos “sin honor y sin recuerdo” que diría el falangista (falso falangista) Foxá.
Y todavía pretenden que no siga adelante esa proyectada Ley de la Memoria Histórica. Una ley que muchos llevamos escrita (lo queramos o no) en el propio corazón.

martes, junio 26, 2007

El evangelio según El Roto

Una reciente viñeta de El Roto, publicada en El País (23-06-2007) ha suscitado un breve pero sustancioso comentario de José Mª Lama en su blog Toledanismo lo que, a su vez, ha generado, hasta el momento, una docena de comentarios, sin contar éste que ahora le dedico.
Veamos: si no he entendido mal, los señores obispos no ven con buenos ojos que se introduzca una asignatura, por recomendación estatal, que se propone como objetivo principal la educación para la ciudadanía. Incluso este mismo puede ser el nombre de la asignatura, con sólo poner el título con las iniciales mayúsculas.

¿Qué es lo que no les gusta a los pastores eclesiásticos del mero enunciado de la asignatura en cuestión? Porque los términos 'educación' y 'ciudadanía' no pueden ser, en principio, más ortodoxos y ajustados a derecho. ¿Qué les inquieta, qué les solivianta y encocora hasta el extremo de recomendar la desobediencia civil a sus dirigidos? ¿Es, acaso, malo o inconveniente educar con vistas a hacer del educando un buen 'ciudadano'? No simplemente ‘buena persona’, sino una persona capaz de asumir sus derechos y deberes cívicos, los que le corresponden como miembro integrante de una sociedad, beneficiario y co-responsable de ese bien común que a través de ella puede obtenerse.
La verdad es que no lo entiendo. Me gustaría que me razonaran los motivos que alegan para rechazar que los alumnos sean instruidos en las 'normas de la convivencia democrática'. Porque eso es una aspiración legítima de la democracia y de los demócratas: la aspiración a perpetuarse en su propia legitimidad civil.
Pero, claro, educarse en los principios democráticos conlleva la aceptación de ciertos corolarios como el de la libertad religiosa, la a-confesionalidad del Estado de derecho y cosas así. Y esto supone unos ciertos inconvenientes para el mantenimiento del 'statu quo' católico. De ahí a perder influencia y poder no hay más que un paso. Creo que estoy a punto de entenderlo.
Por lo demás, entiendo que la denostada (aun en mantillas) asignatura sea reconocida como 'hermana' de la fenecida Formación en el Espíritu Nacional. Eso sí, hermana legítima, pues la bastarda sería, en todo caso, la que nació contra todo derecho democrático, como consecuencia de un golpe de Estado.

lunes, junio 25, 2007

El humor escatológico en Miguel Hernández

Es sabido que el término ‘escatológico’ tiene, en castellano, una doble acepción, según se considere emparentado con sendos términos griegos de distinta etimología. Estos términos son, respectivamente, “esjatós” (último) y ‘skatos’ (gen. sing. de skwr = excremento) De ahí que, según el contexto, unas veces se refiere a lo que llamamos “postrimerías” (o ‘ultimidades’) y, otras, a los asuntos que tienen que ver con la micción o la defecación. Es lo que, con sendos eufemismos, se suele llamar también ‘hacer aguas menores’, o ‘ mayores’ (mi amigo Paco Sánchez abreviaba diciendo, según el caso, ‘mayorear’ o ‘minorear’)

El Miguel Hernández que aspiraba a darse a conocer en los círculos literarios del Madrid de los años 30, pretendía demostrar, sobre todo, que estaba en posesión de una técnica literaria y no era, como algunos pudieran suponer, un patán con el pelo de la dehesa. Para ello hizo, con su primer libro publicado, Perito en lunas, una demostración práctica de que podía manejar con soltura los recursos literarios y de que era capaz, con maestría singular, de “eludir el nombre cotidiano de las cosas”, según cierta definición provisional de la poesía que me parece atribuida a Ortega y Gasset.

El presunto rabadán se pitorreaba muy finamente de las aficiones gongorinas de la generación del 27 y simulaba participar de aquellos entusiasmos, imitando paródicamente al poeta cordobés. Fueron pocos los que descubrieron que, en el caso de Miguel Hernández, la imitación de Góngora más bien se encuadraba en el género paródico.

De las octavas de Perito en lunas son de tema escatológico la XII y la XXX, referidas a la defecación. No se incluyeron en este libro otras composiciones sobre el mismo tema, como las que corresponden a los números 22 y 33 de los POEMAS SUELTOS II, (O.C.t. I, Espasa-Calpe, pp.273-87)

Vamos a recordar aquí la XXX de Perito en lunas, titulada “Retrete”, y la 22, de las octavas que no fueron incluidas en el libro anterior. Dice la primera de ellas:

Aquella de la cuenca luna monda
sólo habéis de eclipsarla por completo
donde vuestra existencia más se ahonda,
desde el lugar preciso y recoleto.
¡Pero, bajad los ojos con respeto
cuando la descubráis, quieta y redonda!
Pareja, para instar serpientes, luna,
al fin, tal vez la Virgen tiene una.

