lunes, abril 30, 2007

Con piezas de Mecano






Para mi sobrina Eloísa y su amiga Ana Torroja,
la voz del grupo que se llamó Mecano



Siempre seguí, en su día, los avatares y los éxitos del grupo Mecano, contagiado, en cierta medida, por una de sus fans más entusiastas: mi sobrina Eloísa Arnés. Los componentes del célebre y recordado grupo musical tenían en la hija de mi hermana una de sus más fervientes y fieles admiradoras, y el cuarto de mi sobrina era la prueba más fehaciente de esa admiración: una fonoteca de lo más completo acerca del grupo, álbumes de discos, cassetes, CDs, videos, carátulas, carteles… fotos dedicadas, etc. etc.
Hasta tal punto me sabía yo los títulos y las canciones de Mecano que un día se me ocurrió la humorada de componer un pequeño relato, ensartando los títulos de esas canciones, componiendo con ellos (como si se tratase del conocido juego que lleva el nombre que para sí adoptó el conjunto musical) un texto, a la manera de los antiguos centones. Por estar compuesto con las piezas exitosas del célebre grupo, mi artículo llevaba el título de “Concierto de Mecano” y se publicó en el diario HOY, de Badajoz, con fecha 15 de agosto de 1995. Por cierto que el título del artículo apareció alterado por el tipógrafo de turno que se tragó por descuido la preposición: Concierto Mecano (sic)

Reproduzco aquí la parte más lúdica de aquel relato:
(…)
La “fan” a la que me refiero (la destinataria de este artículo) ha convertido su habitación en lo que yo llamo “el santuario de Mecano”. Posters de la trinidad musical tapizan las paredes, souvenirs por doquier, fotos dedicadas y, sobre todo, la más completa fonoteca monográfica de Mecano jamás vista: versiones en LP, en microsurco, en compact disc, en cassette... Mecano en inglés, en francés, en italiano. Mecano por activa y por pasiva.
Es un empacho, diría cualquier incrédulo; pero el devoto, el entusiasta, el “fan”, tiene que reconocer: es una gozada.
Puedes escuchar varias versiones de cada canción, puedes apreciar matices, puedes, en fin, “mecanizarte” a placer.
Yo, aunque Me río de Janeiro y hasta de mi propia sombra, me he tomado muy en serio esto de Mecano. Por fin, en estas vacaciones, creo que estoy haciendo algo de provecho: ponerme al día sobre uno de los grupos musicales más importantes de este siglo en España.
Así que Nada tiene de particular que, fascinado por los temas y las melodías del exitoso grupo, intente ahora componer, con piezas de Mecano, la clave de un pequeño cuento veraniego que podría “sonar”, más o menos, así:
Cuando llega La estación calurosa (es decir, cuando Ya viene el sol pegando fuerte) en nuestra tierra extremeña se alcanzan temperaturas sofocantes. En casa no hay quien pare y tienes que estar todo el tiempo echándote Aire con el abanico. Llega un momento en que dices Ya no aguanto más. Se acabó. Ahora mismo Me voy de casa. Tan desesperado estás que en ese momento te irías a El fin del mundo, incluso a vivir, como Los héroes de la Antártida, en compañía de las Focas.
Claro que lo que a mí me gustaría de verdad es visitar Japón, pero el presupuesto no me da para tanto. Así que Busco algo más barato. Echándole imaginación al asunto, procuro montarme mis paraísos artificiales sin salir de mi propio piso. Me lo paso Bomba y es como si estuviera en Hawai.
Pero como no es cosa de estar todo el día Perdido en mi habitación, a veces salgo para echar una cana al aire. Así que, para variar, me meto en El cine o, si se tercia, me voy de marcha. Sobre todo, los fines de semana. Anoche, sin ir más lejos, Me colé en una fiesta, Por la cara, y estuve toda la noche Bailando salsa. Así que, claro, Hoy no me puedo levantar. La verdad es que, a cierta edad, uno no está ya para muchos trotes. Hay que reconocer que uno toma ya, cada vez más de tarde en tarde, El barco a Venus. Y apenas te interesas por La extraña posición.
Y no es que uno sea insensible a Las curvas de esa chica. Lo que pasa es que para esa chica ni siquiera cuentas. En el mejor de los casos te toma como una Naturaleza muerta. Y es que, cuando vamos siendo viejos, para ciertas cosas ya No pintamos nada.
Hay quien dirá que estoy Un poco loco. Desde luego, tengo que reconocer que no soy un Ángel. Yo Sólo soy una persona que tiene sus fallos, como todo el mundo. Lo importante es que cada uno de esos fallos se vea como El fallo positivo que enriquece nuestra experiencia.
De momento lo que más me fastidia es que se están acabando las vacaciones. Para antes de El 7 de septiembre me veo currando de nuevo. O sea, entonando, Un año más, El blues del esclavo:
— Tu - ru - ru - rú

martes, abril 24, 2007

EN POS DE LA "RUTA 66" (I)

El deseo de tender puentes con una derecha cada vez más arisca y recalcitrante, en lo que a “crispación” se refiere, me lleva a saludar, con fundadas esperanzas de entendimiento mutuo, el artículo recientemente aparecido en HOY (18 de abril de 2007) titulado “Ira, memoria, Ruta 66”, cuyo autor es el concejal de Zafra, Juan Carlos Fernández:

http://www.hoy.es/prensa/20070418/articulos_opinion/memoria-ruta_20070418.html



Quiero, antes de nada, felicitar sinceramente a su autor porque creo apreciar en su escrito tres cosas que considero importantes y que son, en el presente caso, objetividad, veracidad e inteligencia.


La política de mano tendida, si bien en tiempos de guerra es, cuando menos, imprudente y nada recomendable (véase el artículo precedente en este mismo blog, titulado PUNICA FIDES) es, por el contrario, muy recomendable en tiempos de paz y de convivencia democrática.El concejal zafrense trae a colación algunas analogías que él aprecia entre ciertos episodios de la novela de Steinbeck titulada Las uvas de la ira y el contencioso, de “rabiosa actualidad”, (valga el tópico, no por manido menos exacto) que se conoce con el nombre de “Recuperación de la Memoria Histórica”.


Juan Carlos es joven y quiere comenzar su andadura política desde el presente, sin ese fardo oneroso del pasado. Siguiendo su paralelismo, al hilo del relato del autor norteamericano, Juan Carlos considera estéril aferrarse a la tierra calcinada del pasado, para colonizar el presente y el futuro, sembrando nuevas esperanzas. Y establece este bello aserto que suscribo: “las cenizas de antaño deberían servir de abono a la convivencia de hogaño”. Y, en un breve repaso de la denominada Transición (que sería el equivalente de la primera etapa de la Ruta 66, que nos sirve de símbolo) recuerda los gozos y las sombras de nuestra, todavía corta, andadura democrática: el referendum del 76 (el del “Habla, pueblo, habla”) , la legalización del partido comunista, el susto del 23-F y otros hitos memorables de esta puesta de largo de nuestra ciudadanía, de nuestra mayoría de edad, inútilmente prolongada por el paterfamilias del Pardo:


Todos los sepultados (dice el edil zafrense) fueron víctimas de la misma no-España.Y justo será que a todos se llore. A todos. Pero al llanto de familiares (…) se suman plañideras indeseables (…) con rencor y ansia de revancha…


Bueno, es posible que haya plañideras, parece inevitable. También las hay que hacen ruido junto a las víctimas del terrorismo. Y que agitan banderas inconstitucionales en solidaridad interesada con esas víctimas. (Indeseables, honesto Juan Carlos, los hay en todas partes)


Yo le agradezco sinceramente el que usted reconozca el derecho de los familiares de los vencidos en aquella guerra a buscar y honrar los huesos de los suyos. Ese derecho no les fue reconocido durante los años de la Dictadura. Y en la Transición hubo que dar preferencia a otros asuntos más acuciantes, al objeto de afianzar la todavía débil democracia.Pero la herida estaba ahí. Y había que restañarla para inaugurar de una vez por todas una convivencia no basada en el recelo. No es, créame, ganas de incordiar a la derecha, sino de restablecer la concordia, depurar la convivencia de todo rescoldo de amargura. La izquierda (lo que ella simboliza) necesitaba una catarsis, es una norma saludable de la convivencia echar fuera el veneno de esa amargura (permítame decírselo, sin petulancia, en el viejo latín de Cicerón: evómere virus acerbitatis)


Pero esto requiere ser tratado más pormenorizadamente. Abrigo la esperanza (y con esto termino por hoy) de que usted y yo podamos ponernos de acuerdo, puesto que ambos parecemos estar bien dispuestos para lograr el mutuo entendimiento. Se trata de alcanzar un consenso básico respecto a ciertos aspectos innegociables de la verdad. Algo en lo que, necesariamente, tenemos que coincidir, por ser el resultado de una deslumbradora evidencia, como, por ejemplo, convenir que en este momento en que escribo (las diez de la mañana) es de día.Por supuesto que, respecto a lo opinable, vamos a fomentar la bio-diversidad de opiniones. Es otro de los preceptos saludables de la higiene democrática.




(continuará)

EN POS DE LA "RUTA 66" (II)

Por fortuna, ya no hay Zona Roja y Zona Nacional: Hablar de eso suena ya a un anacronismo afortunadamente superado. Hay Zona Democrática común. Pero nuestra confluencia en la democracia parece provenir de distintos caminos. Y lo que su Partido Político nos trae a la memoria, aunque en la actualidad circule correctamente por la vía democrática, es que nació, como el ave fénix, de las cenizas del franquismo, es decir, de la antidemocracia. Creo que no tendrá usted mucha dificultad en reconocerlo. En cambio, la vieja República, fue un primer esfuerzo, si bien tosco e imperfecto, por tomar el rumbo hacia la verdadera Democracia. En esta caravana popular hacia el santuario de la Democracia ideal, en la que usted y yo parecemos estar empeñados, hemos venido a confluir con la opinión del viejo mandatario inglés, Mr. Churchill, de que “la democracia es el menos malo de todos los sistemas de gobierno” (el premier británico lo decía de una forma más ingeniosa y paradójica, al estilo de aquel Wilde que fue contemporáneo suyo)


Como ve, escribo solemnemente Democracia con mayúscula. No es mi pretensión ‘santificar’ la democracia, con minúscula, aunque, verá: ‘santificar’ o ‘canonizar’ viene a ser a ser lo mismo. Ambas palabras provienen de nuestros comunes manantíos léxicos, el Latín y el Griego. ‘Santificar’ viene de ‘sancire’, sanctum, y ‘facere’, hacer. Digamos ‘elevar a rango de acuerdo o pacto venerable algo que creemos digno de respeto’. Y ‘canonizar’, del Griego ‘kanon’, viene a ser casi lo mismo. La Iglesia santifica o canoniza a algunas personas, reconociendo que son ejemplares.La Democracia se sanciona (se ratifica) mediante lo que se conoce con el nombre de Constitución. Consiste en convertir en regla o norma (‘kanon’) de nuestras vidas una serie de pactos ratificados de mutuo acuerdo.Las normas de convivencia, ratificadas, conforman lo que llamamos la Constitución. Esos acuerdos pactados nos garantizan que vamos por el buen camino de la Democracia. Los santos se han preocupado siempre por encontrar el buen camino. Santa Teresa de Jesús, nuestra santa más castiza, escribió su Camino de perfección. Y un santo de relativamente reciente canonización escribió un libro titulado, simplemente, Camino. Un conjunto de normas que sirvan de guía espiritual, pensado para hombres destinados a ser líderes. Hay libros destinados a guiar (ejemplo, la Guía de pecadores, de Fray Luis de Granada, la Guía de perplejos, de Maimónides…) Y hay otros libros destinados a guiar a los guiadores. Tal parece ser el libro de Monseñor Escrivá de Balaguer, San José María, al que acabamos de referirnos.


