La inscripción en latín que campea en la actualidad sobre el dintel de mármol, en la capilla sita frente al puente de Alcántara, reproduce el texto de una inscripción más antigua, atribuida al arquitecto Cayo Julio Lácer, autor del puente y de la propia capilla. Parece que el texto hubo de ser reparado en ocasiones anteriores, debido al deterioro de la piedra. Hacia finales del siglo XV el texto de la inscripción resultaba parcialmente ilegible, en especial el verso 10º, del que Apiano propuso la siguiente lectura:
SCILICET ET SVPERIS MVNERA SOLA LITANT (1)
Esta lectura fue aceptada por Nebrija, y la inscripción así refrendada por su autoridad se mantuvo hasta la magna compilación de inscripciones llevada a cabo en el siglo XIX por Burmann, Hübner y otros. Y así fue incluida en el CIL (II) (Corpus Inscriptionum Latinarum, 761)
No obstante, la propuesta de Apiano, aceptada por Nebrija, no satisfizo a muchos de los latinistas de la época y recibió críticas adversas ya desde ese primer retoque. Ya en el siglo XVI, Francisco de Rades y Andrade anotaba que “Antonio de Nebrissa escrivio que dezia este verso scilicet et Superis munera sola litant, en lo qual se engaño” (2)
Otros humanistas de la época preferían considerar como ‘ilegible’ el verso en cuestión y este fue el parecer de Ambrosio de Morales que, sin embargo, pidió ayuda a un humanista portugués que gozaba por entonces de gran predicamento en España: André de Resende. La propuesta de Resende se hizo aprovechando la parte legible y reconstruyendo, a base de ella, el resto del verso (pentámetro):
ILLIC SE SOLV[IT DIS NISI] VOTA LITANT (3)
Si esta solución satisfizo, o no, a Morales no lo sabemos. El caso es que se siguió, en ese mismo siglo, con la pretensión de reconstruir el verso partiendo del fragmento legible. Así Gabriel de Castro, imaginando que el autor del epigrama había intentado asignar sendas finalidades al puente, por un lado, y a la capilla, por otro, restituyó el texto que faltaba de la siguiente manera:
ILLIC SE SOLV[VNT HIC SIBI] VOTA LITANT (4)
Solución que le pareció excelente al P. Enrique Flórez y que incluiría en su España Sagrada, (vol.XIII, p. 126). Y esa lectura fue la que sería adoptada por la comisión de la Real Academia de la Historia encargada de supervisar el texto en la restauración del monumento llevada a cabo durante el reinado de Isabel II.
Desde luego, Hübner y los compiladores germanos del CIL en el siglo XIX prefirieron, a falta de otra mejor, la primera lectura de Apiano que Nebrija había refrendado. Pero ocurrió que el citado epigrafista alemán localizó en la Real Biblioteca de Turín una transcripción que hasta entonces había ignorado y que le pareció más convincente que las demás. A esta transcripción la catalogó como Anónimo Turinense. En realidad era la misma que había propuesto el portugués Resende en el siglo XVI, a petición de Ambrosio de Morales. Parece que Hübner había ignorado este extremo, así como la anotación marginal que hace Honorato de Juan al Códice Valentino, atribuyendo a Resende esa misma lectura.
Todavía en el siglo XVIII hubo una transcripción realizada por un clérigo irlandés que visitó España hacia mediados de ese siglo. Incluyó dicha transcripción en su libro Letters concerning the Spanish nation, publicado en Londres, en 1763. El autor del libro, Edward Clarke, repite esencialmente la misma transcripción del CIL (II), 761; (o sea, la de Apiano y Nebrija) pero invierte el orden de los dísticos 3º y 4º de ésta; y en el verso 10º, en vez de ‘litant’, dice ‘libant’. Por lo demás introduce errata en el verso 4º (‘cunque’, en vez de ‘cura’)
La crítica textual más actualizada (Blanco Freijeiro, José Mª Blázquez, Juan Gil...) se adhiere, con Hübner, a la transcripción del Anónimo Turinense, que resulta ser la misma que propusiera, ya en el siglo XVI, André de Resende, a instancias de Ambrosio de Morales.
En tanto, algunos estudios publicados en Portugal (véase, por ejemplo, el titulado “Da invenção de inscrições romanas pelo humanista André de Resende”, en Estudos sobre epigrafia, Minerva, Coimbra, pp. 29-56) vienen a demostrar que Resende ‘se inventaba’ algunas transcripciones en determinadas circunstancias. Y eso sirve como una especie de prevención para que no prestemos crédito, o para que no admitamos su autoridad en casos como el que nos ocupa.
Pues, no. Porque en el caso de la inscripción del templete de Alcántara, ya sabemos de antemano que el verso restituido es inventado: sea su promotor Nebrija, o Fernández Franco, el P. Flórez, o Resende. Lo que importa es que ese verso sea convincente, correcto métrica y sintácticamente, y tenga sentido por encima de los otros que se han propuesto. Y estas condiciones las cumple, por encima de las demás, la conjetura de Resende.
De las otras propuestas, sólo hay que leer la carta de Mayáns i Siscar a Burmann. El erudito valenciano rechaza las propuestas de Apiano-Nebrija y la de Castro-Fernández Franco- Flórez-Comisión Restauradora de la RAH. De la del Anónimo Turinense-Resende nada dice. Al parecer, no llegó a conocer esta transcripción (5).
En resumen, la inscripción actual del dintel en el templete de San Julián no es la más plausible. El verso cuestionado (que aquí es el 8º) no es admisible, ni por la sintaxis ni por el sentido.¿Cómo pueden los ‘votos’ cumplirse a sí mismos, u ofrecerse a sí mismos? Pero, sobre todo, ¿cómo se cumplen, precisamente, en el puente, por más que tenga sentido el que se hagan (=se formulen) en el templo?
Ahora bien, el verso tiene pleno sentido cuando se considera que el que hizo el puente, Lácer, hizo previamente el voto de construirlo y cumplió, por su parte, lo que prometió.
El que los dioses, a su vez, aceptaran, o no, el voto, eso ya no le competía a él. Aunque es de suponer que sí, que los dioses recompensaron con la gloria y la fama al arquitecto.
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(1) Es sabido que a los dioses sólo las ofrendas les propician
(2)Citado por H. Gimeno Pascual en "La inscripción del dintel del templo de Alcántara (CIL, II, 761) : una perspectiva diferente, en Epigraphica, 57 (1995), p. 110, nota (38)
(3) Esta fue la propuesta de Resende y la que adopta el Anónimo Turinense (significa: allí se liberó de su voto (el arquitecto) , si es que los votos no propician a los dioses)
(4) Esta es la lectura que adoptó la comisión de la RAH encargada de supervisar el texto de la restauración en el reinado de Isabel II (parece querer dar a entender que en el puente se cumple lo que en la capilla se promete)
(5) En realidad no pudo conocerla, ya que Mayáns pertenece al siglo XVIII y el hallazgo de Hübner (la copia del Anónimo Turinés) corresponde al siglo XIX.
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