Por supuesto, la ‘cuenca luna monda’ es la taza del inodoro. Y el ‘eclipse’ de esta luna ocurre cuando nos sentamos sobre ella. El subsiguiente respeto que se nos recomienda se explica por la analogía que existe entre ciertos cuadros que representaban a la Inmaculada (algunos de ellos pintados por Murillo) debajo de cuyos pies aparece la luna menguante y la diabólica serpiente. La analogía se da por la semejanza de la taza del WC con esa luna y la de la serpiente con las heces.

La otra décima escatológica es la 22 y dice:
Ciñe ajorcas la enagua de puntillas
a los tobillos. Andan viento en popa
y en un motín de rosas las mejillas
últimas desde dentro de la ropa.
Silban sierpes y bajan amarillas,
pero delgadas, asias sobre Europa;
mientras el más que opuesto bello lado
bate palmas de oro limonado.

La mención de las ‘enaguas’ nos indica que se trata de una mujer. Una mujer sentada sobre el inodoro y ocupada en evacuar vientre y vejiga. Son fácilmente deducibles los significados de las expresiones jocosas ‘viento en popa’ y la amarilla orina (‘asias’) descendiendo hacia ‘Europa’ (la taza del WC) Las 'últimas mejillas' son las posaderas rosadas ('un motín de rosas') Y el trasero es ‘el más que opuesto, bello lado’. Su actividad aquí consiste en…'batir palmas' (bisemia, pero aquí no es tocar las palmas, sino algo que recuerda lo que hacen los orífices con los panes de oro)




Miguel se divertía haciendo estéticamente soportable lo antipoético por antonomasia: la descripción de las necesidades corporales. La trasmutación poética era una especie de alquimia que le ayudaba, mediante el humor escatológico, a transformar la realidad desagradable.




lunes, junio 18, 2007

¿La arruga es bella?

(*) Desde el campo de la moda hubo quien, hace años, trató de reivindicar la vejez a través de su faceta convencionalmente menos promocionable: la faceta estética. Y fue entonces cuando se puso en circulación ese eslogan que, contra la opinión general, considera que la arruga es bella. Afirmación desmentida, a cada paso, por el empeño que todo el mundo pone en disimular, por todos los medios que la cosmética pone a nuestro alcance, esa inequívoca señal del envejecimiento que es la arruga, tan pronto como aparece en nuestra piel. El horror hacia la arruga no es, desde luego, privativo del sexo femenino; por más que sí puede decirse que ha sido la mujer quien ha puesto, desde siempre, el mayor empeño en combatir más resueltamente esa contrariedad que denuncia en el rostro el paso del tiempo. Para el ser humano que cifraba el éxito o el fracaso de su vida en agradar al varón, esa señal precursora de la vejez debía alcanzar proporciones de tragedia. De ahí la importancia que la cosmética tuvo siempre, desde antiguo, en el mundo femenino. Por supuesto, también hubo varones coquetos en la antigüedad. Pero constituían la excepción frente a la regla, que suponía a la mujer la interesada, por antonomasia, en el cuidado y acicalamiento de su persona. Ovidio se refiere exclusivamente a las mujeres cuando compone su breve formulario de consejos cosméticos Medicamina faciei femineae (“Cuidados del rostro femenino”) obra que probablemente el autor dejó inconclusa, o bien concibió como de una extensión mayor de la que en la actualidad conocemos (100 versos solamente) Habla ya Ovidio, en este texto, de las arrugas que con la edad pueden aparecer en el rostro femenino y, en plan moralista, comienza peraltando la belleza moral sobre la belleza física, ya que ésta termina, indefectiblemente, arruinándose con la edad:

Certus amor morum est: formam populabitur aetas (v. 45)
( lo seguro es enamorarse de las cualidades morales: la belleza física la arruinará el tiempo)

Con respecto a las arrugas y las manchas del rostro ofrece ya algunos remedios específicos, aportando algunas curiosas recetas cuyos ingredientes especifica detalladamente (vv. 51-66)

De la eficacia de estas recetas no duda en afirmar que la mujer que las utilice tendrá la piel de su rostro “más tersa que la superficie de su propio espejo”:

Quaecumque afficiet tali medicamine vultum
fulgebit speculo levior ipsa suo
(vv. 67-68)

No encontramos, sin embargo, en el breve tratado de cosmética ovidiano, mención alguna de otros remedios empleados en la corrección de las arrugas.

