sábado, junio 27, 2015

DOS SONETOS A FRANCISCO CROCHE

Los sonetos que seguidamente voy a transcribir los dediqué a mi buen amigo Francisco Croche, con motivo de su nombramiento como Hijo Predilecto de Zafra. Se publicaron en la revista de la feria (ZF) en el año 2003. El zafrense que fue anteriormente honrado con este honorífico título fue también gran amigo mío: Don José García Fernández, Rector que fue del Seminario Diocesano de San Atón.

Reproduzco a continuación los dos sonetos.

I. Un pleno de catorce...

                    A Francisco Croche, primus inter pares.

Un pleno de catorce voy buscando,
cuantas tiene casillas un boleto:
los catorce renglones de un soneto
trato de ir, verso a verso, rellenando.

Mientras voy los aciertos comprobando,
veo que tengo ya un cuarto y un cuarteto;
y, con cuarto y mitad de otro, completo
el segundo cuarteto que demando.

Si el pleno de catorce yo consigo,
prometo dedicar el premio entero
a celebrar el triunfo del amigo.

A Croche, entre los pares el primero,
yo le brindo, con este pareado,
el pleno de catorce, al fin logrado.

ESTRAMBOTE

Y para el pleno al quince, por si hay bote,
añado a este soneto un estrambote.


II. Ni Valencia ni Mesa consiguieron...

             
                   (Soneto con un serventesio inicial)

Ni Valencia ni Mesa consiguieron
de su villa natal tan alta gloria,
aunque preclaros hijos ambos fueron
de esta ciudad que guarda su memoria.

Ni Ruy López ni Huerta recibieron
de sus paisanos tal ejecutoria,
por más que hicieron obra meritoria
y la fama de Zafra engrandecieron.

Sólo que, cuando aquellos existieron,
aún no existían tales distinciones,
pues nadie hubo que las promoviera.

Que, si en aquellos siglos Croche hubiera,
no faltaran honores y atenciones
a cuantos merecido lo tuvieron.

domingo, junio 14, 2015

LOS MEMORIALES A MANUEL PELÁEZ


Peláez Memorial (Constitución de 1812)

El pasado domingo 14 de junio se hizo entrega, en el Hotel Huerta Honda, del premio correspondiente a la III edición de microrrelatos que anualmente  convoca, desde 2013, el "Colectivo Manuel J. Peláez". Esta vez el premio ha recaído en el joven conquense, residente en Madrid, Diego Rinoski. El título del relato premiado es "El timo".

El Colectivo Manuel J. Peláez tiene como primordial objetivo honrar la memoria del fallecido colega del que toma su nombre; y nada mejor para lograr este objetivo que llevarlo a efecto a través de actividades culturales como ésta del concurso anual de microrrelatos. El microrrelato hace de la brevedad su peculiar característica literaria. Su lema se podría resumir en el conocido dicho que afirma "lo bueno, si breve, dos veces bueno".

Parece como si la brevedad asegurara ya el 50% de la bondad del microrrelato pero no es así. La brevedad sólo cuenta si se da la circunstancia de que el relato es, de por sí, bueno. Si no, la brevedad vale tanto como un cero a la izquierda. (Aunque quizás haya que tomar en consideración la posibilidad de completar ese aforismo con otro semejante: "Lo malo, si breve, menos malo")

Al género breve corresponde, en general, la literatura aforística (= aforismo): refranes, sentencias, adagios. Las 'greguerías', así llamadas por su inventor, Ramón Gómez de la Serna, también pertenecen a este género al que es connatural la brevedad. Y, desde luego, los microrrelatos. Narraciones muy breves, a lo más de una página o una página y media. Quizás un poco más, si se prefiere.

Lo que sí podemos conjeturar, conocido el talante de Manolo Peláez, es que el microrrelato, como género o modalidad literaria, se acomodaba a su carácter, a sus gustos por lo sencillo, lo sobrio, lo anti-fárrago. Iba bien con su manera de ser esta modalidad literaria.

Manolo era, sobre todo, buena persona, tolerante, conciliador y con un excelente sentido del humor. Sus ocurrencias contribuían a alegrarnos la vida, a darnos una visión más optimista de la misma.

Como anécdota reveladora de su carácter, recuerdo aquella vez en que se vistió de torero (en un Carnaval) y, para hacer que en la taleguilla se marcase el "paquete", se colocó dentro de la misma, junto a la ingle, un auténtico paquete de cigarrillos. El lugar, como diría Miguel Hernández, "donde capullo tórnase la seda".

El microrrelato, si está bien conseguido, es como una pequeña joya literaria. Es un género  que, sin duda, le hubiera gustado a Manolo Peláez promover. Yo diría que es el género breve el que más se adecuaba a su talante bienhumorado, sencillo, jovial y des-enfadado (en cuanto nada propenso a enfadarse). Y, por supuesto, creo que lo breve y lo sencillo, como opuesto a lo complicado, entraban también en el cuadro de sus preferencias.

Los premios "Manuel J. Peláez" de microrrelatos son uno de los memoriales que perpetuarán el recuerdo de Manolo; el otro memorial es el monumento conmemorativo de la Constitución de 1812, que se alza en la llamada Plaza de los Escudos, frente a la fachada oriental del Palacio de los Duques de Feria, hoy Parador de Turismo. También está dedicado a la memoria de Manuel J. Peláez. Está formado por bloques de cemento adosados, en los que figura uno de los más importantes artículos de aquella primera constitución, junto a los nombres de sus más entusiastas promotores, como los zafrenses Juan Justo García y José Álvarez Guerra, o el cura extremeño de Cabeza del Buey, Diego Muñoz Torrero.

Ilustramos esta entrada con la fotografía de este monumento dedicado a la primera constitución española, en el que el colectivo promotor de la idea quiso que figurase el nombre de nuestro amigo Manuel J. Peláez.
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NOTA:  Clicar en la foto para ver detalles 

sábado, junio 13, 2015

UNA BODA GAY EN LA ROMA DEL IMPERIO

Con ocasión de la reciente muerte de Pedro Zerolo, político y abogado del PSOE, se le han tributado numerosos elogios, por la gran actividad que desplegó en favor de la defensa de los colectivos de homosexuales, gays y lesbianas. Las uniones homosexuales, si bien no estuvieron formalmente legalizadas, tampoco estuvieron expresamente prohibidas en la Roma clásica y así lo podemos conjeturar leyendo algunos poemas de Marcial (siglo I de nuestra era) El poeta bilbilitano encuentra, sin embargo, un tanto exhibicionista el que esas uniones se realicen según el patrón convencional que rige las uniones heterosexuales. Tal vez porque lo considera una ostentación innecesaria. Sin embargo, en las uniones de este tipo, es indudable que cada uno de los cónyuges asume el correspondiente papel de marido o de esposa, respectivamente. En el poema al que me refiero en este caso (Ep. 12.42), el autor deja bien a las claras quién es cada cual y cuál su correspondiente rôle. El papel femenino corresponde al llamado Calístrato. Lo sabemos porque en el poema es el nombre que hace de sujeto de “nupsit”, verbo propio de la fémina. El correspondiente papel del varón es el que se expresa mediante el verbo ‘ducere’. Lo vemos por un dístico del mismo Marcial:


            Nubere vis Prisco, non miror, Paula, sapisti.
              Ducere te non vult Priscus: at ille sapit.


