domingo, marzo 30, 2014

HIDALGO BAYAL GALARDONADO CON EL PREMIO "DULCE CHACÓN"

El diario regional HOY inserta con esta misma fecha un amplio reportaje sobre la entrega del premio "Dulce Chacón", en su IX Edición, al profesor y novelista Gonzalo Hidalgo Bayal. Gonzalo es un escritor que encaja perfectamente en el ámbito de mis preferencias literarias. Ampliamente imbuido de cultura clásica, he creído siempre que su especialidad era la filología grecolatina. Pero resulta que no, que su titulación profesional corresponde a la filología hispánica. Es su mujer, María José, la que tiene la titulación en filología clásica, concretamente en latín, y se da la circunstancia de que ambos conseguimos la condición de catedráticos en la misma fecha, con un tribunal presidido por el ya desaparecido Agustín García Calvo.

Me gusta cómo escribe Gonzalo y ya me ocupé anteriormente de él en este mismo blog (27-07-2009) en una entrada que puede verse a través del siguiente enlace:   

Sus recursos estilísticos denotan un amplio dominio del lenguaje y en esto consiste, a mi manera de ver, el principal atractivo de su lectura. Esos instrumentos lingüísticos que el autor, Gonzalo en este caso, maneja con especial maestría, tienen nombres bien conocidos por los que se dedican al conocimiento de la técnica literaria: calambures, paronomasias, paradojas y... palíndromos. El título de una de sus novelas consiste, precisamente, en un palíndromo: Amad a la dama (se puede leer de izquierda a derecha y viceversa). En otro de sus títulos el autor anuncia ya el contenido de la novela como la Paradoja del interventor. La sabia utilización de estos instrumentos estilísticos hacen de Hidalgo Bayal un narrador ameno, ducho en el empleo de tales recursos, como aderezo que sirve para adobar unos contenidos, siempre interesantes, bien que la sustancia conceptual  prevalece sobre el mero juego verbal.

NOTA: Los datos de lugar, fecha y hora de la ceremonia de entrega del Premio Dulce Chacón aparecen en el programa cuya fotografía adjuntamos a esta entrada.  

viernes, marzo 28, 2014

LISÍSTRATA SE HACE FUERTE EN UCRANIA

            "No se lo des a los rusos"
Es verdad que la historia se repite. Podemos confirmar el dicho consultando el enlace que hoy mismo encontramos en fb:  Aquí va anotado: http://es.globalvoicesonline.org/2014/03/27/boicot-sexual-de-las-mujeres-ucranianas-contra-los-hombres-rusos/

 En este caso se trata de la estrategia de Lisístrata, nombre que en la lengua original griega significa “la licenciadora de ejércitos”. Y el teatro de operaciones para la reposición de la obra de Aristófanes ha sido esta vez Ucrania. Si las ucranianas tienen éxito, sus maridos pro-rusos no van a tener más remedio que capitular. “¡Hermanas ucranianas! − arengará la nueva Lisístrata − la patria está en peligro. Se os pide un pequeño sacrificio que, por el bien común de nuestra nación, espero que estaréis dispuestas a llevar a efecto, a fin de preservar nuestra independencia como estado libre: negaos al débito conyugal en tanto que vuestros esposos se muestren partidarios de la anexión a Rusia. Si nos mantenemos firmes en este propósito, ellos no tendrán más remedio que deponer su actitud. Ya nos daremos traza nosotras para que se armen en el buen sentido de esta expresión".A tenor con el plan de Lisístrata, podríamos imaginar un diálogo apócrifo-sicalíptico entre Mirrina (fiel seguidora de Lisístrata) y su marido Cinesias a quien la abstinencia sexual va ya obligando a capitular:
CIN. - Entonces, ¿no me lo vas a dar?
MIRR. -No, si te empeñas en seguir siendo pro- ruso.
CIN. -  En ese caso, no me dejas otra opción que irme de Putin.
MIRR. - Es precisamente lo que pretendo. Que estés del lado de Ucrania y de los ucranianos.

Habrá que esperar acontecimientos. Sólo aventurar que, hasta ahora, el efecto Lisístrata siempre ha dado resultado. Es el consabido perfecto consuetudinario.
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NOTA: En el dibujo anexo, las manos juntas simbolizan la entrada de la vulva.




lunes, marzo 24, 2014

UN TÓPICO A REBATIR ("Segundas partes nunca fueron buenas")

El tópico al que en este caso me refiero es el que va entre paréntesis y entrecomillado. A esta clase de tópicos pertenecen ciertas frases mostrencas que, por lo general, no tienen su refrendo en la experiencia. Pese a que se nos presentan, por lo común, con la pretensión de estar avalados por ella. Se pueden rebatir fácilmente con ejemplos que los desmienten, poniendo de manifiesto su falsedad. Un ejemplo bien claro: la segunda parte del Quijote es, con mucho, mejor que la primera. Su categoría como obra cumbre de la literatura universal la alcanza la novela cervantina precisamente en la existencia de esa segunda parte. Que no sólo es buena: es mejor que la primera.

Pero analicemos la frase “segundas partes nunca fueron buenas”. Se emplea el verbo en pasado, en lo que los gramáticos llaman “perfecto consuetudinario”. El perfecto consuetudinario parece pretender establecer un límite temporal: hasta aquí ha ocurrido siempre así. De aquí en adelante puede que no ocurra igual. Un ejemplo de este perfecto consuetudinario es la conocida y citada frase de Virgilio que el uso ha convertido en presente consuetudinario: “el trabajo constante todo lo vence”. Pero no fue así como lo redactó el poeta de Mantua. Los textos más fiables nos dan “labor omnia vicit /... (en perfecto del verbo “vincere”. Perfecto “consuetudinario”, precisamente. Esto me lo aclaró mi bueno y sabio amigo Antonio Holgado, pues yo era de los que decían “vincit” (= vence), cuando lo que dijo Virgilio es “labor omnia vicit / improbus et duris urgens in rebus egestas” (el trabajo ímprobo y la necesidad acuciante en las situaciones de apuro siempre consiguió superar todas las dificultades) Esto nos viene diciendo hasta ahora la experiencia. Se deja abierta la puerta a la suposición de que en adelante no sea así.

No es verdad, por tanto lo de que “segundas partes nunca fueron buenas”. Hay numerosos ejemplos que demuestran lo contrario: que las segundas partes son buenas y aun mejores que las primeras, como hemos dicho a propósito del Quijote. Otro ejemplo que podría consignar aquí es el de mi personal experiencia. Me ha ocurrido con la 2ª edición de dos de mis libros: De la Vida a la Teoría y Zafra y los demás pueblos del Ducado de Feria, celebrados por Enrique Cock (siglo XVI). Ambos libros han alcanzado una segunda edición y en ambos casos estas ediciones han salido más completas y mejoradas respecto a las primeras.

El objeto principal de esta entrada (y que espero haber conseguido) es demostrar que el tópico en cuestión es falso, pues la experiencia viene a confirmar que, en la mayoría de los casos, las segundas partes suelen ser mejores que las primeras. Pues, como también es sabido, rectificar es de sabios. Aunque también decía un viejo profesor mío de la época del Seminario: Sed sapientioris est non mutare  (Pero es de más sabios no tener que rectificar)

sábado, marzo 15, 2014

CONTRAPORTADA

Juan García Gutiérrez es catedrático emérito de Latín y miembro correspondiente de la Real Academia de las Letras y las Artes de  Extremadura. Ha colaborado en diversos periódicos y revistas, tanto a nivel nacional como internacional. Así en Nuevo Índice (Madrid) y en Nova Renascença, revista que se editaba en Oporto por los años 80 del siglo pasado. Fue colaborador asiduo del periódico HOY, especialmente en las décadas de los 80 y los 90. Entre sus libros publicados están Zafra y los demás pueblos del Ducado de Feria, celebrados por Enrique Cock (siglo XVI), Poemas panegíricos latinos de Vicente García de la Huerta a los primeros reyes Borbones, De la Vida a la Teoría (2ª edición en 2013) y, por último, el que ahora se presenta en esta edición, Artículos de Ayer y de Hoy. En este libro se recoge una serie de artículos publicados, en su mayoría, en el diario HOY de Badajoz. Van agrupados temáticamente según su contenido de carácter ecológico, erótico (no en el sentido nefando del vocablo), poético y, por último, los referidos a la cosa pública. Finalmente, hay un grupo más numeroso y heterogéneo, en el que se tocan varios asuntos sobre diversos temas.

