sábado, marzo 14, 2009

La oposición por sistema

Lo que pasa en España con la oposición política merecería una más detenida reflexión, encaminada, sobre todo, a esclarecer lo que tiene de aberrante y perjudicial para la salud del país. Porque, en el nuestro, el enfrentamiento y la rivalidad entre las diversas opciones políticas ha alcanzado un grado de animosidad y de acritud que, por fuerza, impide el avance en lo social, fomenta el distanciamiento y estorba el logro de los objetivos comunes que debe proponerse la sociedad: principalmente el de la consecución del bien común. La alternancia política se da, más o menos, en todos los países desarrollados en la democracia: republicanos y demócratas, en USA; laboristas y conservadores en el Reino Unido, etc. En España, los partidos de izquierda y los descendientes de la antigua derecha, vencedores en la guerra civil, tras aquella etapa de matrimonio de conveniencia que fue la UCD, volvimos a la escisión de antaño, a la dualidad izquierda-derecha, hoy representada en los partidos mayoritarios que son el PSOE y el PP, respectivamente .

Una tendencia francamente reprobable que tiene lugar hoy día, principalmente atizada por la oposición, parece haber concentrado toda su razón de ser en combatir a la otra opción política, actualmente en el poder, con el objeto de derrocarla cuanto antes. Se está enrareciendo la situación por momentos, desde una beligerancia a todas luces patente en los medios de comunicación. El diagnóstico de este fenómeno se ha venido llamando, en estos últimos tiempos, crispación, y su incidencia en la vida política del país se está, día a día, haciendo más enconada. Medios hay que parecen haber cifrado toda su razón de ser en dedicarse por completo a socavar toda confianza en el gobierno actual por parte de los futuros votantes. Me pregunto qué sería, por ejemplo, de la COPE o de algún que otro programa televisivo como pudiera ser el llamado Intereconomía (los maulladores ‘gatos’, estimulándose constantemente) si se les acabara su tema favorito: erosionar al Gobierno. Viven de eso, esa es su actual razón de ser. (Dan la impresión de ser muchos, de estar en todas partes. En su constante bombardeo de SMS suelen preguntarse: “Hay gatos en…?” Y, a veces, la respuesta esperada: efectivamente, “hay gatos en tal o cual sitio”. (Vale. Con tal de que sean “cuatro gatos”, como dijo en memorable ocasión Felipe González) Esta proliferación de los 'gatos', tan en boga, me recuerda uno de los chistes contra el Régimen, cuando éste ejecutó a Julián Grimau, en 1963, imputándole el delito de rebelión militar, con efecto retroactivo. Hubo ya en aquellas fechas muchas protestas contra esa ejecución. Hasta Franco habría sentido remordimientos de conciencia, y, según el chiste, había ordenado exterminar todos los grillos y gatos de los alrededores de El Pardo, porque no lo dejaban dormir, recordándole constantemente su fechoría:

_ Gri-mau, Gri-mau, Gri-mau...
Desgraciadamente, creemos malo para España este cariz que está tomando la situación. A este paso volveremos a ‘meternos mano’ (en el sentido menos grato de esta expresión) cualquier día.
El desencanto político, el escepticismo, puede hacer presa en nosotros. Y entonces la democracia, tan laboriosamente recuperada (después de casi cuarenta años sin levantar cabeza) se va a encontrar en peligro. Tenemos que acabar (empresa verdaderamente difícil) con la corrupción de nuestros respectivos representantes políticos. Tanto de los ‘hunos’ como de los ‘hotros’. Y salga el sol por donde salga, que siempre saldrá por la derecha, si estamos mirando hacia el Norte, o por la izquierda, si estamos mirando hacia el Sur.

jueves, marzo 12, 2009

Pasó el Carnaval

Pasó el Carnaval con sus murgas y chirigotas, sus sátiras y chanzas, que aplican la risa como correctivo, de acuerdo con el viejo dicho ‘castigat ridendo mores’(‘castigar los vicios poniéndolos en ridículo’) Esa es, según suele admitirse, la finalidad de la sátira.

Una de las etimologías que se han dado de la palabra Carnaval supone que se ha formado de la fusión de otras dos palabras (Carne-vale) que vendría a significar algo así como ‘Adiós a la carne’. No estoy seguro. Sí que parece claro que la otra palabra que sirve para designar estas fiestas tiene un origen claramente latino: Carnestolendas (de ‘carnis’ y ‘tollere’, quitar o suprimir la carne) En ambos casos se hace referencia a la abstinencia de la carne en la dieta, penitencia propia del tiempo de Cuaresma. La abstinencia solía ir acompañada de otro sacrificio: el ayuno.

Parece que el precedente romano del Carnaval fueron las Saturnales, unas fiestas en las que la gente se divertía con el intercambio de ‘roles’, o papeles, sociales: los amos hacían de esclavos, y viceversa. Se trataba, en cierto modo, de invertir el orden habitual de las cosas, de poner ‘el mundo al revés’. Es como si la gente se cansara de representar el mismo papel y quisiera ensayar un modo de ser diferente. A este impulso obedecen también ciertas tendencias al ‘travestismo’, que se ponen de manifiesto especialmente en estas fiestas. Hombres que se visten de mujer, y mujeres 'caracterizadas' de varones. Por más que hoy día se ha generalizado el uso femenino del pantalón.

La visión carnavalesca de la vida es de signo barroco. Puede añadirse a las otras típicas cosmovisiones de este movimiento, como son la de la ‘vida como sueño’ y la del ‘mundo como teatro’. Larra veía la vida toda como un trasunto del Carnaval: “Todo el año es Carnaval”, es el título de uno de sus más famosos artículos. El romanticismo de Larra representa el desengaño barroco del siglo XIX.

La teoría de Larra ya estaba asimilada e incorporada al folklore cuando, hacia mediados del siglo XX, la pareja artística formada por Carmen Morell y Pepe Blanco (pareja también en la vida real) pusieron de moda el tema de los debates, discusiones o riñas artísticas, tema que ya se había explotado en el terreno, por ejemplo, de la zarzuela. Otra pareja artística, que imitaría el procedimiento, sería el dúo formado por Dolores Abril y Juanito Valderrama, también pareja en la vida real. Era poner al día la vieja literatura de los debates, los denuestos del agua y el vino, la lucha de Don Carnal y Doña Cuaresma.
El dúo Morell-Blanco popularizó, en los primeros años de la década de los cincuenta, uno de esos ‘altercados’ entre parejas, en los que se lanzan puyas mutuamente:

Quítate esa caretita pa mirarnos frente a frente,
que ha llegado el momentito de decirnos la verdad:
Tú con uno y yo con otra y a vivir tranquilamente
que la vida, aunque no quieras, siempre ha sido un Carnaval.

Era yo estudiante en el Seminario cuando esta canción se radiaba casi a diario por las emisoras. Y recuerdo que uno de los internos, Álvarez de Luna, que tenía unas formidables aptitudes como caricato, unas dotes histriónicas fuera de lo común, imitaba al célebre dúo radiofónico, remedando las voces del señor obispo, Don José Mª Alcaraz Alenda y del señor deán de la catedral, Don Daniel Gómez Ordóñez. El obispo hacía el papel de Pepe Blanco y, el deán, el de Carmen Morell. La parodia iba destinada a provocar la risa desternillante de Aparicio, otro compañero, sobre el que la comicidad de Luna tenía un efecto avasallador. Luna imitaba primero la voz opaca y semigangosa del obispo salmodiando:

– ¿Quién ha visto una pastora vestida de ricas pieles?

Y, seguidamente, la voz chillona y algo aflautada del deán, contestándole:

– ¿Quién ha visto un limpiabotas con corona de marqués?

Aparicio se escachaba de risa.

Luna (llegó a hacerse cura) tenía una vis comica extraordinaria, imitando los tranquillos de las más altas instancias de la Curia pacense. Era de una irreverencia superlativa, pero todo se le dispensaba, como si tuviera patente de corso. Sus imitaciones eran de una comicidad insuperable. Y es que el tío les hacía gracia incluso a los mismos superiores. Era uno de los pocos que disfrutaban del privilegio de un suplemento alimenticio llamado ‘principio’. En el Seminario sólo los mayores (generalmente de la comunidad de Teología) que ejercían el cargo de inspector tenían este privilegio. Pero había excepciones: también podían optar a ese suplemento alimenticio aquellos a quienes sus padres podían pagárselo. Luna era uno de ellos. Soto, mi condiscípulo, era otro. Este era un futbolista de excepción (algún equipo profesional parece que intentó ficharlo) Soto desplegaba una energía que raramente hubiera podido sostenerse con las escasas raciones del Seminario. Era un orgullo para el Seminario (y para sus celadores) poder presumir de un atleta semejante. De manera que la vergonzante discriminación que se permitía por la superioridad, en estos casos, se realizaba sin reparo alguno. ¡Escandalosa desigualdad! Pero los siervos de Dios la veían como la cosa más natural del mundo.

