domingo, diciembre 20, 2009

LA ESPINA DE LOS ROSALES

El escritor Manuel Vicent publica hoy en EL PAÍS, en su columna dominical, un artículo con el título de “Niebla”, que puede consultarse www.elpais.com/articulo/ultima/Niebla/elpepuopi/20091220elpepiult_2/Tes en el que relata una anécdota de la que fue testigo en su época de estudiante en la Facultad de Derecho de Granada. El nombre de García Lorca era entonces tabú todavía en esa ciudad. No tan tabú, si la referencia al poeta era para ir contra sus méritos literarios a cuenta de su homosexualidad. Lo que cuenta Vicent es el caso de uno de los hermanos Rosales, José, más conocido por Pepiniqui, quien se dejaba caer por las tascas, siempre bien trajeado pero, a menudo, achispado y un sí es no es etílico, y pidiendo en voz alta perdón a Federico: in vino veritas. La beodez dejaba hablar libremente a su conciencia y ésta se convertía en delatora del delito latente: era la venganza de las Erinias, las Furias atormentadoras. Los cargos de conciencia referidos a la muerte de Lorca debieron de ser las espinas de los Rosales. Ya veíamos, hace unos días ("La fosa de García Lorca") la referencia a otro escrito, aparecido días atrás en el mencionado diario, cómo la hija de Ruiz Alonso, Emma Penella, contó haberle oído decir a su padre que quien reveló a éste dónde estaba Lorca escondido fue otro de los Rosales, de nombre Miguel. No sabemos si éste también experimentaría los mismos cargos de conciencia que su hermano. En todo caso, por una razón u otra, parece que la muerte de Lorca fue la espina que durante su vida atormentó a la familia de los Rosales. Hubo, posiblemente, transacciones y paripés, con tal de guardar las apariencias.

Viene, en ese mismo número de EL PAÍS, copia de la partida de defunción del poeta. Y la muletilla de siempre, cuando se trataba de ocultar los crímenes de estas ejecuciones: "murió a consecuencia de heridas recibidas en hechos de guerra" (la cursiva es nuestra). La susodicha muletilla nos es familiar por cuanto en la partida de defunción (asentada en el Juzgado de Aceuchal) hacia 1942 y que tuvo que presentar mi madre para solicitar una mísera pensión de viudedad, decía poco más o menos: "fallecido a consecuencia de la pasada guerra". La guerra era la tapadera de los asesinatos con los que la derecha se fue deshaciendo de sus enemigos políticos.

martes, diciembre 15, 2009

LARREY, CARICATURISTA DE LEY

No sé si voy a descubrir el Mediterráneo si digo que José Larrey, el humorista gráfico habitual de nuestro diario regional HOY, además de dibujante de monigotes impersonales, es un formidable caricaturista, capaz de realizar síntesis fisonómicas que encierran, en unos pocos trazos, las facciones que nos hacen reconocer a una persona en sus rasgos fisonómicos esenciales. Esta habilidad se hizo patente a sus convecinos de Usagre en la exposición de caricaturas de personajes típicos del pueblo, pero se puede comprobar a diario en la representación de rostros conocidos de la política u otras actividades que suelen implicar cierta popularidad en los que las ejercen. Voy a reproducir (si me lo permiten el autor, amigo, y el diario que suelo leer a diario) la que hoy se publica en la página 24 correspondiente al día de la fecha en el mencionado periódico. Son perfectamente identificables los personajes que en la actualidad lideran, respectivamente, las agrupaciones sindicales que se denominan CCOO y UGT, Fernández Toxo y Cándido Méndez.
Como yo practico también la caricatura, si bien no con la habilidad y el dominio con que me gustaría hacerlo, creo estar en condiciones de calibrar estas extraordinarias aptitudes para hacer síntesis fisonómicas que demuestra nuestro popular colaborador del HOY. Mi presunta aptitud para la caricatura es, más bien, fruto del subconsciente, pero no algo que pueda dominar y dirigir a mi arbitrio. De pronto, sin que haya un propósito explícito, brota del lápiz una fisonomía que estaba siendo tratada de forma subliminal por el subconsciente. No me lo propuse: salió por sí sola la síntesis. Sólo recuerdo haber logrado una vez una caricatura por encargo. Los rasgos decantan por sí solos, sin que medie la voluntad, y sólo a partir de ese alumbramiento involuntario (o sólo subconscientemente voluntario) podemos hacernos con la fórmula fisonómica de ese rostro. Otro día pondré algunos ejemplos de esta imprevisible manera de actuar el subconsciente.

LA CRUZ Y EL LÁBARO

"Detrás de la cruz está el diablo", ilustración por Apeles Mestres

La consigna “Por Dios y por España” está herrumbrosa, orinienta y, sobre todo, manchada de sangre. Si yo la saco ahora a relucir aquí es para delatar la enorme estafa, religiosa y patriótica, con la que defraudaron paritariamente a la Religión y a la Patria quienes la enarbolaron como consigna para defender no unos intereses comunes, patrióticos y/o religiosos, sino unos intereses propios, de partido o de bandería.
La derecha vio una inmejorable oportunidad de abortar un movimiento que trataba de subvertir, por injusto e insolidario, el statu quo social (antisocial, más bien) basado en la propiedad abusiva de los medios de produción y en la explotación sistemática del económicamente débil.
A la Falange se la utilizó como ‘tonto útil’, como idealista ‘compañero de viaje’ al que había que cortar las alas tan pronto como se consiguiera parar la marea socialista. Inmovilizado en la cárcel José Antonio, aislado, no se movió un dedo para salvarlo. La Falange de José Antonio fue la gran defraudada. Por eso lo de la Falange Auténtica (a buenas horas, mangas … azules) no ha ‘colado’ después. Hubiera sido preciso ‘cambiar de camisa’: la azul estaba teñida de ‘rojo’ sangre.
Los falangistas aristócratas, que se habían olido ciertos ‘tufos’ de la ideología joseantoniana, barruntaban ya en la misma sospechosos resabios marxistas. Foxá lo decía como bromeando, pero sin rebozo: “La Falange es la hija adulterina de Isabel la Católica y de Carlos Marx”.

La polémica actual del crucifijo NO SE PLANTEA COMO UN DILEMA CRISTIANISMO SÍ, O CRISTIANISMO NO; SINO COMO UN DILEMA LIBERTAD RELIGIOSA SÍ O LIBERTAD RELIGIOSA NO.

En nombre de Dios y de Cristo se han cometido muchas tropelías. En muchos casos (y en el de nuestra Guerra Civil tenemos el más sangrante) se les ha llamado Cruzadas. Son genocidios, matanzas perpetradas en nombre de Cristo.
Desde Constantino el Grande, el lábaro (es decir, la cruz) ha sido el estandarte que ha servido para ocultar y, sobre todo, cohonestar, intereses distintos de los puramente religiosos.

Porque es verdad que, a veces, detrás de la cruz está el diablo.

sábado, diciembre 12, 2009

LA FOSA DE GARCÍA LORCA

Porque amé a este poeta desde mi niñez, porque lo descubrí por mí mismo, porque contagié de mi entusiasmo por su poesía a varios compañeros de estudios en el Seminario de Badajoz, porque supe, desde muy joven, que Lorca había sido víctima de la misma represión que acabó con la vida de mi padre…porque Federico fue mi poeta predilecto desde que tomé contacto con su poesía, porque su magia y su duende me cautivaron hasta la exaltación, me duele ahora que se esté a punto de renunciar, o de tirar la toalla, en el asunto de la localización de sus huesos, tras el resultado infructuoso de las excavaciones que se están llevando a cabo en el barranco de Víznar, donde, hasta ahora, se había creído que estaban enterrados los huesos del poeta, junto a los de sus compañeros de fusilamiento. Las declaraciones de alguno de los responsables de las excavaciones nos producen tristeza y rechazo: “No llenaremos Granada de agujeros”, parece que ha dicho uno de los representantes del Ayuntamiento granadino. Hipérbole se llama esa figura. Si se abren agujeros, con volverlos a tapar otra vez, en paz.
Probablemente, no aparecerán los restos de Lorca. El franquismo tuvo tiempo de sobra para trasladar esos restos, para destruirlos incluso, haciendo desaparecer todas las huellas físicas del crimen más odioso.
Y una revelación, con todas las trazas de ser verosímil, por parte de una de las hijas del abominable Ruiz Alonso, Emma Penella, una de sus hijas (¡qué terrible oprobio el de ser hijo, o hija, del que dirigió la operación de prender a García Lorca!) quien ha revelado que fue uno de los Rosales, Miguel de nombre, quien en un desfile falangista le contó a Ruiz Alonso que Federico estaba escondido en el domicilio de los Rosales y que por eso él, el delator, no quería ir por casa de sus padres, para no encontrarse con el poeta. Si esto es verdad (y tiene pinta de serlo) la perdición le vino al poeta por traición de la propia familia Rosales: vino a refugiarse en la boca del lobo.
Ya resultaba bastante sospechoso el ajetreo de los falangistas hermanos Rosales, todo el día fuera de casa, afanándose en los frentes fascistas, que no tuvieron tiempo de acudir a casa a interesarse por el huésped prisionero, a buen recaudo en la ratonera del presunto refugio.
¡Pobre Federico! Mucho me temo que no podremos besar tus huesos, “tu noble calavera”, reliquias venerandas para todo amante de la poesía.

domingo, diciembre 06, 2009

LA ULTRARREALIDAD DEL SUEÑO

Goya, El sueño de la razón
Este blog, desde su nacimiento mismo, ha estado vinculado al sueño y al mundo onírico. De ello da cuenta el título mismo “La materia del sueño”, porque su visión del mundo y de la llamada realidad encaja de lleno en la concepción barroca de la vida como sueño. Es la misma intuición que hace exclamar a Próspero, el personaje shakespeariano de La tempestad:

Somos de la misma materia de los sueños
y nuestra breve vida rodeada está por un sueño.
(Acto IV, vv.156-7)

Suelo volver, recurrentemente, sobre el tema, pues también ciertos sueños se repiten. A veces, nuestras experiencias del mundo onírico se entremezclan y confunden con las de la vida real. Recuerdo, a este propósito, cierto pareado de Campoamor:

Te he visto no sé dónde ni sé cuándo.
¡Ah!, sí, ya lo recuerdo; fue soñando

(Humoradas, II, X)

Nuestro siempre recordado Bécquer, que aunque pertenece al Romanticismo conserva un trasfondo de signo barroco, nos habla de ciertas escapadas del espíritu a la otra dimensión, la de la ultra-realidad, representada principalmente por el mundo de los sueños. En él tiene amigos y conocidos, que nunca vio en la realidad y que, sin embargo, le son familiares:

Pero sé que conozco a muchas gentes
a quienes no conozco
(Rimas, LXXV)

Recuerdo que, entre las lecturas que distraían del ruido de las cucharas y los vasos en el comedor del Seminario, un lector de turno (también a mí me tocó hacerlo alguna vez) nos leía un interesante artículo sobre el mundo de los sueños (creo que era de la revista Razón y Fe) En este artículo afirmaba el autor que se dan recuerdos “de sueño a sueño”. Esto es, se recuerdan algunos sueños que ya se han tenido en una o más ocasiones anteriores. Esta experiencia se ve confirmada por el testimonio de algunos escritores y uno de éstos es Luciano de Samósata. Esto es lo que viene a decir el autor en un breve relato que narra la visita a la Isla de los Sueños, y que forma parte de sus relatos fantásticos titulados, irónicamente, “Historias verdaderas” (Verae historiae, II, 34):

Reconocíamos a muchos [de los sueños] porque los habíamos visto tiempo ha en nuestras casas, y ellos mismos nos salían al paso y nos saludaban con abrazos, como si fuéramos conocidos e íntimos…
(Relatos fantásticos, Luciano de Samósata, trad. de C. García Gual y otros, Alianza Editorial, 1998, pp. 79-80)

Uno de estos personajes, que debía ser conocido de un sueño anterior, fue el que anoche volví a ver yo en sueños. Nos encontrábamos en un lugar oscuro, de manera que yo no podía distinguir claramente su rostro. Estrechó mis manos muy amigablemente, con unas manazas grandes y fuertes. Deduje, puesto que en la oscuridad no podía apreciar bien su estatura, que debía tratarse de un individuo más bien alto, a tenor de aquellas manos que estrechaban las mías. Cuando, por fin, pude divisar su rostro a la claridad del día (todavía en el sueño) vi que sus facciones no me resultaban del todo desconocidas, por más que no recordaba bien dónde lo había visto anteriormente. Tampoco era tan alto como yo me había figurado.
Nos despedimos amigablemente y yo estuve muy solícito en demostrarle que lo apreciaba y lo recordaba bien, por más que en mi fuero interno me preguntaba a mí mismo quién sería aquel individuo.

jueves, noviembre 26, 2009

El montaje publicitario de la actual campaña contra la violencia de género

“¿Es lo tuyo más o menos?
¿Lo mío es menos o es más?”
(J.R.J. Estío, XIV)

No sabemos a cuánto ascenderá el presupuesto de la actual campaña publicitaria del Gobierno para contrarrestar la llamada ‘violencia de género’. Probablemente, habrá costado un pastón. El aparato publicitario me parece torpemente amañado, adobado de falsa galantería y halago a la mujer. Incluso una ofensa para su inteligencia y, de rebote, para la inteligencia masculina. El montaje es el siguiente: unos cuantos hombres, entre ellos el actor Javier Cámara, aparecen en la pantalla afirmando categóricamente y como si estuvieran convencidísimos de lo que dicen (que para eso les pagan):

De todas las mujeres que hay en mi vida, ninguna será menos que yo”.

Entre estos promotores del eslogan, aparecen dos o tres féminas que dicen, aparentando estar firmemente convencidas:

De todos los hombres que hay en mi vida, ninguno será más que yo”.
(He destacado en negrita los adverbios ‘más’ y ‘menos’)

Si reparamos en la forma de enunciar las respectivas frases, los representantes del género masculino reivindican la primacía desde el punto de vista de la inferioridad. Como si dijeran: A mí, a ser inferior, no me gana ninguna fémina. Éstas pueden ser más o igual que yo. Pero yo me reservo el privilegio de la inferioridad respecto a ellas. Y, ojo, con que alguna mujer pretenda disputarme este privilegio, que le rompo la cara…(Podríamos añadir) ≤ (Es el signo matemático que indica la situación reivindicada por el varón con respecto a la mujer. Pura galantería marrullera, de “chica, no te lo creas”)

Por su parte, las representantes femeninas presentan su eslogan desde el punto de vista de la superioridad. Los hombres ‘que hay en mi vida’ podrán ser iguales o inferiores a mí, pero nunca superiores. Tratando de robustecer el sentimiento de valía y la autoestima de la fémina, se la hace incurrir en presunción. Lo que es un halago con un componente muy probable de mentira.

Todo este ‘ser más’ o ‘ser menos’ el hombre que la mujer, me trae a la memoria un epigrama del poeta hispano romano Marcial (8.12):

¿Por qué no quiero tomar por esposa a una mujer rica,
me preguntas? No quiero estar bajo su dependencia.
La esposa, amigo Prisco, debe ser inferior al marido:
no de otra forma resultan iguales el hombre y la mujer
.

Es una paradoja: para que la mujer sea igual al marido es preciso que ‘se haga inferior’. ¿No implica esto que Marcial cree en la superioridad ingénita de la mujer? Es preciso que ésta se ‘rebaje’ para estar a la altura del hombre, inferior de suyo. La paridad del hombre y la mujer sólo se consigue cuando la mujer, que es, por naturaleza, superior al varón, se hace inferior a éste. A fin de cuentas, quizás sea verdad el eslogan publicitario en lo que respecta a la superioridad presunta de la mujer y a la consiguiente inferioridad, también presunta, del varón: Ninguna de las mujeres que hay en mi vida será menos que yo. Igual o más, sí; pero menos, imposible. Y viceversa, el eslogan de las féminas: Ninguno de los hombres que hay en mi vida será más que yo. Igual o menos, sí; pero más, imposible. ≥

El tópico del ‘sexo débil’ resulta ser un mito. Ya lo puso de manifiesto, hace muchos años, el humorista Enrique Jardiel Poncela, con el título de uno de sus libros: El sexo débil ha hecho gimnasia.

Tal vez la mentira publicitaria haya dado en el clavo en esta ocasión. Y si la observación del poeta bilbilitano es correcta, la mujer, para igualarse con el hombre, deberá hacerse como él, inferior.
Inferior matrona suo sit, Prisce, marito:
non aliter fiunt femina virque pares (vv. 3-4)

sábado, noviembre 14, 2009

COCK, EL EURO Y EL HUERTA HONDA

Un pasaje del poema latino que el humanista holandés Enrique Cock dedicó a describir, encomiástica-mente, las villas del Ducado de Feria, es el que describe el ‘locus amoenus’ que era entonces el huerto del palacio ducal (hoy Parador de Turismo) El terreno que ocupaba dicho huerto es el que en la actualidad ocupa el Hotel Huerta Honda, que conserva este nombre como reminiscencia del ameno lugar. Nada menos que 13 versos (aproximadamente el 7% del total de versos dedicados a describir otros lugares típicos de la villa ducal: el palacio, las iglesias y conventos, las fiestas, etc. (versos 30 al 217, inclusive) abarca el pasaje dedicado a describir el huerto del Duque.

Los versos 124-5, con los que se inicia la descripción del florido huerto donde hoy se ubica el HHH, dicen así:

Junto al palacio un huerto, al socaire del Euro ligero,
de breves dimensiones, pero fértil en plantas diversas
.

El Euro (con mayúscula) es el nombre de uno de los vientos más placenteros. Sopla del S.E. y era, antiguamente, símbolo de tiempo bonancible, como sus parientes, el Austro y el Favonio. Recordemos los versos de San Juan de la Cruz:

Detente, Cierzo muerto;
ven, Austro, que recuerdas los amores.


Con la alusión al Euro (con mayúscula) Cock nos da una referencia sobre la ubicación en la que se asentaba el huerto: al lado del castillo, por la parte que mira al E. y al S. No hay duda: se trata de la llamada Huerta Honda, nombre que se conservó hasta bien entrado el siglo XX.

El fundador y propietario del hotel del mismo nombre, Sr. Martínez Buzo, decidió decorar una de las dependencias del citado establecimiento (el llamado Salón del Duque de Feria) con algunos de los versos que Cock dedica al lugar. La idea es buena, a mi modo de ver, por más que, como ya he manifestado personalmente al propietario, echo en falta una cosa. Ya que no se cita al traductor al castellano de esos versos (que, dicho sea de paso, es quien esto escribe) debería mencionarse, siquiera abreviadamente, el nombre del autor: (E. Cock, siglo XVI) Poco espacio, como se ve, se emplearía en hacer esto. Además, la cita no está hecha con precisión: hay una repetición que no corresponde al original. Se debe citar con exactitud. Aun en el caso de elegir ciertos versos y prescindir de los demás.
La cita podría haber sido, por ejemplo:

Aquí las aves, moradoras de las ramas frondosas,
lanzan al aire sus trinos a modo de líricos cantos;
bajo ellas brotan las frescas aguas de los manantiales
(vv. 129-131)

Allí crecen las rosas rosadas, de purpúreos rubores,
y los lirios y el romero oloroso, remedio infalible,
y cuantas flores renueva el tiempo de la primavera
(vv. 134-136)

(E. Cock, Asafrae Turdetanorum descriptio)

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Brindamos estas sugerencias, por si quisieran tomarlas en cuenta los actuales propietarios del establecimiento hotelero.
Y deseamos que el euro (con minúscula) siga soplando favorablemente sobre éste y otros negocios de los Sres. Martínez Buzo.
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NOTA: Insertamos aquí una foto del lienzo de pared del Salón Duque de Feria, con los textos fragmentarios del poema de E. Cock. El 3º verso de la inscripción dice 'tomándose', donde debe decir 'tómanse'. Y en el verso inferior se repite 'renuevan del tiempo de la primavera'. Debe decir 'y las frutas doradas abundan en el tiempo de otoño'.Insertamos también fotocopia de un fragmento de la Asafrae Turdetanorum descriptio, que se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid. Este poema fue transcrito y traducido por mí en el librito, publicado en 1976, con el título de Zafra y los demás pueblos del Ducado de Feria celebrados por Enrique Cock (siglo XVI) En el año 2006 se hizo una reedición a cargo del Ayuntamiento de Zafra y gestionada por el Centro de Estudios del Estado de Feria. Por esta segunda edición citamos aquí.

Nota final: Hacer clic sobre la foto para ampliar

lunes, noviembre 09, 2009

Posibles variantes

Dejando tal como estaba el primer cuarteto, introduzco algunas variantes en el segundo y modifico los tercetos.

2º cuarteto

Vistiendo la camisa falangista,
el paramilitar entra en campaña.
¡Qué bien les ha salido la artimaña
urdida por la trama derechista!

Por Dios y por España, ¡Qué bien suena
la consigna que vende como buena
la más encarnizada represión!

Y la Iglesia bendice la asonada,
llamando con el nombre de Cruzada
lo que es, sencillamente, una Traición.

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Se podría seguir abundando en la idea de los varios sofismas y subterfugios que los conspiradores y sus apoyos emplearon para boicotear la República, como sistema democrático aún en fase de experimentación: apropiación de la estructura de la Falange, desconectada de la dirección de su jefe (por entonces en prisión o ya fusilado) prescindiendo de su ideario y, sobre todo, de sus instrucciones concretas y sus condiciones para que la Falange participara en el golpe*. Así se trató de revestir de doctrina lo que era sólo una defensa, a capa y espada, del statu quo que favorecía los intereses capitalistas frente al obrero. Aprovechamiento de algunos sabotajes cometidos por grupos de incontrolados, ante la lenidad de un gobierno que no detuvo a tiempo esos abusos, que tanto iban a dañar a la causa republicana. La libertad postulada por la República tenía que incluir, lógicamente, la libertad religiosa. Toda libertad religiosa, no sólo la oficializada e institucionalizada por los sublevados. Los saboteadores del culto católico estaban, acaso sin saberlo, haciéndoles el juego a los antirrepublicanos. Así tuvieron éstos la oportunidad de presentarse como 'defensores de la religión --católica, por supuesto-- y exhibir la falsamente piadosa consigna de "Por Dios y por España". Y la Iglesia apoyó la represión y la bautizó como Cruzada, pese a constituir un flagrante atropello del Decálogo, en especial, del 5º mandamiento.


Todos esos sofismas del Alzamiento flotan ahora como detritus sobre las aguas de la Memoria Histórica. Sólo la condena explícita del franquismo, el reconocimiento de su ilegitimidad, de lo inicuo de sus procedimientos judiciales, no sujetos a ley, sino al arbitrio de la dictadura, pueden contribuir a 'poner las cosas en su sitio' y, en definitiva, a la reconciliación nacional.
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* Véase el libro CONSIGNA: Matar a José Antonio (Crónica de una traición), por M. Barrios, Edit. Nowtilus, pág. 26 (2ª edic. 2005)

martes, noviembre 03, 2009

CONTRASONETO

En una ocasión anterior hice alusión al soneto panegírico que Manuel Machado dedicó a Franco. El dictador tuvo muchos panegiristas (una lista bastante numerosa, con elogios delirantes, se puede ver aquí ) Falta alguno que otro de entre los más importantes. Me refiero a Eugenio d'Ors, del que ya me he ocupado anteriormente en este blog http://garciguti.blogspot.com/2008_05_01_archive.html#4427431567235703933.
El desencadenante que puso en marcha el genocidio de nuestra guerra civil fue, en mi opinión, un gobierno débil (los mandatarios del régimen de la República) que no atajó los desórdenes que se produjeron previamente a la sublevación militar. Los enfrentamientos preliminares entre los desmandados de una y otra parte. Una izquierda incauta que aspiraba a implantar un nuevo orden social, a consolidar las libertades propias de una sociedad laica (entre éstas la de la libertad religiosa) y un sistema económico que no perpetuase la pobreza de unos y la riqueza de otros. Esto último demandaba un más racional aprovechamiento de los grandes latifundios improductivos. Se procedió a la ocupación de fincas mostrencas. Pero operaciones de este tipo alarmaron incluso a los pequeños propietarios. Todos vieron amenazadas sus posesiones

Los zafios enemigos de la libertad religiosa (¡dejad a los creyentes con sus creencias!) fueron los que más perjudicaron a la causa socialista, con sus sabotajes de personas religiosas y lugares de culto. Esto contribuyó al descrédito de su causa (que se asoció de inmediato a la de los 'enemigos de Dios') y que sería aprovechada por los sublevados como una justificación más de sus tropelías. La consigna 'Por Dios y por España' los acreditaba de buenos, y los jerarcas eclesiásticos, agradecidos, bendecirían como 'Cruzada' la sublevación militar. De todo este malentendido y desaguisado la consecuencia fue que una de las facciones políticas en liza, la derecha, pudo deshacerse sistemáticamente, implacablemente, cómodamente, de su rival político, la izquierda. Contribuyó a ello la organización paramilitar de la Falange, en connivencia con el militar invasor y colaborando con ellos en la 'limpieza' de la retaguardia. Así la población civil quedó en una situación de desigualdad: armados los de la derecha (representados por los falangistas) y desarmados los de la izquierda. La derecha se incautó de la Patria y este fue el primer acto del parricidio que con la madre común cometieron los sublevados.

Los panegiristas del régimen incensaron a su gusto al Caudillo y la Jerarquía eclesiástica le adjudicó honores divinos. Hubo quien propuso hacer al Caudillo nada menos que Cardenal honorífico. (Repásense los enlaces anteriores).

En fin, el propósito principal de esta entrada ha sido el de hacer un CONTRASONETO contra el que hizo en su día Manuel Machado para elogiar la figura del Caudillo. Soneto que vino a confirmar lo que ya el poeta había presentido: las afinidades entre los poetas (los aduladores, especialmente) y las prostitutas:
Hetairas y poetas somos hermanos

El poeta que había glosado en versos memorables el heroísmo del Cid ("El ciego sol se estrella / en las duras aristas de las armas...") se prostituyó con la alabanza del caudillo golpista. A cambio de los favores del Régimen.


CONTRASONETO DEL QUE HIZO MANUEL MACHADO EN ELOGIO DE FRANCO

Caudillo de la nueva reconquista,
− contrafigura de la antigua hazaña −
la que metió a los moros en España
para apoyar la rebelión golpista.

Al socaire del dogma falangista,
el paramilitar entra en campaña;
y con total impunidad se ensaña
la derecha en el bando socialista.

Por Dios y por España’ es la proclama
que, para cohonestar la felonía,
alega la homicida represión.

Y la Iglesia, a su vez, Cruzada llama
lo que más propiamente debería
llamarse con el nombre de Traición.

