sábado, marzo 30, 2013

ASUNTOS DE LA LIRA

“Mientras haya esperanzas y recuerdos  
¡ habrá poesía !”  (Bécquer)


Bécquer auguraba la permanencia de la poesía, vinculándola a una serie de motivaciones que se pueden reducir a cuatro principalmente: el espectáculo de la naturaleza, la tendencia natural del ser humano a desvelar los misterios que esa naturaleza encierra, la existencia de los sentimientos y las emociones y, por último, los dos principales estímulos de esos sentimientos, que son el amor y la belleza.
La ‘lira’ es la personificación del instrumento, puesto en el lugar del que lo maneja (se llama a esta figura metonimia) Naturalmente, ‘enmudecer’ es propio de las personas, no de las cosas. Pero Bécquer dice “enmudeció la lira”, desplazando hacia el instrumento lo que es propio de las personas. Rubén Darío también ‘personifica’ el instrumento musical que es el clavicordio de la princesa melancólica:“está mudo el teclado de su clave sonoro”.

Para Bécquer ‘habrá poesía’ en tanto que siga habiendo esas cosas bellas, que despierten los sentimientos que menciona. Entre ellos están los recuerdos y las esperanzas. Si éstas miran hacia el futuro, aquéllos miran hacia el pasado. Al recuerdo querencioso del pasado se le puede llamar también nostalgia. Era el dolor que experimentaba, especialmente, el que estaba alejado de su patria y deseaba el regreso. (Según los ‘étimos’ griegos de esta palabra, ‘nóstos’ es, en griego, el ‘regreso’, la vuelta; y ‘álgeon’ es el dolor) .Cuando se es joven priman las esperanzas sobre los recuerdos. Cuando se es ‘mayor’ (o, para decirlo sin eufemismo, ‘viejo’) priman los recuerdos sobre las esperanzas. Pero tanto aquéllas como éstos actúan, invariablemente, como estimuladores de la actividad poética.

Así pues, tenemos una actividad, el recuerdo, proyectado hacia el pasado y, otra, la esperanza, proyectada hacia el futuro. Eventualmente, puede ocurrir que el recuerdo se proyecte hacia el futuro y, en cambio, la esperanza se retrotraiga, en cierto modo, al pasado. En poesía no faltan ejemplos de este tipo de trascordamientos. Por ejemplo, Juan Ramón Jiménez, en algún momento de su vida, desea vivir...

...con los recuerdos, nada más,
de lo que no ha pasado todavía,
de lo que va a venir seguramente.
                         (Piedra y Cielo, 46)
De este modo se podría definir el recuerdo como una esperanza retrospectiva y, viceversa, la esperanza como el recuerdo prospectivo.
Hay una memoria que trasciende el recuerdo personal, y es la ‘reminiscencia’. Así Alberti pudo trascender esa memoria, que sólo alcanza los confines del tiempo, y alcanzar a rebasar esos confines por la reminiscencia. Y en su libro Sobre los ángeles, nos habla de “tres recuerdos del cielo”. En el ‘prólogo’ de este tríptico, el poeta evoca un estado de conciencia en el que era “todo anterior al cuerpo, al hombre y al tiempo”. Se trata de ese lugar de la memoria colectiva en el que se ubica lo que se llama la ‘reminiscencia’. Platón ha teorizado sobre esa experiencia, en alguno de sus diálogos, especialmente, en el titulado Fedro. Muchos son los poetas que, a lo largo de diversas épocas y países, han hablado de ese recuerdo ‘anterior al tiempo’, que se ha llamado ‘reminiscencia’, para distinguirlo del recuerdo, siempre ligado al tiempo; siendo la reminiscencia algo intemporal. Dice Camões, distinguiendo netamente la memoria de la reminiscencia:


Mas ó tú, terra de glória,
se eu nunca vi tua essência,
cómo me lembras na ausência?
Não me lembras na memória,
senão na reminiscência.


Esa reminiscencia consiste en el recuerdo del lugar ‘supraceleste’ del que habla Platón. El recuerdo del Cielo. La nostalgia de ese ‘lugar supraceleste’, tiene en los poetas a los principales testigos de su existencia. Los estudiosos de esa nostalgia (que en Portugal se denomina saudade) saben a quiénes han de llamar como testigos a la hora de explicar el origen de ese sentimiento: “os testemunhos literários da vivência da saudade, principalmente de poetas”, dice el estudioso portugués Joaquim Carvalho, son de dos clases: unos se refieren a la repercusión del fenómeno propiamente dicho, a su modo de afectarnos; y, otros, a la causa que los produce: la pérdida de un bien del que ya se tuvo conocimiento en alguna forma de existencia anterior. Tal vez por eso es por lo que Aleixandre dice de los poetas que son:

Ángeles desterrados de su celeste origen.

La reminiscencia, ya bien conocida por Platón y de la que se habla en los versos que citamos más arriba, es, según el teólogo José Mª Cabodevilla, no la memoria personal, sino la memoria de la especie, “esa que guarda el recuerdo de un paraíso anterior a toda historia y prehistoria. ¿En qué vida astral, en qué remotísimas entrañas maternas supimos que existe la felicidad?” (Feria de utopías, p. 199)

La interacción entre el recuerdo y la esperanza se verifica de modo especial en la saudade. Ella realiza el milagro de transmutar el recuerdo (la reminiscencia) en esperanza. Respecto a esa interferencia recíproca que se da entre el recuerdo y la esperanza (en el caso concreto de la saudade), se ha dicho alguna vez que "a esperança é saudade do futuro, a saudade é esperança no passado", según esa especie de viaje de ida y vuelta que se da entre el recuerdo y la esperanza, como apuntábamos más arriba.


Bécquer sentía que la Poesía tenía asegurado el futuro. Y que, en gran manera, ese futuro consistía en recorrer el puente que nos trae y nos lleva del recuerdo a la esperanza, y viceversa.

domingo, marzo 24, 2013

A VUELTAS CON LAS COPLAS DE MAMÁ

No es la primera vez (ni, probablemente, será la última) que el recuerdo de mi madre asoma a estas páginas. Su presencia en mi memoria se actualiza con el recuerdo de sus coplas favoritas, las que ella canturreaba cuando estaba atareada en el trajín diario de la casa, ya fuese el propio de su oficio, la costura, o bien en las tareas hogareñas, que fue asumiendo cuando ya su madre, mi abuela, no estaba en disposición de desempeñarlas como cuando era más joven.

En estos pasados días he vuelto a evocar dos de aquellas viejas canciones que le escuchaba cantar, no sin complacencia por mi parte, pues a decir verdad, tenía muy buen oído y era grato oírla cantar. Y recordando estas canciones, como a trechos la letra de las mismas se me borraba de la memoria, tuve la idea de buscarlas en ese moderno Supermercado del Saber que es Google. Y sí que encontré, por lo menos, la letra completa de una de esas canciones. Debió ser una adaptación que hiciera Sara Montiel de la versión más antigua de la canción, cuya primer intérprete debió de ser alguna cupletista de los años 20 ó 30 ¿Quién? Este detalle no lo consigna Google. Pero deduzco que debió ser Raquel Meller, ya que de ella tomó Sarita Montiel los mejores éxitos que su modelo había popularizado años atrás. La canción con la letra completa la transcribo aquí, tomándola de Google:

Doña Mariquita de mi corazón

Cuando voy a los bailes
del duque de Osuna
con el miriñaque de rico muaré,
oigo que murmuran, no existe ninguna
que tenga más breve, ni tan lindo pie.

Y si bajo al Prado, sobre el raso vivo
de mi carretela, que luce un blasón,
dicen los jinetes que van a mi estribo:
Doña Mariquita de mi corazón

En el Madrid romántico
no se oye otra canción:
Mariquita, Mariquita, doña Mariquita,
Doña Mariquita de mi corazón.

