Copia a tinta china de otro de los dibujos de mi época de estudiante (éste de 1949) Tres podencos y un perrito faldero comparten la viñeta de la revista que era para mí como un pequeño tesoro bibliográfico. El caso es que yo le saqué buen partido, al reproducir a plumilla muchas de las ilustraciones que me gustaban. También aprendí de memoria una de las poesías humorísticas de Pérez Zúñiga ("El olfato del Sultán") que ya incluí en este mismo blog en una entrada anterior. Aunque, por más que la busco, no encuentro dicha entrada. De modo que, fiado de mi memoria (a pesar de todo), vuelvo a reproducir aquí la poesía festiva de Pérez Zúñiga:
Tiene Pepe Mantecón / por la caza tal pasión /que, seguido del Sultán, / hace al monte del Batán / cada día una excursión. / Va a conejos y a perdices /y, aunque se burlan las piezas / ante sus mismas narices,/ pasa ratos muy felices / refiriendo sus proezas. / No hay quien le gane a tirar, /según él suele decir,/ ¡qué oportuno el disparar!, / ¡qué manera de matar! / ...y ¡qué modo de mentir!./ En fin, su hermano menor / es médico en Santander / y dicen del cazador / que aun mata más que el doctor.../ ¡Certero debe de ser! / Cuando persigue un conejo / fuera inútil su trabajo / sin el Sultán, perro viejo/ que tiene color bermejo / y es fino de arriba abajo. / El cinegético afán / del perro es la perdición / de las liebres del Batán, / las cuales odian al can / con todo su corazón. /Un día con la promesa / de no volver a su casa / sin caza para la mesa, /Mantecón se va a la dehesa / sin temer al sol que abrasa./ Don José y el perro, en vano,/ cruzan el monte y el llano / y vuelta va vuelta viene / llegan a un punto lejano /donde el Sultán se detiene. / Llega el can tras de una mata / y, erguido ante ella, delata / que hay algo allí que le inquieta. / Y el amo, con la escopeta, / de herir al conejo trata. /Baja el perro la cabeza / y olfatea con cachaza, / pues nota entre la maleza / el rastro de alguna pieza, / de alguna pieza de caza. / Esto llama la atención / de Don José Mantecón / que secunda con afán / la importante exploración / practicada por el can. /Murmurando para sí / con marcada buena fe: /No me cabe duda a mí, / cuando el can se pone así / es que algún conejo ve. / Hace la mata un vaivén, / el perro en un santiamén / señala el bulto según / costumbre y el amo ¡pun! / dispara el tiro muy bien./ Mas ¡horror!, la pieza herida / fue un pastor que huyó enseguida/ con cierta parte agraciada /por una perdigonada / numerosa y escogida./ Salió el can tras el herido / y así que le hubo cogido / llevole a rastras al lado / de Don José en un estado / que no es para referido. / Lamentando aquel error, / creyó prudente auxiliar / al cazado el cazador /y así Pepe y el pastor / se llegaron a explicar: -¡Señor! ¿Qué emboscada es ésta? / - Que así mi perro las gasta./ -¿Qué hacías? ¿Dormir la siesta? /- ¿Cuál es tu nombre? ¡Contesta! / - Silvestre Conejo. / -¡Basta! / Hecha tal revelación, /tiene clara explicación / la conducta del Sultán: /¡Es mucho olfato el del can / de Don José Mantecón!



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