El libro se lee con agrado, tanto por el contenido de los temas que toca cuanto porque, en general, éstos van salpimentados, en buena parte, por el peculiar tono de humor con que el autor los trata.

lunes, marzo 10, 2014

CON DENOMINACIÓN DE ORIGEN

El coro Son de Los Santos. Fotografía del grupo musical, facilitada por mi buena amiga Reme Candelario
Como los productos de calidad suelen llevar el marchamo que se conoce con el nombre de “denominación de origen”, así el grupo musical que dirige Juan Antonio Candelario, en Los Santos de Maimona, incluye el nombre de su pueblo natal. El grupo se denomina “Son de Los Santos”. Pues, en efecto, la mayoría de los componentes del mismo, si no ya su totalidad, son naturales de esta población. Son de allí. Pero es que, además, la palabra “son” es ambivalente: puede ser también sustantivo, como equivalente a tonada, o melodía. Al son, o a los sones, de sendos instrumentos de cuerda, o de cuerda y púa, actúa este coro de bien timbradas voces masculinas, con un escogido repertorio de canciones que constituyen éxitos permanentes. Esas canciones pertenecen, en su mayoría o en su totalidad, al siglo XX. Son éxitos encuadrables en ese siglo, son canciones de nuestra época, de la época de la mayoría de los asistentes al acto. Desde las más antiguas, como puede ser el tango “Volver”, de Gardel, a las más recientes, como son las del Dúo Dinámico (“Resistiré”) o la de Joaquín Sabina “Y nos dieron las diez y las once...”.
Los componentes del grupo son personas maduras, lo que se revela en el detalle de sus testas canosas. En todo caso, se puede admitir la veteranía de los componentes del grupo, en modo alguno la vejez. Porque el grupo musical del que hablo irradia juventud, y, lo que es más maravilloso aún, es que nos hace recuperarla a través de esas melodías por las que no parecen pasar los años.
En estos cantos parece encontrarse, como por arte de magia o de en-cantamiento, el elixir de la eterna juventud. Y en eso consiste una parte importante de su encanto, en que nos transportan, siquiera momentáneamente, a “aquellos maravillosos años”, a la época de nuestra juventud.

Así la canción “Mirando al mar”, de Jorge Sepúlveda, me hace evocar nítidamente un episodio de mi juventud: me veo en mi pueblo, Aceuchal, en la esquina de la zapatería de los Muñoz. Por la calle de enfrente baja un grupo de muchachas veinteañeras que vienen cogidas del brazo y cantando, a voz en grito, “Mirando al mar”. La canción del momento. Deben ser los primeros años de la década de los 50.

Otras canciones son de fechas mucho más antiguas, como por ejemplo todas las que popularizó Gardel, más bien de la época de mi madre. El repertorio de Son de los Santos constituye una acertada elección de éxitos, capaces de mantenerse en cartel por décadas y décadas. Bellas músicas y buenas letras constituyen una combinación generalmente exitosa. El carácter de las canciones varía según las diversas motivaciones que las inspiraron: la nostalgia (o saudade) en “Lisboa antigua reposa”, o “Volver”; la firme voluntad de sobreponerse a la adversidad, como el “Resistiré”, del Dúo Dinámico, o la aventura amorosa de Joaquín Sabina “en un pueblo con mar / una noche, después de un concierto”...

Y como fin de fiesta, ante el entusiasmo de un público que aplaudió a rabiar, el plus "Viva el pasodoble", que interpretaba, no hace todavía muchos años, la inolvidable Rocío Jurado. En fin, el grupo Son de Los Santos nos hizo revivir el pasado, y nos trajo a la memoria el vivo recuerdo de nuestra juventud.

lunes, marzo 03, 2014

LA IRA DE DIOS

Moisés en el Sinaí rompe las Tablas de la Ley
Dice la Biblia que Dios hizo al hombre a su “imagen y semejanza” (Gen.1.27), pero lo que pasa es que, recíprocamente, el hombre imaginó a Dios a imagen y semejanza del hombre mismo. Y, consecuentemente, lo creyó susceptible de padecer accesos de cólera como cualquier ser humano. Ahora bien, ¿puede ser Dios accesible a pasiones de cualquier tipo, de forma que alteren la perpetua placidez y felicidad inherentes a su condición divina? He aquí una cuestión teológica que nos plantea dudas de enorme trascendencia. Hay razones para sostener cualquiera de las dos tesis opuestas: la de la compatibilidad, o no, de la ira con el ser divino. Recientemente me encontré, curioseando por Internet, con un artículo interesante sobre el asunto, unas reflexiones acerca del tema, por el profesor Enrique Otón Sobrino, catedrático de Latín en la Universidad Complutense.* La tesis de que la divinidad no es susceptible de ira la propugna Arnobio. La contraria es defendida por Lactancio.

Desde luego, la tradición bíblica y, en general, la doctrina católica nos enseñan que Dios puede enfadarse con nosotros, en el caso de que no nos portemos bien. A lo largo de toda la historia del llamado Pueblo de Dios está presente el temor de ese pueblo y su cuidado de no incurrir en su ira, hasta el punto de considerar como el principio mismo de la sabiduría el temor de Dios: Initium sapientiae timor Domini (El temor de Dios es el principio de la sabiduría, Proverb. 1.7)
Este temor se entiende como la forma más genuina del respeto. El argumento más sólido de los que creen que Dios es susceptible de airarse es precisamente el de los que afirman, como Lactancio, que “aquello que no se teme no se respeta”. La cita que el profesor Otón Sobrino aduce es concluyente. Dice “lo que no se teme se menosprecia. Lo que se menosprecia no se adora. Así ocurre que la religión y la majestad y el honor se basan en el miedo. Pero no hay miedo allí donde nadie se encoleriza. Es, por lo tanto, preciso que Dios actúe por la ira contra quien violare o menospreciare esta ley eterna y divina” (De ira Dei, 12)
El argumento principal de Arnobio se basa en la consideración de que la ira como pasión del ánimo repugna a la misma naturaleza de la divinidad. ¿Cómo va Dios a dejarse llevar por la ira, algo más bien propio de los hombres que de la augusta divinidad?

“¿Es que no veis qué clase de afectos tan torpes, qué insanias tan inapropiadas atribuís a la Divinidad?”. Y añade: “los dioses de verdad y los que son dignos de llevar el nombre de tales, ni se irritan ni se enojan, ni maquinan insidiosas acciones para hacer daño a otros” ( Adversus nationes, 1.17)

Pero Lactancio piensa que la ira de Dios está ordenada al bien de la Humanidad. Dios se aíra y castiga al hombre cuando éste no sigue los preceptos y consejos encaminados a su propio bien. La ira de Dios está justificada como garante del respeto que emana del siempre saludable temor de Dios.

El temor de Dios tiene profundo arraigo en la tradición bíblico cristiana. El viejo catecismo Ripalda lo considera incluso uno de los dones del Espíritu Santo: el séptimo, don de temor de Dios.