Si al volver del Retiro
cuando acaba el día
me encuentro con Larra,
le causo placer.     (según la canción de mi madre:  me causa placer)

Y cuando visito la botillería
viejos y galanes me vienen a ver.

Espronceda me suele
decir madrigales,
que expresan el fuego
de su admiración.

Y todos repiten, muy sentimentales,
Doña Mariquita de mi corazón.

En el Madrid romántico
no se oye otra canción:
Mariquita, Mariquita,
Doña Mariquita,
Doña Mariquita de mi corazón.
                      ___

¿Y la otra canción? Pues no he conseguido encontrarla en Google. Sólo recuerdo a trechos la letra (y, desde luego, la música) que oía cantar a mi madre:

Como eres princesa y usas corona y usas corona,
capitanes son poco pa tu persona, pa tu persona...
(...)

Con el ay, ay, ay, ay, caray qué vida,
ay, ay, ay, San Antonio de la Florida.
Con el ay, ay, ay, ay, sal y pimienta,
y guindilla picante con mucha menta...
(...)

Pues aquí les hago partícipes de estas memorias, en las que me complazco recordando a uno de esos seres maravillosos que, además de traernos al mundo, procuran, con el mayor empeño, que seamos felices. Seres que merecen siempre nuestro agradecimiento y nuestro homenaje.____ 

NOTA: Clicar sobre la imagen para verla aumentada

jueves, marzo 07, 2013

EN EL NOMBRE DEL PADRE

“Yo supe del dolor desde mi infancia”
(Rubén Darío)

Yo supe de la orfandad desde muy temprano en la vida. Aún no había cumplido los cuatro años cuando me quitaron a mi padre. El "autor de mis días", como solía decir, un tanto solemnemente, mi abuela paterna. Ella, como la Níobe mitológica, perdió también a diez de sus hijos, de los 14 que engendró.
Quedé, pues, con poco más de tres años, huérfano de padre. A merced de ese padre común que llaman la Providencia, y al cuidado de mi madre, viuda, y de mis abuelas, paterna y materna. La primera de éstas falleció nueve años después de su hijo Eloy, mi padre.


Yo, que no disfruté mucho tiempo de la compañía de mi progenitor (ni él disfrutó de la mía) pienso ahora que mi padre vive en el seno del Padre, integrado en su eón. Mi padre, asumido en la paternidad de Dios, es para mí, Dios. Dios es mi padre y mi padre es Dios. Creo estar más cerca de la protección divina a través de mi padre. Y a él me encomiendo, como espíritu puro, que conserva eternamente su cariño por mí y su afán de protección. Él reside ya en “esas aulas donde el saber se aprende de una sola mirada”. Y a él (a Él) atribuyo las motivaciones que me animan a seguir, a vivir y a esperar. Creo que él me inspira cuando escribo, especialmente pensando en él. Así cuando le dediqué una oda en latín, escrita en las estrofas que el poeta griego Alceo inventó, me siento especialmente inspirado por mi padre. Él no tuvo la oportunidad de estudiar latín, pero estoy seguro de que ahora lo sabe. Eso y mucho más, porque como espíritu puro el saber le es accesible. Él no pudo desarrollar sus capacidades intelectuales, que tenía en alto grado. Le hubiera gustado ser arquitecto, pero sólo pudo ser albañil (‘alarife’, dice la nota del juzgado local donde consta su fallecimiento). El acta de defunción, por cierto, se levantó seis años después, en 1942, a instancias de mi madre. En dicha acta se consignó que la causa del fallecimiento fue “a consecuencia de la pasada guerra”, por donde se ve que los asesinatos se cargaron a cuenta de la guerra: los presuntos combatientes, inermes, se consideraron como enemigos potenciales. Esta era la opinión de Yagüe, quien daría en este sentido instrucciones muy precisas a los municipios correspondientes, comandados por la derecha. No obstante, la aplicación estricta de la norma se dejó a la interpretación de los capitostes locales. Ellos fueron quienes, en última instancia, determinaron quiénes debían morir y quiénes no.

El sueño de mi padre, ser arquitecto, se ha visto realizado en la persona de una de sus nietas: mi hija María José. Tiene, además, otras nietas: mi hija Mercedes, que es médico, y mi hija Marielo, que es profesora de Enseñanza Secundaria. Y un nieto economista: mi hijo Juan Gabriel. De mi hermana (hija póstuma a quien no pudo conocer) tiene otra nieta, María Eloísa, licenciada en Ciencias de la Información.


Por todo lo cual, cuando me encomiendo a mi Padre, le digo: ¡Enhorabuena, Padre, hemos triunfado! Y esto lo debemos, en gran medida, a tu amor paterno y a tu sacrificio.



miércoles, marzo 06, 2013

ANTONIO MACHADO EN LATÍN (III)

(“Anoche, cuando dormía…”)

Heri noctu, dum dormirem,
(o fictionem benedictam!)
Somniavi fontem manare
Interius in corde meo.
Quali, dic, abdita vena,
aqua, pervenis ad me?
Vitae novae iugis fons
Ex quo prius numquam bibi ?
Heri noctu, dum dormirem,
(o fictionem benedictam!)
Somniavi me habere favum
Interius in corde meo.
Et aureas apes in illo
Fabricare laborasse
Ex amaroribus priscis
Mollem ceram melque dulce.

Heri noctu, dum dormirem,
(o fictionem benedictam!)
Somniavi solem ardentem
conditum me habere in corde.
Ardens erat quia praebebat
Foci rubentis calores,
Et sol erat quia fulgebat
Et flere interdum cogebat.

Heri noctu, dum dormirem,
(o fictionem benedictam!)
Esse Deum, id quod haberem
Somniavi, cor intra meum.

NO CAERÁ ESA BREVA



Con esa frase solemos referirnos a algo apetecible, que nos gustaría que sucediera, pero que no albergamos demasiadas esperanzas de que vaya a ocurrir. Digo esto porque este año he presentado un artículo al premio de Periodismo “César González Ruano”, que patrocina la Institución Cultural MAPFRE. Allá por los años 80 del siglo pasado concurrí repetidas veces al citado premio, sin resultado positivo en ninguna de las ocasiones que lo hice.

Convencido de que era inútil por mi parte el querer competir con firmas tan ilustres como la de Manuel Vicent, Emilio Romero o José García Nieto (por citar sólo tres nombres de los que obtuvieron el codiciado galardón) dejé de concurrir al premio. No obstante, los del Instituto Cultural MAPFRE han seguido enviándome su invitación puntualmente a cada nueva edición del premio, así como invitándome a los numerosos actos culturales que organiza la Institución a lo largo del año.

En la presente edición el premio recaerá sobre algún artículo publicado en algún periódico o revista española durante el año 2012. Busqué entre mis publicaciones de ese año y encontré un artículo que podría valer para la ocasión. Así que he resuelto volver a probar suerte y presentarme, una vez más, tras un intervalo de más de una década, al premio periodístico mencionado. Lo hago con un artículo de divulgación, aunque con algunos toques eruditos, que versa sobre un determinado tópico literario: el motivo del ángulo, o también, del rincón. Se publicó en la Revista de Estudios Extremeños, t. 68, nº 2, pp. 601-608. Les incluyo aquí el correspondiente enlace para aquellas personas que puedan evaluar los posibles méritos del trabajo.