La incomprendida Memoria Histórica tiene una razón de ser más profunda, no la mezquina que se le atribuye de atizar rencores pretéritos y reavivar heridas. Se trata de fundamentar la convivencia sobre bases más estables, consolidando el firme sobre el que pisamos, para que no se llene de baches. Ese camino provisional hacia la democracia llamado Transición no fue (ahora lo vemos con claridad meridiana) más que una etapa del camino hacia la Democracia con mayúscula, la anhelada meta a la que usted y yo aspiramos, como compañeros de viaje. La razón de ser de la Memoria Histórica surge de la necesidad de elaborar un mapa del territorio que hemos recorrido, para no volver a equivocar la ruta. Y eso implica razones más importantes, de mayor calado que la de exhumar huesos putrefactos de unos y de otros. Sí, es verdad que los unos fueron celebrados y honrados, sin censura, por los poetas azules (¡aristocrático Foxá!) y los otros silenciados ignominiosamente. Reparemos también esta iniquidad (‘in-aequitas´, ‘desigualdad’ = in-justicia) en la medida de lo razonable.


La Memoria Histórica demanda otro modo de revisar el pasado, otra forma de puesta en común, de verificar que anduvimos errados, cuando, para atajar atentados menores, nos metimos en el Gran Atentado de la Guerra Civil. Los promotores de este Gran Atentado están actualmente siendo juzgados por la Historia, como los de la yihad islámica lo están siendo estos días por la justicia ordinaria. La justicia, a secas. Fíjese cómo van encajando las piezas: hubo tribunales de justicia cuyos vere-dictos fueron, más bien, falsi-dictos, que ahora están siendo invalidados por la justicia, a secas. La Justicia verdadera, la de la Edad de Oro, a la que siempre ha aspirado la Humanidad; la mitológica Astrea, que emigró al Cielo cuando vio que en la Tierra no tenía nada que hacer, vuelve, por fin, por sus fueros. Los añorantes de la “dichosa edad” queremos convencerla para que se quede con nosotros.La Memoria Histórica demanda, exige, reparar los viejos errores. Reconocer los pasos en falso y proclamar con sinceridad y valentía: aquí anduvimos errados. La confrontación bélica entre españoles fue un formidable error y no existe razón histórica que lo justifique.


Pero, si le parece, hacemos un alto en el camino para tomarnos un respiro

EN POS DE LA "RUTA 66" (III)

La mirada retrospectiva, crítica, de la situación política dejada atrás, trata de revisar la etapa de la Dictadura a la luz de la experiencia democrática. Si la Memoria Histórica plantea esta revisión no es, como algunos piensan, con la finalidad de “renovar heridas”, sino con la de dejar bien clara la ilegitimidad de un sistema opuesto a la democracia, desmontando así, uno a uno, los mitos (es decir, las falsedades) en las que basó su presunta legitimidad el franquismo.Desde luego que esa revisión crítica implica también el reconocimiento de errores por parte de los herederos ideológicos de la 2ª República. Las deficiencias de ese primer intento de implantar la democracia eran, en gran medida, consecuencia de uno de los males que la República intentaba corregir: la falta de cultura, como resultado de una situación económica que no facilitaba, precisamente, a quienes carecían de recursos, el acceso a esa cultura. Hubo intentos de remediar tales carencias, como los que ensayaron las llamadas Misiones Pedagógicas, o las Universidades Populares (que no son, como pudiera creerse, un invento de hoy día) En esos proyectos colaboraron poetas como García Lorca, o Miguel Hernández, hondamente comprometidos con la causa popular.Pero la cultura, más allá de lo meramente ‘folklórico’, no estaba al alcance del pueblo llano, sin recursos para realizar estudios superiores. Y, sin cultura, una democracia nunca puede prosperar (Un texto mío, en Latín, cuyo título en español podría ser “Una democracia inculta no puede subsistir”, puede verse en DEMOCRATIA INDOCTA


El inconveniente principal de los ensayos de democracia sin cultura es que, como decía Cicerón, las masas se embriagan fácilmente con el vino de la libertad (R.P. I, 43) El diagnóstico ciceroniano parece aplicable a la 2ª República española:


De este exceso de libertinaje que ellos creen que es la única libertad, dice él 〔Platón〕que brota y nace, como de su raíz, el tirano (Cic., R.P. 1.68.


3-5)*


Las torpezas cometidas por quienes, ayunos de cultura, se embriagaron de libertad, se fueron anotando en la cuenta de la República.Los desheredados de la cultura se asilvestraron. Y, al parecer, no hubo un gobierno que pudiera controlarlos y lograra meterlos en cintura. Los ‘dipsómanos de la libertad’ cometieron algunos excesos contra el estamento religioso, quizá influenciados por aquel punto doctrinal del marxismo que se refiere a la religión como ‘el opio del pueblo’. Y se produjeron sabotajes y estragos contra establecimientos religiosos: las conocidas quemas de iglesias y conventos.


Por otro lado, los terratenientes (los ricos de entonces) temían verse privados de sus posesiones, por los planes de expropiación de tierras, para repartirlas entre jornaleros y gañanes. Se comprende que los ricos hicieran causa común con los intereses de la Iglesia, igualmente amenazada.


Y, por fin, la solución drástica de la sublevación militar. ¡La salvación!Franco fue jubilosamente recibido por los ricos y el estamento religioso como el salvador de la patria en peligro. La jerarquía eclesástica vio en el caudillo el hombre providencial y no tuvo ningún reparo en bendecir la sublevación, calificando de ‘Cruzada’ el golpe militar.Había que atajar los desórdenes particulares de una democracia errónea (la República) con una enérgica intervención militar que implantara el orden por la fuerza.


Pero, señores, ¿cómo se pueden atajar los errores particulares mediante ese Desorden General que es la guerra? Séneca, el Viejo (que sabía más por viejo que por Séneca) había dejado constancia, en sus Controversias, del carácter contradictorio, absurdo, de una medida como esa: Quis, ut seditiones leniret, turbavit rem publicam? (Contr. 2.6.4.23) (Adaptando el sentido de esta pregunta a nuestra particular circunstancia, traduciríamos: “¿Quién, para atajar revueltas, trastornó el orden constitucional?”)


Pues hubo quien lo hizo, y fue nuestro ‘invicto’ caudillo. Que, además, frustró la implantación de la democracia en España durante ocho lustros.La revisión crítica de la dictadura, la demolición de sus viejos tópicos, es necesaria para cimentar la nueva casa común que hemos de habitar los españoles. Esa revisión presenta, entre otras reivindicaciones, la de la condena explícita de la Dictadura, como antítesis de la Democracia. Y esa fue la prueba del algodón que en 2002, el partido entonces en la oposición, recabó del PP, entonces en el gobierno. Cogido entre la espada y la pared, el partido que había obtenido el poder en virtud de las reglas democráticas, aceptó condenar la dictadura (so pena de incoherencia política) ¿Por qué después, en el Parlamento Europeo (4 de julio de 2006) el diputado Sr. Mayor Oreja, inconsecuentemente con lo aceptado por su partido en el Parlamento Español, no condenó el franquismo? ¿No es eso dar marcha atrás?


En efecto, la condena de la dictadura (y, en consecuencia, del franquismo) que tuvo lugar en el Parlamento Español (20 de noviembre de 2002) con la unanimidad de todos los partidos politicos, era una señal esperanzadora de que íbamos por el buen camino, la “Ruta 66” de la Democracia. Andarse ahora con reticencias y resabios en este punto es de muy mal pronóstico.Y es que la deseable pluralidad y la bio-diversidad de opiniones, propia del sistema democrático, resulta incompatible con cualquier tipo de concesiones a la dictadura, y menos a la franquista, que consistió en


a) Una traición al pueblo español legítimamente representado por el gobierno de la República (aun admitiendo posibles fallos e incompetencias de estos representantes legales)


b) Una traición al resto del estamento militar que no secundó la sublevación


c) Un delito de parricidio, perpetrado principalmente contra una población inerme e indefensa, cuyo único delito fue profesar unas ideas que aspiraban a mejorar las condiciones sociales de los españoles.


d) Una prolongada usurpación del poder, obtenido por la fuerza, que retrasó de manera exasperante la mayoría de edad de los españoles y el disfrute de las libertades (de prensa, de culto, etc.) a que tienen derecho las naciones ‘civilizadas’


e) Una rémora, en fin, de la incorporación de España a la modernidad y el bienestar.





Estos y otros daños trajo al país la dictadura franquista.No es de recibo que un representante de un partido español, que se supone democrático, rehúse condenar lo que su mismo partido ya había condenado con anterioridad (quizás a regañadientes)





Ahora bien, si el PP no reitera esa condena es una señal inequívoca de que su propia credibilidad democrática está en entredicho. Y de que no va en la dirección de la democrática "Ruta 66", sino que tiende ‘a volver grupas’, hacia la vieja querencia.


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* La cita de Platón pertenece su Rep. VIII, 562c-563e)






lunes, abril 23, 2007

¡Ah, los matemáticos!