Y bien, ¡el Carnaval! Era a lo que íbamos.

viernes, marzo 06, 2009

Los dogos del Régimen

José Antonio Girón de Velasco, ex-ministro de Franco, murió en 1995. Fue uno de los duros del Régimen, de los más resueltos a perpetuar el resultado político de la Guerra Civil. Para él la situación política, resultante de la victoria de las armas, era inamovible a perpetuidad; tenía que perpetuarse mientras ellos, los vencedores, continuaran con vida: ese derecho lo reclamaban con carácter vitalicio y aun querían hacerlo hereditario, extensible a sus descendientes, a su cada vez más exigua familia política. Tales eran las intenciones de aquella camarilla que se llamó el bunker, decidida a impedir, por las buenas o por las malas, todo intento de apertura.
Memorable fue su intervención a raíz de la legalización del partido comunista con el gobierno de Suárez. El ex-ministro advirtió en aquella ocasión, con semblante torvo y ceñudo:
– No vamos a renunciar a la victoria; una victoria que lo fue, precisamente, contra el comunismo como principal enemigo.
(Sus palabras obtuvieron un aplauso, no particularmente entusiasta, por parte de sus conmilitones)
Los hechos vinieron a demostrar que estos ‘señores’ se habían convertido en un serio obstáculo para el normal desenvolvimiento del sistema democrático, al que iban a tratar de boicotear por todos los medios a su alcance. Desde ese paso decisivo, que para la normalidad democrática supuso la legalización del partido comunista, comenzó a fraguarse la conspiración que pretendía retrotraer la situación política a la posición franquista. Los golpistas del 23-F, en una desatentada maniobra de ataque al pueblo español, representado en el Congreso de los diputados, irrumpieron allí, secuestrando por unas horas la voluntad popular. Un general badulaque cometía el disparate de sacar los tanques a la calle, para amilanar al pueblo soberano y al Soberano del pueblo, el mismísimo Rey Juan Carlos I. Se reproducía el viejo ‘tic’ de la Dictadura, que tomaba por rehén al pueblo español. Menos mal que el rey Juan Carlos tuvo claro de parte de quién tenía que ponerse.
Al optar por la democracia, el rey logró fundirse con la voluntad popular y sus legítimos representantes en el Congreso. En esa memorable coyuntura se demostró que no hay incompatibilidad entre República (=democracia) y Monarquía. La decisión del rey Juan Carlos I logró aunar voluntades y consiguió hacer realidad aquel sistema de gobierno que Cicerón llamaba ‘regali re publica’: la ‘república regia’ o, también, la ‘monarquía republicana’. Y en aquella oportunidad el monarca español se ganó a pulso un título que, oficialmente, todavía no se le ha reconocido: el de ‘Padre de la Patria’. Título que merece, según el orador romano, aquel rey 'qui consulit ut parens populo' ('que mira por su pueblo como un padre') (R.P. 2.47.5) Aquella coyuntura dio ocasión a que el rey mereciera con justicia el honroso título de Pater Patriae, con el que se honraron varios emperadores romanos.

domingo, marzo 01, 2009

La Iglesia y el cisma republicano

* La aparición de la Cruz al ejército de Constantino, con la leyenda EN TOUTWI NIKA ("Con este signo vence") Cuadro de Rafael.

Quiero hablar hoy de la religiosidad de aquellos republicanos que, pese a su condición de católicos, la religión oficial de la Iglesia, fueron tratados como oficialmente fuera de la misma por el estamento eclesiástico. Este era el caso de mis padres y, en general, de la mayoría republicana. Estaban casados ‘por la Iglesia’ y habían llevado a sus hijos a recibir el bautismo (o a ‘cristianar’, como solía decirse también) Sin embargo, fueron asociados, por los del golpe militar, con los ateos y los matadores de curas y frailes. Y la santa madre Iglesia, desde luego, los metió en el mismo saco que a los incendiarios de los templos. La Iglesia (en general) abandonó a estos cristianos a su suerte: a las fieras del levantamiento militar. La causa de los sublevados se asoció bien pronto a la causa de Dios, debido, en gran parte, a la famosa Carta a los Obispos Católicos, redactada por el Cardenal Gomá, que tanto contribuyó al descrédito de la causa republicana. Enseguida comenzó a propalarse uno de los más falsos eslóganes de la propaganda del Régimen: el que ‘rezaba’ Por Dios y por España. Mentiroso y falsario hasta la náusea.

Mi madre, Virginia, y mi padre, Eloy, eran miembros de la Iglesia en 1936. Mi madre siguió siendo creyente siempre. Todavía la vi santiguarse y rezar cuando ya estaba en su cama esperando la última hora.

¿Y mi padre? No sé si sería católico practicante. Probablemente, no; aunque estaba bautizado y casado por la Iglesia.

Pero ejerció de modo práctico la solidaridad cristiana, en su vertiente socialista, cuando se trajo a casa un par de críos, (hermanos, niño y niña) hijos de un ‘compañero’ de Almendralejo, que estaba en paro (o en huelga, no estoy seguro) y los chiquillos estuvieron en nuestra casa una temporada, mientras se resolvía la situación de su padre. Mi madre aceptó resignadamente la papeleta que le había endosado su marido y acogió a aquellos niños y cuidó de ellos lo mejor que supo. Recuerdo que imitaba muy a lo vivo las palabras del crío, siempre con un apetito insaciable, pidiendo pan para él y para su hermanita:

– Mi Quina quiere pan… ¡Y yo también!

Mi padre fue, según esto, buen cristiano. Desde su credo socialista, por supuesto.

A la propaganda fascista le interesaba meter en el mismo saco, de oprobio y de descrédito, a todos los socialistas, republicanos, comunistas, etc. bajo el denominador común de rojos. Todos ellos quedaban marcados por esa tacha infamante, identificados con los ‘enemigos de Dios’, incendiarios de templos y exterminadores de curas y frailes.(‘Si los curas y los frailes supieran…’ , canturreaba la famosa letrilla jocosa de los republicanos clerófobos…)

La causa religiosa se adscribió así a la causa fascista, de manera interesada. La jerarquía eclesiástica tuvo mucho que ver con esta mixtificación. De modo que los eclesiásticos colaboraron con los rebeldes y pusieron un contrapunto falsamente piadoso a las ejecuciones, facilitando la confesión a los sentenciados a muerte (sin juicio previo o, como mucho, con un simulacro de juicio) ¡Qué buenos que eran aquellos curas, salvando almas en el supremo trance! También la Inquisición, en su día, facilitó a los reos ese trámite de abrirles las puertas del Cielo, cerrándoles las de la Tierra.
¿Y los verdugos? ¿Pecaban o no pecaban contra el 5º mandamiento? Pues no, porque asumían con resignación el penoso deber de matar ejerciendo la función del brazo ejecutor de la justicia divina. Así lo tenía asumido un conocido escopetero de mi querido pueblo, cuyo nombre (el del matón) callo, porque ya está en el otro mundo; aunque también lo callaría si estuviera en éste, para no suscitar odios contra él. No sé si este asesino fue persuadido por algún cura o dio en imaginar, por sí solo, que él mataba por imperativo divino. Tan convencido parecía estar que incluso quería también convencer a sus víctimas:

― No te mato yo, te mata Dios.

Es curioso que este fanatismo consistente en ‘matar por imperativo divino’ es característico de las llamadas ‘guerras santas’ (y la Guerra Civil, por designios de la jerarquía eclesiástica española, fue una Cruzada, es decir, una guerra santa) He aquí un texto del Corán, puesto en lengua latina, que confirma la existencia de este fanatismo entre algunos adictos de la religión de Mahoma:

“Et non tu enecavisti eos, sed Allah enecavit eos, nec tu detrudens detrusisti, sed Allah detrusit (8, 11-17)

(“Y no fuiste tú quien los mató, sino que los mató Alá; ni tampoco, al quitarlos del medio, fuiste tú quien los quitó, sino Alá"…)

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** Ver enlace con la entrada de este blog titulada "La Memoria Histórica según Alberto " (octubre 19, 2007)

La lealtad cartaginesa

La lectura del libro que reseñaba en mi anterior entrada me lleva a reafirmarme en otro comunicado que publiqué en este mismo blog (PUNICA FIDES) La facción de la derecha que asumió el mando en el Ayuntamiento de Aceuchal, a raíz del alzamiento militar del 18 de julio, procedió desde luego con dolo y perfidia, sin respetar los compromisos contraídos con los responsables del Comité antifascista, constituido por acuerdo de la corporación municipal anterior al golpe de Estado.¡Elemental, querido Watson, que hubiera dicho Sherlock Holmes! ¿Cómo iban a respetar los fascistas un acuerdo pactado con un comité que se había dado a sí mismo el nombre de ‘antifascista’? Es de cajón, ¿verdad? Y lo que asombra es que los ingenuos integrantes de aquel Comité, entre los que se encontraba Don Cándido, fueran todos tan cándidos que creyeran que, al respetar ellos las vidas de los rivales políticos, éstos iban a hacer lo propio con las suyas y, en consecuencia, les propusieran esa especie de “pacto entre caballeros”. ¿Caballeros?

A nivel personal hicieron lo mismo con mi padre (por cierto, me muero de ganas de saber los nombres de las personas que integraban ese bizarro Comité Antifascista*, que más bien debió titularse el Comité de los Cándidos, por la ingenuidad de sus componentes, todos ‘cándidos’ de alma, y uno de ellos, incluso de nombre) Si en ese comité no figuraba el nombre de Eloy García Guerrero, mereció figurar porque, sin duda, pertenecía al bando de los cándidos.

Mi padre, a diferencia del de Domingo Maqueda (†), no disponía de un horno adecuado en donde guarecerse. Se ocultó en un cortijo, o casa de campo, distante cinco o seis leguas del pueblo. Pero los que iban a convertir el “pacto entre caballeros” en papel mojado, sabedores de la candidez de la familia, abordaron a mi tío (Jerónimo) y lo convencieron con toda clase de marrullerías de que iban a respetar la vida del fugitivo. Y a lo mejor hasta le facilitaron el carro con el que fue a buscarlo en un caluroso día de primeros de septiembre, supongo que ya metidos en la novena de la Soledad.

Los romanos aconsejaban no fiarse nunca del enemigo. Era un consejo de escarmentado, que ellos habían experimentado en carne propia, no confiar jamás en lo que ellos llamaban, irónicamente, la “lealtad cartaginesa”.

Esa fue la lealtad que emplearon entonces con sus propios convecinos los que, respaldados por la rebelión militar, asumieron las riendas del mando.
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* He recibido de parte del joven investigador de Aceuchal, Manuel Carretero, la lista de los nombres que integraban el Comité Antifascista. No figura entre ellos el nombre de mi padre. Un cargo menos que tenían contra él los que lo mataron. Y una sinrazón más.

sábado, febrero 28, 2009

Tiempos de olvido imposible

Mañana domingo, 1 de marzo, hará una semana que apareció en las páginas del suplemento literario del diario HOY (p. 6) la reseña, firmada por Manuel Pecellín, del libro de Miguel Sanz Vera, Tiempos de olvido imposible.
En este intervalo me ha llegado, por gentileza de un joven paisano de Aceuchal, a quien no tengo el gusto de conocer personalmente, un ejemplar de dicho libro. Detalle que, por descontado, le agradezco de todo corazón. Él es estudioso de la historia de Aceuchal y se interesa de manera especial por esa etapa de la misma sobre la que siempre se ha pasado de puntillas, para no despertar ni odios ni rencores dormidos. Estos han estado controlados por el Tiempo de silencio, para emplear el título de otra novela relacionada con esa etapa. Después ha ido despertando la “memoria histórica” y este libro, como otros tantos, viene a ser testimonio de ese despertar.