El Ripalda determina también cuántas naturalezas, voluntades, entendimientos, personas... hay en Cristo. Así, las naturalezas en Cristo son dos: la divina y la humana. En cambio, cuando se pregunta cuántas personas, la respuesta es terminante: “una y divina”. Así que, cuando Cristo se encolerizó con los mercaderes del templo y arremetió contra ellos, fue la persona divina la que se irritó. Ergo Dios es susceptible de ira. Toda la tradición bíblico-cristiana nos amonesta a resguardarnos de incurrir en la ira divina. Incluso en las Letanías de los Santos se incluye el ruego “ab ira tua, libera nos, Domine”. Y en numerosos pasajes litúrgicos se hace mención de la ira divina. Así en el motete conocido como el  Rorate, caeli,desuper " se ruega: No te encolerices, Señor, no te acuerdes más de nuestra maldad”... Y en el fúnebre canto medieval conocido como Media vita, se salmodia: “¿en quién buscaremos ayuda sino en Ti, Señor?. Tú que por nuestros pecados justamente estás enojado con nosotros”... (...qui pro peccatis nostris iuste irasceris)

Tengo que decir, al respecto, que yo estoy a favor de la tesis de Arnobio y en contra de Lactancio. Lo que éste ha intuido es que si quitas el temor de Dios (incluso con la sana intención de sustituirlo por el amor) se viene abajo el tinglado que sustenta la religión, uno de cuyos pilares apologéticos se basa en el miedo.Y es que "el miedo guarda la viña". Sobre todo, la viña... del Señor. Pero el miedo y el amor son incompatibles, como decía Ovidio con respecto a la majestad y el amor, que son igualmente incompatibles:
                                     
     Non bene conveniunt nec in una sede morantur
     maiestas et amor...  (Met. 1.846-7)

Lo que Lactancio intuye es que si la religión se basa únicamente en el amor y en la confianza en Dios, si se suprime el miedo, dejan de ser justificables las llamadas "guerras santas". Y les quitas la razón a aquellos que matan y torturan en el nombre de Dios, con el pretexto de ser "el brazo de la Ley Divina". Y se van al traste las inquisiciones de cualquier tipo. Había una vez en un pueblo (de cuyo nombre no quiero acordarme en este momento) un botarate que pretendía ser el brazo ejecutor de la ley divina. Probablemente hubo alguien que le hizo creer que tenía este privilegio. No creo que a semejante badulaque se le ocurriera la idea de que Dios lo había elegido a él precisamente, para descargar su ira divina sobre los rojos ateos. Tan convencido estaba que les decía a los que iba a fusilar:

_ No te mato yo, te mata Dios.
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* Véase “La Polémica de Arnobio y Lactancio en torno a la Ira Dei” (buscar en Google)


viernes, febrero 28, 2014

MÁS SOBRE EL EMINENTE ARTISTA SIRIO

De nuevo vuelvo sobre el tema de mi admirado Sirio. Como sabemos por la astronomía, Sirio es el nombre de la estrella más rutilante de la constelación del Can Mayor. Y en el arte de la caricatura, el nombre de Sirio es para mí esa estrella rutilante. Por si alguien no lo sabe, se llama catasterización a la acción de colocar en el firmamento de la fama a una persona, o a un animal, o incluso a una cosa inanimada. En el zodíaco, especialmente, encontramos animales, y personas catasterizadas (Leo, Libra, Tauro...) Y las dos osas, Mayor y Menor, y los dos canes, lo mismo, etc. En el cielo del Arte, Sirio el caricaturista brilla con luz propia. Vuelvo sobre su radiante figura en estas páginas porque he acertado a encontrar por Internet el artículo de la revista Estampa en la que venía su foto junto con unas palabras de despedida en las que daba a entender que se iba de España a buscar otros horizontes, tal vez a Nueva York, en alguna legación diplomática de su querida Cuba natal. ¿Se llegó a realizar este viaje? No lo sé a ciencia cierta. Pudo ser también una forma de despedirse como colaborador de la revista Estampa, por causas de fuerza mayor. Desde luego, sus trabajos siguieron apareciendo en otras publicaciones periódicas de la época, como el diario ABC y el semanario Blanco y Negro. La foto que he reproducido aquí es de la revista Estampa, de fecha 17 de enero de 1928. El artista anuncia su despedida: “Me voy, pero no se hagan ilusiones, que volveré y van ustedes a tener Sirio para rato”.


Personalmente, pienso que no llegó a irse. Ojalá se hubiera ido, pues se avecinaban tiempos “terribles e infaustos” para España. No sabemos (no lo sé yo, al menos) qué ocurrió con el artista y con su refugio preferido como era el Café Castilla, al advenimiento del fatal Alzamiento Nacional. Parece ser que el citado café, sede predilecta de artistas e intelectuales, fue uno de los objetivos preferidos de los partidarios del “¡muera la inteligencia!”. El citado café y sus habituales contertulios parece que fueron víctimas del odio selectivo de los partidarios del régimen que llevó la desolación a España. ¿Qué fue del infortunado artista Sirio? No lo sabemos (no lo sé yo, al menos, a ciencia cierta) pero esa su enfermedad y su prematura muerte en plena guerra civil se debieron a las penalidades sufridas con ocasión de dicha guerra. Algo de todo ello intuimos en estas palabras de José Juan Cadenas (ABC, 10 de julio de 1947) en el periódico que tanto se había prestigiado con la firma del artista: ...”Y los hombres de aquellos días, terribles y crueles, le dejaron morir de hambre y de asco, como un pájaro asfixiado. Una tarde, poseído de una náusea que le obligaba a asomarse aterrado a aquellos dos inmensos redondeles de sus gafas, decidió poner fin a aquellas visiones dantescas, se acostó, cerró los ojos... y se murió...Así... Con esa facilidad”.
(El artículo de ABC está ilustrado con una caricatura del autor, realizada por Sirio)

Así que mi admirado caricaturista siguió la misma suerte que mis otros admirados artistas y poetas contemporáneos suyos: García Lorca, Antonio Machado, Miguel Hernández...Malditos salvapatrias que dejaron a España en cruz y en cuadro, quitándole a sus mejores hombres.

lunes, febrero 24, 2014

SIRIO VISTO POR SIRIO



Esta es una de las autocaricaturas de Sirio. No he podido incluirla en la entrada anterior, porque los "que manejan mi barca" (la barca de mi propio blog) me imponen desde fuera sus normas. Una de ellas parece ser que no se pueda incluir más de una imagen por entrada. Si alguien sabe cómo resolver este problema técnico que me lo diga. Le quedaré eternamente agradecido (es un decir)

Obsérvese lo chulo que está el caricaturista con su gorra a tono con el cuello de pajarita. En la autocaricatura de Estampa aparecía sin gorra.

SIRIO (1901-1937) ¿UN GENIO MALOGRADO?

He aquí algo de lo que he averiguado sobre Sirio. Primero, que su nombre completo era Sirio Abel García Hernández. Era cubano de nacimiento y llegó a España muy joven. Concretamente, en 1917. Pronto, yo diría que precozmente, comenzó a colaborar en revistas y diarios como un hábil caricaturista. Sobre todo lo fichó muy joven la editorial Prensa Española y comenzó a colaborar como caricaturista en ABC y Blanco y Negro. Más tarde colaboraría en la revista Estampa. La pila de números de esta revista que mi padre guardaba en su casa de Los Silos, en Aceuchal, casa donde tenía un pequeño huerto, con un pozo y unos árboles frutales, fue saqueada por los que se creyeron en el derecho de quitarle (además de la vida) sus modestas pertenencias: una bicicleta, que utilizaba para ir al trabajo a pueblos cercanos, y algunas cosas más, entre ellas la colección de varios años de suscripción a la citada revista.

