domingo, febrero 12, 2012

ARGUMENTOS POR UN TUBO (CATÓDICO)

En los medios de comunicación se prodigan cada día más los debates apasionados, acalorados, enardecidos. Inútiles, por lo demás, porque los oponentes ya están firmemente determinados a mantenerse en sus trece, a empecinarse en su particular ‘verdad’, o en llevarse el gato al agua. La estrategia puesta en práctica para este fin se aplica con eficacia infalible por el programa televisivo de ese título. Consiste en plantear preguntas cuyo resultado estadístico ya es previsible en el sentido que se propone la encuesta. La razón es muy sencilla: los votantes que participan en esas encuestas ya están adscritos a una determinada ideología, predispuestos a sentenciar en un determinado sentido de grupo. Da la impresión (naturalmente, falsa) de que los resultados de ese tipo de encuestas son extrapolables a la totalidad de la población no participante en tales consultas. La manipulación es evidente.

Se falsea la verdad y se blanquea la mentira, como el dinero negro. Y ya casi no sabe uno a qué atenerse. Se falsea la misma democracia de manera que cabe desconfiar de su bondad como sistema de gobierno. La definición de Churchill (con su toque de ironía británica) era “la democracia es el peor sistema de gobierno, excluidos todos los demás” (lo que equivalía a decir: el menos malo) Otra definición más a tono con las circunstancias actuales podía ser ésta: la democracia consiste en hacerle creer al pueblo que es él el que manda. Otra cosa es la realidad, como hemos visto estos días en el caso de la reciente inhabilitación del juez Garzón. Se le ha acusado nada menos que de aplicar métodos totalitarios, impropios de un estado democrático, y más bien propios del franquismo que, por cierto, se niegan a condenar quienes apelan ahora a este peregrino argumento. Doña Esperanza Aguirre, en apoyo de la sentencia del TS, afirmó con rotundidad el viejo principio de que “el fin no justifica los medios”. Principio que, sin embargo, se aplica o no, según convenga. Pongámonos ahora en el caso de la rebelión militar del franquismo y supongamos que los fines de esa rebelión eran buenos: acabar con los desórdenes achacables a la falta de autoridad del gobierno de la República. ¿Justificó ese presunto buen fin la eliminación sistemática del rival político con el consiguiente coste de vidas humanas que el llamado Alzamiento ocasionó? Desde luego, doña Espe, el fin no justifica los medios, pero ustedes no han condenado los crímenes del franquismo contra la población indefensa. Para ‘enjuagar’ los tales crímenes recurren siempre a Paracuellos y al genocida Carrillo, cuando lo de Paracuellos fue ‘posterior’ y, desde luego, una consecuencia de la espiral de violencia desencadenada por las previas matanzas del franquismo, como la de la plaza de toros de Badajoz y todas las penalidades y desgracias que la represión ocasionó en esta y otras provincias, como el éxodo de la llamada ‘columna de los 8.000’. Paracuellos fue la consecuencia de la siempre censurable Ley del Talión. Recuerde usted lo que dijo Yagüe para justificar las matanzas en la retaguardia: “No iba a dejar tras de mí a gente que podía reincorporarse al frente enemigo” (más o menos) Es la misma implacable lógica de guerra la que prevalecería en el caso de Paracuellos. Pero es el caso que el genocidio franquista continuó tras la victoria. Y se continuó la purga política con la llamada Causa General y se disfrazó de legalidad toda la posterior represión. Se le dio la vuelta a las cosas hasta el punto de llamar ‘rebeldes’ a las víctimas de la rebelión militar. Y se tuvo la desfachatez de tipificar como “delito de rebelión” a los que defendieron la república, o ayudaron por razones humanitarias a los perseguidos por los verdaderos rebeldes. Una historia, sin duda, contada por el criterio del vencedor.
Y el Diccionario biográfico de la RAH sin rectificar. O sea, el tópico del mundo al revés.

viernes, febrero 03, 2012

NADIE ES PERFECTO

El axioma que da título a estas líneas sirve para bajarle los humos a cualquiera que se sienta "pagado de sí mismo" por encima de lo necesario. Pero esa frase constituye, también, uno de los mejores gags cómicos de una película inolvidablemente divertida como fue la titulada Con faldas y a lo loco, protagonizada por Marilyn Monroe, Tony Curtis y Jack Lemon. Éstos últimos tienen que disfrazarse de mujeres para completar el elenco de una compañía de músicos. Resulta que uno de estos travestidos ocasionales (Jack Lemon) no puede evitar que se encapriche con él cierto señor entrado en años, dispuesto a llevar al altar a la presunta fémina. Ésta trata de disuadirlo presentándole una serie de inconvenientes con los cuales intenta convencerlo de que no podría hacerlo feliz. Cuando ve que ninguno de los obstáculos que le pone logra hacerlo desistir de sus propósitos, se quita la peluca postiza, recupera su voz masculina y le confiesa:

_ Es que soy un hombre.

Y el obstinado pretendiente responde:

_ Nadie es perfecto.

Y en esta frase se alcanza el climax cómico de la película.
Aquí lo pueden ver.

lunes, enero 30, 2012

DON LUIS MORENO MAYORAL, PADRE ESPIRITUAL Y PROFESOR EN SAN ATÓN

En esta síntesis, en forma de caricatura, expreso a mi manera la fórmula fisonómica que corresponde a los rasgos del que fuera director espiritual del Seminario a comienzos de los años 50 del siglo pasado. Don Luis Moreno Mayoral era, si no me equivoco, cacereño, de Valdemorales. Además de director espiritual fue mi profesor de Latín en el 3º ó 4º curso de Latinidad.


Don Luis conocía mis secretos de adolescente, mis tentaciones y mis caídas: nada del otro mundo. Estábamos muy controlados los seminaristas, sobre todo en el aspecto de nuestras relaciones con el exterior. Sabíamos que nuestra correspondencia podía ser leída por la Superioridad, pues las cartas que recibíamos de nuestros familiares y amigos se nos entregaban abiertas. Bien es verdad que la mayoría de ellas no eran leídas. Mi tío Jerónimo me escribía con frecuencia y en algunos sobres, bien planchaditos, flamantes, me solía enviar, de cuando en cuando, para mis pequeñas necesidades de escolar, algunos billetes de cinco pesetas, cobrados recientemente de su paga de militar.


Estas ayudas me permitían, a veces, adquirir algunos libros cuyos títulos me resultaban atractivos. Recuerdo que uno de ellos fue el titulado Psicología del amor, de Paul Jagot. Debí haber consultado con el director espiritual si podía tener este libro en mi cuarto y leerlo en tiempo libre. No lo hice, pero hubo quien le sopló a Don Luis que yo tenía el tal libro. Y Don Luis me llamó a 'capítulo'. Debió revisar el libro a conciencia, pues tardó en devolvérmelo. Al final, me lo devolvió, pero ahora no recuerdo si me hizo, o no, algunas advertencias sobre el particular. Como me lo devolvió, supongo que no encontró en él ninguna doctrina reprobable. La verdad es que el libro era completamente inocuo. Ahora que lo releo, con cierta curiosidad, recordando el episodio del chivatazo (el autor del mismo creo que ya no está en el mundo de los vivos) entresaco algún que otro párrafo que podía muy bien suscribir incluso el más exigente mentor espiritual:


El hombre mejor dotado, el mejor situado, si permanece sujeto a las debilidades pasionales, es un coloso de pies de arcilla que el eventual vértigo dispensado por alguna hábil aventurera puede arrastrar, en un resbalón espantoso, hasta el atolladero de los bajos fondos.


Había una referencia a algo que era habitual entre adolescentes en pugna con su propia sexualidad. Me refiero a la llamada polución nocturna, la emisión involuntaria del semen durante el sueño. Decía el libro a este respecto:


Como la persistencia en la extravagante pretensión de estrangular manifestaciones cuya incoercibilidad se condiciona uno mismo tiende a acelerar progresivamente el retorno del espasmo onírico, éste se reproduce, en algunos sujetos, con bastante frecuencia para alterar considerablemente los mecanismos psiconerviosos y el potencial energético. Se venden aún libros donde se asegura que el derrame espontáneo en el curso del sueño es inofensivo. Esos peligrosos tratados extravían cada año algunos centenares de jóvenes a quienes se trataba de detener en la pendiente de las decadencias (1) Y añade, en nota a pie de página: consunción cerebral, astenia, tisis, etc.




Como se puede ver, era un libro totalmente compatible con la doctrina sobre el particular que se podía considerar la ortodoxa en un centro para la formación de jóvenes seminaristas.

sábado, enero 28, 2012

LA VIRGEN TIROLESA

(Recuerdos de los tiempos q'allá van)




Don Francisco Caballero García fue prefecto del Seminario de Badajoz. Lo era cuando yo dejé ese centro, convencido de que Dios no me llamaba por el camino del sacerdocio. Don Francisco había estudiado en Roma, en el Colegio Español, los últimos años de Teología. De Roma había traído algunas curiosidades y souvenirs, entre ellas una imagen de la Virgen, muy estilizada, que solíamos admirar y celebrar por su traza novedosa, futurista, tan adelantada a la de los cánones convencionales de la imaginería religiosa a la que estábamos acostumbrados. En imágenes como ésta, el arte religioso adquiría un aire de modernidad que le daba un nuevo atractivo. La elegancia y la espiritualidad de la imagen nos cautivaba, especialmente a los que teníamos inclinaciones artísticas. Recuerdo que el poeta Francisco Cañamero se inspiró en la imagen y la celebró en un poemilla. Poemilla que, como gran parte de la obra de Cañamero, supongo que se habrá perdido. En ese poema, o poemita, se describía la imagen como "encerrada entre líneas verticales". Incluso a mí me estimuló esas 'inclinaciones artísticas' a las que me he referido anteriormente y le pedí permiso a Don Francisco para llevar la imagen a mi habitación y copiarla en sus rasgos esenciales. El resultado de aquella copia (aún lo conservo) es la figura que acompaña estas líneas. Hay que decir que la advocación con que en el Seminario y, particularmente, en el círculo de las amistades de Don Francisco Caballero, se conocía esta imagen era la de La Virgen Tirolesa.