Yo no soy, en este caso, un lector imparcial. Formo parte del entramado de la obra, estoy ahí aunque no se me ve. Conozco a los personajes. He tratado a casi todos ellos, algunos identificados y otros no. Mejor así, tal vez. Conocí, por ejemplo, a la tata, o niñera, de los hermanos Sanz, uno de ellos el autor de este libro. (Por cierto, creo que se trata de Antoñina, que iba a coser a mi casa, junto con otras mozas de la calle Postrera. En el libro la llaman Toñina) Conocí a la madre del autor, Doña Fermina, a quien visité en Madrid por los años 70. Cuando supo de quién era yo hijo, se sinceró conmigo contándome las penalidades que tuvo que sufrir su marido, la paliza inmisericorde que le dieron los verdugos, dejándole todo el cuerpo en carne viva, y el remedio que le aplicó uno de los dos hermanos Delgado Mayoral, médicos de Aceuchal por aquellas fechas: remedio peor que la enfermedad y que no se le hubiera ocurrido ni al torturador más refinado: que empapasen una manta en alcohol y que envolviesen en ella al herido. Sin duda, con el loable propósito de que no se le infectasen las heridas.

He seguido leyendo hasta el encuentro con las personas, vivas aún, que se citan en el libro: David Muñoz, Juan Baquero y el entonces alcalde, Antonio María Guerrero Linares (que, según creo recordar, fue alumno mío entre los años 61 y 67 del siglo pasado, cuando yo estaba de maestro en La Panera, hoy Biblioteca Municipal “Mahizflor”)

En fin…el libro. Las declaraciones de Juan Baquero merecen un breve comentario que no quisiera pasar por alto. Asumiendo por su cuenta y riesgo la representatividad del sentir general de Aceuchal afirma:

− Aquí, en Aceuchal, todo el mundo apreciaba a Don Cándido.

Y, a renglón seguido,

− Aquí, en Aceuchal, se consideraba un privilegio ser amigo de Don Cándido y todo el mundo sintió su muerte como si se tratara de alguien de su familia.

He destacado, en cursiva, ese ‘todo el mundo’ que está en flagrante contradicción con los hechos reales, como bien observa, un poco más adelante, el autor del libro, que no tiene pinta de chuparse el dedo:
Tremendas palabras y nobles de intenciones. Pero lo cierto es que entonces no hubo nadie, entre quienes pudieron hacerlo, que alzara una voz en su favor” (pág. 24)

Otro de los halagos propinados por Juan Baquero al autor del libro requiere un comentario de mayor calado; algo que afecta a la salud democrática de la misma comunidad piporra. Y es la frase con que el entonces concejal (no estoy muy seguro si lo era entonces y si aún lo sigue siendo hoy) dijo al visitante, hijo del represaliado:

− El pueblo de Aceuchal está en deuda con los herederos de Don Cándido.

¿Sólo con los herederos de Don Cándido?

Aquí hay que sacar la cara por el pueblo de Aceuchal y corregir al informante, aprovechando la ocasión para rectificar sus palabras en el sentido siguiente:

El pueblo de Aceuchal está en deuda con todos los herederos (si no de bienes materiales, sí de bienes del espíritu) de todos aquellos que fueron represaliados por el río revuelto que propició la rebelión militar. Nunca, que yo sepa, se honró públicamente a esos muertos que, por cierto, lo fueron por la democracia. ¿Qué clase de democracia es ésta que no ha reconocido aún, pública y solemnemente, el mérito de aquel sacrificio?

Porque la República tuvo sus mártires, por más que nunca hayan sido canonizados, ni lo vayan a ser jamás.

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(Ilustraciones: Portada del libro y dibujo de Castelao “Los mártires serán santos”)

martes, febrero 24, 2009

Bías ¿precursor del cinismo?

* Alejandro Magno y Diógenes

Finalmente, a Bías se le atribuye también una frase que ha hecho historia. Es aquella que dice “todo lo mío lo llevo conmigo”. Fue con ocasión de tener que abandonar la ciudad, inmediatamente antes, o después, de que los enemigos la tomaran; cuando todos sus compatriotas dejaban sus hogares, llevando consigo las pertenencias que estimaban más necesarias o valiosas. Bías no llevaba encima nada más que lo puesto. Y cuando uno de sus compatriotas le preguntó por qué no llevaba nada consigo, Bías le contestó:
− En realidad, yo lo llevo todo conmigo.


Ese despego de lo material, ese gesto de prescindir de todo lo accesorio, como en este caso serían las pertenencias materiales, convierte a Bías en un precursor de los cínicos. Y, precisamente, en uno de los más radicales; si consideramos que Diógenes de Sínope, que vivió aproximadamente un siglo y medio después, pretendería reducir al mínimo sus utensilios y enseres personales. Según el poeta Ausonio (s. IV p. C) estas pertenencias consistían en “una alforjas, un poco de harina de cebada, una capa, un bastón, una escudilla…”. Ausonio no menciona el tonel (‘pithos’) que, según es fama, le servía de refugio en el que se guarecía para dormir. Lo que sí dice es que, a pesar de tener un ajuar tan reducido, todavía le parecía demasiado y, al ver que un rabadán bebía en el cuenco de las manos, él prescindió de la escudilla: “¿A qué llevarte conmigo, si eres algo superfluo?”
La anécdota de Bías la podemos leer en latín, en sendas versiones: la de Cicerón y la de Valerio Máximo. La de Cicerón dice:



“No dejaré de alabar, una y otra vez, al sabio aquel, Bías, uno de los siete, según creo, cuya patria, Priene, había sido tomada por los enemigos. Y cuando los demás habitantes de su ciudad salían de ella llevando sus pertenencias y alguno de entre sus paisanos le aconsejó hacer lo mismo, le contestó:

− Ya lo hago: Todo lo mío lo llevo conmigo (
Par. Stoic. 1.1.8)

La versión de Valerio Máximo es como sigue:

Habiendo invadido los enemigos la ciudad Priene, patria de Bías, y estando en trance de abandonarla todos aquellos que habían salido ilesos de la crueldad de la guerra, cuando éstos salían de la ciudad cargados con el peso de sus más valiosos bienes, preguntaron a Bías por qué él no se llevaba nada consigo, respondió:

− Todo lo mío va conmigo.

Pues él llevaba esos bienes en su alma, no sobre los hombros, porque son los bienes que no se ven con los ojos del cuerpo, sino con los del espíritu, ya que habitan en el domicilio del alma y no pueden quitarse de allí por las manos de los mortales, ni aun de los mismos dioses; y así como permanecen con los que se quedan, así no pueden separarse tampoco de los que se marchan” (Dict. et Fact. Mem. 7.2 (ext.) 3)

lunes, febrero 23, 2009

SIN SALIRNOS DE BÍAS

Cuando glosábamos hace poco la sentencia de Bías que dice, más o menos, “los malos son mayoría”, queríamos entender esa sentencia libre de connotaciones políticas. Desde luego, no suponemos que el sabio griego tuviese prevenciones contra la mayoría como elemento a tener en cuenta en un sistema político. En un sistema democrático (y Grecia fue pionera en comprobar las ventajas de este sistema) la voluntad de la mayoría es muy de tener en cuenta.

Lo que probablemente Bías quiso dar a entender es lo que todos sabemos: que lo malo abunda, y que, correlativamente, lo bueno escasea. Lo selecto siempre estará en minoría frente a lo vulgar y lo ramplón. Pensemos en aquellos poetas que mostraron de siempre sus preferencias por lo minoritario, como sinónimo de selecto, escogido, etc.

Así Juan Ramón dedicó su Segunda antolojía poética, famosa, “A la minoría siempre”. O, también, “A la inmensa minoría”. A este mismo talante responde el dicho aquel de Horacio declarando su “odio al vulgo profano”. Y Rubén, otro minoritario, reconoció que él no era un poeta de mayorías, aunque intuía que su destino final sería llegar a ellas: “Yo no soy un poeta para muchedumbres, pero sé que, indefectiblemente, tengo que ir a ellas” (Prólogo a Cantos de Vida y Esperanza)

Es cierto que Blas de Otero, un poeta ‘medularmente’ socialista, escribió un libro poético titulado Con la inmensa mayoría; pero eso indicaba, más bien, su aspiración de comunión universal con lo humano, esa especie de comunismo utópico por el que nos sentimos solidarios con el hombre, en abstracto. Recordemos, por lo demás, que Juan Ramón estuvo del lado de la República, como la mayoría de los intelectuales.

En suma, la sentencia de Bías no debe ser entendida como una descalificación “a priori” del sistema democrático: cuando el pueblo sea culto (y hay que procurar, a toda costa, que lo sea) la cultura será, indefectiblemente, mayoritaria. Ese fue uno de los objetivos primordiales de la República (Institución Libre de Enseñanza, Misiones Pedagógicas,etc.) que quedaría truncado con el triunfo de la Dictadura.

Volvamos nuevamente al personaje de nuestra glosa. A Bías se le atribuyen otros dichos, polémicos o controvertidos. Uno de éstos es el célebre ama tamquam osurus (‘ama como si hubieses de odiar’) Cicerón (De amicitia, 59.10-17) negaba que ese dicho fuese de la autoría del sabio de Priene, por ser, más bien, “propio de un egoísta, o de alguien que todo lo reduce a su provecho personal”.

Pero es el caso que Diógenes Laercio incluye en su reseña sobre el filósofo prienense una sentencia que viene a decir, más o menos, lo mismo. La frase de Bías, en el texto griego de Laercio (Vit. Phil. 1.87.6-8) dice traducida al castellano: “y que había que amar como a quienes un día van a odiarte; ya que, en su mayoría, los hombres son malos”. (Yo tengo una duda, que me gustaría despejar con algún perito de la lengua griega, más ducho que yo en este idioma. Y es si el participio de futuro ‘misésontas’, en acusativo, lo está por ser sujeto de ‘filein’, o por ser objeto directo de ese mismo infinitivo. La distinción es importante, puesto que, si es objeto directo, habrá que entender que hay que amar como si los destinatarios de tu amor fuesen los que un día ‘han de odiarte’. De otro modo parece que habría que emplear el participio futuro en nominativo ‘misésontes’ (= los que van a odiar) y no, como parece ser en este caso, “los que van a odiarte”. Yo creo que es, más bien, esto último.