En esa revista (que yo pude consultar en la Biblioteca Nacional) leí un artículo sobre Sirio, ilustrado con una autocaricatura. Sirio era entrevistado por algún colaborador del semanario y era optimista sobre su porvenir: "tenéis Sirio para rato", afirmaba ufano. Se equivocó. Murió en el año 1937, en plena guerra civil, de una pleuresía que degeneró en tuberculosis. ¿Un artista malogrado? No. No son artistas malogrados quienes, como él, dejan huella imperecedera de su genio. Tampoco fue malogrado Miguel Hernández, muerto con 31 años. Y tantos otros que murieron en plena juventud, cuando su ingenio podía haber dado muchos más frutos. Pero, como dijo el griego Menandro, "muere joven aquél a quien los dioses aman". La cita es de Leopardi, en el encabezamiento de uno de sus poemas (Canti, Amore e morte) 

Quiero incorporar una autocaricatura de Sirio, pero la mejor prueba de su poderosa capacidad de síntesis para captar una fisonomía la tenemos en ejemplos como el retrato de la divina Greta Garbo, una de las actrices más célebres de la época. La reproduzco aquí copiada por mí, a ojo, de un número de ABC antiguo.
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NOTA: Clicar en la imagen para verla ampliada

domingo, febrero 23, 2014

ORTEGA VISTO POR SIRIO


En mi entrada anterior quise incorporar la imagen de Ortega y Gasset según el genial caricaturista de ABC y BLANCO Y NEGRO que firmaba sus trabajos como Sirio. No me lo permitieron las normas que, desde fuera, alguien nos impone. Antes me era posible añadir más de una imagen por entrada y creo que en este blog hay ejemplos de ello. Pero ahora, por más que lo intento, no lo consigo. Ahí va, pues, en entrada aparte, la imagen de don José Ortega y Gasset, el otro filósofo español parangonable con Unamuno. Otro día hablaré en este blog del caricaturista Sirio, uno de los más geniales sintetizadores de fisonomías que se conocen en la España de los años 20 y 30. Creo que era de origen hispanoamericano, concretamente, argentino. Ya buscaré información en los lugares pertinentes.

MEMORIA DE UNAMUNO

A mi ex-colega del I.E.S. "Suárez de Figueroa", Mercedes Santos Unamuno, biznieta del ilustre autor de la Vida de Don Quijote y Sancho

 Soy lector veterano del admirado autor de la Vida de Don Quijote y Sancho, aun mucho antes de conocer el valeroso enfrentamiento de don Miguel con el impresentable Millán Astray en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, un 12 de octubre de 1936. En aquella ocasión, el escritor y filósofo vasco demostró su valor personal, su honradez y coherencia con sus propias ideas, su quijotismo doctrinal, ya puesto de manifiesto en obras como la que se menciona el inicio de estas líneas. Fue aquel un memorable discurso cargado de razón y de razones: la fuerza de la razón frente a la razón de la fuerza. La fuerza contundente de la verdad se manifestó en aquel su breve discurso, rematado con el rotundo epifonema* venceréis pero no convenceréis.
Don Miguel fue consecuente con sus propias ideas y expresó en la obra más arriba mencionada el propósito idealista de “rescatar la tumba de don Quijote”. Claro que este propósito conllevaba el riesgo de afrontar numerosos peligros. Especialmente en la praxis, en la forma cómo habría de realizarse la empresa de rescatar esa tumba de don Quijote. ¿Cómo habría de llevarse a cabo esa arriesgada empresa? Respondía don Miguel:
“¿Cómo? ¿Tropezáis con uno que miente?, gritarle a la cara ¡mentira!, y ¡adelante! Tropezáis con uno que roba?, gritarle ¡ladrón!, y ¡adelante! ¿Tropezáis con uno que dice tonterías, a quien oye toda una muchedumbre con la boca abierta?, gritarles: ¡estúpidos! y ¡adelante! ¡Adelante siempre!”.

Claro que ese quijotismo a ultranza comporta riesgos innumerables. Y uno de los que encontró desmesurados esos riesgos del bueno de don Quijote y del bueno de don Miguel de Unamuno, fue otro filósofo, más comedido y menos “donquijotesco”. Este hombre se llamaba José Ortega y Gasset. Más "raciovitalista" y menos apasionado que don Miguel, Ortega disentía de seguir esos arriesgados procedimientos de quien él llamaba “el máximo morabito del energumenismo español”. Porque el “donquijotesco don Miguel de Unamuno” (como lo llamó Antonio Machado) recomendaba unas normas de conducta rayanas en lo temerario.

(caricatura de Unamuno por Sirio)
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* La corrección ortográfica automática me avisa de que "epifonema" es femenino en castellano. A mí me suena mejor el "epifonema" que la "epifonema"



ACEUCHAL AÑOS CUARENTA

Esta entrada remite, ante todo, a otra anterior, de fecha 11-03-2007 cuyo enlace debe ser:
En la primera mitad de esos años yo no era aún  teenager*. Iba a la escuela del Pozo de Arriba. Mi casa de la calle Santa Marta (hoy la habita Purichi, mi antigua vecina, después de haberla reformado) tenía a las traseras el llamado Lejío (el egido, dicho por lo fino) Allí solíamos ir a jugar los niños, mientras que la calle propiamente dicha la dejábamos a las niñas. Algunas veces nos quedábamos a verlas jugar a ellas: nuestras vecinas, o vecinitas. Entre ellas, las hijas de Felisa Parra: Juana, Micaela, Francisca. Josefa era ya adolescente y no participaba en los juegos de las niñas: la comba y el corro. El folklore de las letras del corro era abundante. Ya traje a colación algunas muestras en la anterior entrada de la que he hecho mención. Ahora me voy a referir a una de las canciones de aquel corro de muchachas que hoy son, por lo menos, abuelas, si es que aún existen. Las letras de las canciones del corro eran variadas, abundantes. Se podría intentar una clasificación de las mismas, según el asunto. Unas eran de tipo “narrativo” (por ejemplo, “A un capitán sevillano siete hijos le dio Dios / y tuvo la mala suerte que ninguno fue varón”) Pues claro, es que se trataba de siete hijas, no siete hijos. Y seguía la narración contando cómo un día “a la más pequeña le vino una inclinación: Madre, me voy a la guerra vestidita de varón”. Otras letras eran de contenido francamente humorístico, adobadas con la llamada “sal gorda” del humor escatológico. Ahí les dejo un ejemplo: "Tío Manué, qué gordo está usté,/ - Pues sí, sí, hija mía, / yo como muy bien,/ me voy al casino, /me ‘jarto’ de vino, / me voy a mi casa,/ me ‘jarto’ de pasas,/ me siento a leé: / me pego tres ‘peos’ para mi mujé,/ el más chiquitito, / el más grandecito, / el más grandullón,/ que llega a la punta de Salvaleón"...

Y los chavales nos reíamos de la gracieta de las niñas. Nuestras futuras compañeras, quién sabe. Así Antonio “el de Señá Antoñita” vendría a maridar a Juana la de Felisa Parra, uno de mis amores primerizos.