Así, por ejemplo, el que se refiere a la famosa “baba de caracol”, que últimamente hemos visto promocionar mediante la publicidad televisiva. Parece que ya se usaba en la antigüedad como regenerador dermatológico y en este sentido ya lo cita Plinio el Viejo en su Historia Natural (30. 136) Este mismo autor hace referencia a otro de los más nombrados entre los productos antiarrugas que se empleaban en la antigüedad. Se trata de la famosa leche de burra, uno de los cosméticos más acreditados de la época antigua, especialmente por la publicidad que le hicieron algunas de las más célebres bellezas de aquel tiempo, como Cleopatra y Popea. Ya el autor citado anteriormente se refiere en la misma obra (28.183.3-5) a la esposa de Nerón y a su toilette favorita para mantener la piel tersa y bien hidratada: los famosos baños en leche de burra, lo que suponía el mantenimiento de un considerable número de estos animales, a fin de asegurar el suministro del cosmético. Pues, como dice Plinio, “era creencia común que la piel del rostro perdía sus arrugas y se rejuvenecía en su blancura con la leche de burra” (Cutem in facie erugari et tenerescere candore lacte asinino putant…) Tenemos, pues, rescatados, gracias al testimonio de Plinio, dos de los más famosos cosméticos de la antigüedad en el tratamiento de las arrugas: el “lacte asinino” y la “coclearum saliva”, o sea, la leche de burra y la baba de caracol. Junto a estos remedios de la farmacopea primitiva existirían, probablemente, los remedios quirúrgicos, más o menos rudimentarios, para el restiramiento y “planchado” de la piel, lo que hoy se conoce en la cirugía estética con el nombre de lifting. Desde luego, la cirugía estética estaba bastante más adelantada de lo que pudiera creerse en nuestra época, particularmente en lo que se refiere a la odontología. Sabemos por algunos autores latinos, como Marcial, que ya se implantaban dentaduras completas en aquella época. Así, la razón por la que Thais tenía dientes negruzcos, mientras que Lecania los tenía blancos, era que los de aquélla eran suyos naturales y los de ésta última eran comprados (Ep.5.43) En fin, el mantenimiento de la belleza, tanto en el hombre como en la mujer, exigía cuidados costosos y, a veces, sacrificios y molestias. Y, ocasionalmente, alguna que otra práctica repelente. Así el célebre Egnacio, ridiculizado por Catulo, poseía una blanca dentadura y, para lucirla, sonreía, sin venir a cuento, a todas horas. Catulo recuerda que el tal Egnacio es español (“Celtiber”, dice) y que en Celtiberia existe la costumbre de restregarse los dientes y las encías con la orina que cada cual expele cada mañana. De modo que “mientras más lustrados reluzcan tus dientes, es señal de que más los has bañado en orina”.


(*) Secuencia del baño de Popea, según la película de Cecil B. de Mille, El signo de la cruz. El papel de Popea lo encarnó, en esta película, la actriz Claudette Colbert.

viernes, junio 15, 2007

Provisionalidad

Repasando lo escrito hasta hoy en este blog y enmendando algún que otro error, no advertido hasta el momento, me doy cuenta de algo que, en principio, parece resultar característico de toda obra humana, por perfecta que pueda parecernos, y es lo que, en el presente caso, voy a llamar la provisionalidad del texto. El linotipista que se precie aspira a conseguir un texto libre de erratas. Y el escritor, por su parte, un texto libre de errores. En el caso del blogger, el escritor y el linotipista son, por lo general, la misma persona. Y sus erratas vienen a coincidir con sus errores.
Tengo que reconocer, pues, el carácter provisional de los escritos que componen este blog. Ya he advertido alguna vez que los someto a periódicas revisiones y que, cuando lo hago, suelo descubrir alguna nueva incorrección que inmediatamente procuro subsanar.
Por lo demás, nunca he estado completamente de acuerdo con aquello de Juan Ramón Jiménez aconsejando dejar intacto el poema a partir de un cierto número de correcciones:
¡No lo toques ya más,
que así es la rosa!


Creo que el poema y, en general, la obra escrita, debe dejarse abierta a la posibilidad de nuevas correcciones.
Recientemente he corregido el texto de la cita de Descartes que inserté en estas páginas (véase el artículo titulado “¡Ah, los matemáticos!”) Había tomado la cita de un viejo manual de Filosofía, transcribiéndola de memoria, sin comprobar la correcta ortografía francesa. Pues bien, fue una imprudencia por mi parte no hacer esta comprobación, pues hubo acentos mal colocados (circunflejos, agudos, graves…)
Sobre los textos latinos procuro (me va en ello mi profesionalidad como ex–docente de esta disciplina) ejercer la más estricta vigilancia. En el verso, particularmente, suelo mirar con lupa las cantidades y las conexiones sintácticas. Aun poniendo todo el cuidado, sé que algún desliz puede pasar inadvertido. Soy consciente de que el Latín no es mi lengua materna, pese a serlo del español, como suele admitirse convencionalmente.
Por todo ello quiero prevenir al lector de que no tengo inconveniente en admitir la provisionalidad de los textos que aquí se incluyen.
Es la única forma que se me ocurre de curarme en salud para no defraudarlo.
Tómese como una leal advertencia y que, al menos, el posible lector recuerde que le he prevenido. Repito, una vez más, lo dicho en alguna ocasión a este respecto: El que avisa no es traidor.

domingo, mayo 27, 2007

POESÍA Y PRESENTIMIENTO (y III)