Sé de antemano que tengo pocas probabilidades de éxito: ya lo doy a entender en el título de esta entrada. Recordando la letra de una añeja canción, diré que “yo tengo casi, casi, la seguridad” de que los resultados también van a ser negativos esta vez. Pero ese casi, casi, abre una rendija a la esperanza. Además, cuando veo entre los nombres de algunos de los agraciados con el premio en ediciones anteriores ciertos nombres (que me abstendré de citar) me digo “Pues, si lo ha conseguido éste, ¿por qué no podría conseguirlo yo? Hablando con toda franqueza, yo me considero tan merecedor, o más aún, que el sujeto o los sujetos en cuestión.
De modo que a esperar acontecimientos. A ver si, definitivamente,  dejo de concurrir al “González Ruano” de periodismo.

martes, febrero 26, 2013

FEBRERO, MES CANIJO Y EMBUSTERO

Febrero, el mes más corto del año, tiene fama de embustero. Un dicho popular atestigua esta mala fama: "Febrero engañó a su madre en el lavadero". Tiene también fama de 'locatis' y casquivano: de ahí que se le apode "Febrerillo el loco". Como tiene sólo 28 días (o, a lo más, 29 si el año es bisiesto) se le añaden uno o dos días más, falsos, y en ellos se sitúan los futuribles que jamás acontecen: el día 30 de febrero es la fecha inexistente donde se sitúan los acontecimientos que nunca tendrán lugar. Los romanos daban a entender esto mismo con la expresión ad Kalendas Graecas. Pues, como se sabe, los griegos no empleaban las Kalendas como una fecha de referencia. De modo que decir "en las Kalendas griegas", o en "el 30 de febrero", es como decir nunca

En el calendario romano este mes podía tener un día repetido, cada cuatro años, que era el día VI antes de las Kalendas de marzo.. Ese día era el 24 de dicho mes (este año cayó en domingo) y se databa como el día sexto antes de las Kalendas de marzo: VI a. Kal. Mart. Pero, como hemos dicho, cada cuatro años el mes de febrero tenía (y tiene) un día más. En este caso se consideraba que había un día repetido (el día 24), o sea, un VI bis a. Kal. Mart. Correspondían esos días al 24 y 25 de febrero, VI y VI bis, respectivamente. De ahí lo de bis VI, o bisiesto. En el año normal se contabilizan seis días desde el 24 de febrero al 1 de marzo, inclusives. En el año bisiesto se contabilizan igualmente seis días, pero partiendo del 25 de febrero al 1 de marzo. En realidad, en el año bisiesto el 24 de febrero debería llamarse VII a. Kal. Mart. Pero se le sigue llamando VI a.Kal. Mart. porque el día siguiente, el 25, se le llama bis VI a. Kal. Mart.

Entre las locuras que nos ha traído este febrero de 2013, que aún no ha concluido, están los resultados de las elecciones en Italia, con el triunfo de un político cuya mala reputación como disoluto no va a impedirle, según parece, alcanzar mayoría en el senado. No logramos entender cómo el electorado italiano puede otorgar confianza a un ciudadano como éste, conocido en todo el mundo por los escándalos sexuales que ha protagonizado. Por lo visto, estos escándalos no suponen un obstáculo a tener en cuenta por una parte del electorado de su país, que le otorga su confianza.

A los escándalos de la conducta del político se suma, en este caso, el escándalo de quienes le votan, con los antecedentes que acompañan la mala fama del llamado, irónicamente, 'il cavaliere'.

Una democracia que actúa así carece, en absoluto, de credibilidad. Es la farsa más escandalosa que puede darse en el escenario político. Pero...a lo mejor estoy equivocado.

jueves, febrero 21, 2013

NUEVA APOLOGÍA DE SÓCRATES


El día 19 pasado, por la noche, se celebró sesión en el Seminario Humanístico Zafrense, con intervención del profesor Carlos Díaz, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid. La sesión resultó prolija, ya que las ideas del citado  profesor suelen ser, a menudo, polémicas: se prestan a la controversia, cosa que pudimos comprobar en esta ocasión una vez más. Entre los asistentes hubo quienes manifestaron su disconformidad respecto a ciertos puntos de vista del profesor. Otros nos reservamos nuestra opinión, como fue mi caso, por más que algunas de las afirmaciones del conferenciante estaban en abierta contradicción con mis propias convicciones. Sólo que, de un lado, cierta renuencia, natural  en mí, a manifestar mis propias ideas oralmente y, de otro, el propósito de asegurarme bien antes de hablar, me hicieron optar por el silencio. Aunque tengo a Carlos Díaz por antiguo amigo (ya estuvo en Zafra en una ocasión anterior y en aquella oportunidad me cupo a mí el honor de presentarlo a los oyentes) tengo que recordar, citando la frase aristotélica que él ha asumido, seguramente más de una vez, aquello de 'amicus Plato sed magis amica veritas' (Platón es amigo, pero la verdad es más amiga) El caso es que en cierto momento de su intervención el profesor vino a dar por sabido que el maestro Sócrates había practicado la pederastia. Esto, por mucho que tan abyecta práctica se considere bastante generalizada en la antigua Grecia, no deja de constituir una tacha capaz de arruinar la calidad moral de nuestro personaje; algo que de ninguna manera se puede consentir; sobre todo porque no es sólo que no existen testimonios documentales que confirmen la presunta pederastia de Sócrates, sino que tenemos testimonios fehacientes justamente en sentido contrario. Ni siquiera las acusaciones que se formularon contra él por la vía judicial (la de Ánito y Meleto) tocaban el tema de la pederastia. En efecto, leyendo la primera Apología de Sócrates, la de Platón (la segunda 'apología' es la de Jenofonte, discípulo igualmente de Sócrates, como Platón) se vienen a sustanciar las acusaciones en una cuestión de presunta heterodoxia doctrinal, no por prácticas sexuales de tipo 'sodomita', por ejemplo. Si Sócrates 'corrompe' a la juventud, según la acusación oficial, es porque "no cree en los dioses en los que cree la ciudadanía, porque suele investigar los fenómenos que se dan bajo la tierra, y en el cielo y, especialmente, porque enseña a hacer de un argumento flojo un argumento fuerte". Esa era la peculiar habilidad que se atribuía a los llamados 'sofistas'. Sus acusadores pretendían desacreditarlo, como si Sócrates fuera un sofista más. Según esto, Sócrates resultaba peligroso  para la juventud  porque, al decir de sus detractores, se dedicaba a corromper a los muchachos (tous néous diaftheírein) con las doctrinas en las que trataba de imbuirlos, no respetuosas con la religión 'oficial'. Nada, pues, que tenga que ver con presuntas prácticas sexuales.
En este sentido disponemos de un texto explícito de Platón, que todos podemos leer en alguna buena traducción del griego (no hace falta saber griego para estudiar con provecho las enseñanzas de los primeros maestros de filosofía, o, por lo menos, de los primeros que se dieron en la historia de la cultura) El texto, si alguien está en condiciones de leerlo en su lengua original, lo puede buscar en el diálogo platónico titulado El banquete ('To sympósion') y su referencia por la edición de Stephanos es un largo pasaje que va desde 217b a 219d. Lo pueden ver en alguna buena traducción (a la vista tengo, en este momento, la de Luis Gil Fernández,  en la colección de la  Biblioteca de Iniciación Filosófica, en la editorial Aguilar) Me quedo, de toda esa larga cita (en la que se relata cómo Alcibíades pretende poner a prueba la virilidad o varonía de Sócrates) con la siguiente frase del propio Alcibíades: 

¡Sabedlo bien, por los dioses y por las diosas! Me levanté, tras haber dormido con Sócrates, ni más ni menos que si me hubiera acostado con mi padre o con mi hermano mayor.