A mi ex–alumna Inmaculada P. de G. Molina



Lo que son las cosas… Si mi exclamación del epígrafe hubiera cambiado del masculino al femenino (¡ah, las matemáticas!) nadie la hubiera interpretado como referida a las mujeres, sino a las ciencias llamadas matemáticas. Claro que, entonces, en la escritura, la correcta grafía de la expresión hubiera requerido el empleo de la mayúscula inicial del sustantivo. Pero eso no sería percibido en la frase oral, sino en la escrita: ¡Ah, las Matemáticas!
Si opto por la forma masculina se entiende que me estoy refiriendo a las personas (¡de ambos sexos!) que cultivan esas ciencias tan peculiares como son las que, de entrada, ya se enuncian en plural, a diferencia de otras ciencias (la Filosofía, la Medicina, la Astronomía…) que habitualmente se nombran en singular.
Si digo las Matemáticas se entenderá, seguramente, que me refiero a las ciencias, no a las personas del sexo femenino que las cultivan. Si, en cambio, digo “los matemáticos”, está claro que mi expresión se entenderá referida a los seres humanos, mayoritariamente masculinos, claro, que cultivan esas ciencias.
Ellas, las Matemáticas, son maravillosas; y ellos (los matemáticos y las matemáticas) unos seres maravillosos, como la mente del personaje que encarna el actor Russell Crowe, de modo maravilloso, por cierto.
Si el saber produce deleite, el que producen las Matemáticas (y algunas matemáticas, probablemente) consiste, según afirman ellos/ellas, en un deleite muy señalado, muy sui generis, casi inefable. Descartes lo explicó en alguna ocasión, tratando de razonar la causa que lo producía:
Je me plaisais sourtout aux Mathématiques, à cause de la certitude et de l’évidence de leur raisons. (Yo me deleitaba, sobre todo, con las Matemáticas, debido a la certeza y la evidencia de sus razonamientos)
¿Y los matemáticos? ¡Ah, eso depende de los gustos de cada cual! A mí, personalmente me atraen más las matemáticas de líneas curvas, pero, según dicen, “sobre gustos no hay nada escrito”, cosa que tampoco es verdad.
Tanto admiro a los matemáticos que hace ya bastantes años me compré los dos tomitos publicados por Penguin Books, que tratan de las vidas maravillosas de esos cerebros privilegiados. Me refiero al libro titulado Men of Mathematics, de E.T. Bell.
Allí leí cosas muy interesantes acerca de esos seres admirables, anécdotas de sus vidas, a veces trágicas, como la muerte en duelo del famoso algebrista Èvariste Galois; o sorprendentes, como la prodigiosa precocidad de un Gauss, descubriendo, intuitivamente, hacia los nueve años, el procedimiento de la suma rápida, casi instantánea, de los términos de una progresión aritmética…
Sí, me hubiera gustado enamorarme, hasta las cachas, de las Matemáticas. Y, por supuesto, te envidio, querida ex–alumna, Inma Pérez de Guzmán, profesora de esta disciplina en la Universidad malagueña. Pero,¡ay!, non omnia possumus omnes, no todo se puede. Hay, menos mal, otros puros placeres en la tierra, a los que, por fortuna, yo he tenido acceso. Leer a Virgilio en su idioma es también un placer muy estimable. Y otro tanto puede decirse de quienes tienen la suerte de saborear la incomparable sinfonía dactílica de los versos homéricos. Alguna experiencia, aunque muy modesta, tengo del asunto.
Por estos espirituales deleites, barrunto que me perdí algo extraordinario por no haber estudiado a fondo las Matemáticas. Pero, de haberlas estudiado, me hubiera gustado escalar esas cimas gloriosas que escalaron los más audaces. Me gustaría haber compartido con Fermat el secreto del célebre teorema que él se llevó a la tumba y que sólo hace unos años, con métodos posiblemente más sofisticados pero menos sutiles, logró descifrar Andrew Wiles, un matemático anglosajón, profesor en Princeton. O conseguir elevar al rango de teorema el atisbo genial de otro gran matemático francés, Henri Poincaré, la llamada conjetura de Poincaré, sólo recientemente resuelta por otro genial matemático, esta vez de origen ruso, Gregor Perelman.
Todos estos inmarcesibles secretos de las Matemáticas podrían sernos más accesibles, de haber estudiado más a fondo las llamadas ciencias exactas. Por más que hay matemáticos que rehúsan el calificativo de ‘exactas’, aplicado a las Matemáticas, lo mismo que hay filósofos que rechazan para su ciencia el epíteto de ‘pura’, que hasta hace 30 ó 40 años (cuando yo acudía por la Complutense) se solía aplicar a la Filosofía
.

jueves, abril 19, 2007

PUNICA FIDES

La memoria histórica sirve, entre otras cosas, para desenmascarar las viejas trapisondas que puso en marcha la propaganda del régimen franquista, a fin de disfrazar de celo por la causa pública y el mantenimiento del orden lo que era en realidad una añagaza para hacer salir de sus escondrijos a los obreros afectos al socialismo y, una vez localizados, tenerlos bajo control y, eventualmente, hacerlos desaparecer para siempre.
Lo sé porque la estratagema enemiga dio resultado en el caso de mi familia. El contenido del bando que aquí se reproduce es idéntico al que movió a un tío carnal mío (hermano de mi padre) a ir a buscar a su hermano a un escondite para trasmitirle las garantías recibidas de que no tenía por qué temer, ya que no tenía delitos de sangre y bla, bla, bla…
Mi tío (20 años entonces) incurrió en la candidez de dar crédito a semejante faramalla y allá se fue en un carro, a unas cuantas leguas del pueblo, en busca de su hermano.
Todo fue una añagaza marrullera. No bien hubo vuelto al pueblo, mi padre fue llevado preso a la cárcel que se había habilitado al efecto en el que luego sería (si es que no lo era ya) el Bar de Nicolás, en el rincón junto al Casino. De allí saldría en la madrugada del 10 de septiembre del 36, para ser asesinado junto a las tapias del cementerio, en compañía de otros presos, entre ellos una mujer apodada La tenienta.
Unas reflexiones al hilo del contenido de este bando, que se conserva en el archivo propiedad de la familia Salazar, de Zafra, y que el historiador José María Lama reproduce con el nº 135 entre los documentos que aporta en su libro La amargura de la memoria (Ed. Diputación de Badajoz, 2004) :
La primera reflexión es la que aconseja no fiarse jamás del enemigo. Es la moraleja de aquella conocida fábula de Samaniego titulada “El perro y el cocodrilo”. Dice la moraleja:
¡Oh, taimado perro viejo!:
Yo venero tu sentir
en eso de no seguir
del enemigo el consejo
.


Esa desconfianza sistemática hacia el enemigo es lo que entre los romanos se conocía con el nombre de Punica fides. La proverbial alevosía cartaginesa se conocía entre los romanos con el irónico mote de lealtad cartaginesa. Ese recurso tropológico llamado antífrasis, que consiste en dar a algo el nombre más opuesto al que en realidad le cuadra. Esa lealtad era, justamente, todo lo contario de la auténtica lealtad. Bien lo sabía Laocoonte cuando aconsejaba a sus compatriotas desconfiar del caballo de Troya:
Timeo Danaos et dona ferentes
(Temo a los griegos incluso cuando nos traen regalos)

Y, por último, una ojeada sobre el fementido y pestífero texto del bando, sobre sus abominables muletillas, simulando preocuparse del bienestar de los obreros y protegerlos de los abusos del explotador, en este caso, naturalmente, los líderes rojos. Se refiere a la insurrección como un “movimiento salvador de España”, lo que es flagrantemente contradictorio y falso. Y pretende ganar, con el halago doloso, la confianza del obrero. Este tipo de soflamas estaba a la orden del día.
De paso conmina a la entrega de las armas, so pena de ser pasados por ellas, a quienes no lo hicieren (se sobreentiende: a menos que pertenezcan, o sean adictos, a la gloriosa causa del Movimiento Nacional, en cuyo caso, la tenencia de armas resulta totalmente lícita; ya que en algunos lugares, los propios militares han suministrado armas a los mandamases de la derecha para que contribuyan a limpiar a España del rojerío, el enemigo común)
Y termina el bando con el preceptivo y patriótico “¡Viva España!”
La España suya, naturalmente, no esa otra España sobre la que ellos sembraban diariamente la muerte.
_____

* Transcribo el texto del bando, por no estar legible en la fotocopia que se adjunta a esta entrada. Falta algún que otro acento y sobra alguna que otra coma. Pero no iba encima a suministrarle ortografía al comandante. Faltaría más.
Don Carlos Blond Mesa
Comandante Militar de esta Plaza

HAGO SABER: Todos los obreros que estén ausentes de su domicilio pueden volver tranquilamente a sus casas en la seguridad de que nada han de temer, ya que el movimiento salvador de España no va ni ha ido nunca contra el obrero, sino todo lo contrario, puesto que solo quiere su bienestar, la paz entre todos y la salvación de la Patria que estaba en peligro de derrumbarse.

El ejército salvador viene a los pueblos en son de paz, no de guerra como traidoramente os querían hacer ver los dirigentes a costa de vuestras cotizaciones, pan que quitabais a vuestros hijos, vivían y querían seguir viviendo en el lujo y el bienestar de los potentados, y esto por fortuna para vosotros ha terminado para siempre.

Por tanto el que no haya sido dirigente ni tenga sobre su conciencia delitos de sangre, puede regresar tranquilamente a su lugar, entregando previamente el arma que tenga como prueba de lealtad a su patria, y promesa de que no incurrirá nuevamente en los errores a que le llevó su ignorancia o buena fe al seguir a unos traidores a su nación.

En cumplimiento de bandos publicados anteriormente y que ya conoceis, advierto a todos que los registros domiciliarios se llevarán a cabo con todo detalle y energía, por tanto, el que aún conserve algún arma y no se atreva a entregarla, que la deposite en la vía pública de donde por las fuerzas a mis órdenes serán recogidas, bien entendido que a los inquilinos de las casas en donde se encuentre alguna sin la debida autorización, serán pasados por las armas con arreglo al bando de declaración de Estado de guerra.

Espero de todo el pueblo de Zafra el más exacto cumplimiento a las órdenes dadas y no dudo que todos sabrán portarse como buenos españoles cooperando con las autoridades a la salvación de nuestra Patria.

¡Viva España!

Zafra, 27 de Agosto de 1936

Carlos Blond

domingo, abril 15, 2007

Pensar con los pies...