En cualquier caso, la sentencia implica una prevención, o aviso: Hay que estar prevenidos. Recuerdo, a este propósito, el consejo de un compañero de oposición (¡oposiciones a Magisterio de 1959!) que nos aconsejaba, a los presuntamente inexpertos en el amor, que “hay que enamorarse con desprecio” (si bien se nota, era una versión, puesta al día, del viejo aviso de Bías) Era el típico consejo de “curarse en salud”.

Había que haberle replicado: “Pero, véngase a razones, señor componendas, ¿cómo vamos a enamorarnos con desprecio? O nos enamoramos o no nos enamoramos. Si nos enamoramos, el desprecio está de más.

viernes, febrero 20, 2009

A PROPÓSITO DE BÍAS



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El blog de José Mª Lama (uno de los más visitados que conozco) ha dedicado recientemente un breve capítulo a glosar la sentencia de Bías que afirma que, en su mayor parte, los seres humanos son malos. Bías fue, como se sabe, uno de los siete sabios de Grecia (de paso, siete es número esotérico: siete fueron las antiguas maravillas del mundo, siete los sabios de Grecia, siete los reyes de Roma, siete los niños de Écija...etc.)


Lama se muestra de acuerdo con la sentencia de Bías, en la versión que la traduce como la mayoría es mala. Sólo que, traducida así, se presta a ser utilizada como argumento de autoridad por aquellos que no creen en el sistema democrático: de ser cierta la frase de Bías, el voto de la mayoría queda en entredicho y, con él, el propio sistema democrático. Hay aquí una contradicción, al menos en apariencia. ¿Cómo compaginar lo certero de la frase ‘la mayoría es mala’ con la bondad del sistema político que, según la no menos sabia opinión de Churchill, es el menos malo de todos? (Claro que Churchill lo dijo de forma irónica en otros términos: (el democrático) “es el peor de los sistemas políticos, descartados todos los demás”) La cosa requiere cierta aclaración. Veamos.
En primer lugar conviene despojar la sentencia de Bías de sus posibles connotaciones políticas. No parece probable que el sabio de Priene estuviera pensando, cuando dijo su sentencia, en aquel sistema de gobierno según el cual la mayoría es la que decide con su voto y la que hace valer su voluntad a través de las urnas.
Lo que Bías quiso decir, lisa y llanamente, es que lo malo abunda, o lo que es lo mismo, que los malos son mayoría. Me he molestado en localizar su frase en las Vidas de los filósofos más ilustres, de Diógenes Laercio. En el breve capítulo dedicado a Bías se recoge la frase en dos ocasiones (1.87.6-8) y (1.88.10-11) En el primero de estos pasajes se dice “amar como a los que un día te odiarán; ya que los más son malos”. En el segundo pasaje, con el que termina el capítulo, dice: “la mayoría es mala” (‘oi pleistoi kakoí’)
Desde luego, el sistema democrático parece estar lastrado por ese inconveniente. ¿Cómo es posible que tenga el mismo valor el voto de un hombre culto, conocedor de los problemas que afectan a una comunidad y, a veces, de cuáles serían las mejores soluciones para esos problemas; que el voto de un hombre vulgar, ignorante o de escasa formación, propenso a dejarse influenciar por la labia del demagogo de turno?
Este criterio de la diferente calidad del voto ya se tuvo alguna vez en cuenta en la antigüedad. Así Cicerón nos recuerda en su tratado De republica que uno de los reyes de Roma, Servio Tulio, ideó un sistema de votaciones por el cual los votos de los caballeros tenían más valor y peso que los del pueblo llano. Pues dice: “y tuvo presente lo que siempre se ha de tener en cuenta en toda gestión de la cosa pública, y es que la mayoría, sólo por el hecho de serlo, no sea la que más pueda” (…quod semper in re publica tenendum est, ne plurimum valeant plurimi, R:P. 2.39.6-7)
El sistema de ‘un hombre un voto’, que es el que actualmente se sigue, supone que la democracia sólo tiene calidad en las sociedades muy adelantadas en cultura e instruidas en los valores cívicos (de ahí la importancia de enfocar bien la disciplina Educación para la Ciudadanía), pues sólo las sociedades con acceso a los bienes de la cultura están potencialmente preparadas para intervenir y participar en la gestión de la cosa pública. Una democracia ‘inculta’ no puede subsistir, es tesis que sucintamente expuse en la revista en latín Ephemeris (**) De ahí que los sistemas totalitarios sean enemigos declarados de la inteligencia que demanda cultura y formación como el pan de la boca. Recordemos la enemiga de ciertos militares insurrectos contra los intelectuales de la República, el ¡muera la inteligencia!, de Millán Astray, la eliminación sistemática de maestros y profesores republicanos, todos inclinados a la defensa de los valores democráticos; lo del café para todos no era cosa que resultara aceptable para los que de siempre habían detentado los privilegios de clase. Entre estos antiguos ‘privilegiados’ estuvo el tristemente célebre capitán Aguilera, un tipo cruel y odioso, un megalómano que se creía perteneciente a una raza superior. Su teoría era que la clase proletaria era esclava por naturaleza (el historiador Paul Preston ha trazado el retrato psicológico de este individuo en un trabajo que se incluyó en el nº III de los Cuadernos de Çafra (2005) pp. 195-208.
Tipos de la calaña del capitán Aguilera eran enemigos acérrimos de la democracia: odiaban que las clases populares pudieran un día disputarles a ellos, los ricos, los privilegios que la fortuna, o el azar, (no, desde luego, los propios méritos) habían puesto en sus manos.

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* Busto de Bías de Priene. En la base, escrita en griego, la célebre sentencia: "Los hombres son, en la mayor parte, malos"

sábado, febrero 14, 2009

Con Franco éramos más jóvenes...

Con Franco éramos más jóvenes… dijo el desenvuelto Amestoy en una de aquellas memorables intervenciones ante las cámaras de TVE.
Era verdad. Y también era verdad que reíamos más con los chistes contra el dictador.
En el diario HOY, correspondiente a la fecha 13-1-2009, el columnista Tomás Martín Tamayo desempolva uno de aquellos viejos chistes sobre Franco (los había de dos clases, los que servían para celebrar jocosamente la valentía y la virilidad del Caudillo y los que buscaban ridiculizarlo, tanto en ese como en otros aspectos) El chiste recordado por Tamayo es de los que jalean la virilidad del dictador. Se basa en el recurso retórico llamado ‘calambur’ y existen varias versiones. Todas vienen a coincidir en la utilización del apellido inglés Jones, para hacer que se combine con el nombre familiar de Franco, Paco (Francisco). Los personajes podrían ser varios, con tal que llevaran ese apellido: Tom Jones, el cantante, y el fotógrafo Tony Armstrong Jones. La versión que yo escuché en tiempos escogía a este último personaje como posible ‘partido’ para casar con Carmencita Franco. Según el chiste, los censores de la moral, la decencia y las buenas costumbres de la casa de su Excelencia argumentaban contra ese enlace porque, de nacerle un nieto varón al Caudillo, no podrían ponerle el nombre del abuelo, ya que resultaría de mal gusto llamarle “Paco Jones Franco”.

Del coronel Antonio Tejero (el aniversario de cuya esperpéntica ‘fazaña’ estamos a punto de conmemorar) se dijo, a raíz del golpe, que Tejero había hecho un milagro comparable a la multiplicación de los panes y los peces, que hizo Jesucristo. Porque éste, con tres panes y dos peces dio de comer a cinco mil personas. Y Tejero, con un par de huevos, nos dio la cena a todos los españoles. La comicidad del chiste se basa en diversos efectos: se pretende sobreestimar el presunto milagro de Tejero comparándolo con el milagro de Cristo. Tejero, como taumaturgo, deja atrás a Cristo. Lo de "el par" resalta la valentía y arrojo, la virilidad en una palabra, del osado personaje. Pero el chiste tuvo su contrapartida en otros que ponían en duda esa presunta virilidad. Y así se comentaba también que la mujer de Tejero aseguraba que la noche del 23-F fue la única noche en que ella lo había visto ‘armado’.

En 1964 se conmemoraron los 25 años de paz. Una de las más pretenciosas efemérides de la propaganda del régimen. La economía de España comenzaba a ponerse en pie gracias, sobre todo, a los españoles que por aquellas fechas comenzaron a trabajar en el extranjero. El régimen acometió algunas reformas con los llamados planes de colonización. Esta coyuntura dio ocasión a un chiste en el que se rumoreaba que existían serias desavenencias matrimoniales entre el Caudillo y su esposa, debido a presuntas infidelidades, por lo que ésta había solicitado el divorcio, aprovechando una visita al Santo Padre (Pablo VI, por aquellas fechas) El Papa manifestó su sorpresa, tratándose de un matrimonio tan bien avenido y, sobre todo, tan católico. Cuando preguntó a la señora de Franco cuáles eran los motivos que alegaba, para poder incorporarlos al expediente de separación, la señora dijo:

− Santidad, es que mi marido tiene un Plan en Badajoz, otro en Jaén, otro en Zaragoza. Y hace 25 años que está liao con la Victoria y no la suelta.