Fin de la cita. Aunque para los que quieran (y puedan) cotejar estas palabras con su redacción original, se las transcribo a continuación en el texto griego:

εὖ γὰρ ἴστε μὰ θεούς, μὰ θεάς, οὐδὲν περιττότερον καταδεδαρθηκὼς ἀνέστην μετὰ Σωκράτους ,  ἢ εἰ μετὰ πατρός καθηῦδον  ἢ ἀδελφοῦ πρεσβυτέρου

(Symp. 219c7 to 219d2)   
______ 

lunes, febrero 18, 2013

CUANDO EL CRÁNEO DEVIENE CARACOLA


Como es sabido, cuando aplicamos nuestras orejas a las caracolas marinas, ya vacías de sus anteriores inquilinos, escuchamos un ruido muy similar al del oleaje, como si esas concavidades fuesen verdaderas cajas de resonancia en las que hubiera quedado recogido para siempre el rumor del océano. A veces, en nuestro cráneo, cuando todavía es recipiente de una masa cerebral viva, se producen ciertos ruidos, reales o aparentes, generalmente de origen patógeno. Son los denominados acúfenos en el léxico propio de la Medicina. Suelen ser, con frecuencia, indicadores de una hipertensión en proceso de desarrollo y constituyen un aviso para que acudamos al médico, indicándole este síntoma. Seguramente el doctor procederá a tomarnos la tensión y el aparato de medir la tensión arterial, probablemente, confirmará nuestras sospechas en este sentido. Hasta aquí nos hemos movido en el terreno de la fisiología. Es decir, de lo estrictamente físico. Pero he aquí que a mí lo que me interesa, especialmente, es rebasar el plano de lo puramente físico para moverme en el terreno de lo metafísico. O, si queréis, en el plano de lo poético o lo metafórico. La alegoría, en este caso, es elocuente: caracola es a cráneo como mar es a muerte.

Que el mar es símbolo de la muerte, todos lo sabemos; especialmente cuando recordamos los famosos versos de Manrique:

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar a la mar
que es el morir.

Un poeta que hace de esta metáfora (mar = muerte) uno de sus Leitmotive poéticos preferidos es Miguel Hernández. Con la palabra 'mar', como contraseña poética de la muerte, Miguel Hernández emboza en un recatado eufemismo una palabra que es de suyo inquietante y especialmente amarga, cuando queremos hacer partícipe de su presentimiento a un ser querido. Es el caso de Miguel Hernández, sincerándose, al respecto, con su mujer, participándole el presentimiento de que va a morir antes que ella :

Esposa, sobre tu esposo
suenan los pasos del mar.

(Cancionero y romancero de ausencias, 118)

Tu destino es de la playa
y mi vocación del mar.

("Un carnívoro cuchillo", de El rayo que no cesa)

Cuando no se trata de apesadumbrar a nadie con una mala noticia, el poeta no tiene inconveniente en hacer explícito el contenido del símbolo. Así en el poema "El pez más viejo del río", dice el poeta (sin duda para sus adentros sintiéndose identificado con él) que:

tomó el camino del mar,
es decir, el de la muerte.

(Cancionero y romancero de ausencias,119)

Y la poética moraleja, o conseja, de este cuentecillo es que, respecto al metafórico mar de la muerte, nuestro cráneo, metafóricamente también, se convierte, a veces, en caracola.


(Ilustración de Apeles Mestres para El Lazarillo de Tormes, edic. 1882)

sábado, enero 26, 2013

EL TÍO DE LAS TRES CAMPANAS (Memoria de Aceuchal)

Der Krämer (El buhonero) Grabado antiguo
Apuesto a que quedan ya muy pocas personas en Aceuchal que se acuerden del llamado tío de las Tres Campanas, un buhonero chiquito, de grueso bigote blanco, que vendía sus baratijas junto al “Pilá Largo”, como se llamaba antiguamente a la fuente pública que surtía de agua a la localidad. La fuente propiamente consistía en una cámara abovedada, que protegía los caños y que estaba adosada al largo abrevadero de las bestias (de ahí el nombre de ‘Pilá Largo’). En las inmediaciones del Pilá Largo se situaba el buhonero y pregonaba las mercancías que portaba en un cesto apaisado, una canasta o banasta, con las menudencias que eran necesarias para las labores caseras, sobre todo, relacionadas con la costura: agujas, dedales, madejas de lana o de hilo... Lo más divertido era el desenfado y desparpajo con que el avispado viejecillo pregonaba su mercancía: ¡hilo blanco, hilo negro, madejones de hacer media!... Pero, de cuando en cuando, el redomado vejete incluía en su pregón una especie de chiste que causaba regocijo, por lo picaresco, sobre todo entre la clientela femenina. Yo no sé si los lápices estaban también incluidos entre los artículos de la cesta del buhonero. Y si estos lápices eran de dos clases: unos, de mejor calidad, que costarían diez céntimos (o sea, lo que se conocía como la perra gorda) y otros de cinco céntimos, la moneda más pequeña conocida como la perra chica. El caso es que el bribón del buhonero pregonaba su mercancía así:
¡Lapih a chica! ¡Lapih a gorda!

(Ya sabemos que el plural correcto es ‘lápices’, pero es el caso que, por aquellas fechas, había gente que creía que el plural de ‘lápiz’ era ‘lápih’ (‘loh lápih’, pronunciando la ‘s’ como una ‘h’ aspirada)

Muy festivo, el Tío de las Tres Campanas, iba por Aceuchal de vez en cuando (había cierta periodicidad en sus visitas, como actualmente la hay en los mercadillos, en casi todas las poblaciones. La cesta del Tío de las Tres Campanas era como un modesto anticipo de los actuales mercadillos.

Y su sorna y su retranca contribuían a desarrugar el ceño, a hacer más llevadera y desenfadada la vida hosca y dura de aquellos años de la posguerra.

EL TÍO DE LAS TRES CAMPANAS (Memoria de Aceuchal)

Der Krämer (El buhonero) Grabado antiguo
Apuesto a que quedan ya muy pocas personas en Aceuchal que se acuerden del llamado tío de las Tres Campanas, un buhonero chiquito, de grueso bigote blanco, que vendía sus baratijas junto al “Pilá Largo”, como se llamaba antiguamente a la fuente pública que surtía de agua a la localidad. La fuente propiamente consistía en una cámara abovedada, que protegía los caños y que estaba adosada al largo abrevadero de las bestias (de ahí el nombre de ‘Pilá Largo’). En las inmediaciones del Pilá Largo se situaba el buhonero y pregonaba las mercancías que portaba en un cesto apaisado, una canasta o banasta, con las menudencias que eran necesarias para las labores caseras, sobre todo, relacionadas con la costura: agujas, dedales, madejas de lana o de hilo... Lo más divertido era el desenfado y desparpajo con que el avispado viejecillo pregonaba su mercancía: ¡hilo blanco, hilo negro, madejones de hacer media!... Pero, de cuando en cuando, el redomado vejete incluía en su pregón una especie de chiste que causaba regocijo, por lo picaresco, sobre todo entre la clientela femenina. Yo no sé si los lápices estaban también incluidos entre los artículos de la cesta del buhonero. Y si estos lápices eran de dos clases: unos, de mejor calidad, que costarían diez céntimos (o sea, lo que se conocía como la perra gorda) y otros de cinco céntimos, la moneda más pequeña conocida como la perra chica. El caso es que el bribón del buhonero pregonaba su mercancía así:
¡Lapih a chica! ¡Lapih a gorda!

(Ya sabemos que el plural correcto es ‘lápices’, pero es el caso que, por aquellas fechas, había gente que creía que el plural de ‘lápiz’ era ‘lápih’ (‘loh lápih’, pronunciando la ‘s’ como una ‘h’ aspirada)

Muy festivo, el Tío de las Tres Campanas, iba por Aceuchal de vez en cuando (había cierta periodicidad en sus visitas, como actualmente la hay en los mercadillos, en casi todas las poblaciones. La cesta del Tío de las Tres Campanas era como un modesto anticipo de los actuales mercadillos.

Y su sorna y su retranca contribuían a desarrugar el ceño, a hacer más llevadera y desenfadada la vida hosca y dura de aquellos años de la posguerra.

In patris carissimi memoriam

ἀνέρος, οὗ δή που λεύκ’ ὀστέα πύθεται ὄμβρῳ
κείμεν’ ἐπ’ ἠπείρου, ἢ εἰν ἁlὶ κῦμα κυλίνδει.