Y, por último, (y aquí viene bien aquello de “last but not least”, último pero no menos importante) vaya en este lugar mi recuerdo afectuoso y agradecido para mi amigo el poeta Benito Acosta, cura en Málaga, autor del libro Oráculos para días inciertos, libro de versos, publicado en dos pequeños volúmenes, correspondientes a los números 7 y 8 de los Poemarios Kylix, que hace años editaba el benemérito Robles Febré, en Badajoz.
Viene aquí a cuento eso de los “oráculos”, en consonancia con la tradición apolíneo-sibilina de la poesía.
¿Cuáles serán esos “días inciertos” de los que nos habla el poeta? Posiblemente, aquéllos en los que sentimos flaquear la fe. Tiempos de prueba y de aflicción. La poesía nos conforta, sobre todo, a través de las enseñanzas de los oráculos poéticos y proféticos que se pueden consultar a través de la lectura del Libro Sagrado.
Benito es de los curas que en los tiempos de la sumisión al franquismo supieron plantar cara a quienes pensaban que la Iglesia estaba ahí para justificar las tropelías del régimen, para cohonestar todos sus abusos y atropellos. El primero y más grave de los errores cometidos por las jerarquías eclesiásticas de la época fue bendecir el levantamiento militar franquista al que se calificó con el apelativo de “Cruzada”. Los intereses de la religión se hicieron coincidir con los intereses de los ricos y así la propaganda que se montó a partir de esa burda mentira se pudo alimentar de consignas como “por Dios y por España”.
Benito decidió no seguir las pautas “generales” que seguía el clero más veterano, en este sentido de apoyar a un régimen que, desde sus comienzos, había secuestrado la voluntad popular y suprimido las libertades democráticas. En un pequeño prólogo que Benito pone al II libro de sus Oráculos (donde me hace el honor de dedicarme un poema) explica así las razones de su negativa a sumarse a los aduladores y los sumisos al régimen:

Pero tuvo que pasar un tiempo para que yo viera la crueldad de la Guerra Civil, la posibilidad de otras soluciones y, sobre todo, el manejo de las ideologías y la religión para justificar represalias y tan larga dictadura sin futuro.Y mi despertar fue un indignado despertar, una rebelión contra toda aceptación silenciosa de la injusticia.






Y esta rebelión, como una consecuencia natural de la propia honradez, le costaría indisponerse con los poderosos capitostes de los pueblos en los que ejerció su ministerio sacerdotal, entre ellos, el mío. Se granjeó el afecto y la simpatía de la gente sencilla y humilde, pero se enajenó las voluntades de los mandamases influyentes. Y esto le costó las deportaciones sucesivas a diversos pueblos de la provincia pacense, como otros tantos avisos y correctivos a los que sus superiores eclesiásticos (conchabados con el poder) le sometían. Llegaron a “aislarlo”, (en su sentido etimológico más riguroso) confinándolo a un departamento militar de las Islas Chafarinas o por ahí. Benito soportó estoicamente (con el estoicismo de los cristianos más auténticos) todas estas vejaciones.
Ese fue su gran mérito y esa su heroicidad, merecedora de nuestra gratitud y nuestro reconocimiento.


Ojalá que mi pueblo, Aceuchal (no responsable, desde luego, como colectividad, de las decisiones de quienes por aquellas fechas detentaban el poder) tributase a nuestro hombre el homenaje de gratitud que, sin duda, merece.


POESÍA Y PRESENTIMIENTO (II)

El tema tratado en el artículo precedente da para mucho más de lo que escuetamente se dice en el referido escrito. Sobre todo, si nos adentramos en el territorio de la adivinación en general. Pero, aun sin abandonar el terreno de la poesía, podíamos ampliar lo dicho anteriormente, aportando algunos ejemplos de los que tenemos noticia, que pueden ser ilustrativos de esas misteriosas anticipaciones que los poetas tienen, ocasionalmente, del futuro. Lo recordaba yo en mi artículo del HOY, citado en la primera parte de este escrito. Rubén Darío contaba que Rollinat (uno de los poetas ‘malditos’, que siguió las huellas de Baudelaire) escribió un poema titulado “La rabiosa”. Veinte años más tarde la propia esposa de Rollinat murió víctima de la rabia.
En uno de sus poemas, el portugués Fernando Pessoa anticipa una fecha significativa para la historia de Portugal: 1974. Se trata, justamente, del año de la llamada Revolución de los Claveles. Conviene señalar que Pessoa falleció el año 1935.
Otro caso de barrunto del porvenir está más cerca de mi propia experiencia. Mi compañero de estudios en el Seminario pacense, Juan José Jurado (ya fallecido) escribió un libro de poemas que presentó con el título de La voz no me responde. Varios años después una trombosis cerebral le produjo una afasia permanente.
Todos estos casos contribuyen a confirmar la sospecha de que, efectivamente, la anticipación del porvenir, en forma de presentimiento, se da ocasionalmente en los poetas.
Lo que suele ocurrir es que a los poetas nadie, o casi nadie, les da crédito como adivinos. Les pasa como a Casandra, a la que Apolo concedió el don de adivinar el porvenir, pero a la que nadie le hacía caso, pues la tomaban por loca.
Pero lo cierto es que, cuando leemos a los grandes poetas, descubrimos, a menudo que en muchos de sus versos se pueden rastrear auténticas anticipaciones del porvenir: sólo que las descubrimos a posteriori.
De Virgilio se dijo que en su Egloga IV estaba anticipando el nacimiento del Mesías. Los cristianos primitivos vieron en esta égloga un presagio del nacimiento de Cristo. No obstante, para un no creyente se trata de una mera conjetura sin fundamento.
La anticipación del futuro, especialmente la del momento supremo de la muerte, la experimentó vivamente Rubén Darío. El atisbo del trance escatológico, que momentáneamente lo llenaba de angustia y que él llamaba “el horror de sentirse pasajero”, es algo recurrente en el poeta de Nicaragua. La certidumbre de la muerte presentida cruzaba, en ocasiones, fugazmente por su conciencia, en un ramalazo de pesadumbre:

¡Vamos a morir, Dios mío,
vamos a morir!