(Quieres casarte con Prisco; no me extraña, Paula: eres lista.
 Pero Prisco no quiere tomarte como esposa: él también es listo) 


Pero vamos ya con la traducción del epigrama 12.42 que narra, sucintamente, cómo se realiza el casamiento de estos homosexuales que son Calístrato y Afro:
  El barbudo Calístrato se unió en matrimonio al envarado Afro, con el mismo ritual con que suele unirse la hembra al varón: Las antorchas alumbraron abriendo el cortejo, los velos taparon los rostros de los esposos y no faltaron, Thalaso, tus invocaciones de rigor.También se proclamó la dote de la novia.
 ¿No tienes bastante todavía con todo esto, Roma? ¿Esperas acaso también verlo parir? 


No: Roma no podía esperar lo que por naturaleza era imposible. En el sentido de la procreación, el matrimonio homosexual está de suyo condenado al fracaso. Claro que existe el paliativo de la adopción. Esta puede ser el remedio de lo que, de otra manera, no lo tiene. Pero la permisividad y la tolerancia que la sociedad romana mostró en casos como el que narra el poeta de Calatayud, no llegó al extremo deseable de proponer el refrendo legal del matrimonio para las uniones de este tipo. Sólo en los tiempos actuales se está llevando a la práctica en algunos países europeos este refrendo legal de las uniones homosexuales. Queda todavía, no obstante, mucho camino por recorrer. La persona cuyo reciente óbito lamentamos hizo cuanto estuvo de su parte para que ese largo camino se hiciera más corto.

lunes, junio 01, 2015

MÁS VERSOS DEL FONDO DEL BAÚL

Don  Luis  Moreno  Mayoral,
Padre Espiritual  en San Atón
La estrofa que ahora extraigo del baúl de la memoria nos la enseñó, en el curso de unos ejercicios espirituales, cierto misionero que vino expresamente al Seminario a dirigir esos ejercicios. Trataba el hombre de tranquilizar conciencias excesivamente escrupulosas y preocupadas por el temor de haber pecado. Para darnos un criterio que pudiera sacarnos de la duda, nada mejor que presentar la enseñanza envuelta en el celofán poético de unos versos fáciles de memorizar. Esta vez era una estrofa de diez versos, la llamada décima espinela. Decía (o, mejor, rezaba) así:

                              El sentir no es consentir
                              ni el pensar mal es querer:
                              Consentimiento ha de haber
                              junto con el advertir.
                              Mal puedo yo consentir
                              pensamientos que no advierto;
                              y, aunque soñando o despierto
                              esté, si no quiero el mal,
                              que no hay pecado mortal
                              puedo estar seguro y cierto.

Era un criterio que podía servir para aclarar muchas de las dudas que solían atormentar las conciencias de los adolescentes seminaristas, agobiadas con frecuencia por el temor de haber cedido a las tentaciones de la carne. ¿Quién podía evitar tener una erección, a veces, en los momentos y lugares más inoportunos? En el salón de estudio, en el dormitorio, en la misma capilla, incluso. Y ese proceso de intumescencia podía llegar a aliviarse de manera automática a través de un orgasmo con la correspondiente polución. ¿Habría que dar cuenta al confesor de alguna incidencia de ese tipo? Pues sí, había que darla, para tranquilidad propia. Bien que añadiendo, a modo de justificación, un "pero yo no quise que sucediera". Siguiendo las normas dadas en la décima estaba claro que "no había pecado mortal".

Tenía yo por aquel tiempo un libro que me había agenciado no recuerdo cómo y cuyo título era Psicología del amor. Por cierto que hubo quien se chivó al P. espiritual (Don Luis Moreno Mayoral entonces) y éste me llamó a su cuarto para interesarse por el libro. Se lo llevé y, al cabo de cierto tiempo, me lo devolvió: No pudo encontrar en el libro cosa que pudiera considerarse dañosa para la salud espiritual. En este libro (aún lo conservo) se hacía referencia a la cuestión que por entonces a mí y a otros compañeros de mi edad nos tenía (supongo) preocupados. La de cómo evitar aquellas indeseables insurrecciones de la carne pecadora. Decía el libro al respecto: ...como la extravagante pretensión de estrangular manifestaciones cuya incoercibilidad se condiciona uno mismo tiende a acelerar progresivamente el retorno del espasmo onírico, éste se reproduce, en algunos sujetos, con bastante frecuencia para alterar considerablemente los mecanismos psiconerviosos y el potencial energético.

Y añadía: Se venden libros donde se asegura que el derrame espontáneo en el curso del sueño es inofensivo. Esos peligrosos tratados extravían cada año algunos centenares de jóvenes a quienes se trataba de detener en la pendiente de las decadencias (se añadía en nota a pie de página: consunción cerebral, astenia, tisis)

El libro abogaba por abordar el problema desde un punto de vista dietético. Algo totalmente fuera del alcance del centro docente donde residíamos. Por otro lado, ni las comidas ya de por sí frugales del Seminario bastaban a frenar el que Rubén Darío llamó "potro sin freno" del instinto.

Desde el estrado de la capilla, el bueno de Don José García avisaba: "los que tienen un temperamento demasiado...erótico no sirven para estas cosas". Decía 'erótico' como si no quisiera emplear otro término más adecuado, aunque tal vez más hiriente: quizás 'rijosos', o 'salaces'. En alguna ocasión recuerdo que recurrió al latín: li-bi-di-no-si. Así, silabeándolo.

Para mí pronto estuvo todo bien claro. Lo del celibato era algo contra natura.
Se hacía necesario 'colgar los hábitos' más bien pronto que tarde. Fue lo que hice.  

domingo, mayo 31, 2015

TÍA MARÍA EN EL RECUERDO

De mis tías paternas, es sin duda tía María la que ocupa más espacio en mi memoria, sobre todo en el recuerdo de mis tiempos de niñez. Ella fue la que me llevó por primera vez a apuntarme a la escuela pública. Comenzó por llevarme a la Panera (donde hoy está la Biblioteca "Mahizflor", en Aceuchal) y en la que el maestro que por aquellos tiempos hubo allí no quiso admitirme, no recuerdo ahora por qué razones, si las hubo. Como allí no tuve cabida, tía María me llevó a la del Pozo de arriba, regentada por el que sería mi primer maestro, Don Juan Fraile, o Don Juan El Calvo. Fue una suerte para mí que no me admitiera el maestro de la Panera (se llamaba Don Juan Ponce) pues con Don Juan Fraile me llevé bien y fui pronto alumno aventajado. Asistí a sus clases hasta finales del año 1945, en que comencé mi preparación para ingresar en el Seminario (1946)

Tía María y yo nos entendíamos bien. Hasta teníamos una lengua particular para entendernos, inventada por ella, que consistía en decir las palabras empezando por la última sílaba (así mi nombre era to-ni-Jua) Como conseguíamos hablar muy rápido nadie nos entendía. Entre las canciones que oía cantar a tía María recuerdo algunas que estaban de moda por aquella época, de mediados de los años 40. Una de esas canciones se titulaba "Rascayú" ( Rascayú, cuando mueras qué harás tú. Tú serás un cadáver nada más... ) La he buscado recientemente en Google y he recordado la música y la letra, pero especialmente el estribillo. Dicen que la letra era una presunta burla de Franco y que por eso la llegó a prohibir el Generalísimo... Yo era un niño por aquel tiempo y en mi mentalidad de muchacho no llegué a sospechar que la canción tuviera ninguna intención política. Pero bien pudiera ser que el tal 'Rascayú' se refiriera al Caudillo. El futuro 'zombi' que sería el por entonces amo de España. Sí, Franco podía ser el 'Rascayú' cuyo poder acabaría un día. Un 20 de noviembre de 1975. Ahora, en el Valle de los Caídos, este 'Rascayú' es, como el de la copla, "un cadáver nada más".

viernes, mayo 29, 2015

EN EL BAÚL DE LA MEMORIA



Si de algo puedo presumir (aunque no se debe presumir de nada) es de almacenar versos en mi memoria. Versos que en su momento me impactaron y quedaron ahí grabados por los restos. Entre esos versos recordados, algunos corresponden a lecturas infantiles; otros, más tardíos, a lecturas juveniles. He recordado entre estos últimos un soneto que se publicó en la segunda época de la revista Blanco y Negro, en el año 1959. Su autor José Mª Souvirón (falleció en 1973) El título del soneto era "Soneto con un terceto terminal de Quevedo". Yo lo recuerdo así:

Cuando llegue la hora señalada
en mi alto reloj de sol y viento
y corra por mis venas un lamento
que diga  "¡Ya concluimos la jornada!"