"El sastre", por G. Battista Moroni (1529-1578) National Gallery

Entre los poetas antiguos, griegos y romanos, los poemas nacían con un traje a la medida, con el verso puesto. El lenguaje poético era de Corte y Confección y las musas impartían lecciones de sastrería, de modo que los pupilos aprendían a pensar directamente en verso. Y esto era factible, en gran medida, porque los alumnos aprendían antes a cantar que a hablar, mejor dicho, cantar era la forma habitual del habla, por lo que a hablar se aprendía cantando, y de ahí los nombres prosodia y acento, griego y latino, respectivamente, palabras relacionadas con el canto (pros odé / ad-cantus) El hablar era una suerte de música y ‘música’ era, propiamente, el lenguaje de las musas. Griegos y latinos percibían de una forma natural las cantidades breves o largas de las sílabas y equivocar estas cantidades era como desafinar, de ahí que riesen cuando denotaban en los forasteros la falta de precisión en las cantidades. Así los poemas griegos y latinos brotaban espontáneamente cubiertos con el traje a la medida del verso. La armonía innata era su ropaje natural. Claro que algo semejante se podría decir de muchos grandes poetas que no fueron griegos o latinos. Rubén Darío es el ejemplo más preclaro de una aptitud innata para expresarse en verso. Y esto se puede afirmar, en general, de los grandes poetas, sea cualquiera el idioma en que escriban.
Pero la ciencia de las cantidades silábicas en la poesía grecolatina se aprendía de forma natural en el habla. El canturreo, el sonsonete, el acento, se asimilaban de viva voz. Los versos se ajustaban a ritmo y medida, susceptibles de ser marcados por movimientos de cabeza, o, más frecuentemente, marcando el compás mediante la elevación y depresión alternativa de la punta del pie (arsis y tesis). Por eso a un griego, o a un romano, les resultaba relativamente fácil versificar y, en cambio, a nosotros nos resulta muy difícil hacerlo, aun habiendo estudiado las reglas de la cantidad en esos idiomas.
La prosodia, con sus matices musicales, era algo connatural con el aprendizaje del habla viva de las lenguas clásicas y por eso decimos que los poemas nacían ya trajeados de un lenguaje a la medida, sílaba por sílaba. El verso nacía revestido de manera natural por la prosodia asimilada en el habla.
Los poetas, empero, hablan de poesía desnuda y aun de poesía inefable. Bécquer afirmaba conocer “un himno gigante y extraño”, que él quisiera escribir
con palabras que fuesen a un tiempo
suspiros y risas, colores y notas
.
Es decir, un lenguaje incluso exento del vehículo normal que es la palabra.
Juan Ramón postulaba una poesía ‘desnuda’, bien que admitiendo una única vestidura decorosa para su poesía: la túnica de la inocencia:
Vino, primero, pura,
vestida de inocencia
y la amé como un niño
.
Pero en la alegoría juanramoniana la poesía se hace adulta y, despues de pasar por una etapa sofisticada, de perifollos y atavíos verbales, inicia un strip-tease en el que se va progresivamente despojando de sus vestiduras:
Se quedó con la túnica
de su inocencia antigua
.
Hasta que se despoja incluso de esa túnica. Porque hasta la inocencia puede ser considerada como una ‘fermosa cobertura’. La naturalidad es la desnudez. Por más que el cínico Henry Woton, del wildeano El retrato de Dorian Gray, dijese que “la naturalidad no es más que una pose, y la más irritante de las que conozco” (cap.I)
Por suerte o por desgracia, se perdió para la Poesía esa ciencia de la alta costura por la cual los poetas engendraban versos, a veces con más pies que cabeza: dáctilos, espondeos, yambos, troqueos, pirriquios, anapestos, proceleusmáticos…
Perdido ese arte de vestir el verso ‘a la medida’, arte de sastrería, le resulta muy ardua tarea, al que quiere versificar en versos clásicos, someter su inspiración a las pautas rítmicas marcadas por las cantidades. Es como el tormento de Procusto: estira aquí, corta allá…una tarea enojosa. Cuesta trabajo incluso a quien se ha preparado a conciencia para ello. Quizás por eso nuestro gran humanista Arias Montano componía versos latinos como quien hace penitencia. Casi todos los poemas que componen su colección dedicada a los profetas menores son el resultado de una promesa (Carmen ex voto) Se promete, en religión, aquello cuya realización comporta sacrificio. Montano se sacrificaba componiendo versos latinos. Era esta su disciplina y este su tormento en el potro, como un Procusto voluntario.
A mí me cuesta mucho versificar, someterme a la tortura de las largas y las breves. Y es que no hemos sido educados en esta naturaleza prosódica de manera natural, como los griegos y los romanos. Desconocemos la cadencia prosódica con que ellos aprendían a hablar desde la infancia o, si aprendían a hablar ya desde adultos, por ser extranjeros, desconocemos el acento peculiar de esas lenguas, tal como se aprendía de viva voz. De modo que versificar, que era para ellos relativamente sencillo porque partían de un conocimiento vivo de la prosodia, resulta para nosotros una tarea ardua. Como si sometiéramos nuestra inspiración a un corsé insoportable.
Estas reflexiones se me ocurren tras arduos esfuerzos por componer en latín unas cuantas estrofas en versos alcaicos. La llamada estrofa alcaica consta, en efecto, de dos endecasílabos, un eneasílabo y un decasílabo, según el esquema:

‾ ‾ ˘ ‾ ‾ ‾ ˘˘ ˉ ˘ x / (bis)
‾ ‾ ˘ ‾ ‾ ‾ ˘ ‾ x /
‾ ˘ ˘ ‾ ˘ ˘ ‾ ˘ ‾ x.
He conseguido pergeñar algunas estrofas, pero a costa de un esfuerzo ímprobo. He aquí una de esas estrofas:
O digne luctu, care pater meus,
erepte vita morte nefaria!
avulsus uxori benignae
et genitae genitoque parvo!

Teóricamente, deben seguir siete u ocho estrofas más, pero de momento, están en el telar.Ya veremos si tengo paciencia para terminarlas. Espero que las musas me instruyan con sus lecciones de alta costura.

sábado, marzo 31, 2007

LAS ALAS DEL FRANQUISMO

Toda metáfora puede ser el principio de una alegoría y este es el caso de la que da título al presente artículo. Si hemos equiparado el franquismo con un ave, podemos completar la alegoría diciendo que, en el presente caso, las alas que lo impulsaron y lo hicieron ganar altura para poder planear a sus anchas sobre el solar español, fueron la Falange y la Iglesia. Alas tienen los insectos, las aves y algunos mamíferos (el murciélago), pero alas poderosas que permitan un vuelo sostenido las tienen, entre las aves terrestres, principalmente las rapaces: el águila, el cóndor, el buitre… Imagine el lector, según sus simpatías o antipatías hacia el fenecido régimen, la figura del ave que mejor lo represente, a su juicio. Desde el águila imperial, de tanto abolengo histórico en la heráldica universal, hasta el buitre carroñero tenemos donde elegir. Para los perdedores en la guerra civil el franquismo es como el buitre prometeico, que en este caso se alimentó durante cuarenta años del cadáver de la España vencida, encadenada, privada de libertad.
El franquismo tomó impulso ascensional gracias a la Falange, de un lado y, del otro, a la Iglesia. La primera le proporcionó la doctrina política que sirvió, sobre todo, para paliar la absoluta inopia doctrinal de un régimen carente de ideología política, ciego y sordo a las aspiraciones de mejora social que motivaba a la clase proletaria; empeñado únicamente en mantener el “statu quo” en lo referente a una más equitativa distribución de los bienes de producción, lo que hubiera permitido el acceso de los menos favorecidos económicamente a los bienes superiores de la cultura y el espíritu.
La Falange, al menos sobre el papel, incluía algunas de estas preocupaciones en sus puntos programáticos (recuerdo, por ejemplo, aquello de "todos los que lo merezcan tendrán acceso incluso a los estudios superiores") La letra de estas y otras disposiciones por el estilo sonaba muy bien, pero en la práctica todo venía a quedar en buenos propósitos. El aspecto doctrinario de la Falange interesaba al régimen sólo de cara a la galería. De hecho, quienes en los primeros momentos del levantamiento militar se enrolaron en las filas de la Falange tenían como objetivo inmediato contribuir a eliminar al enemigo político. Ser falangista consistía, sobre todo, en pertenecer al cuerpo paramilitar que en la retaguardia se ocupaba de eliminar al adversario político, antes de que pudiera alcanzar las trincheras, o sea, todavía inerme e indefenso.
Ni el régimen ni el falangismo militante se tomaron verdaderamente en serio el corpus ideológico joseantoniano. Lo que sí se tomó en cuenta fue lo de "la dialéctica de los puños y las pistolas", que el fundador preconizara en un momento de arrebato oratorio. Pero aun así, se le interpretó torcidamente, ya que no cabe tal dialéctica frente a un adversario desarmado.
Personalmente, tras haber leído los escritos del fundador, me inclino a creer en la probidad intelectual de su pensamiento que, en la práctica, quedó descalificado por los hechos de sus presuntos correligionarios. A la Falange auténtica la desacreditaron, para los restos, aquellos facinerosos de primera hora. De ahí que haya resultado vano cualquier intento posterior de resucitar una presunta “falange auténtica”. Aparte del fundador, ha habido muy pocos falangistas auténticos. Los que de veras lo fueron, como Ridruejo, hubieron de apostatar de aquella falange espúrea, o aliviar sus remordimientos con “descargos de conciencia”, como el íntegro Laín Entralgo.
En cuanto a la otra “ala” del franquismo, casi es preferible no hablar. La redención social del proletariado que demandaban los nuevos tiempos topó con la incomprensión del estamento eclesiástico, propiciando el desencuentro con el pueblo. La situación empeoró debido al radicalismo de los más exaltados, imbuidos del principio marxista que considera la religión como “el opio del pueblo”. Los sabotajes contra instituciones religiosas que los más extremistas llevaron a cabo ante la ineficacia de un gobierno que no supo atajar estos desmanes, se cargarían en la cuenta de la causa popular, propugnada por un socialismo mayoritariamente moderado. Así, cuando sobrevino la rebelión militar, la izquierda en bloque, entre los que se encontraban no pocos creyentes, cayó bajo el anatema político y religioso, que en principio sólo alcanzaba al materialismo marxista. Todos quedaron marcados por el mismo denominador común denigratorio de “rojos”.
La rebelión militar se colgó los galones de la salvaguarda de la religión y surgió la consabida entente Iglesia-Estado. La sublevación militar contó con las simpatías y las bendiciones del estamento eclesiástico. El alzamiento se revistió de ‘cruzada” y en los muros de las iglesias se grabaron los nombres de los “caídos por Dios y por España”. La medida se aplicó a todos los pueblos de la geografía española, incluidos aquellos en los que no hubo ni un solo muerto de derechas y sí muchos de izquierda. Con lo cual éstos quedaron, de una parte, tildados de réprobos y, de la otra, de antiespañoles. A la muerte se añadió el oprobio.
Esa deuda histórica de la jerarquía eclesiástica con el pueblo español aún sigue pendiente, en nuestra opinión. La Iglesia, dispensadora de perdón, no ha considerado pertinente pedirlo en el presente caso
.

miércoles, marzo 14, 2007

VIRGINIA (mamá)