A propósito de la reliquia más valiosa que en el orden religioso poseía el Caudillo (el brazo incorrupto de Santa Teresa) se contaba (también en aquel 25 aniversario) que el Jefe del Estado español había propuesto cederla a Su Santidad, a cambio de una parte de la anatomía de la famosa Sofía Loren. La proposición se hizo, y fue rechazada, por medio de sendos telegramas. El de Franco decía:
− Se cambia brazo incorrupto de Santa Teresa por pierna de Sofía Loren.
Y la respuesta del Papa era:
− Soy Montini, no tontini.

domingo, febrero 08, 2009

Contenidos a tener en cuenta para diseñar un proyecto de EpC




La actividad docente terminó para mí, afortunadamente, hace ya varios años; sí que, también afortunadamente, salí de ella ileso: la ejercí con gusto y, no me envanezco por decirlo, con relativo éxito. Digo esto porque una asignatura diseñada por mí para los cursos 3º y 4º de la ESO tuvo una aceptación que rebasó mis expectativas: era una de las más solicitadas entre las opcionales y se titulaba Ecología y Mundo Antiguo. Esta experiencia didáctica fue objeto de una comunicación que presenté en el congreso organizado por la Sociedad de Estudios Latinos bajo el título De Roma al siglo XX. Fue publicada en las Actas de dicho congreso (UNED), en el tomo 2, pp. 985-989 (1996) Las sesiones tuvieron lugar en Jarandilla de la Vera (Cáceres) en enero del año anterior.
Quiero insinuar con esto que tengo cierta experiencia a la hora de diseñar una nueva disciplina, como sería, en este caso, la Educación para la Ciudadanía. No he tenido oportunidad de hojear ninguno de los textos que ya están en el mercado, al objeto de revisar sus contenidos, pero me agrada fantasear cuáles serían los que yo consideraría más idóneos, para hacer aceptable una asignatura que ha sido desde luego puesta en la picota y declarada poco menos que anatema, tan pronto como el gobierno decidió incorporarla al sistema educativo. El gobierno del PSOE, claro, pues otro gallo nos cantara si la asignatura se hubiera promovido por iniciativa de la oposición. Verosímilmente, el estamento eclesiástico no hubiera puesto pegas ni, por supuesto, instigado a los padres de los alumnos a practicar la objeción de conciencia. Da la impresión de que los dignatarios eclesiásticos comulgan más con la oposición que con los incrédulos del gobierno (perdón por la ingenua obviedad)
Parece que la democracia se entiende de distinta manera en uno o en otro partido. Y este distinto concepto de una realidad política unívoca genera cierta perplejidad e inquietud en el ciudadano que no tiene una clara noción de la ciudadanía.
El objetivo primordial de esta disciplina es conseguir que los ciudadanos tomen conciencia de sus derechos y deberes como tales. A la objeción de que la asignatura persigue un cierto adoctrinamiento político hay que replicar que, en efecto, se procura ese adoctrinamiento, pero que, a diferencia de otros adoctrinamientos (por ejemplo, el de la llamada otrora Formación del espíritu nacional) éste tiene unos objetivos legítimos, como son los de instruir a los alumnos en los principios del Estado de derecho, en las pautas de la convivencia democrática. Su código de leyes se llamará la Constitución. La actualmente vigente en España es la de 1978, la de la Transición, etapa que ya se puede considerar concluida, después de 30 años. La inercia que lleva a muchos a desear prolongarla resta calidad y ‘valor’ a esta democracia del postfranquismo, que debe ya de dejar de ser timorata (sin dejar de bajar la guardia) ante la amenaza siempre latente del involucionismo. Lo que no acaba de asimilar la derecha es que su adaptación a la democracia (de la que, a menudo, hacen profesión de fe, utilizando, por ejemplo, el criterio democrático de la libertad de expresión) no tiene sentido sin una condena explícita (no sólo implícita) del franquismo que, entre otras, abolió la libertad de expresión en la llamada censura. La constitución de 1978 estuvo todavía mediatizada por el franquismo residual, latente bajo la forma del miedo en una de las partes, y, en la otra, bajo la forma de una fidelidad a ultranza. Tanto una cosa como la otra actuaron a la manera de sendos condicionamientos, que bien pudieron justificarse en esa coyuntura como aconsejables por una elemental prudencia, pero que dejan a la ley de leyes atenazada por la vieja aprensión del golpismo. Por tanto, la credibilidad democrática del Estado de derecho corresponde ahora reivindicarla a instancias de todos, pero muy especialmente de la facción vencedora en la guerra civil, o sus herederos, la derecha política. Dicha facción impuso silencio, a la hora de confeccionar el texto constitucional, en lo que respecta a la ilegitimidad de la dictadura. Se echa de menos en este texto una condena explícita del franquismo y no hacerlo, por parte de la facción procedente de la vieja cantera, resta credibilidad a la democracia que dicen aceptar como el sistema que mejor representa la mayoría de edad de una sociedad.
Para no desviarnos excesivamente del tema de los contenidos de una EpC, éstos deben, sobre todo, formar a los alumnos en los principios democráticos y su evangelio laico será la Constitución. En tanto que siga vigente la de 1978 será preciso señalar esa deficiencia que ya hemos apuntado reiteradamente y es la paradójica inconsecuencia que supone haber adoptado un sistema político adecuado a una sociedad madura, sin que por otra parte se haya condenado, previamente y explícitamente, el sistema anterior, absolutamente reprobable por su ilegitimidad, por su duración, por el atraso cultural y social que causó a España y por haber tergiversado la verdad de manera tan inicua y tan prolongada: la mentira de sus consignas, lo injusto de sus sentencias por presuntos delitos políticos (como el llamado “auxilio a la rebelión”, dando por sentado que la suya no lo había sido) etc. etc.
La rectificación de la historia según la contó el franquismo debe ser uno de los objetivos de la EpC.
Aparte de este principal objetivo que será aquilatar el concepto de democracia verdadera, habrá que tener en cuenta otros contenidos, en consonancia con los deberes y derechos a los que nos llama la vida actual en las sociedades desarrolladas. Enumero algunos de estos contenidos de manera sucinta:
a) el aspecto sanitario (por ejemplo, el que se refiere a las cacas de los perros)
b) el ecológico (el que hace referencia a los reciclados, recogida de pilas, clasificación de basuras en sus respectivos contenedores, etc.)
c) el estético (las pintadas, la grafomanía, que tanto desdicen de una buena educación ciudadana)
d) el económico (la economía siempre fue parte de la buena educación: ahorro de bienes escasos, como el agua, ahorro de energía, etc.)
e) el ético (la proverbial ‘honradez’ que debe caracterizar al buen ciudadano, rechazo de la corrupción política, respeto a las normas de circulación, etc.)

En fin, a este tenor se pueden ir perfilando los contenidos didácticos de esta disciplina, absurdamente demonizada por unos prejuicios que, en último término, van buscando el descrédito de la democracia misma.

sábado, febrero 07, 2009

DE LO SICALÍPTICO A LO ESCATOLÓGICO



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No es mucha la distancia que hay entre lo uno y lo otro, sobre todo cuando consideramos que el Sumo Hacedor, o la Naturaleza (Deus sive Natura, como decía el filósofo Spinoza) colocó el sexo en proximidad de los conductos excretores: inter faeces et urinam nascimur, notaba San Agustín (‘nacemos entre los desaguaderos de la orina y de las heces’) Tanta es la vecindad, que en Medicina se asocian en una misma
especialidad las disfunciones del aparato génito-urinario.


Lo sicalíptico (según el diccionario de la RAE) es aquello que denota ‘malicia sexual o picardía erótica’. Lo escatológico (acepción 2) es lo que se refiere a las deyecciones: la micción o la defecación. Tanto la una como la otra se consideran acciones verecundas, a las que se suele hacer alusión, a menudo, mediante eufemismos y rodeos o circunloquios: hacer aguas mayores o menores (por defecar u orinar) y otras expresiones por el estilo. Las personas educadas evitan referirse a las llamadas ‘necesidades corporales’ (hacer sus necesidades es, como sabemos, evacuar vientre o vejiga, o ambas cosas) Es tabú, entre personas de buen gusto, hacer chocarrerías sobre el particular; especialmente para evitar herir la sensibilidad de los demás.
Por esas razones yo he sentido reparos de tratar en este blog tan vidrioso asunto. Incluso he llegado a ejercer la autocensura, retirando durante 24 horas mi comunicación anterior, titulada “Adivinanzas y trabalenguas”: eran desenfadadamente chocarreras y hasta chocantes, sicalípticas y probablemente desagradables para muchas personas:
− ¿Cómo se atreve este respetable señor a escribir con tamaña desenvoltura?
Pero ocurre que soy un humanista y, en consecuencia, llevo a la práctica el principio que dice “Nada humano lo considero ajeno a mí”.
Tendré que vencer lo que llaman “respetos humanos”. Hacer de tripas corazón y…atreverme. Los antiguos filósofos cínicos (que, pese a su fama de desvergonzados, siempre me han causado respeto y admiración) hablaban de una peculiar manera de ejercer la libertad de expresión que llamaban parresía. Se ganaron así una desmedida reputación de deslenguados. Pero eran hombres honestos, a despecho de su ostensible impudor.
Prometí en mi artículo autocensurado que me iba a ocupar del tema escatológico. Pero el caso es que ya me había ocupado, hace años, de ese tema (véase mi artículo titulado “Refranero escatológico de la Baja Extremadura”, Alminar, Revista de la Diputación de Badajoz, nº 6, pp. 22-23, junio de 1979) Con esta referencia pretendo ahorrar a los lectores un paseo, quizás desagradable, por los estercoleros de la paremiología popular. Sólo diré, para hacerles saber de qué va la cosa, que el refranero escatológico recoge dichos populares en los que se dinamita la hipocresía latente en una sociedad cada vez más lejos de la Naturaleza. Y el revienta-tópicos utilizado (digamos, el explosivo) es el del consabido cóctel verbal caca-culo-pedo-pis.
Ahí van unos cuantos ejemplos de ese género, que en el artículo mencionado se me quedaron en el tintero, o en la estilográfica, pues ya no había tinteros por esa fecha:

- Peer más alto que el culo (Malpartida de Plasencia) : Se dice de la persona que pretende aparentar más de lo que le permiten sus posibilidades.
- Habla limpio o sucio: si te tapan la boca habla por el culo (Retamal de Llerena) Cuando coartan tu libertad de expresión, dedícales el desprecio más sonoro * *
- Después del peo dao apretá el culo es excusao. (Aceuchal) Cuando ya se ha metido la pata, o cometido una indiscreción, es inútil tratar de arreglarlo.

Hay, en fin muchas otras expresiones por el estilo: peer en botijo, estar más atrás que el culo, mear fuera del tiesto, etc. etc.

Y basta por hoy de esta filosofía popular, verdadera perla de estercolero, digna de figurar en un museo etnográfico, como una herramienta lingüística ya cada vez más en desuso.