Cuando parezca que no queda nada
de tanto amor y tanto sufrimiento
y se haya dormido el pensamiento
junto a mi voz, tranquila y sepultada;

entonces, mi vibrar de aire encendido,
mi corazón de tanto ardor cansado
y mi carne, ganándole al olvido,

su cuerpo perderán, no su cuidado,
serán ceniza, mas tendrán sentido,
polvo serán, mas polvo enamorado.

De vez en cuando este soneto aflora a mi memoria. Hoy es uno de esos días y aprovecho para compartirlo con quien se asome, de cuando en cuando, a este blog.

jueves, mayo 07, 2015

CICERÓN SOBRE LAS GUERRAS CIVILES

La excelencia de Cicerón como abogado, como orador y como filósofo, creo que está fuera de toda duda. En cambio, su conducta como político presenta algunos aspectos que me parecen reprobables. Esta faceta del famoso orador romano es la que se nos muestra especialmente en su correspondencia epistolar con Bruto. Bruto fue, como se sabe, uno de los conjurados que asesinó a César, y al que éste dirigió aquel dolido reproche de “¡Tú también, hijo mío!” (Tu quoque, fili mi!) Una de las tres frases memorables que pronunció el mejor estratega de la Historia (las otras dos fueron alea iacta est (“la suerte está echada”) veni, vidi, vici (“llegué, vi, vencí”)


Cicerón odiaba a César por cuanto que éste acaparó el poder personal como dictador. Por eso se alegró del magnicidio, tal como se refleja en sus cartas a Bruto (23.4.4) y al amigo de ambos, Ático: nihil me delectat praeter Idus Martias (Ep. ad Att. 14.6.1.6) “nada me alegra más que las Idus de marzo”: el 15 de marzo del 44 a. C. fue la fecha del asesinato de César)


Comparando la actitud de Cicerón, en la guerra civil que siguió a la muerte de César, con la actitud de la derecha española durante la guerra civil del 36, vemos muchas afinidades entre la conducta que recomendaba Cicerón y la que adoptó el bando que resultaría vencedor de la guerra civil española: con el enemigo hay que ser intransigente en lo que respecta a perdonarles la vida.


En varios pasajes de las cartas a Bruto, el orador romano se opone a ejercer la clemencia para con los vencidos, tal como humanitariamente proponía aquél.  La postura de Cicerón fue la que aplicaron los del bando franquista en la guerra civil española. El presuntamente republicano Cicerón era un acérrimo derechista, intransigente con la idea de perdonar la vida al enemigo. Por eso me cae mal Cicerón en este sentido y me inclino por el republicanismo de izquierda que representaba Bruto, partidario de ejercer la clemencia con el enemigo vencido. Cicerón mostró en repetidas ocasiones su desacuerdo con él, a través de la correspondencia epistolar que ambos mantenían. He aquí algunos pasajes donde se muestra ese desacuerdo:


“Veo −escribe Cicerón− que te complaces en la benevolencia y que consideras ésta como la mayor recompensa. Está muy bien, por cierto, pero en otras circunstancias, en otros momentos, suele y debe haber lugar a la clemencia. Pero ahora, Bruto, ¿de qué se trata? Los propósitos de unos hombres necesitados, y sin nada que perder, amenazan a los templos de los dioses inmortales y ninguna otra cosa está en juego, en esta guerra, sino el que sigamos vivos o no. ¿A quiénes les perdonamos la vida y qué es lo que hacemos? ¿Nos estamos preocupando  por proteger a unos hombres que, en el caso de resultar vencedores, no dejarán de nosotros ni rastro?” (Ad Brut. 5.5.2)


En otro pasaje vuelve el orador a ocuparse del asunto en términos muy parecidos a los que acabamos de exponer: “escribes que sería preferible prohibir con más acritud las guerras civiles, antes que descargar nuestra ira con los vencidos. Discrepo de ti, Bruto, y no estoy de acuerdo con tu clemencia; pues si optamos por la clemencia, nunca faltarán las guerras civiles” (ibid. 8.2.4)


Esta idea de la inutilidad de la clemencia en casos de guerra civil es recurrente. Vuelve a reaparecer en otras misivas. He aquí otro ejemplo: “De tus cartas he sacado, con bastante frecuencia, la conclusión de que querrías que tu clemencia fuese objeto de elogio entre la gente a la que venciste. Creo que por lo regular actúas sabiamente, pero en lo que respecta a lo de pasar por alto el castigo que todo crimen requiere (esto es lo que se llama perdonar), aunque en las demás circunstancias sea cosa tolerable, en esta guerra lo considero pernicioso. No hubo nunca en nuestra república ninguna guerra civil de las que yo tengo memoria, en la que, fuese cual fuese la facción vencedora, subsistiese alguna forma de república tras esa victoria. Los que seamos vencedores en esta guerra* no sé qué clase de república tendremos. De lo que estoy seguro es que para los vencidos no habrá ninguna clase de república” (ibid. 23.10.11)


Ya el lector habrá podido adquirir el convencimiento de que los gestores y promotores de la guerra civil española del 36 fueron, a sabiendas o no, epígonos del abogado y político romano más célebre del siglo I a. de C. La victoria franquista convirtió la  res publica (‘la cosa pública’) en 'cosa nostra', es decir, en la propiedad de la facción vencedora. El pueblo fue masacrado de forma inmisericorde, inclemente, contundente. Pues, según conjeturaba el ilustre tribuno romano, de haber resultado vencedores los otros, hubieran procedido igualmente, sin clemencias ni miramientos con los vencidos: “¿De qué puede quejarse aquél que, en caso de haber sido él el vencedor, necesariamente habría de reconocer que hubiera sido incluso mucho más cruel conmigo?” (ibid.)


El abogado de la res publica como la ‘cosa nostra’ manipulada por el Senado, conocía al dedillo cuáles eran las más rigorosas penas decretadas por las leyes de quienes manejaban el tinglado: penas que incluso contemplaban la muerte de los hijos de quienes atentaran contra los intereses de esa república hecha a la medida de una clase pudiente.


Cicerón le recuerda a Bruto que esta clase de castigos pudiera, incluso, alcanzar a los sobrinos de éste, hijos de su hermana, casada con Lépido. Y Bruto, preocupado por esta advertencia, escribe a Cicerón: “Te ruego y te suplico, Cicerón, que tengas en cuenta la amistad que nos une y que, dando pruebas de tu benevolencia hacia mí, olvides que los hijos de mi hermana son hijos de Lépido y te hagas la cuenta de que yo he asumido el papel de padre para con ellos” (Ad Brut. 21.1)


En resumen, Cicerón pierde muchos puntos en mi apreciación, con esa postura política que le define dentro de la línea del totalitarismo que, veinte siglos después, habría de inspirar el franquismo.