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NOTA: He introducido algunas modificaciones en el 2º cuarteto y en el 1º y 2º terceto

domingo, octubre 11, 2009

NUESTRA CUENTA PENDIENTE CON LA FELICIDAD

En definitiva, el hecho de derramar lágrimas, con ocasión de sucesos venturosos, viene a denotar una característica de la naturaleza humana. Me he ocupado del asunto en un artículo más extenso que se publicó en la revista Encontros-Encuentros y que lleva por título “La nostalgia del Paraíso en la poesía” (1). Lo incluí posteriormente en mi libro De la Vida a la Teoría, publicado hace unos años (2)
Es un hecho palmario el que enunciamos en el título de este artículo. Los seres humanos, por el hecho de serlo, tenemos una cuenta pendiente con la felicidad, estamos ‘vocados’ a ella (si no ya ‘abocados’) de una manera irrenunciable.

Este compromiso nuestro con la felicidad parece que lo llevamos impreso en los genes. De él se han dado varias interpretaciones teóricas, acaso la más antigua sea la de Platón. Su teoría de la reminiscencia tiene numerosos adeptos, entre ellos, muy conspicuas figuras de las letras universales. Una de éstas es el portugués Camões, que demuestra haber entendido muy lúcidamente la teoría platónica de la reminiscencia. El ser humano tiene, según ella, una experiencia innata de la felicidad. Dice el épico portugués:

Mas, ó tu, terra de Glória,
se eu nunca vi tua essência,
como me lembras na ausência?
Não me lembras na memória
senão na reminiscência

(Mas, oh tú, tierra de gloria,
si yo nunca vi tu esencia,
¿cómo es que siento tu ausencia?
No te añoro en la memoria
sino en la reminiscencia)

Esa ‘reminiscencia’ no es otra cosa que la memoria innata de la felicidad. Así lo explica el escritor espiritualista José Mª Cabodevilla:

Si entendemos la felicidad como una privación es porque en algún momento, de hecho o de derecho, fuimos felices. ¿Cuándo? Por debajo de la memoria personal debe existir una memoria más honda, la memoria de la especie, esa que guarda el recuerdo de un paraíso anterior a toda historia y prehistoria. ¿En qué vida astral, en qué remotísimas entrañas maternas supimos que existe la felicidad? (3)

Las lágrimas que brotan en nosotros ante cualquier encuentro esporádico con la felicidad nos remiten a esa cuenta pendiente, despiertan en nuestra alma la nostalgia inmarchitable del Paraíso perdido. La felicidad ocasional nos trae el recuerdo de la felicidad absoluta por la que secretamente suspiramos.

Puede que sea la huella de Dios, su impronta inconfundible. Porque, en el fondo, −no lo olvidemos− Dios no es otra cosa que la concreción del Bien Absoluto, o también, el Bien Supremo.
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(1) Encontros–Encuentros, Olivenza, 1989, nº 1, pp. 69-83
(2) Editora Regional de Extremadura con la colaboración de Caja Badajoz, Zafra 2001, pp. 151-166
(3) Cf. José Mª Cabodevilla, Feria de utopías, BAC, Madrid 1974, p. 119

sábado, octubre 10, 2009

Entonces…¿nunca se llora de alegría?

Consultando unos textos de autores latinos me he topado con unas consideraciones de Séneca el Mayor, padre del filósofo Séneca y abuelo del poeta Lucano. Si mi interpretación del texto latino es correcta (y espero que lo sea) lo que llamamos ‘lágrimas de alegría’ resultaría una expresión inexacta: piensa el viejo Séneca que nunca se llora de alegría, sino que la verdadera causa de las lágrimas queda disimulada, oculta, mediata, por más que la ocasión próxima de ese llanto, cuya verdadera causa no acertamos a discernir, pueda ser un suceso jubiloso. Así, por ejemplo, dos personas que se quieren, al volver a encontrarse, después de una larga separación, sienten que las lágrimas afloran a sus ojos. Si el hecho mismo de encontrarse presupone la alegría del reencuentro, ¿por qué afloran las lágrimas a los ojos de ambos? ¿Por qué el logro de aquello que se ha deseado ardientemente hace que broten las lágrimas? La explicación que solemos dar del fenómeno es que hay lágrimas de alegría, lo mismo que hay lágrimas de dolor. Para el patriarca de los Sénecas sólo habría lágrimas de dolor, nunca de alegría. Lo que esas presuntas lágrimas de alegría delatan es el antiguo dolor, la angustia represada, que aprovecha el instante de la alegría para dar libre curso a las lágrimas, como en el garcilasiano “¡salid sin duelo, lágrimas, corriendo!”. He aquí, extractado, el pasaje de Séneca el Mayor en el que se expone la sagaz teoría:
La lágrima siempre es indicio de que algo no ha salido a la medida de nuestro deseo; las lágrimas son señal de nuestra desazón, y el exponente de ese rechazo de nuestra alma. Nadie llora jamás por tener lo que desea. Las lágrimas son el efecto de salir al exterior el dolor reprimido en el alma y de romperse un silencio no soportable por más tiempo. Así, aquel que llora sobre las cenizas de su patrimonio, aborrece el incendio; el que llora por un naufragio odia el mar; el llanto es la más comedida expresión de aborrecimiento de la humana penuria.*

Se llora, pues, no por la alegría que nos produce el logro de algo que hemos deseado intensamente (en general, nuestra felicidad) sino por el dolor que nos ha producido, hasta ese preciso momento, la separación del objeto deseado. Lo explica también el viejo rétor latino: “derramábamos lágrimas por la pena de nuestra anterior separación”**

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* Lacrima semper indicium est inoptatae rei; lacrimae pignora sunt nolentium et repugnantis animi vultus index. Nemo umquam quod cupit deflet. Lacrimae coacti doloris intra praecordia et intolerabilis silentii eruptio. Sic ille qui super cinerem deflet patrimonium odit incendium; sic qui naufragium deflet maria detestatur. Fletus humanarum necessitatum verecunda exsecratio est. (Contr. exc. 8.6.1.25 ss.)
** ...fundebamus lacrimas ex paenitentia discidii prioris (ibid. 8.6.1.41)

lunes, octubre 05, 2009

FÁBULA DE LOS DOS LOROS


* Dibujo de Castelao

Circula por ahí un chiste de cuya filiación no cabe tener duda, una vez conocido su contenido. Se trata de un loro malhablado, que despotrica más bien a diestro que a siniestro, contra Zapatero, con ese odio visceral que el mandatario de las cejas circunflejas provoca en ciertos sectores de la oposición. El dueño del loro malhablado, preocupado, al parecer, por esa lengua maldiciente que repite obsesivamente “¡Zapatero, cabrón, hijo de puta, muérete!”, busca consejo para que su loro adopte un lenguaje más civilizado. Y qué mejor remedio que la compañía y el trato de un loro como Dios manda, educado en los principios religiosos. Le aconsejan que pida prestado por unos días el loro que es propiedad del cura: un loro al que se le supone bien hablado y educado en las prácticas piadosas.

Al cabo de algún tiempo alguien, le pregunta al dueño del loro mal hablado qué tal ha sido el resultado de la convivencia de su loro con el loro del clérigo.

Ahora es peor – contesta- pues cuando mi loro dice lo de “¡Zapatero, cabrón, hijo de puta, muérete!”, el loro del cura contesta:

− “¡Te lo pedimos, Señor!”.

Hasta aquí la fabulilla.

Lo que sigue bien podría ser un comentario al hilo de la historia, una apostilla que está en consonancia con las enseñanzas de la Historia, con mayúscula. Y que no es otra sino la confirmación de que cuando la extrema derecha se alía con la Iglesia, el odio se reviste de piedad. El genocidio se santifica (la guerra santa) con el nombre de Cruzada. Y todo crimen se justifica con la consigna suprema de “¡Por Dios y por España!”.

sábado, septiembre 12, 2009

EL OLFATO DEL SULTÁN


(Por Juan Pérez Zúñiga)

Tiene Pepe Mantecón
por la caza tal pasión
que, seguido del Sultán,
hace al monte del Batán
cada día una excursión.

Va a conejos y a perdices,
y aunque se burlan las piezas
ante sus mismas narices,
pasa ratos muy felices
refiriendo sus proezas.

No hay quien le gane a tirar,
− según él suele decir −
¡qué oportuno el disparar!
¡qué manera de matar!
Y ¡qué modo de mentir!

En fin, su hermano menor
es médico en Santander,
y dicen del cazador
que aún mata más que el doctor
¡certero debe de ser!

Cuando persigue a un conejo,
fuera estéril su trabajo
sin el Sultán, perro viejo
que tiene color bermejo
y es fino de arriba abajo.

El cinegético afán
del perro es la perdición
de las liebres del Batán,
las cuales odian al can
con todo su corazón.

Un día con la promesa
de no volver a su casa
sin caza para la mesa,
Mantecón se va a la dehesa
sin temer al sol que abrasa.

Don José y el perro, en vano
cruzan el monte y el llano
y, vuelta va vuelta viene,
llegan a un punto lejano
donde el Sultán se detiene.

Baja el perro la cabeza
y olfatea con cachaza,
pues nota entre la maleza
el rastro de alguna pieza,
de alguna pieza de caza.

Esto llama la atención
de Don José Mantecón,
que secunda con afán
la importante exploración
practicada por el can.

Murmurando para sí
con marcada buena fe:
No me cabe duda a mí;
cuando el can se pone así
es que algún conejo ve.

Llega el can tras de una mata
y, erguido ante ella, delata
que hay algo allí que le inquieta.
Y el amo, con la escopeta,
de herir al conejo trata.

Hace la mata un vaivén;
el perro, en un santiamén,
señala el bulto, según
costumbre, y el amo ¡pun!
dispara el tiro muy bien.

Mas, ¡horror!, la pieza herida
fue un pastor, que huyó enseguida,
con cierta parte agraciada
por una perdigonada
numerosa y escogida.

Salió el can tras el herido
y, así que le hubo cogido,
llevole a rastras al lado
de Don José, en un estado
que no es para referido

Lamentando aquel error,
creyó prudente auxiliar
al cazado el cazador,
y así Pepe y el pastor
se llegaron a explicar:

−¡Señor, ¿qué emboscada es ésta?
−Que así mi perro las gasta.
¿Qué hacías, dormir la siesta?
¿Cuál es tu nombre? ¡Contesta!

Silvestre Conejo.
−¡Basta!

Hecha tal revelación,
tiene clara explicación
la conducta del Sultán:
¡Es mucho olfato el del can
de Don José Mantecón!

(Tomado de El Almanaque de la Ilustración, 1896)

domingo, septiembre 06, 2009

Error de cálculo

Errare humanum est, dice un aforismo latino que podría convertirse en el axioma capital del Humanismo. Y otra sentencia, también en latín, afirma que sapientis est mutare consilium, lo que puede traducirse libremente por “rectificar es de sabios”.

Un viejo profesor mío, D. Teodoro Encinas de la Rosa, canónigo que fue de la catedral de Badajoz y profesor del Seminario, solía colocar la siguiente apostilla al último de esos aforismos: sed sapientioris est non mutare (pero es [de] más sabio no tener que rectificar). Y, también, añado yo ahora, más propio de dogmáticos. Yo voy a rectificar como menos sabio y, desde luego, no quiero ser dogmático.¡Líbreme Dios!

He rectificado anteriormente a propósito de uno de mis autocomentarios a mi entrada en este blog titulada “Galaxias caníbales” (la luz del sol tarda 8’3 minutos en llegar a la Tierra, no 8 segundos, como afirmé, por error)

Ahora quiero rectificar a propósito de otra cuestión, que tampoco resolví correctamente en uno de esos autocomentarios. En él hice una aplicación incorrecta de la fórmula elemental de la Física
e = v.t (1)

El espacio (en el movimiento uniforme) es igual al producto de la velocidad por el tiempo. De esa primera fórmula se deduce que:

v = e / t (2) y, también: t = e / v (3)

Un sencillo ejemplo de aplicación de la fórmula (3): ¿Cuánto tiempo tardará en llegar a su destino, situado a 540 kms. de distancia, un autobús que lleva una velocidad media de 90 kms. hora?
t = 540: 90 = 6 horas

Ahora bien, la velocidad de la luz (a menos que algún físico me contradiga) es constante y se cifra en 300.000 kms/ seg. El problema que nos planteábamos era averiguar cuánto tiempo tardaría la galaxia de Andrómeda (la presunta galaxia caníbal) en alcanzar la Vía Láctea, para fagocitarla, sabiendo que se dirige hacia nosotros a una velocidad de 400.000 kms /hora
Supongamos (mera hipótesis de trabajo) que la nebulosa caníbal se halla a la distancia de 2 años-luz * Hemos supuesto esta cantidad para simplificar cálculos y porque estamos convencidos de que, aun a esa aparentemente modesta distancia, el presunto suceso no debería inquietarnos: faltan muchos años para el evento (aunque menos de los que yo suponía en los primeros cálculos)

El error estaba en que, al computar la velocidad en kilómetros hora, el tiempo tenía que venir dado en horas, no en años. Esas horas deberían después ser reducidas a años, o si lo preferíamos, a siglos.
Como la velocidad de la luz viene dada en kms / seg., primero debemos reducir los kms. / seg. a kms. / hora, multiplicando 300.000 por 60 por 60. Luego, los kms / hora habrá que multiplicarlos por 24 horas que tiene 1 día y, el resultado, multiplicarlo por 365 días que tiene 1 año. Finalmente, este último resultado habrá que multiplicarlo por 2, que son los años-luz a los que hemos supuesto que está situada Andrómeda.
En resumen, el espacio interestelar que tendrá que recorrer Andrómeda para alcanzarnos será el resultado de multiplicar:
300.000 por 60 por 60 por 24 por 365 por 2
Dicho espacio lo recorrerá la galaxia a la velocidad punta de 400.000 kms / hora

El resultado, en horas, es que empleará 47.304.000 horas en recorrerlo.
Dividiendo esta cantidad por las horas que tiene un año: 24 por 365 = 8.760 horas
el resultado es 5.400 años.

¡Cinco mil años y cuatro siglos!
Es decir, casi otro tanto del tiempo transcurrido desde las pirámides al día de hoy.

No hay motivos para inquietarse.
_____
* En realidad está a 2'3 millones de años-luz, según datos de Google que me parecen fidedignos.

jueves, septiembre 03, 2009

Galaxias caníbales


Según noticias inquietantes de ciertos astrónomos andaluces (esperamos que sean de Lepe, con lo cual podríamos entender la cosa como chiste) la galaxia de nombre Andrómeda tiene hábitos demostradamente caníbales: engulle, o fagocita, o se zampa, a otras galaxias congéneres. Y lo malo es que, según dicen, se nos está aproximando, seguramente con intenciones nada buenas, ¡a más de 400.000 kilómetros por hora! ¡Pues sí que viene deprisa! Menos mal que, según los cómputos estelares (en los que suele contarse por años luz) esa velocidad es la de un caracol con reúma. Sólo con que tarde dos o tres añitos-luz en llegar, ya no nos pilla.

Otros peligros nos aguardan a más corto plazo: la gripe alevosa y nefasta (A1N1) la fusión de los hielos polares, como consecuencia del calentamiento global – se prevé que para el 2030 no quede ni para un cubito de hielo en el Polo Norte) toda una serie, en fin, de amenazas para que no nos falten motivos de inquietud ¿Qué será de nuestros nietos? −pensamos los abuelos de hoy− La verdad es que los pobrecitos lo van a tener crudo, y más lo siento por ellos que por mí.

La voracidad de Andrómeda no me inquieta, en absoluto. Más preocupante me resulta que la bomba atómica (hasta ahora una amenaza utilizada con fines principalmente disuasorios) se pueda convertir en un instrumento de chantaje por parte de algunas naciones con pujos de poderío. No es improbable que pueda surgir algún Hitler que ceda a la tentación de utilizarla.

Una vez más, corren rumores de la proxima fecha del fin del mundo. Claro que también esto es un tópico antiquísimo:

En alguna parte está listo
el palacio del Anticristo.

Que ya dijera el inolvidable Rubén Darío, siempre angustiado por la obsesión de la postrimería.

viernes, agosto 28, 2009

Elogio y sátira de la profesión médica

Hablando de tópicos literarios hay que reconocer que uno de los más traídos y llevados, más manidos también, es el que consiste en meterse con la profesión médica. Los profesionales de la medicina son, en general, dignos de alabanza, por muchos conceptos, entre otros el de dedicarse a una actividad que es de las más abnegadas y sacrificadas que se conocen. Porque hay que reconocer que se necesitan buenas dosis de abnegación para dedicarse al servicio de los demás en un asunto tan importante y delicado como es el de la salud.
Sin embargo, esta profesión es una de las más propensas a ser objeto de sátiras. También puede que se deba a que, desde siempre, se ha dado el intrusismo con más frecuencia en esta profesión que en otras, con los consabidos efectos negativos para la salud pública. La presencia de ciertos impostores en este campo ha contribuido, no pocas veces, al descrédito de los profesionales auténticos y ha dado pie a que la sátira se haya ejercido por igual contra unos y contra otros.
Un somero recorrido por el campo de la sátira nos descubre enseguida que los profesionales de la medicina suelen ser, con bastante frecuencia, el blanco de las burlas satíricas, particularmente en el sentido de atribuirles la responsabilidad de la muerte de sus pacientes. Vamos a empezar con algunos ejemplos que nos ofrecen una idea bastante clara de que se trata de un filón, prácticamente inagotable, de comicidad.
Ya en el poeta hispano romano, Marcial, encontramos dos epigramas reiterativos acerca del mismo sujeto, un tal Diaulo (casi un pobre diablo) que primero se dedicaba a ejercer la medicina y posteriormente se dedicó al negocio de pompas fúnebres. Dice Marcial: Lo que hace como organizador de sepelios, lo hacía ya antes como médico (1.30 y 1.47)
Nuestro extremeño Vicente García de la Huerta compuso un dístico en latín (lo incluye el profesor Miguel Ángel Lama en su edición de las Poesías, del autor zafrense) y nos da la traducción que Huerta hizo del mismo: Ni enfermedades ni peste,/ ni de la guerra el cuchillo,/ asesinan tantos hombres / como un médico imperito*
Siguiéndole el rastro al tópico, recordaré un pasaje de Oscar Wilde (en El fantasma de Canterville)** donde se alude irónicamente a esta convencional relación entre los médicos y la muerte. El dueño de la mansión de Canterville se ve en el caso de advertir al comprador de la misma, Mr. Hiram B. Otis, de que el castillo tiene un fantasma:
De hecho, desde 1584, y siempre de ahí en adelante, se ha aparecido poco antes de la muerte de algún miembro de nuestra familia.
−Bueno, eso mismo es lo que suele hacer el médico de cabecera en casos semejantes.
Dos humoristas del siglo XIX (y parte del XX), como fueron Vital Aza y Juan Pérez Zúñiga, explotaron el recurso cómico. El primero es autor de un poemilla satírico, “El médico cazador”, en el que se cuenta la poca habilidad que tenía con la escopeta cierto médico. Un guasón, que era compañero de cacería del doctor, tuvo la ocurrente idea de decirle, cuando apareció la pieza cinegética: ¡Ahí va un enfermo, un enfermo! Y remata el verso final del poema: Y ¡pun!, lo mató enseguida.
En cuanto a Pérez Zúñiga, tiene, entre sus muchas poesías chuscas, una titulada “El olfato del Sultán”, en la que se cuenta muy jocosamente las peripecias de un cazador que se preciaba de ser muy certero en sus disparos. Tras referir algunas de sus ‘proezas’ con la escopeta, dice: En fin, su hermano menor/ es médico en Santander/ y dicen del cazador/ que aun mata más que el doctor/ ¡Certero debe de ser!
Para terminar con esta breve reseña del tópico, quiero contrarrestar el mal sabor con un contratópico: hay médicos (la gran mayoría, afortunadamente) que ejercen a satisfacción sus funciones y que en muchos casos libran de las garras de la muerte a los enfermos. Así los pinta el arte en más de una ocasión. Quiero recordar al célebre doctor extremeño Francisco de Arce (sobre él ha leído recientemente su tesis doctoral el profesor Andrés Oyola) al que dedicó unos versos en latín nuestro glorioso Arias Montano. El poemita se conserva en el ms. 155 de la B.N. de Madrid, fol. 128. (De él hizo una transcripción y traducción el Prof. Joaquín Pascual Barea*** Traduzco fragmentariamente los versos que aquí interesan: Aquel que arrebató de las manos de la muerte a muchos cuerpos, yace ahora vencido por la muerte y encerrado en una pequeña urna (…) Se lo llevó prematuramente la Parca, ante el temor de que él hiciera inmortales a los hombres.
____

* Vicente García de la Huerta, POESÍAS (Editora Regional de Extremadura, 1997) pág. 483
En el texto latino:
Non morbi, non dira lues, non proelia terris / tot rapiunt gentes quot medicaster iners
** The Canterville Ghost, Chapt. I
*** Excerpta Philologica, X-XII, pp. 357-72 (Universidad de Cádiz, 2000-2002)
(La ilustración que quisiera poner a esta entrada la he visto en la sala de espera de alguna consulta médica que ahora no recuerdo: Representa a la Muerte forcejeando con un médico, que pretende arrancarle de sus garras a una hermosa joven en la que la Parca ha hecho presa)

jueves, agosto 20, 2009

Los bailables del Señó Lorenzo


*Ilustración de Apeles Mestres

(El tema de la Danza de la Muerte)

Así que no hay cosa fuerte,

que a papas, emperadores

y perlados

así los trata la muerte

como a los pobres pastores

de ganados

(Jorge Manrique, Coplas a la muerte de su padre,vv. 163-8)


Fui monaguillo en Aceuchal, hacia mediados de los años 40 del siglo pasado. Estuve a las órdenes del párroco, D. Antonio Trenado, y mi inmediato superior era Señó Lorenzo, el sacristán. El Señor Lorenzo era relojero y alternaba esta dedicación con las tareas de la sacristía. Era también aficionado al dibujo y solía embadurnar con figuras a lápiz la pared del hueco de la ventana, en el coro de la parroquia, que se abría a la parte que da al Convento. No lo hacía mal el hombre. Y nadie, que yo sepa, le reprochaba el que utilizase aquel lugar para depositar allí sus pintadas.

El Señó Lorenzo vivió primero en la casa de Teresa Argueta, que después compraría Pascual Guerrero y que ahora, si no me equivoco, es propiedad de su hija, Guadalupe. Muchas veces entré en esa casa a cumplimentar encargos que me hacía su inquilino, del que yo era subordinado, como monaguillo. Este abuso de utilizar (eventualmente) como recadero a un subordinado no era infrecuente. Ya he contado, en otra ocasión, que para ahorrarse el engorro de dar cuerda al reloj de la torre (obligación que le incumbía a él) me endosaba a mí este encargo (porque, ‘como era más joven, tenía las piernas más ligeras’)

El Señó Lorenzo tenía un repertorio de antífonas y motetes en latín: no recuerdo nunca haberle oído cantar en español: el ordinario de la misa se recitaba o se cantaba entonces en latín, junto con los restantes ceremoniales habituales, como los responsorios de las misas de difuntos y los entierros. Lo que sí sé es que las piezas musicales del Señó Lorenzo eran bailables. Y que los ‘aires’ más frecuentes en que esas piezas se canturreaban eran el pasodoble y el vals. Así el ‘Credo’ de la misa cantada era un pasodoble clavado.

Esto ayudaba mucho a los fieles ya que, aunque no entendieran el texto de las letras, solían seguir el compás de la música y podían bailarlo mentalmente. Claro que había un instante solemne en el canto bailable en el que se interrumpía el ritmo del pasacalle, para dar a entender que se trataba de un momento culminante, en este caso, el de la ‘encarnación’. El ritmo cambiaba a partir de la frase preparatoria ‘descendit de caelis’. Servía para indicar a los fieles que debían arrodillarse para venerar el misterio de la encarnación: et incarnatus est de Spiritu Sancto ex Maria Virgine.

Otro de los momentos musicales del repertorio del Señó Lorenzo era la secuencia, también en latín, como es natural, de la misa de difuntos, conocida con el nombre de Dies irae. Esta pieza adoptaba el ritmo de un vals y tenía todo el aire de una danza macabra, en consonancia con la vieja tradición medieval de la Danza de la Muerte. En compás de tres por cuatro (o de seis por ocho, que en ambas versiones se podría interpretar) el Señó Lorenzo ponía mentalmente a bailar a toda la concurrencia cuando iniciaba las primeras notas de la secuencia cuya letra correspondía a Tomás de Celano:

Dies irae, dies illa,

solvet saeclum in favilla,

teste David cum Sibylla.

Si no se entendía la letra, el tono general de la canción sí que se entendía: los asistentes danzaban su baile interior, mudamente siguiendo el ritmo, meciendo su alma según las cadencias de la misteriosa cantata.

La vieja tradición medieval del Vals de la Muerte.

** "El séptimo sello", de Ingmar Bergman

sábado, agosto 15, 2009

Amores efímeros

Frente a la exaltación del amor eterno, perdurable, podríamos recordar también, alguna vez, los amores que sólo duraron unas horas, que nacieron y murieron en el término de un día: los amores efímeros. Efímero significa, en griego, lo que dura un día. Ciertos insectos y algunas flores nacen y perecen en ese breve intervalo, que ni siquiera abarca las veinticuatro horas: acaso lo que dura la luz solar. En ese corto espacio de tiempo pueden florecer también algunos amores, por más que su recuerdo suele acompañar a la persona durante el resto de su vida. Ya lo dice la filosofía profunda del tanguero:


Si su amor fue flor de un día,/ ¿por qué causa es siempre mía/ esta cruel preocupación?

El amor siempre deja en el alma su recuerdo perdurable. Por muy efímero que sea. A esos amores parece referirse don Miguel de Unamuno en su oda a Salamanca (“Alto soto de torres…”), amores recordados que, a veces, nacieron y perecieron en el término de un día:

En tus callejas que del sol nos guardan/ y son cual surcos de tu campo urbano,/ en tus callejas duermen los amores/ más fugitivos.

Amores que nacieron como nace/ en los trigales amapola ardiente,/ para morir ante la hoz, dejando/ fruto de sueño.

Se podría parodiar aquella sentencia de Oscar Wilde que dice “la estatua del Dolor Eterno se hizo fundiendo la estatua del Placer-que-sólo-dura-un-instante”, diciendo, por analogía, que la estatua de la nostalgia perenne se hizo fundiendo la estatua del amor que dura sólo unas horas.

Pero hasta lo ‘efímero’ es un concepto relativo, que hace mención a una concreta medida del tiempo: el que dura el paso del sol por la eclíptica, desde el orto al ocaso. Uno de los primeros en advertir esta ‘relatividad’ de lo ‘efímero’ fue Cicerón; así, en un pasaje de sus Tusculanas (1.94. 12-20) leemos:

Junto al río Hypanin, que desde el lado europeo desemboca en el Ponto[1], dice Aristóteles que nacen ciertos animalillos que viven sólo un día. Por tanto, el que entre ellos muere hacia la hora octava[2], muere de edad avanzada; y, el que muere a la hora de la puesta del sol, muere en la decrepitud, tanto más si se trata de un día de verano. Ahora compara con la eternidad la más larga de las vidas humanas: nos encontraremos aproximadamente en la misma brevedad que proporcionalmente lo están aquellos animalillos respecto a nosotros.