Murió hace ahora diez años. Si viviera habría complido ya los 101 años. De los casi 92 que estuvo en el mundo, 61 los pasó viuda. Su viudez comenzó un 10 de septiembre de 1936. La partida de defunción de su marido, asentada seis años después del óbito, en el juzgado de Aceuchal, da como causa del fallecimiento la siguiente: “a consecuencia de la pasada guerra”. Mi padre no había estado en ningún frente. Había hecho el servicio militar a la patria entre 1926-1929, en Sevilla. Cuando las tropas de Yagüe, Asensio y Castejón pasaron por Extremadura, dieron licencia para matar (quizás más bien impusieron, como norma que había que cumplir a rajatabla, la mano dura) delegando esta función en los grupos paramilitares de derecha, que se habían hecho cargo de la autoridad en los municipios.Por regla general, estos grupos no sacaban la cara por nadie que se considerase sospechoso de connivencias con la izquierda. Era preferible seguir estrictamente la consigna de aquellos militares, dispuestos a no dejar eventuales enemigos en la retaguardia, aunque estuvieran desarmados. No hacerlo así podía resultar sospechoso de no colaboración con la causa militar. Nada más cómodo y expeditivo (y cobarde) que matarlos, aprovechando la ocasión de que estaban, precisamente, indefensos.
Virginia estaba en su cuarto mes de gestación cuando fusilaron a su marido. Su hija Eloísa nacería cinco meses después.
¿Cómo fue la vida de mamá a partir de aquel aciago 10 de septiembre? Supongo que tremendamente amarga. Le habían quitado a su marido y habían dejado huérfano a su hijo de tres años y a la criatura que estaba por nacer (nacería en el transcurso del año siguiente). Mamá tuvo que ponerse a coser por las casas y pudimos ir tirando gracias a las familias de los terratenientes que le daban trabajo.
A principios de los años 40 mamá estuvo seriamente enferma con anemia. Recuerdo que le inyectaban un compuesto de hígado de vaca fresco (es decir, algo de la plaza de abastos, pero hecho química) Tenía un olor especial aquel medicamento, que aún hoy día reconocería si volviera a olerlo. Creo que se llamaba Hepatrat. Fue entonces cuando temí seriamente por la vida de mamá y prometí (¡con no más de nueve años!) guardar celibato de por vida si mi madre se curaba. Lo que yo no podía prometer era no enamorarme y esto llegaría fatalmente con el tiempo. En el año 1945 estuve de monaguillo y fue por entonces cuando el párroco habló a mi madre de llevarme a estudiar al Seminario. En él ingresé al año siguiente, tras haber superado con facilidad las pruebas de ingreso. Y de allí saldría seis años después, entre otras razones porque “el amor corría el peligro de equivocar sus caminos”.
Y me puse a trabajar de profesor de Latín, con 19 años, en el colegio de San Antonio, en Almendralejo. Los alumnos mayores eran casi de mi edad. Uno de ellos fue Pedro Baquero, que (según me han dicho) ha muerto recientemente de un ataque cardiaco fulminante.
De mamá recuerdo muchas cosas admirables. Sobre todo, que cantaba con muy buen oído. Tenía un abundante repertorio de canciones de su mocedad, supongo que eran las que sonarían en los bailes de su época. A fuerza de oirlas, esas canciones se me grabaron en la memoria y ahora las recuerdo de vez en cuando. Todo un repertorio que abarca parte de los años veinte y treinta del siglo pasado. En varias ocasiones me he entretenido en hacer el recuento de esas canciones y en ir anotando la letra que recuerdo de las mismas. Algunas he conseguido encontrarlas por Internet, como la de “Abuelita, ¿qué horas son?”.
Gracias a esas melodías el recuerdo de mamá sigue vivo y se renueva cada vez que, sin saber por qué, aflora a mi memoria, un día u otro, alguna de esas canciones.

martes, marzo 13, 2007

ESTE BLOG...

Este blog puede, de un día para otro, presentar alteraciones que consistan, no ya en la incorporación de un nuevo escrito, sino en la modificación de cualquiera de los demás que ya figuran en él, incluyendo la eliminación de alguno de ellos.
De sabios es rectificar, dice un viejo aforismo, aunque, como apostillaba un antiguo profesor mío, es de más sabios no tener que hacerlo. Así he matizado afirmaciones, he sustituido viñetas o caricaturas por otras que me parecían más acertadas, he suprimido, incluso, algún artículo que pudiera lastimar a terceras personas o que, simplemente, no llegaba a convencerme. Varios han sido los motivos que me indujeron a manifestar mis opiniones en esta especie de nuevo foro que es Internet. Uno de ellos la necesidad de ‘catarsis’ que la puesta a punto de la convivencia democrática requería, a fin de hablar, desde una plataforma común de confianza y de sinceración, con quien suponemos nuestro otro interlocutor democrático de la oposición. Es (entre otras cosas) el ejercicio del derecho a enjuiciar la larga etapa, ya superada, de la Dictadura, desde la normalización de la democracia restaurada, la democracia que la Segunda República trató de establecer y que se frustró con la sublevación de unos militares desleales que se adueñaron del Estado y convirtieron la “cosa pública” en “cosa nostra”. Y a esto lo llamaron “patria”, obligando al exilio, a la cárcel o a la muerte, a una parte muy considerable de los españoles.
Se trata del derecho a opinar libremente, largamente negado a los vencidos durante la Dictadura y aplazado después espontáneamente, de manera cautelar, durante la llamada ‘transición’, con el fin de consolidar una democracia que echaba a andar con paso todavía vacilante, tras el entumecimiento de casi cuarenta años de inactividad política.
Pues bien, parece que todavía no es bastante. Quizás la generación perdida de la posguerra, hoy ya septuagenaria u octogenaria, debería haber seguido callando y aguantar hasta que hubiera desaparecido el último superviviente. Porque, por lo visto, el propósito de cerrar heridas de los “hunos” implicaba la intención aviesa de abrir las de los “hotros”. Las dos Españas volvían a enzarzarse en una nueva pugna, ahora de tipo dialéctico. De nuevo aparecieron los enfrentamientos con ocasión de algunas reivindicaciones por parte de los vencidos, que no tuvieron la oportunidad, en su momento, de honrar a sus familiares caídos en el frente, o eliminados en la retaguardia. La publicación en los periódicos, con un retraso de casi 70 años, de esquelas de familiares asesinados o muertos en campaña durante aquellos años (y los que siguieron a la proclamación de la paz) provocó, entre los herederos de las víctimas del bando vencedor, una reacción similar: publicar esquelas de familiares fallecidos en el frente, o a consecuencia de crímenes imputables a los grupos revolucionarios de la izquierda. De modo que, lo que pretendía ser una compensación por el silencio y la ignominia que cayó sobre los familiares de los vencidos, frente a las honras públicas que se tributaban a los “caídos por Dios y por España”, se convirtió en motivo de nuevas reivindicaciones por parte de los familiares de los vencedores, lo que dio lugar a fenómenos como la llamada “guerra de las esquelas”.
No ha llegado la derecha a comprender que los perdedores de la guerra no tuvieron ocasión de honrar a los suyos hasta que el advenimiento de la democracia les deparó esa oportunidad. Por supuesto, es la misma libertad que ellos tienen de hacerlo, tanto de forma pública como privada. ¡Ay de los vencidos, si se hubieran atrevido a hacer honores públicamente a sus muertos!
En fin, que en el terreno de la normalización política, dentro de la democracia, los progresos de esa normalización se ven con frecuencia impedidos por los resabios de una derecha recalcitrante. Lejos de progresar, retrocedemos a posturas que se revelan cada día más inconciliables. Los recientes acontecimientos revelan que se hacen cada vez más profundas las diferencias y que se agrandan las incompatibilidades.
El odio hacia un presidente democráticamente elegido nunca se ha hecho tan patente como ahora. Hay movilizaciones espectaculares que pretenden dar la impresión de que existe un desacuerdo mayoritario con el presidente del gobierno español, contra el que se agitan patrióticamente banderas que son de todos los españoles, junto a consignas que son, pese a su algarabía, claramente minoritarias.
La excarcelación de un terrorista (execrable, ciertamente, el terrorista, no la excarcelación, hecha por razones humanitarias y con el correspondiente refrendo jurídico) ha sido interpretada como debilidad, como connivencia del poder hacia el propio terrorismo, como traición a la patria. De poco han valido que se alegasen razones humanitarias, aunque estén contenidas en la misma doctrina evangélica del perdón, que se ha predicado siempre desde el sector que se alió con la cruz, ya desde la época de Constantino el Grande. Ni ha sido tenido en cuenta aquel precepto humanitario y sabio que Don Quijote diera a Sancho al entrar en el gobierno de la ínsula Barataria: “Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia” (cap.XLII, 2ª parte)
Las fuerzas reaccionarias de la derecha toman bríos. La cohesión democrática se debilita, por otra parte. De todos modos esperamos que las urnas digan, en su momento, su veredicto.
Aunque no sería la primera vez que, incluso habiendo hablado las urnas, esas fuerzas reaccionarias han impuesto la razón de la fuerza. El ejemplo al canto lo tenemos en el fatídico 1936.
Si la derecha sigue arrogándose, como en otro tiempo, la exclusiva de salvaguardar la unidad de España, el golpismo puede encontrar pretextos para volver a intervenir.

domingo, marzo 11, 2007

LA COMBA Y EL CORRO

(Recuerdos de la infancia)

Si vuelvo, en el recuerdo, a la época de la niñez y me sitúo con la memoria en la calle Santa Marta, de Aceuchal, puedo recordar a las niñas que eran por entonces mis vecinas. Y, especialmente, la hora del atardecer cuando todas las chavalas de la calle se reunían para jugar al corro o saltar a la comba. Aunque el repertorio de canciones no pasaba quizás de la media docena, ahora en la distancia del tiempo, me parece que ese repertorio era mucho más abundante del que yo acierto a recordar. Con frecuencia, las letras de estas canciones incluían frases mal asimiladas, por haberlas aprendido mal, o porque las letras en sí eran un poquito disparatadas. Vamos con algunos ejemplos:
Por la carretera Reyes
cuatro mocitas van
y la que va en el medio
hija de un capitán,
sobrina de don Félix,
teniente coronel…etc.

Si hubiera dicho un número ‘impar’ de mocitas se comprendería que una de ellas cayera justo en medio del grupo; pero ¿cuál será la que va en el medio cuando son, como en este caso, cuatro? Nadie reparaba entonces en este tipo de pamplinas. Era así y sanseacabó. Como tampoco había inconveniente en admitir la posibilidad de que alguien fuera a Francia a comprar ‘hilo portugués’:
De Francia vengo, señores, de por hilo portugués,
y en el camino me han dicho que tres hijas tiene usté.
- Si las tengo o no las tengo, eso no le importa a usté
… etc.