Como político Cicerón me resulta, francamente, vituperable.
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* ellos o nosotros 

lunes, mayo 04, 2015

El dios del Ripalda

Los catecúmenos de la religión católica recibíamos desde niños nuestras primeras enseñanzas en aquel compendio, tan divulgado, de la doctrina cristiana que fue el catecismo Ripalda.
Era un prontuario de reglas y normas, adaptado a la mentalidad infantil, para ser fácilmente entendido y asimilado por el neófito, un manual adaptado ad usum delphini, como se suele decir de aquellos tratados apropiados a la inteligencia pueril. Todo sencillo, elemental, sin complicaciones. Todo fácil y simple. Los preceptos se agrupaban en números precisos. El número clave solía ser el 7. Así, 7 eran los pecados capitales (ni uno más ni uno menos) y 7 las virtudes opuestas a ellos. Las obras de misericordia son (eran) 14, a saber, 7 espirituales y 7 corporales. En cuanto a las otras virtudes a tener en cuenta, también sumaban 7, pues había que contabilizar las llamadas teologales, que eran 3, a saber, fe, esperanza y caridad y las cardinales, que eran 4: prudencia, justicia, fortaleza y templanza. 7 también era el número de los sacramentos de la Iglesia. En cuanto a los mandamientos de la Ley de Dios, son 10, pero, ojo, los 3 primeros referidos a Dios y los 7 restantes al prójimo, o sea, a nuestros semejantes. Claro que esos 10 mandamientos podían reducirse, o resumirse, en 2: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo. Decididamente el 7 era el número preferido por la doctrina cristiana.

Pero era en la definición de Dios en la que se reflejaba el modelo de la sociedad heril (amo/siervo) que regía para las cosas humanas. ¿Quién era (es) Dios para el neófito, o catecúmeno, de esta 'infantilizada' sociedad? Pues, por lo pronto, Dios es "un señor". Si se quiere, el Señor por antonomasia. Pero el comienzo de la definición arranca de una generalización de la palabra 'señor'. Claro que es 'un señor' muy especial, puesto que es "infinitamente bueno, sabio y poderoso, principio y fin de todas las cosas". Pero, en definitiva, "un señor" más, pese a su singularidad, que lo peralta sobre el resto de los señores. 

El concepto del  'dios' que nos ofrecía el Ripalda era un concepto pobre, paupérrimo, infantilizado y hasta caricaturesco, el concepto de Dios que se administraba a las mentalidades infantiles, a cuya hechura se adaptaba el popular catecismo.

La primera razón para justificar el agnosticismo y hasta el ateísmo práctico del adulto era el recuerdo de esa vieja definición ad usum delphini que comenzaba diciendo que Dios es "un señor".

martes, abril 28, 2015

GARLIC DESERVES HONOUR ("El ajo merece honores")


Aceuchal está orgulloso de su producto típico, por  más que éste haya sido menospreciado y hasta denostado por gente que se las da de fina y selecta. Aceuchal le ha levantado un monumento al ajero, probablemente el único que hay en toda España y fuera de ella. Y esto prueba la singularidad del talento piporro, que se ha pretendido denigrar en alguna ocasión por algún presunto sabio de pacotilla o de 'guardarropía'. Conozco personalmente algún que otro caso. Celebro, por esto, que en el periódico HOY, correspondiente al día de la fecha, su colaborador habitual J.R. Alonso de la Torre, que aparece en la última página de este diario, se refiera elogiosamente al típico producto local de mi pueblo y escriba, entre otras cosas, lo siguiente: "El ajo castaño de Aceuchal, de los piporros, sabe mucho pero no se repite"... Al contrario del ajo al que se refiere cierto detractor, que 'sabe poco, pero se repite mucho'. En una entrada antigua de este mismo  blog  ya incluí el monumento piporro al ajero y dibujé, junto a su boca, en actitud de pregonar su mercancía, un 'bocadillo' de TBO, con la palabra 'ojalá'. Leída al revés, esta palabra remeda el pregón del ajero: ¡Al ajo! El aludido detractor 'repetía' el pregón, al revés, hasta ocho veces en su insulsa cuchufleta.

Que Dios lo haya perdonado, que, por mi parte, yo ya lo perdoné.

jueves, abril 23, 2015

EL DOCTOR PEDRO RECIO DE TIRTEAFUERA

Una considerable porción del contenido de la 2ª parte del Quijote la ocupa la narración de las burletas que organizaba el ingenioso y malévolo mayordomo de los duques a costa de los ocasionales huéspedes de éstos Don Quijote y Sancho, su fiel escudero. Toda la servidumbre de palacio participaba como comparsa en las burlas y reía a costa de la 'chifladura' de los famosos andariegos, cuyas aventuras 'andaban' ya impresas en libro, como 'tesoro de contento y mina de pasatiempos' de los desocupados lectores.

El doctor Pedro Recio de Tirteafuera era el supuesto médico encargado de velar por la salud de Sancho, cuando éste accedió a su puesto de gobernador de la ínsula Barataria. Fingía el falso médico velar por la salud de Sancho, pero lo que en realidad hacía era matarlo de hambre. El procedimiento no podía ser más refinado, en lo que tenía de tortura, con el pretexto de vigilar la salud del mandatario. Consistía en excitar su apetito, poniéndole a la vista los platos más suculentos, para retirárselos enseguida, con la excusa de que podían ser perjudiciales para su salud. Así, el apetitoso plato de perdices, le fue retirado, apelando a la autoridad de Hipócrates, el célebre médico de la antigüedad, que supuestamente había dicho lo de "omnis saturatio mala, perdicis autem pessima" (toda hartura es mala, pero la de perdiz es malísima)
Falso, radicalmente falso. Primero, porque Hipócrates no hablaba latín, sino griego. Y, segundo, porque el pobre Sancho no aspiraba a darse un atracón, sino que sólo pretendía alimentarse.

En fin, observen el acierto con el que el dibujante (Doré en este caso) ha caracterizado el severo semblante de Tirteafuera, tieso e intransigente. Todo un retrato psicológico. A tal ingenio como el de Cervantes, le venía al pelo la maestría de un ilustrador de la categoría de Gustavo Doré.

miércoles, abril 22, 2015

DORÉ, EL MEJOR ILUSTRADOR DE EL QUIJOTE


Cuando yo era alumno del Seminario de Badajoz tenía entre mis hobbies el de dibujar. Ejecutaba en fieles copias las ilustraciones de mis dibujantes predilectos, como por ejemplo, Gustavo Doré, posiblemente el mejor de los ilustradores de El Quijote. Aún conservo algunos dibujos de aquella época y hoy, a propósito de celebrarse el Día del Libro y aniversario 399 de la muerte de Cervantes (Francisco Rico nos ha recordado muy recientemente que Cervantes murió el 22 de abril de 1616 y que el día del sepelio fue el día después) En recuerdo de la efemérides y de mi antiguo hobby, reproduzco aquí una de las muchas copias que hice de aquellas ilustraciones de Doré. Se trata de la que representa al caballero de la Mancha auxiliando a su fiel escudero Sancho en el trance del efecto vomitivo que le ocasionó el llamado 'bálsamo de Fierabrás'. Don Quijote socorre a Sancho en el angustioso trance.
La reproducción prescinde de detalles superfluos para quedarse con la esencia de lo que Doré quiso representar. Pueden leerse las palabras 'Gustavo Doré', 'Juan García', 'Reproducción', 'Seminario'... Data, pues, como muy tarde, de junio de 1952. Yo abandoné el Seminario en las vacaciones del verano de ese año.