Claro que este presentimiento de la postrimería lo puede experimentar cualquier ser humano, sin que para ello tenga necesariamente que ser poeta.
Pero no se pueden negar al gran nicaragüense ciertas intuiciones geniales en relación con el porvenir. Así en la trilogía de sonetos dedicados a Velázquez y a Góngora (en C. de V. y E. y Otros poemas) el poeta parece presentir la rehabilitación de Góngora que tendría lugar un cuarto de siglo más tarde con la llamada “generación del 27”:


Para Don Luis de Góngora y Argote
traerá una nueva palma Polifemo.

jueves, mayo 17, 2007

Poesía y presentimiento (I)

La adivinación es un arte apolíneo, de esto existe una arraigada convicción en la concepción tradicional de la poesía. Apolo, hijo de Júpiter (Zeus) y de Latona (Leto), llamado también Febo (personificación del sol) es el dios de la poesía y de la profecía.
Por su parte, los poetas, según la genealogía de los dioses que versificó Hesíodo en su Teogonía, son los hijos "de las Musas y del flechador Apolo" (v.95) Por la vía materna recibieron la facultad de recordar (pues las Musas son hijas de Mnemósine, es decir, de la memoria) y por la vía paterna, o sea, apolínea, recibieron el arte de la premonición, el don de atisbar el porvenir.
Hay en los poetas una veta de adivinos, de la cual ellos se sienten eventualmente conscientes y hasta llegan a proclamarlo en algunas ocasiones. Por más que ello suponga, más bien, una fatalidad. Pues lo que del futuro suele atisbar el poeta es aquello que atañe a su propio destino, sobre todo cuando es de signo trágico.
Estas facultades mánticas, o adivinatorias, del poeta han sido reconocidas desde antiguo, como podemos rastrear por testimonios suficientemente significativos, propios o ajenos. La misma palabra 'vaticinio' (que literalmente significa 'lo que canta el poeta') se entendió teñida de una connotación profética. Vaticinio se considera sinónimo de pronóstico.
Algunos poetas han incurrido en jactancia, al arrogarse una facultad mántica que probablemente no tenían. Los que de veras la tienen, la tienen a título de premonición, barrunto o pálpito, sin que puedan afirmar nada con certeza.
Esos atisbos del porvenir suelen vivirlos los poetas en forma de presentimientos. Algo que intuyen aunque no puedan justificar, son corazonadas, presagios que nunca se le revelan con la seguridad de que han de acontecer. Y es mejor que sea así, pues no es conveniente saberse abocado a un destino trágico.
Más o menos oscuramente, los poetas se sienten a veces en posesión de la facultad mántica. Los testimonios en este sentido datan de muy antiguo. Así en un conocido fragmento de un texto de Píndaro, el poeta se ve a sí mismo como capacitado para interpretar oráculos:
Musa, di tu oráculo y yo seré tu profeta (fr.150)
En Horacio, en cambio, la facultad mántica atribuida al poeta se ve más bien con irónico escepticismo, como algo que el presunto adivino dice haber recibido de Apolo:
Divinare etenim magnus mihi donat Apollo* (Sat. 2.5.60)
Todavía en el pasado siglo, tan cercano aún, uno de los poetas franceses de las vanguardias, Guillaume Apollinaire (ya su propio apellido parece relacionarlo a propósito con el dios de la profecía) se presentaba como dotado de poderes mánticos:
Tu vois que flambe l'avenir.
Sache que je parle aujourd'hui
pour annoncer au monde entier
qu' en fin est né l'art de prédire
.
(Ves que reverbera el porvenir.
Sábete que yo hablo hoy aquí
para anunciar al mundo entero
que por fín ha nacido el arte de predecir)
En fin, la relación entre poesía y profecía se puede considerar un tópico literario. A la tarea de determinar esa relación han dedicado tiempo algunos estudiosos y uno de los trabajos ya clásicos sobre el tema es Poetry and Prophecy, de Nora Chadwick.Poseo una copia de este libro obtenida de la biblioteca tayloriana. No es lo que yo me esperaba sobre el particular.
Los resultados de las investigaciones en este sentido no contienen aportaciones decisivas acerca del asunto. Nos movemos en un terreno en el que no podemos trascender la mera conjetura.
Con todo, cabe afirmar que hay suficientes indicios que nos permiten establecer la hipótesis de que poesía y premonición van, a menudo, asociadas. De que cabe establecer entre ambas una relación eventual, susceptible de ser apoyada con ejemplos.
Se da, efectivamente, en algunos poetas una especie de atisbo o vislumbre del futuro, especialmente en lo que atañe a su propio destino. Dos casos significativos en este sentido están representados por sendos poetas que mutuamente se atrajeron y se repelieron, sucesivamente, según la orientación de sus respectivos polos espirituales. Me estoy refiriendo a García Lorca y a Miguel Hernández.
Es fácil diagnosticar a posteriori que ambos poetas tuvieron como una suerte de premonición de sus respectivos destinos.
El barrunto de ese fatum que, como dijo Dámaso Alonso, en el caso de Lorca, "en la última y tremenda hora de su vida prevaleció aciagamente", se puede rastrear tanto en uno como en otro poeta; bien que de modo más personalizado en el autor de El rayo que no cesa. El pálpito de una muerte temprana está ya en la fase inicial de la poesía del oriolano, en unos versos primerizos que hoy nos parecen sorprendentemente premonitorios:
Sabe
que me iré por el sendero,
muy pálido y muy ligero,
y que me iré muy temprano:
Tal vez no esté todavía
el sol en el meridiano
.
Este presentimiento se hace recurrente a partir de la gran experiencia del amor, influido probablemente el poeta por la concepción aleixandrina del amor/destrucción. El símbolo del mar "que es el morir", según la intuición manriqueña, nos revela que el poeta es tremendamente lúcido acerca del presentimiento de la muerte prematura que le ronda:
Esposa, sobre tu esposo
suenan los pasos del mar
.
Esta inminencia de la muerte presentida se asume, a veces, desde una perspectiva menos trágica, despojándola de sus trazos sombríos para aceptarla de una forma más llevadera, casi con un resignado humor. Entonces el poeta se declara "vecino de la muerte". La familiaridad con ella hace que su proximidad resulte menos temerosa. En la "Elegía a Federico García Lorca", Miguel alude a esta familiaridad con la muerte, confesándole a su admirado amigo, ya difunto:
Tú sabes, Federico García Lorca,
que soy de los que gozan de una muerte diaria
.
Por su parte, Federico había asimilado la intuición de su propia tragedia, desplazándola hacia sus personajes. Las visiones premonitorias de muerte y asesinato que rondaban al propio poeta se fijan en los personajes de sus dramas y poemas. El sino trágico del poeta se refracta en muchos de estos personajes. Se diría que en ellos el poeta adopta los papeles drámáticos que representan su propia tragedia, ya prefigurada en ellos. Así, por ejemplo, en el "Romance sonámbulo", uno de los poemas del Romancero gitano, el poeta dice:
Compadre, quiero morir
decentemente en mi cama,
de acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda
...