Y las cosas que uno podía encontrar dentro de una manzana eran realmente fabulosas:
Yo me comí una manzana,
¡qué manzana tan sabrosa!,
dentro la manzana había
el correo de Piadosa (¡)
había una cigarrera,
hablando con su soldado,
y al tiempo de despedirse
se agarraron por la mano.
adiós cigarrera hermosa,
adiós, soldado valiente,
contigo me casaría
a la hora de la muerte…


También 'al levantar una lancha' uno podía llevarse sorpresas:

Al levantar una lancha
una jardinera vi,
regando sus lindas plantas
y al momento la seguí.


Es posible que lo que ahora nos parece un poco absurdo se debiera, en parte, a que las letras estuviesen viciadas por haber entendido mal las frases. Suele ocurrir con las letras. En este sentido, mi amigo Miguel ha recordado que la letra del himno de la Virgen de Guadalupe, Patrona de Extremadura, solía malentenderse, especialmente en aquel pasaje que dice:
Somos los hijos del gran Pizarro,
los hijos somos de Hernán Cortés,
y en nuestro pecho noble y bizarro
un alma late que fuego es.
La deformación consistía en que se cantaba de esta manera:
Somos los hijos del gran Pizarro,
Los hijos somos del gran Cortés,
Y en nuestro pecho noble y pizarro
Un almanaque que fuego es.



A la puerta está la ronda, sí, sí,
que yo rondaré primero
clavellina colorada nacida en el mes de Enero… ,
En vez de decir “clavellina colorada” se decía “la gallina colorada”, como si tal cosa. Más ejemplos:
Soy el farolero de la puerta ‘l Sol,
cojo mi escalera y enciendo el farol,
después de encendido me pongo a cantar
y siempre me sale la cuenta cabal.

Pero, o yo oía mal, o juraría que las niñas decían:

“y siempre me sale la cuenta cagá”.

Apenas había letra de copla o coplilla que no estuviera lastrada con algún gazapo prosódico. El mismo Cara al sol, estaba gramaticalmente viciado (aparte de sus otros vicios de fondo) Y donde los poetas azules habían escrito 'impasible el ademán', los cazurros prosélitos de la camisa azul y el 'cangrejo' bordado canturreaban: 'imposible el ademán'.

Otra copla de corro infantil:

A un capitán sevillano siete hijos le dio Dios
y tuvo la mala suerte que ninguno fue varón.


Es natural, pues no eran siete hijos, sino siete hijas. Si alguna hubiera sido varón hubiera sido un transexual.

Era aquella una época todavía muy respetuosa con los padres, a los que algunos hijos hablábamos de usted (me incluyo porque yo también lo hice durante algún tiempo)
Papá, mamá, ¿quiere usté que vaya
un poquito a la alameda, (bis)
con los hijos de Merino (bis)
que llevan rica merienda?
Al tiempo de merendá (bis)
se perdió la más pequeña.(bis)
Su papá la anda buscando,
calle arriba y calle abajo,
¡dónde la vino a encontrar,
en una sala metida,
hablando con su galán,
diciéndole ‘prenda mía’,
contigo me he de casá
aunque me cueste la vía!
Una paloma volaba
y al volar su pico abría,
ella parecía que hablaba
pero yo no la entendía, etc.

La niña, a pesar de ser “la más pequeña”, se conoce que estaba muy adelantada para su edad, pues ya tenía su galán con el que se veía a escondidas. ¡Qué precocidad!

¡Todo ahora se ve tan lejano, tan irreal!
Un recuerdo agradecido para aquellas niñas piporras que nos hicieron amables y amenas las tardes cuando éramos unos críos, en aquellos duros tiempos de la posguerra.



jueves, marzo 08, 2007

EL FLAMENCO Y EL FOLKLORE







El martes, 6 de marzo, estuvo conferenciando en el Seminario Humanístico de Zafra (filial de la Asociación de Escritores Extremeños) el más Grande de los emeritenses vivos, Félix de nombre. Ya sabéis: el autor sabio de Blanco spirituals o de Los rubáiyátas de Horacio Martín, por no citar más que dos de sus más conocidos títulos poéticos. Su charla amena, interesante, estuvo sazonada de anécdotas personales, de vivencias indelebles de su infancia en Mérida. El auditorio escuchó con atención y con visible interés la voz cálida y profunda del maestro.
No faltó la referencia al flamenco, ese filón de la sabiduría popular que en palabra ya consagrada, aunque extraña, se denomina folklore. Sabiduría condensada en coplas, en sentencias, en refranes. Paremias griegas, adagios latinos, pliegos de cordel, trovas de juglares (con laúd o con guitarra). Tampoco faltó la mención de Paco de Lucía, el gran virtuoso de la guitarra flamenca.
Citó Félix algunas de esas coplas de las que dijo Machado (Manuel)
A todos nos han cantado
en una noche de juerga
coplas que nos han matado…

Coplas que apuntan directo al corazón, esas coplas sabias del folklore, del que dijo el mismo poeta


Es el saber popular
que encierra todo el saber:
que es saber sufrir, amar,
morirse y aborrecer.
Y la copla esta vez decía:
El reloj está en la torre;
el mochuelo, en el olivo;
en mi corazón, la pena:
cada cosa está en su sitio
.



El texto popular encierra una suprema ironía, dando la impresión de que reina un profundo orden y de que existe una gran normalidad, por el hecho de que se comprueba que cada cosa está en su sitio. Pero la paradoja real es que hay algo que está donde no debería estar, pues lo justo, lo ideal y lo deseable es que en el corazón no esté la pena sino la alegría, el contento, la felicidad. Si está la pena, ocupa, sí, un sitio adecuado, pero un sitio donde habitualmente no debiera estar; lo que, en el fondo, constituye un desorden, puesto que, en ese sitio, dentro de un orden ideal, debería estar el gozo, la alegría, la dicha... No la tristeza. La pena está ahí suplantándolos, usurpándoles el puesto.



Un día escuché una de estas canciones que se nos graban en la memoria, porque barruntamos en ellas hondas experiencias dolorosas:
No te deseo más castigo
que el que te acuestes con otro
y estés soñando conmigo.


Aviso y advertencia que el amante comunica a quien le amó y después le sustituyó por otra persona.
Son letras sabias, las de las canciones de este tipo.
Pero hay también letras poco acertadas, a veces tontas o absurdas. Aunque tuvieran, en su momento, un éxito indiscutible. La letra de El emigrante, la famosa canción que popularizó Valderrama, constituye un buen ejemplo de lo que decimos. El emigrante manifiesta su deseo de recordar, durante su ausencia, la blanca dentadura de su amada, convertida en fetiche, en objeto sagrado:
Tengo que hacerme un rosario
con tus dientes de marfil
.

¡No lo dirás en serio! ¿Qué quieres, cariño, que tenga que ponerme dentadura postiza?
El folklore flamenco tiene también una cierta propensión al autobombo, a la presunción. Se piropea a sí mismo, presume, alardea, se ufana. Quizás de ahí proviene lo de ‘flamenquear’.¡Muy flamenco estás tú, niño! Muy infatuado, muy sobre sí. Un pelín más de la cuenta ‘poseídos’, algo endiosados, estos flamencos y flamencas no tienen abuela. Se nota que tienen esa orfandad de nacimiento. Un ejemplo de canciones de este tipo:
No hay majeza ni tronío
que igualen a mi majeza.
De los pies a la cabeza
llevo rumbo y señorío.
¡Que soy del barrio Triana
flamenca como ninguna!
tengo la gracia gitana,
vivo orgullosa de mí…
etc.


Este tipo de autoafirmación presuntuosa es, a mi manera de ver, uno de los puntos flacos del flamenco.
Y, no obstante, en ciertos aspectos, parece consustancial con él.

sábado, marzo 03, 2007

EN BUSCA DEL CONSENSO PERDIDO

Una cosa tengo bien clara en lo que atañe a la concordia entre los españoles, a la normalización de la convivencia entre los mismos, tras la fatal crisis de la unidad que tuvo como resultado el enfrentamiento civil. Y esa cosa es que los perdedores tenían derecho a ser resarcidos, a recibir compensación, siquiera de índole moral, por la parte que se alzó con el poder por medio de las armas. La guerra produjo daños y pérdidas por ambas partes, pero, por la de los vencidos, unos traumas adicionales, algo así como unos daños psicológicos permanentes sobre el “ego” de la conciencia nacional; y ese daño requería ser reparado, en la normalización de la convivencia democrática, a través de una catarsis colectiva que nos preparase para afrontar la nueva situación. Esta puesta a punto requería cierta dosis de paciencia y buena voluntad por parte de tirios y troyanos. Ello pasaba por el reconocimiento de los propios errores por ambas partes, de los excesos y atropellos que por uno y otro lado se cometieron; pero también, y sobre todo, de algo muy especial que consistía (y consiste) en revisar desde la óptica común del planteamiento democrático (con el que se supone implícitamente que estamos todos de acuerdo) lo que de particularmente erróneo e inaceptable tuvo la situación pasada, enjuiciada desde este punto de vista democrático, en el que se supone que existe unanimidad por ambas partes. Claro que esta vía dialéctica conduce, indefectiblemente, a la condena del franquismo, es decir, de la situación superada; y esta condena del franquismo (verdadera prueba del algodón del talante democrático de un partido) a propuesta del partido socialista entonces en la oposición, fue la que en el Parlamento español, en el año 2002, puso al PP contra las cuerdas. Por fortuna, en aquella ocasión el PP no pudo sustraerse a la evidencia y aceptó refrendar la condena democrática del franquismo, acuerdo importante para partir de una base común. Pero, por desgracia, con posterioridad ha dado marcha atrás y ha rehusado, inconsecuentemente, mantener esta condena a nivel internacional en el parlamento europeo. Ahora bien, esto constituye un contrasentido y una ruptura del consenso democrático en un punto vital: no se puede ser demócrata sin el rechazo explícito de lo que fue esencialmente antidemocrático, como lo fue el franquismo. Y no caben subterfugios ni componendas de que puede darse un franquismo evolucionado, converso a la democracia, lo que sería teóricamente el PP. La democracia tiene que rechazar el franquismo, como éste, en su larga andadura, rechazó aquélla: son visceralmente incompatibles. Claro que abjurar del franquismo supone renunciar a las propias raíces, tratándose del PP, y esto requiere una ‘metanoia’, o cambio de criterio mental muy difícil de lograr. Es, por lo demás, obvio que la condena del franquismo conlleva la revisión crítica de sus dogmas políticos y el desmantelamiento de los tópicos con los que justificó su presunta “salvación de España”. Todo lo cual supone para muchos de los adictos a aquel régimen una renuncia intolerable. Que estas reivindicaciones no se plantearon durante la transición, de acuerdo. Importaba entonces más afianzar una democracia valetudinaria, todavía expuesta a sustos como el del 23-F. Pero que la salud democrática de España necesitaba de reparación y catarsis desde la maltrecha izquierda, nadie lo podría negar. Y en ello estamos. ¿Habrá la generosidad suficiente, por parte de la derecha, para hacer estas concesiones que reparen, siquiera en parte, el largo secuestro de la voluntad popular que propició el franquismo?