(...el varón cuyos blancos huesos se pudren por la lluvia tirados sobre el llano, o en el mar la ola los voltea...)
(Hom. Od. 1.161-2)

Abstulit atra acies* et funere mersit acerbo






















(Ode alcaica)

I
O digne luctu, care pater meus,
erepte vita morte miserrima!
Avulsus uxori fideli
et genitis vetulaeque matri.

II

Dux perduellis, proditor impius,
conversus enses in populum suum,
invasit Hispanas in urbes
inque suos tulit arma cives.

III

Rerum potiti dextera factio et
commilitonum turba nefaria
fratrumque perfusi cruore
sanguine morteque inebriantur

IV

Duplex initur mox acies fera
bellumque duplo perducitur modo:
per milites castris subactos
perque truces sceleris ministros

V
iusque datum sceleri (Luc. B.C. 1.2)

Tum mors per urbes exitium intulit,
tum ius necandi civibus est datum,
concivium in sedes adortis
excidio patriaeque luctu

VI

Iras protervas carnificum timens
fundum petisti longius abditum,
et coniuge et nato relictis
insidias fugis improborum.

VII


incolumitatem deditis pollicebantur (Caes. B.C. 3.28.2-3)

Falsis promissis credulus hostium
nullis nocendi qui redeant domum
raedaque convectus morosa
sub manibus cadis impiorum.

VIII

Sic notus Ulixes? (Verg. A. II, 44)

Verbis dolosis ne dederis fidem,
audire dictis falsiloquentium
linguasque fallaces caveto
semper in exitium ferentes.

IX

Errore detecto patuit dolus
sed serius te paenituit mali
fraudisque perpessae dolosae,
traditus in manibus malorum.


X
Adventus ut primum innotuit tuus
captum statim mox te veniunt domum,
deprensus atque armis coactus
carcere clauderis et tenebris.


XI
Illic reclusus tempore perbrevi
eductus exis, dederis et neci,
afflictus ingenti dolore ex
coniuge cum puero relictis.

XII

Nec me osculari nec valedicere
qui te necabant annuerunt tibi:
angore compulsus metuque
duceris in loca mortuorum.

XIII

INVOCATIO IUSTITIAE
Astraea virgo, Iustitiae dea,
o diva sedes quae colis inclitas,
aetate Saturni peracta
terricolas apud hospita aequos.

XIV

Impune laedi ne sine victimas,
preces benigne suscipe civium
iustaque compensa bilanci
omnia quae periere bello.



(Traducción)


I ¡Digno de llanto tú, querido padre mío, arrebatado a la vida con muerte muy penosa, arrancado a tu fiel esposa y a tus hijos y tu anciana madre!

II Un general felón, traidor sin entrañas, volvió su espada contra su pueblo, invadió las ciudades de España y se levantó en armas contra sus conciudadanos.

III Dueña de la situación, la derecha facciosa y la nefasta tropa de sus conmilitones, bañados en la sangre de sus compatriotas, se embriagan de sangre y de muerte.

IV Un doble frente feroz se pone en marcha y la guerra se lleva a cabo de una doble manera: por militares en campaña y por civiles sanguinarios, servidores del crimen.

Se otorgó legalidad al crimen  (Luc. B.C. 1.2)
V Entonces la muerte llevó a las ciudades a la ruina, entonces se concedió a los ciudadanos el derecho de matar a sus conciudadanos, allanando sus moradas para la perdición y el luto de la patria.

VI Por temor de las malvadas furias asesinas, buscaste refugio en una lejana finca y dejando a tu mujer y a tu hijo huyes de los ataques de los malvados.

VII Prometían respetar la vida a los que se entregaban (Caes. B.C. 3.28.2-3)

Fiado de las falsas promesas del enemigo, de que ningún daño recibirían los que volviesen a sus casas, y conducido en una lenta carreta, caes en las manos de los desalmados.

VIII ¿Así conocéis a Ulises? (Virgilio, Eneida, 2.44)
Nunca deis crédito a las palabras engañosas del enemigo.
Guardaos de prestar oídos a las palabras de los que profieren falsedades y a las lenguas mentirosas que llevan siempre a la ruina

IX Descubierta la falsedad se hizo patente el engaño, pero ya era tarde para lamentar la equivocación y la engañosa trampa: estabas en manos de los malvados.

X Tan pronto se tuvo conocimiento de tu regreso vienen a tu casa en seguida para apresarte: preso y coaccionado bajo las armas te encierran en la cárcel y en la oscuridad.

XI Allí recluido por un corto tiempo, te sacan para entregarte a la muerte: afligido por el inmenso dolor de dejar a tu mujer y a tu hijo.


XII Ni darme un beso ni decirme adiós te permitieron los que perpetraban tu muerte: por la angustia y el miedo abatido eres conducido al lugar de los muertos.

XIII INVOCACIÓN A LA JUSTICIA

Virgen Astrea, diosa de la Justicia, divina diosa de las alturas, que pasaste la Edad de Oro alojada como huésped entre los moradores de la tierra, que entonces eran justos

XIV ¡No permitas que las víctimas de la injusticia sean dañadas impunemente! Escucha benignamente los ruegos de la ciudadanía y en tu balanza justa compénsanos de todo aquello que pereció con la guerra.
______

* Se trata de un verso de Virgilio (Eneida, VI,429 y XI,28) que yo aplico aquí modificándolo, sustituyendo la palabra ‘dies’, que emplea Virgilio, por la palabra ‘acies’. Métricamente esta sustitución es viable. Pero donde Virgilio dice “el negro día” yo digo “el escuadrón negro”.

** La oda está escrita en estrofas alcaicas. Una estrofa alcaica consta de cuatro versos: dos alcaicos endecasílabos, uno eneasílabo y uno decasílabo.