Otra muestrecilla del arte religioso más 'in', o más 'chic', del momento, era una estampa en colores en la que se representaba, esquemáticamente, la tempestad en el lago Tiberíades, cuando la barca en la que iba Jesus con algunos discípulos estaba a punto de zozobrar. La pintura, de colores muy chillones en papel satinado, evoca el momento en el que interviene Jesús, en ademán de calmar las olas, ante el temor de sus discípulos que le avisan aterrados: Domine, salva nos, perimus!. (¡Señor, sálvanos que perecemos!)*


Traigo hoy aquí aquellas viejas estampas, así como el dibujito esquemático que me inspiró la colorista imagen. Desde luego, mi reproducción de la estampa en colores no traslada con fidelidad los vivos, alegres tonos de la pintura original. Sólo da una idea de la misma.


_____


* Naturalmente que los apóstoles no se expresarían en latín sino en arameo, que era la lengua nativa de Cristo. Pero los seminaristas utilizábamos preferentemente el latín de la Vulgata.

lunes, enero 23, 2012

MIGUEL HERNÁNDEZ Y LOS CUATRO ELEMENTOS

*Día ventoso, dibujo de Sancha

La filosofía de la naturaleza que cultivaron los primitivos poetas y filósofos griegos se interesó, desde el principio, por el origen del mundo: de dónde nació todo, de dónde procede. Natura, en latín, viene de ‘nascor’, nacer; y su correspondiente en griego, fysis, viene de ‘fyo’, engendrar. Los primeros filósofos (que, por cierto, escribían en verso) atribuyeron el principio de todos los seres, el arjé, bien por separado, bien mancomunadamente, a unos elementos primarios, los llamados cuatro elementos: el agua, el aire, el fuego y la tierra. Dice uno de esos filósofos, llamado Empédocles:
Escucha, ante todo, cuáles son las cuatro
raíces, o principios de todas las cosas:
el fuego, el agua, la tierra y el aire inmenso en lo alto
.

De esta doctrina se hizo eco el poeta romano Lucrecio en su poema De rerum natura:

Hay quienes piensan que de cuatro cosas todo puede
tener su origen: del fuego, la tierra, el aire y el agua
.

Miguel Hernández, desde muy joven en contacto directo con la naturaleza, se siente parte de ella y puede sentirse identificado con cada uno de esos ‘cuatro elementos’ a los que nos hemos referido. Examinemos algunos ejemplos.

El aire.- Bien en un sentido lúdico (en broma) o bien en un tono más trascendental, aunque de manera metafórica, el poeta se siente identificado con este elemento en su aspecto dinámico. Veamos sendos ejemplos:

El día que sientas un gran viento sobre las casas de Cox, que se lleve las tejas, di: “Ahí viene Miguel”... Además, ya sabes tú que uno, yo por ejemplo, tengo mucho aire natural y me llevo los papeles del suelo cuando paso andando...” (Carta a Josefina, O.C., p. 2.448)

Esto que aquí se dice en tono lúdico, pero dando a entender que el poeta se siente partícipe de ese dinamismo propio del viento, se convierte en una afirmación completamente seria, al tratar el autor de describir la fuerza motriz de la poesía, capaz de impulsar al pueblo a una acción determinada:

Los poetas somos viento del pueblo: nacemos para pasar soplados a través
de sus poros y conducir sus ojos y sus sentimientos hacia las cumbres más
hermosas.
(M.H. Viento del pueblo, Prólogo a Vicente Aleixandre)

El agua.- Es, junto con la tierra, el elemento femenino, nutricio por excelencia. De la evaporación del mar, los lagos y los ríos, se eleva al cielo el agua y de allí desciende en forma de lluvia. En Virgilio (G. 2.325-7) encontramos una magnífica prosopopeya (personificación) por la cual se representa al Cielo como el esposo que copula con la Tierra en una feliz coyunda:

Entonces el padre omnipotente, el Cielo,
desciende al regazo de su feliz cónyuge
con la lluvia fecunda y, unido a su inmenso
cuerpo, alimenta con el suyo, grande, a las criaturas todas
(G. 2.325-7)

El poeta se identifica con el elemento agua en una ocasión, comparándose con el río de su vega natal, el río Segura:

Tú eres una florida y dulce vega
y yo el caudal que la deslumbra y riega
con sus constantes joyas y atenciones
.

¡
Qué bien sufro mi mal, mi bien, contigo,
hecho un Segura de oro caricioso
que tu vega de amor cuida y consuela
!
(HORTELANO –doliente, 219)

El fuego.- El elemento ígneo aparece en la vida del poeta de manera fulminante: en forma de rayo. El acontecimiento que consiste en enamorarse, lo vive el poeta lúcidamente como una premonición de la muerte. Resulta un tanto extraño, pero es así. Y aunque la naturaleza de las metáforas, como recurso poético, nos induzca a pensar que no se trata de un fuego ‘real’, sino de un fuego metafórico, no conviene olvidarse de que el fuego ‘analógico’, figurado, del amor, puede dar lugar a efectos analógicos proporcionales a los producidos por el fuego ‘real’. Se ha dicho, en más de una ocasión, que ‘se puede morir de amor’. En las concomitancias entre el amor y la muerte han insistido machaconamente los poetas desde tiempo inmemorial. Ya Leopardi dejó como prueba sus versos (traídos a colación por mí en anteriores ocasiones):

Fratelli a un tempo stesso amore e morte
ingenerò la sorte
... (Canti, XXVII, 1-2)

(Hermanos engendró a la par la suerte

al Amor y la Muerte)


Y el poeta Virgilio nos describe así el comportamiento de Dido, ardiendo en amor por Eneas:

Se abrasa la infeliz Dido y deambula como loca por toda la ciudad, cual cierva herida por saeta, a la que un pastor hirió estando descuidada entre los bosques de Creta, mientras la perseguía a flechazos, y le dejó, sin darse cuenta, el hierro volador prendido a su carne. Ella, en su huida, atraviesa las cañadas y bosques tebanos, llevando adherida al costado la mortal caña... (Eneida, 4.68-73)


Ese fuego metafórico llega a inspirar al poeta alguna que otra hipérbole como ésta:



No bastan cerraduras ni cementos, /no, a encadenar mi sangre de alquitrán inflamado, /capaz de despertar calentura en la nieve.


El amoroso fuego se aviva con la circunstancia de la guerra y con el viento del pueblo. El poeta también arde literalmente ante la urgencia del amor. Cárceles y fusiles, campañas y ausencias son obstáculo e impedimento frecuente a la consumación de ese amor. Fríos, privaciones, carencias, socavan su salud y le hunden definitivamente en la enfermedad, el verdugo lento, pero seguro, que le han asignado sus enemigos. El ‘carnívoro cuchillo’ metafórico se hace realidad, bajo la forma de un absceso pulmonar.
Llega el momento ya previsto y preconizado por el poeta:


Mas al fin he de vencerte,
ave o rayo secular,
corazón, que de la muerte
nadie ha de hacerme dudar
.



El fuego consume finalmente al poeta, pero sobre todo, los sufrimientos incomportables de las cárceles y la terca, inmisericorde dureza de sus enemigos.

La tierra.-


“Después del amor la tierra;
después de la tierra, nadie”.
(C. y R. de ausencias, 117)



El cuarto elemento, la tierra, participa a la vez del carácter de principio, u origen, y de fin. Es origen y postrimería, principio y ultimidad. Los versos citados en el encabezamiento de estas líneas tienen su contrapartida en otros versos del mismo libro (poema 71):

Después del amor, la tierra;
después de la tierra, todo
. ("Después del amor", ibíd.)



La tierra, pues, está en el principio, como elemento originario: según el mito bíblico, Dios hizo a Adán del barro de la tierra (Gen. 2.7) y el poeta ratifica con su intuición ese texto bíblico, cuando dice de sí mismo:

Me llamo barro aunque Miguel me llame (El rayo..., 15)


La tierra es el elemento femenino de la naturaleza, junto con el agua. El vientre femenino es un símbolo ctónico (griego, ‘cthōn’, tierra). En él se deposita la semilla que dará origen a un nuevo ser. Para el poeta, la tierra presenta el doble atractivo de ser madre y esposa. La siembra y la fecundación, así como el abonado de la tierra son, correlativamente, tareas agrícolas. Y las herramientas de labor están simbolizadas en los genitales masculinos (“el arado y los bueyes”), mientras que el surco es imagen de la vulva.
Con estos prenotandos se entiende mejor que el poeta relacione coherentemente el amor y la muerte, el vientre femenino y la sepultura, el deseo de copular y el de morir:

Mi cuerpo pide el hoyo que promete la tierra,
el hoyo desde el cual daré mis privilegios de león y nitrato
a todas las raíces que me tiendan sus trenzas.
(“Vecino de la muerte”)



Si aquí se alude al deseo de morir, en otros textos análogos se sobreentenderá el deseo de la cópula sexual:


Dame tierra, mujer, dame hoyo, dame paz. -
___


Caudalosa mujer, en tu vientre me entierro,
tu caudaloso vientre será mi sepultura
. (“Hijo de la luz y la sombra”)
__
Lo agrario y lo genésico están íntimamente relacionados en la poesía hernandiana; y lo mismo el amor con la muerte. Tierra de labranza es la mujer y tierra de labor el pecho del poeta enamorado:


...en él se dio el amor a la labranza,
y mi alma de barbecho
hondamente ha surcado
de heridas sin remedio ni esperanza
por las ansias de muerte de su arado.