Pero también en el "Romance del Emplazado", del mismo libro, se cuenta un caso que presenta curiosas afinidades con la propia circunstancia del poeta. Al Emplazado le pronostican en junio su próximo fallecimiento:


El veinticinco de junio


le dijeron a El Amargo:


Ya puedes cortar si gustas


las adelfas de tu patio (...)


Porque dentro de dos meses


yacerás amortajado.


De modo que El Amargo murió en el mes de agosto, lo mismo que Federico. De suerte que podemos conjeturar que con una anticipación de ocho años (el Romancero gitano se publicó en 1928) el poeta había tenido algo así como un pálpito de su propio fin trágico.
Cabe, en efecto, imaginar que Federico anticipa en este caso la visión de su propia tragedia, y que está vislumbrando su propia muerte, ignominiosa y violenta, junto al barranco de Víznar.
El pasaje citado no es más que un ejemplo de entre los varios más que se podrían citar a este propósito. En todos ellos, como en los fragmentos de un espejo roto, se puede ver reflejada, multiplicadamente, la propia tragedia personal del poeta.


____


* La ironía de Horacio se advierte sólo por el contexto con el verso anterior:


¡Oh, hijo de Laertes, lo que diré ocurrirá o no ocurrirá: / pues el gran Apolo me ha concedido el don de adivinarlo! (Se entiende que una de las dos cosas tiene que verificarse, por fuerza, ya que "tertium non datur".Pero, claro, aquí huelga la profecía. Por simple lógica sabemos que ha de ser así)

lunes, mayo 14, 2007

NE QUID NIMIS

*Representación de Astrea, o Virgo, sosteniendo la balanza (=Libra)
que sopesa las acciones humanas



(No excederse)



Respecto a la oda alcaica latina, incluida en este blog, me doy por satisfecho, por el momento, con la redacción actual. Renuncio a traducirla en verso, utilizando cualquier tipo de estrofa, incluido el verso libre.
Ya es bastante con haberse sometido al tormento de Procusto que supone versificar en latín (un verdadero tour de force) para volver a someterse de nuevo ahora a un doble grillete, de pies y de manos: la fidelidad al texto y la sujeción al modelo métrico. Demasiadas sujeciones.
Retiro la traducción en verso y ofrezco una traducción en prosa, más ajustada al texto original. Aquí está:

I.- Digno de llanto, padre mío querido, privado de la vida con muerte muy penosa, de tu fiel esposa arrancado y de tus hijos y tu anciana madre.