lunes, abril 20, 2015

SOBRE LA EVENTUALIDAD DE MORIR DEFECANDO


 Recuerdo, de mis tiempos del Seminario, que un día, en la clase de Don José Rodríguez Cruz, el docto profesor villafranqueño, quizás hablando sobre la imprevisibilidad de la muerte, citó un viejo dicho latino que yo nunca había oído hasta entonces. Era el de alius perit cacando ('otro murió mientras defecaba') La frase quedó grabada en mi memoria, quizás por lo insólito de esa eventualidad. Muchos años después, cuando yo me ocupaba en traducir del latín el poema del holandés Enrique Cock describiendo los pueblos de Zafra y las demás villas del Ducado, me encontré citada en este poema la ciudad de Zamora (Sentica, v. 202) Con ocasión de traducir el referido poema, leí otras composiciones del latinista holandés dedicadas a describir otras ciudades de España, por ejemplo, Madrid y Toledo. En un pasaje de este último poema encontré una nueva mención de la ciudad de Zamora en cierto pasaje del texto en el que se menciona las circunstancias de la muerte de Sancho II el Fuerte. Se trata de los versos 187-190 que traduzco aquí a continuación: "Entre tanto, el rey Sancho se levanta en armas contra su hermana Urraca, junto a la ilustre ciudad de nombre Zamora, a la que ciñe el río Duero con sus vórtices y cascadas, y es asesinado, cuando, desarmado, estaba evacuando su vientre".*
Tenemos, pues, un ejemplo histórico en la persona de Sancho II el Fuerte, al que le aconteció morir a manos del traidor Vellido Dolfos, aprovechando éste que el rey estaba desarmado haciendo sus necesidades. ¡Pobre Don Sancho! Si en vez de castellano hubiera sido catalán, sus paisanos lo habrían inmortalizado como el más ilustre de los caganers.
___ 
* Interea Vrracae rex Sanctius arma sorori 
iuxta urbem movet egregiam cui Sentica nomen,
quam cingit rapidis et gurgite Durius undis,
cum ventrem exonerando suum mactatur inermis 
(Toleti urbis regiae heroica descriptio (vv. 187-90) 

martes, abril 14, 2015

ZAFRA TIENE YA UNA CALLE DEDICADA A ENRIQUE COCK

 Hasta ayer no me percaté de este detalle. Venía de ver a mi nietecita  ('la niña de mis ojos') y, de regreso, decidí tomar la dirección Oeste, más bañada por el sol del atardecer. Torcí finalmente hacia el N. y enfilé la calle Severiana Fernández que ha crecido en un nuevo barrio de edificaciones que sobrepasa los cien números. A la altura del número 102, giré la vista hacia una calle que desemboca en la dedicada a doña Severiana y vi, no sin sorpresa, que la calle ostentaba en la esquina el nombre de Enrique Cock. Una agradable sorpresa, sin duda, que me  producía satisfacción, al comprobar que, por fin, Zafra se mostraba agradecida con el autor holandés que escribió un poema en el que se describía en elegantes hexámetros latinos nuestra ciudad y los demás pueblos pertenecientes al Ducado de Feria. Poema que fue dedicado al segundo de los duques de Feria, Don Lorenzo IV Suárez de Figueroa. Las fechas en las que se compuso este poema, conservado en un manuscrito de la Biblioteca Nacional, fueron las que van del 25 de agosto de 1580 (derrota de los portugueses, que ya se menciona en el verso 33 del poema) al 14 de diciembre de 1581, que es la de la carta de Cock al Duque pidiéndole subvención para publicar el poema. Ambas fechas figuran como términos, respectivamente, post quem y ante quem, indicativos de que en ese intervalo hay que situar cronológicamente la composición del poema, sin tomar en consideración otros datos de muy incierta validez, tales como la supuesta alusión al poeta Cristóbal de Mesa y su publicación del poema Las Navas de Tolosa (1594) en el que se celebraban las glorias de la familia de los Suárez de Figueroa. El hecho de que en cierto pasaje del poema se aluda a una mesa (con minúscula) entre los enseres y lujos de la casa del duque, no nos da pie a deducir que se trata del poeta de ese nombre. Ese mueble, según podemos leer en versos posteriores, había sido labrado por insignes artesanos,(artificum magnorum insculpta labore) (v. 121) y en él se representaban diversas hazañas del César por antonomasia del siglo XVI, Carlos V. Nada nos autoriza a ver una alusión velada (¿por qué tendría que velarse?) al poeta Cristóbal de Mesa. Y, menos, interpretar que la palabra 'argentum' sea una inequívoca alusión a Pedro de Valencia.
Hoy sabemos muchas más cosas sobre la biografía de Enrique Cock gracias a la reciente publicación de su Epistolario, que ha sido objeto de una tesis doctoral presentada en la Universidad de Cádiz por el profesor Don Antonio Sánchez González. Tesis dirigida por los profesores Drs. Don Juan Gil Fernández y Don José Mª Maestre Maestre, catedráticos, respectivamente, de la Universidad de Sevilla y de Cádiz. Una tesis magníficamente documentada que mereció la máxima calificación.
Enrique Cock, el holandés que cantó a Zafra, tiene ya el merecido honor, después de tantos años, de que su nombre figure en el callejero zafrense. Ya era hora de que alguien tuviera la plausible idea (felicitamos a quien la propuso y al Ayuntamiento que la aprobó) de recompensar de esta forma los servicios que nuestro ilustre visitante prestó a esta ciudad, cuya fama acrecentó fuera de nuestras fronteras, gracias a ese idioma universal que, en aquella época, era el más conocido y utilizado por la Europa culta.  
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NOTA: El Sr. Secretario del Ayuntamiento de Zafra me informa, a requerimiento mío, de que la denominación  de la citada calle y de otras más, correspondientes a nuevas edificaciones de la ciudad, se tomó por el Consejo de Gobierno del citado Ayuntamiento con fecha de abril del año 2000. Es decir, este mes se cumplen 15 años de la existencia de la calle Enrique Cock, de la que yo no tenía noticia alguna de su existencia hasta ayer mismo.

martes, abril 07, 2015

LAS DOS ALTERNATIVAS QUE PARA SÓCRATES PODÍA SER LA MUERTE


Δυοῖν γὰρ θάτερον ἐστιν τὸ τεθνάναι· (Plat. Apol. Socr. 41.e.1)

En la parte final de La defensa de Sócrates, en la que Platón reproduce los discursos que el maestro hizo en su propia defensa, reflexiona Sócrates acerca de la doble alternativa que, según él, puede ser la muerte: "La muerte puede ser una de estas dos cosas: o bien la ausencia total de sensaciones, como la de un sueño profundo en el que nada se sueña, en el que la eternidad sería como 'una sola noche' (mía nyx) La otra alternativa es que, como también suele creerse, la muerte viniera a ser como un traslado o cambio de residencia de este mundo a otro, el mundo del alma, a donde van a parar quienes amaron la justicia y la verdad y la belleza: los artistas, los poetas, la buena gente, en general. En cualquiera de las dos hipótesis la muerte no es un mal. De modo que el sabio debe afrontarla con ánimo alegre. Sócrates muere con la conciencia tranquila de aquel que cree que ha cumplido con su deber.