En fin, la comunión del hombre con el medio rural se da cumplidamente en la poesía de Miguel Hernández. El poeta se integra en las fuerzas genésicas de la Naturaleza mediante su identificación con los
llamados ‘cuatro elementos’.

lunes, enero 09, 2012

¿QUIÉN LES ROBÓ LA SONRISA?


Es un detalle en el que hasta ahora no había reparado: la seriedad que denotan los rostros de los niños que sufrieron el trauma de la ‘guerra civil’. Tiempos todavía nublados por la tragedia reciente. La seriedad se delata en las fotografías que aún conservo de aquellas fechas. Se advierte la ausencia de sonrisa en esos rostros infantiles, la huella delatora de la injusticia padecida: la orfandad. De ahí la expresión grave del rostro, el gesto adusto, como de fastidio. Aquí presento unas fotos a modo de documento probatorio. En ellas aparezco junto a mi hermana, cuatro años menor que yo. Las fotos están tomadas entre los años 1941 (la primera) y 1945 (la segunda).

¿Creen ustedes propia de esa edad (entre 4 y 8 años) la expresión de esos semblantes infantiles? La sonrisa en esos rostros “brilla por su ausencia”, nunca dicho el tópico con mayor propiedad.

Yo no fui “niño yuntero”, pero acompañé más de una vez a mi primo hermano, Antonio, cuatro años mayor, detrás de las mulas y el arado. Antonio era el “niño yuntero” que yo conocí en aquellos años:


Contar sus años no sabe
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.

Trabaja y mientras trabaja,
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

Era la vida dura y esclava que denunciaba Miguel Hernández, la del trabajo precoz de unos niños obligados a ser hombres antes de tiempo.

Mirando esas fotos se me ocurre una pregunta delatora de una injusticia, aún más grave que la que denunciaba, por las mismas fechas, el poeta Rafael Alberti. También la suya se refería a “los niños de Extremadura”.

Sólo que, en el presente caso, el robo se refiere a una necesidad más vital para un niño que la de los propios zapatos: la necesidad de la sonrisa.

domingo, enero 08, 2012

LIBRITO PÓSTUMO DE PEDRO BELLOSO

Se ha publicado recientemente un librito póstumo de poemas inéditos hasta ahora, cuyo autor es el sacerdote y poeta Pedro Belloso, fallecido hace unos años. De él nos ocupábamos en este mismo blog, en una entrada correspondiente al siguiente enlace. En la breve referencia biográfica que en esa ocasión hacíamos, mencionábamos, entre las obras inéditas, la que ahora se ha publicado y que corresponde al nº 10 de la colección poética ‘eulaliense’, que dirige el también sacerdote y poeta Antonio Bellido Almeida, párroco de la Basílica de Santa Eulalia.

Me ha llegado este librito por mediación del joven profesor universitario Nacho Pavón, paisano de Pedro Belloso y potencial biógrafo del mismo, ya que en la actualidad reúne datos y acumula material para una futura biografía del poeta y ex-párroco de Alange.

Quiero dejar constancia aquí de esta publicación para conocimiento de cuantos estén interesados por la poesía, en general, y en particular por la de este sacerdote extremeño, uno de los varios que integraban el elenco glorioso de la poesía del Seminario pacense en la década de los 40 del siglo pasado: jóvenes con poco más de 20 años por aquellos tiempos. Todos ejercían con ilusión la poesía y todos se habían provisto del correspondiente seudónimo por el que eran reconocidos en la casa común. Sabíamos (sobre todo los que amábamos la poesía) que dichos seudónimos se correspondían con los respectivos nombres propios: Alas Adolfo (Pedro Belloso), Nazario Ortiz (Francisco Cañamero) y Néstor Rodín (Paco, Francisco Sánchez Rodríguez) A ellos se uniría un cordimariano, que adoptó el seudónimo de David Uziel , y que con el tiempo iba a ser uno de los más entusiastas impulsores de la poesía sacerdotal en Extremadura. Me estoy refiriendo a Juan Robles Febré, “cónsul general de la poesía” en Extremadura, diré parafraseando cierta expresión de García Lorca.

El librito que ahora podemos saborear (con ese sexto o séptimo sentido que es el del paladar estético) es una colección de poemitas en torno a la Navidad. Son versos, en general, de arte menor: cuartetas, romances, alguna que otra seguidilla y algunas décimas. Un solo poema de arte mayor, en verso libre.

Todo poesía en tono menor, ligera, alada. El editor, autor del prólogo, cita algunos ejemplos característicos de esta poesía popular, propia de un hombre que convivió muchos años con la gente sencilla, aldeana, de los pueblos que apacentó como pastor de almas. Incluso, en alguna ocasión, se le cuela algún vulgarismo, que el poeta utiliza con benevolente simpatía, aun a sabiendas de que no pertenece a los cánones del lenguaje correcto. Tal es, por ejemplo, el adjetivo desinquieto, que alguna vez escuché en mi propio pueblo, para referirse a un peculiar comportamiento de los niños y que, en la práctica, viene a significar algo así como ‘intranquilo’, ‘inquieto’. El uso popular no distingue ahí que dos prefijos (’des’ e ‘in’, respectivamente) ambos negativos, puedan reforzarse, aunque sea de modo contradictorio (‘des-inquieto’ tendría que significar, más bien, lo contrario de ‘inquieto’. Aquí significa, ‘más que inquieto’).

En fin, poesía entrañable, cercana, popular. Esta poesía genuina la podemos paladear en el nuevo librito de Pedro Belloso, el admirado Alas Adolfo de nuestra
primera juventud.

sábado, enero 07, 2012

CUADERNOS ESCOLARES (II)

Conservo –¡todavía!– dos de los cuadernos de mi época escolar. Ya en otra ocasión reproduje un par de páginas de uno de estos cuadernos, como puede que recuerde alguno de mis lectores. Y, si no, lo recuerdo ahora mediante el correspondiente enlace. Hoy he vuelto a sacar la vieja carpeta del cajón y me fijo en algunos de los poemas que copiaba de un libro que se titulaba (lo recuerdo bien) Versos españoles. Se trata de uno de los más conocidos poemas de Campoamor: “El gaitero de Gijón”. Lo transcribo aquí íntegramente, con los correspondientes descuidos ortográficos (no demasiado graves, a decir verdad) Veo, por la fecha del cuaderno que es del 11 de enero de 1943. Iba a cumplir diez años.
Observo que he escrito el nombre de mi padre, que siempre lo tuve y lo tengo presente, en la memoria, sabiendo, desde muy pequeño, lo que fue la tragedia familiar que marcaría mi vida, a partir de septiembre de 1936.
Escrito con una de las plumillas que se utilizaban en aquella época, la tinta se tomaba de un pequeño tintero que se insertaba en un agujero redondo del pupitre. Más de una vez fui yo el encargado por el maestro, Don Juan Fraile, de renovar la tinta que se elaboraba con polvos y agua en una gran botella.
La escuela estaba en el Pozo de Arriba y salíamos al recreo en la plaza cuadrangular, rodeada por un enrejado, excepto por la parte que da a las viviendas frente a la calle del Medio.
En el año 1945 dejé la escuela para prepararme a ingresar en el Seminario de Badajoz. El ingreso fue en 1946, tres años después de la fecha en que fue copiado el poemilla de Campoamor.