Finalmente quiero traer aquí a colación un relato fantástico de Agustín de Foxá (uno de mis escritores predilectos de antaño, por más que su filiación política y sus infidelidades a la mejor Falange le restaran después bastantes grados a mi primer entusiasmo) un relato que el autor incluye en su libro titulado Misión en Bucarest[3]. Se trata de una narración de corte lucianesco, al estilo de las llamadas Historias verdaderas, del fabulador de Samósata. El relato de Foxá se titula “Viaje a los efímeros” y refiere las aventuras que pasan en ese fabuloso país los protagonistas de la ficción, tras haber salido ilesos de un accidente de aviación. En el país de los efímeros los sucesos acontecen con una celeridad mucho mayor que la habitual en otras latitudes. A los ojos de aquéllos, los visitantes resultan longevos, ya que su tempo vital trascurre lento en comparación con el de los efímeros. La gente pasa, en el transcurso de unas horas, de la infancia a la juventud y la vejez; y los avatares históricos tales como las revoluciones y contrarrevoluciones, los sistemas de gobierno (dictaduras, tiranías, democracias) se suceden en cuestión de días.

Hay un momento de la narración en que el autor cae en la cuenta de esa relatividad del tiempo, de que lo efímero se puede considerar también en parangón con las eras geológicas:

Me di cuenta de que, a medida que se profundizaba en las edades, la diferencia entre Efímera y nosotros iba siendo menor (…) Que comparados con los 2.000 millones de años de la aparición de la vida, Catalina y yo éramos ultra-efímeros; que había infinitamente más distancia entre nosotros y la edad de las nebulosas, que entre la vida de los efímeros y la nuestra.

El autor sigue su divagación sacando el mayor partido posible a la idea del rápido discurrir de la historia y no puede menos que hacernos sonreír cuando le llega el turno a la revolución comunista:

¡Cuántas veces había visto cincelar la corona real en las piedras barrocas del portalón de la entrada, y picarla después por los obreros para colocar en su lugar la corona mural de la República! Pero aquella vez era distinto. Todo el escudo había sido derribado por la piqueta revolucionaria y aparecía uno completamente desconocido, con una pala y un pico cruzados. En el viejo palacio también ondeaba una bandera nueva. Era roja y sobre ella bordada en oro aquella extraña heráldica del trabajo.

Por las calles, las masas de obreros amenazadores volcaban “taxis” y tranvías, incendiaban iglesias y daban vivas al partido igualitario (…)

Seguro que les suena.

Lo peor es que luego vendría la dictadura. Y que entre dictadura y transición se nos fueron bonitamente 70 años. En el país de los efímeros puede que no fuese nada pero a nosotros se nos hizo una eternidad.

________

[1] El Mar Negro

[2] Próxima a la puesta del sol. Los romanos contaban las horas del día desde la salida a la puesta del sol. Por esa razón en verano las horas eran más largas que en invierno.

[3] Misión en Bucarest (Madrid, 1965) Edit. Prensa Española, pp. 131-168

martes, agosto 11, 2009

¡DESE EL GUSTAZO!

Si hay una canción antigua que me traiga vivamente el recuerdo de la juventud, esa canción es la titulada “Camino al Don”, de Barbará y Boticella, al parecer, sus autores o intérpretes. Se radiaba poco menos que a diario en los espacios radiofónicos dedicados a emitir canciones solicitadas, con el nombre del peticionario y el de la persona, o personas, a quienes iba dedicada.

Era el año 1953 y yo había conseguido mi primer trabajo como profesor de latín en Almendralejo, en el ya desaparecido Colegio de San Antonio, actualmente convertido en sede de la Biblioteca Municipal.

Yo me desplazaba a diario desde mi pueblo, Aceuchal, hasta Almendralejo, en bicicleta: 18 kms. en total, entre ida y vuelta. Era la época del primer amor, de las ilusiones en marcha. La edad de mis alumnos mayores era, aproximadamente, la mía, acaso dos o tres años menos. Recuerdo aún los nombres de algunos de esos alumnos (los hermanos Antolín Espino: María del Pópulo, Lucía, Miguel y Ángela) los primos Baquero-Canales y Baquero Márquez (Pedro y Filomena), Francisco García Rubiales, nieto de D. Julián, el director, Joaquín Barrio, Chelo Alemán, etc.

Recuerdo que se radiaban series noveladas, como ahora en televisión “Amar en tiempos revueltos”, o “Cuéntame cómo pasó”. Una de aquellas series noveladas se titulaba “Alma”, cuya autora era Marisa Villardefrancos; y, sus principales intérpretes, el cuadro de actores de Radio cuyos nombres sonaban a diario en las ondas: Pedro Pablo Ayuso, Matilde Conesa, Juana Ginzo y algunos más que ahora no recuerdo. Los episodios diarios y el curso de la trama se comentaban por lo regular en los patios de recreo, especialmente entre las féminas. Las peripecias de los protagonistas se seguían con verdadera pasión.

En el espacio de discos dedicados, una de las canciones que más sonaba era la titulada “Camino al Don”. Se iniciaba con un preludio de acordeón y la letra venía al final. Nuestras ilusiones viajaban en trineo (¡quién lo diría, en la cálida Extremadura!) o en esa especie de tartana rusa llamada troika, tirada por caballos. Y su destino era el Don, que es el nombre de uno de los ríos europeos que vierten en el Mediterráneo (la Geografía, creo recordar, nos decía que los más importantes ríos de esta cuenca eran el Ebro, junto con el Ródano, Po, Dniéster y Don). Además, según la canción, el Don era, en este caso, el nombre de una población, probablemente situada a la orilla de este río, que sería el destino final de este romántico viaje, a donde íbamos a encontrarnos con el amor de nuestra vida. Grato viaje imaginario que los súbditos de Franco hacíamos a un país de régimen comunista, aunque no en plan de turistas políticos (era la época del telón de acero) sino de turistas sentimentales. Nuestro “camino al Don” discurría por la ruta sentimental de la Rusia clásica, la de Tolstoi, la del mujik y la de la isba. No la de Jruschov y demás ogros del Kremlin.

Hoy me he encontrado, cliqueando a través de Google, al intérprete de aquella canción juvenil. Y voy a tratar de ponerles aquí el enlace. Y, si pueden, escuchen la canción. Si no lo consiguen, busquen a través de Google "Camino al Don" y hagan clic en el video.

Escuchen la canción, evóquenla, si la disfrutaron en su día, hace ahora 56 años. Óiganla, si no la conocían: DENSE EL GUSTAZO.

O, como dirían Guillermo Summers e Ignacio Salas, el dúo televisivo que, hace unos años, protagonizaba un gag publicitario recomendando cierta marca de automóviles:

−¡Diesel gustazo!

− ¡Diéselo!

martes, agosto 04, 2009

La opción de callar

Hay personas que son, incondicionalmente, partidarias del silencio. Éste, en comparación con la palabra, se suele valorar equiparándolo al metal más precioso: “El silencio es de oro; la palabra, de plata”.

No conviene, sin embargo, generalizar, pues si bien es cierto que la discreción hace recomendable, en muchas ocasiones, la opción de callar, no hay que caer en el error de quienes afirman que siempre es preferible esta opción frente a la contraria. No podemos aceptar la sentencia de Escrivá de Balaguer, el celebrado y canonizado autor de Camino, libro en el que se encuentra esta rotunda afirmación: “De callar no te arrepentirás nunca: de hablar, muchas veces” (aforismo 639). Podríamos aceptar el aforismo si sustituyéramos el adverbio nunca (sin subrayar en el texto original) por otra expresión menos categórica: sucede que te arrepentirás, las más veces, de haber hablado que de haber callado. Esto es admisible.

Pero tambien ocurre, en algunas ocasiones, que podemos arrepentirnos de haber callado. Recuérdese aquello de Bécquer (Rima XXX):

¿porqué no hablé aquel día?

Bécquer se arrepentía de haber callado porque pensaba que su silencio había impedido una posible reconciliación, que debiera haberse producido y no se produjo: la impidió, de una parte, el orgullo de la mujer y, de otra, el amor propio del varón.

En consecuencia, no debemos sobrestimar por sistema la conveniencia de callar en vez de hablar. Esa reserva de la propia opinión no es lo habitual en una sociedad democrática, en la que debe ejercerse la libertad de opinión. Es más bien propia de las sociedades adaptadas a los sistemas totalitarios. Durante cuarenta años el pueblo español estuvo condicionado por la mordaza de la censura franquista. De ahí que la primera apertura a la democracia ofreciera, en forma de novedoso señuelo, la posibilidad de que el pueblo manifestara libremente su opinión: “¡Habla, pueblo, habla!”.

El silencio anterior había sido impuesto por la fuerza, no era una opción espontánea del pueblo español.

A título personal podemos libremente optar por el silencio. Podemos considerar, según las circunstancias, sus ventajas y, por el contrario, los inconvenientes que a menudo se derivan de hablar; especialmente si no se manejan bien esos “peligrosos y delicados medios” (Rubén Darío dixit) que son las palabras.

No se debe callar en determinadas ocasiones, para que no seamos acusados de connivencia, ya que ‘quien calla, otorga’. Quevedo, que hubo de soportar las amenazas, inquisitoriales o políticas, contra la libertad de expresión, optó por hablar valientemente, cuando la ocasión lo requería:

No he de callar, por más que con el dedo,

ya tocando los labios, ya la frente,

silencio, avises, o amenaces, miedo.

En las sociedades en las que no está garantizada la libertad de expresión ocurre, por lo común, que la opción de hablar puede resultar temeraria. Por eso conviene recordar, a quienes ahora se les infla la boca despotricando contra el gobierno, que procedemos de una dictadura que persiguió implacablemente a quienes se pronunciaron contra ella: quienes osaron entonces disentir fueron tildados de antipatriotas y perseguidos como tales.

Muchos que ahora echan pestes contra el gobierno estuvieron en su momento (y aún lo están) a favor de un régimen que persiguió la libertad de expresión.

Los que habitualmente se inclinan por la opción de callar apoyan su postura con una serie de refranes como el de “por la boca muere el pez”, “donde las dan las toman y callar es bueno”, “quien mucho habla mucho yerra”, etc.

Respecto al callar y al hablar hay sentencias para todos los gustos. En general, la discreción recomienda, con preferencia, el silencio.

En la frase de Sófocles, citada por Hidalgo Bayal en su novela El espíritu áspero, el trágico griego pone en boca de Creonte la frase de una persona discreta: “De lo que no entiendo bien, prefiero callar” ( lín. 569) No obstante, en otros pasajes del autor, éste reconocerá que, en determinadas circunstancias conviene no callar: oú sigân prépein (Traq. 1126)

El silencio del escritor.− En otro orden de cosas habría que considerar el caso particular del ‘silencio del escritor’. ¿Por qué un escritor decide un día apartarse de la literatura o, hablando en términos taurinos, ‘cortarse la coleta’?

Conocemos algún que otro caso en que esto ha ocurrido. ¿Qué ‘metanoia’ ha tenido que darse para que un escritor estimable, del que todavía cabría esperar una obra más amplia, decida sumirse en el anonimato y abrazar resueltamente el silencio, como un cartujo?

No quiero citar nombres. Pero hay casos en nuestro entorno que son suficientemente conocidos. La literatura estuvo umbilicalmente unida a su existencia. Pero ésta dio un viraje completo y la literatura dejó de nutrirse de la placenta vital.

Por lo demás, puede (y acaso debe) darse en el escritor de raza una prevención contra la literatura como parásita de la vida. En otro sentido, la literatura puede identificarse con lo inauténtico. Rubén Darío protestaba, con razón, de que ciertos críticos interpretaran su virtuosismo verbal como frivolidad, hueca palabrería desprovista de un sincero sentimiento. Contra ese parecer él se declaraba:

Todo ansia, todo ardor, sensación pura

y vigor natural y sin falsía

y sin comedia y sin literatura:

si hay un alma sincera, esa es la mía.

En este poema autobiográfico que abre sus Cantos de vida y esperanza, el poeta manifiesta su aversión por la literatura como contrafigura de la vida:

Tal fue mi intento, hacer del alma pura

mía una estrella, una fuente sonora,

con el horror de la literatura

y loco de crepúsculo y de aurora.

El esplendor y el boato verbal del poeta deslumbró a algunos críticos romos, que no acertaron a ver el tesoro de humanidad que se ocultaba en el cofre precioso de una palabra espléndida.

En fin, el silencio tiene sus detractores y sus apologistas. Y hay una mística del silencio (ya practicada por los pitagóricos) y, luego, por algunas comunidades religiosas, especialmente los cartujos.

jueves, julio 30, 2009

¿Se salvaría Cicerón?

Los seminaristas que cursábamos estudios hacia finales de la quinta década y comienzos de la sexta, del pasado siglo, estábamos muy imbuidos de la importancia de la salvación; del alma, por supuesto. Era como el negocio primordial de la vida, ya que, en definitiva, en él se concentraban nuestros principales intereses. Todo se resumía en la siguiente conclusión:

... pues, al fin de la jornada,

aquel que se salva, sabe;

y, el que no, no sabe nada.

Se daba por supuesto que fuera de la Iglesia no había prácticamente oportunidades de salvación y que éramos unos privilegiados en este sentido, pues nosotros, al pertenecer a la Iglesia, y muy especialmente a la élite de sus elegidos, estábamos en el buen camino: el que conectaba directamente con el Cielo.

En cambio, la cosa era bastante problemática para quienes pertenecían a otras religiones, o simplemente para quienes habían pertenecido al paganismo, o no habían tenido la oportunidad de conocer el cristianismo, históricamente posterior a ellos. Este era el caso de nuestros principales modelos y maestros de Latinidad, por ejemplo, Cicerón y Virgilio, sobre cuyos textos nos iniciábamos en la lengua de Roma, la que sería la lengua oficial de la Iglesia; por más que de aquellos modelos terminábamos indefectiblemente apartándonos, para acomodarnos al degradado latín eclesiástico, ya propincuo a esa degeneración del latín vulgar que llamamos ‘latín macarrónico’.

Pero volvamos al asunto de nuestros modelos y al peliagudo tema de la salvación. ¿Se salvaría, por ejemplo, Cicerón? Nuestro compañero Tomás Fernández Tamayo (que en gloria esté) ya apuntaba por entonces como un filósofo en ciernes. De hecho lo fue, tras ordenarse de sacerdote y licenciarse en Filosofía. Tamayo nos trajo una anécdota que no sabemos dónde la leería, o dónde la oyó, sobre los últimos momentos del orador y filósofo romano. Cuando los esbirros de Marco Antonio fueron enviados por él con la orden de cazar al tribuno y traerlo, vivo o muerto, éste huía en una litera porteada por sus servidores. Los perseguidores les dieron alcance y cuando el orador sacó la cabeza fuera de la litera (prominenti caput e lectica) se la seccionaron. Cicerón tuvo tiempo de encomendarse, inequívocamente, al verdadero Dios (el único que hay y que es, justamente, el Dios mismo de los cristianos) con estas palabras:

Causa causarum, miserere mei! (¡Causa de las causas, apiádate de mí!)

Y con esta mágica invocación no cabía duda de que Cicerón pudo haberse salvado. El serio inconveniente de haber sido pagano quedaba neutralizado por la atinada frase del filósofo, que acierta a encontrar la Verdad, aun fuera del dogma eclesiástico.

Del bendito Virgilio era de suponer que también habría conquistado la salvación desde el paganismo. Nada más con pensar que su égloga IV era un muy probable presagio del nacimiento de Cristo, hacía concebir esperanzas de que Dios lo tendría, con toda seguridad, en el seno de Abraham, por lo menos, donde se cree que estaban los destinados al Cielo, aun antes de darse la redención de Cristo. Allí aguardaban los justos el Santo Advenimiento.

El mundo pagano, en sus más excelsos representantes, se redimía así ante los ojos del ingenuo seminarista.

lunes, julio 27, 2009

Primera lectura de verano

Hace poco saqué en préstamo de la Biblioteca Pública Municipal de Zafra la más reciente novela de Hidalgo Bayal, El espíritu áspero, editada por Tusquets. A poco tiempo de leerla (me propongo una segunda lectura, más detallada) he buscado alguna reseña de la misma y he encontrado una del profesor Senabre. Gracias a Senabre he podido alcanzar algunos rincones, para mí aún inexplorados, del libro. Porque para leer a Bayal es necesario tener bien despierta la atención, a fin de captar en lo posible los múltiples nexos y asociaciones lingüísticas (juegos de palabras, calambures, palíndromos y demás cuchufletas verbales a las que es aficionado el autor) Para disfrutar de las numerosas virguerías verbales hay que andar con el espíritu alerta y estar al loro de la vasta (con uve, por supuesto) vastísima cultura que hace suponer el conocimiento exhaustivo de los recursos expresivos del autor. Con el comentario de Senabre he caído en la cuenta de alguna de esas ‘diabluras’ verbales en que no había caído en su momento (uno es lento de entendederas) como, por ejemplo, lo del beatus ivre (que incluso tomé por errata, en principio, pensando en Horacio solamente y en su conocido beatus ille) Pero Senabre, perspicaz como él solo, me ha recordado que se trata de un cruce entre Horacio y Rimbaud, el autor de Le bateau ivre (El barco ebrio) De modo que el Beatus ivre vendría a ser una especie de contaminación y trastabillamiento jocoso de dos clichés literarios que tienen semejanza fonética.

El autor de El espíritu áspero es, más bien, un espíritu burlón, proclive a exprimir al máximo la potencialidad de las palabras. Como saben quienes han estudiado siquiera algunos rudimentos de griego, el espíritu áspero es un signo ortográfico en forma de coma al revés que, escrita sobre una vocal le confiere el sonido de la hache aspirada. El espíritu áspero hace posible el chiste verbal, también debido a nuestro autor, en el que uno de los personajes aconseja a otro “haz poesía, pero no odas”.

Seguir a Bayal en sus malabarismos verbales divierte y regocija. Pero la amenidad de Bayal admite diversos niveles de cultura. En los estratos más profundos habrá que echar mano de conocimientos lingüísticos más sofisticados, hasta del griego y del latín. Encontramos, por ejemplo, una cita en griego de un pasaje de Sófocles (de Edipo rey) que con la ayuda de los cibertextos he podido localizar. Y siguiendo la palabra matriz, en este caso el verbo ‘sigân’ (callar) se pueden encontrar pasajes, de este autor o de otros, en los que se refleja la conveniencia de callar, o de hablar, según los casos.

En fin, la lectura de El espíritu áspero resulta entretenida, divertida y gratificante. Esta es la primera obra que conozco del autor, pero me propongo leer otras suyas que aún no conozco. He venido, además, siguiendo su blog, gracias al nexo de José María Lama en “Las piedras del río”. Y, a propósito, ¿qué le pasa a nuestro José María Lama, que hace más de tres meses que su ‘río’ ha entrado en estiaje? ¿Habrá sopesado nuestro amigo las ventajas de callar?

Habrá que ponderar, con Sófocles, las respectivas ventajas de cada alternativa, frente a su opuesta, para optar con acierto entre el ‘sigân’, callar, o el ‘léguein’, hablar. De momento, Lama parece haber optado por el silencio. Sus razones tendrá.

jueves, julio 09, 2009

TRÍPTICO GASTRONÓMICO DEL VERANO EXTREMEÑO


1. Elogio del tomate


Dulces, jugosos, tersos, colorados,

obra maestra de la horticultura,

tomates de mi amada Extremadura,

nunca como se debe ponderados.

Deliciosos, ya crudos, ya guisados;

en puré, zumo, salsa o confitura;

bien se degusten solos en fritura

o se tomen en platos combinados.

Este jamón de huerta proletario

está entre mis manjares preferidos,

lo digo sin rubor y sin empacho.

Culminación del arte culinario,

transfusión de tomates escogidos

dando glóbulos rojos al gazpacho.


2. Alabanza del gazpacho

herbas contundit olentes

(Virgilio)


¡Gloria al gazpacho, sangre del verano,

refrigerio de agrícolas labores

con el que reparaban sus sudores

los labriegos del campo virgiliano!

Clorótico en aquel tiempo lejano,

luego se teñiría de rubores,

cuando le dio el tomate sus colores

tras el descubrimiento americano.

Cuando Théstyl majaba en la cazuela

el ajo y el serpol, hierbas olientes,

según el verso del divino vate,

no sospechaba la gentil mozuela

que le faltaba, entre otros ingredientes,

el jugo incomparable del tomate.


3.Loa del melón y la sandía


Cabe la bella plaza porticada

que decoran heráldicos blasones,

se apilan las sandías y melones

ofreciendo su pulpa almibarada.

La popular estampa va enmarcada

por un fondo de viejos caserones,

y los frutos evocan bodegones

dignos de murillesca pincelada.

Junto a los arcos de los soportales

donde ponen su nota colorista,

castizos de los pies a la cabeza;

parecen torreones medievales,

esperando el asalto del turista

que venga y se los lleve, pieza a pieza.



miércoles, julio 08, 2009

Recuerdos escolares








En una entrada anterior (“Ligero de equipaje”) hice mención a unas lecturas de la infancia realizadas en la escuela del Pozo de Arriba en Aceuchal. Después he recordado que en alguna parte guardaba yo dos viejos cuadernos escolares, cosa excepcional si consideramos que el maestro Don Juan Fraile recogía los cuadernos, una vez completas todas las páginas, y los guardaba para mostrarlos al inspector de Primaria en sus visitas periódicas.

En estos cuadernos he localizado, aunque incompletos, los relatos cuyos comienzos yo recordaba. Ninguno de los dos llega al final. El primero relataba un suceso acaecido en Gerona, con ocasión de una de las crecidas del río Oñar. Un niño había caído al río, al ceder una de las pasarelas de madera, y su madre gritaba pidiendo auxilio:


− ¡Mi hijo, mi hijo, salvad a mi hijo!

El otro relato era el de la riña de (efectivamente) Luis y Antonio, los dos ‘camaradas’ y ‘amiguitos’ que, ‘por fútiles pretextos’, riñeron una vez.

He escaneado por curiosidad las páginas correspondientes del cuaderno y las reproduzco aquí. Tienen la friolera de 66-67 años, poco más o menos.

El relato mejor conservado está en el cuaderno correspondiente al año 1943 (mis 10 años) Dice, transcrito:


Aceuchal 11 Noviembre (tachado) Diciembre 1943

Un Héroe

Si alguno de vosotros, queridos míos, ha visitado la inmortal Gerona, recordará que el curso del río Oñar la divide en dos partes: la ciudad propiamente dicha y el populoso barrio del Mercadal. No olvidará tampoco que la antigua ciudad y su barrio se comunican por un magnífico puente de piedra de silleria (sic) y por varias pasarelas o puentecillos de madera, a menudo en bastante mal estado de conservación. Esta circustancia (sic) fué (sic) causa quizas (sic) del hecho que me propongo contaros. Trascurria (sic) la última decena del mes de Diciembre. El tiempo era frio (sic), y, durante varios dias (sic), había llovido copiosamente. La corriente del Oñar era muy crecida, hasta [el] punto de amenazar una temida inundación. El puente de piedra y las pasarelas de que os he hablado se hallaban atestadas de persona (sic) de todo sexo y edades, que comentaban la rapida (sic) subida de las aguas. La curiosidad y el temor se pintaba en todos los semblantes. Los viejos, principalmente, que recordaban los estragos de pasadas inundaciones, se hallaban poseidos (sic) de verdadera intraquilidad (sic).

De momento un ¡¡ay!! Aterrador que no pudo ahogar el ruido de la corriente, heló la sangre de todos los corazones.

− ¡Mi hijo! ¡Mi hijo! ¡¡Salvad a mi hijo!!− gritó, desesperada, una mujer del pueblo que ocupaba casi el centro de la pasarela más cercana al puente de silleria (sic).Imposible deciros el espanto de la mutitud (sic).


(Aquí se interrumpe el relato)


_____



NOTA: Hacer clic en las páginas del cuaderno para ver imagen ampliada.

martes, julio 07, 2009

HE SOÑADO CON UN ÁGUILA

Si yo tuviera el don de interpretar los sueños tal vez sabría descifrar el significado del que tuve esta madrugada. Quiero pensar que me presagia cosas gratas, lo que en las presentes circunstancias contribuye a reconfortarme.

Íbamos por el campo, atravesando hoces y cañadas. Avistábamos próximas algunas aves, como buscando comida por el suelo. En un lugar que parecía ser una cañada vimos un águila posada en la tierra. Nos fuimos M. y yo aproximando tranquilamente. Ya cerca del ave, comencé a tararearle la música del vals ‘Ojos negros’. El animal parecía escuchar atentamente. Cuando acabé de reproducir la melodía, me decidí a posar mi mano suavemente sobre el plumaje del ave y ésta se estuvo quieta:

– ¡Mira, se deja acariciar! − dije.

Fue bonito. El día previo a este sueño sucedió (y esto no es un sueño) que vinieron a visitar a MJ (ingresada en el Hospital Infanta Cristina de Badajoz) el torero Miguel Ángel Perera y su mujer Eugenia (Yeni). Ésta me llamó por el teléfono de la habitación que querían ver a mi hija. Si podía ser.

Afortunadamente, podía ser.

MJ ha estado consciente todo el tiempo desde que se produjo el episodio cerebro-vascular. Iba a venir a verla su querida amiga Yeni, acompañada de ese buen chico y excelente torero que es Miguel Ángel. Un chico sencillo a quien no se le ha subido la gloria a la cabeza.

Dije escuetamente a Yeni:

− ¡Qué honor!

Allí estaban el torero y su esposa, a llevar ánimos a su amiga. Pocas personas se apercibieron de la presencia del diestro, vestido muy sencillamente, como cualquier joven de su edad.

Se lo agradezco infinitamente.

Y ahora pienso que en el nombre de Miguel Ángel Perera están todas las letras que se necesitan para componer la palabra ÁGUILA.

Y, además, Yeni, la esposa, es la ‘hija del águila’. Eso significa ‘Aquilino’ en latín.

Por eso quiero terminar esta entrada con los versos de Rubén Darío tomados de su poema “SALUTACIÓN AL ÁGUILA” (Canto errante):

Por algo eres la antigua mensajera jupiterina,

por algo has presenciado cataclismos y luchas de razas,

por algo estás presente en los sueños del Apocalipsis,

por algo eres el ave que han buscado los fuertes imperios.

¡ Bien vengas, pues, mágica águila!

jueves, junio 11, 2009

Ligero de equipaje


(Evocación de Luis Álvarez Lencero)

El recuerdo me trae hoy a la memoria retazos de viejas lecturas de la escuela primaria, situada en el Pozo de Arriba, en Aceuchal, con mi primer maestro Don Juan Fraile (al que la chusma estudiantil conocía con el nombre de Don Juan El Calvo, ya se puede imaginar por qué)

Los que terminábamos antes las tareas prescritas, teníamos opción de dedicar el tiempo sobrante a un entretenimiento que el maestro llamaba “lectura libre”. Consistía en poder elegir cualquiera de los libros de lectura del armario y llevarlo al pupitre propio para leerlo, mientras los demás terminaban las tareas comunes.