II.-Un general sin piedad, reo de alta traición, que dirigió las armas contra su propio pueblo, invadió las ciudades de España y declaró la guerra a sus conciudadanos.

III.- Dueños de la situación, la derecha y la nefaria tropa de los militares, se embriagan con la muerte y el asesinato, derramando la sangre de sus hermanos.

IV.- Se inicia entonces una doble línea de combate feroz y la guerra se lleva a cabo de una doble manera: por la vía militar castrense y por los asesinos ejecutores del crimen, servidores de aquellos.

V.-Entonces la muerte trajo la desolación a las ciudades; entonces se otorgó a los civiles el derecho a matar, allanando las viviendas de los conciudadanos, para llanto y ruina de la patria.

VI.- Temiendo las funestas iras de los verdugos, huiste a una finca lejos resguardada; así abandonando a tu esposa y a tu hijo evitas el ataque de los malvados.

VII.- “¿Así conocéis a Ulises?”
(Virgilio, Eneida, II, 44)



Fiándote en las falsas promesas de los enemigos, de no hacer daño a nadie que regrese a su casa, en una lenta carreta transportado, vienes a caer en manos de los despiadados.








VIII.- "se les prometía incolumidad a quienes se entregasen" (César, B.G. 3,28,2)

Jamás deis crédito a promesas no fiables de parte del enemigo: guardaos de prestar oídos a quienes dicen falsedades y a las lenguas mentirosas: siempre os llevarán a la ruina.

IX.- Descubierto el error, quedó a la vista el engaño; pero tarde te pesó de tu equivocación y del doloso fraude padecido: ya estabas en manos del enemigo.

X.- Tan pronto supieron de tu regreso fueron a prenderte a tu casa. Prendido y bajo la coacción de las armas te encierran en la cárcel y el calabozo.

XI.- Allí encerrado permaneciste muy poco tiempo. De allí te sacan para morir. Oprimido te ves por el gran dolor de dejar para siempre a tu mujer y a tu hijo.
XII.- Los que iban a matarte no te permitieron ni darme un beso ni decirme tu adiós: sacudido por la angustia y el terror eres conducido al lugar de los muertos.

XIII.- INVOCACIÓN A LA JUSTICIA

Virgen Astrea, diosa de la Justicia, diosa que moras en el alto cielo, que durante la Edad de Saturno habías sido huésped de los hombres justos que entonces habitaron la Tierra:

XIV.- No permitas que quede sin castigo el daño que sufrieron las víctimas. Recibe benignamente los ruegos de los ciudadanos y compensa, con la exactitud de tu balanza, las pérdidas de todos aquellos que perecieron en la guerra.

viernes, mayo 11, 2007

Cumpliendo con el IV Mandamiento

Mi amigo Miguel, ciudadano USA, me felicita por mi oda alcaica latina, publicada días atrás, pero dice que no le parece acertada la traducción, especialmente por el ritmo ligero del verso elegido, el heptasílabo; no acorde, según su apreciación, con el tema “sombrío y fúnebremente lento” de la oda. Para él hubiera resultado más adecuado un verso más lento y reposado, probablemente, el endecasilabo, entreverado con los heptasílabos, como en los versos de Fray Luis de León.
Puede que no le falte razón en esto. Y tal vez reconsidere, por mi parte, la posibilidad de sustituir mi anterior traducción por otra en la que emplee los versos que me indica. A título de prueba, incluyo aquí la oda latina escrita hace un par de años, para commemorar el octavo aniversario de la muerte de mi madre. La estrofa empleada en esta ocasión es la llamada asclepiadea A, o asclepiadea primera. La reproduzco aquí, acompañándola de la traducción castellana en la estrofa típicamente leonina, garcilasiana y sanjuanista: la lira.

Con ello cumplo gustosamente con el precepto divino del IV mandamiento: "Honrarás a tu padre y a tu madre".

EPICEDION AD MATREM
IN DECESSUS EIUS VIII ANNIVERSARIO

O dulcis genetrix, alma parens mea,
quae iam transieris limina Tartari,
hos versus pia nunc accipe amabilis,
flores quos tibi dedico.

Annus iam volucris transiit octies
ex quo mors tua nos reddidit orphanos,
cum te amisimus, heu, et valediximus,
mater lumine carior.

Lecto iam recubans morteque proxima,
vitae praeteritae dum reminiscere,
vestem sollicite condere quaeritans
sutricis peti’ forficem.

Etsi post obitum tardior adfui
laturus tibi, heu, oscula postuma,
servasti tepidos corporis halitus
donec basia venerint.

Sic vitae calor haud deseruit tuum
corpus, dum veniunt filia filiusque,
ad Manes abiens laeta viatico
almo dulcis amoris. *
____
* El verso final es aquí, excepcionalmente, un ferecracio, en vez de un gliconio





TRADUCCIÓN DE LA ODA ANTERIOR

Madre que me nutriste,
y que en tu tibio seno me llevaste,
que de la muerte triste
ya la puerta cruzaste,
recibe tú estos versos que inspiraste.