Nota: Clicar sobre las páginas del cuaderno para agrandar
Ver la poesía en Internet mediante el
enlace siguiente: http://www.los-poetas.com/j/campo 1.htm=EL GAITERO DE GIJÓN

















Nota (bis): En la estrofa II, verso primero, falta la palabra 'que' (¡Pobre!, al pensar que en su casa...)

martes, diciembre 27, 2011

LA CUENTA PENDIENTE DE LA DEMOCRACIA

El diario ABC fue el primer periódico español durante muchos años, antes y después de la Guerra Civil. En casa de mi abuela paterna (es decir, en casa de mi padre) había una buena cantidad de números atrasados, de los años 30, tanto de ABC como de Blanco y Negro. Después de la guerra, se seguía comprando el diario monárquico en casa de mi abuela, un periódico que yo leía con deleite, sobre todo, en las jugosas colaboraciones de Agustín de Foxá. Tras el cambio político que se inició en la llamada Transición, empecé a sintonizar más con la línea ideológica de El País y, en consecuencia, me fui alejando del ABC. Ya residiendo en Zafra, he seguido leyendo habitualmente El País, más coherente con mis propios puntos de vista ideológicos. Pero en fechas recientes, a partir del 20-N pasado, el nuevo Ayuntamiento decidió suprimir de la Biblioteca Municipal dos periódicos: El País y el Extremadura, dejando sólo el HOY, a nivel regional, y El Mundo, a nivel nacional. Privado de esas fuentes de opinión, me informaron de que en el Hogar del Pensionista se puede leer El País, el ABC, el Extremadura y el HOY. Por lo que me convenía (ya era hora) solicitar el correspondiente carnet de pensionista.
Con lo que, mira por dónde, he vuelto a leer el ABC (El Mundo me parece un periódico perfectamente prescindible, sobre todo por ciertas firmas que acepta, puede que en aras de la libertad de opinión, pero que en realidad son dañosas para la democracia)
Encuentro en el veterano diario cosas con las que sintonizo: su repulsa, más o menos paladina, del franquismo y el reconocimiento de la necesidad de reparación, siquiera en el aspecto moral, de las víctimas de aquella revuelta fratricida. En este sentido quiero hacer aquí una referencia a la entrevista que publicaba con fecha de ayer el diario fiel a la monarquía, entrevista con el escritor Xavier Alcalá, con motivo de la reciente publicación en castellano de su novela Fábula, publicada originalmente en gallego. De esa entrevista subrayo las palabras que siguen:
— ¿Los fantasmas de la Guerra Civil han desaparecido de nuestra vida?
—
No pueden desaparecer. Creo que el mal fue —y es— de toda España. Los fantasmas no desaparecen hasta que se les hace justicia a los muertos, sin rencor, pero justamente.
Ojalá tomen nota quienes ahora tienen en su mano la ocasión de reparar, de alguna manera, esa flagrante e inveterada injusticia. Y procuren saldar esa deuda con la república y con la Historia.
Hasta ese día, no desaparecerán los fantasmas. O, como decía el escritor Moreno Guerrero, “el llanto de los espectros”. Título de una novela inédita que a mí me dio a leer, pocas fechas antes de su muerte.

sábado, diciembre 24, 2011

LA OCTAVA XXXIV DE PERITO EN LUNAS

Es sabido que el primer libro que consiguió publicar el poeta Miguel Hernández, Perito en lunas, fue escrito con el propósito de combatir un posible malentendido que pudo producirse con ocasión de su ‘presentación en sociedad’, en sendas publicaciones de Madrid, como fueron el semanario Estampa y la revista La gaceta literaria, esta última dirigida por Ernesto Giménez Caballero. Ambas publicaciones resaltaban el hecho insólito de que el joven poeta procediera del medio rural y coincidían en etiquetarlo, aunque fuese de una manera provisional, con el apelativo de “poeta pastor”. El poeta quiso deshacer ese tópico desde el principio. Alguna vez llegó a impacientarse por el remoquete y contestó a quien le identificaba por el mismo:
– “De pastor, nada: sólo poeta”.
Lo de “pastor”, recelaba el poeta que tenía connotaciones de incultura, o de rustiquez. Perito en lunas se propone deshacer ese mito incipiente y el poeta, con cierto amor propio, va a demostrar que domina los recursos literarios y que su poesía puede alcanzar cierto grado de refinamiento y maestría. Miguel Hernández va a probar entre los asiduos a las tertulias literarias de la capital de España, que no es ningún pardillo al que se le ve ‘el pelo de la dehesa’ . Domina recursos sofisticados de la literatura, como el hipérbaton y lo hace con soltura y desparpajo. Y sabe cifrar sus mensajes poéticos a la manera sibilina de ciertos vanguardistas. Su remedo de ciertos ‘tics’ gongorinos es como un guiño a los de la ‘generación del 27’, año del tercer centenario de la muerte del poeta cordobés, bajo cuyo patrocinio se había acogido el citado grupo poético.

Como quiera que algunos lectores del poeta le pidieran ayuda para poder entender, o descifrar, el contenido de las octavas, el poeta accedió a colocar, a manera de solución a las adivinanzas que cada poema planteaba, una palabra clave, que era como la respuesta a la incógnita, o la respuesta al acertijo.

El que concretamente plantea la octava 34 lo cifró el autor en la palabra HUEVO. En efecto, se trata del huevo, uno de los aspectos que puede adoptar la poliforme deidad lunar.

Leamos el poemita para, seguidamente, bosquejar una interpretación:

Coral canta una noche por un filo
y, por otro, su luna siembra para
otra redonda noche, luna clara
(la más clara) con un sol en sigilo.
Dirigible al partir, llevado en vilo,
si a las hirvientes sombras no rodara,
pronto un rejoneador, galán en pico,
iría sobre el potro en abanico.

Interpretación: Una
gallina*, negra como la noche, canta por la parte de su cuerpo que está cerca de la cresta, roja como el coral. Mientras, por el otro extremo de su cuerpo, deposita en el nidal un huevo. Huevo que es blanco, como la blanca luna, tanto más clara cuanto que está compuesta, en este caso, de la albúmina, que es la clara. Rodeada por ella, está la yema, parecida a un sol guardado en secreto. El huevo se parece a un zeppelín, o dirigible, cuando es llevado a la redonda noche que es la sartén. De no ser que cayera en medio del aceite hirviendo de la sartén, saldría de él un gallo que montaría a las gallinas, igual que un rejoneador monta sobre la jaca, y que, al subir sobre la gallina, despliega en abanico ** sus alas hacia el suelo para guardar el equilibrio.

____
* Cliquear sobre la palabra enlace para ver la puesta de la gallina.

** Ver al 'rejoneador' en plena faena

viernes, diciembre 16, 2011

LA SAGA DE LOS ALMEIDA

Desde hace muchos años he conocido y tratado a varios hermanos de la numerosa familia de los Almeida Nesi, muy mermada últimamente por los fallecimientos de varios de sus miembros. A Pepe, el mayor, lo conocí en el Seminario de Badajoz, siendo él un chaval y yo unos cuantos años mayor. Coincidí con él en las oposiciones a plazas de Magisterio y volví a encontrarme nuevamente con él en Sevilla, en el Centro de Profesores donde se impartían cursillos para obtener el CAP (Certificado de Aptitud Pedagógica). Con otro de los hermanos, Federico, me encontré en Madrid, donde ambos nos licenciamos en la misma especialidad (Filosofía) en la Complutense. Y con un tercer hermano, Ricardo, (que trabajaba en la MUFACE de Badajoz) coincidí, junto con nuestras respectivas esposas, en un lugar de descanso estival en la citada provincia, a principio de los años 70.
Una reciente esquela mortuoria aparecida en el periódico HOY me facilitaba datos más que elocuentes sobre la situación actual de la familia. La fallecida era una de las hermanas, Amparo de nombre. Entre los dolientes vivos se nombraba a otra fémina, Mercedes, y al presumiblemente único varón superviviente de los hermanos, Julio, al que no he llegado a conocer personalmente, pero de quien tengo óptimas referencias: es, o ha sido profesor, en la especialidad de Filosofía, de la Universidad de Córdoba. Deduzco, de la susodicha esquela, que ‘han pasado a mejor vida’ (valga el manoseado eufemismo) tanto Pepe, como Federico, Juan Pedro y Ricardo. De los Almeida tuve siempre la mejor opinión: son gente lista estos Almeida Nesi. Por esto, por considerarlos listos, me parece tanto más enigmática esa especie de prisa, esa unanimidad que parecen haber mostrado en irse relativamente pronto de este mundo: han resuelto con prontitud los trámites de su paso al más allá.
Desde luego, los que yo traté eran mentes despejadas: José, Federico, Ricardo. De éste último recuerdo un artículo que debo tener guardado en alguna parte, publicado en el diario HOY, y cuyo título era “En busca del díptero testicular”. Era una especie de réplica a otro escrito anterior del director del periódico, a la sazón Teresiano Rodríguez, que instaba a los llamados intelectuales a que se ‘mojaran’, ejercitando la libertad de opinión que favorece el desarrollo de las sociedades democráticas. Ricardo, con irónica sagacidad, venía a decir que lo que el director de HOY echaba de menos es lo que vulgarmente llamamos la “mosca cojonera” (el díptero testicular) y ya se sabe que nada detestan tanto los políticos como ese incordiante insecto.

De Pepe recuerdo otro artículo, igualmente sabroso, en el que se encaraba con la sociedad, personificada, a la que dirigía una valiente reprimenda sobre el trato que daba al sufrido personal docente.

Quiero evocar aquí elogiosamente a estos amigos desaparecidos. Al recordarlos, me viene a la memoria un verso de Camoens que oí citar a otro amigo común, aplicándolo a ellos: ... os temidos / Almeidas por quem sempre o Tejo chora (Os Lusiadas, canto I, est. XIV, 5-6) Los Almeidas ‘que el Tajo llora’ son, desde luego, para el vate lusitano, unos héroes. Estos Almeidas españoles, acaso descendientes de lusitanos, sin duda, también lo han sido, a su manera.

La presteza con la que, por rara unanimidad, han ido dimitiendo de la vida, me hace pensar que este artículo debería titularse “la saga... y fuga de los Almeidas”, mejor que 'la saga', a secas.

jueves, diciembre 15, 2011

SÍNTESIS POÉTICAS Y COMICIDAD (y III)

Las síntesis poéticas, cualquiera que sea el grupo en que se encuadran, pueden invalidarse como tales síntesis, destruyendo la pretendida equivalencia que a través de ellas se persigue. Así, por ejemplo, la metáfora que pondera el valor del tiempo equiparándolo con el valor del oro, se desmonta con el siguiente chiste:

–
El tiempo es oro, amigo.
– Pues cóbrese con él


(La equivalencia tiempo = oro no es extrapolable al terreno de los valores mercantiles. Es cierto que time is money, siempre que tengamos en cuenta que esa ‘moneda’ no tiene curso legal)

Así por el estilo sucede con otras muchas síntesis poéticas. He recogido diversos ejemplos de estas síntesis poéticas, reducibles a chistes, en un pequeño trabajo inédito que titulo “Los fundamentos retóricos del chiste”. Copio a continuación algunos de los ejemplos recogidos en ese breve ensayo.