Uno de esos libros de lectura incluía relatos, algunos de los cuales todavía recuerdo cómo comenzaban. Ahí va un par de ejemplos de muestra:

A) Si alguno de vosotros, queridos niños, ha visitado la inmortal Gerona

B) Dos camaradas, dos amiguitos, Luis y Antonio, riñeron una vez por fútiles pretextos...

(Lo de los “dos amiguitos” y lo de los “fútiles pretextos” lo recuerdo nítidamente. También es textual lo de “riñeron una vez”. Pero ¿se llamaban Luis y Antonio? Creo que sí, aunque no me atrevería a asegurarlo con toda certeza)

En cualquier caso, lo que mi recuerdo pretendía asociar era los nombres de dos camaradas, amigos y poetas por más señas, llamados, ahora sí con toda seguridad, Luis y Antonio. Estoy refiriéndome a Luís Álvarez Lencero y a nuestro común (suyo y mío) y admirado amigo Antonio Machado. No conocimos personalmente al poeta de los Campos de Castilla, pero éramos fervientes lectores suyos.

Hoy quiero recordar aquí a Luis, evocando nuestra vieja amistad y nuestra común admiración hacia Don Antonio. El Leitmotiv de mi recuerdo es el que da título a la entrada de hoy: Ligero de equipaje. Este es el tópico poético sobre el que voy a fijar mi atención.

Antonio Machado, austero y desprendido, intuyó que su vocación y su destino, como el del viejo sabio griego Bías de Priene, era el lema que éste proclamaba, bien que de distinto modo: “Todo lo llevo conmigo”. Es decir, también el filósofo griego preferió ir ligero de equipaje, cuando hubo de abandonar Priene, ante la inminencia de un ataque enemigo. Antonio Machado había escrito:

Yo, para todo viaje,

siempre sobre la madera

de mi vagón de tercera,

voy ligero de equipaje.

(C.C.110)

Esto era un ritornello, una vuelta a un viejo estribillo anterior:

Y cuando llegue el día del último viaje

y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,

me encontraréis a bordo, ligero de equipaje,

casi desnudo, como los hijos de la mar. (ibid. 97)

Recordemos cómo esta premonición se cumplió trágicamente en Colliure, a donde llegó el poeta, tras una penosa caminata con su anciana madre y con otros exiliados, fugitivos de la sevicia franquista. Iba Don Antonio prácticamente con lo puesto.

Luis Álvarez Lencero, mi muy querido amigo, encabeza uno de sus poemas del libro Tierra dormida, con los versos de Machado que citábamos en primer lugar. Lencero escribió este libro hondamente conmocionado por la muerte del veterano poeta, amigo suyo, Manuel de Monterrey. Transcribo aquí el poema de Lencero, que conservo en la memoria:

EL GRAN VIAJE

―siempre sobre la madera
de mi vagón de tercera―
voy ligero de equipaje (A. Machado)

Cualquier día nos iremos

donde nadie quiere ir;

todos hemos de partir

y nunca regresaremos.

Por más que desesperemos

en la vía esperará

el tren que nos llevará

en un vagón de tercera,

o en segunda, o en primera;

¡qué más da!

Cuando la campana dé

la hora de la salida,

no habrá retraso que impida

abandonar el andén:

en punto saldrá ese tren

que no cesa de silbar,

y en la estación quedará

nuestra piel arrinconada

para soñar con la nada...

¡qué más da!


Desnudos nos han parido

y nos iremos desnudos,

¡para qué con tantos nudos

nos atan el apellido!

La soledad y el olvido

son puertas de par en par

por las que hemos de entrar

a ser pasto del gusano.

Sea más tarde o más temprano.

¡qué más da!


El título de viajero

ya nos lo dan al nacer;

nadie se queda sin él,

no se compra con dinero;

ni al rico ni al pordiosero

billetes les cobrarán;

todos pagan por igual

en este largo viaje;

y no hace falta equipaje:

¡qué más da!

lunes, junio 08, 2009

¡NIKE, NIKE!

* La Victoria de Samotracia

Ayer, después de conocerse el resultado de las elecciones al Parlamento europeo, la familia pepera (en la que tengo algunos ramales) no cabía en sí de euforia. Había ganado su candidatura en el pugilato de las elecciones al Parlamento europeo: “¡Victoria, victoria!” − clamaban entusiasmados, aunque a punto de desplomarse, como el soldado de Maratón.

 Bueno, sí, victoria, pero “pírrica”; es decir, por escaso margen; es decir,otra vez, con componentes de derrota: ha habido una considerable abstención por parte de un electorado escéptico, desconfiado de los unos y de los otros. No es como para echar las campanas al vuelo.

 Tal es el hambre de victoria en las filas del PP que se ha tomado el resultado de la consulta popular como el veredicto de unas elecciones generales. No es para tanto, no nos engañemos.

 El hecho de que Jaime Mayor Oreja, remiso a condenar el franquismo en ese mismo foro europeo, haya sido elegido para representar a España en él, es preocupante. Es un indicio de que estamos olvidando la historia: aquello que la Memoria Histórica estaba, precisamente, tratando de impedir. Los políticos mendaces y corruptos nos han llevado, inevitablemente, al escepticismo; a bajar la guardia frente a los viejos resabios exaltadores del franquismo. Malo (para la democracia, claro)

 La guerra sin cuartel contra Zapatero está dando sus frutos. Guerra encarnizada, sin cuartel (afortunadamente, por el momento), limitada a los recursos mediáticos y al bombardeo de SMS (“¡ríndete ZP, te tenemos rodeado!”) A lo que podríamos replicar aquello de “¡Defiéndenos, Tintín!” (dicho sea sin retintín)

 Anoche la sede del PP en la rue Génova era una explosión de júbilo. ¡Qué bien! Felicito, efusivamente, a mis antedichos ‘ramales’. A ver si les dura el gozo.

 Y, sobre todo, a ver si redunda en provecho de España. Así sea.

sábado, mayo 30, 2009

LA MUERTE Y EL ORGASMO

La visión del orgasmo como un anticipo de la muerte (la petite mort que dicen los franceses) constituye un tópico literario de amplia repercusión en la literatura universal. Ese tópico literario no conoce fronteras y tampoco se circunscribe a una determinada época literaria: lo mismo podemos rastrearlo en un poeta de la antigüedad que en uno de nuestro tiempo; extranjero o vernáculo.

Los poetas de todos los tiempos han apreciado esas afinidades entre el amor y la muerte, especialmente, en la culminación del acto amoroso que es el orgasmo. Entre los poetas españoles, Miguel Hernández resaltó de modo reiterado las afinidades entre la agonía y el acto sexual. En este sentido, uno de sus poemas más significativos es el titulado “Muerte nupcial”, título que vendría a sustituir al más prosaico nombre de ‘coito’. El anhélito con el que acaba el acto sexual tiene semejanza con la emisión del último aliento en que consiste la expiración:

  Expiramos del todo, ¡qué absoluto portento!

 Pero, sabiéndolo o no, el poeta de Orihuela no hacía más que insistir en un viejo tópico literario. Ya Baudelaire, en el siglo XIX había señalado la semejanza entre el coito y la agonía:                               

L’amoreux pantelant incliné sur sa Belle

a l’air d’un moribond caressant son tombeau

(el amante, jadeando, encima de su amada,

             parece un moribundo que acaricia su tumba)            

 “Hay mucho de verdad − dice J. Evola − (Métaphysique du sexe) en aquella afirmación de Camille Mauclair que dice “la volupté est une agonie, au sens le plus rigoreux du mot” (cit. por Evola, ob. cit., p. 119) Este autor recuerda también un pasaje de Apuleyo (Met. 3. 17) en el que la cortesana Fotis, invitando a Lucio al acto sexual, le dice: “Occide moriturus” (‘Mátame, tú que vas a morir también’) donde los verbos “occidere” (matar) y “mori” (morir) tiene una connotación erótica.

Una observación acerca de la definición del orgasmo como 'pequeña muerte' (petite mort) es que podríamos imaginar, por contraposición, que la muerte sea, correlativamente, un 'orgasmo grande'. Un orgasmo en el que nos quedamos tiesos para los restos.

Finalmente, he escogido para ilustrar esta breve reflexión acerca del tópico ‘muerte-amor’, una pintura que alguien podría calificar de pornográfica. La estilización de la representación la exime del carácter pornográfico que, sin duda, tendría, caso de tratarse de una foto del acto sexual. Es una representación abstracta del mismo. Se trata de un dibujo (decoración de una cratera o kylix griega) que representa una pareja practicando la postura llamada del ‘misionero’. Nada nuevo bajo el sol.

Finalmente, una más completa exposición del tópico literario ‘amor-muerte’ se puede encontrar en mi estudio “De la Filosofía, del Amor y de la Muerte”, incluido en mi libro De la Vida a la Teoría (2001) pág. 201 y ss.

miércoles, mayo 27, 2009

Apeles Mestres, el catalán universal

Eureka! Conseguí recuperar este dibujo de mi admirado Apeles Mestres, el más grande dibujante catalán del siglo XIX y parte del XX.

Ya me coge mayor para que me dedique ahora a realizar aquellas copias minuciosas que en mi juventud hacía, atreviéndome a reproducir a ojo algunas de las ilustraciones de Doré para el Quijote.

Del gran Apeles Mestres reproduje no pocos dibujos. Entre ellos una ilustración para uno de sus cuentos ("¿El señor del castillo?") que copié de la Enciclopedia Universitas (1ª edición) allá por el año 1952. Representaba a un cazador a caballo, a galope tendido, seguido de sus perros. Una reproducción más lograda de esta misma ilustración la regalé a un catalán, avencidado desde hace muchos años en Extremadura, el Doctor Aixalá, que en mis tiempos de estudiante me curó desinteresadamente de unos infiltrados pulmonares, regalándome las medicinas que a él le daban de muestra los laboratorios (esto era en el año 1956) Me pareció buena idea corresponder a su generosidad obsequiándole con aquel trabajillo que yo tenía en tanta estima.

Tengo otra reproducción de ese mismo dibujo, pero menos perfecta. Aquí os la muestro para dejar constancia, no de mi habilidad antigua, sino de la fuerza expresiva de los dibujos de Apeles Mestres:

Cataluña debe estar orgullosa de este gran artista integral: además de ser un formidable dibujante, escribió poesía y compuso obras musicales.

Por cierto, él fue el autor de una famosa canción, No passareu!, que se popularizó en la Primera Guerra Mundial. Apeles Mestres tomó partido por la causa de los Aliados, contra el totalitarismo alemán. En la guerra civil española, volvió a tomar vuelo la canción de Apeles Mestres, y sobre todo lo del “¡No pasarán!”, que hicieron suyo los defensores de la causa republicana.

Apeles Mestres murió en la mañana del 19 de julio de 1936. El ‘día después’ del inicio del levantamiento militar que tanta sangre iba a costar a España y, con ella, a Cataluña. Mestres había presentido proféticamente la tragedia: “El dia que jo em mori cauran llamps i trons” (el día que yo muera caerán rayos y truenos) Una visión anticipada de los fogonazos de los disparos y el ruido de los cañonazos.

¡Genial Apeles Mestres, uno de mis artistas favoritos!

viernes, mayo 22, 2009

El Arco de la Victoria y el caballo de Troya

* Epeo, (autor del proyecto) entre Minerva y Agamenón
A José Luis Ortiz, abogado, fiel lector de este blog
Algunas veces se invierten los papeles, los alumnos enseñan a sus maestros. Es el caso que un muy estimado alumno, seguidor de este blog, me sugirió, tiempo atrás, la posibilidad de establecer un paralelismo entre el caballo de Troya, el monumental artilugio bélico con el que los griegos consiguieron derrotar a los troyanos, y el Arco de la Victoria, en la Moncloa madrileña. La sugerencia me puso en la pista de una serie de analogías que han venido a confirmarme que mi antiguo alumno (hoy abogado de profesión) estaba en lo cierto: se dan, efectivamente, indudables analogías entre el caballo de Troya, la famosa estratagema de Ulises, y el Arco de la Victoria. Las correlaciones son lo suficientemente numerosas como para que podamos establecer un entramado alegórico entre ambas cosas.
La alegoría consiste, en efecto, en una correlación metafórica entre elementos pertenecientes a dos o más grupos de objetos entre los cuales podemos establecer una secuencia de proporcionalidades. En este caso, el caballo es monumental, como el arco; tiene compartimentos interiores, como el arco; es un regalo estratégico, como el arco; preparado por la Inteligencia (Mens) representada por la Universidad; y, muy particularmente, por su rector, en aquella coyuntura, Pedro Laín Entralgo. Otros colaboradores del proyecto pertenecen a la Falange, cuya escisión del régimen parece inminente, tras la defección de Ridruejo. En el Arco de la Victoria se ocultan falangistas disidentes (si no materialmente, sí al menos simbólicamente) como antes en las entrañas del caballo de Troya se habían ocultado los conspiradores que buscaban la ruina de Troya. Podemos dar una lista, la que Virgilio nos facilita en su Eneida: Thessandro, Esténelo, Ulises… hasta el mismo constructor del artilugio, llamado Epeo, carpintero de profesión, según se desprende del relato. El Arco de la Victoria será como la nueva versión de la estratagema empleada en Troya. La maniobra será como un ensayo anticipado del futuro Contubernio de Munich.
Volvamos al caballo: los conspiradores se deslizan sigilosos antes del amanecer y atacan la ciudad “somno vinoque sepultam”: sepultada en el sueño y la embriaguez. Los conspiradores del arco actúan igualmente en la sombra, sigilosamente. Sobre uno de los frontispicios del monumento hay unas palabras inquietantes, bien que de aspecto halagüeño. Sólo que encierran un mensaje fatídico, que equivale al Mane, Thecel, Phares del festín de Baltasar:
A LAS ARMAS AQUÍ VENCEDORAS, LA INTELIGENCIA, QUE INDEFECTIBLEMENTE VENCERÁ, D(A) D(ONA) D(EDICA) ESTE MONUMENTO
Franco es el destinatario innominado del mensaje, y está aludido por una metonimia: “las armas vencedoras” (el instrumento por el que lo maneja) La Inteligencia (por mal nombre conocida por Inteligentzia) le envía este mensaje, felicitándole irónicamente por su triunfo, pero pronosticando, de paso, su propia victoria futura. Como los griegos en el vientre del caballo, la intelectualidad espera, parapetada en el arco, su oportunidad.
Pero Franco es astuto sobremanera. Otra cosa no tendrá, pero olfato no le falta para detectar al enemigo, allí donde esté. Y recela del regalo de la Inteligencia (donum exitiale Minervae = regalo envenenado de Minerva) Tal vez algún Laoconte, dignatario eclesiástico en este caso (no olvidemos que Laoconte era sacerdote troyano, jerarca religioso) le susurró al oído aquello de
equo ne credite, Teucri (Aen. 2.48)
(¡Troyanos: no os fiéis del caballo!”)
No te fíes del Arco, mi general: la leyenda latina sugiere reticencias. Fíjate bien: la victoria de la mente no se alinea con la victoria de las armas, no corre pareja con ella. Se habla aquí de una victoria futura que desbancará a la tuya.¡Ojo, pues!
Y el Caudillo (que era astuto como el zorro y de tonto no tenía un pelo) eludió inaugurar oficialmente el monumento. La inauguración, prevista para conmemorar el aniversario del 18 de julio de 1936, se aplazó indefinidamente. Hasta hoy. El inquilino de El Pardo no fue nunca un pardillo ni, a pesar de su frenillo, se chupó el dedo nunca.
Dejó a los falangistas con un palmo de narices. Los castigó con el desdén. El monumento nunca fue inaugurado, ni a su sombra se colocó, según estaba previsto, la estatua ecuestre del general golpista.
El Arco de la Victoria no presagiaba nada bueno para el régimen, más bien presagiaba su futura derrota por la Inteligencia, es decir, por la Democracia. La Sabiduría (Minerva) es la madre de la Democracia. Y su cuna es Grecia. Y la Democracia aborrece a la Dictadura.
La inauguración del Arco de la Victoria, nunca llevada a cabo por la Dictadura, está reservada, con todo derecho, a la Democracia. Ésta debe tomar posesión del monumento de manera solemne y habrá tenido sentido aguardar más de 50 años a su inauguración.
Por supuesto, la célebre inscripción latina, debida a Laín, debe dejarse como está: tiene todo el valor de una auténtica profecía.

viernes, mayo 15, 2009

Navigare è necessario

Lo sorprendente de esta navegación por los mares de Internet (el nuevo Mediterráneo de la nueva cultura) es que, a menudo, arribamos a lugares desconocidos, o sólo vagamente conocidos, e incluso fantásticos, como aquellos navegantes de las Verae historiae de Luciano de Samósata, que fueron a parar a la Isla de los Sueños y allí se encontraron con antiguos conocidos (lo que confirma que hay recuerdos ‘de sueño a sueño’) Gracias a esta navegación virtual nos convertimos, sin salir de casa, en nuevos Ulises, “aquel varón de muchos recursos que vio las ciudades y las costumbres de muchos hombres” (Odis. 1.3)

Lo que en esta reciente singladura por Internet he descubierto se refiere al asunto, ya más que trillado en este blog, del Arco de la Victoria o Arco de Moncloa. Según la tesis de este opinante, con la que coincido en gran medida, la erección del Arco de la Victoria vendría a representar nada menos que la ruptura del régimen con la Falange, marcando el principio de la desconfianza entre el uno y la otra. Pero no quiero demorar más el facilitarles la dirección del blog y, en concreto del artículo al que me refiero. El autor ha preferido identificarse sólo por las iniciales JDJ. Su trabajo aludido lo pueden localizar aquí .

El caso es que la hipótesis de este comunicante tiene bastantes visos de verosimilitud, si se considera que ya por esas fechas en que se inició la construcción del Arco se estaba fraguando una crisis de confianza entre el régimen y algunos de los hombres más representativos de la Falange: ya habían tenido lugar importantes defecciones por parte de muy calificados miembros de Falange (Hedilla, Ridruejo) lo que inducía a pensar que estos hombres, fuertemente vinculados por relaciones de afecto con viejos amigos de militancia falangista, arrastrarían adhesiones entre ellos. La quiebra de la confianza que la Falange presentaba al régimen no tardaría en hacerse notar y uno de sus primeros hitos fue la Ley de Principios del Movimiento:

En 1956, cabe imaginar que Franco y los suyos estaban preparando ya la Ley de Principios del Movimiento que aprobarían en mayo de 1958, ley que suponía la muerte estatal de los famosos puntos programáticos de Falange que había redactado el hasta entonces sacrosanto José Antonio. El discurso pronunciado por Franco ante las Cortes cuando conocieron* de esta ley es el primer discurso oficial del Caudillo de cierta importancia en el que ni una sola vez, ni una, citó al fundador de Falange. (Véase blog citado)

Por los años de la construcción del Arco, la Falange comenzaba a ser un incordio para el régimen. La pérdida de la confianza mutua era un hecho. Poco después de finales de los 50 comienza a desmontarse el tinglado falangista hasta entonces incorporado al aparato del Estado (asistencia a cursillos del Frente de Juventudes, expedición de títulos de Instructores para obtener el título de Maestro de Enseñanza Primaria, etc.) La Falange ya no era para el régimen más que una adherencia molesta.

Se comprende así la indiferencia del Caudillo por aquel Arco del Triunfo cuyos textos en Latín (¡a saber Dios lo que dirían entre líneas aquellos apóstatas del Movimiento!) habían sido redactados por los amigos de Ridruejo.

Probablemente el Caudillo negó la aprobación de que su nombre apareciera en alguno de los textos de la inscripción. Era un manifiesto desdén por aquel presunto homenaje que no le inspiraba la menor confianza. Tampoco había querido el Caudillo que una efigie suya (una estatua ecuestre, obra de José Capuz) se ubicase junto al Arco.

Y, como ya sabemos, la inauguración del monumento se aplazó sine die. Hasta la fecha. Nunca llegó a inaugurarse.El Caudillo dio con ello prueba de su desdén por el monumento y sus promotores, las autoridades universitarias afectas a la Falange, entre ellas Laín, que por aquellas fechas era relegado de su cargo de Rector.

Coincido con JDJ en que el monumento debe mantenerse en el mismo sitio que está. Disiento de él en que debería cambiarse la inscripción. No es necesario. El texto latino marca sutilmente la diferencia del triunfo que se supone celebrar en él (el triunfo material de las armas) y del otro triunfo, más valioso e imperecedero, como es el triunfo de la Inteligencia.

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* Parece faltar aquí una parte del texto, como si la cita estuviera incompleta

lunes, mayo 11, 2009

Carta abierta a Miguel Garci-Gómez

En tu carta reciente  me hablabas de que tienes tu propia teoría acerca de la inscripción latina del Arco de Moncloa. Me interesa sobremanera conocerla. Si me la envías la publicaría como entrada, en vez de como comentario, entre otras razones porque casi nadie presta atención a comentarios de entradas antiguas. Estoy seguro de que casi nadie habrá leído el comentario que Martin me envió para la entrada titulada Huesos y Piedras (Stones & Bones) Los comentarios se leen cuando lo son a entradas muy recientes.

 ¿Cuándo redactó Laín el texto de su inscripción? Dices que convendría saber este detalle para interpretar mejor dicho texto. No lo sabemos con certeza, pero resulta fácilmente conjeturable que fuera entre los años 1951 y 1956 (primeros años de la 2ª mitad del siglo XX) años en los que aún participaba del poder en las altas esferas de la intelectualidad (años de su rectorado) Ya estaba en el punto de mira del franquismo, como amigo de un disidente: Ridruejo.

Mi interpretación sigue el criterio de lo verosímil y, en todo caso, ese que a ti tanto te gusta en lo que se refiere a "encajar" los datos entre sí (la endocrítica, que pone de acuerdo el texto consigo mismo) Y es lo que se explica por el conocido dicho "si non é vero é ben trovato" (si no es verdad está bien construido)  Fíjate en el desmarque del intelectual que es Laín (representado lógicamente por la palabra 'mens' en el texto de la inscripción)

La 'intelectualidad' (que no es todavía, en esa coyuntura, la vencedora, victrix) lo será en el futuro (victura) Esta intelectualidad dedica el monumento 'a las armas vencedoras' (hic, el adverbio asume el matiz espacio temporal aquí/ahora)                                                                                                                                         Esta victoria es, pues, de las armas, no de la inteligencia. La victoria de ésta se relega al futuro: victura. Hasta aquí me muevo entre hipótesis que tienen su más firme apoyo en la sintaxis: mens (la inteligencia) adhuc non victrix sed profecto aliquando victura (aún no vencedora, pero que, sin duda, ha de vencer más adelante) D.D.D. (da, dona, dedica) hoc monumentum (este monumento) armis hic victricibus (a las armas aquí y ahora vencedoras)

 Hay que notar el desplazamiento metonímico que desvía la gloria del vencedor para atribuirla a las armas ("el instrumento por el que lo maneja")

 Reconozco que mi interpretación entra de lleno en el terreno de lo caprichoso y arbitrario (por mor de lo lúdico) cuando conjeturo que las abreviaturas D.D.D. pudieran significar (Democratiae Denique Donabit) Finalmente donará a la democracia... Esto entra de lleno en la categoría de la broma. Al hacerlo he pretendido emular algún que otro ejemplo de esta interpretación jocosa de abreviaturas que ya se daba en la antigüedad (nos lo recuerda Cicerón en algunos pasajes del De oratore*) y que tenían garantizdo el efecto cómico por su desenfado y su desenvoltura.

Conviene, pues, por mi parte, deslindar lo que puede justificarse, apoyándose en las rigurosas normas de la sintaxis, de lo que es, y yo lo reconozco abiertamente, puro juego de la fantasía.

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* Cf. De orat. 2.240.6 y 2.280.9)

viernes, mayo 08, 2009

Una extraña habilidad

Cuenta el poeta hispano romano Marcial (Epigr. 10.55) el caso de una tal Marulla (pronunc. Marul-la) que con solo sopesar con la mano el miembro viril en erección podía decir con asombrosa aproximación cuántas libras, o submúltiplos de libra pesaba. Si luego volvía a sopesarlo en estado de flacidez  podía, igualmente determinar cuántas onzas o submúltiplos de onza había rebajado su peso.

 No sabemos si la tal Marulla, además de tal, sería fulana (fulana de tal) Desde luego, si es la misma persona a la que se alude en otro pasaje de los Epigrammata (6.39) se trataría de una persona que le ponía, cuando menos, los cuernos al marido. Y esto resultaba deducible por el parecido físico que cada uno de sus siete hijos presentaba con diferentes varones que se sospechaba que pudieran tener comercio carnal con la dómina: el cocinero, el panadero, el profesor de lucha libre, etc. y así hasta siete de los que ‘trabajaban’ como servidores en la casa. Y podrían ser nueve los hijos que no eran del marido, de no ser porque dos de estos domésticos eran eunucos, es decir, estériles.

 Si Marulla es experta en sopesar falos es porque los ha probado de todos los tamaños. Por eso el poeta, reconociendo la habilidad táctil de tan experimentada calibradora, alaba el instrumento del que la mujer se sirve para determinar el peso de los miembros viriles, bien sea erectos o bien tras haber realizado sus tareas y labores habituales. La mano de Marulla es ese valioso instrumento. De él dice el poeta de Calatayud: Eso no es una mano, es una balanza de precisión.


martes, mayo 05, 2009

Indulto de monumentos

En repetidas ocasiones me he referido al Arco de Moncloa, llamado también Arco de la Victoria, como un monumento del franquismo que merece dejarse tal como está. Estos monumentos mayores del régimen deben permanecer intactos, entre otras varias razones por la primordial de que su desmantelamiento supondría unos costes muy elevados. Otra razón es que conviene dejar en pie los más emblemáticos de esos monumentos, no sea que, como recientemente expone uno de los comentaristas del blog  de José Mª Lama, se pueda extinguir la memoria del franquismo en las generaciones venideras. Estos monumentos emblemáticos son ‘indultables’, por las razones alegadas. Pero en lo que respecta al Arco de Moncloa  existe una razón adicional (que ya he repetido hasta la saciedad en ocasiones anteriores) y es que, aunque fuese subvencionado por el régimen franquista, proclama la futura victoria de la Democracia. El Arco de la Victoria, aunque pasajeramente, circunstancialmente, estuviera dedicado a celebrar el triunfo de las armas (armis hic victricibus), está consagrado, a perpetuidad, a celebrar el triunfo de la Inteligencia, es decir, de la Democracia. Un país donde no haya democracia es un país en el que la Inteligencia está en franca minoría.