Lo que pasa es que poco tiempo después, ya al comienzo de mi etapa de teenager, yo renuncié al mundo, “a sus pompas y a sus obras”, para ingresar en el Seminario de San Atón, en la Cañada de Sancha Brava. Atrás quedaban las canciones del corro de las niñas piporras, en el archivo de mi memoria.
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* teenager es una persona que está entre los 13 y los 19 años (números que en inglés terminan en -teen)

jueves, febrero 13, 2014

EL TIEMPO DE SOBRA Y EL TIEMPO QUE FALTA

                                                    
Hace años, no puedo determinar cuántos, se celebraron unas Jornadas de Latín en Badajoz y en ellas intervino el profesor Enrique Otón Sobrino, catedrático de la Complutense. Su intervención versó sobre el poeta Lucrecio. El profesor Otón es hombre de gran facilidad de palabra y, a lo que pude colegir en aquella prédica suya sobre el poeta romano, había conectado con el pensamiento lucreciano, pesimista, según puede deducirse de ciertos pasajes de su obra principal, Sobre la naturaleza de las cosas (De rerum natura)

La charla de Otón parecía transmitir un regusto amargo de la vida, el de aquellos versos que ya trajo a colación el culto Don Juan Valera, en su celebrado prólogo a  Azul..., de Rubén Darío:

                                     ...medio de fonte leporum
surgit amari aliquid quod in ipsis floribus angat                                                                                     (R.N. 4.1133-4)

(...en medio de la fuente de los placeres / aparece un no sé qué de amargura que hasta en las flores mismas nos angustia...)

Ese regusto sombrío de los versos lucrecianos era lo que nos transmitían las palabras de Otón. Recuerdo que una de sus reflexiones versaba sobre el particular sentido que, en su opinión, tenía cierta frase del poeta romano: quod aevi superest. No he podido localizar esta secuencia en el texto del poema. Y eso a pesar de que, con los medios de que hoy día disponemos, resulta posible localizar cualquier texto de cualquier autor clásico en cuestión de segundos.

Otón interpretaba esa presunta frase de Lucrecio como si el poeta quisiera llamar la atención sobre la existencia de “un tiempo de sobra”, que se da a ciertas alturas de la vida. Algo así como un tiempo “que estuviera demás”. A mi modo de ver, si no nos dejamos llevar por esa propensión al pesimismo, la expresión latina “quod aevi superest” lo mismo se puede entender como “el tiempo que queda”. El tiempo que nos queda por vivir puede ser, según nuestra actitud hacia la vida, corto o largo. Puede parecer una cosa o la otra, según se desee, o no se desee, vivir.

Cuando llegamos a cierta edad de la vida, ya comenzamos a pensar que “nos queda poco tiempo por vivir”. En este sentido comentaba irónicamente el obispo Don Antonio Montero: “Ya falta poco”. La frase es aplicable, de manera especial, a los eméritos como él y...como yo.

Lo importante es que ese tiempo que nos queda (o que nos sobra, según se quiera interpretar la frase lucreciana) lo vivamos con optimismo, con ganas de vivir, con deseos de hacer algo.

Entonces no veremos ese “quod aevi superest” (suponiendo que esto lo haya dicho Lucrecio en alguna parte)* como un “tiempo de sobra”, sino como el tramo, siempre apetecible, del tiempo que nos queda por vivir.
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* Nota: Sí: puede encontrarse en Lucrecio, R.N. 3.904-5: ... sic eris aevi / quod superest cunctis privatu' doloribus aegris.

martes, febrero 11, 2014

PORTADA DE MI PRÓXIMO LIBRO

Ofrezco hoy aquí en primicia al lector de este blog un adelanto de lo que será la portada del libro que espero publicar en breve. La realización de esta portada es obra de un joven diseñador que colabora con la empresa Rayego, de Zafra. La idea, no obstante, de la composición ha sido de mi propia cosecha. Puesto que el título del libro estaba ya decidido hace bastante tiempo (Artículos de Ayer y de Hoy) diré que con dicho título se trata de poner en conexión el pasado con el presente. Imaginad una balanza en la que se sopesen esos dos aspectos del tiempo. Al fin y al cabo, las palabras "pensar" y "pensamiento" proceden del verbo latino que significa "determinar el peso" de algo: "pensare". Puestos en cada uno de los platillos de la balanza el pasado y el presente, consideramos (pensamos) que aquél tiene más peso que éste. Mientras que aquél representa lo definitivo, lo inmodificable, éste continúa en el aire, ingrávido en relación con aquél. Y eso es lo que simboliza la posición de los respectivos platillos, el del ayer y el del hoy, el del pasado y el del presente. El pasado gravita sobre nuestro vivir, es el ancla que fijará definitivamente el barco viajero de nuestra existencia.

El presente, el "hoy", constituye lo efímero por antonomasia, lo pasajero. No hay mejor título para definir la esencia de lo pasajero que el adverbio HOY, el título adoptado precisamente por nuestro diario regional extremeño. La palabra de etimología griega "efímero" significa literalmente 'lo que dura un día'. Los periódicos o diarios tienen fijada su fecha de caducidad en la fecha que figura en sus cabeceras.

Una de las maneras de alargar esa fecha de caducidad consiste en reunirlos en un libro. Pero el procedimiento no garantiza de por sí la duración del artículo, si éste no contiene en sí mismo los valores que aseguren su permanencia. Si los 'artículos' a conservar contienen esos valores, se puede afirmar que su fecha de caducidad es indefinida.

Mi esperanza es que los trabajos reunidos en el libro cuya portada adelantamos aquí, tengan la consistencia suficiente para alcanzar su pervivencia en el futuro.
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NOTA:  Clicar sobre la portada del libro para verla en un tamaño mayor

sábado, febrero 08, 2014

LA FARSALIA DE LUCANO Y LA GUERRA CIVIL DEL 36

Lucano, el gran poeta cordobés sobrino de Séneca, escribió un poema que él tituló Bellum civile (Guerra civil) pero que, con el tiempo, vendría a ser más conocido con el nombre de Farsalia, en memoria de uno de los episodios de aquella guerra. Un latinista extremeño, por desgracia ya fallecido, mi gran amigo Antonio Holgado, ha sido uno de los grandes estudiosos de este poema del que publicó una de las mejores traducciones que existen en español. Por ella su autor mereció el Premio Nacional de Traducción que recibió en 1985, tres años antes de su muerte. La traducción fue publicada en la colección de Clásicos Gredos, en 1984.

Hoy traigo aquí a colación el poema de Lucano porque, en no pocos aspectos, a mi modo de ver no baladíes, tanto en el título como en el contenido, el poema lucáneo me parece una prefiguración de la gran “farsa” que fue nuestra guerra civil española. Por lo pronto, entre “farsa” y Farsalia existe ya una coincidencia de principio.

Se ha dicho de la Farsalia que es un poema “sin héroes” y “sin dioses”, a diferencia de otros poemas épicos de la literatura clásica, como por ejemplo la Ilíada, o la Eneida. No vemos en la Farsalia héroes como un Eneas, un Aquiles o un Héctor. Y es que no hay guerras civiles épicas. ¿Cómo pueden considerarse épicas, o heroicas, guerras civiles como la de César y Pompeyo, o la de Franco y sus secuaces contra la República, cuando en ellas se “otorgó legalidad al crimen? (Luc. B.C. 1.2)

Más relaciones entre la Farsalia y la farsa de la guerra civil del llamado Glorioso Alzamiento Nacional y hasta Cruzada. Comienza el poema de Lucano con el siguiente verso hexámetro y parte del segundo:

Bella per Emathios plus quam civilia campos
iusque datum sceleri canimus...

(guerras más que civiles cantamos, libradas en las llanuras de Emathia,
y el crimen investido de legalidad...) *

El primer verso se podría referir a España cambiando sólo la palabra Emathios por Hispanos, sin que el cambio afectara al hexámetro. El segundo verso le cuadra a la guerra civil española, en particular lo de “se otorgó legalidad al crimen”. En cuanto a la expresión “más que civiles”, cabría decir que resulta exacta en la medida en que intervinieron en ella las potencias extranjeras de Alemania e Italia; podríamos decir que de manera oficial (con participación de su máquina militar) En cambio, la intervención de las llamadas brigadas internacionales a favor de la República tuvo carácter voluntario.