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* El Manneken Pis, en Bruselas

** Lucano se burló de Nerón, recitando un verso del poetastro tirano, al tiempo que soltaba un sonoro pedo en las letrinas públicas: Sub terris tonuisse putes (‘Parece que ha tronado bajo el suelo’)

viernes, febrero 06, 2009

ADIVINANZAS Y TRABALENGUAS

* Cerámica griega que representa a Edipo dialogando con la Esfinge




Las oí en mi pueblo, hace ya muchos años. Eran más o menos picantes, como casi todas las adivinanzas, chascarrillos y coplas festivas populares, aderezadas con el típico y saludable ajo piporro. Adivinanzas como la de “rajao, rajao, y con pelos a los laos”; que, como todos podemos imaginar, se refiere al ojo rodeado por las pestañas.
Los trabalenguas estaban pensados a propósito, para hacer pronunciar a los incautos palabras malsonantes, indecentes o sicalípticas (si queremos ponernos finos)

He aquí algunos ejemplos, seguidos de un breve comentario aclaratorio:
. Los cojines del obispo, los cajones del altar: ¡qué cojines, qué cajones, qué cajonazos serán! (¡Cuídate de tocárselos a nadie! De seguro que se enfadará)
. La madre y la hija van a misa: la madre pisa paja y la hija paja pisa. (Cuidado, hija, con lo que pisas)
. En un cuarto me metí con tres cuartas de jollín. El jollín jedía y yo juía. El jollín jediendo y yo juyendo. (El hollín molestaba, a veces, más de la cuenta)
. Por la chimenea va un mico y los dientes me enseñó. Los dientes del mico, mico, del mico los dientes ño. (Cuida, niña, de no enseñar los dientes de tu mico)

Otro día hablaremos de los refranes escatológicos y de su razón de ser.




viernes, enero 30, 2009

¡PEPIÑO, QUE LO ESTROPEAS!

No es que uno sea gazmoño en asuntos de sexualidad, ni que uno no encuentre razonable e incluso recomendable el uso del profiláctico en las relaciones sexuales, si la ocasión lo requiere, a fin de evitar riesgos y evitárselos a tu pareja. Pero no conviene en ningún momento ‘confundir el culo con las Témporas’, que es lo que ha venido a hacer el vicesecretario general del PSOE, José Blanco, en sus recientes declaraciones a la televisión, alabando el fallo del Tribunal Supremo que ha juzgado improcedente la objeción de conciencia, aplicada al rechazo de la disciplina Educación para la Ciudadanía. Y, en consecuencia, declarando legítima la obligatoriedad de su enseñanza.
Blanco se felicitó por este resultado, que por fin viene a dar la razón a quienes creemos que el objetivo primordial de esa asignatura es fomentar en el educando el conocimiento de los valores y los principios democráticos. Hasta aquí todo bien. Entre los valores democráticos sobresale el de la libertad, valor sañudamente perseguido por los regímenes totalitarios y teocráticos. Donde Blanco ‘capotó’ fue cuando apeló al ejemplo del preservativo, como si perteneciese a los contenidos de la hasta ahora denigrada disciplina el caso particular de instruir a los alumnos (y a las alumnas) sobre cómo se usa un condón. ¡Ay, Pepiño, no me seas cazurro! Resulta que tú mismo, que por tu adscripción política deberías conocer a fondo los contenidos de la asignatura, pareces dar a entender que la profilaxis sexual forma parte de dichos contenidos. No hay que confundir la velocidad con el tocino ni, como he dicho hace un momento, “el culo con las témporas” (este es un típico latiguillo escatológico de los que tendré que volver a ocuparme otro día) No, Pepiño. La profilaxis sexual corresponde a la Higiene, disciplina que antiguamente era un subcapítulo de la Urbanidad. El homo urbanus era el habitante de la ciudad antigua. Mientras el homo rusticus era el que pasaba la mayor parte de su vida en el campo. Se suponía que, por disponer de medios más sofisticados, el homo urbanus era más educado que el rústico, más refinado, lo que no siempre tenía que ser verdad. Podríamos seguir divagando sobre lo ‘urbano’ (de ‘urbe’, ciudad) y lo ‘político’ (del griego ‘polis’, ciudad) como componentes típicos, aunque no esenciales del ser humano. Lo ‘político’ se referiría más bien a la aptitud del ser humano para vivir en sociedad, a su sociabilidad. Aquí encaja mejor la necesidad de una ‘educación para la ciudadanía’. Lo que no me he explicado nunca es la ‘enemiga’ de la jerarquía eclesiástica, su obcecado rechazo por una asignatura que lleva un nombre tan inocuo y tan inofensivo como el de Educación para la Ciudadanía. 'Enemiga' (es decir, inquina y rechazo) que han conseguido transmitir a sus parroquianos, feligreses, prosélitos, etc. Hasta el punto de hacerles ver que se trata de una disciplina nefasta para la cabal formación de los alumnos, algo así como la corrupción institucionalizada. No, señores eclesiásticos: no es lo que ustedes creen.
La educación para la ciudadanía es un corolario del Estado Constitucional, es decir, del Estado de Derecho y, como tal, un postulado de la democracia. Al oponerse (inconcebiblemente) a ella, ustedes se acreditan de ‘inciviles’, es decir, de ineptos para la democracia.
Con el fallo del Supremo esperamos que ustedes ‘entren en razón’ y se reconcilien con la democracia. Pueden, a no dudarlo, ganar adeptos y, sobre todo, conservar a los que ya tienen.

lunes, enero 26, 2009

LAS COPLAS DE MAMÁ


Mamá Virginia vive en mí y de vez en cuando (casi a diario) me apetece traerla a mi memoria en una de sus aficiones preferidas como era la de cantar las canciones de su mocedad. Virginia tenía buen oído y nunca desafinaba. Yo que, cuando niño, tuve muchas oportunidades de oírla cantar mientras cosía (lo suyo era coser –por necesidad- y cantar –por gusto o afición-) Lo uno hacía llevadero lo otro. O, tal vez, ambas cosas las hiciera por amor y por pura afición, tanto coser como cantar. El poeta JRJ hablaba del trabajo gustoso: el que se hace por amor, por pura vocación. Sin que faltara la componente de la necesidad, pienso que mi madre trabajó siempre por amor.

Las coplas que solía cantar eran las que oyó cantar en su juventud, entre los años 20 y los 30 del siglo pasado. Muchas de esas canciones relataban lances amorosos, casi siempre de amores frustrados o infortunados. Historias de muchachas inocentes a las que la vida había vapuleado, teniendo que terminar, muchas de ellas, en casas de prostitución, o en cabarés, para poder sobrevivir. A este esquema respondían las letras de varias canciones que trataré de recordar ahora, letras que, espontáneamente las más veces, acuden a mi memoria.

Una de esas ‘cabareteras’ involuntarias (ella hubiera querido ser una mujer decente, pero la vida la obligó a ser la crápula que no quiso ser) contaba así su historia (música, por favor):

Flor de noche y de pecado me crié / en el jardín de la quimera,/ y más tarde en sus espinas yo dejé / el corazón, la vida entera; / soy la rosa que fragante un día fue,/ la del perfume embriagador,/ hoy convertida en una flor de cabaret / para olvidar mi triste amor. / Mis encantos ya marchitos aún encienden el deseo / y los hombres por mí sienten arrebatos de pasión, / pero yo en ellos no creo / y perdida mi ilusión / qué me importa que me digan / que no tengo corazón /.Mas la vida es tan extraña que me tiene convertida/ en esclava de un ambiente de placer y perversión,/ y mis labios de perdida / fingen besos de pasión / y mi boca siempre ríe / mientras llora el corazón. Por el hombre que yo amaba me perdí, /que así burló mi alma inocente; /y hoy de aquella niña ingenua que yo fui / queda una sombra solamente./ El recuerdo de quien nunca supo amar / llena mi alma de dolor Y hoy no me queda más consuelo que llorar / el drama intenso de mi amor.

Había otra copla en la que la mujer desengañada se identificaba con la cabaretera de oficio:


(Estribillo)
Triste flor del cabaret, que finges un placer, nunca podrás ser amada: yo también soñé un querer y loca fui tras él hasta lograr ser amada; pero me vi abandonada, fue inhumano su querer.
En el dancing un joven penetró y a tanguear amable me invitó; y entre otras muchas yo era una flor marchita, cuando mi pobre almita se estremeció de amor. Y hoy calmo mi recuerdo con champán y río, aunque muero de pesar. (Estribillo)
Un día noté que, al irlo a acariciar, me rechazó con mucha frialdad
/ …. (aquí pierdo el hilo de la historia. Pediré ayuda a mi hermana Eloísa que, a menudo, recuerda con más detalles que yo estas coplas que antaño oíamos a mamá)


martes, enero 06, 2009

FRAGA, P(adre) P(utativo) de la Primera Constitución Posfranquista

Casi todo el mundo sabe que el castizo nombre español de Pepe, nombre familiar de los que se llaman José, proviene del hecho de que las antiguas imágenes de este santo llevaban inscritas en la peana, junto al nombre de San José, las siglas P. P., abreviatura de la expresión “Padre putativo”, es decir, presunto. Porque San José era el ‘supuesto’ padre de Jesucristo. San José, tapadera de la honradez de María. Sólo unos cuantos privilegiados estábamos en el secreto de que el verdadero padre de Jesús era el Espíritu Santo. El bendito San José servía para guardar las apariencias.

De manera parecida la Constitución española de 1978 tuvo también sus padres putativos, sus ‘pepes’ de distinta procedencia política. Fraga fue uno de ellos. En el alumbramiento de la Constitución, Fraga y sus afines velaban por la buena reputación del franquismo y negociaban tácitamente su amnistía por la imposición de un obligado silencio sobre el mismo. Fraga es uno de los padres putativos de esta ley del silencio sobre el franquismo que es la constitución de 1978.

Ahora bien, una constitución cien por cien democrática está pidiendo a gritos la condena explícita del sistema que la hizo callar durante 40 años. Más la ‘contenta’ de 30 años de Transición modélica, periodo de silencio adicional voluntario, añadido al anterior y tan del gusto de los partidarios del régimen que, de buena gana se hubiera deseado que la dicha Transición fuese lo permanente en democracia, no lo transitorio, como la misma situación lo demandaba. Así que cuando, por fin, se puso en marcha el proceso conocido como Recuperación de la Memoria Histórica, los partidarios de aquel régimen no han dejado de manifestar su contrariedad. En vez de reconocer y valorar la enorme paciencia demostrada por el pueblo español de la Transición, se le pide que aplace sine die sus reivindicaciones, planteadas en la llamada Memoria histórica.

La libertad conquistada, palmo a palmo, debe ejercitarse, en primer lugar, condenando la falta de libertad a la que nos condenó el régimen anterior. Y poniendo de relieve, sobre todo, su ilegalidad y todas las trapacerías con que pretendió legitimarse: defensa de los valores religiosos, unidad de la patria, etc. etc. ¿Qué mayor enemigo de la patria hay que el que se alza en armas contra ella?