Así, entre las síntesis del 2º grupo (por contigüidad) tenemos la metonimia, según la cual podemos tomar una cosa por otra con la que tiene una relación de parte a todo, causa a efecto, valor a precio...Lo explico con el chiste siguiente:
Cierto cliente distraído olvida pagar su consumición en el bar. Al día siguiente, el dueño del establecimiento le recuerda:
– Tiene usted aquí un café de ayer.
– Pues tráelo. Me lo tomaré aunque esté frío.

Evidentemente, se trataba de un café ‘a deber’, no de un café ‘a beber’. El interesado ha confundido (aposta o sin querer) el precio de la consumición con el artículo consumido.
Entre las síntesis por contigüidad (sinécdoque y metonimia, entre otras) están las que toman el singular por el plural, el instrumento por el que lo maneja, la cantidad contable por la mensurable, etc. Pondremos ejemplos concretos para hacernos entender mejor:

Por ejemplo, siguiendo con la metonimia (síntesis que pertenece al grupo de las asociaciones por contigüidad) y la sinécdoque (relaciones de parte a todo, de efecto a causa, autor a su obra, singular por plural, y viceversa, etc. etc.) vamos a ver algunos ejemplos de comicidad, en los que la síntesis queda invalidada por una operación diametralmente opuesta: el análisis. Veamos, por ejemplo, la sinécdoque consistente en el uso del singular por el plural, o viceversa:

.En aquel lugar, las mujeres llevan la falda por las rodillas (o por la rodilla, si son cojas)

Otro ejemplo: Si tomamos al pie de la letra la famosa rima becqueriana “¿Qué es poesía? –dices, mientras clavas / en mi pupila tu pupila azul”. Como, en realidad, solemos tener dos pupilas, una en cada ojo, se sobreentendería que tanto el poeta como la amada son tuertos de un ojo.

A veces, solemos confundir lo numerable con lo mensurable, o la cantidad discontinua con la cantidad continua. A base de esta metonimia podemos obtener el consiguiente efecto cómico. Así cuenta Pérez Zúñiga, en su novela Viajes morrocotudos, que en cierta ocasión los obligaron a torear, para demostrar su condición de españoles, en una ciudad de Asia. No podían negarse, so pena de ser condenados por aparentar una falsa nacionalidad, así que pidieron los enseres necesarios para la lidia. Y, en primer lugar, pidieron “dos toros con pocos cuernos”. O sea que no tuvieran los cuernos muy grandes. Les trajeron dos toros con unos cuernos descomunales. Y, cuando protestaron por el tamaño de los mismos, les advirtieron que ellos habían pedido “dos toros con pocos cuernos” y por allí no los habían encontrado con menos de dos.

La paronomasia es una síntesis del grupo de las asociaciones por semejanza. Su utilización como recurso cómico representa un buen filón del que suelen abastecerse los payasos y caricatos circenses. Casi todos los chistes de sordos, o paletos, o miopes, suelen consistir en tomar una palabra por otra (se ha oído mal, se ha leído mal, se ha entendido mal) Las paronomasias se dan entre palabras que suenan de modo parecido. Ahorramos al lector ejemplos que puede encontrar por sí mismo.

El eufemismo es una síntesis del grupo de las asociaciones por contigüidad. Como la perífrasis, consiste en expresarse mediante un rodeo, al objeto de evitar algún efecto desagradable. Lo malo es cuando se pone al descubierto lo que se pretendía ocultar. Y se llega a caer en el ridículo. Ejemplo, la superiora de un convento aconseja a las novicias no utilizar expresiones vulgares como, por ejemplo, “el culo del vaso”. Deberán decir mejor “el fondo del vaso”. Pero un día, el director espiritual del convento, alabando la bondad de la madre superiora, dice a las monjas: “Tenéis que amar a la abadesa, porque es muy buena. Yo conozco muy bien el fondo de la madre superiora”.

Apenas hay síntesis poética, sea cualquiera el grupo asociativo al que pertenezca, que se libre de poder ser reutilizada como recurso cómico. Así, hasta la misma apóstrofe (que como figura poética se encuadra en el grupo de las llamadas figuras patéticas) se presta a ser ridiculizada como síntesis poética. Es lo que hace el escritor festivo Juan Pérez Zúñiga, parodiando el tono grandilocuente de los románticos:

¡Oh, Naturaleza, cuán maravillosa y bellamente se manifiesta usted a los ojos del Universo todo!

Y añade en nota a pie de página:

Nota: Decir ‘te manifiestas’ nos parece demasiada confianza.

De ese modo el autor se 'cargaba' esa síntesis poética que se conoce como apóstrofe.

En resumen, todas, o casi todas, las que aquí hemos llamado síntesis poéticas, o figuras literarias, son susceptibles de ser recicladas, transformándolas en los correspondientes recursos
cómicos.

LA SÍNTESIS MENTAL Y LA ASOCIACIÓN DE IDEAS (II)

Las asociaciones de ideas facilitan la realización de las síntesis mentales. Éstas son, en buena medida, el resultado de aquéllas, aunque no todas las asociaciones de ideas cuajan en síntesis, sino sólo las que tienen como resultado el descubrimiento de una nueva faceta de la realidad.

El mecanismo de la asociación de ideas se conoce desde antiguo, y ya Aristóteles apuntó las leyes que, según él, regulaban el funcionamiento de las mismas: a) la ley de semejanza, b) la ley de contigüidad y c) la ley de contraste.
Así, según la primera de estas leyes, las personas, o las cosas, parecidas, se asocian en nuestra memoria: una persona nos recuerda a otra por su parecido con ella. Así los gemelos, por ejemplo, suelen ser parecidos y, a veces, resulta difícil distinguirlos.
Pero, igualmente, las personas y las cosas pueden asociarse por una relación de proximidad, o contigüidad, en el espacio o en el tiempo. El humo se asocia al fuego, el yunque al martillo, etc. Y, por último, las cosas y personas se asocian o evocan, según ley de contraste, o ley de contrarios: blanco/negro, alto/bajo/, frío/caliente, etc.

Las síntesis pueden ser el resultado de cualquiera de estos tres tipos de asociaciones. Si aplicamos la doctrina de la asociación de ideas al estudio de las figuras literarias, descubrimos que éstas configuran otras tantas síntesis poéticas, las cuales pueden clasificarse de acuerdo con el tipo de asociación del que proceden. Así, al grupo de las asociaciones por semejanza corresponden las siguientes síntesis poéticas:

1. ASOCIACIONES POR SEMEJANZA
Comparación (símil), metáfora, alegoría, símbolo, paralelo, parábola, parodia, paráfrasis, paronomasia, equívoco, personificación...

2.ASOCIACIONES POR CONTIGÜIDAD

Al grupo de las asociaciones por contigüidad corresponden las siguientes síntesis:

Sinécdoque, metonimia, circunloquio, eufemismo, perífrasis, gradación, concatenación, esquema, perfil, silueta, hipérbole, hipotiposis, caricatura, hipálage...

3.ASOCIACIONES POR CONTRASTE

Y, finalmente, al grupo de asociaciones por contraste podríamos adscribir la paradoja, la antítesis, el retruécano, el priamel y aquellas figuras que caen bajo la denominación genérica de la ironía (antífrasis, asteísmo, sarcasmo...)

Lo novedoso de este punto de vista es que aporta una clasificación coherente de las figuras literarias, no contemplada (que sepamos) anteriormente en los manuales de retórica al uso.

Algunos teóricos de la asociación de ideas reducen a dos las leyes asociativas: la ley de semejanza y la ley de contigüidad. La ley de contraste la engloban en la de semejanza/ desemejanza, como una especie de integración de opuestos. Parece más didáctica la clasificación aristotélica.