Ese es el mérito de la inscripción latina del Arco, debida a la sutil inteligencia de Laín Entralgo, en la que se desmarca el triunfo de las armas, vencedoras hic et nunc (aquí y ahora) del triunfo futuro de la inteligencia, no pasajero, sino perenne (iugiter  =  a perpetuidad)

No andaba muy descaminado el sabueso de Millán Astray cuando vociferaba en Salamanca (justo en el templo de la sabiduría que es el Paraninfo de su Universidad, y en presencia de uno de los sumos sacerdotes de aquel momento, Don Miguel de Unamuno) su necrófila consigna: “¡Muera la inteligencia!”. Su olfato de perro de presa le hacía intuir que el peor enemigo del totalitarismo y de la dictadura era la Inteligencia que allí mismo iba a emitir su veredicto, por boca del rector: “¡Venceréis, pero no convenceréis!”.

El Arco de Moncloa es, hoy día, el Arco de la Victoria de la Inteligencia, contra el oscurantismo y el dogmatismo cerril. La que, en aquellas fechas, fue Mens victura, es hoy ya, felizmente, Mens victrix. Laín Entralgo auguró sabiamente, sibilinamente,  el porvenir.

 

Por algo el franquismo desdeñó inaugurar en su día el monumento. Supo de antemano (intuyó) que la victoria futura ya no sería la suya. En este sentido también hay que reconocerle al franquismo su inteligencia. At ille sapit (“También él sabe”)*

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 Evocamos un dístico de Marcial que dice: Nubere vis Prisco, non miror, Paula: sapisti! / Ducere te Priscus non vult: at ille sapit (Quieres casarte con Prisco. No me extraña, Paula: eres inteligente./ Pero Prisco no quiere casarse contigo: también él es inteligente

sábado, mayo 02, 2009

La gripe que viene de Méjico

*Bailando la danza llamada 'jarabe tapatío'
Se ha creado cierta psicosis a propósito de la epidemia mejicana de la ‘nueva gripe’, nombre que se postula sea el definitivo, tras las diversas denominaciones dadas con anterioridad: gripe porcina, gripe A, y algunos otros nombres, como podría ser el de 'gripe mexicana'. También se me ocurre que la podríamos llamar 'fandango tapatío', nombre de un célebre baile folklórico mexicano.El caso es que la nueva gripe se propaga, según comprobamos con cierta inquietud, con sorprendente rapidez, en una panspermia que parece tener predilección por la alta velocidad. ¿Veremos pronto por nuestras calles y plazas, por los lugares que multitudinariamente frecuentamos (transportes públicos, estadios, mítines…) a la gente con mascarillas?

Esta madrugada, en la duermevela, he calibrado los posibles riesgos que a mi edad puede uno correr si la ‘pirripia’ llegara a pillarme. Los mayores de x años (entre los que me cuento) estamos en estos casos en los llamados ‘grupos de alto riesgo’. Si la muerte no ha sabido hasta ahora cómo meternos mano, la ocasión le brinda una estupenda oportunidad de deshacerse de nosotros. Sin embargo, mis antepasados más directos (mis abuelos, paternos y maternos, sobrevivieron a la entonces llamada ‘gripe española’, la del 18, del siglo pasado. Y también sobrevivieron mis padres, que por aquellas fechas eran unos adolescentes) ¿Por qué no podría yo también sobrevivir a esta nueva edición del Apocalipsis, con sus cuatro famosos jinetes, la Guerra, el Hambre, la Peste y la Muerte? (Guerras que nunca faltan, aquí o allá; Hambre, que ahora viene vestida de Paro; Peste -aviar, porcina, española o mejicana- y, como remate, la Muerte: la Capitana, de Baudelaire. La procedencia mejicana del morbo me lleva a otro enlace que yacía por ahí, escondido entre mis neuronas. Tenía una vaga noticia de la existencia de cierto baile típico de Méjico que se llama 'jarabe tapatío'. Y se me ocurre la idea -peregrina, sin duda- de que este 'jarabe' pudiera tener efectos terapéuticos sobre la nueva plaga. Como si se tratase de un viejo ritual de los antiguos aztecas, como conjuro para alejar la molesta plaga.

Todo lo cual resulta un tanto fantasmagórico y tiene la absurda ilación propia de los sueños. Cosa por lo demás nada extraña si tenemos en cuenta que este blog lleva por título La materia del sueño.


viernes, abril 24, 2009

Desmantelando mitos

Fotografía debida a cortesía de Víctor Pavón

El franquismo trató de legitimar su actuación alegando motivaciones de carácter patriótico y religioso, a base de las cuales edificó sus propios mitos: mentiras con pretensión de verdad. Derribar esos mitos, desmontarlos pieza por pieza, será la victoria futura de la inteligencia, preconizada por Laín en la inscripción latina del madrileño Arco de la Victoria.
El pasado día 23 de abril, conmemorativo de la Fiesta del Libro, fue un día memorable para Zafra, porque en él se inició el desmantelamiento de uno de los monumentos residuales del franquismo en esta ciudad: el obelisco que presidía la llamada Glorieta de Castejón. Ya hacía años que había desaparecido la placa de cobre, fijada al granito con cemento, pero sobre éste aún persistían grabadas las letras de la inscripción, perfectamente legibles cuando el sol matutino daba de lleno en esta cara del prisma granítico, la orientada, mira por dónde, cara al sol. La leyenda de la inscripción rezaba: GLORIA A FRANCO, CAUDILLO DE ESPAÑA, VENCEDOR DEL COMUNISMO INTERNACIONAL.
¿Dónde está el mito aquí? Pues en lo de ‘internacional’, sobre todo. Según esta interpretación, Franco, enfrentado al comunismo internacional (enemigo exterior, radicado especialmente en Rusia) lo derrotó en suelo español, exterminando, selectivamente, a todos los españoles comunistas, o afines al comunismo.
La toma de Zafra ocurrió un 7 de agosto y en ese mismo día, y los sucesivos, se llevó a cabo la matanza que suponía la victoria de Franco sobre el comunismo internacional. El comandante comandado, Castejón, fue el encargado de realizar la gesta-fechoría. La cual estaba tan lejos de poder ser considerada un acto heroico, merecedor de un monumento, que el mismo promotor de la idea se vio en el caso de tener que recurrir al hecho de armas más próximo, a fin de justificar la erección del obelisco conmemorativo, y que fue la escaramuza que se dio en la Sierra de los Santos, a tres kilómetros de Zafra*.
Mitos y más mitos para justificar lo injustificable: un ejército desleal, levantado en armas contra su propia nación. Para elevar a la categoría de ‘gesta' y de ‘cruzada’ lo que fue un golpe de Estado, un delito de rebelión contra el gobierno de la República, legalmente constituido, una toma de posición por parte de un sector del estamento militar en un litigio doméstico entre ricos y pobres, laicos y religiosos, incrédulos y creyentes.
La población de Zafra ha esperado pacientemente durante 34 años, desde la muerte del dictador, a ver desaparecer del pasaje urbano este símbolo del franquismo. Un mito más para arrumbar en el desván de la Memoria histórica. El mito de la Guerra Civil contada por el vencedor, magnificada, exaltada, al rango de Cruzada y de gesta heroica. Y aún hoy hay nuevos mitólogos, tipo Moa, que pretenden enjuagar los propios mitos con supuestos mitos sobre la Guerra Civil, creados por la otra parte. Un simulacro de historia, con un pretendido apoyo documental para demostrar, por ejemplo, que Franco no fue golpista, o que la guerra civil la iniciaron las izquierdas en 1934.
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* Artículo firmado por A.M., publicado en HOY con fecha 11 de septiembre de 1936 (recogido por José Mª Lama en La amargura de la memoria, pp. 587-8, Diputación de Badajoz, 2003)

jueves, abril 23, 2009

Evocación de Moreno Guerrero

El pasado 2008, se han cumplido los 25 años de la muerte del escritor Francisco Moreno Guerrero. Dejó huella de su paso por Zafra, entre otros motivos porque fue uno de los ediles del Ayuntamiento zafrense en los primeros años de la Transición, cuando aún no existía la polarización política a que daría lugar la desmembración de la UCD. Fue la época monocolor, la del partido que abarcó una amplia zona del espectro político que iba de la derecha a la izquierda, sin extremismos. Los extremos fueron evitados en una sociedad escarmentada de la Guerra Civil, que rehuía los antiguos enfrentamientos de los dos bandos irreconciliables que protagonizaron aquella guerra fratricida. La idea del centro político logró temporalmente borrar las viejas rivalidades. El Centro político fue un feliz invento que consiguió conjurar aquellas posturas inconciliables de antaño.
A Moreno Guerrero me unió una amistad, nacida de la mutua estima en el terreno literario, aunque tuvimos ciertas diferencias de puntos de vista, a propósito de la polémica de Valdecaballeros. Si la cúpula de UCD era favorable a la construcción de la central nuclear, había, en el seno del partido, división de opiniones entre las bases y la referida cúpula con respecto a la conveniencia de dicha construcción. Y de estas diferencias de criterio partiría uno de los ramales de la línea divisoria que marcaría la escisión de la UCD en direcciones opuestas: una hacia la izquierda, con el PSOE y la otra hacia la derecha, con AP, que luego se llamaría PP. Por supuesto, las fuerzas que contribuyeron a la disgregación de la antigua UCD no partieron de esa única discrepancia. El golpe decisivo que acabó por disolver el centro político fue el 23-F. La gran coalición que fue la UCD se escindió, sin remedio, ante aquella amenaza de la derecha golpista.
Recientemente ha aparecido una referencia a Moreno Guerrero y a su primera novela, El cura de Torrehalcón, publicada por la Editorial Esquina Viva. Una reseña de un joven lector, sevillano de origen, que estudió en Fuente de Cantos, y que es amigo de un ahijado de Moreno Guerrero: Javier Morales, hijo de Antonio Morales (consocio que fue de M.G.) y de Araceli, la maestra de EGB, recientemente fallecida.Pongo la referencia Hispaniarum donde puede verse la reseña del libro de M.G.

domingo, abril 19, 2009

Entrevistas indiscretas

Al concluir la entrevista, la entrevistadora dio al anciano un casto beso en la boca. El anciano era, en este caso, el actor Tony Leblanc. Los papeles de anciano le van al pelo a Tony Leblanc en los últimos tiempos. Los borda. No tiene siquiera que caracterizarse con pacientes y minuciosos maquillajes. Él es hoy un anciano 'clavado', como fue, en otros tiempos, galán joven.

La periodista, desenvuelta ella, le preguntó, sin empacho alguno, cómo llevaba la presumible abstinencia sexual que se les supone a los ancianos; y el veterano actor, sin cortarse un pelo (la verdad es que tampoco le hace falta) se refirió al estado actual de su miembro viril comparándolo a una ‘verruga grande’. Repárese en el efecto compensatorio del adjetivo. Verruga, sí, pero ‘grande’. El tenerla ‘grande’ compensa, en cierto modo, el lastimoso hecho de que los atributos masculinos se vean reducidos a la condición de ‘verruga’. ¡Qué grande es Tony Leblanc todavía y qué grande ha sido siempre como actor!

La entrevistadora (un día de estos espero averiguar su nombre) practica una cierta forma de periodismo desenvuelto, muy en boga últimamente. El ‘despendole’ es la tónica de esta clase de periodismo de nuevo cuño. La reportera y el viejo actor se despidieron besándose en la boca, tal vez para demostrar lo ‘inofensivo’ que puede ser un beso a ciertas edades. Recordé la triste lamentación de aquel octogenario, de ingenio fresco, sin embargo, que fue Ramón de Campoamor:
Las hijas de las madres que amé tanto
me besan ya como se besa a un santo.


Poesía y desnudez.- Mas se fue desnudando y yo le sonreía”…(J.R.J.)
La verdad y la poesía propenden al nudismo. Lo que no quiere decir que sean también exhibicionistas. Más bien al contrario: tienden a ocultarse. Ya lo decía el viejo Heráclito: ‘la naturaleza ama ocultarse’ (physis kriptesthai filei). Sólo para sus elegidos quieren ellas desnudarse y éstos son los filósofos y los poetas. Ellos son sus más rendidos admiradores, los que tienen una actitud de ‘mirones’ respecto a ellas. Verdad y poesía son, selectivamente, exhibicionistas sólo como una deferencia hacia sus elegidos.

La resurrección de la carne.- “…frigidus in Venerem senior” (Verg.G., 3.97)

A ciertas edades solemos ser normalmente escépticos respecto al dogma de la resurrección de la carne. No obstante, el erotismo bien administrado puede hacer milagros, igual que, según cuentan, los hace la viagra: La droga específica de aquellos que ‘no levantan cabeza’.
Pero es el caso que hay ancianos sexualmente activos, que no necesitan de la cantárida ni de ningún otro de los afrodisíacos clásicos. Para éstos el cariño suele ser el más eficaz estimulante. Nada como él para creer en la resurrección de los muertos.

Parece ser que el último reducto de la sexualidad lo constituye el reino de la fantasía. Así convienen en admitirlo los expertos. Según éstos, la sexualidad se repliega hacia la imaginación, como su refugio postrero . Ella es la que comanda, desde luego, los estímulos capaces de reactivar funciones en desuso o en franco retroceso.
Cuenta el poeta hispano-romano Marcial el caso de dos féminas, una guapa, aunque más bien fría; y otra, menos guapa, pero más bien fogosa. Para caracterizar a cada una, el poeta les da nombres alusivos a sus respectivos talantes: Floguis significa, en griego, 'fogosa', 'ardiente'; y Chioné quiere decir, literalmente, Nieve. Sendos nombres que existen en la onomástica española: Candelas y Nieves.

El atractivo de la ardorosa Floguis (Candelas) es que tiene un poderoso sex appeal, aunque, en gran medida, sólo conocido de quien ha tenido acceso a sus favores e intimidades. El incentivo principal reside en sus atributos sexuales. El poeta bilbilitano llama a este peculiar atractivo con una palabra que resulta ser la cifra y el símbolo del sexo femenino: la ‘llaga’. Una metáfora para designar el órgano sexual femenino que tiene en Marcial, si no a su creador, sí a uno de los más antiguos usuarios de la misma. Miguel Hernández puso al día, tomándola de la poesía mística, la metáfora de antigua solera que ya empleara el poeta de Calatayud:
Ábreme, amor, la puerta
de la llaga perfecta.

Ante tan poderoso reclamo, ni siquiera la vejez constituye una excepción que le oponga resistencia. Marcial recuerda a los más renombrados arquetipos de la vejez, como son el longevo Néstor y el anciano Príamo, rey de Troya. La ‘llaga’ de Candela haría de seguro estirarse al flácido miembro de Príamo y no consentiría de ninguna manera que el viejo Néstor se comporte como un viejo. Ante tan potente estímulo toda impotencia desaparece.

No será Nieves, por tanto, el remedio apropiado a la impotencia del varón. Para frigidez ya es suficiente con la que aporta el varón de edad avanzada. Porque, como decía Virgilio del caballo viejo: frigidus in Venerem senior (‘es frío para la práctica del sexo el que está entrado en años’)

Mujeres hay que saben entrarle al varón en esa remisa edad que marca el ocaso de la sexualidad. Mujeres maravillosas, taumaturgas, capaces de realizar con los varones seniles el milagro de la resurrección de la carne.

lunes, abril 13, 2009

Más sobre la ejemplaridad de la Transición

Sí, se puede admitir que tuvimos una Transición modélica, admitiendo también que resultó serlo por táctica, porque una de las partes, la perdedora de la guerra civil, procedió con extremada cautela; sabedora de que la otra, la detentadora del poder, tenía la sartén por el mango y, en cualquier momento, podía dar marcha atrás al proceso democratizador; por más que muchos ex-franquistas estaban de Franco hasta el gorro y, en general, de la dictadura y del retraso democrático con respecto a Europa.

La integración sentimental entre vencedores y vencidos operaba de alguna manera en los descendientes de unos y otros, ya desde los años 50 y 60, como notaba recientemente Santos Juliá en su artículo “Los niños de la guerra” (EL PAÍS, 5-4-2009) Este espontáneo movimiento de integración por parte de las nuevas generaciones de españoles, unido a las defecciones, por esos mismos años, de algunas figuras de la intelectualidad que habían militado a favor de la causa del Movimiento (pienso ahora en Ridruejo y Laín, ambos, en mayor o menor medida, castigados por el Régimen) estaba abonando el terreno de lo que sería la democracia que ya comenzaba a vislumbrarse.

No obstante, habría que esperar al deceso del dictador para roturar el terreno. Después de casi cuarenta años, el franquismo se había convertido en un árbol añoso, nada fácil de erradicar. El franquismo conservaba suficiente poder para retardar o dificultar el imparable proceso democrático de la sociedad española. Y lo utilizaría, a la postre, como moneda de cambio para el traspaso de ese poder, que detentaba hasta entonces en exclusiva y que le demandaba su legítimo propietario, el pueblo. Así se iniciaron los “tira y afloja” con los que el cambio político comenzó, y así se negoció la Ley de Amnistía (1977) y la Constitución de la llamada Transición (1978)

La Transición tuvo mucho de transigencia (admitamos que por ambas partes) y no poco de transacción: ‘cedamos poder, bien está, pero sea a cambio de impunidad (amnistía) y de chitón y punto en boca sobre los crímenes y delitos contra la Humanidad por parte del franquismo’. Nuestra constitución transicional se someterá, en este punto, a la Ley del Silencio.

Para contrarrestar la Ley de Amnistía y la Ley del Silencio (tácitamente implícita en la Constitución de 1978) y evitar que pudiera confundirse la amnistía con la amnesia, se procuró poner a punto una Ley de la Memoria Histórica, que ha servido de incordio y musca testicularis (vulgarmente, ‘mosca cojonera’) para la oposición y que, a la postre, tampoco satisfizo a quienes pretendía satisfacer; pues, entre otras cosas, no exige la anulación de las sentencias por delitos políticos, dictadas por los tribunales franquistas , o discrimina a las víctimas del franquismo según que las ejecuciones de las mismas fuesen anteriores o posteriores a 1968.*

En resumen, la presuntamente ‘modélica’ Transición, sin dejar de ser transición, ha dejado de ser ‘modélica’, entre otras razones por su prolongada duración. Admitida la impunidad para los responsables de los crímenes de guerra, por haber fallecido los más señalados (entre ellos, el máximo responsable) queda, sin embargo, la condena moral del franquismo y su justificación del Alzamiento como defensa de la patria y la religión, con el exterminio del rival político, no en acción de combate, pero calificando esos asesinatos como “actos de guerra”.
En fin, la oposición actual, que parece aceptar el proceso democrático, exceptúa, sin embargo, uno de los pasos más importantes de este proceso: el de la condena del sistema que a él se opuso siempre. Inconsecuencia, ¿no?

Hubo, sí, una condena en el Parlamento español a la que se sumó el PP, anulada después por el representante de este grupo político en el Parlamento europeo. Con lo que nos hemos retrotraído a la fase de la Transición anterior al 20 de noviembre de 2002. Por obra y gracia del PP y de su portavoz en ese foro europeo, la Transición ha resultado retrógrada. Otra razón para que dejemos de considerarla modélica.

Señores del PP: Lo que se les pide es razonable y justo y contribuirá al fortalecimiento de la Democracia. Condenen sin más reticencias ni contradicciones el franquismo. No se puede aplicar aquí la socorrida excusa de la componenda escolástica, distingue tempora et concordabis iura. Lo que está mal (porque es intrínsecamente malo) lo será siempre, hoy como ayer y como mañana.

No se cierren en banda, por favor. La democracia saldrá ganando y, con ella, todos.

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* Ver "El deshonor de la democracia", Octavio Alberola ("Cartas al Director", EL PAÍS, 22 de marzo de 2009)

jueves, abril 09, 2009

La ejemplaridad de la Transición española

“¿Por qué voy a tener que condenar yo el franquismo si hubo
muchas familias que lo vivieron con normalidad y naturalidad?”
(La Voz de Galicia.es, 14-10-2007)


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Las palabras de la cita que encabeza estas líneas son la respuesta de Jaime Mayor Oreja a un periodista que le preguntaba por qué esa resistencia del PP a condenar el franquismo.
En primer lugar habría que replicarle al Sr. Oreja que su opinión personal no nos interesa y no es por ella por la que se le pregunta. Lo que nos interesa es la opinión del partido que él representa y del que fue portavoz en el Parlamento europeo. En ese foro internacional fue Mayor Oreja el encargado de representar al PP. Y su actitud fue la de no sumarse a la condena del franquismo por parte de las democracias europeas. Con lo cual desmentía la anterior posición de su grupo en la sesión parlamentaria correspondiente al 20 de noviembre de 2002, en el Parlamento español. El PP se retractaba así, por medio de su representante en el parlamento europeo, de lo que había suscrito años atrás en el parlamento español. Palinodia se llama esa figura.
Ahora bien, la condena explícita e inequívoca del franquismo es, en el caso español, condicio sine qua non, para poder calibrar la rectitud de intenciones de quienes dicen optar por el sistema democrático. Es la consabida 'prueba del algodón'.¿No rehusaban los batasuneros condenar los atentados de ETA? Y con ello daban pruebas de estar a favor de la misma. Pues, mutatis mutandis, no condenar el franquismo es no estar inequívocamente a favor de la democracia.
Esta democracia seguirá siendo rehén de la derecha ideológica mientras el partido, actualmente en la oposición, rehúse condenar explícitamente la dictadura y, concretamente, el franquismo, como su más reciente manifestación histórica.

La derecha ideológica, hoy representada en el PP, hubiera querido una democracia estancada en la Transición de forma permanente: los elogios dedicados a ésta en los que se destaca, principalmente, su ejemplaridad, parecen querer conducir a la conclusión de que la Transición debería convertirse en la forma permanente, y no sólo transitoria, de la democracia española. Ya hay quien habla de una segunda transición, con lo cual parece que el estancamiento puede hacerse consistir en una sucesiva serie de transiciones (tras la 2ª vendría la 3ª, etc) todas tendentes a retardar la definitiva llegada a la Democracia. Es lo que en el idioma galo se llama piétinement sur place: patinar el vehículo en el atolladero. En política más bien significa voluntad de no avanzar: Le piétinement est l'action politique du refus (La acción política del rechazo)

Ahora bien, la Transición fue democracia en rodaje. Y parece razonable que, después de 30 años de rodaje, nuestro vehículo esté en condiciones de dar por terminada esa prueba.

Se aplazaron ciertas reivindicaciones, para facilitar la puesta a punto del vehículo. Así, por ejemplo, lo de las honras póstumas y tardías de las víctimas del franquismo. Tales honras fueron impensables durante la dictadura (hubiera sido como exaltar la rebeldía por parte del perdedor) y se pospusieron durante la Transición (pues podrían ser provocadoras del golpismo latente)

Toda la Transición ha estado condicionada por ese miedo y ese respeto al franquismo larvado, recurrente, amenazador.

La Constitución de 1978 es todavía la constitución de la Transición, no la de la democracia plena. Redactada por juristas de diversa procedencia política, hubo de someterse a la Ley del Silencio, impuesta por los antiguos partidarios del Régimen.

Copio seguidamente unos párrafos tomados del libro de Francisco Espinosa, El fenómeno revisionista o los fantasmas de la derecha española:

El pacto de silencio entre los franquistas reformistas y la izquierda será capitalizado por la derecha, que seguirá siendo su gran beneficiada. El círculo se cerrará el día en que, amparada por una mayoría social que asuma abiertamente el franquismo, la derecha considere que ha llegado el momento de reivindicar públicamente la figura de Franco y su obra, sin temor ni a perder votos ni a causar escándalo alguno.

Es un pronóstico ciertamente inquietante para el futuro de nuestra democracia (la de todos los españoles). La Ley de la Memoria Histórica tiende a evitar que esto suceda. De ahí que haya sido tan mal recibida por cierta derecha recalcitrante. Por eso quienes desean que no se produzca esa eventualidad han propuesto los “13 Puntos Mínimos para el debate de la ley de Memoria”. En primer lugar figura el de “La condena del régimen franquista”.
Esa condena implicará la demolición de los mitos con los que se pretendió justificar el golpe de estado que suplantó al Estado legítimo.
Es un requisito irrenunciable para una democracia de pleno derecho: la Democracia, con mayúscula.
Transigir con su incumplimiento será prolongar indefinidamente la Transición-Transigencia. La democracia valetudinaria de los vencidos.

sábado, abril 04, 2009

A propósito del libro Tiempo al tiempo, de Carlos Sánchez Rodríguez

Carlos Sánchez es un excelente poeta nacido en Aracena (Huelva). En su ciudad natal ha ejercido la docencia como catedrático de literatura española. Y allí continúa, ahora en situación de jubilado.
Estudioso de Montano, tiene varias publicaciones sobre el biblista de Fregenal. Pero, sobre todo, Carlos cultiva la poesía y ha publicado varios libros de carácter poético. El anterior a éste que ahora se edita constituye un homenaje a San Juan de la Cruz y lleva por título Al socio deseado, un verso memorando de una de las liras sanjuanistas (Lira 34, v. 4º del Cántico espiritual)
El libro ahora publicado se titula Tiempo al tiempo, evocando un verso de Antonio Machado ("Proverbios y cantares",II, 51) y se ha imprimido en Zafra, por la acreditada empresa Rayego. Un ejemplar de esta publicación me llegaba hace unos días, dedicado expresamente por el autor, como en anteriores ocasiones. La edición ha estado a cargo de la Asociación Cultural Huebra y ha sido patrocinada por el Excmo. Ayuntamiento de Aracena.
El tiempo, en su triple dimensión de pasado, presente y futuro, es el personaje central de la obra, el eje sobre el que gira el poemario entero.
Desde el instante presente, cimero, se columbran diversas etapas de la vida del poeta: la infancia y la niñez, la juventud (¿fue juventud la mía?) y la madurez, lindante ya con la innegable proximidad de la vejez. La omnímoda presencia temática del reloj contribuye a la ambientación de esas diversas etapas. Así, en la infancia, la estampa que nos viene a la memoria es el recuerdo de la abuela sentada en el patio, haciendo calceta. Hay unos juguetes esparcidos por el suelo (los bolindres, la peonza, los soldaditos de plomo) Se trata de espacios exteriores, como el “Patio” y la “Azotea”. El reloj adopta aquí apariencia de juguete, la más sugestiva para la infancia: el “Reloj de cuco”.
El pasado es el tiempo vivido, dejado atrás. Este carácter de ‘preterición’ que tiene la vida, pasajera por excelencia, afecta también al presente y al futuro. Y es que lo nuestro es pasar, que dijera Antonio Machado ("Proverbios y cantares",I,44) El tiempo se remansa hacia el ayer. Incluso el presente es, según la sibilina definición heideggeriana, “un futuro sido”. O el “aún-no-ser-ya-sido”. Lo expresó de modo más asequible y menos alambicado Jorge Manrique:

Si juzgamos sabiamente
daremos lo no venido
por pasado.