De la muerte como sueño profundo nos hablan los poetas. Deseándola incluso, como supremo y definitivo descanso. Así Bécquer:
                             ¡Cuándo podré dormir con ese sueño
                               en que acaba el soñar!  (Rima XLVIII)
                 

En ese mismo profundo sueño piensa Manuel Machado cuando, en su poemita titulado "Morir, dormir" escribe: 

                              - Hijo, para descansar
                                es necesario dormir:
                                no pensar,
                                no sentir,
                                no soñar.

                            - Madre, para descansar
                              morir.                                                       
                             

Pero, en la otra alternativa, de las dos que nos habla Sócrates, en la que el alma emigra al reino de la justicia, la verdad y la belleza, también la muerte promete ser un bien, el mayor bien. Imagina Sócrates que en ese mundo donde reina la justicia, la belleza y la verdad, podrá reunirse con poetas como Homero y Hesíodo, y con jueces justos, tales como Eaco, Minos y Radamanto. Jueces que de verdad practican y ejercen la justicia; no como los de esta vida, que no siempre son justos y condenan injustamente, como puede verse en el caso de Sócrates.

 Así que, ya sea para ir al cielo que les espera a los que obraron el bien, o para caer en la nada, la muerte no debe asustarnos en ningún caso.Nuestro querido paisano, el poeta extremeño Luis Álvarez Lencero, en su libro Tierra dormida, escrito bajo la fuerte impresión que le causó la muerte de su amigo el poeta Manuel de Monterrey, nos dice en un poema, encabezado por unos versos de Antonio Machado (Yo, para todo viaje, / siempre sobre la madera / de mi vagón de tercera / voy ligero de equipaje")

                              Cualquier día nos iremos                       
                              donde nadie quiere ir:
                              todos hemos de partir
                              y nunca regresaremos.
                              Por más que desesperemos
                              en la vía esperará
                              el tren que nos llevará
                              en un vagón de tercera,
                             o en segunda, o en primera,
                             ¡Qué más da!

                              Cuando la campana dé
                              la hora de la salida
                              no habrá retraso que impida
                              abandonar el andén.
                              En punto saldrá ese tren
                              que no deja de silbar
                              y en la estación quedará
                              nuestra piel arrinconada
                              para soñar con la nada.
                             ¡Qué más da!

     
                             Desnudos nos han parido                     
                              y nos iremos desnudos.
                             ¡Para qué con tantos nudos
                              nos atan el apellido!
                              La soledad y el olvido
                              son puertas de par en par
                              por las que hemos de entrar
                              a ser pasto del gusano.
                              Sea más tarde o más temprano,
                              ¡Qué más da!

                              El título de viajero             
                              ya nos lo dan al nacer,
                              nadie se queda sin él,
                              no se compra con dinero.
                              Ni al rico ni al pordiosero
                              billetes les cobrarán:
                              todos pagan por igual
                              en este largo viaje.
                              Y no hace falta equipaje...
                              ¡Qué más da!

miércoles, marzo 18, 2015

LA NIÑA DE MIS OJOS


"Por una sonrisa un cielo" (Bécquer, Rima XXIII) 

Bécquer ofrecía a cambio de una mirada de su chica predilecta un mundo y, por una sonrisa, un cielo. La niña de mis ojos, María, nos da aquí además de su mirada, su sonrisa. Y no hay que pagarle con un 'cielo' porque el cielo es ella misma, con su infantil inocencia y su gracia. Lo del beso no se oferta aquí, pues no se trata del amor erótico cuya finalidad es siempre interesada. El beso se lo doy yo, que ya me siento suficientemente compensado por su mirada y su sonrisa. Que Dios te guarde, mi querida niña, y a tus padres para que te críen con salud y llegues a ser la linda y guapa moza que prometes ser. Y que ninguna pesadumbre empañe esa inocente sonrisa que nos reconcilia con la vida y nos anima a seguir en ella.
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NOTA: Excusado es decir que se trata de mi nieta
                                                    

domingo, febrero 08, 2015

EVOCANDO AL PROFESOR SENABRE

En la fotografía adjunta aparecemos, de izquierda a derecha, el autor de este blog, de pie, leyendo probablemente su comunicación a este 5º Congreso de Escritores Extremeños.
Presidiendo la mesa aparece el profesor Don Ricardo Senabre y, a su izquierda, el escritor de Nogales, José Antonio Ramírez Lozano.
El congreso tuvo lugar en el Hotel Huerta Honda de Zafra, del 26 al 28 de mayo de 1989. He encontrado entre mis papeles la foto y me ha parecido oportuno reproducirla en esta entrada, a propósito de la reciente noticia del fallecimiento, el pasado jueves, de uno de los más prestigiosos docentes que han pasado por la Universidad de Extremadura. Tuve el honor de relacionarme con él epistolarmente durante algún tiempo y de que me obsequiase con algunas de sus publicaciones, como su librito Tres estudios sobre Fray Luis de León, en ejemplar dedicado que conservo.

Entre sus cartas, que guardo con aprecio, he seleccionado una en la que me agradece el envío de un ejemplar de la 1ª edición de mi libro De la Vida a la Teoría. A propósito de mi ensayo,"La hombría como virtud en Miguel Hernández y en Luis Álvarez Lencero", presentado en el aludido congreso y recogido después en este libro, me comenta con naturalidad, elogiosamente, el libro de Marcela López Hernández (sin mencionar en ningún momento la relación familiar que le une a ella) sobre El vocabulario de la obra poética de Miguel Hernández. Conozco el libro y reconozco su enorme importancia y utilidad para desentrañar las claves de Perito en lunas, libro ciertamente de difícil comprensión, si no conocemos previamente esas claves.  A propósito de mi ensayo, citado más arriba, sobre el oriolano y el extremeño, recuerda la octava IV de Perito ("Por el lugar mejor de tu persona / donde capullo tórnase la seda...") Y dice: "El 'lugar mejor' de quien se caracteriza por su valor y su hombría reside, claro, en los genitales, donde capullo tórnase la seda, (de la taleguilla), jugando con otro sentido de 'capullo' e invirtiendo el proceso natural del capullo a la seda".

He querido recordar aquí, en honor del maestro desaparecido, su ameno comentario del texto hernandiano. Descanse en paz.

lunes, enero 19, 2015

DE CUANDO SAN AUDITO MÁRTIR DIJO AQUELLO DE “ME VAN A OIR”

Esta mañana me eché de la cama con el propósito de poner en claro algunas ideas que comenzaban a bullir en mi mente sobre la posibilidad de escribir algo acerca del tema que da título a este artículo. Veremos si puedo decir algo interesante sobre el particular, partiendo del nombre del santo; nombre que, como puede apreciarse a simple vista, es la completa antítesis de lo ‘inaudito’. Porque es el caso que, casi a raíz del comienzo de la Edad Moderna, el nombre de este santo cayó en el olvido, hasta el punto de ser descatalogado de los modernos santorales. Gracias a que nuestro paisano de Fregenal, el ilustre Arias Montano, se le ocurrió mencionarlo en una oda sáfica en Latín, se ha vuelto a ‘oír’ de San Audito, a rescatarlo del olvido. En mi opinión, modesta por supuesto, deberíamos incluso proponerlo para un patronazgo. Muchos santos pueden estar orgullosos de ser patronos de algo. Así San Huberto, o San Humberto (si mal no recuerdo) es el patrón de los cazadores; Santa Cecilia, de los músicos, San Antón (cuya fiesta celebrábamos ayer mismo) es algo así como el jefe celestial de la Sociedad Protectora de Animales: la gente le encomienda sus animales de compañía, sus ‘mascotas’, para que los bendiga y proteja.