viernes, marzo 02, 2007

EL INTERNAUTA NO TIENE QUIEN LE ESCRIBA

Parafraseando el conocido título de la novela de García Márquez, se podría decir lo mismo de aquellos que mantienen sus “blogs” abiertos a comentarios (bien que, como en mi caso, condicionados a la aprobación del propio “blogger”) y, sin embargo, nunca, o muy rara vez, reciben comentarios de lectores. Ya recordé, a este propósito, en cierta ocasión, aquellos versos demoledores con que el poeta hispanorromano Marcial fulminaba a un detractor suyo:
Versiculos in me narratur scribere Cinna:
Non scribit cuius carmina nemo legit

(Se dice por ahí que un tal Cinna escribe versillos contra mí:
No escribe aquel cuyos versos nadie lee)


Hubo, en aquella ocasión, un benévolo lector que se aventuró (eso sí, embozado en el anónimo, a escribirme -¡en Latín!- diciéndome, como para darme ánimos, que había alguien que me leía: él) Bueno, algo es algo: alguien NO es nadie. Ya puedo afirmar que escribo porque, al menos, uno me lee.
Hubo, sin embargo, una ocasión en la que al abrir el correo me encontré con la sorpresa de tener, de golpe, nada menos que 68 comentarios a uno de mis artículos, Abrí, con cautela, algunos de ellos, al azar, y me encontré que todos estaban en inglés y que me proponían leer sus propios “blogs”. Desde entonces suelo eliminar sistemáticamente los susodichos comentarios, sin molestarme en abrir las correspondientes misivas.
La verdad es que no me importa demasiado hacer en solitario esta travesía, en la que mi distracción, casi exclusiva, es anotar mis divagaciones en este “cuaderno de bitácora”. A veces escudriño las olas, quizás con la secreta esperanza de ver flotando la botella en la que me llega el mensaje de algún amigo que me necesita.




GUERRAS DE RELIGIÓN

Ahora que reparo en ello, casi todas las llamadas “guerras de religión” que en el mundo han sido han servido de tapadera a otras causas, aparte de las propiamente religiosas. El motivo de la religión ha sido, con frecuencia, un buen pretexto para justificar una guerra,aunque el motivo oculto haya sido otro.
Así, por ejemplo, la guerra contra el turco, que culminó en la batalla de Lepanto (ocasión de la manquedad de Cervantes) y que dio a los cristianos la preponderancia naval en el Mediterráneo, fue una “guerra de religión”. Tal se consideró en aquellos tiempos, y aun en los nuestros. Refiriéndose al Mediterráneo, dijo el poeta Adriano del Valle:
Con naumaquias sacras
se cristianizó.
Lepanto fue una de esas naumaquias. La Guerra Civil española también se pretextó “guerra de religión”, o “guerra santa”, por quienes la “bautizaron” pomposamente como “Cruzada”. Y en nuestros días, la llamada Yihad islámica (quam horroris causa nomino) también es una “guerra de religión”, más bien una “guerrilla” que golpea acá y allá, con sus fanáticos adeptos dispuestos a inmolarse como víctimas, con tal de sembrar el terror. Con golpes espectaculares, a veces, como el de las Torres Gemelas. Siempre habrá kamikazes dispuestos a morir por el emperador, siempre habrá suicidas heroicos, decididos a inmolarse por una causa religiosa. Catecúmenos del fanatismo, persuadidos de antemano de que, con su sacrificio personal, ganarán el Paraíso: “Tantum religio potuit suadere malorum”, como dijo el poeta romano Lucrecio: a tanto mal pudo ser inductora la causa religiosa.
En la Guerra Civil española hubo matones que se dejaron persuadir de que eran el brazo ejecutor de la justicia divina:
– “No te mato yo, te mata Dios” (cuentan que decía un conocido matón de aldea, en uno de estos pagos extremeños) ¿Quién le inculcaría a aquel botarate que su acción homicida era el medio a través del cual se manifestaba la voluntad divina?
Hay cierto tipo de fans que practican lo que los germanos llaman el Todesfanatismus (el fanatismo de la muerte) Hoy son relativamente fáciles de reclutar, sobre todo entre los prosélitos del Islam. Su utilización con fines terroristas está, como sabemos, a la orden del día, sobre todo en los países de Oriente Medio. Y, por lo que se ve, hay bastantes voluntarios de esa religión, dispuestos a inmolarse.
¡Que Dios – o Alá, tanto da– nos libre de ellos!

martes, febrero 27, 2007

POETAS EN SAN ATÓN (IV)


Juan Robles Febré se incorporó al Seminario Diocesano de San Atón hacia finales de los años 40 ó principios de los 50 del pasado siglo. Procedía de la congregación claretiana, principalmente dedicada a la enseñanza como medio de ejercer el apostolado. Su opción por el sacerdocio secular le llevó a ingresar en el seminario pacense para convalidar los estudios de Teología, orientados hacia el apostolado rural y la cura de almas.
Robles frisaba en los 30 años cuando se incorporó directamente a la comunidad de los teólogos. Enseguida supimos que había recalado entre nosotros un nuevo pupilo de las musas. Trascendió la noticia al resto de las comunidades.
Recuerdo a aquel Robles juvenil como un tanto friolero, atravesando presurosamente la terraza del Seminario Mayor (primera planta entrando, a la derecha) embozado en su bufanda. Como era de esperar, Robles adoptó, siguiendo la costumbre implantada por los poetas autóctonos, el correspondiente seudónimo. Ya teníamos el recuerdo reciente de Néstor Rodín y de Alas Adolfo, que probablemente aún estaba entre nosotros, como Nazario Ortiz. El recién llegado nos hizo saber que también él había recibido el bautismo en la fuente de Hipocrene, o de Castalia, y que su nombre de pila era David Uziel.
Tuve ocasión de charlar con él de poesía y de poetas y de intercambiar con él algunos artículos de periodistas admirados por mí y de otros, admirados por él. Recuerdo que le mostré varias fotos de poetas, recortadas de los periódicos, y que especialmente mostró su devoción entusiástica por Adriano del Valle. Esta admiración se vería posteriormente confirmada por mí, comprobando que Robles imitaba a del Valle, especialmente en la utilización de la décima. Recuerdo que hablamos de García Lorca (un nombre todavía casi tabú en aquellas fechas) y que me recomendó, como posible lectura para un futuro ministro del Señor, la obra titulada Marianita (sic) Pineda.
Yo ya conocía, sin embargo, por aquel entonces algún que otro de los romances ‘escabrosos’ del granadino, como, por ejemplo, el de “Preciosa y el aire”. Y sabía, por Lucio Molina (cuyo padre tenía un ejemplar de la primera edición del Romancero gitano (1928) que había un romance de contenido altamente peligroso que se titulaba “La casada infiel”.
Robles ejerció el ministerio sacerdotal en algunos pueblos de la diócesis pacense, por ejemplo, en Salvatierra de los Barros.
Pero su apostolado se ejercería, principalmente, a través de la poesía, de la cual fue promotor importantísimo desde su ministerio sacerdotal en la provincia pacense. La poesia religiosa tuvo en él un cultivador fervoroso, colaborando en la fundación de revistas poéticas como ‘Jaire’ y ‘Olalla’. Luego extendió su campo de influencia a la poesía profana, posibilitando que los creadores noveles publicasen sus versos en la colección “Cuadernos poéticos Kylix”, fundada por él.
Trabajó y cinceló el verso con tesón y con empeño, demostrando que también el poeta, si no nace, puede hacerse a fuerza de voluntad.
La lista de sus publicaciones es amplia. Entre sus muchos títulos hay dos expresamente dedicados a la ciudad de Badajoz. Poesía de circunstancias. Quizás sus mejores libros sean los escritos con motivo del IV Centenario de la muerte de San Juan de la Cruz (Fuente que mana y corre) y el dedicado a la commemoración de otra efeméride: la del V Centenario del Descubrimiento de América. Este poemario lleva por título Alta Mira de Gaviotas
Por supuesto que, entre su poesía de circunstancia, también tuvo ocasión de dedicarle algunos piropos a Zafra, a Sevilla la Chica, donde los claretianos tuvieron escuela de Teología en el pasado. Insertamos aquí, a titulo de muestra, una de sus décimas, en esta ocasión dedicada a la




Plaza Chica
La noche en la Plaza Chica
juega entre luz y color,
se recrea con la flor,
con los arcos se abanica.
El limpio jazmín suplica
y es el silencio romanza.
Esta bienaventuranza
que nos sabe a paz divina
la derrama en su hornacina
la Virgen de la Esperanza.
















lunes, febrero 12, 2007

POETAS EN SAN ATÓN (III)