Todo el aparato épico con el que se quiso exaltar la guerra civil española tiene hoy un aspecto de farsa. Uno de los exaltadores de la presunta epopeya fue José Mª Pemán en su Poema de la Bestia y el Ángel. La “bestia” estaba encarnada en el “rojo”, es decir, el sectario del comunismo. Y el “ángel” (¿cómo no?) en los sublevados que se habían alzado por la causa buena. La Farsalia española puede entenderse mejor trasponiendo las letras de esa palabra de manera que la “l” ocupe el lugar de la “r”, y viceversa: La Falsaria.

Pero sigamos con el paralelismo: como en el poema de Lucano, también aquí “la causa vencedora complació (o complugo) a los dioses” (victrix causa deis placuit), pero la causa vencida complació (o complugo) a Catón (es decir, a los que estaban de parte de la República). Catón era un republicano íntegro y un verdadero patriota.

Y, por último, también en la Farsalia auténtica hubo “novios de la muerte” (tipo Millán Astray) a los que sólo les faltaba gritar “¡Viva la muerte!”. El amor de Millán Astray por la muerte era émulo del amor del legionario Esceva, en el poema de Lucano, amor declarado por el mismo Esceva, con ocasión de morir matando a Aulo, del bando de Pompeyo. Las palabras del legionario fueron en aquella ocasión: “Vuestro amor a Pompeyo y a la causa del senado es menor que el mío a la muerte”*. Esceva es un legionario, un “novio de la muerte” en toda la plenitud de la expresión. El otro legionario, también “novio de la muerte”, es (¿cómo no?) del bando cesariano. Su nombre es Vulteyo. Para éste es preferible el suicidio a morir a manos del enemigo. En una enardecida arenga (B.C. IV, 519 y ss.) intenta persuadir a los suyos a que se den muerte a sí mismos, antes de caer en las manos del enemigo. He aquí las palabras de Vulteyo, según la traducción de Antonio Holgado: “He arrojado fuera mi vida, camaradas, y estoy, todo entero, empujado por los aguijones de la muerte inminente: es un delirio. Sólo a quienes ya roza la cercanía del destino les es dado conocer lo que los dioses ocultan a quienes han de vivir, para que puedan seguir viviendo: que morir es una felicidad”. Naturalmente, tanto Vulteyo como Astray eran en esto generosos: preferían hacer felices a los demás antes que a sí mismos. Sólo si la situación lo requería, o si no había más remedio, procuraban “amar a la muerte, antes que temerla”. La letra de una de las canciones patrióticas de aquellos tiempos decía, aludiendo a la patria:

Que por verte temida y honrada
contentos tus hijos irán a la muerte.

(Pese al contrasentido de que, una vez muertos, ya no podrían verla temida y honrada, ni de ninguna otra manera)
Claro que, referidos a la guerra civil, estos versos no tienen sentido: todos éramos hijos de la misma patria. Por eso las guerras civiles todas son luchas cainitas: fratricidas.
La causa vencedora se hizo con el monopolio del concepto de patria. Se expolió a los compatriotas no sólo de la patria, sino también de la vida.
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* Doy la traducción de Antonio Holgado



miércoles, enero 29, 2014

DE LAS DOS ESPAÑAS

Quienes más vocearon por la unidad de España fueron siempre los más secesionistas. Esa España Una por la que siempre clamaron no era la “nuestra”, era la “suya”. Descubierto este sofisma se desprende lo vano y lo hipócrita del resto de la consigna: ni Grande ni Libre. Y esto por entenderla precisamente como la suya, no la de todos.


Claro que nos gustaría que Cataluña, por ejemplo, siendo ella misma, fuese también España. Pero entendemos sus aspiraciones de independencia como la única forma viable de sacudirse del yugo (y las flechas) del franquismo: la única manera posible de emanciparse de él.


Habló en el Parlamento europeo Mayor Oreja de que la condena del franquismo significaba el paso atrás de la Transición: el regreso a “las dos Españas”. Era la visión unilateral del franquismo, precisamente. La Transición la entendieron siempre como inmovilidad: silencio sobre el genocidio, la amnistía la identificaron con la amnesia. Y la Ley de Amnistía (que se negaron a votar) la invocaron luego para tratar de borrar de la memoria sus crímenes. Y quisieron perpetuar la “modélica” Transición con la Ley del Silencio sobre la dictadura que fue la Constitución de 1978.


Pienso que la salida de este impasse, de este piétinement sur place que es y ha sido la Transición (andar sin moverse del mismo sitio) será la federalización de España: fragmentémonos para poder unirnos; para poder escapar del sofisma de una unidad que no es la nuestra, sino, siempre, la suya. Por serlo, precisamente, no es ni Grande ni Libre. De modo que la Unidad la impiden quienes nos impiden vomitar el franquismo, echar afuera la "amargura de la memoria". Con palabras de Cicerón: evomere virus acerbitatis.


Váyase, señor Oreja, en buena hora, del Parlamento europeo. En él no ha representado a toda España, sino sólo a su partido. Llévese consigo su franquismo, allá doquiera que vaya. Y lo mismo digo al señor Vidal Quadras: váyase en buen hora a chillar a otro lado


Vox parece ser el partido más recomendable para usted y los de sus cuerdas (vocales) Quienes no detesten el franquismo no aman la democracia, puesto que no detestan la dictadura, que es su antítesis: la antidemocracia por excelencia. Ni quieren de verdad, en definitiva, la Unidad de España.


La España Una, Grande y Libre, que tanto cacarearon en su día los que se van, ora sea al “otro barrio” (Piñar) o a partidos todavía más a la derecha, esa España será la que abjure del franquismo de una vez por todas, para salir por fin de este atolladero que ha resultado ser la Transición.

miércoles, enero 08, 2014

CONTRAPORTADA E INTERIORES

Después de haber visto el prólogo en prosa y el epílogo en verso del libro reseñado en la entrada precedente, voy a trasladar aquí, con la venia del autor, tres poemas, a modo de muestra, que inciten al lector a seguir leyendo y a buscar el libro, en la seguridad de que va a pasar un rato divertido: ameno (Si existe el locus amoenus, éste es un buen ejemplo en el que poder solazarse) Busque el lector en las librerías, pues seguro que merece la pena esa lectura que, sin duda, consideramos relajante. Del Apartado III de la primera parte (el titulado MIRAR) he escogido los poemas titulados "Sesteo", "Hiper" y "Botellódromo". Los transcribo a continuación:

SESTEO

Libre de la cadena del trabajo
a casa vuelvo procurando el rancho,
y allí solito con la 2 me engancho
para bien digerir sopa y tasajo.

¡Grandes documentales a destajo!
Estampida de ñúes en zafarrancho,
cocodrilos bañándose en el ancho
                                                [río 
macacos meneándose el badajo.

De Darwin salmodiando la receta
fisgonea la cámara indiscreta
semiescondida en el abrevadero.

El cuello de una cebra la leona
besa al fin... (Con los güevos al brasero
yo, feliz ronco hundido en mi poltrona)

HÍPER

Abre y cierra sus puertas de cristal
al tropel la moderna catedral.
¡Oh círculo vicioso e infinito.

pescadilla sin fín del Consumismo!
Medio mundo gimiendo en el abismo
y otro medio tirando de un carrito:

¡Palitos de merluza de Frudesa,
jamón de york, chorizo, perrunillas,
espuma de afeitar, lavavajillas,
chocolate, estropajos, mayonesa,

Vim con clorex, atún, yogourths de fresa,
galletas, huevos, gel, Ajax, pastillas
de Avecrem, salsa rosa, arroz, natillas,
suavizante, foie-gras y un kit-compresa!