Del reloj como juguete pasamos al reloj como instrumento de cocina. Una modalidad de este último es el reloj de arena, muy apropiado para calcular el tiempo de cocción de un huevo. Más seguro, desde luego, que el método de rezar sucesivamente tres credos, como hacía la abuela. Porque, a veces, se atascaba la memoria, o dudaba en aquello de “padeció debajo del poder de Poncio Pilato”, que acaso era “bajo el poder de Poncio Pilato”. Estas y otras distracciones podrían echar a perder el punto de la receta.
En cuanto al “Reloj de péndulo”, viene a ser como el aprendiz de solfeo, midiendo el tiempo con el compás binario de dos por cuatro (en este poema se evocan sensaciones proustianas, si no la de la famosa ‘magdalena’, sí las del olor a pan tostado y al aromático café)
Las estatuas y efigies conmemoran figuras y personajes que, a menudo, ya pocos recuerdan. Pasan a engrosar las borrosas figuras del pasado. Es el caso de ese mítico personaje que se alude (sin nombrarlo) en el poema “Aniversario”. Intervino en la revolución cubana más importante del siglo pasado, pero no es Fidel Castro. Dejemos que el lector lo adivine.
En el poema “Good bye, Lenin” se glosa la caída del viejo dictador ruso. Y, en el titulado “Estatua ecuestre”, la caída de otro dictador más cercano a nosotros, cuyo nombre se da por sabido y, por tanto, es superfluo mencionarlo:

Soplaron otros aires ­−oh, fábula del tiempo−,
giraron las veletas tornadizas
y un buen día miramos al jinete
pendular entre nubes
− su último alzamiento, desde luego−,
colgado por el cable de una grúa,
sin que le diera tiempo
a bajarse siquiera del caballo
.

En este fragmento, el autor pone en cursiva la frase “oh, fábula del tiempo” dando a entender que se trata de una expresión ajena y conocida. Conocida, desde luego, para quienes recuerden la “Elegía a las ruinas de Itálica”, de Rodrigo Caro. Tampoco vendría mal haber puesto en cursiva la palabra “alzamiento”, por lo que tiene de evidente guiño al lector.
Hay relojes emblemáticos y aquí se citan algunos, como el del Carmen y el de Praga, evocadores de lugares típicos. Quizás echemos de menos el famoso Big Ben inglés, o nuestro castizo reloj de la Puerta del Sol, cuyas campanadas de fin de año nos sirven de pauta para tomar las doce uvas.
Otros relojes, otros computadores del tiempo: el de pulsera, a veces con categoría de joya. Y el de bolsillo. Ambos pueden servir para ‘fardar’. Desde luego, este último le servía al abuelo, muchas veces, para esto.
El “Reloj de estación” preside el momento crucial de las despedidas. El poema va encabezado por los dos primeros versos de la famosa canción de Gilbert Becaud:

Et maintenant que vais-je faire,
de tout ce temps que sera ma vie


El poema dedicado al “Reloj de sol” va encabezado por una cita de Ovidio. Podría ser perfectamente un pentámetro, sólo con invertir el orden de las dos primeras palabras y sustituir la errata “nubilia” por “nubila”.
No podía faltar la alusión a los relojes imperfectos (“Reloj que atrasa”) que son contrafigura de nuestra propia víscera cardíaca, nuestro reloj interno que es el corazón. Reloj que, a veces, da en adelantarse o en atrasarse y que, entonces, necesita de ese aparatito regulador del ritmo que se conoce con el nombre de ‘marcapasos’.
El tiempo pretérito por excelencia es el utópico, o más bien, el u-crónico de la Edad de Oro. La utopía es lo no existente en el espacio, la ucronía lo que no existe en el tiempo (el 30 de febrero) La nostalgia del Paraíso evoca esa utopía y esa ucronía (es anterior al espacio y al tiempo) Hubo una experiencia de la felicidad, antes de que existieran el espacio y el tiempo, según la intuición del gran Camoens:

Mas, ó tu, terra de glória
se eu nunca vi tu essência,
cómo me lembras na ausência?
Não me lembras na memória
senão na reminiscência.

Es el recuerdo del Paraíso perdido, latente en la memoria de la especie.
El otro mito de la felicidad perdida es el de la Edad de Oro. Aquí viene al pelo la evocación de Cervantes y el famoso discurso que Don Quijote ‘endilgó’ a los cabreros.
Es la mítica Aetas aurea que algunos sitúan en el futuro.
Por último, el recuerdo de la muerte. Para un profesional de la literatura el encuentro con la vejez equivale a tomar conciencia de la “vecindad” de la muerte. Miguel Hernández se sentía ‘vecino de la muerte’, no por razones de edad, pero sí por razones de enfermedad y de guerra. Y, sobre todo, por enamorado. Pero el hombre ‘mayor’ (permítase el piadoso eufemismo) siente esa vecindad porque ve que se agota el cupo de años normalmente asignado a una vida. Recordemos el famoso terceto de Quevedo ya en el umbral de la vejez:

Vencida de la edad sentí mi espada,
y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuera el recuerdo de la muerte
.

El poeta siente, a veces, esas insinuaciones, esos ‘guiños’ que hace la seductora, a la que le gustan, sobre todo, los hombres mayores. El santo de Asís la llamó “hermana Muerte”, pero otros la conocen por apelativos menos afectuosos: la Calva, la Pelona, la Huesuda, la Desnarigada…
Con todo, llegará el día en que sucumbiremos a sus 'encantos'. Porque, previsiblemente, ella tiene su encanto especial, un sex appeal irresistible. El amor mortis es una constante de la literatura, desde Lucano y más atrás.
Carlos Sánchez, por el momento, apuesta por la vida y hace muy requetebién. Es preferible pensar en el edamus et bibamus, cras enim moriemur (‘comamos y bebamos, que mañana moriremos’.
Como Ortega y su cita védica, suplicaremos al Dios que preside el Cielo:
Hay muchas auroras que no han nacido todavía. Haz que las veamos, ¡oh, Varuna!.
Y si, entre esas auroras, hay alguna Aurora, mejor que mejor.

sábado, marzo 28, 2009

El Arco de la Victoria, monumento del franquismo

Eadem sed aliter: lo mismo, pero dicho de otro modo. Ayer estuvo colgado en la red, durante unas horas, este artículo que luego retiré con el propósito de modificarlo. En él reitero mi convencimiento de que el llamado Arco de la Victoria, o Arco de la Moncloa, con ser un monumento del franquismo, no es, sin embargo, un monumento al franquismo. Es un monumento a la Inteligencia. El primer desagravio a la misma, desde el famoso ultraje “¡Muera la inteligencia!”, proferido por Millán Astray en el paraninfo de la Universidad de Salamanca; lo que provocó la réplica, ponderada y valiente de Unamuno, que terminaba con el profético “¡Venceréis, pero no convenceréis!”

Las obras del Arco se llevaron a cabo entre 1952 y 1956, según proyecto del arquitecto López Otero. El texto de las inscripciones latinas fue redactado por Pedro Laín Entralgo, por entonces rector de la Universidad Complutense. Es precisamente del análisis del texto que contiene la dedicatoria de donde obtenemos la convicción de que la ciclópea construcción no es un monumento al franquismo sino a la Inteligencia.

En el texto se deslinda cuidadosamente, pulcramente, el triunfo de las armas (“armisvictricibus”) del triunfo de la inteligencia, que se traslada al futuro (“Mens…victura”) Se da a entender que el triunfo de aquéllas es circunstancial y pasajero (“hic…”), mientras que el de ésta será perpetuo, para siempre (“iugiter”)

Los intelectuales, representados por Laín, rendían pleitesía a las armas victoriosas, pero se desmarcaban de ese triunfo, dando a entender que éste no era su triunfo. ¿Barruntarían la sutil discrepancia los artífices de la victoria? Muy probablemente. El caso es que el monumento, que debería haberse inaugurado para conmemorar el 18 de julio, no se inauguró en la emblemática fecha. He aquí el testimonio del historiador Palacios Atard:

La inauguración del Arco de Triunfo estaba prevista, como ya se ha dicho, para los actos conmemorativos del 18 de julio de 1956. Pero pasó la fecha y el monumento no fue inaugurado. Desde entonces el Arco del Triunfo aguarda el momento en que esta inauguración tenga lugar. *

Pero volvamos al análisis del texto de la inscripción para interpretar el mensaje subyacente que late bajo él:

A las armas aquí vencedoras, la inteligencia,

que perpetuamente ha de vencer

d(edica), d(ona), d(a)

este monumento

Laín emplea una abreviatura habitual de las inscripciones clásicas monumentales: D.D.D. Su significado se da por sabido, pero nada nos impide que pensemos aquí en otro truco retórico llamado reticencia. Se calla lo que se da a entender, diciéndolo en clave, en este caso, mediante abreviatura: D(at), D(onat), D(edicat) La interpretación rutinaria se da por conocida. Pero se deja a la libre interpretación del lector que él mismo complete ad libitum esas tres iniciales. Nada impide que yo, latinista, haga mi particular lectura de la abreviatura en estos términos:
D(emocratiae) D(enique) D(onabit): (La Inteligencia), finalmente vencedora a perpetuidad, donará a la Democracia este monumento.

Sabemos que el gran latinista Antonio Tovar (falangista de los primeros tiempos, amigo de Laín y de Ridruejo) sugirió algunas modificaciones del texto de la inscripción. Lo que prueba, ante todo, que él no era el autor del texto, como habíamos sugerido alguna vez, antes de conocer al verdadero autor. Pero esas modificaciones propuestas por Tovar eran irrelevantes. Sugería éste que, en lugar de poner Inteligencia (Mens) en la inscripción se pusiera Minerva (que era, a la vez, la diosa de la Sabiduría y de la Guerra) Y, en el lado opuesto del Arco, sustituir la expresión “in conspectu Dei” por la de “sub oculis Dei” (o sea, en vez de “en la presencia de Dios”, escribir “a la vista de Dios”) Cuestiones nimias como se ve. Para mí que ambos latinistas y amigos se habían dado ya de ojo sobre el texto a convenir. Proponiendo tan insustanciales variantes daban a entender que ambos estaban de acuerdo con el fondo del texto, a pesar de esas ligeras discrepancias. En particular, a Tovar le gustó el empleo del adverbio “jugiter”, que había sido objeto de reparos por parte de algún purista, por ser un vocablo más bien propio del latín posclásico. * *
Lo que ocurría era que, ya por las fechas de la construcción del Arco, Laín estaba bajo el punto de mira receloso del Régimen. Ambos, Laín y Tovar, eran, como hemos dicho, amigos de Ridruejo, que ya por aquellos años había comenzado a pagar su disidencia del Régimen con la cárcel y el exilio interior.
Parece que el Régimen hubiera querido humillar de alguna manera a estos intelectuales y desairarlos con el aplazamiento indefinido de la inauguración del monumento.
De esta manera, el monumento, al parecer, más significativo del franquismo no se inauguró en tiempos de Franco. Tampoco se ha inaugurado durante la Transición. ¿Se podrá inaugurar, por fin, sin variar ni una coma en el texto primitivo, en los tiempos de la democracia?
Se puede inaugurar, en efecto, sin ningún tipo de reparo hacia su origen franquista. En vista de lo antedicho, podríamos colegir que se hace justicia al monumento, porque pronosticó el triunfo de la inteligencia, aliada por fin con la democracia. Sirve así, ahora como antes, de pórtico grandioso que da acceso a las sedes de la sabiduría, la Universidad, templo de Minerva en la capital de España.

(Incorporo, solicitando previamente el permiso de su propietario, esta foto en la que aparecen, de izquierda a derecha, Luis Felipe Vivanco, Luis Rosales, Rodrigo Uría, Dionisio Ridruejo, Pedro Laín Entralgo, Gonzalo Torrente Ballester y Antonio Tovar)

NOTAS:
* Véase V. Palacios Atard, La alimentación de Madrid en el siglo XVIII y otros estudios madrileños, (Real Academia de la Historia, Madrid, 1998) pág. 231

** Véase “Les emplois de jugis et de jugiter dans la latinité tardive”, por Claude MOUSSY, en Latin vulgaire et latin tardif, Actes du 4e Colloque International sur le Latin vulgaire et tardif, Caen, 2-5 sept. 1994, coord. par Louis Callebat, (1998) pp. 237-249. El ejemplo más antiguo datado es de Séneca (Cuest. Nat., 4a.2.20.4) para referirse a las "nieves perpetuas" (iugiter sunt nives)

jueves, marzo 26, 2009

ALEGORÍA DE LA TRANSICIÓN

La dictadura y la transición están prefiguradas en la Biblia, concretamente en el libro del Éxodo. Pues esas etapas han sido como el éxodo político del pueblo español hacia la tierra prometida de la democracia. Hubo que pasar un “mar rojo”, de sangre española derramada. Tras el paso de ese Mar Rojo vendría la travesía del desierto de la dictadura, que duró casi tanto como la israelita: cuarenta años. En el éxodo bíblico hubo un caudillo, Moisés; en el éxodo de nuestra alegoría el caudillo fue Franco, Caudillo por antonomasia y “por la gracia de Dios”, según los profetas de la dictadura. Este caudillo, al igual que Moisés, tampoco estaría destinado a entrar en la tierra prometida de la Democracia: el obstáculo era él mismo.
Con la muerte del Caudillo iniciamos una etapa menos árida de acercamiento a la tierra prometida. Esa etapa fue la Transición. A partir de ahí comenzamos ya a vislumbrar la democracia cercana, pero no acabábamos de llegar a ella. Muchos creyeron que la Transición era ya la tierra prometida, cuando sólo era la última etapa del viaje. Y la Transición se convirtió en acampada indefinida. O en dar vueltas en torno al mismo sitio, como Josué alrededor de Jericó, esperando que se derrumbaran los muros del inmovilismo franquista. Los expedicionarios de la peregrinación hacia la Democracia no nos poníamos de acuerdo. Unos decían: “Hay que tirar por la izquierda”. Y los otros: “No, es mejor por la derecha”. Algunos de estos decían “si viviera Moisés no hubiera pasado esto”. Pero los partidarios de virar hacia la izquierda exigían la condena retrospectiva de Moisés, por habernos hecho cruzar, con la Cruzada, el Mar Rojo. Empero los adictos del caudillo, que hablaban con Yahvé y comandaban el Arca de la Alianza entre la Iglesia y el Estado, se negaban a condenarlo: consideraban necesario y hasta purificador ese baño de sangre.
Continúa, pues, la Transición dando vueltas a la ciudadela de esta nueva Jericó, último reducto de la resistencia para conquistar la Democracia. El franquismo residual no acaba de franquearnos sus
murallas.

sábado, marzo 14, 2009

La oposición por sistema

Lo que pasa en España con la oposición política merecería una más detenida reflexión, encaminada, sobre todo, a esclarecer lo que tiene de aberrante y perjudicial para la salud del país. Porque, en el nuestro, el enfrentamiento y la rivalidad entre las diversas opciones políticas ha alcanzado un grado de animosidad y de acritud que, por fuerza, impide el avance en lo social, fomenta el distanciamiento y estorba el logro de los objetivos comunes que debe proponerse la sociedad: principalmente el de la consecución del bien común. La alternancia política se da, más o menos, en todos los países desarrollados en la democracia: republicanos y demócratas, en USA; laboristas y conservadores en el Reino Unido, etc. En España, los partidos de izquierda y los descendientes de la antigua derecha, vencedores en la guerra civil, tras aquella etapa de matrimonio de conveniencia que fue la UCD, volvimos a la escisión de antaño, a la dualidad izquierda-derecha, hoy representada en los partidos mayoritarios que son el PSOE y el PP, respectivamente .

Una tendencia francamente reprobable que tiene lugar hoy día, principalmente atizada por la oposición, parece haber concentrado toda su razón de ser en combatir a la otra opción política, actualmente en el poder, con el objeto de derrocarla cuanto antes. Se está enrareciendo la situación por momentos, desde una beligerancia a todas luces patente en los medios de comunicación. El diagnóstico de este fenómeno se ha venido llamando, en estos últimos tiempos, crispación, y su incidencia en la vida política del país se está, día a día, haciendo más enconada. Medios hay que parecen haber cifrado toda su razón de ser en dedicarse por completo a socavar toda confianza en el gobierno actual por parte de los futuros votantes. Me pregunto qué sería, por ejemplo, de la COPE o de algún que otro programa televisivo como pudiera ser el llamado Intereconomía (los maulladores ‘gatos’, estimulándose constantemente) si se les acabara su tema favorito: erosionar al Gobierno. Viven de eso, esa es su actual razón de ser. (Dan la impresión de ser muchos, de estar en todas partes. En su constante bombardeo de SMS suelen preguntarse: “Hay gatos en…?” Y, a veces, la respuesta esperada: efectivamente, “hay gatos en tal o cual sitio”. (Vale. Con tal de que sean “cuatro gatos”, como dijo en memorable ocasión Felipe González) Esta proliferación de los 'gatos', tan en boga, me recuerda uno de los chistes contra el Régimen, cuando éste ejecutó a Julián Grimau, en 1963, imputándole el delito de rebelión militar, con efecto retroactivo. Hubo ya en aquellas fechas muchas protestas contra esa ejecución. Hasta Franco habría sentido remordimientos de conciencia, y, según el chiste, había ordenado exterminar todos los grillos y gatos de los alrededores de El Pardo, porque no lo dejaban dormir, recordándole constantemente su fechoría:
_ Gri-mau, Gri-mau, Gri-mau...
Desgraciadamente, creemos malo para España este cariz que está tomando la situación. A este paso volveremos a ‘meternos mano’ (en el sentido menos grato de esta expresión) cualquier día.
El desencanto político, el escepticismo, puede hacer presa en nosotros. Y entonces la democracia, tan laboriosamente recuperada (después de casi cuarenta años sin levantar cabeza) se va a encontrar en peligro. Tenemos que acabar (empresa verdaderamente difícil) con la corrupción de nuestros respectivos representantes políticos. Tanto de los ‘hunos’ como de los ‘hotros’. Y salga el sol por donde salga, que siempre saldrá por la derecha, si estamos mirando hacia el Norte, o por la izquierda, si estamos mirando hacia el Sur.

jueves, marzo 12, 2009

Pasó el Carnaval

Pasó el Carnaval con sus murgas y chirigotas, sus sátiras y chanzas, que aplican la risa como correctivo, de acuerdo con el viejo dicho ‘castigat ridendo mores’(‘castigar los vicios poniéndolos en ridículo’) Esa es, según suele admitirse, la finalidad de la sátira.

Una de las etimologías que se han dado de la palabra Carnaval supone que se ha formado de la fusión de otras dos palabras (Carne-vale) que vendría a significar algo así como ‘Adiós a la carne’. No estoy seguro. Sí que parece claro que la otra palabra que sirve para designar estas fiestas tiene un origen claramente latino: Carnestolendas (de ‘carnis’ y ‘tollere’, quitar o suprimir la carne) En ambos casos se hace referencia a la abstinencia de la carne en la dieta, penitencia propia del tiempo de Cuaresma. La abstinencia solía ir acompañada de otro sacrificio: el ayuno.

Parece que el precedente romano del Carnaval fueron las Saturnales, unas fiestas en las que la gente se divertía con el intercambio de ‘roles’, o papeles, sociales: los amos hacían de esclavos, y viceversa. Se trataba, en cierto modo, de invertir el orden habitual de las cosas, de poner ‘el mundo al revés’. Es como si la gente se cansara de representar el mismo papel y quisiera ensayar un modo de ser diferente. A este impulso obedecen también ciertas tendencias al ‘travestismo’, que se ponen de manifiesto especialmente en estas fiestas. Hombres que se visten de mujer, y mujeres 'caracterizadas' de varones. Por más que hoy día se ha generalizado el uso femenino del pantalón.

La visión carnavalesca de la vida es de signo barroco. Puede añadirse a las otras típicas cosmovisiones de este movimiento, como son la de la ‘vida como sueño’ y la del ‘mundo como teatro’. Larra veía la vida toda como un trasunto del Carnaval: “Todo el año es Carnaval”, es el título de uno de sus más famosos artículos. El romanticismo de Larra representa el desengaño barroco del siglo XIX.

La teoría de Larra ya estaba asimilada e incorporada al folklore cuando, hacia mediados del siglo XX, la pareja artística formada por Carmen Morell y Pepe Blanco (pareja también en la vida real) pusieron de moda el tema de los debates, discusiones o riñas artísticas, tema que ya se había explotado en el terreno, por ejemplo, de la zarzuela. Otra pareja artística, que imitaría el procedimiento, sería el dúo formado por Dolores Abril y Juanito Valderrama, también pareja en la vida real. Era poner al día la vieja literatura de los debates, los denuestos del agua y el vino, la lucha de Don Carnal y Doña Cuaresma.
El dúo Morell-Blanco popularizó, en los primeros años de la década de los cincuenta, uno de esos ‘altercados’ entre parejas, en los que se lanzan puyas mutuamente:

Quítate esa caretita pa mirarnos frente a frente,
que ha llegado el momentito de decirnos la verdad:
Tú con uno y yo con otra y a vivir tranquilamente
que la vida, aunque no quieras, siempre ha sido un Carnaval.

Era yo estudiante en el Seminario cuando esta canción se radiaba casi a diario por las emisoras. Y recuerdo que uno de los internos, Álvarez de Luna, que tenía unas formidables aptitudes como caricato, unas dotes histriónicas fuera de lo común, imitaba al célebre dúo radiofónico, remedando las voces del señor obispo, Don José Mª Alcaraz Alenda y del señor deán de la catedral, Don Daniel Gómez Ordóñez. El obispo hacía el papel de Pepe Blanco y, el deán, el de Carmen Morell. La parodia iba destinada a provocar la risa desternillante de Aparicio, otro compañero, sobre el que la comicidad de Luna tenía un efecto avasallador. Luna imitaba primero la voz opaca y semigangosa del obispo salmodiando:

¿Quién ha visto una pastora vestida de ricas pieles?

Y, seguidamente, la voz chillona y algo aflautada del deán, contestándole:

¿Quién ha visto un limpiabotas con corona de marqués?

Aparicio se escachaba de risa.

Luna (llegó a hacerse cura) tenía una vis comica extraordinaria, imitando los tranquillos de las más altas instancias de la Curia pacense. Era de una irreverencia superlativa, pero todo se le dispensaba, como si tuviera patente de corso. Sus imitaciones eran de una comicidad insuperable. Y es que el tío les hacía gracia incluso a los mismos superiores. Era uno de los pocos que disfrutaban del privilegio de un suplemento alimenticio llamado ‘principio’. En el Seminario sólo los mayores (generalmente de la comunidad de Teología) que ejercían el cargo de inspector tenían este privilegio. Pero había excepciones: también podían optar a ese suplemento alimenticio aquellos a quienes sus padres podían pagárselo. Luna era uno de ellos. Soto, mi condiscípulo, era otro. Este era un futbolista de excepción (algún equipo profesional parece que intentó ficharlo) Soto desplegaba una energía que raramente hubiera podido sostenerse con las escasas raciones del Seminario. Era un orgullo para el Seminario (y para sus celadores) poder presumir de un atleta semejante. De manera que la vergonzante discriminación que se permitía por la superioridad, en estos casos, se realizaba sin reparo alguno. ¡Escandalosa desigualdad! Pero los siervos de Dios la veían como la cosa más natural del mundo.

Y bien, ¡el Carnaval! Era a lo que íbamos.

viernes, marzo 06, 2009

Los dogos del Régimen

José Antonio Girón de Velasco, ex-ministro de Franco, murió en 1995. Fue uno de los duros del Régimen, de los más resueltos a perpetuar el resultado político de la Guerra Civil. Para él la situación política, resultante de la victoria de las armas, era inamovible a perpetuidad; tenía que perpetuarse mientras ellos, los vencedores, continuaran con vida: ese derecho lo reclamaban con carácter vitalicio y aun querían hacerlo hereditario, extensible a sus descendientes, a su cada vez más exigua familia política. Tales eran las intenciones de aquella camarilla que se llamó el bunker, decidida a impedir, por las buenas o por las malas, todo intento de apertura.
Memorable fue su intervención a raíz de la legalización del partido comunista con el gobierno de Suárez. El ex-ministro advirtió en aquella ocasión, con semblante torvo y ceñudo:
No vamos a renunciar a la victoria; una victoria que lo fue, precisamente, contra el comunismo como principal enemigo.
(Sus palabras obtuvieron un aplauso, no particularmente entusiasta, por parte de sus conmilitones)
Los hechos vinieron a demostrar que estos ‘señores’ se habían convertido en un serio obstáculo para el normal desenvolvimiento del sistema democrático, al que iban a tratar de boicotear por todos los medios a su alcance. Desde ese paso decisivo, que para la normalidad democrática supuso la legalización del partido comunista, comenzó a fraguarse la conspiración que pretendía retrotraer la situación política a la posición franquista. Los golpistas del 23-F, en una desatentada maniobra de ataque al pueblo español, representado en el Congreso de los diputados, irrumpieron allí, secuestrando por unas horas la voluntad popular. Un general badulaque cometía el disparate de sacar los tanques a la calle, para amilanar al pueblo soberano y al Soberano del pueblo, el mismísimo Rey Juan Carlos I. Se reproducía el viejo ‘tic’ de la Dictadura, que tomaba por rehén al pueblo español. Menos mal que el rey Juan Carlos tuvo claro de parte de quién tenía que ponerse.
Al optar por la democracia, el rey logró fundirse con la voluntad popular y sus legítimos representantes en el Congreso. En esa memorable coyuntura se demostró que no hay incompatibilidad entre República (=democracia) y Monarquía. La decisión del rey Juan Carlos I logró aunar voluntades y consiguió hacer realidad aquel sistema de gobierno que Cicerón llamaba ‘regali re publica’: la ‘república regia’ o, también, la ‘monarquía republicana’. Y en aquella oportunidad el monarca español se ganó a pulso un título que, oficialmente, todavía no se le ha reconocido: el de ‘Padre de la Patria’. Título que merece, según el orador romano, aquel rey 'qui consulit ut parens populo' ('que mira por su pueblo como un padre') (R.P. 2.47.5) Aquella coyuntura dio ocasión a que el rey mereciera con justicia el honroso título de Pater Patriae, con el que se honraron varios emperadores romanos.

domingo, marzo 01, 2009

La Iglesia y el cisma republicano

* La aparición de la Cruz al ejército de Constantino, con la leyenda EN TOUTWI NIKA ("Con este signo vence") Cuadro de Rafael.
Quiero hablar hoy de la religiosidad de aquellos republicanos que, pese a su condición de católicos, la religión oficial de la Iglesia, fueron tratados como oficialmente fuera de la misma por el estamento eclesiástico. Este era el caso de mis padres y, en general, de la mayoría republicana. Estaban casados ‘por la Iglesia’ y habían llevado a sus hijos a recibir el bautismo (o a ‘cristianar’, como solía decirse también) Sin embargo, fueron asociados, por los del golpe militar, con los ateos y los matadores de curas y frailes. Y la santa madre Iglesia, desde luego, los metió en el mismo saco que a los incendiarios de los templos. La Iglesia (en general) abandonó a estos cristianos a su suerte: a las fieras del levantamiento militar. La causa de los sublevados se asoció bien pronto a la causa de Dios, debido, en gran parte, a la famosa Carta a los Obispos Católicos, redactada por el Cardenal Gomá, que tanto contribuyó al descrédito de la causa republicana. Enseguida comenzó a propalarse uno de los más falsos eslóganes de la propaganda del Régimen: el que ‘rezaba’ Por Dios y por España. Mentiroso y falsario hasta la náusea.