jueves, enero 24, 2013

FIGURAS DE LA PASIÓN

El conocido título de la obra de Gabriel Miró me viene ahora a la memoria cuando ésta rememora algunos recuerdos de mi infancia relacionados con la imagen paterna. Mi padre murió asesinado por la represión franquista en la madrugada del 10 de septiembre de 1936. Yo tenía tres años, siete meses y diez días. Recuerdo que estuvimos mi madre y yo a visitarlo en la cárcel y llevarle la cena (recuerdo perfectamente que era tortilla de patatas) y que mi padre no quiso comer. Creo que mi madre se llevó para casa la comida. No sé si la ‘saca’ ocurrió a la madrugada. Lo que pienso ahora es que en aquella pasión no hubo “última cena”. Hubo, sí, Calvario (había y hay en Aceuchal una calle llamada con ese nombre y es paso obligado para el cementerio) y hubo, sin duda, Gólgota y muerte. Y el consummatum est. Lo añado yo ahora, casi 77 años después.
Y nada más. Una nueva viuda, con 31 años y un nuevo huérfano, con “tres años y medio” (según mi madre, esa era mi edad cuando perdí a mi padre)
Los recuerdos de aquella etapa los puedo contar con los dedos de las manos. Mi padre me llevaba en la bicicleta, en un sillín de madera que había acoplado en la barra, entre el manillar y el propio sillín donde iba él, de manera que yo iba siempre protegido por sus brazos. Otro recuerdo nítido: mi padre trabajaba en el empedrado de la calle Santa Marta y yo trataba de ayudarle trayendo junto a él alguna piedra (como mucho, de un kilo, o kilo y medio) que había en un montón un poco más allá. En uno de esos acarreos dejé caer la piedra junto a él (que no se dio cuenta para retirar la mano a tiempo) y le hice sangre en un dedo. Naturalmente, mi reacción fue llorar. Y recuerdo que él me consolaba: “Mira, ¿ves?: no es nada”.
Un día me llevó al Ayuntamiento donde trabajaba de oficial. Me llamó la atención ver que en una de las estancias del centro municipal se apilaba una gran cantidad de receptores de radio. ¿Por qué ‘requisaron’ los del Ayuntamiento socialista esos aparatos de radio? ¿Simplemente porque los ricos disponían de unos medios a los que los pobres no teníamos acceso, con los escasos sueldos que ganaban los de la clase obrera? Debió haber, posiblemente, otra razón menos simplista y más justificativa: la radio era el principal medio de propaganda de los sublevados: las proclamas furibundas de Queipo, que monopolizaban prácticamente la información a favor del bando de los adinerados. De todos modos, aquella incautación de receptores radiofónicos me pareció una señal de alarma, precursora de un peligro inminente. Luego recuerdo a unos tipos con camisas azules que vinieron a registrar nuestra casa. Buscaban, según decían, armas. Los recuerdo abriendo y revolviendo las ropas guardadas en los cajones de la cómoda.
‘Requisaron’ (es decir, robaron, la bicicleta de mi padre) Muchos años después supe que se la ofrecieron a Bastida (que no quiso aceptar el ‘regalo’) Pero hubo quien lo aceptó (y yo supe su nombre, porque en los pueblos chicos todo acaba por saberse) También se llevaron una colección del semanario “Estampa”, al que mi padre estaba suscrito. Eran varios años de suscripción y las revistas estaban apiladas en la casa huerto que mi padre poseía frente a la casa de Los Silos. También sé quién se quedó con la colección de las revistas. Hace pocos días he visto en el cementerio de Aceuchal, las lápidas con los nombres de algunos de estos ‘personajes’.
Son retazos de recuerdos: la infeliz secuela de la “memoria histórica”. Las figuras de la Pasión de un mártir laico, narrada por Juan. Una Pasión en la que hubo, sí, Calvario y Gólgota*, pero no hubo Última Cena.
_____  
* 'Gólgota', según nos advierte el evangelio de San Marcos (Mc., 15.22) significa 'lugar de la calavera' (es decir, el cementerio)
(Dibujo del autor)

sábado, enero 19, 2013

LAS CUATRO PATRIAS DE PLANTINO, SEGÚN PEDRO DE VALENCIA

De nuestro ilustre zafrense, Pedro de Valencia, sabemos que era un consumado helenista y un latinista excepcional."Sabía más griego que Erasmo", según la afirmación, un tanto hiperbólica, del Brocense. Puede que el maestro exagerase, pero lo cierto es que hablaba con conocimiento de causa, por haber sido profesor del de Zafra cuando éste estudiaba en Salamanca.

Valencia citaba de memoria textos griegos, tanto en prosa como en verso, y se expresaba con facilidad en un elegante latín. En esta lengua escribió su principal obra de carácter filosófico, titulada Académicas.

Su preparación en las lenguas clásicas sería aprovechada por su mentor y amigo, Benito Arias Montano, quien le hizo el honor de dedicarle una larga oda en latín, incluida en la segunda compilación poética de la poesía latina de Montano, que llevó a cabo el propio Valencia*. Esta segunda compilación apareció en el año 1593 y se tituló Hymni et saecula. La primera compilación, aparecida en 1589, se titulaba Poemata in quattuor tomos distincta (Poemas distribuidos en cuatro tomos). Valencia escribió sendos prólogos en latín tanto para la primera como para la segunda de estas compilaciones. Los libros se editaron en Amberes, en los prestigiados talleres de Plantino, el célebre impresor. Al fallecer Plantino en 1589, continuó su labor el yerno de éste, Juan Moreto.

El fallecimiento de Plantino supuso un duro golpe para el editor zafrense de la poesía de Montano. Valencia preparaba la edición de la segunda compilación poética de la obra montaniana, obra ya en curso, como se desprende del mismo prólogo del zafrense a  la primera parte, salida de las prensas en el mismo año del fallecimiento del impresor. El óbito se produjo el día 1 de julio de 1589.

Con ocasión del luctuoso suceso, Valencia decidió homenajear al impresor con unos versos en latín, a modo de epitafio. El poema manuscrito se conserva en un infolio de la Biblioteca Nacional de Madrid, el ms. 5585. Esta clase de sucesos impactantes suele ser estímulo de la inspiración y una invitación a desahogarse en  la lengua que, desde Catulo y Horacio (y mucho antes y mucho después de ellos) ha servido para componer tantas endechas fúnebres como para constituir un género, el elegíaco (aunque esta palabra abarque en realidad un amplio abanico de temas, entre otros el amoroso) y, particularmente, en las composiciones conocidas con el nombre de epicedios.

Valencia expresó su pesar por el fallecimiento de Plantino dedicándole un epicedio (a modo de epitafio) Está formado, en este caso, por seis versos, o tres dísticos, cada uno de ellos constituido por un hexámetro y un trímetro yámbico. Aquí los reproduzco seguidamente, acompañándolos de la correspondiente traducción:

Patria Plantino Turones prior, altera facta est
Antuerpia ut quae fovit hospita hospitem.
Tertia totae orbis vocitandae patria terrae
quas pervagatur eius ingens gloria.
Patria quarta tibi, sed fortunatior, astris,
Plantine, Iuliis Kalendis est data.


(Tours fue la primera patria de Plantino; la segunda fue Amberes que, hospitalaria, lo acogió como huésped. La tercera patria hay que llamar a todas las tierras del orbe por las que su inmensa fama se ha propagado. La cuarta patria, la más dichosa para ti, Plantino, te fue otorgada entre las estrellas**, el día de las Kalendas*** de julio)

Vean aquí el facsimil manuscrito del poema, de puño y letra del propio Pedro de Valencia:












____

(Pulsen sobre el texto para ampliar)_
 
* La oda se titula "De la mente y su elección", y es la primera oda del libro III de los Saecula. Pincha aquí para leer el poema de Montano y mi traducción del mismo al español. La traducción ha sido levemente modificada posteriormente, en la segunda estrofa. Donde antes se leía "inspira, Cristo, a tu poeta..., ahora se dice: "inspira a tu poeta, Cristo...". El detalle puede parecer nimio, pero es importante, pues lo que dice a continuación se refiere, precisamente, a Cristo; no al poeta (como antes se podía pensar)

** Valencia ‘catasteriza’ (= convierte en estrella) a Plantino, lo eleva al ‘estrellato’ de los impresores, como un modelo de los mismos.

*** Las Kalendas caen el día 1 de cada mes.




viernes, enero 18, 2013

AMORES EFÍMEROS (Reedición)


Frente a la exaltación del amor eterno, perdurable en el recuerdo, podíamos acordarnos también de aquellos amores que sólo duraron unas horas, aquellos que nacieron y murieron en el término de un día: a estos amores los llamamos efímeros, (palabra que por su etimología griega significa 'lo que dura un día'). Ciertos insectos y algunas flores nacen y perecen en ese breve intervalo que, a veces, ni siquiera abarca las veinticuatro horas, sino sólo las horas de lo que corresponde al día solar.
En ese breve lapso de tiempo pueden florecer y agostarse algunos amores, por más que su recuerdo suele acompañarnos durante el resto de nuestra vida. ¿Existen tales amores que, aunque los llamemos efímeros se recuerdan luego a lo largo de la vida entera? Claro que sí: existen. De ello da fe la letra de un conocido tango (Quiero emborrachar mi corazón, etc.) Dice una parte de ese tango: Si su amor fue flor de un día, / ¿por qué causa es siempre mía esta cruel preocupación?)
El amor deja en el alma una huella perdurable. Por más que haya sido 'flor de un día'. A estos amores se refirió Unamuno en su Oda a Salamanca, en estrofas sáficas:

Amores que nacieron como nace
en los trigales amapola ardiente,
para morir ante la hoz, dejando
fruto de sueño.