BOTELLÓDROMO

Dio la una. La manada quinceañera
concurre al descampado con farolas
llevando ron, ginebra y coca-colas
para oficiar la inmensa Borrachera.

Truena en la noche la machaca hortera
del bakalao con techno-cacerolas,
y los tubos de escape y las cabriolas
de las motos campando por la acera.

Una rubia vomita en una esquina.
Dos se magrean. Aquél mea en los rosales.
Otros cocean con saña una cabina.

El suelo es pura alfombra de cristales.
La Policía acudió de madrugada.
Miró al soslayo, fuese y no hubo nada.

El último verso de esta última composición es del conocido soneto de Cervantes "Al túmulo de Felipe II" ("Voto a Dios que me espanta esta grandeza...") Es un soneto con estrambote (se añade un terceto más a los dos tercetos reglamentarios del soneto)

Insisto: la lectura de Beatus ille 2001 nos sirve de relajo y diversión.

EL "BEATUS ILLE" EN LA MODERNIDAD

Alfonso Limpo, archivero y bibliotecario municipal de Olivenza, es además cronista oficial de esta población. Y, ainda mais, es historiador y poeta. Autor de varios libros sobre la historia de su pueblo, acaba de editar un libro de poesía entreverada de filosofía, con el título de Beatus ille 2001. El título evoca, ante todo, el primer verso del Épod.II, de Horacio, que comienza así. Evoca también la película de Kubrick 2001, Una odisea en el espacio. Hay, además, una novela de Antonio Muñoz Molina que lleva por título las dos primeras palabras del referido épodo horaciano. Esas dos palabras son el enunciado de uno de los tópicos más difundidos en la historia de la literatura: el de la vida retirada. Tópico que se ha hecho más y más convencional a medida que se ha ido consolidando el llamado "progreso".

Alfonso Limpo va poniendo de relieve, a lo largo del libro, cómo el ideal de la "vida retirada" se torna cada vez más y más utópico, pese a todos los esfuerzos del hombre por mantenerlo vigente: adquirir una casita (o una casona, según las posibilidades económicas) en el campo, para librarse del tráfago y el ruido de la ciudad, hacer realidad de alguna manera ese tópico de la vida retirada. (Mi amigo y vecino Francisco Croche hizo ya una parodia de los versos luisianos y todavía suele recitarla cuando se le presenta la ocasión) *


En el prólogo del libro el autor expone muy lúcidamente ese contraste entre el ideal utópico de la vida retirada y el inevitable contrapunto del mundanal ruido de la aldea global. Y el epílogo, en verso, confirma de manera rotunda lo que ya el poeta romano consideró, con penetrante visión de futuro, una utopía radical. El usurero Alfio será quien, con su afán de lucro, eche por tierra los buenos propósitos de reintegrarse a la Naturaleza.
El hombre no puede quedarse a vivir por siempre en el locus amoenus, cualquiera que sea la ubicación de su paraíso artificial: siempre será expulsado de él por otras necesidades más perentorias.

Los versos del epílogo evocan otros muy conocidos del inquilino de la Flecha, el locus amoenus del ínclito Fray Luis, o del dulce poeta Garcilaso: "Si de mi áspera lira / tanto pudiese el son que en un momento /aplacase la ira"... "un no rompido sueño"..., "morada de grandeza, / templo de claridad y hermosura"... 

Versos tópicos de ese mundo feliz de la poesía, en abierto contraste con la prosaica realidad de los mortales, tras haber sido definitivamente expulsados del paraíso de la Naturaleza.  
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* He aquí la primera estrofa de su poema paródico: ¡Qué descansada vida / la del que en una hamaca está tendido, / despues de una comida / en la que le han servido / de pollo y carne y buen aperitivo!

lunes, enero 06, 2014

OTROS RECUERDOS DE ACEUCHAL

Del archivo fotográfico de la web del Ayuntamiento de Aceuchal tomo la fotografía que me sirve de ilustración a esta entrada. La foto nos muestra un aspecto de la llamada Plaza de María Cristina, más conocida como el Pozo de Arriba. En los altos del edificio en blanco, que aparece a la derecha, estuvo la escuela nacional a la que asistí en mis primeros años. El maestro se llamaba Don Juan Fraile Bernal, aunque en el pueblo se le conocía como Don Juan el Calvo. Conservo dos cuadernos que datan de 1941 y 1942. A esta escuela asistí posiblemente hasta la mitad del año 1945, pues a partir de las vacaciones del verano comencé a prepararme para ingresar en el Seminario Diocesano de San Atón, al inicio del nuevo curso (1945-1946) Luego ocurrió que, por obras en el centro docente, el ingreso no pudo llevarse a cabo hasta enero de 1946.


La plaza de María Cristina no presentaba el aspecto que ahora tiene en la foto: el piso era de tierra, no estaba embaldosado como en la actualidad. A los altos del edificio escolar se accedía por una puerta que daba a la calle Alvarizo. Había que pasar un patio que daba a un estercolero y, girando a la derecha, estaban las escaleras que daban al aula de clase. Creo que esta casona fue adquirida muchos años después por el hijo de Antonio Carretero, apodado El Chico.

En esa plaza, en el llamado recreo, jugábamos los niños a los juegos acostumbrados: los bolindres, a entera (se sorteaba con la china escondida en la mano quién tenía que ponerse de “burro”) y se iba saltando el burro con aquella retahila de “a la una salta la mula”, etc. El tiempo del recreo no solía coincidir con el de las niñas de la escuela más próxima, cuya entrada estaba en la acera a la izquierda de la foto. Todo estaba calculado de manera que los chicos no pudieran molestar a las niñas, ya que los chavales éramos tenidos por más 'bordes' y díscolos que las muchachas.

El trabajo diario de la escuela consistía en preparar una lección de la enciclopedia escolar, lección que se aprendía de memoria. Esta tarea solía yo despacharla en los primeros cinco minutos. Luego había que copiar unos textos que el maestro escribía en la pizarra, donde se planteaban algunos problemas de aritmética. Yo procuraba despachar lo antes posible estas tareas, para enseguida dedicarme a lo que el maestro llamaba “lectura libre”. Consistía esta actividad en escoger cualquiera de los libros disponibles del armario biblioteca y emplear el tiempo sobrante en la lectura.

Recuerdo que casi todo el tiempo que duró ese periodo escolar fui el primero de la clase: no recuerdo haber tenido rival en este sentido. Una anécdota referida a los castigos corporales. El maestro usaba la palmeta, de cuyos golpes casi ninguno de los chicos de la clase solía escapar. Los lunes recibían un palmetazo en la mano abierta aquellos a quienes el maestro había echado en falta en la misa del domingo anterior.

Recuerdo que un día, en el recreo, dije alguna palabra insultante sobre el maestro, por alguno de estos castigos. Y el hijo de un guardia civil, un tal Albandor, se chivó al maestro. La cosa era grave y yo empecé a sentir fuertes remordimientos. Así que decidí, antes de presentarme en la escuela al día siguiente, ir a casa del maestro a pedirle perdón. Y fui allí y me arrodillé delante de él llorando. El maestro generosamente me perdonó.