Hay que anotar, sin embargo, que la tendencia poética a la síntesis se ve, a menudo, contrarrestada por la tendencia cómica: la que invalida la síntesis poética (por ejemplo, la metáfora) subrayando la desemejanza, o la diferencia, allí donde la poesía pretendía establecer una equivalencia. Por eso se ha dicho que “lo contrario de la poesía es el chiste” (C. Bousoño)

lunes, diciembre 12, 2011

¿QUÉ ES UNA SÍNTESIS? (I)

Hubo una época de mi vida en la que la palabra ‘síntesis’ revistió para mí una importancia capital. Fue una especie de toma de conciencia del papel fundamental que en el conjunto de las operaciones mentales desempeña la síntesis. Consciente de la importancia de ese papel, concebí el proyecto de realizar un trabajo de tesis acerca del asunto y llegué, incluso, a entrar en contacto con el profesor Dr. D. José Luis Pinillos, quien por entonces era titular de la cátedra de Psicología de la Universidad Complutense. Sólo que, poco después, desistí de mi propósito, dada la necesidad atender a mi trabajo, como funcionario en activo del MEC. Fue como un amor al que se decide renunciar, al sopesar las dificultades que iba a encontrar en el camino. Ya me había ocurrido algo semejante con otros amores de carne y hueso, de modo que soportar las renuncias era algo que formaba parte de la disciplina que la vida me iba enseñando. Quizás no me encontré lo suficientemente capacitado para acometer un trabajo que, ante todo, se me aparecía como ambicioso, pero altamente prometedor. Y es que presentía que la ejecución satisfactoria del mismo rebasaba la capacidad de mis conocimientos: conectaba con el campo de la ciencia universal, en especial con las Matemáticas, y yo tenía el handicap, de principio, de ‘ser de letras’. Bueno, para ser exacto, de Filosofía y Letras; pues fue precisamente en Filosofía (Metafísica) donde obtuve el grado de licenciado en 1969. Desde el comienzo de esa década ejercía la profesión de Maestro de Enseñanza Primaria. Mi encuentro con el tema de la síntesis data de 1958

Escribí por esas fechas un pequeño ensayo titulado “La síntesis mental: bosquejo de una fisiología del entendimiento”, en un primer intento de ordenar mis ideas sobre el tema. Cuando ahora trato de redefinir el concepto de síntesis, casi me veo desbordado por la cantidad de cosas a las que podemos llamar con ese nombre: desde una fórmula matemática a una figura literaria o, incluso, una caricatura: hay síntesis poéticas, síntesis dibujísticas, síntesis matemáticas...Por ejemplo, una ecuación no es ni más ni menos que una síntesis. La famosa ecuación de Einstein que condensa su teoría de la relatividad: e =mc2 (energía = masa por el cuadrado de la velocidad de la luz) es una síntesis genial, un asombroso parto de la mente.
Esa síntesis admirable establece las relaciones que cuantitativamente existen entre esas magnitudes que son la masa, la energía y la velocidad de la luz.
Para alcanzar el adiestramiento necesario que nos capacite para realizar este tipo de síntesis se requiere, sin duda, una preparación específica, que se consigue con el estudio de las Matemáticas y la Física. Pero, afortunadamente, la noción de síntesis es más general y podemos llegar a ella sin necesidad de especialización. Estamos en condiciones de poder brindar una sencilla definición de síntesis, si entendemos por tal el resultado de una operación mental que nos revela un aspecto nuevo de la realidad, comprobable por cualquier persona normalmente constituida.*

Así que nos quedamos, por lo pronto, con que la síntesis es un producto mental. El resultado de esa operación mental puede adoptar el aspecto de una fórmula matemática, o bien puede tratarse de una síntesis dibujística (una caricatura, por ejemplo), o una síntesis poética (una metáfora, pongo por caso)

Por el momento nos centraremos en esas síntesis poéticas que constituyen el conjunto de los llamados ‘recursos literarios’.


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* Y, por supuesto, con la preparación necesaria. No todos podemos verificar, por ejemplo, la fórmula de Einstein a la que aquí hemos aludido.

viernes, diciembre 09, 2011

LA CONSTITUCIÓN CUMPLE 33 AÑOS

Se cumple por estas fechas (6 de diciembre de 2011) el 33º aniversario de la Constitución, que marca el comienzo de la llamada Transición: el rodaje de la democracia, tras el largo caminar por el desierto de la Dictadura. La democracia era como la tierra prometida de los israelitas: ya lo dije en otra ocasión (recuperar entrada aquí)
Seguimos estancados en una Transición que ya ha dejado de serlo, sin alcanzar plenamente sus objetivos: la reconciliación de los españoles, su incorporación a una tarea común de reparación colectiva, sin prolongar la humillación de los vencidos con el mantenimiento de símbolos y monumentos que perpetúen la memoria de una victoria, que fue de los menos, y una derrota, que fue de los más. El perdedor de la guerra civil fue el pueblo y, con él, la democracia. El franquismo tiene que ser juzgado y condenado; en ello tiene que empeñarse toda la sociedad española. Es mal camino que se persiga a la única persona que intentó aplicar esa justicia, que está por cumplirse. Me refiero, como todos sabemos, al juez Baltasar Garzón.

Si los crímenes del franquismo, reconocidos como crímenes de lesa humanidad y, por tanto, imprescriptibles, no son condenados explícitamente por una sociedad que pretende homologarse a las democracias europeas, esa sociedad no ha logrado la verdadera democracia. Seguimos estancados en la Transición, en tierra de ninguna parte, en la utopía de la democracia. Estamos, más bien, en un callejón sin salida.

La Constitución de 1978 soslayó, sin plantearla en aquella fecha - por prematura- la condena explícita del franquismo. Naturalmente, fue un pacto con los herederos de la Dictadura y hubo que transigir. La Transición empezó por ser Transacción (de ‘transigir’) Pero ya es tiempo de plantear esa reivindicación pendiente. No sería necesario volver a plantear esa condena, de no haberse 'desdecido’ (o desdicho, para su ‘desdicha’ y la de todos) el partido entonces en el poder y, ahora, a sólo a unas fechas de volver a recuperarlo, de la condena unánime del franquismo, acordada con la oposición, con la que suscribió dicha condena en el Parlamento español, el 20-N de 2002. Años más tarde (1996) en el Parlamento europeo, estando el gobierno de España nuevamente en manos del PP, tuvo lugar la retractación de aquella condena, por parte del portavoz del mismo, Sr. Mayor Oreja. Retractación que recupera viejos resabios exculpatorios de la dictadura. Ese no es el camino, señores del PP, pese al resonante triunfo de los recientes comicios celebrados en otro 20-N.

El franquismo es como una herida cerrada en falso. Y la democracia, a secas, vuelve por sus fueros al reivindicar su condena.
La Constitución de 1978 ya está talludita. Y, con ella, la democracia española va camino de quedarse soltera para los restos. Parece que la sociedad española está condenada a perpetuo enfrentamiento, a una irreductible desavenencia

jueves, diciembre 01, 2011

DEMOCRACIA RADIACTIVA

Quiero traer a colación aquí la viñeta de El Roto que publica El País de fecha de hoy. Como tantas veces, una más, este comentarista gráfico de la actualidad pone el dedo en la llaga de nuestra 'democracia' transicional: la de la 'transigencia' pactada con los depositarios del legado franquista. Los residuos radiactivos (radioactivos) de esa dictadura son (como otros tantos residuos de esa naturaleza) de larga duración. Pero no hace falta trasladar esos residuos a un cementerio nuclear: Cuelgamuros es, precisamente, ese cementerio.

Por eso, ni tocarlo. Por más que nuestra 'democracia' siga, indefinidamente, irremediablemente, contaminada de franquismo.

miércoles, noviembre 23, 2011

EL EPITAFIO DE ANNIANO PEREGRINO EN EL MUSEO ROMANO DE MÉRIDA



(Reprodución de la inscripción fúnebre de Anniano Peregrino)


Guardo un recorte de periódico (HOY, 19-9-09) con un reportaje, firmado por el periodista Juan Soriano, acerca de una inscripción de época tardorromana, relativa a una lápida funeraria dedicada a un niño, de nombre Anniano Peregrino, que falleció a los 14 años. A esa temprana edad, el joven difunto ya ostentaba el título honorífico de ‘arconte’ de dos de las sinagogas que probablemente existían por aquellas fechas (s. IV) en la ciudad de Mérida.
A propósito del texto de esa lápida, dio ese mismo día, en la capital autonómica, una conferencia el catedrático y académico de la Real Academia de las Letras y las Artes de Extremadura, Dr. Luis García Iglesias.
Una semana después, la sección de Cartas a HOY publicaba una carta, firmada por mí, en la que daba la trascripción del texto lapidario, tomado de la foto que insertaba el reportaje de la semana anterior, así como la traducción del referido texto.
Poco tiempo después tuve ocasión de comentar con el profesor García Iglesias el texto de la lápida, que yo había transcrito procurando la corrección gramatical, eludiendo la falta de corrección de la palabra SINAGOGE (sic) y transcribiendo SINAGOGARVM como pide la correcta sintaxis.
Creo que era el único punto en el que el ilustre académico no estaba de acuerdo conmigo. Las transcripciones deben de ser escrupulosas y, si hay faltas de ortografía, tenemos que respetarlas. Por supuesto que García Iglesias admitía que el latín de la lápida presenta deficiencias gramaticales, resultado del distanciamiento progresivo del latín al uso de la época respecto del latín clásico. No era la única incorrección que presentaba el texto de la lápida. La otra era el régimen de la preposición ‘de’ con acusativo, cuando lo normal es utilizarla con ablativo. La transcripción fiel debió ser la siguiente:



ANNIANVS PEREGRINVS ONO/RIFICVS DVARVM SINAGOGE/EXARCON VIXIT ANN. XIV DE/ QVEM BONVM TESTIMONI/ VM REDDENT CIVES ET AMICI/ SVI O TE INNOCENTEM NON/ FRVNITVM FVISSE AETA/TEM TV/AM BENE/ DORMIAT / SPIRITVS TV/ VS

(Anniano Peregrino, exarconte de honor de dos de las sinagogas, vivió 14 años, de él darán buenas referencias sus conciudadanos y amigos. ¡Oh, tú, inocente, que no gozaste de tu juventud! ¡Que tu espíritu duerma en paz!)