Parodiando cierta frase de Oscar Wilde que dice "la estatua del Dolor Eterno se hizo fundiendo la estatua del Placer-que-sólo-dura-un-instante. Análogamente se puede decir: la estatua de la Nostalgia perdurable se hizo fundiendo la estatua del Amor que sólo dura unas horas. El amor efímero.

Pero hasta lo 'efímero' es un concepto relativo que hace mención a una concreta medida del tiempo: el que dura el paso del sol por la eclíptica, desde el orto al ocaso. Ya Cicerón advirtió ese carácter relativo de lo efímero, como vemos en el siguiente pasaje de sus Tusculanas  1.94.12-20):

Junto al río Hypanin, que desde el lado europeo desemboca en el Ponto*, según dice Aristóteles, nacen ciertos animalillos que viven solamente un día. Por tanto, el que de ellos muere hacia la hora octava **, muere de edad avanzada; y el que muere a la hora de la puesta del sol, muere en la decrepitud, tanto más si se trata de un día de verano. Ahora compara con la eternidad la más larga de las vidas humanas: nos encontraremos con la misma brevedad que proporcionalmente lo están aquellos animalillos con respecto a nosotros.

Otro ejemplo de esta 'relatividad' de lo efímero lo encontramos en un relato de Agustín de Foxá titulado "Viaje a los efímeros", incluido en su libro Misión en Bucarest ***. Los protagonistas del relato son una mujer y su marido quienes, tras un accidente de aviación, van a parar a un país en el que los habitantes viven su proceso vital de una manera más rápida: en el transcurso de unas horas, la gente pasa de la infancia a la juventud y a la vejez, de manera que, en un solo día, son niños, jóvenes y ancianos, sucesivamente. Correlativamente, los avatares históricos de esa clase de hombres transcurrían con una rapidez proporcionada a esa brevedad de sus vidas. Así, las revoluciones, contrarrevoluciones, los sistemas de gobierno (dictaduras, tiranías, democracias) se sucedían en cuestión de días.
Hay un momento de la narración en el que el autor cae en la cuenta de esa relatividad del tiempo, de lo efímeros que somos también los humanos en comparación, por ejemplo, con las eras geológicas:

Me di cuenta de que, a medida que se profundizaba en las edades, la diferencia entre Efímera y nosotros iba siendo menor (...) Que comparados con los 2.000 millones de años de la aparición de la vida, Catalina y yo éramos ultra-efímeros; que había infinitamente más distancia entre nosotros y la edad de las nebulosas que entre la vida de los efímeros y la nuestra.

El autor sigue su divagación sobre ese rápido transcurrir del tiempo en ese fantástico país que es Efímera (con este nombre lo bautiza) y no puede menos que evitar la comparación con su propio país de origen, agitado por recientes revoluciones, entre ellas la novísima revolución comunista. Ante el cuadro que nos describe no podemos menos que sonreir. Es la situación que se produjo al advenimiento de la república española, vista desde la retina de un aristócrata:

¡Cuántas veces había visto cincelar la corona real en las piedras barrocas del portalón de la entrada, y picarla después por los obreros para colocar en su lugar la corona mural de la República! Pero aquella vez era distinto. Todo el escudo había sido derribado por la piqueta revolucionaria y aparecía uno completamente desconocido, con una pala y un pico cruzados. En el viejo palacio también ondeaba una bandera nueva. Era roja y sobre ella, bordada en oro, aquella extraña heráldica del trabajo.
Por las calles, las masas de obreros amenazadores volcaban 'taxis' y tranvías, incendiaban iglesias y daban vivas al partido igualitario (...)

¿Les suena?
Menos mal que todo este desbarajuste fue efímero. Luego vino una Dictadura que se mantuvo durante casi 40 años. Y después una Transición que tiene pinta de durar otro tanto, o más. En ella continuamos. Puede que en el país de los efímeros fuesen 'cuatro días', pero a nosotros se nos ha hecho una eternidad.
_____  
* el Mar Negro
** la última hora del día
*** Misión en Bucarest (Madrid, 1965) Edit. Prensa Española, pp. 131-168



miércoles, enero 09, 2013

SU MAJESTAD ESCOJA

Una conocida anécdota, atribuida a Quevedo, (la mayoría de las anécdotas que se le atribuyen no son suyas) cuenta que éste aceptó un día el reto de decirle al rey, o a la reina, en su propia cara, que cojeaba (bien se tratara de una cojera transitoria o permanente) Para ello puso en una bandeja dos flores: una rosa y un clavel. Y acercándose al rey, o a la reina, le dijo: “Entre el clavel y la rosa, Su Majestad escoja”. No me extraña que el calambur pudiera encontrarse en algún texto de Quevedo, extrapolado después. El juego de palabras es, ciertamente, muy quevedesco.
Nuestro actual rey, Don Juan Carlos I, como todos sabemos, anda últimamente con muletas, a causa de una cojera temporal debida a un accidente sufrido en una de sus cinegéticas correrías. El rey ha declarado encontrarse muy a gusto con sus muletas: “Me encuentro divinamente”, ha dicho.
Cojeras físicas aparte, nuestro monarca se halla en la tesitura de tener que moderar una democracia valetudinaria, por culpa de la cual se verá obligado de por vida a caminar con dos muletas políticas, como son, respectivamente, la derecha y la izquierda. Y debe andarse con cuidado, para no bascular más el peso de una parte que de la otra; si es consecuente con su declaración, hecha con ocasión de su toma de posesión como rey: “Quiero ser – dijo – el rey de todos los españoles”. La ocasión del 23-F y su apuesta personal por la democracia en aquella coyuntura, confirió a la corona el refrendo y la legitimidad que no tuvo hasta ese momento: equivalió a un referendum popular. En esa ocasión se pudo apreciar cuánto podía valer la muleta de la izquierda para el equilibrio de la monarquía. Por supuesto, la derecha también se vio sorprendida por el ‘tejerazo’, tanto o más que la propia izquierda. A ésta, dada la propensión involucionista de ciertos cerriles derechistas, la cuartelada no la cogía por sorpresa.
Para templar al “toro de España” (la metáfora es de Miguel Hernández) el rey debe usar la muleta (ahora en el sentido taurino) alguna que otra vez por la izquierda. Cuidado, pues, con los “derechazos” que no tendrán otro efecto más pernicioso que el de enajenarle la voluntad popular, planteando la alternativa republicana.
Hay un doble significado (bisemia se llama este fenómeno) en la palabra ‘real’. Lo ‘real’ es lo verdadero. En este sentido la vox populi postula una “democracia real, ya”. Pero, curiosamente, una democracia puede ser real en el sentido de estar refrendada y tutelada por el rey (real, en el otro sentido del vocablo, es lo relativo al rey) ¿Hay, acaso, incompatibilidad entre monarquía y República, entendida ésta como sinónimo de democracia? No la hay. Ya he advertido, en ocasiones anteriores, que Cicerón fue uno de los primeros en emplear la expresión “república real” (regali re publica) para manifestar la absoluta compatibilidad de monarquía y democracia: una república puede estar tutelada, efectivamente, por un rey. Y, entonces, el papel de éste es como el de un padre que vela por el bienestar de su pueblo (qui consulit, ut parens, populo) (Cic. R.P. 2.47.5)
Confieso que, por las fechas del ‘tejerazo’, abracé con entusiasmo esta idea de la compatibilización de la monarquía con la república, que es sinónimo de democracia. (De paso, más de una vez he pensado en la alternativa ejemplarizante que nos ofrecen los EE.UU.: ellos se dan a elegir entre demócratas y republicanos. Así nunca se salen de la legalidad democrática. Eligen entre Democracia A o Democracia B. O sea, democracia sí o sí. República y democracia son sinónimas y no repugna el concepto de una monarquía democrática.
Eso sí, el rey deberá aprender a manejarse con la muleta, la taurina, tanto por un lado como por el otro. Y lo mismo con las otras muletas, las del apoyo. De un lado deberá aprender a ‘templar’ y, del otro, a equilibrarse por igual tanto en la derecha como en la izquierda.
Esta última  tiene planteadas algunas reivindicaciones que el rey no debe perder de vista. En aras de una convivencia que pueda contribuir a la reconciliación de los españoles de una y otra parte, el rey debe afrontar algunas medidas que contribuyan a apagar rencores y a sofocar odios inveterados. Por ejemplo, su mediación sería muy eficiente en asuntos de tanta trascendencia para la normalización de la convivencia política como sería la cuestión, pendiente todavía, de la anulación de las sentencias del franquismo. Jurídicamente nunca fueron, ni serán jamás, válidas; y una democracia que transige con este estado de cosas está, de antemano, vendida. Otra de las cosas que debe moderar S.M. es la concesión de títulos nobiliarios en las personas de los descendientes de quienes fueron señalados capitostes del franquismo. Éstos fueron traidores a la patria y, sin duda, desde un punto de vista democrático, sus acciones fueron punibles, nunca merecedoras de recompensas de este tipo.
Cuando España esté curada en este sentido, podrá nuestro monarca ir prescindiendo poco a poco de las muletas, tanto de un lado como de otro, porque la sociedad española se sentirá integrada en un cuerpo político donde la izquierda y la derecha se sientan miembros de un mismo cuerpo social y, por tanto, sean necesarias para que no haya manquedad ni cojera física en el cuerpo de España.
Ojalá que todos podamos conocer, tanto en la persona de D. Juan Carlos como en la de su sucesor inmediato, la deseada integración política de un cuerpo normalmente constituido, al que no le falta ningún miembro, sea inferior o superior.