Mi amigo Nacho Pavón, joven profesor de la Universidad de Extremadura, me ha facilitado recientemente, a petición mía, algunos datos, precisos y preciosos, acerca de la biografía y bibliografía de Pedro Belloso, párroco que fue de Alange, donde actualmente reside parte de las respectivas familias, la del párroco y la del informante. Para situar cronológicamente a Pedro Belloso (el “Alas Adolfo” de los años 40 y 50 en el Seminario de San Atón) encerramos aquí entre paréntesis los años del nacimiento y la muerte (1926-2004), la fecha de su ordenación sacerdotal (1950) y los títulos de los libros poéticos que publicó a lo largo de su vida. Estos son: Hombres de barro (1977), Campo y pueblo (1978), Entre encinas (1980), Brindis a media voz (1989) y en la obra colectiva Con Jesús hacia el Calvario (Almendralejo, 2002, edic. Tobías Medina Cledón) la colección de poemas “Visión poética del Vía Crucis”, pp. 69-107, con ilustraciones del artista italiano Emilio Nembrini, uno de los autores de los frescos de la Iglesia Parroquial de Almendralejo.
Pero, junto a esta obra publicada, más la dispersa en periódicos y revistas poéticas, Belloso ha dejado varios libros más, inéditos. Estos llevan por títulos los siguientes: Salterio de mis horas, De la luz recién nacida, Incompleta sinfonía de tu nombre, Calle y camino y, por último, una antología poética con el título Os dejo mi palabra (1957-1992)
De toda esta extensa obra yo conozco, a decir verdad, una muy pequeña parte: la que se contiene, principalmente, en su libro Entre encinas (1980) del que poseo un ejemplar dedicado de su puño y letra.
Poeta hondamente humano, Pedro Belloso, su maduración ha tenido lugar en contacto con sus feligreses, a lo largo de su ministerio sacerdotal en las diversas parroquias de la provincia para las que fue nombrado cura de almas. El “Alas Adolfo” que yo conocí era todavía un poeta en ciernes, en el que ya apuntaba, sin duda, una certera vocación poética.
Volví a reencontrarme con él en los años 80, en Zafra, donde recalaba con frecuencia cuando desde Puebla del Maestre viajaba hacia su pueblo natal, Alange. En Zafra tenía un amigo incondicional: el novelista Francisco Moreno Guerrero. Y, en un segundo plano, mi (in)modesta persona, de quien ya no se acordaba, pues yo era sólo un niño cuando él estaba ya en Teología.
He elegido, del libro Entre encinas, el poema titulado “La solterona”, en el que revela su ternura y simpatía hacia este arquetipo femenino, que ha conmovido la sensibilidad de los grandes poetas, como el Lorca de Doña Rosita la Soltera, o el lenguaje de las flores.
SOLTERONA
I
Se le ahogaron los años
en el pozo del tiempo.
Era joven, no fea,
con todos los derechos
a ser mujer completa
de algún hogar concreto.
Pero su honrada casta
pensó que “el paño bueno
en el arca se guarda”,
y se le fue su tiempo.
II
Y la joven, no fea,
sólo tiene derecho
a inventarse unos hijos
que engendra el pensamiento.
Porque “su paño” huele
a manzana a destiempo,
que se pudre en suspiros
en el arca del tiempo.
III
Y esta tarde-domingo
un ramo de silencios
a pasear llevaba
sobre su “paño bueno”.
Se le nota por fuera
lo que guarda por dentro.
Su risa es la protesta
al “qué dirán” del pueblo.
Porque su risa es llanto
que le asquea por dentro
tanta honradez de paño
podrido por el tiempo.
IV
La llaman solterona,
mujer y sin derechos
a sembrar en su carne
la semilla de un beso.
Tal su vida pasea
-“paño de puro bueno”-
por las tardes-domingos
de su aburrido tiempo.

domingo, enero 21, 2007

¡VIVA EL TANGO!

Mi amigo argentino Hildebrando Céspedes (Brando para sus amistades) me acaba de enviar, desde su “Buenos Aires querido”, como presente del Año Nuevo, una espléndida colección de tangos, distribuida en cuatro CDs, un muestrario de lo más completo de la historia del tango que haría las delicias incluso del porteño más exigente.
La selección de Brando incluye, junto a piezas que hicieron época y que son y serán éxitos permanentes, otras piezas rarísimas que tuvieron éxito en su día y que después, con el paso de los años, fueron relegadas al olvido. Salvo que todavía hoy, en algún lugar ignorado, algunos las recuerdan porque formaron parte de las vivencias de su juventud y las han transmitido, como un delicado tesoro, a sus descendientes. Este es el caso del tango titulado “Alma de payaso”, que yo oía cantar a mi madre y cuya letra, mecanografiada por mi padre en alguna de aquellas Hispano-Olivetti antiguas del ayuntamiento de Aceuchal, encontró un día mi hermana entre los papeles de nuestra madre:
Alma de payaso,
no ves por qué las congojas
son flores que se deshojan
igual que tu ilusión.
Ríe tú, payaso,
esa es tu misión,
¡Qué importa que dentro
te llore el corazón!

Esta canción, de comienzo de los años 30, debió de sonar con frecuencia en los dancings de la época. Los jóvenes de entonces la sabían al dedillo y alguna enamorada llegó a bordar en el pentagrama de un pañuelo sus notas melódicas, como vemos en un primoroso trabajo del Museo Etnográfico de Olivenza (Badajoz)
El tango en cuestión es casi coetáneo mío: mi madre estaba novia todavía con mi padre (1930) Yo nací unos años después.
Me cuenta Brando (un verdadero entendido en la materia) que las versiones originales que hicieron Agustín Magaldi (1930) e Ignacio Corsini (1932) “fueron destruidas o arrojadas a la basura cuando la empresa disquera Víctor hizo una ‘limpieza total’ para dedicar el espacio de las matrices a un escenario donde músicos y cantantes grabarían sus audiciones en la nueva técnica de los discos Long Play de 33 ½ rpm”. Pero –añade– “por suerte, la empresa discográfica Columbia, que también remodeló sus estudios, tuvo mejor razonamiento al grabar en cintas magnéticas el material que se disponía a dar de baja. Gracias a esta acción, hoy tenemos registros de muchas obras de grandes músicas de todos los géneros, entre los que se encuentra el tango tan buscado por nosotros dos”
Curiosamente, el autor del tango, apodado “Pocholo” (Adolfo Pérez Gutiérrez) había vivido muy cerca del domicilio del propio Brando. Era hijo de padres españoles y falleció en 1977, a los 80 años de edad. Datos todos que debo a las diligentes pesquisas de mi buen amigo.
Gracias, amigo Brando, por tu magnífico regalo. El tango es la expresión más genuina del alma criolla, el tesoro imperecedero de vuestro folklore.
Siempre me deleité en la contemplación estética de este ritmo genial, en el que la fémina juega a ceñirse al varón como una liana, en ademanes sensuales y lúdicos amagos sugerentes de la copulación.
Y, aunque estén ya próximas a secarse “las pilas de los timbres”, todavía hoy, al conjuro de vuestros compases, se rejuvenece el espíritu y se recupera mágicamente, siquiera por momentos, entre las cenizas del tiempo, un ascua encendida de la juventud.

viernes, enero 19, 2007

POETAS EN SAN ATÓN (II)


















FRANCISCO SÁNCHEZ (Néstor Rodín).-
Conocí a Paco Sánchez cuando él estaba en segundo de Teología. Pero mi amistad con él sólo se afianzó a partir de 1948, su último año en el Seminario. Ese año cantó misa Paco. Yo tenía 15 años. Mi amistad con el teólogo tenía exclusivamente intereses literarios. Digo esto porque resultaba ciertamente raro que fraguaran amistades entre seminaristas pertenecientes a comunidades distintas. Cuando se daban, lo más frecuente era que la palabra “raro” pudiera entenderse en el sentido del vocablo inglés “queer” (sinónimo de “gay” en su acepción de homosexual)
A mí me gustaba cómo escribía Paco, tanto en prosa como en verso. En prosa, uno de sus primeros trabajos que conocí fue el relato del martirio de un cura de su pueblo. Se llamaba Tomás Carmona y fue fusilado el 11 de agosto del 36 por los facciosos del Frente Popular, aquella pandilla de imbéciles que convirtió a los religiosos en el principal objetivo a eliminar de su revolución social.
El relato del crimen impactó especialmente la sensibilidad infantil del futuro poeta y éste supo plasmar en una narración llena de primores estilísticos el trágico suceso. Paco leyó su relato un tanto azoradamente, en presencia del obispo Alcaraz Alenda y del Seminario en pleno. Fue desgranando nerviosamente el texto, salpicado de metáforas y elegantes expresiones que aún recuerdo: “barbas pavorosas”, “moteado de olivos”, etc.
Otro relato suyo en prosa poética fue una novela por entregas cuyo primer capítulo él inició en la revista de las festividades que se titulaba CHUMBI. Se trataba de una novela de literarias truculencias, cuyo título era Cuando de mi molino. El molino era el que estaba en la huerta donde los teólogos se reunían en la hora del recreo. Novela de misterio y terrores nocturnos en la que a veces aparecía la luna “como un ojo ensangrentado”.
En la lírica, Paco nos dejó romances inolvidables, como los titulados “Alba en Nazaret” y “A un pajarillo”. Este último apareció en el “Chumbi” y lo voy a transcribir como muestra de su buen hacer, de sus primores líricos.
Tenía Paco, “Néstor Rodín” (no pronunciar Rodén, pues Paco pronunciaba a la española) un cierto don para nominar las cosas. Lo demostró en más de una ocasión. Así, cuando se constituyeron los equipos de fútbol de la comunidad del Seminario Mayor (filósofos y teólogos) Paco fue el encargado de buscar un nombre para el equipo de los filósofos, ya que él estaba en esa comunidad por entonces. Por los teólogos fue encargado de hacerlo Paco Horrillo. Éste, que era lector fervoroso de Rubén, eligió para su equipo el nombre altisonante de Olímpico Azul (dos adjetivos inequívocamente rubenianos). Paco Sánchez, Néstor, dio a su equipo un nombre sonoro y significativo, poniéndolo bajo la advocación de la patrona de los filósofos, Santa Catalina de Alejandría. Un nombre de resonancias eufónicas, bizarro y avasallador: Catalín Royal (pronúnciese esta última palabra a la española, no a la inglesa. No es como si dijéramos la Royal Army, sino como el clarinazo castrense de dos palabras agudas en castellano: Catalín Royal)
El don nominativo de Paco se refleja también en la transformación verbal de las expresiones con que en el Seminario se aludía eufemísticamente a las necesidades fisiológicas: hacer lugares mayores” o “lugares menores” (respectivamente, defecar u orinar). Paco extrajo sendos verbos de cada uno de aquellos adjetivos y creó los neologismos “mayorear” y “minorear”, respectivamente.

Por último, he aquí transcrito su poema “A un pajarillo”, que fue leído en una de aquellas solemnidades en las que todos aguardábamos, con expectación, la lectura gratificante del “Chumbi” en el co
medor, a los postres de una comida extra.


Leyó este poema Daniel Jiménez Barrigós.


A UN PAJARILLO
(Néstor Rodín)
¡Pájaro feliz en vuelo,
pájaro solo en la tarde!
Un corazón va perdido
por los caminos del aire,
horadando el ancho cielo,
libre y contento, sin nadie.
Vuela y vuela raudamente
el pájaro sobre el valle,
cervatillo con dos alas,
copo de pluma y de carne,
y en lo azul clava su pecho
sin que los ojos lo alcancen.
En el hontanar lejano
le está esperando el ramaje;
pero el pájaro inaugura
su vida junto a los ángeles,
desamparado en el viento
que inmenso cauce le abre.
Hacia lo triste y secreto
huye el pájaro en la tarde
y escapa, viajero y solo,

de la luz y del paisaje.
¡Pájaro feliz en vuelo
que todas las rutas sabe!

Un día se morirá
¡y no ha de saberlo nadie!