Es hora de reconocer que la constitución de la Transición es una constitución de paso. Eso quiere decir Transición: algo que es de paso y que tiene pase por el mero hecho de ser provisional, no definitivo.

Lo que ocurre es que hay quien tiene miedo de superar esa ‘transición’ porque ella nos ha proporcionado una aceptable etapa de convivencia. Es como el que se resiste a comprarse un coche nuevo porque el viejo todavía da el avío. Esto es lo que le pasa al actual gobierno de Zapatero.

El colmo de la paradoja sería que tuviéramos que esperar del PP la deseada reforma de la Constitución que incorporase la cláusula de la condena explícita del franquismo. Sería una forma de ‘rizar el rizo’. El PP defendiendo la democracia hasta el punto de abjurar explícitamente del franquismo. Pero no sería absurdo esperarlo de un partido que se dice democrático. No perdamos, por tanto, las esperanzas de que esto algún día pueda suceder. Desde luego, de Mayor Oreja no lo esperamos. Ya nos defraudó una vez en el Parlamento europeo.

sábado, enero 03, 2009

EL ALARIDO

Edvard Munch, El grito, National Gallery, Oslo

Hoy tiene lugar en Zafra el sepelio de Gregorio Ramírez y de uno de sus hijos, fallecidos ayer en un accidente de automóvil, en el que también resultó herido grave otro hijo mayor, y con heridas calificadas de leves la propia esposa del conductor. Si se pueden llamar ‘leves’ las heridas psicológicas subsiguientes al brutal shock traumático que le habrá producido a la infortunada mujer el hecho de perder en ese accidente a su marido, a un hijo, y encontrarse el otro en inminente peligro de muerte.

Gregorio Ramírez había sido concejal socialista y actualmente presidía la Hermandad de La Esperancita de Zafra. Fue alumno mío en la etapa de la EGB, entre las primeras hornadas de alumnos que yo tuve al llegar a Zafra, hacia finales de los años 60.

Ayer cuando supe la estremecedora noticia sentí una especie de escalofrío. ¡Qué fragilidad, Dios santo, la de la vida humana! En el transcurso de unas horas, unas vidas rotas y un hogar deshecho. Pienso en la situación de esa mujer que ha sobrevivido a la catástrofe y siento una enorme conmiseración por ella. Y me he acordado del famoso cuadro de Munch, expresivo de la desolación más abrumadora, y cuyo título es “El grito”.

Ese grito tiene estremecedoras resonancias en el terreno del arte y de la literatura, pero sólo en situaciones como la presente lo oímos en el fondo de nuestra sensibilidad y su interpretación más sobrecogedora tiene tonos femeninos: El ‘¡ay!’ más desgarrador que yo he escuchado provenía de una garganta femenina. Era un verdadero alarido, como el que sólo la sensibilidad de un poeta sabría calibrar en toda la hondura de su dolor. Recuerdo, a este propósito, el ‘femineo ululatu’ (el alarido femenil) que, según Virgilio, por la muerte de Dido brotaba de las gargantas de la hermana y la servidumbre familiar de la finada.

Sí, ese grito desgarrador es, propiamente, el alarido. Los pintores y los poetas, es decir, los artistas, han sabido encontrar en él la instantánea más genuina del dolor en estado puro.

miércoles, diciembre 10, 2008

Garzón ante el Juez Supremo

Circula por ahí un chiste reciente sobre el juez Garzón que dice, más o menos, lo siguiente: Está el juez embebido en su trabajo, solo en su despacho, y de pronto escucha un siseo como de alguien que llamara su atención:

−Ssst

Levanta la cabeza y mira a su alrededor. No ve a nadie, por lo que intenta concentrarse en lo que está haciendo. Pero vuelve a sentir el siseo de hace unos instantes. Entonces se da cuenta de que la llamada de atención proviene del crucifijo. Es Cristo el que le dirige la palabra para preguntarle:

−Y… lo de Poncio Pilatos, ¿para cuándo?

Hasta aquí el chiste. Cabría, sin embargo, imaginar algunas posibles respuestas de Garzón, además de la carcajada de honor, para celebrar la gracia. Una de estas posibles réplicas sería, por ejemplo, para seguir la broma

− Es que tengo entre manos un proceso contra una serpiente, incoado a instancias de un matrimonio al que han expulsado de una finca llamada El Paraíso.

Claro que el chiste primero admite varias continuaciones. Cristo habló desde la cruz a varias personas: a su madre, al discípulo amado, al buen ladrón…A éste le dijo lo de “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”. Garzón podría haber aprovechado la oportunidad para preguntarle a Cristo:

− Señor, ¿a Franco también lo tienes donde el Buen Ladrón? Además, siendo Tú el Juez Supremo que, como se nos dice en el Credo, “desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos”, ¿no vas a encargarte del caso de Pilatos y el de Franco? Es en tu justicia en la que confiamos, Señor. Porque el invicto Caudillo, en un acceso de soberbia y de arrogancia, dijo que él no iba a responder ante ningún tribunal. Que respondería sólo ante Dios y ante la Historia. Y en el tribunal de la Historia hay, como Tú sabes, jueces parciales y jueces imparciales. Depende de que en esa tribuna haya un Pío Moa (pongo por caso) o una persona decente.

Y termino ya. Recuerda, Señor, que si puedes dialogar conmigo en mi despacho es porque yo no he retirado el crucifijo: es un sitio privado y en él yo ejerzo mi libertad de credo. La Audiencia Nacional, como sabrás, me ha declarado incompetente en el asunto del genocida de El Ferrol. Aquí sólo nos queda aguardar al Juicio Final que, como sabes, sigue aplazado sine die.

La justicia de Dios es nuestra única esperanza. Bueno, la de los creyentes.

domingo, diciembre 07, 2008

Un traje nuevo para una democracia adulta

El sastre, por G. Battista Moroni (1529-1578) National Gallery of London
Una reciente encuesta sobre si se debe, o no, reformar la constitución española de 1978 arroja como resultado que el 80% de los españoles pensamos que sí, que debe reformarse. Si la Transición fue el proceso de crecimiento hacia la democracia de un pueblo infantilizado por sus ‘presuntos’ tutores; y la constitución de 1978 fue el primer traje político que los españoles estrenamos tras la muerte del dictador, es de suponer que, después de treinta años, ese traje ya no le siente a la medida del cuerpo a una democracia adulta. Aquella constitución, todavía vigente, bien estuvo para la época, pero los sastres que la confeccionaron tuvieron que atenerse todavía, en gran medida, a los patrones del franquismo. No adaptarse a aquellos patrones de moda hubiera supuesto el tener que seguir mostrando nuestras vergüenzas civiles ante el resto de la sociedad europea. Y aunque el traje, en ciertos aspectos, resultara ridículamente ‘estrecho’, era conveniente no escandalizar demasiado a los ‘mayores en edad, saber y gobierno’, sobre todo en esto último.
Así que nuestra democracia tuvo que vestir todavía con arreglo a ciertas pautas impuestas por el franquismo ‘residual’, ya que, en cierta medida, lo conseguido en el proceso hacia la democracia se debía a determinadas concesiones del mismo.
Fraga, por ejemplo, y alguno que otro más de los llamados ‘padres de la Constitución’, antiguos colaboradores del dictador, no hubieran consentido la más mínima insinuación de condena explícita del régimen. Demasiado se hacía ya con abrir la mano a cierta clase de libertades, como la que supuso el famoso ‘destape’.
La Constitución de la democracia española en su primera andadura está, pues, todavía, condicionada por la dictadura, como si al franquismo y a los franquistas debiéramos el resto de los españoles el favor de que se nos permitiese acceder al sistema democrático y gracias a ellos disfrutáramos de unos derechos que también ellos habían de disfrutar, tras haber detentado el poder durante tantos años.
Condenar la dictadura no era de recibo en la Carta Magna de la Constitución. ¡Hasta ahí podíamos llegar!
Era como si se nos advirtiese: ustedes podrán disfrutar de libertades, menos la de censurar a quienes ejercieron la censura en la época anterior y privaron al pueblo español de libertades durante cuarenta años.
En fin, la idea principal que quisiera aportar en estas líneas es que, en efecto, estoy de acuerdo con lo que de positivo aportó la actual constitución a la consolidación de la democracia en España. Admito que supuso un estimable esfuerzo de voluntad por sacar adelante aquel proyecto de vida cívica, ya desde una perspectiva francamente democrática, dicho sea sin segundas intenciones.
Creo que debiera introducirse en la puesta al día del documento una condena explícita del franquismo. Se puede y se debe hacer porque de ello se seguirían más ventajas que inconvenientes. He aquí enumeradas algunas de las primeras:
a) Se introduciría, con carácter oficial, el consenso acerca de un asunto generador de perpetuas desavenencias entre los españoles.
b) Se evitaría el poner en trance de contradicción consigo misma a la derecha, cosa que ya ocurrió cuando en el Parlamento Europeo (año 2006) el representante de la oposición, Sr. Mayor Oreja, se negó a condenar el franquismo, alegando en abono de ese sistema el mérito de que fue dique de contención para la expansión del comunismo en Europa. Tal actitud invalidó la unanimidad de la condena del franquismo, conseguida en el Parlamento Español el 20 de noviembre de 2002.
c) Se disiparía el recelo y la desconfianza que genera un sistema democrático que pueda tener cualquier asomo de connivencia con el golpismo. ¿Con qué confianza otorgaría el pueblo el poder a quienes podrían emplearlo contra él? Sólo la constitución que incluya una cláusula donde se condene sin paliativos el franquismo puede generar confianza en el sistema democrático que la propugna.
Con respecto a la monarquía constitucional como forma de gobierno somos partidarios de mantenerla, en virtud de los méritos democráticos contraídos por el actual rey de España, Juan Carlos I. El Rey puede ser (lo fue en memorable ocasión) tutor y garante del sistema democrático y eso le confiere, a nuestro juicio, el mérito de la corona vitalicia. Ya Cicerón contemplaba la forma de gobierno que él llamaba ‘regali re publica’ (una ‘república regia’) El rey de España se ganó a pulso, en aquella ocasión, el título de ‘Pater Patriae’, padre de la patria.
Esto es todo, por hoy. *
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* Por supuesto, discrepo del actual Presidente del Gobierno, Sr. Zapatero en lo que ha dicho recientemente: “la reforma de la Constitución puede esperar”. Tal espera prolonga, innecesariamente y erróneamente
, la Transición.