Al día siguiente, el acusica, José Albandor Portillo, se extrañó mucho de que el maestro no me castigara ejemplarmente delante de toda la clase. El padre de este niño fue protagonista de uno de los sucesos más sonados en Aceuchal por aquellas fechas. Y fue que en el llamado Cine Moderno (ubicado, precisamente, en el Pozo de Arriba) la noche en la que se proyectó la película titulada Rataplán, estaba en el cine el referido guardia con su esposa, los papás de mi compañero de clase. Y como sucediera que los gamberretes (que en todas partes los hay) hubieran arrojado desde el “gallinero” algunas cáscaras de altramuces, que impactaron en la cabeza y en el cuello de la señora del guardia, éste montó en cólera y se plantó en el gallinero, habiéndole pedido previamente el vergajo a un municipal, y empezó a repartir porrazos de una punta a otra del gallinero hasta que lo dejó vacío. Desde entonces el citado guardia fue conocido con el apodo de Rataplán. Del miedo que entonces se tenía a la guardia civil da idea el que, entre tanta gente de los agredidos indiscriminadamente por el guardia, nadie se atreviera a hacerle frente (no fuera a desenfundar la pistola reglamentaria) Era la autoridad del franquismo emanada del autoritarismo del propio sistema. No sabemos si desde instancias superiores se llamaría la atención al guardia por excederse en el ejercicio de sus funciones. Pues, evidentemente, no todos los espectadores que estaban en el gallinero eran culpables de aquella gamberrada de los altramuces.
Tampoco sabemos si el guardia fue trasladado de puesto a raíz de aquel suceso.

De todos modos era conveniente que el pueblo supiera que la autoridad es la autoridad.


domingo, enero 05, 2014

¿NO LES DIO TIEMPO?

Mi convecina y paisana J. A. que es de origen piporro, pero que reside en Zafra desde hace muchos años (más que yo, que ya llevo residiendo aquí 47 años) tiene motivos para recordar mejor que yo las cosas que sucedieron en su pueblo natal y el mío en las fechas de la guerra civil. Especialmente en el verano y otoño de 1936, pues en ese año yo tenía sólo tres años cumplidos y ella era ya una adolescente. En alguna ocasión ha surgido entre nosotros el tema de la guerra civil y, cuando yo le hago la observación de que en Aceuchal, como en otras muchas poblaciones de Extremadura, sucedió lo que a propósito de Feria dijo el historiador y cronista local José Muñoz Gil, que “los rojos no mataron a nadie”, J.A. suele contestar como quien está en posesión de la verdad: “¡No les dio tiempo!”. Mis referencias, sin embargo, son muy otras. En Aceuchal, el comité antifascista del ayuntamiento socialista pactó con la otra parte respetar mutuamente las vidas de los convecinos, cualquiera que fuese el resultado de un eventual enfrentamiento bélico. Es decir, existió un compromiso (probablemente escrito y rubricado por ambas partes) de que los habitantes del pueblo, fuese quien fuese el bando ganador, prometían solemnemente respetar la vida de los del bando contrario. Si esto es así, los del bando ganador convirtieron pronto este acuerdo en papel mojado. Pues tan pronto vieron las fuerzas rebeldes que, tras la toma de Badajoz, la situación les era favorable, se apresuraron a eliminar desde la retaguardia los posibles refuerzos que podrían incorporarse al ejército de la República. Así que... no les dio tiempo porque, de una parte, se lo impidió el “pacto de honor” y, de la otra (de los que no respetaron el pacto) la consigna, probablemente impuesta por la estrategia de Yagüe, de que no transigiría con ningún tipo de “pactos locales”, con el inapelable argumento de que “la guerra es la guerra”. Y más si se trata de la guerra sucia, como lo fue aquélla.

De modo que SÍ, que les hubiera dado tiempo, de haber sido menos humanos, menos crédulos y menos confiados en la palabra de sus convecinos firmantes del pacto.

Lo que pasa es que las guerras se ganan, principalmente, con artimañas y, desde luego, con el propósito firme de no fiarse lo más mínimo del enemigo. Qué lástima no haber podido leer ciertos ejemplos históricos en los que resulta fatal esa ingenuidad de dar crédito al enemigo. Así lo comprobamos, como lo cuenta César en la Guerra Civil (3.28): “A los que se entregaban les prometían respetarles la vida”. Lo mismo que les ocurrió a los que se fiaron de esta promesa, les pasó a los que se fiaron de ciertos mandos de la guerra civil en España. (Véase, por ejemplo, el caso referido en otro lugar de este blog)
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NOTA: Véase en este mismo blog las entradas correspondientes a las fechas siguientes: 16-11-2011, 1-3-2009 y 19-4-2007

viernes, enero 03, 2014

ALGO SOBRE EL HISTÓRICO LADRILLO DE ACEUCHAL


Hace ya bastantes años publiqué en el periódico HOY un breve artículo sobre el ladrillo histórico de Aceuchal. No recuerdo exactamente cuándo, pero aún vivía la recordada Mahizflor, quien se hizo eco de aquel artículo mío, como era de esperar de una persona a la que le interesaba todo lo relacionado con la historia de su pueblo natal, que también es el mío.


En alguno de mis frecuentes viajes a Madrid por aquella época se me ocurrió visitar el museo arqueológico y allí, para sorpresa mía, me encontré con la inesperada reliquia histórica del “ladrillo de Aceuchal”. Muy poca gente conocía por entonces la existencia de esta rareza histórica y, desde luego, nadie imaginaba que la historia del pueblo fuese mucho más allá de la alta Edad Media. La datación del ladrillo en cuestión era, según la nota que acompañaba en la vitrina a la histórica pieza, del siglo IV de nuestra era. Actualmente se retrotrae esa fecha hacia la mitad del siglo III. Mahizflor se sintió gratamente sorprendida al suponer (como yo) que su pueblo tenía raíces históricas más profundas de las que hasta entonces le habíamos supuesto. Yo había averiguado por mí mismo que la frase grabada en el ladrillo era de Virgilio y que se trataba del verso primero del libro V de la Eneida. Porque (si la memoria no me falla) no constaba ese dato en la vitrina que contenía la pieza. La existencia del texto virgiliano junto al anagrama de Cristo (el Crismón) me hacía suponer la siguiente conclusión optimista: que ya en el siglo IV de nuestra era había cristianos en Aceuchal y, además, que leían a Virgilio. Esto era como para llenar de orgullo a cualquiera. Hay que reconocer que si existía población cristiana por aquellas fechas en Aceuchal, ésta hablaba todavía en latín y, por tanto, no era extraño que entendieran a Virgilio en su propio idioma. Nada tiene de extraño que así fuese en todas las poblaciones que tenían a Mérida como la metrópoli más importante de la Lusitania: en ella se hablaba la lengua oficial de Roma y se entendía el latín clásico sin dificultad, sobre todo por la gente culta.

La frase de Virgilio servía como mero elemento decorativo. Y el anagrama de Cristo daba testimonio de que los habitantes de la casa se preciaban de ser cristianos. En cuanto a la inscripción, ya he dicho que se trata del primer verso del libro V de la Eneida. Lo copio en latín (es un hexámetro, como todos los demás versos del poema) y dice:

          Interea medium Aeneas iam classe tenebat
 (Entre tanto Eneas con su flota iba ya por alta mar...)

La frase continúa al capítulo anterior, de alto contenido emotivo, ya que acaba de narrarnos los últimos momentos del suicidio de Dido, tras la marcha precipitada de Eneas, obediente al mandato de los dioses.

En el ladrillo, el verso no cabe íntegro en un renglón, por lo que hay que partirlo:

INTEREA MEDI / VM ENEAS IAM / CLASSE TENE / BAT
(dos dáctilos, dos espondeos, un dáctilo y un espondeo. Hay sinalefa en la sílaba 7ª)

En fin, esto es lo que tenía que decir sobre el ladrillo de Aceuchal. Un documento histórico que, si no fue trasladado allí en época posterior, nos puede dar pie a situar la antigüedad de la población en varios siglos antes de lo que la datábamos, suponiéndola no muy anterior a la Alta Edad Media.