Fugaz, perecedero,
ocho veces pasó, tras de tu muerte,
el año volandero;
pero el cariño es fuerte;
y el dolor de perderte, duradero.

En tu lecho postrada,
recordando el oficio de tu vida,
con él obsesionada,
las sábanas cogida*,
pedías la tijera, enfebrecida.

Llegué junto a tu lecho
poco después que tú habías expirado,
por el dolor maltrecho,
habiendo tú guardado
el calor de la vida al beso amado.

El calor de la vida
no abandonó tu cuerpo, demorando
la triste despedida;
los besos esperando
del viático que ibas preparando.
_____

* Construcción intencionada de la forma llamada acusativo de relación o acusativo griego.

martes, mayo 08, 2007

NOTICIAS DE OLIVENZA




Estoy al tanto, gracias a los buenos oficios de mi amigo Alfonso Limpo, archivero, cronista oficial y bibliotecario de la histórica villa oliventina, de la actividad editorial de su corporación municipal. Actividad que se traduce en ciertas publicaciones a plazo fijo, tales como el Boletín Mensual que edita el Ayuntamiento, por el que se da cuenta prácticamente de todo lo que se realiza a través de la citada corporación en las diversas áreas de su competencia.
Una de las más recientes publicaciones versa sobre el Homenaje a tres intelectuales oliventinos, con motivo de habérseles concedido sendos títulos de Hijos Predilectos a dos de ellos: los hermanos Marzal Fuentes. Naturales de la vila, se les otorga el distintivo de Hijos Predilectos por su reconocido prestigio intelectual y la labor social desarrollada en la Universidad española, el uno, y americana, el otro. Al profesor Abadíe se le distingue con el título de Hijo Adoptivo de Olivenza, por sus trabajos de investigación acerca de las relaciones luso-españolas en la América meridional. Y por haber legado a la Biblioteca Municipal de Olivenza un estimable tesoro bibliográfico, el de su biblioteca particular, cedida al Ayuntamiento oliventino a título de legado personal, sin que haya tenido que abonarse otra cantidad que la de cubrir los gastos de transporte, desde Uruguay a España.
Al mayor de los hermanos Marzal, posiblemente le conociera yo de la época del Seminario de Badajoz. Se dice en este librito homenaje que “estudió en el Seminario de San Atón de Badajoz, donde fue compañero de don Apolonio Noriega” (pág. 31). Es decir, era del curso de los que estudiaban 3º de Filosofía cuando yo ingresé en ese mismo centro. Yo recuerdo sobre todo a don Apolonio, que amenizaba las aburridas misas con un variado repertorio de intermedios musicales que interpretaba al armonio. Melodías que nos eran familiares y que recordábamos mucho tiempo después. Pero de Marzal no me acuerdo nada.
Después de su paso por San Atón se hizo jesuita, para terminar secularizándose en 1970. Se dedicó a la docencia universitaria que alternaba con sus colaboraciones periodísticas (“Cuadernos para el diálogo”, “La Vanguardia”, “El Mundo”…) Fue decano de la Universidad Ramón Llull de Barcelona, donde falleció en el año 2005.
En cuanto a Manuel Marzal, la mayor parte de su actividad apostólica y docente (“id y enseñad”, fue la misión que Cristo confió a los apóstoles) transcurriría en America Meridional, más concretamente, en Perú, como profesor de Antropología de la Universidad Católica.
Como historiador, el bibliotecario y cronista oficial de Olivenza se declara en deuda con él, ya que Manuel Marzal fue quien le puso en la pista de un dato muy a tener en cuenta para comprender la historia del contencioso oliventino. Olivenza fue, en efecto, enajenada a Portugal por un acto de conquista. Una guerra en la que, en vez de tiros, hubo naranjas. Pero que no se emplearon como proyectiles, sino como una especie de trofeo que el primer ministro, Manuel de Godoy dedicó galantemente a la reina María Luisa de Parma. No obstante, Portugal recibiría como compensación por parte de España un amplio territorio de las colonias americanas: “Olivenza, no jurídica sino fácticamente, fue permutada por Siete Pueblos guaraníes que constituían como dos tercios del actual estado de Rio Grande do Sul” (pág. 54)
Los 400 kms. cuadrados perdidos en la metrópoli eran compensados con la ganancia de 90.000 kms. cuadrados en tierras americanas. ¡Un terreno 225 veces mayor! Fue, realmente, "la perla que costó un tesoro", según la significativa valoración que hace Limpo de aquella histórica transacción (Ver su OLIVENZA, LAS RAZONES DE ESPAÑA, pp. 133 ss.)
El libro homenaje, cuidadosamente editado, se avala con firmas de conocidos personajes de la política y de las letras: José Juan Toharia, Carlos Losada, Pedro Altares, Miguel Roca i Junyent, Fernando Suárez, Alain Surpiot…
Y un artículo final del único superviviente entre los homenajeados, el profesor Abadíe.
Y un par de trabajos más de Alfonso Limpo, el factótum de esta publicación y eficaz colaborador como jefe de prensa del Ayuntamiento oliventino.Trabajos que versan sobre Manuel Marzal y sobre el profesor Abadíe-Aicardi.