sábado, noviembre 29, 2008

La Ley de Amnistía no es lo que yo creía

Leo en EL PAÍS de hoy (sábado 29 de noviembre de 2008) un artículo de Vicenç Navarro, catedrático de la Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona, refutando otro anterior de Javier Pradera, en el que éste pone en tela de juicio la competencia del juez Garzón para enjuiciar los crímenes del franquismo y critica el argumento de la imprescriptibilidad de los ‘crímenes contra la humanidad’ alegado por Garzón. Pradera aduce como argumento determinante de la improcedencia de dicho enjuiciamiento la llamada Ley de Amnistía, de 1977. Y aquí el dato revelador, que yo ignoraba, y es que dicha ley fue promovida en el Parlamento a instancias de la parte que perdió la guerra civil, es decir, a instancias de la izquierda, y que su principal objetivo era el de lograr la excarcelación de los presos políticos de ese partido que, aún por esas fechas, continuaban en las cárceles. De manera que la procurada amnistía lo era para las desventuradas víctimas del franquismo, no para el franquismo, todavía operante políticamente. Esto explica que la derecha se abstuviese de votar la susodicha ley: procedió como si con ella no fuera la cosa. ¡Y yo que había creído, ingenuamente, que ante el avance irrefrenable de la democracia, el franquismo comenzaba a ‘curarse en salud’ y se adelantaba, previsoramente, a proponer una Ley de Amnistía que lo eximiera de posibles responsabilidades frente a eventuales reivindicaciones democráticas! Nada de eso. Así que los presos políticos nada le tienen que agradecer a quienes se abstuvieron de votar esa ley que les redimiera de penas a cuenta de delitos, no ya prescritos, sino inexistentes. En cambio, en la actualidad, se ha invocado esa ley para en ella apoyar el principal argumento ‘democrático’ que garantiza la impunidad de los parricidas y genocidas que promovieron la guerra civil. Una ley que se votó con la abstención (es decir, sin la anuencia explícita) de la derecha, se invoca ahora para apoyar una causa que favorece a la derecha.¡Cosas veredes, amigo Sancho! La democracia abogando por la impunidad de la antidemocracia. ¿Qué necesidad hay de condenar el franquismo si después, invocando leyes democráticas va a salir absuelto?

viernes, noviembre 28, 2008

El franquismo a juicio

* Por la gracia de...


Sé que algunos podrán reprocharme de padecer una cierta fijación en el tema del franquismo, y en el empeño, casi obsesivo, por su condena; pero ante la renuencia de la oposición a condenarlo y la actual tibieza que manifiesta el presidente Zapatero, exhortando a olvidar los crímenes del régimen, me parece oportuno recordar que la sociedad española, en sus componentes de mayor edad, necesita una ‘catarsis’ que aún no se ha realizado, o se ha realizado a medias, de manera incompleta. La denominada transición (que no hubiera sido tan prolongada de haberse puesto en claro las cosas desde el principio) optó por silenciar la condena del régimen y, en su afán de buscar componendas aceptables por los herederos del poder usurpado, pactaron la Ley de Amnistía por la que estos herederos se aseguraron la impunidad. Se eliminaron responsabilidades políticas y nadie tuvo que temer que les pidieran cuentas por la vía judicial. Prescribieron los crímenes (al parecer, incluso los imprescriptibles) sumados los tiempos del franquismo y los de la transición (en los que el franquismo ha estado latente) y los responsables no fueron convocados a juicio. La fechoría global de la rebelión militar (una acción punible, sin duda) quedó inulta (como El crimen de Rosarito Jesús, en la novela de Moreno Guerrero)
La transición, en aras del consenso y la concordia a todo trance, debió haber concluido con una condena explícita, institucional y solemne del franquismo. Se dice ahora que sí, que la hubo, en el 27 aniversario de la muerte del dictador (20 de noviembre de 2002)
Fue una condena forzada, a regañadientes. Y lo peor es que no fue firme, al no ser ratificada en el Parlamento Europeo por el entonces representante del PP en ese foro, el Sr. Mayor Oreja. Esa renuencia invalidaba la anterior condena, la desmentía, en una descarada palinodia. ¿En qué quedamos?

En un sistema que se considera democrático, la condena explícita de la dictadura no es una cosa baladí, algo que pueda pasarse por alto; sino al contrario, algo que hay que dejar inequívocamente reflejado en la ley de leyes que es la Constitución. Esta deficiencia ‘constitutiva’ en la constitución de 1978 (en la que intervinieron elementos procedentes del franquismo, como el ex-ministro Fraga Iribarne) es una de las carencias a subsanar en futuras redacciones del texto. Hubo que hacer esta concesión a los voceros del régimen anterior, que, sin vacilación, se hubieran opuesto a que se incluyese en el texto constitucional una cláusula tan osada como para condenar el régimen del que acabábamos de emerger. Esto, para algunos de los redactores del documento, hubiera equivalido a condenarse a sí mismos. Hubiera sido mucho pedir, para quienes se habían avenido a “marchar juntos por la senda constitucional”. La Ley de Amnistía fue otra de estas concesiones ‘a la trágala’ con las que hubo que transigir (¡la transigencia de la transición!). Luego parece que ha resultado que hay cosas que no se pueden pactar en la más estricta legalidad, así los llamados Crímenes contra la Humanidad, que resultan imprescriptibles.

En todo caso, los principales responsables de aquellos crímenes contra la Humanidad han muerto y, por tanto, ha prescrito la punición que la justicia pudiera haber ejercido contra ellos. ¿Qué inconvenientes hay en exigir, al menos, la condena moral de aquellos crímenes? Y, por lo que respecta a la Iglesia, ¿no sería ‘en verdad justo, equitativo y saludable’, en palabras del Prefacio, que ésta pidiera perdón por lo de la ‘Cruzada’ y las ‘cruces de los caídos’ del bando vencedor, y las misas conmemorativas, y la connivencia ante los asesinatos cohonestados por consignas tan hueras como falaces ("Por Dios y por la Patria") y el agravio comparativo de recibir a Franco bajo palio como al Santísimo Sacramento?

Hay que desenmascarar todo aquello que se nos vendió como verdad y que no lo fue.
Pues mentira fue que los militares golpistas tuvieran como objetivo primordial la salvación de España y el restablecimiento del orden. ¿Quién, para restituir el orden, introduce un desorden mayor? (“Quis ut seditiones leniret turbavit rem publicam?”, Sen. Maior, Cont. 2.6.4.23)

Los sublevados tomaron, desde luego, partido por la causa que había perdido las elecciones. So capa de preservar el orden se introdujo el desorden constitucional y se procedió, desde luego, no contra unos cuantos desmandados que aplicaban la violencia (también la aplicaban los desmandados de la causa falangista, por ejemplo) sino contra el pueblo, en general. Se demonizó la causa de la República, tratando de identificarla con algunos grupos exaltados que incendiaron templos y así se pudo cohonestar la sublevación como una ‘Cruzada’ en defensa de la religión católica (Carta del Cardenal Gomá del 1 de julio de 1937). “Por Dios y por España”, fue la consigna con la que se pretendió justificar el Alzamiento y, con él, las matanzas de millares de inocentes.

Todo esto hay que denunciarlo para sacar a relucir la verdad contra la hipocresía y la falacia intrínseca del franquismo y sus aliados de dentro y fuera de España.

miércoles, noviembre 19, 2008

Tras esto, la canonización

Franco, como el Cid, gana batallas después de muerto. Y el juez campeador, Garzón, que se cubrió de gloria en América y estuvo a punto de renovar la vieja épica de La Araucana, deteniendo a Pinochet en la tierra de Juan Sin Tierra (la más adelantada en tener una Constitución, todo lo rudimentaria que se quiera, pero una Constitución, al fin y al cabo) nuestro adalid de la judicatura, en quien tantas esperanzas habíamos puesto los amigos de la democracia, se bate en retirada.
Franco, a pesar de haberlo apeado de algunos de sus pedestales con cabalgadura y todo, cabalga de nuevo.
Y en el trigésimo tercer aniversario de su muerte, vuelve a cantar victoria. Invicto caudillo, dictador ejemplar, único capaz de poner a la dictadura en parangón con la democracia, inventor inefable de la que él llamó la ‘democracia orgánica’ (que, según se dijo por entonces, fue la democracia que el Caudillo se había sacado de los órganos) y, en definitiva, restaurador de la monarquía en España, aunque su pupilo le saliera rana en eso de querer implantar una monarquía constitucional, es decir, democrática. Si seremos insensatos que hemos pretendido juzgar, retroactivamente, a quien sólo estaba dispuesto a responder ante Dios y ante la Historia. Pues bien, Dios no sabemos qué habrá dicho. El veredicto de la Historia, sí. La Memoria (Mnemosine) y Clío (la Historia) son madre e hija, y tanto una como otra no guardan un buen recuerdo del que fuera “Caudillo de España por la gracia de Dios”.
Franco tuvo el refrendo de la jerarquía católica, que aprobó y elevó el ‘Alzamiento’ a la categoría de ‘Cruzada’. Persuadido de la ‘justicia’ de su causa, se arrogó el ‘ius vitae necisque’ (derecho de vida y de muerte) , la licencia para matar. Y quienes le apoyaron (los jerarcas eclesiásticos, sobre todo) lo consideraron investido de esa prerrogativa, sólo a Dios reservada (a Dios o la Naturaleza, que diría Spinoza). Los jerarcas consideraron desde luego la guerra ‘justa’ y, en consecuencia, no pusieron reparos (en general) a lo que tal apreciación conllevaba. En ningún momento pensaron que el Caudillo conculcara leyes divinas o humanas. Y prueba de ello es que sacralizaron su figura, recibiéndole ceremoniosamente en los templos bajo palio.
Y puesto que el Caudillo fue reputado como el ‘salvador de la patria y de la religión’ (católica, por supuesto), héroe máximo de la Cruzada, ¿por qué no premiarlo con la canonización? Tal sería, en buena lógica, la apoteosis esperada por parte de la Iglesia agradecida.