En relación con los usos y costumbres de las comunidades judías de la época, mi colega y antiguo compañero de estudios, Miguel García Gómez, me puso en la pista de un interesante artículo de Isidoro Muñoz Valle, titulado “El testimonio de las inscripciones sobre el régimen de las comunidades judías en la Roma imperial”, publicado en los Cuadernos de Filología Clásica, vol. 4, pp. 151-163 (1972)

El contenido de este trabajo arroja mucha luz para mejor entender la inscripción latina.
Habitualmente, la comunidad judía utilizaba con más frecuencia el griego que el latín en este tipo de inscripciones. Curiosamente, una de esas inscripciones redactada en griego nos pone en la pista de un caso similar al de la lápida emeritense. Y da la coincidencia de que, en este caso, el niño arconte se llamaba, igualmente, Anniano. Traduzco a continuación el texto griego de la inscripción:


Aquí yace Aniano, arconte niño, hijo de Juliano, padre de la comunidad de los Campenses, de ocho años y dos meses de edad

Si nos habíamos preguntado ya qué méritos extraordinarios concurrían en esos niños para que merecieran a tan temprana edad ostentar esos títulos honoríficos, la respuesta la obtenemos del mismo autor del artículo: en esas comunidades judías tales cargos solían ser hereditarios. De modo que los hijos de quienes ostentaban de hecho los cargos de ‘arcontes’, o jefes espirituales de la sinagoga; así como otros cargos de responsabilidad, como el de ‘grammateus’ , algo así como secretarios de las asambleas, tenían el privilegio de que sus hijos fuesen designados como futuros sucesores. Los cargos heredables podían ser, además del de ‘arconte’, o jefe, el de ‘grammateus’, o secretario, y, en especial, el de ‘padre de la comunidad’ Los jóvenes retoños, por el mero hecho de ser hijos del ‘cuerpo’, recibirían a título honorífico el nombramiento correspondiente, al que acaso nunca accederían, si morían prematuramente, como en los casos que aquí se refieren.

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* Corpus Inscriptionum Iudaicarum, inscrip. 88, edit. J.B. Frey, Città del Vaticano, 1936
** art. cit. pág. 157

viernes, noviembre 18, 2011

LO REITERABLE CARACTERÍSTICO DE LA VERDAD

La verdad es reiterativa: tiende a repetirse. Lo que es tiende a permanecer en su ser, decía Spinoza. Lo malo es que hay quienes aviesamente proclaman la mentira de modo reiterativo, con el propósito de que se tome como verdad.

Esto es lo que se desprende de aquella frase cínica (en el peor sentido de esta palabra) que algunos atribuyen a Goebbels y otros (entre ellos cierto cronista oficial) se la endosan a Lenin, ya que éste tiene más pinta de ideólogo que aquél y, además, se supone que es de izquierda, por ruso y por comunista. Y esa frase (la dijera Goebbels o Lenin) es que “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. Pues, no. Lo que pasa es que se reitera y reafirma su condición de verdadera mentira.

La característica reiterativa de la verdad se pone de manifiesto en la réplica que Sócrates dio a Calicles (Gorg.490 e. 10-11) cuando éste le reprochaba que siempre dijera lo mismo:

– Lo mismo, ciertamente, y sobre las mismas cosas.

Si la verdad es reiterativa ello se debe a su propia condición de ser invariable. Por eso San Agustín decía aquello de “Varías, luego no eres la verdad”.

Lo que pasa es que la propia condición mudable de la vida humana se convierte en norma y de ahí el paradójico verso de Quevedo que sirve de remate a uno de sus sonetos:

lo fugitivo permanece y dura

Verso que, por cierto, resuena en otros poetas de diversas lenguas. Así, por ejemplo, en un verso de Shelley, citado por Juan Ramón Jiménez:

nought may endure but mutability

(nada perdura excepto la mudanza)

A la condición de inmutabilidad de la verdad sólo puede oponérsele la esencial mutabilidad de la vida. De ahí el carácter irreal de ésta, que lleva a la conclusión barroca de que la vida es sueño, o también, comedia o teatro. (‘Irreal, como la vida misma’, podrían decir éstos)

De cualquier manera, siempre habrá que tener en cuenta el carácter insobornablemente subjetivo de la verdad: ésta consiste, en última instancia, en un veredicto, el pronunciamiento que acerca de la realidad hace nuestra mente. Si nuestro pronunciamiento sobre la realidad es adecuado a la misma (adaequatio rei et intellectus) estaremos ante la verdad (que no por eso deja de ser subjetiva) Si no es adecuado a la realidad, nuestro pronunciamiento será falso. No podemos seguir afirmando que era café-café lo que hemos bebido, cuando llegamos a la convicción de que se trata de auténtica malta (achicoria o cebada tostada), uno de los verdaderos ‘sucedáneos’ del café. La verdad, en último término, es lo que se llama un ‘ente de razón’, incluso en el mejor de los casos, o sea, cuando haya acuerdo entre la realidad y nuestro ‘veredicto’ acerca de ella. Si no lo hay estaremos en el error.

miércoles, noviembre 16, 2011

LA TRAICIÓN COMO TÁCTICA DE GUERRA

Espero que el lector me perdonará si una vez más (la tercera) insisto en un tema ya tratado en anteriores ocasiones, concretamente en las fechas que corresponden a los enlaces siguientes: 1-3-09 y 19-4-07. En todo caso, la lección que se desprende de las correspondientes entradas merece ser recordada de vez en cuando, especialmente si se aporta, como en esta ocasión, algún dato nuevo que sirva para reforzar la enseñanza: nunca conviene confiar en las promesas del enemigo. Es un consejo saludable que siempre conviene recordar.
He recordado en las susodichas entradas que los romanos tenían como norma no fiarse ni un pelo de lo que ellos llamaban ‘lealtad cartaginesa’. De haberse tenido en cuenta esta norma en los días turbulentos de nuestra guerra civil, probablemente se hubieran salvado muchas vidas que se perdieron por confiar en la palabra del enemigo. El mero hecho de ser el enemigo nos pone en guardia para que no lo creamos capaz de cumplir su palabra.
Hemos copiado el bando que en Zafra publicó un capitoste de aquellos tiempos, de nombre Carlos Blond Mesa. Lo hemos reproducido en una de las entradas citadas anteriormente. En conexión con ese asunto he traído a colación un pasaje del De bello civili, de César, en el que se refiere un caso de esta clase de trampas. Se encuentra en el párrafo 28 correspondiente al libro 3:
[Otacilio*] prometía la inmunidad a quienes se entregaran. Los novatos (aceptando el juramento, por parte del enemigo, de que no sufrirían ningún daño) se entregaron. Todos fueron conducidos a su presencia y, contra lo prometido bajo juramento, fueron asesinados cruelísimamente ante sus ojos.
Lástima que estas enseñanzas de la antigüedad no pudieran tomarse en cuenta por los incautos hombres de izquierda que, en el año de la guerra civil, creyeron ingenuamente en las vanas promesas de los del otro bando.
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Uno de los jefes del bando pompeyano en la guerra civil entre César y Pompeyo.

domingo, noviembre 13, 2011

LA CRUZADA, GRAN MENTIRA DEL FRANQUISMO

No sé si el comunismo llegó a ser alguna vez formalmente excomulgado por la Iglesia. Leo en Google (el ‘espasa’ de Internet) que Pío XII lo condenó expresamente el 1 de julio de 1949 y amenazó con la excomunión a sus seguidores (los del comunismo, claro)
En España, el comunismo ya había sido previamente demonizado, al paso que se equiparaba la rebelión franquista contra la república con una ‘cruzada’, la Cruzada por antonomasia. Fue su Eminencia el Cardenal Gomá, Primado de España en 1937 (el 2º Año Triunfal) el encargado de santificar el golpe de estado y el correspondiente genocidio puesto en marcha por el aparato rebelde. Aberrante, desde luego, llamar ‘cruzada’ al exterminio organizado a raíz del 18 de julio del 36. El franquismo se vio, no sólo legitimado, sino santificado por este aparato de propaganda. El enemigo político era, ni más ni menos, el demonio. Y la lucha contra la república era la lucha contra las potencias del mal. Este enfoque de la situación fue el fulcro principal de la publicidad con que se ‘blanqueó’ la causa de la derecha. Muchos de los carteles publicitarios que el régimen desplegó por los muros y paredes de la España franquista estuvieron basados en esta estrategia de demonización del enemigo político.
Como ilustración de lo que va dicho traigo a colación, una vez más, dos de los carteles de aquella campaña publicitaria. En uno de ellos se ve a un soldado enarbolando una bandera y pisoteando al monstruo diabólico del comunismo, derribado en tierra. Se ven los símbolos de la Falange: el yugo y las flechas y la bandera. El demonio del comunismo lleva pintarrajeados en su cuerpo las siglas de los movimientos obreros de signo marxista: CNT, UHP y FAI. Las organizaciones obreras quedaban así anatematizadas, identificándolas con el demonio.

A esta misma tónica obedece el título de uno de los poemas ‘épicos’ del momento, dedicados a celebrar la gesta. Me refiero al Poema de la Bestia y el Ángel, de José María Pemán, publicado en 1938 (3º Año Triunfal) con ilustraciones de Carlos Saenz de Tejada.

Por supuesto, una vez más, el ‘ángel’ era el franquismo y la falange, al paso que la bestia era el comunismo. Se reproducía, por enésima vez, el mito de las huestes angélicas, capitaneadas por el arcángel San Miguel, contra las hordas demoníacas del marxismo.

El asesinato, a gran escala, estaba justificado de sobra. Era la causa de Dios
contra la causa de Luzbel.