Mi madre, Virginia, y mi padre, Eloy, eran miembros de la Iglesia en 1936. Mi madre siguió siendo creyente siempre. Todavía la vi santiguarse y rezar cuando ya estaba en su cama esperando la última hora.

¿Y mi padre? No sé si sería católico practicante. Probablemente, no; aunque estaba bautizado y casado por la Iglesia.

Pero ejerció de modo práctico la solidaridad cristiana, en su vertiente socialista, cuando se trajo a casa un par de críos, (hermanos, niño y niña) hijos de un ‘compañero’ de Almendralejo, que estaba en paro (o en huelga, no estoy seguro) y los chiquillos estuvieron en nuestra casa una temporada, mientras se resolvía la situación de su padre. Mi madre aceptó resignadamente la papeleta que le había endosado su marido y acogió a aquellos niños y cuidó de ellos lo mejor que supo. Recuerdo que imitaba muy a lo vivo las palabras del crío, siempre con un apetito insaciable, pidiendo pan para él y para su hermanita:

Mi Quina quiere pan… ¡Y yo también!

Mi padre fue, según esto, buen cristiano. Desde su credo socialista, por supuesto.

A la propaganda fascista le interesaba meter en el mismo saco, de oprobio y de descrédito, a todos los socialistas, republicanos, comunistas, etc. bajo el denominador común de rojos. Todos ellos quedaban marcados por esa tacha infamante, identificados con los ‘enemigos de Dios’, incendiarios de templos y exterminadores de curas y frailes.(‘Si los curas y los frailes supieran…’ , canturreaba la famosa letrilla jocosa de los republicanos clerófobos…)

La causa religiosa se adscribió así a la causa fascista, de manera interesada. La jerarquía eclesiástica tuvo mucho que ver con esta mixtificación. De modo que los eclesiásticos colaboraron con los rebeldes y pusieron un contrapunto falsamente piadoso a las ejecuciones, facilitando la confesión a los sentenciados a muerte (sin juicio previo o, como mucho, con un simulacro de juicio) ¡Qué buenos que eran aquellos curas, salvando almas en el supremo trance! También la Inquisición, en su día, facilitó a los reos ese trámite de abrirles las puertas del Cielo, cerrándoles las de la Tierra.
¿Y los verdugos? ¿Pecaban o no pecaban contra el 5º mandamiento? Pues no, porque asumían con resignación el penoso deber de matar ejerciendo la función del brazo ejecutor de la justicia divina. Así lo tenía asumido un conocido escopetero de mi querido pueblo, cuyo nombre (el del matón) callo, porque ya está en el otro mundo; aunque también lo callaría si estuviera en éste, para no suscitar odios contra él. No sé si este asesino fue persuadido por algún cura o dio en imaginar, por sí solo, que él mataba por imperativo divino. Tan convencido parecía estar que incluso quería también convencer a sus víctimas:

No te mato yo, te mata Dios.

Es curioso que este fanatismo consistente en ‘matar por imperativo divino’ es característico de las llamadas ‘guerras santas’ (y la Guerra Civil, por designios de la jerarquía eclesiástica española, fue una Cruzada, es decir, una guerra santa) He aquí un texto del Corán, puesto en lengua latina, que confirma la existencia de este fanatismo entre algunos adictos de la religión de Mahoma:

Et non tu enecavisti eos, sed Allah enecavit eos, nec tu detrudens detrusisti, sed Allah detrusit (8, 11-17)

(“Y no fuiste tú quien los mató, sino que los mató Alá; ni tampoco, al quitarlos del medio, fuiste tú quien los quitó, sino Alá"…)
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** Ver enlace con la entrada de este blog titulada "La Memoria Histórica según Alberto " (octubre 19, 2007)

La lealtad cartaginesa

La lectura del libro que reseñaba en mi anterior entrada me lleva a reafirmarme en otro comunicado que publiqué en este mismo blog (PUNICA FIDES) La facción de la derecha que asumió el mando en el Ayuntamiento de Aceuchal, a raíz del alzamiento militar del 18 de julio, procedió desde luego con dolo y perfidia, sin respetar los compromisos contraídos con los responsables del Comité antifascista, constituido por acuerdo de la corporación municipal anterior al golpe de Estado.¡Elemental, querido Watson, que hubiera dicho Sherlock Holmes! ¿Cómo iban a respetar los fascistas un acuerdo pactado con un comité que se había dado a sí mismo el nombre de ‘antifascista’? Es de cajón, ¿verdad? Y lo que asombra es que los ingenuos integrantes de aquel Comité, entre los que se encontraba Don Cándido, fueran todos tan cándidos que creyeran que, al respetar ellos las vidas de los rivales políticos, éstos iban a hacer lo propio con las suyas y, en consecuencia, les propusieran esa especie de “pacto entre caballeros”. ¿Caballeros?

A nivel personal hicieron lo mismo con mi padre (por cierto, me muero de ganas de saber los nombres de las personas que integraban ese bizarro Comité Antifascista*, que más bien debió titularse el Comité de los Cándidos, por la ingenuidad de sus componentes, todos ‘cándidos’ de alma, y uno de ellos, incluso de nombre) Si en ese comité no figuraba el nombre de Eloy García Guerrero, mereció figurar porque, sin duda, pertenecía al bando de los cándidos.

Mi padre, a diferencia del de Domingo Maqueda (†), no disponía de un horno adecuado en donde guarecerse. Se ocultó en un cortijo, o casa de campo, distante cinco o seis leguas del pueblo. Pero los que iban a convertir el “pacto entre caballeros” en papel mojado, sabedores de la candidez de la familia, abordaron a mi tío (Jerónimo) y lo convencieron con toda clase de marrullerías de que iban a respetar la vida del fugitivo. Y a lo mejor hasta le facilitaron el carro con el que fue a buscarlo en un caluroso día de primeros de septiembre, supongo que ya metidos en la novena de la Soledad.

Los romanos aconsejaban no fiarse nunca del enemigo. Era un consejo de escarmentado, que ellos habían experimentado en carne propia, no confiar jamás en lo que ellos llamaban, irónicamente, la “lealtad cartaginesa”.

Esa fue la lealtad que emplearon entonces con sus propios convecinos los que, respaldados por la rebelión militar, asumieron las riendas del mando.
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* He recibido de parte del joven investigador de Aceuchal, Manuel Carretero, la lista de los nombres que integraban el Comité Antifascista. No figura entre ellos el nombre de mi padre. Un cargo menos que tenían contra él los que lo mataron. Y una sinrazón más.

sábado, febrero 28, 2009

Tiempos de olvido imposible

Mañana domingo, 1 de marzo, hará una semana que apareció en las páginas del suplemento literario del diario HOY (p. 6) la reseña, firmada por Manuel Pecellín, del libro de Miguel Sanz Vera, Tiempos de olvido imposible.
En este intervalo me ha llegado, por gentileza de un joven paisano de Aceuchal, a quien no tengo el gusto de conocer personalmente, un ejemplar de dicho libro. Detalle que, por descontado, le agradezco de todo corazón. Él es estudioso de la historia de Aceuchal y se interesa de manera especial por esa etapa de la misma sobre la que siempre se ha pasado de puntillas, para no despertar ni odios ni rencores dormidos. Estos han estado controlados por el Tiempo de silencio, para emplear el título de otra novela relacionada con esa etapa. Después ha ido despertando la “memoria histórica” y este libro, como otros tantos, viene a ser testimonio de ese despertar.

Yo no soy, en este caso, un lector imparcial. Formo parte del entramado de la obra, estoy ahí aunque no se me ve. Conozco a los personajes. He tratado a casi todos ellos, algunos identificados y otros no. Mejor así, tal vez. Conocí, por ejemplo, a la tata, o niñera, de los hermanos Sanz, uno de ellos el autor de este libro. (Por cierto, creo que se trata de Antoñina, que iba a coser a mi casa, junto con otras mozas de la calle Postrera. En el libro la llaman Toñina) Conocí a la madre del autor, Doña Fermina, a quien visité en Madrid por los años 70. Cuando supo de quién era yo hijo, se sinceró conmigo contándome las penalidades que tuvo que sufrir su marido, la paliza inmisericorde que le dieron los verdugos, dejándole todo el cuerpo en carne viva, y el remedio que le aplicó uno de los dos hermanos Delgado Mayoral, médicos de Aceuchal por aquellas fechas: remedio peor que la enfermedad y que no se le hubiera ocurrido ni al torturador más refinado: que empapasen una manta en alcohol y que envolviesen en ella al herido. Sin duda, con el loable propósito de que no se le infectasen las heridas.

He seguido leyendo hasta el encuentro con las personas, vivas aún, que se citan en el libro: David Muñoz, Juan Baquero y el entonces alcalde, Antonio María Guerrero Linares (que, según creo recordar, fue alumno mío entre los años 61 y 67 del siglo pasado, cuando yo estaba de maestro en La Panera, hoy Biblioteca Municipal “Mahizflor”)

En fin…el libro. Las declaraciones de Juan Baquero merecen un breve comentario que no quisiera pasar por alto. Asumiendo por su cuenta y riesgo la representatividad del sentir general de Aceuchal afirma:

− Aquí, en Aceuchal, todo el mundo apreciaba a Don Cándido.

Y, a renglón seguido,

− Aquí, en Aceuchal, se consideraba un privilegio ser amigo de Don Cándido y todo el mundo sintió su muerte como si se tratara de alguien de su familia.

He destacado, en cursiva, ese ‘todo el mundo’ que está en flagrante contradicción con los hechos reales, como bien observa, un poco más adelante, el autor del libro, que no tiene pinta de chuparse el dedo:
Tremendas palabras y nobles de intenciones. Pero lo cierto es que entonces no hubo nadie, entre quienes pudieron hacerlo, que alzara una voz en su favor” (pág. 24)

Otro de los halagos propinados por Juan Baquero al autor del libro requiere un comentario de mayor calado; algo que afecta a la salud democrática de la misma comunidad piporra. Y es la frase con que el entonces concejal (no estoy muy seguro si lo era entonces y si aún lo sigue siendo hoy) dijo al visitante, hijo del represaliado:

El pueblo de Aceuchal está en deuda con los herederos de Don Cándido.

¿Sólo con los herederos de Don Cándido?

Aquí hay que sacar la cara por el pueblo de Aceuchal y corregir al informante, aprovechando la ocasión para rectificar sus palabras en el sentido siguiente:

El pueblo de Aceuchal está en deuda con todos los herederos (si no de bienes materiales, sí de bienes del espíritu) de todos aquellos que fueron represaliados por el río revuelto que propició la rebelión militar. Nunca, que yo sepa, se honró públicamente a esos muertos que, por cierto, lo fueron por la democracia. ¿Qué clase de democracia es ésta que no ha reconocido aún, pública y solemnemente, el mérito de aquel sacrificio?

Porque la República tuvo sus mártires, por más que nunca hayan sido canonizados, ni lo vayan a ser jamás.

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(Ilustraciones: Portada del libro y dibujo de Castelao “Los mártires serán santos”)

martes, febrero 24, 2009

Bías ¿precursor del cinismo?

* Alejandro Magno y Diógenes
Finalmente, a Bías se le atribuye también una frase que ha hecho historia. Es aquella que dice “todo lo mío lo llevo conmigo”. Fue con ocasión de tener que abandonar la ciudad, inmediatamente antes, o después, de que los enemigos la tomaran; cuando todos sus compatriotas dejaban sus hogares, llevando consigo las pertenencias que estimaban más necesarias o valiosas. Bías no llevaba encima nada más que lo puesto. Y cuando uno de sus compatriotas le preguntó por qué no llevaba nada consigo, Bías le contestó:
En realidad, yo lo llevo todo conmigo.

Ese despego de lo material, ese gesto de prescindir de todo lo accesorio, como en este caso serían las pertenencias materiales, convierte a Bías en un precursor de los cínicos. Y, precisamente, en uno de los más radicales; si consideramos que Diógenes de Sínope, que vivió aproximadamente un siglo y medio después, pretendería reducir al mínimo sus utensilios y enseres personales. Según el poeta Ausonio (s. IV p. C) estas pertenencias consistían en “una alforjas, un poco de harina de cebada, una capa, un bastón, una escudilla…”. Ausonio no menciona el tonel (‘pithos’) que, según es fama, le servía de refugio en el que se guarecía para dormir. Lo que sí dice es que, a pesar de tener un ajuar tan reducido, todavía le parecía demasiado y, al ver que un rabadán bebía en el cuenco de las manos, él prescindió de la escudilla: “¿A qué llevarte conmigo, si eres algo superfluo?”
La anécdota de Bías la podemos leer en latín, en sendas versiones: la de Cicerón y la de Valerio Máximo. La de Cicerón dice:


No dejaré de alabar, una y otra vez, al sabio aquel, Bías, uno de los siete, según creo, cuya patria, Priene, había sido tomada por los enemigos. Y cuando los demás habitantes de su ciudad salían de ella llevando sus pertenencias y alguno de entre sus paisanos le aconsejó hacer lo mismo, le contestó:

− Ya lo hago: Todo lo mío lo llevo conmigo (
Par. Stoic. 1.1.8)

La versión de Valerio Máximo es como sigue:

Habiendo invadido los enemigos la ciudad Priene, patria de Bías, y estando en trance de abandonarla todos aquellos que habían salido ilesos de la crueldad de la guerra, cuando éstos salían de la ciudad cargados con el peso de sus más valiosos bienes, preguntaron a Bías por qué él no se llevaba nada consigo, respondió:

Todo lo mío va conmigo.

Pues él llevaba esos bienes en su alma, no sobre los hombros, porque son los bienes que no se ven con los ojos del cuerpo, sino con los del espíritu, ya que habitan en el domicilio del alma y no pueden quitarse de allí por las manos de los mortales, ni aun de los mismos dioses; y así como permanecen con los que se quedan, así no pueden separarse tampoco de los que se marchan” (Dict. et Fact. Mem. 7.2 (ext.) 3)

lunes, febrero 23, 2009

SIN SALIRNOS DE BÍAS

Cuando glosábamos hace poco la sentencia de Bías que dice, más o menos, “los malos son mayoría”, queríamos entender esa sentencia libre de connotaciones políticas. Desde luego, no suponemos que el sabio griego tuviese prevenciones contra la mayoría como elemento a tener en cuenta en un sistema político. En un sistema democrático (y Grecia fue pionera en comprobar las ventajas de este sistema) la voluntad de la mayoría es muy de tener en cuenta.

Lo que probablemente Bías quiso dar a entender es lo que todos sabemos: que lo malo abunda, y que, correlativamente, lo bueno escasea. Lo selecto siempre estará en minoría frente a lo vulgar y lo ramplón. Pensemos en aquellos poetas que mostraron de siempre sus preferencias por lo minoritario, como sinónimo de selecto, escogido, etc.

Así Juan Ramón dedicó su Segunda antolojía poética, famosa, “A la minoría siempre”. O, también, “A la inmensa minoría”. A este mismo talante responde el dicho aquel de Horacio declarando su “odio al vulgo profano”. Y Rubén, otro minoritario, reconoció que él no era un poeta de mayorías, aunque intuía que su destino final sería llegar a ellas: “Yo no soy un poeta para muchedumbres, pero sé que, indefectiblemente, tengo que ir a ellas” (Prólogo a Cantos de Vida y Esperanza)

Es cierto que Blas de Otero, un poeta ‘medularmente’ socialista, escribió un libro poético titulado Con la inmensa mayoría; pero eso indicaba, más bien, su aspiración de comunión universal con lo humano, esa especie de comunismo utópico por el que nos sentimos solidarios con el hombre, en abstracto. Recordemos, por lo demás, que Juan Ramón estuvo del lado de la República, como la mayoría de los intelectuales.

En suma, la sentencia de Bías no debe ser entendida como una descalificación “a priori” del sistema democrático: cuando el pueblo sea culto (y hay que procurar, a toda costa, que lo sea) la cultura será, indefectiblemente, mayoritaria. Ese fue uno de los objetivos primordiales de la República (Institución Libre de Enseñanza, Misiones Pedagógicas,etc.) que quedaría truncado con el triunfo de la Dictadura.

Volvamos nuevamente al personaje de nuestra glosa. A Bías se le atribuyen otros dichos, polémicos o controvertidos. Uno de éstos es el célebre ama tamquam osurus (‘ama como si hubieses de odiar’) Cicerón (De amicitia, 59.10-17) negaba que ese dicho fuese de la autoría del sabio de Priene, por ser, más bien, “propio de un egoísta, o de alguien que todo lo reduce a su provecho personal”.

Pero es el caso que Diógenes Laercio incluye en su reseña sobre el filósofo prienense una sentencia que viene a decir, más o menos, lo mismo. La frase de Bías, en el texto griego de Laercio (Vit. Phil. 1.87.6-8) dice traducida al castellano: “y que había que amar como a quienes un día van a odiarte; ya que, en su mayoría, los hombres son malos”. (Yo tengo una duda, que me gustaría despejar con algún perito de la lengua griega, más ducho que yo en este idioma. Y es si el participio de futuro ‘misésontas’, en acusativo, lo está por ser sujeto de ‘filein’, o por ser objeto directo de ese mismo infinitivo. La distinción es importante, puesto que, si es objeto directo, habrá que entender que hay que amar como si los destinatarios de tu amor fuesen los que un día ‘han de odiarte’. De otro modo parece que habría que emplear el participio futuro en nominativo ‘misésontes’ (= los que van a odiar) y no, como parece ser en este caso, “los que van a odiarte”. Yo creo que es, más bien, esto último.

En cualquier caso, la sentencia implica una prevención, o aviso: Hay que estar prevenidos. Recuerdo, a este propósito, el consejo de un compañero de oposición (¡oposiciones a Magisterio de 1959!) que nos aconsejaba, a los presuntamente inexpertos en el amor, que “hay que enamorarse con desprecio” (si bien se nota, era una versión, puesta al día, del viejo aviso de Bías) Era el típico consejo de “curarse en salud”.

Había que haberle replicado: “Pero, véngase a razones, señor componendas, ¿cómo vamos a enamorarnos con desprecio? O nos enamoramos o no nos enamoramos. Si nos enamoramos, el desprecio está de más.

viernes, febrero 20, 2009

A PROPÓSITO DE BÍAS


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El blog de José Mª Lama (uno de los más visitados que conozco) ha dedicado recientemente un breve capítulo a glosar la sentencia de Bías que afirma que, en su mayor parte, los seres humanos son malos. Bías fue, como se sabe, uno de los siete sabios de Grecia (de paso, siete es número esotérico: siete fueron las antiguas maravillas del mundo, siete los sabios de Grecia, siete los reyes de Roma, siete los niños de Écija...etc.)

Lama se muestra de acuerdo con la sentencia de Bías, en la versión que la traduce como la mayoría es mala. Sólo que, traducida así, se presta a ser utilizada como argumento de autoridad por aquellos que no creen en el sistema democrático: de ser cierta la frase de Bías, el voto de la mayoría queda en entredicho y, con él, el propio sistema democrático. Hay aquí una contradicción, al menos en apariencia. ¿Cómo compaginar lo certero de la frase ‘la mayoría es mala’ con la bondad del sistema político que, según la no menos sabia opinión de Churchill, es el menos malo de todos? (Claro que Churchill lo dijo de forma irónica en otros términos: (el democrático) “es el peor de los sistemas políticos, descartados todos los demás”) La cosa requiere cierta aclaración. Veamos.
En primer lugar conviene despojar la sentencia de Bías de sus posibles connotaciones políticas. No parece probable que el sabio de Priene estuviera pensando, cuando dijo su sentencia, en aquel sistema de gobierno según el cual la mayoría es la que decide con su voto y la que hace valer su voluntad a través de las urnas.
Lo que Bías quiso decir, lisa y llanamente, es que lo malo abunda, o lo que es lo mismo, que los malos son mayoría. Me he molestado en localizar su frase en las Vidas de los filósofos más ilustres, de Diógenes Laercio. En el breve capítulo dedicado a Bías se recoge la frase en dos ocasiones (1.87.6-8) y (1.88.10-11) En el primero de estos pasajes se dice “amar como a los que un día te odiarán; ya que los más son malos”. En el segundo pasaje, con el que termina el capítulo, dice: “la mayoría es mala” (‘oi pleistoi kakoí’)
Desde luego, el sistema democrático parece estar lastrado por ese inconveniente. ¿Cómo es posible que tenga el mismo valor el voto de un hombre culto, conocedor de los problemas que afectan a una comunidad y, a veces, de cuáles serían las mejores soluciones para esos problemas; que el voto de un hombre vulgar, ignorante o de escasa formación, propenso a dejarse influenciar por la labia del demagogo de turno?
Este criterio de la diferente calidad del voto ya se tuvo alguna vez en cuenta en la antigüedad. Así Cicerón nos recuerda en su tratado De republica que uno de los reyes de Roma, Servio Tulio, ideó un sistema de votaciones por el cual los votos de los caballeros tenían más valor y peso que los del pueblo llano. Pues dice: “y tuvo presente lo que siempre se ha de tener en cuenta en toda gestión de la cosa pública, y es que la mayoría, sólo por el hecho de serlo, no sea la que más pueda” (…quod semper in re publica tenendum est, ne plurimum valeant plurimi, R:P. 2.39.6-7)
El sistema de ‘un hombre un voto’, que es el que actualmente se sigue, supone que la democracia sólo tiene calidad en las sociedades muy adelantadas en cultura e instruidas en los valores cívicos (de ahí la importancia de enfocar bien la disciplina Educación para la Ciudadanía), pues sólo las sociedades con acceso a los bienes de la cultura están potencialmente preparadas para intervenir y participar en la gestión de la cosa pública. Una democracia ‘inculta’ no puede subsistir, es tesis que sucintamente expuse en la revista en latín Ephemeris (**) De ahí que los sistemas totalitarios sean enemigos declarados de la inteligencia que demanda cultura y formación como el pan de la boca. Recordemos la enemiga de ciertos militares insurrectos contra los intelectuales de la República, el ¡muera la inteligencia!, de Millán Astray, la eliminación sistemática de maestros y profesores republicanos, todos inclinados a la defensa de los valores democráticos; lo del café para todos no era cosa que resultara aceptable para los que de siempre habían detentado los privilegios de clase. Entre estos antiguos ‘privilegiados’ estuvo el tristemente célebre capitán Aguilera, un tipo cruel y odioso, un megalómano que se creía perteneciente a una raza superior. Su teoría era que la clase proletaria era esclava por naturaleza (el historiador Paul Preston ha trazado el retrato psicológico de este individuo en un trabajo que se incluyó en el nº III de los Cuadernos de Çafra (2005) pp. 195-208.
Tipos de la calaña del capitán Aguilera eran enemigos acérrimos de la democracia: odiaban que las clases populares pudieran un día disputarles a ellos, los ricos, los privilegios que la fortuna, o el azar, (no, desde luego, los propios méritos) habían puesto en sus manos.
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* Busto de Bías de Priene. En la base, escrita en griego, la célebre sentencia: "Los hombres son, en la mayor parte, malos"

lunes, febrero 16, 2009

sábado, febrero 14, 2009

Con Franco éramos más jóvenes...

Con Franco éramos más jóvenes… dijo el desenvuelto Amestoy en una de aquellas memorables intervenciones ante las cámaras de TVE.
Era verdad. Y también era verdad que reíamos más con los chistes contra el dictador.
En el diario HOY, correspondiente a la fecha 13-1-2009, el columnista Tomás Martín Tamayo desempolva uno de aquellos viejos chistes sobre Franco (los había de dos clases, los que servían para celebrar jocosamente la valentía y la virilidad del Caudillo y los que buscaban ridiculizarlo, tanto en ese como en otros aspectos) El chiste recordado por Tamayo es de los que jalean la virilidad del dictador. Se basa en el recurso retórico llamado ‘calambur’ y existen varias versiones. Todas vienen a coincidir en la utilización del apellido inglés Jones, para hacer que se combine con el nombre familiar de Franco, Paco (Francisco). Los personajes podrían ser varios, con tal que llevaran ese apellido: Tom Jones, el cantante, y el fotógrafo Tony Armstrong Jones. La versión que yo escuché en tiempos escogía a este último personaje como posible ‘partido’ para casar con Carmencita Franco. Según el chiste, los censores de la moral, la decencia y las buenas costumbres de la casa de su Excelencia argumentaban contra ese enlace porque, de nacerle un nieto varón al Caudillo, no podrían ponerle el nombre del abuelo, ya que resultaría de mal gusto llamarle “Paco Jones Franco”.

Del coronel Antonio Tejero (el aniversario de cuya esperpéntica ‘fazaña’ estamos a punto de conmemorar) se dijo, a raíz del golpe, que Tejero había hecho un milagro comparable a la multiplicación de los panes y los peces, que hizo Jesucristo. Porque éste, con tres panes y dos peces dio de comer a cinco mil personas. Y Tejero, con un par de huevos, nos dio la cena a todos los españoles. La comicidad del chiste se basa en diversos efectos: se pretende sobreestimar el presunto milagro de Tejero comparándolo con el milagro de Cristo. Tejero, como taumaturgo, deja atrás a Cristo. Lo de "el par" resalta la valentía y arrojo, la virilidad en una palabra, del osado personaje. Pero el chiste tuvo su contrapartida en otros que ponían en duda esa presunta virilidad. Y así se comentaba también que la mujer de Tejero aseguraba que la noche del 23-F fue la única noche en que ella lo había visto ‘armado’.

En 1964 se conmemoraron los 25 años de paz. Una de las más pretenciosas efemérides de la propaganda del régimen. La economía de España comenzaba a ponerse en pie gracias, sobre todo, a los españoles que por aquellas fechas comenzaron a trabajar en el extranjero. El régimen acometió algunas reformas con los llamados planes de colonización. Esta coyuntura dio ocasión a un chiste en el que se rumoreaba que existían serias desavenencias matrimoniales entre el Caudillo y su esposa, debido a presuntas infidelidades, por lo que ésta había solicitado el divorcio, aprovechando una visita al Santo Padre (Pablo VI, por aquellas fechas) El Papa manifestó su sorpresa, tratándose de un matrimonio tan bien avenido y, sobre todo, tan católico. Cuando preguntó a la señora de Franco cuáles eran los motivos que alegaba, para poder incorporarlos al expediente de separación, la señora dijo:

− Santidad, es que mi marido tiene un Plan en Badajoz, otro en Jaén, otro en Zaragoza. Y hace 25 años que está liao con la Victoria y no la suelta.