jueves, enero 03, 2013

En busca del consenso

Tiene que haber, sin duda, una solución inteligente que sirva para acercar posturas hasta ahora irreductibles, al objeto de sacar adelante ese proyecto de reparación histórica que demandan los grandes perjudicados de la guerra civil. Y, si hay voluntad de reconciliación, esas demandas deben ser escuchadas. Obviar el problema, obstaculizar su solución, no contribuye a otra cosa que a retrasar la deseada concordia.
La idea propuesta por el, o la, articulista de la Tribuna de HOY (16-8-06) de rendir homenaje a los héroes de una y otra parte, los benefactores que salvaron las vidas de sus conciudadanos, los Schindler anónimos, me parece buena pero, por desgracia, insuficiente. Aquí en Zafra, desde donde escribo, ya se hizo con el caso del ex–alcalde socialista José González Barrero, quien se opuso a ciertos grupos de matones emisarios, llegados de fuera, y salvó a muchos de sus conciudadanos en peligro de una muerte cierta. Ya sabemos cómo le pagaron aquellos a cuya parte salvó.
Pero, en fin, aquí en Zafra, con la unanimidad de la corporación municipal y la loable colaboración del PP, por esas fechas en el Ayuntamiento, se inauguró un monumento en honor del bienintencionado alcalde socialista represaliado en 1939. Para González Barrero, las vidas de sus conciudadanos fueron sagradas. Este es el héroe, el tipo de héroe a que se refiere el/la articulista. Probablemente, existen casos parecidos en el otro lado. Yo, desgraciadamente, no conozco ejemplos de casos colectivos, aunque sí de casos particulares, aislados, en los que se intercambiaron favores por favores. La represión fue implacable a la hora de eliminar al enemigo.
La voluntad de convivencia exige ciertas indispensables renuncias: condenar explícitamente y sin reservas el franquismo, principalmente despojándolo de su pretendida legalidad: ni la presunta salvaguarda de la patria (patria ¿de quién?) en peligro, ni la de la religión, justificaron la inmisericorde represalia. Aquello fue un parricidio en toda regla, por muchos plácemes y muchas bendiciones apostólicas que recibiera.
Que hubo desmanes de grupos incontrolados, falta de autoridad, torpeza en la misma ejecución de los planes que podrían haber contribuido a la implantación de un status más justo… sin duda. Ya he escrito en otro lugar y en otro idioma (el de la Roma clásica) que “una democracia inculta no puede subsistir”
http://ephemeris.alcuinus.net/folia.php
Quiero subrayar cuanto de positivo han hecho hasta el momento, en pro de la reconciliación nacional, los del partido del PP. Desde su participación en la redacción del texto constitucional (primer hito importantísimo) hasta la condena explícita de la dictadura (y, consiguientemente, del franquismo) en la memorable fecha del 20-N-02 . Algo, por otra parte, obvio: la dictadura es absolutamente incompatible con la democracia y se supone que el PP está por la democracia y la Constitución.Con que se admitan unas cuantas cosas, no muchas, unos cuantos desahogos, tras tantos años de silencio, vamos a estar de acuerdo muy prontito. Y, por supuesto, dejarnos honrar a nuestros “caídos”, antes nunca honrados como merecían, con honores públicos. Porque antes no hubo más honores que para los “caídos” por antonomasia: los del bando vencedor.

miércoles, enero 02, 2013

Una adivinanza de Antonio Machado

Este blog, que el benévolo lector ojea de vez en cuando, lleva por título La materia del sueño, rememorando un tópico literario de Shakespeare en La tempestad: “Somos de la misma materia que los sueños”. Ahora que se ha consolidado en la mayoría de las universidades el estudio de la Literatura Comparada, ha crecido el interés por los llamados tópicos literarios. Al aplicar los criterios comparativos al estudio de la literatura, se hace patente la existencia de una temática común a muchos autores de una misma época, o de distintas épocas, por encima de las eventuales diferencia de nacionalidad o de idioma. Las llamadas modas (artísticas y literarias), que se renuevan a lo largo de los siglos, presentan rasgos comunes, en muchos casos, que vemos reproducirse con independencia de su marco espacio-temporal. Es lo que llamamos las constantes históricas, detectables no sólo en la época en que tuvieron vigencia esas modas literarias, sino también en otras épocas, anteriores o posteriores a aquella en la que alcanzaron su máximo esplendor.
Sin más preámbulos vamos a ocuparnos del tema que motiva este escrito y que no es otro que ofrecer la solución de la adivinanza que nos propone Antonio Machado en uno de sus poemillas gnómicos, en concreto, el V de los que integran sus “Proverbios y cantares”, dedicados a Ortega y Gasset:

Entre el vivir y el soñar
hay una tercera cosa.
Adivínala
.

Es el caso que (para no tener al lector intrigado por mucho tiempo) el propio poeta nos ofrece la solución en el poema LIII de esa misma serie:

Tras el vivir y el soñar
está lo que más importa:
despertar.

Sin embargo, esto no lo aclara todo. El poeta ha omitido nombrar explícitamente el verbo que va sobreentendido en la adivinanza y que es el verbo ‘morir’.

Que la vida es sueño ya lo sabíamos: se trata de uno de los tópicos más característicos del Barroco. Calderón de la Barca es su máximo divulgador en la época del barroco español. Pero el tópico venía de más atrás en los siglos. Aquí, al lado de casa, en la vecina nación portuguesa, Gil Vicente había dicho ya, un siglo antes que Calderón,

Que vossa vida é sonhar,
e a morte é despertar,
para não mais dormir
nem acordar.




(Barca do Purgatório,vv. 52-55)

O sea, que ese tercer elemento, es el morir.
Ya lo había resuelto Bécquer en su Rima LXIX:

(…) la gloria y el amor tras que corremos
sombras de un sueño son que perseguimos:
¡despertar es morir!

Y Rubén Darío, en sus Cantos de vida y esperanza, en el Nocturno V, se había referido a la




pesadilla brutal de este vivir de llantos
¡de la cual no hay más que Ella que nos despertará
!

De modo que la solución a la filosófica quisicosa que nos propone Machado estaba ya formulada por una tradición literaria de siglos.