¿Y San Audito? En mi personal experiencia, San Audito debería postularse para patrón de los indocumentados. A su protección y amparo debemos acogernos cuando vayamos a emprender cualquier investigación, ya sea filológica o de otro tipo. La primera obligación de los devotos de este santo es la de procurarse información, por supuesto, veraz. Porque no toda información lo es. Un ejemplo a seguir nos lo ha dado al respecto, no hace muchos años, el ilustre catedrático de la Universidad de Cádiz, Dr. José Mª Maestre. Desde comienzos del pasado siglo, cuando en 1910 el P. Mariano Gutiérrez Cabezón editó el poema en estrofas sáficas latinas descubierto por él en un manuscrito de la Biblioteca de El Escorial (poema que él tituló ‘De incolumitate fontis Ariae Montani’) se venía dando por supuesto que la fuente a la que se refería el poema no era otra que la llamada fuente de la Peña de Alájar, o fuente de Arias Montano. ¿Qué otra fuente podía ser? No podía ser más que la conocidísima fuente de la Peña de Arias Montano. Suposición ciertamente lógica, pero gratuita. Sólo que hubo un investigador concienzudo, el ya citado profesor Maestre, que intentó averiguar, desde el primer momento de su investigación, quién era San Audito.

Y siguiendo esa pista llegó a su conclusión, tan palmaria como ‘inaudita’, de que la que se había creído hasta entonces la fuente destinataria de la oda montaniana, no era la que está en la Peña de Alájar, sino otra, que estuvo localizada en los terrenos del antiguo monasterio de Santoid, o San Audito, cerca de Buitrago (Guadalajara).

Cayó el mito de que la celebrada oda de Montano se refería a la fuente de la Peña de Alájar. Fue una lluviosa tarde del 18 de octubre de 2001 en la ermita de la Peña de Arias Montano, dedicada a Ntra. Señora de los Ángeles.

La fuente de la Peña fue desposeída de su más honorífico, aunque falso, título: el de haber sido celebrada por su más ilustre propietario.

Estábamos en un error quienes habíamos supuesto, gratuitamente, que la fuente cantada en la oda era la de la Peña de Alájar. Desde Gutiérrez Cabezón, pasando por Mora Mantero, José Andrés Vázquez, Agustín de Foxá * , Florentino Pérez Embid, y muchos otros más, hasta llegar a este humilde servidor de ustedes.

A todos nos había castigado el santo por el olvido en que lo teníamos, pese a la expresa mención que de él había hecho Montano en su oda. Era un olvido verdaderamente imperdonable que, en este caso, equivalía a cambiarle su nombre por el de su antónimo: lo inaudito. A todos aquellos descuidados investigadores que no le habíamos prestado atención, parecía decirnos, un tanto socarronamente, el santo:

- ¡Pues me vais a oír!
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* Ver A. de Foxá, OBRAS COMPLETAS, t. II, “Artículos y Ensayos”, Edit. Prensa Española, 1971) (artículo titulado “Por la sierra de Aracena”, publicado en ABC de Madrid, 10-11-1945)

jueves, diciembre 25, 2014

NUEVAS REFLEXIONES SOBRE LA FUENTE DE ARIAS MONTANO

Ya he contado aquí en otra ocasión (11-7-2010) a cuál de las dos fuentes de Arias Montano me refiero, la de Buitrago del Lozoya, en Madrid, o la de Aracena, junto a la llamada Peña de Arias Montano, en la sierra de Huelva. Siempre se creyó que las estrofas sáficas latinas que el biblista de Fregenal compuso se referían a esta última fuente. Hubo que padecer algunas equivocaciones, tanto en la adecuada transcripción del poema montaniano, como en la gratuita suposición de que la celebrada fuente era la de la Peña de Aracena.

Hasta que el doctor Don José María Maestre y, posiblemente, su maestro Don Juan Gil, tomaron cartas en el asunto y se pudieron aclarar, por fin, los varios enigmas que encerraba la oda “ Pro incolumitate fontis Ariae Montani”.

El primero fue el de recuperar para el santoral el nombre de un santo descatalogado que figura en la segunda estrofa de la oda. Se trata de San Audito, santo del que “numquam audivimus” (o sea, más bien, San Inaudito). Este santo tuvo su correspondiente monasterio, durante la época medieval, en Buitrago, en la provincia de Madrid. Cuando ya sus frailes se aburrieron y se marcharon de allí, el edificio fue adquirido por el Cardenal Cisneros, para utilizarlo como residencia de verano de los estudiantes de Alcalá. Un Montano bastante joven residió allí como estudiante y durante ese tiempo, aprovechando los ratos libres, pudo excavar una fuente y componer unos versos en latín, pidiéndole a la Virgen protección para esa fuente, que él mismo había cavado con la ayuda de un azadón.

Una vez puesta en funcionamiento la fuente, nada mejor que dedicársela a la Virgen, con el propósito de ponerla bajo su protección:

Cuida tú, Virgen, de mi amada fuente 
que, hace poco, mis manos excavaron
de la gravosa azada con el duro
diente de bronce.

La estrofa siguiente presentaba un problema de transcripción en la primera palabra del verso 4º, el adónico. Quienes habíamos antes tropezado en ella leíamos un presunto “lúgier”, que, según las trazas, podría ser la forma pasiva del infinitivo activo de un posible “lugĕre”. La solución no era satisfactoria, puesto que el verbo latino “lugēre” pertenece a la segunda conjugación y su infinitivo presente pasivo, en la forma correcta, sería “lugerier”. Pero, claro, esta forma no encajaba métricamente en el adónico. Y pese a la muy improbable existencia de una forma ‘alotrópica’, no atestiguada por lo demás en los autores clásicos, de un verbo “lugĕre”, de la 3ª, dimos por hecho que el tal verbo pudo existir en la imaginación de Montano, como un sustitutivo de “lugēre”. Pero la verdad es que no se trataba de la manida metáfora de que “las fuentes lloran”. Antes de que el profesor Maestre nos sacara de nuestro despiste, los que habíamos leído “lúgier” no habíamos reparado que el presunto acento prosódico (inexistente en latín) no era más que el llamado ‘signo de nasalidad’ (que sustituye a la ‘n’ o la ‘m’ en la grafía medieval y renacentista de estas letras) y que lo que habíamos tomado por una ‘l’ no era otra cosa que la llamada ‘i’ longa. En resumen, que en vez de ‘lúgier’, lo que allí debía leerse era ‘iungier’. Y, siendo esto así, no se trataba de ninguna especie de llanto por parte de la presuntamente llorosa fuente. Sencillamente, era que el agua de la poza sobre la que cae el chorro que mana, quiere que continúe esta unión incesante entre el uno y la otra:

Mira, fluyendo de la roca viva, 
precipitarse, trémulas, sus ondas;
y el líquido del fondo cómo quiere u-
nirse al que cae.