* Este cartel de los años 40 estuvo fijado en la pared lateral de la fachada de los Manganés, en Aceuchal, la que daba (y da en la actualidad) a la Cruz de los Caídos

viernes, noviembre 04, 2011

UNA EXCEPCIÓN A LA REGLA

Todas las reglas tienen excepción, se dice, y la caricatura que acompaña estas líneas es una prueba que confirma la exactitud del dicho. He escrito, en una entrada anterior, que el arte de la caricatura es algo que no domino a voluntad y que casi todas las caricaturas que tengo hechas han brotado de manera espontánea en virtud de una síntesis mental elaborada en el subconsciente, sin que, por regla general, mi voluntad tome parte en esa operación.
El presente caso puede ser la excepción a la regla, hasta cierto punto. Y es que el representado en el dibujo me pidió personalmente y con cierta insistencia "A ver si me haces una caricatura, Juan". Le dije que, desafortunadamente, no disponía a voluntad de la habilidad de hacer caricaturas. Pero su misma insistencia tal vez puso en juego los resortes del subconsciente y, algún tiempo después, pude presentarle el resultado de lo que yo consideraba su gesto más característico. Parece que lo aceptó, incluso con satisfacción. Se trata de José Antonio Suárez Bárcena, un buen amigo mío, al que hace años no veo por Zafra. Espero que le vaya bien allí doquiera que esté. Creo que en la actualidad no tiene tanto pelo como en la época en que le hice la caricatura.

jueves, noviembre 03, 2011

CORRESPONDENCIA ATRASADA

Un lector ocasional, que no desconocido, de este blog, se preguntaba hace algún tiempo por qué razón este portal lleva por título La materia del sueño. “El corazón tiene razones que la razón no comprende”, decía Pascal. Trataré, no obstante, de explicar alguno de los posibles motivos que me indujeron a titularlo de este modo. Uno de ellos es, sin duda, la creencia de que los sueños forman parte importante de nuestra vida. El poeta Antonio Machado los valoraba mucho y afirmaba que “de toda la memoria sólo vale / el don preclaro de evocar los sueños”. Y esa estimación de nuestro poeta por los sueños se echa de ver en que, a menudo, algunos de los temas de sus poemas consisten en el relato de un sueño (“Soñé que tú me llevabas / por una blanca vereda…”; “Desde el umbral de un sueño me llamaron”…)

Otra de las razones que explican mi predilección por esta temática es que todos somos algo barrocos (¿qué ser humano no lo es?) y es propio del talante barroco equiparar el sueño con la vida. El tópico de la vida como sueño es uno de los descubrimientos capitales del barroco. Y el Barroco mismo, como forma de expresión artística, rebasa el marco temporal del siglo XVII en el que solemos enmarcarlo:

El sueño que es mi vida desde que yo nací

dice Rubén Darío en sus Cantos de Vida y Esperanza (Nocturno XXXII) Como él, todos hemos perdido un paraíso y, en nuestro fuero interno, todos lamentamos esa pérdida:

La pérdida del reino que estaba para mí (ibid.)

Shakespeare dijo aquello de que “somos de la misma materia que los sueños” (we are such stuff as dreams are made on) y con esa sola frase queda homologado a la gran corriente del barroco.

De todas formas, el título de la entrada de hoy alude a una experiencia reciente, de índole onírica: es, simplemente, un sueño. Y es que esta madrugada soñé, una vez más, con mi tío Jerónimo, mi segundo padre desde que me quitaron al primero, su hermano. Soñé que me entregaban un montón de correspondencia suya atrasada, que no había llegado a mi poder en su momento, por no sé qué error de cambio de dirección. Esa correspondencia se había ido acumulando a una antigua dirección mía (¿el Seminario?) y ahora me la entregaban, por fin, al cabo de Dios te salve (sí, tenía ganas de emplear este giro popular, este latiguillo expresivo que escuché muchas veces de labios de mi madre)

El montón de cartas, incluso de paquetes postales, era considerable. Había para leer un buen rato. Cosas que habrían perdido actualidad (teniendo en cuenta que tío Jerónimo falleció en 1993) pero que, en todo caso, tenían el aliciente de ponerme nuevamente en comunicación con mi querido tito Jerónimo, mi segundo padre.
(Foto de tío Jerónimo con su sobrino Juanito, Aceuchal (¿1939?)

martes, noviembre 01, 2011

LA MEMORIA AHISTÓRICA

* Busto de Platón

Puesto que resulta empachoso hablar, una vez más, de la ‘memoria histórica’, se me ocurre hablar hoy de 'la memoria ahistórica' que, a lo que parece, también existe (yo soy uno de los que creen en su existencia) y voy a recordar un testimonio muy curioso a favor de la misma, tanto más curioso y más sorprendente por cuanto que proviene de un conocido comunista como fue Rafael Alberti. Lo que demuestra que no son tan malos los comunistas como se dice por ahí con ánimo de difamarlos. Para mi paisana Mahizflor, ya fallecida, eran malísimos, a pesar de que algunos de ellos fueran devotos de la Virgen de la Soledad. En un trabajo aparecido en la revista que se publicó un año en las Fiestas de la Patrona de Aceuchal, hablando de la profunda devoción que el pueblo sentía por su Patrona, escribía que “hasta los marxistas le tenían veneración”. Conmovedor, de veras, si se considera el grado de perversión moral que suponía, en aquellos tiempos, ser comunista.

Pero no nos desviemos del tema: existe la memoria ahistórica y de ella dan testimonio los poetas, incluso alguno de ellos comunista contumaz. Como Alberti. He aquí el testimonio. Lo saco de su libro poético Sobre los ángeles, de un poema que lleva por título “Tres recuerdos del cielo”. El poema va precedido de un breve prólogo que dice:

No habían cumplido años ni la rosa ni el arcángel.
Todo anterior al balido y al llanto.
Cuando la luz ignoraba todavía
si el mar nacería niño o niña.
Cuando el viento soñaba melenas que peinar
y claveles el fuego que encender y mejillas,
y el agua unos labios parados donde beber.
Todo anterior al cuerpo, al hombre y al tiempo.
Entonces yo recuerdo que una vez, en el cielo…


Esta es, rigurosamente, una experiencia de la memoria ahistórica. Pero continuemos con el rastro del testimonio. Esta vez el testimonio proviene de un humanista cristiano, sacerdote por más señas, como fue José Mª Cabodevilla. Extraigo su testimonio de uno de sus libros, titulado Feria de utopías (pág. 199):

(…) si entendemos la infelicidad como una privación es porque en algún momento, de hecho o de derecho, fuimos felices. ¿Cuándo? Por debajo de la memoria personal debe existir una memoria más honda, la memoria de la especie, esa que guarda el recuerdo de un paraíso anterior a toda historia y prehistoria. ¿En qué vida astral, en qué remotísimas entrañas maternas supimos que existe la felicidad?

Pero será otro poeta, el portugués Camões, el que nos descubra la verdadera naturaleza de esa memoria ahistórica y nos diga su verdadero nombre, el que corresponde a una situación intemporal, fuera del tiempo. Y el nombre de ese recuerdo especial es el de reminiscencia:

Mas, ó tu, terra de Glória,
se eu nunca vi tua essência
como me lembras na ausência?
Não me lembras na memória
senão na reminiscência.

(Pero, oh tú, tierra de gloria, /
si yo nunca vi tu ser en la realidad /

¿cómo es que me viene el recuerdo de tu ausencia? /
No es propiamente la memoria la que
te recuerda/
sino la reminiscencia)


(Seguramente que los versos del poeta de Os Lusiadas podrían tener una traducción mejor que la mía)

La reminiscencia es el recuerdo de algo anterior a la historia y al tiempo. Otro testimonio de peso es el de Platón, La teoría de la reminiscencia, o memoria ahistórica, se encuentra claramente expuesta en su tratado sobre la belleza, más conocido por el título de Fedro. Y ¿qué es lo que nos dice Platón al respecto? Pues que antes de encarnarse en el cuerpo-cárcel, o en el cuerpo-tumba, nuestra alma contempló, con mayor o menor intensidad, el mundo esplendoroso de las ideas. Y de esa contemplación, que la inundó de felicidad, el alma conserva un recuerdo, una ‘anámnesis’, una reminiscencia. Algunas almas conservan un recuerdo más vivo de esa visión de lo bello. Y las almas que guardan mejor el recuerdo de aquella contemplación están destinadas a encarnarse en hombres llamados a ser “amigos de la sabiduría, o de la belleza, o amigos de las musas, o entendidos en amor” ** (Es decir, en filósofos, artistas, poetas, o en teóricos del amor, en su aspecto más sublime)

Ese recuerdo del mundo ‘supraceleste’ (el 'topos hyperuranios') se despierta ocasionalmente en nosotros ante la experiencia de la belleza o del amor. Así a Fray Luis de León se le arrasaban los ojos en lágrimas ante la contemplación del cielo estrellado, o al escuchar la música compuesta por Salinas:

A cuyo son divino
el alma, que en olvido está sumida,
torna a cobrar el tino
y memoria perdida
de su origen primera, esclarecida.

Todo esto es lo que constituye ese peculiar sentimiento que los portugueses llaman saudade. Y esa es la superioridad y la grandeza de la memoria ahistórica sobre la triste, la atormentada y doliente memoria histórica.

De la que ya hablaremos en ocasión más propicia.


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** El pasaje de Fedro aquí aludido es, en el texto griego, el 248 d, 2-4.