Esta segunda traducción, por mi parte, se permitía esa especie de cabriola métrica que consiste en hacer una sinalefa entre el sáfico y el adónico siguiente, floritura de la que hay suficientes ejemplos en los poetas que cultivan el verso eólico: ... - Iove non probante u- / xorius amnis (Hor. C.2.19); o, simplemente, partir una palabra en sílabas que corresponden al sáfico y al adónico siguiente: ... neque purpura ve-/ nale nec auro (ibi. 2.16) Finalmente, un verso dudoso de Catulo (11.11):

... Gallicum Rhenum† horribilesqueulti-
mosque Britannos.

Por último, la estrofa 8ª presentaba la dificultad de interpretar correctamente la forma “crepet”, del verbo de la 1ª “crepare”. Ninguno de los traductores hasta ese momento habíamos logrado interpretar ese “ruido” que debería asustar a las culebras o serpientes venenosas cuando se acercaran a la fuente, el ruido que debería ahuyentarlas del lugar. “Crepare” es el ruido que hace algo al estallar, por ejemplo, un globo elástico, una vejiga (vesica displodens) . Si la primera culebra que se aproxima a la fuente estalla o revienta, como un triquitraque, las otras que merodeen por el lugar se espantarán y se alejarán para siempre.
Este es el sentido del verbo “crepare” (que también puede referirse al ruido de la ventosidad). Yo traduje, cautelosamente, el “crepet” por “un crujido suene”, sin determinar el origen de ese presunto “crujido”. Se trataba del ruido que podría producirse al reventar la propia culebra, antes de tocar las aguas protegidas por la divinidad.

Se me ocurre que si a Montano le hubiera dado por redactar su verso de otro modo, por ejemplo, este:
                       impetat lymphas pereat crepando

donde “crepet” se puede interpretar por “rumpatur” (es decir, ‘perezca estallando’)la cosa hubiera sido más fácil de entender. La construcción sería métricamente correcta y además, semejante a otra que se da en una estrofa anterior (“tegat inminendo”, v. 23)

En fin, todo esto es, naturalmente, “a toro pasado”. Lo cierto es que hasta que salió a la luz el magistral estudio de Maestre (en una memorable jornada celebrada en la Peña, donde tuvo lugar su brillante exposición) no se aclararon, de una vez por todas, las interpretaciones, no del todo correctas, de la oda montaniana.

Desde aquel día ya no existe la menor sombra de duda sobre la correcta transcripción e interpretación de la oda “Pro incolumitate mei fontis" (Por la preservación de mi fuente) Mía, decía Montano, porque la había excavado él, pero menos suya que la de la Peña de Aracena, porque ésta formaba parte de una finca de su propiedad. Esta fuente era verdaderamente suya, porque la finca donde se encuentra la había comprado él.
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NOTA: El estudio del profesor Dr. José Mª Maestre se publicó en las Actas que llevan por título BENITO ARIAS MONTANO Y LOS HUMANISTAS DE SU TIEMPO (Mérida, 2006) vol. I, pp. 413-476)

sábado, diciembre 13, 2014

DEL HOMO SAPIENS AL HOMO ECOLOGICVS

El siglo XVIII en Europa se caracteriza por ser el siglo de los naturalistas. En él alcanza su máximo apogeo el estudio y clasificación de las especies zoológicas y botánicas, que se verá incrementado en el siglo siguiente por otros ilustres naturalistas como Cuvier y, sobre todo, Darwin. Pero los fundamentos de las ciencias biológicas tienen lugar en el siglo anterior, con figuras como Linneo y Buffon. Se acomete la ingente tarea de clasificar las especies animales y vegetales; entre las primeras, la especie humana, a la que el naturalista Linneo asigna, en 1758, el distintivo de “homo sapiens”. La honrosa calificación es, desde entonces, aplicable a todo “bípedo implume”, tanto si es verdaderamente sabio como si es un vulgar zote o marmolillo.

Pero el pretendido “homo sapiens” (cosa que no parecieron sospechar los bienintencionados naturalistas dieciochescos) comenzó a convertirse en el gran depredador de la Naturaleza, considerada ésta como abastecedora (despensa) a la vez que habitáculo y residencia de la especie dominante.



El “homo sapiens” ha venido a ser, con el tiempo, el más formidable obstáculo para la conservación de la biosfera. Su ‘sabiduría’ le está sirviendo ahora para tomar conciencia de que el deterioro que a escala mundial está sufriendo el planeta está siendo causado, principalmente, por la nefasta influencia que él ejerce sobre el llamado medio ambiente. El cambio climático es uno de los efectos más perceptibles que tenemos a la vista y cuyas consecuencias no auguran nada bueno. Se advierten sus efectos en todas las latitudes del globo terráqueo: el hielo de los polos se derrite y la fauna que antes se desenvolvía bien en este medio ahora lo hace cada vez con mayor dificultad.



Disminuye la masa arbórea, principal suministradora del oxígeno necesario para la vida, impidiendo el conveniente intercambio del dióxido de carbono facilitado por la función clorofílica; se trastorna y se desequilibra este intercambio con el desproporcionado crecimiento de las combustiones: el mundo está “que arde”, literalmente. Combustiones por tierra, mar y aire, que aceleran el llamado “efecto invernadero”.



Con el invento del fuego, el hombre antiguo tuvo ya el pálpito de que había cometido una transgresión. Prometeo, el favorecedor de la Humanidad, con el robo del fuego traído del cielo, se convirtió en un potencial enemigo de la misma. Y como tal fue castigado a ser encadenado a una roca y a que un buitre le picotease el hígado que, constantemente, se le regenera. Admitamos, pese a todo, que Prometeo fue un bienintencionado y que quiso hacerle un favor a la Humanidad. Quizás el logro prometeico no hubiera sido tan funesto, si el hombre hubiera aprendido antes a utilizar la energía no contaminante: la solar, la eólica, la hidráulica. La utilización de los combustibles fósiles ha resultado ser la más perjudicial para la biosfera. Y ese avance hacia la creciente degradación ambiental está poniendo en entredicho el título que le hacía acreedor al más relevante puesto en la escala zoológica. El “homo sapiens” se viene haciendo merecedor últimamente a ser desposeído de ese título para ser degradado a la categoría de “homo insipiens”. *



Para recuperar su antiguo prestigio en la escala zoológica, para librarse de esa connotación que se ha ido ganando a pulso con su actuación necia y suicida, el hombre tiene que reconciliarse con la Naturaleza y convertirse en una nueva especie regenerada; adoptando y poniendo al día los saludables preceptos que descubrió en sus etapas de mayor lucidez, cuando intuyó que la más adecuada manera de consolidar su sabiduría era la de “vivir en armonía con la Naturaleza”, según el viejo precepto de Zenón que nos ha conservado Diógenes Laercio en sus Vidas de los filósofos: “Fue Zenón quien primero dijo, en su Sobre la naturaleza del hombre, que el objeto principal de la sabiduría es el de vivir de acuerdo con la Naturaleza”**



Este ideal es el que puede llevarle a recuperar la antigua dignidad perdida de “homo sapiens”. Cuando logre esa armonía con la Naturaleza, tras haberse reconciliado con ella, el hombre será acreedor a estrenar su nuevo título en la nomenclatura zoológica: el de “homo ecologicus” y, con él, habrá recuperado su antigua dignidad de “homo sapiens”.
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*Ver "Homo insipiens", HOY, 1-6-92 (recogido en ARTÍCULOS DE AYER Y DE HOY, pp. 28-29, autoed. (2014)
** Ver Dióg. Laert. Vita Phil. (7.88.2):(vivir conforme a la Naturaleza) (τὸ  ὰκολούθως  τῇ  φύσει  ζῆν)