A propósito de la reliquia más valiosa que en el orden religioso poseía el Caudillo (el brazo incorrupto de Santa Teresa) se contaba (también en aquel 25 aniversario) que el Jefe del Estado español había propuesto cederla a Su Santidad, a cambio de una parte de la anatomía de la famosa Sofía Loren. La proposición se hizo, y fue rechazada, por medio de sendos telegramas. El de Franco decía:
− Se cambia brazo incorrupto de Santa Teresa por pierna de Sofía Loren.
Y la respuesta del Papa era:
− Soy Montini, no tontini.

domingo, febrero 08, 2009

Contenidos a tener en cuenta para diseñar un proyecto de EpC


La actividad docente terminó para mí, afortunadamente, hace ya varios años; sí que, también afortunadamente, salí de ella ileso: la ejercí con gusto y, no me envanezco por decirlo, con relativo éxito. Digo esto porque una asignatura diseñada por mí para los cursos 3º y 4º de la ESO tuvo una aceptación que rebasó mis expectativas: era una de las más solicitadas entre las opcionales y se titulaba Ecología y Mundo Antiguo. Esta experiencia didáctica fue objeto de una comunicación que presenté en el congreso organizado por la Sociedad de Estudios Latinos bajo el título De Roma al siglo XX. Fue publicada en las Actas de dicho congreso (UNED), en el tomo 2, pp. 985-989 (1996) Las sesiones tuvieron lugar en Jarandilla de la Vera (Cáceres) en enero del año anterior.
Quiero insinuar con esto que tengo cierta experiencia a la hora de diseñar una nueva disciplina, como sería, en este caso, la Educación para la Ciudadanía. No he tenido oportunidad de hojear ninguno de los textos que ya están en el mercado, al objeto de revisar sus contenidos, pero me agrada fantasear cuáles serían los que yo consideraría más idóneos, para hacer aceptable una asignatura que ha sido desde luego puesta en la picota y declarada poco menos que anatema, tan pronto como el gobierno decidió incorporarla al sistema educativo. El gobierno del PSOE, claro, pues otro gallo nos cantara si la asignatura se hubiera promovido por iniciativa de la oposición. Verosímilmente, el estamento eclesiástico no hubiera puesto pegas ni, por supuesto, instigado a los padres de los alumnos a practicar la objeción de conciencia. Da la impresión de que los dignatarios eclesiásticos comulgan más con la oposición que con los incrédulos del gobierno (perdón por la ingenua obviedad)
Parece que la democracia se entiende de distinta manera en uno o en otro partido. Y este distinto concepto de una realidad política unívoca genera cierta perplejidad e inquietud en el ciudadano que no tiene una clara noción de la ciudadanía.
El objetivo primordial de esta disciplina es conseguir que los ciudadanos tomen conciencia de sus derechos y deberes como tales. A la objeción de que la asignatura persigue un cierto adoctrinamiento político hay que replicar que, en efecto, se procura ese adoctrinamiento, pero que, a diferencia de otros adoctrinamientos (por ejemplo, el de la llamada otrora Formación del espíritu nacional) éste tiene unos objetivos legítimos, como son los de instruir a los alumnos en los principios del Estado de derecho, en las pautas de la convivencia democrática. Su código de leyes se llamará la Constitución. La actualmente vigente en España es la de 1978, la de la Transición, etapa que ya se puede considerar concluida, después de 30 años. La inercia que lleva a muchos a desear prolongarla resta calidad y ‘valor’ a esta democracia del postfranquismo, que debe ya de dejar de ser timorata (sin dejar de bajar la guardia) ante la amenaza siempre latente del involucionismo. Lo que no acaba de asimilar la derecha es que su adaptación a la democracia (de la que, a menudo, hacen profesión de fe, utilizando, por ejemplo, el criterio democrático de la libertad de expresión) no tiene sentido sin una condena explícita (no sólo implícita) del franquismo que, entre otras, abolió la libertad de expresión en la llamada censura. La constitución de 1978 estuvo todavía mediatizada por el franquismo residual, latente bajo la forma del miedo en una de las partes, y, en la otra, bajo la forma de una fidelidad a ultranza. Tanto una cosa como la otra actuaron a la manera de sendos condicionamientos, que bien pudieron justificarse en esa coyuntura como aconsejables por una elemental prudencia, pero que dejan a la ley de leyes atenazada por la vieja aprensión del golpismo. Por tanto, la credibilidad democrática del Estado de derecho corresponde ahora reivindicarla a instancias de todos, pero muy especialmente de la facción vencedora en la guerra civil, o sus herederos, la derecha política. Dicha facción impuso silencio, a la hora de confeccionar el texto constitucional, en lo que respecta a la ilegitimidad de la dictadura. Se echa de menos en este texto una condena explícita del franquismo y no hacerlo, por parte de la facción procedente de la vieja cantera, resta credibilidad a la democracia que dicen aceptar como el sistema que mejor representa la mayoría de edad de una sociedad.
Para no desviarnos excesivamente del tema de los contenidos de una EpC, éstos deben, sobre todo, formar a los alumnos en los principios democráticos y su evangelio laico será la Constitución. En tanto que siga vigente la de 1978 será preciso señalar esa deficiencia que ya hemos apuntado reiteradamente y es la paradójica inconsecuencia que supone haber adoptado un sistema político adecuado a una sociedad madura, sin que por otra parte se haya condenado, previamente y explícitamente, el sistema anterior, absolutamente reprobable por su ilegitimidad, por su duración, por el atraso cultural y social que causó a España y por haber tergiversado la verdad de manera tan inicua y tan prolongada: la mentira de sus consignas, lo injusto de sus sentencias por presuntos delitos políticos (como el llamado “auxilio a la rebelión”, dando por sentado que la suya no lo había sido) etc. etc.
La rectificación de la historia según la contó el franquismo debe ser uno de los objetivos de la EpC.
Aparte de este principal objetivo que será aquilatar el concepto de democracia verdadera, habrá que tener en cuenta otros contenidos, en consonancia con los deberes y derechos a los que nos llama la vida actual en las sociedades desarrolladas. Enumero algunos de estos contenidos de manera sucinta:
a) el aspecto sanitario (por ejemplo, el que se refiere a las cacas de los perros)
b) el ecológico (el que hace referencia a los reciclados, recogida de pilas, clasificación de basuras en sus respectivos contenedores, etc.)
c) el estético (las pintadas, la grafomanía, que tanto desdicen de una buena educación ciudadana)
d) el económico (la economía siempre fue parte de la buena educación: ahorro de bienes escasos, como el agua, ahorro de energía, etc.)
e) el ético (la proverbial ‘honradez’ que debe caracterizar al buen ciudadano, rechazo de la corrupción política, respeto a las normas de circulación, etc.)
En fin, a este tenor se pueden ir perfilando los contenidos didácticos de esta disciplina, absurdamente demonizada por unos prejuicios que, en último término, van buscando el descrédito de la democracia misma.

sábado, febrero 07, 2009

DE LO SICALÍPTICO A LO ESCATOLÓGICO

*
No es mucha la distancia que hay entre lo uno y lo otro, sobre todo cuando consideramos que el Sumo Hacedor, o la Naturaleza (Deus sive Natura, como decía el filósofo Spinoza) colocó el sexo en proximidad de los conductos excretores: inter faeces et urinam nascimur, notaba San Agustín (‘nacemos entre los desaguaderos de la orina y de las heces’) Tanta es la vecindad, que en Medicina se asocian en una misma
especialidad las disfunciones del aparato génito-urinario.
Lo sicalíptico (según el diccionario de la RAE) es aquello que denota ‘malicia sexual o picardía erótica’. Lo escatológico (acepción 2) es lo que se refiere a las deyecciones: la micción o la defecación. Tanto la una como la otra se consideran acciones verecundas, a las que se suele hacer alusión, a menudo, mediante eufemismos y rodeos o circunloquios: hacer aguas mayores o menores (por defecar u orinar) y otras expresiones por el estilo. Las personas educadas evitan referirse a las llamadas ‘necesidades corporales’ (hacer sus necesidades es, como sabemos, evacuar vientre o vejiga, o ambas cosas) Es tabú, entre personas de buen gusto, hacer chocarrerías sobre el particular; especialmente para evitar herir la sensibilidad de los demás.
Por esas razones yo he sentido reparos de tratar en este blog tan vidrioso asunto. Incluso he llegado a ejercer la autocensura, retirando durante 24 horas mi comunicación anterior, titulada “Adivinanzas y trabalenguas”: eran desenfadadamente chocarreras y hasta chocantes, sicalípticas y probablemente desagradables para muchas personas:
− ¿Cómo se atreve este respetable señor a escribir con tamaña desenvoltura?
Pero ocurre que soy un humanista y, en consecuencia, llevo a la práctica el principio que dice “Nada humano lo considero ajeno a mí”.
Tendré que vencer lo que llaman “respetos humanos”. Hacer de tripas corazón y…atreverme. Los antiguos filósofos cínicos (que, pese a su fama de desvergonzados, siempre me han causado respeto y admiración) hablaban de una peculiar manera de ejercer la libertad de expresión que llamaban parresía. Se ganaron así una desmedida reputación de deslenguados. Pero eran hombres honestos, a despecho de su ostensible impudor.
Prometí en mi artículo autocensurado que me iba a ocupar del tema escatológico. Pero el caso es que ya me había ocupado, hace años, de ese tema (véase mi artículo titulado “Refranero escatológico de la Baja Extremadura”, Alminar, Revista de la Diputación de Badajoz, nº 6, pp. 22-23, junio de 1979) Con esta referencia pretendo ahorrar a los lectores un paseo, quizás desagradable, por los estercoleros de la paremiología popular. Sólo diré, para hacerles saber de qué va la cosa, que el refranero escatológico recoge dichos populares en los que se dinamita la hipocresía latente en una sociedad cada vez más lejos de la Naturaleza. Y el revienta-tópicos utilizado (digamos, el explosivo) es el del consabido cóctel verbal caca-culo-pedo-pis.
Ahí van unos cuantos ejemplos de ese género, que en el artículo mencionado se me quedaron en el tintero, o en la estilográfica, pues ya no había tinteros por esa fecha:

- Peer más alto que el culo (Malpartida de Plasencia) : Se dice de la persona que pretende aparentar más de lo que le permiten sus posibilidades.
- Habla limpio o sucio: si te tapan la boca habla por el culo (Retamal de Llerena) Cuando coartan tu libertad de expresión, dedícales el desprecio más sonoro * *
- Después del peo dao apretá el culo es excusao. (Aceuchal) Cuando ya se ha metido la pata, o cometido una indiscreción, es inútil tratar de arreglarlo.

Hay, en fin muchas otras expresiones por el estilo: peer en botijo, estar más atrás que el culo, mear fuera del tiesto, etc. etc.

Y basta por hoy de esta filosofía popular, verdadera perla de estercolero, digna de figurar en un museo etnográfico, como una herramienta lingüística ya cada vez más en desuso.
______
* El Manneken Pis, en Bruselas
** Lucano se burló de Nerón, recitando un verso del poetastro tirano, al tiempo que soltaba un sonoro pedo en las letrinas públicas: Sub terris tonuisse putes (‘Parece que ha tronado bajo el suelo’)

viernes, febrero 06, 2009

ADIVINANZAS Y TRABALENGUAS

* Cerámica griega que representa a Edipo dialogando con la Esfinge
Las oí en mi pueblo, hace ya muchos años. Eran más o menos picantes, como casi todas las adivinanzas, chascarrillos y coplas festivas populares, aderezadas con el típico y saludable ajo piporro. Adivinanzas como la de “rajao, rajao, y con pelos a los laos”; que, como todos podemos imaginar, se refiere al ojo rodeado por las pestañas.
Los trabalenguas estaban pensados a propósito, para hacer pronunciar a los incautos palabras malsonantes, indecentes o sicalípticas (si queremos ponernos finos)
He aquí algunos ejemplos, seguidos de un breve comentario aclaratorio:
. Los cojines del obispo, los cajones del altar: ¡qué cojines, qué cajones, qué cajonazos serán! (¡Cuídate de tocárselos a nadie! De seguro que se enfadará)
. La madre y la hija van a misa: la madre pisa paja y la hija paja pisa. (Cuidado, hija, con lo que pisas)
. En un cuarto me metí con tres cuartas de jollín. El jollín jedía y yo juía. El jollín jediendo y yo juyendo. (El hollín molestaba, a veces, más de la cuenta)
. Por la chimenea va un mico y los dientes me enseñó. Los dientes del mico, mico, del mico los dientes ño. (Cuida, niña, de no enseñar los dientes de tu mico)
Otro día hablaremos de los refranes escatológicos y de su razón de ser.



viernes, enero 30, 2009

¡PEPIÑO, QUE LO ESTROPEAS!

No es que uno sea gazmoño en asuntos de sexualidad, ni que uno no encuentre razonable e incluso recomendable el uso del profiláctico en las relaciones sexuales, si la ocasión lo requiere, a fin de evitar riesgos y evitárselos a tu pareja. Pero no conviene en ningún momento ‘confundir el culo con las Témporas’, que es lo que ha venido a hacer el vicesecretario general del PSOE, José Blanco, en sus recientes declaraciones a la televisión, alabando el fallo del Tribunal Supremo que ha juzgado improcedente la objeción de conciencia, aplicada al rechazo de la disciplina Educación para la Ciudadanía. Y, en consecuencia, declarando legítima la obligatoriedad de su enseñanza.
Blanco se felicitó por este resultado, que por fin viene a dar la razón a quienes creemos que el objetivo primordial de esa asignatura es fomentar en el educando el conocimiento de los valores y los principios democráticos. Hasta aquí todo bien. Entre los valores democráticos sobresale el de la libertad, valor sañudamente perseguido por los regímenes totalitarios y teocráticos. Donde Blanco ‘capotó’ fue cuando apeló al ejemplo del preservativo, como si perteneciese a los contenidos de la hasta ahora denigrada disciplina el caso particular de instruir a los alumnos (y a las alumnas) sobre cómo se usa un condón. ¡Ay, Pepiño, no me seas cazurro! Resulta que tú mismo, que por tu adscripción política deberías conocer a fondo los contenidos de la asignatura, pareces dar a entender que la profilaxis sexual forma parte de dichos contenidos. No hay que confundir la velocidad con el tocino ni, como he dicho hace un momento, “el culo con las témporas” (este es un típico latiguillo escatológico de los que tendré que volver a ocuparme otro día) No, Pepiño. La profilaxis sexual corresponde a la Higiene, disciplina que antiguamente era un subcapítulo de la Urbanidad. El homo urbanus era el habitante de la ciudad antigua. Mientras el homo rusticus era el que pasaba la mayor parte de su vida en el campo. Se suponía que, por disponer de medios más sofisticados, el homo urbanus era más educado que el rústico, más refinado, lo que no siempre tenía que ser verdad. Podríamos seguir divagando sobre lo ‘urbano’ (de ‘urbe’, ciudad) y lo ‘político’ (del griego ‘polis’, ciudad) como componentes típicos, aunque no esenciales del ser humano. Lo ‘político’ se referiría más bien a la aptitud del ser humano para vivir en sociedad, a su sociabilidad. Aquí encaja mejor la necesidad de una ‘educación para la ciudadanía’. Lo que no me he explicado nunca es la ‘enemiga’ de la jerarquía eclesiástica, su obcecado rechazo por una asignatura que lleva un nombre tan inocuo y tan inofensivo como el de Educación para la Ciudadanía. 'Enemiga' (es decir, inquina y rechazo) que han conseguido transmitir a sus parroquianos, feligreses, prosélitos, etc. Hasta el punto de hacerles ver que se trata de una disciplina nefasta para la cabal formación de los alumnos, algo así como la corrupción institucionalizada. No, señores eclesiásticos: no es lo que ustedes creen.
La educación para la ciudadanía es un corolario del Estado Constitucional, es decir, del Estado de Derecho y, como tal, un postulado de la democracia. Al oponerse (inconcebiblemente) a ella, ustedes se acreditan de ‘inciviles’, es decir, de ineptos para la democracia.
Con el fallo del Supremo esperamos que ustedes ‘entren en razón’ y se reconcilien con la democracia. Pueden, a no dudarlo, ganar adeptos y, sobre todo, conservar a los que ya tienen.

lunes, enero 26, 2009

LAS COPLAS DE MAMÁ

Mamá Virginia vive en mí y de vez en cuando (casi a diario) me apetece traerla a mi memoria en una de sus aficiones preferidas como era la de cantar las canciones de su mocedad. Virginia tenía buen oído y nunca desafinaba. Yo que, cuando niño, tuve muchas oportunidades de oírla cantar mientras cosía (lo suyo era coser –por necesidad- y cantar –por gusto o afición-) Lo uno hacía llevadero lo otro. O, tal vez, ambas cosas las hiciera por amor y por pura afición, tanto coser como cantar. El poeta JRJ hablaba del trabajo gustoso: el que se hace por amor, por pura vocación. Sin que faltara la componente de la necesidad, pienso que mi madre trabajó siempre por amor.

Las coplas que solía cantar eran las que oyó cantar en su juventud, entre los años 20 y los 30 del siglo pasado. Muchas de esas canciones relataban lances amorosos, casi siempre de amores frustrados o infortunados. Historias de muchachas inocentes a las que la vida había vapuleado, teniendo que terminar, muchas de ellas, en casas de prostitución, o en cabarés, para poder sobrevivir. A este esquema respondían las letras de varias canciones que trataré de recordar ahora, letras que, espontáneamente las más veces, acuden a mi memoria.

Una de esas ‘cabareteras’ involuntarias (ella hubiera querido ser una mujer decente, pero la vida la obligó a ser la crápula que no quiso ser) contaba así su historia (música, por favor):

Flor de noche y de pecado me crié / en el jardín de la quimera,/ y más tarde en sus espinas yo dejé / el corazón, la vida entera; / soy la rosa que fragante un día fue,/ la del perfume embriagador,/ hoy convertida en una flor de cabaret / para olvidar mi triste amor. / Mis encantos ya marchitos aún encienden el deseo / y los hombres por mí sienten arrebatos de pasión, / pero yo en ellos no creo / y perdida mi ilusión / qué me importa que me digan / que no tengo corazón /.Mas la vida es tan extraña que me tiene convertida/ en esclava de un ambiente de placer y perversión,/ y mis labios de perdida / fingen besos de pasión / y mi boca siempre ríe / mientras llora el corazón. Por el hombre que yo amaba me perdí, /que así burló mi alma inocente; /y hoy de aquella niña ingenua que yo fui / queda una sombra solamente./ El recuerdo de quien nunca supo amar / llena mi alma de dolor Y hoy no me queda más consuelo que llorar / el drama intenso de mi amor.

Había otra copla en la que la mujer desengañada se identificaba con la cabaretera de oficio:


(Estribillo)
Triste flor del cabaret, que finges un placer, nunca podrás ser amada: yo también soñé un querer y loca fui tras él hasta lograr ser amada; pero me vi abandonada, fue inhumano su querer.
En el dancing un joven penetró y a tanguear amable me invitó; y entre otras muchas yo era una flor marchita, cuando mi pobre almita se estremeció de amor. Y hoy calmo mi recuerdo con champán y río, aunque muero de pesar. (Estribillo)
Un día noté que, al irlo a acariciar, me rechazó con mucha frialdad
/ …. (aquí pierdo el hilo de la historia. Pediré ayuda a mi hermana Eloísa que, a menudo, recuerda con más detalles que yo estas coplas que antaño oíamos a mamá)

martes, enero 06, 2009

FRAGA, P(adre) P(utativo) de la Primera Constitución Posfranquista

Casi todo el mundo sabe que el castizo nombre español de Pepe, nombre familiar de los que se llaman José, proviene del hecho de que las antiguas imágenes de este santo llevaban inscritas en la peana, junto al nombre de San José, las siglas P. P., abreviatura de la expresión “Padre putativo”, es decir, presunto. Porque San José era el ‘supuesto’ padre de Jesucristo. San José, tapadera de la honradez de María. Sólo unos cuantos privilegiados estábamos en el secreto de que el verdadero padre de Jesús era el Espíritu Santo. El bendito San José servía para guardar las apariencias.

De manera parecida la Constitución española de 1978 tuvo también sus padres putativos, sus ‘pepes’ de distinta procedencia política. Fraga fue uno de ellos. En el alumbramiento de la Constitución, Fraga y sus afines velaban por la buena reputación del franquismo y negociaban tácitamente su amnistía por la imposición de un obligado silencio sobre el mismo. Fraga es uno de los padres putativos de esta ley del silencio sobre el franquismo que es la constitución de 1978.

Ahora bien, una constitución cien por cien democrática está pidiendo a gritos la condena explícita del sistema que la hizo callar durante 40 años. Más la ‘contenta’ de 30 años de Transición modélica, periodo de silencio adicional voluntario, añadido al anterior y tan del gusto de los partidarios del régimen que, de buena gana se hubiera deseado que la dicha Transición fuese lo permanente en democracia, no lo transitorio, como la misma situación lo demandaba. Así que cuando, por fin, se puso en marcha el proceso conocido como Recuperación de la Memoria Histórica, los partidarios de aquel régimen no han dejado de manifestar su contrariedad. En vez de reconocer y valorar la enorme paciencia demostrada por el pueblo español de la Transición, se le pide que aplace sine die sus reivindicaciones, planteadas en la llamada Memoria histórica.

La libertad conquistada, palmo a palmo, debe ejercitarse, en primer lugar, condenando la falta de libertad a la que nos condenó el régimen anterior. Y poniendo de relieve, sobre todo, su ilegalidad y todas las trapacerías con que pretendió legitimarse: defensa de los valores religiosos, unidad de la patria, etc. etc. ¿Qué mayor enemigo de la patria hay que el que se alza en armas contra ella?

Es hora de reconocer que la constitución de la Transición es una constitución de paso. Eso quiere decir Transición: algo que es de paso y que tiene pase por el mero hecho de ser provisional, no definitivo.

Lo que ocurre es que hay quien tiene miedo de superar esa ‘transición’ porque ella nos ha proporcionado una aceptable etapa de convivencia. Es como el que se resiste a comprarse un coche nuevo porque el viejo todavía da el avío. Esto es lo que le pasa al actual gobierno de Zapatero.

El colmo de la paradoja sería que tuviéramos que esperar del PP la deseada reforma de la Constitución que incorporase la cláusula de la condena explícita del franquismo. Sería una forma de ‘rizar el rizo’. El PP defendiendo la democracia hasta el punto de abjurar explícitamente del franquismo. Pero no sería absurdo esperarlo de un partido que se dice democrático. No perdamos, por tanto, las esperanzas de que esto algún día pueda suceder. Desde luego, de Mayor Oreja no lo esperamos. Ya nos defraudó una vez en el Parlamento europeo.

sábado, enero 03, 2009

EL ALARIDO

Edvard Munch, El grito, National Gallery, Oslo
Hoy tiene lugar en Zafra el sepelio de Gregorio Ramírez y de uno de sus hijos, fallecidos ayer en un accidente de automóvil, en el que también resultó herido grave otro hijo mayor, y con heridas calificadas de leves la propia esposa del conductor. Si se pueden llamar ‘leves’ las heridas psicológicas subsiguientes al brutal shock traumático que le habrá producido a la infortunada mujer el hecho de perder en ese accidente a su marido, a un hijo, y encontrarse el otro en inminente peligro de muerte.

Gregorio Ramírez había sido concejal socialista y actualmente presidía la Hermandad de La Esperancita de Zafra. Fue alumno mío en la etapa de la EGB, entre las primeras hornadas de alumnos que yo tuve al llegar a Zafra, hacia finales de los años 60.

Ayer cuando supe la estremecedora noticia sentí una especie de escalofrío. ¡Qué fragilidad, Dios santo, la de la vida humana! En el transcurso de unas horas, unas vidas rotas y un hogar deshecho. Pienso en la situación de esa mujer que ha sobrevivido a la catástrofe y siento una enorme conmiseración por ella. Y me he acordado del famoso cuadro de Munch, expresivo de la desolación más abrumadora, y cuyo título es “El grito”.

Ese grito tiene estremecedoras resonancias en el terreno del arte y de la literatura, pero sólo en situaciones como la presente lo oímos en el fondo de nuestra sensibilidad y su interpretación más sobrecogedora tiene tonos femeninos: El ‘¡ay!’ más desgarrador que yo he escuchado provenía de una garganta femenina. Era un verdadero alarido, como el que sólo la sensibilidad de un poeta sabría calibrar en toda la hondura de su dolor. Recuerdo, a este propósito, el ‘femineo ululatu’ (el alarido femenil) que, según Virgilio, por la muerte de Dido brotaba de las gargantas de la hermana y la servidumbre familiar de la finada.

Sí, ese grito desgarrador es, propiamente, el alarido. Los pintores y los poetas, es decir, los artistas, han sabido encontrar en él la instantánea más genuina del dolor en estado puro.

miércoles, diciembre 10, 2008

Garzón ante el Juez Supremo

Circula por ahí un chiste reciente sobre el juez Garzón que dice, más o menos, lo siguiente: Está el juez embebido en su trabajo, solo en su despacho, y de pronto escucha un siseo como de alguien que llamara su atención:

−Ssst

Levanta la cabeza y mira a su alrededor. No ve a nadie, por lo que intenta concentrarse en lo que está haciendo. Pero vuelve a sentir el siseo de hace unos instantes. Entonces se da cuenta de que la llamada de atención proviene del crucifijo. Es Cristo el que le dirige la palabra para preguntarle:

−Y… lo de Poncio Pilatos, ¿para cuándo?

Hasta aquí el chiste. Cabría, sin embargo, imaginar algunas posibles respuestas de Garzón, además de la carcajada de honor, para celebrar la gracia. Una de estas posibles réplicas sería, por ejemplo, para seguir la broma

− Es que tengo entre manos un proceso contra una serpiente, incoado a instancias de un matrimonio al que han expulsado de una finca llamada El Paraíso.

Claro que el chiste primero admite varias continuaciones. Cristo habló desde la cruz a varias personas: a su madre, al discípulo amado, al buen ladrón…A éste le dijo lo de “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”. Garzón podría haber aprovechado la oportunidad para preguntarle a Cristo:

− Señor, ¿a Franco también lo tienes donde el Buen Ladrón? Además, siendo Tú el Juez Supremo que, como se nos dice en el Credo, “desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos”, ¿no vas a encargarte del caso de Pilatos y el de Franco? Es en tu justicia en la que confiamos, Señor. Porque el invicto Caudillo, en un acceso de soberbia y de arrogancia, dijo que él no iba a responder ante ningún tribunal. Que respondería sólo ante Dios y ante la Historia. Y en el tribunal de la Historia hay, como Tú sabes, jueces parciales y jueces imparciales. Depende de que en esa tribuna haya un Pío Moa (pongo por caso) o una persona decente.

Y termino ya. Recuerda, Señor, que si puedes dialogar conmigo en mi despacho es porque yo no he retirado el crucifijo: es un sitio privado y en él yo ejerzo mi libertad de credo. La Audiencia Nacional, como sabrás, me ha declarado incompetente en el asunto del genocida de El Ferrol. Aquí sólo nos queda aguardar al Juicio Final que, como sabes, sigue aplazado sine die.

La justicia de Dios es nuestra única esperanza. Bueno, la de los creyentes.

domingo, diciembre 07, 2008

Un traje nuevo para una democracia adulta

El sastre, por G. Battista Moroni (1529-1578)
National Gallery of London
Una reciente encuesta sobre si se debe, o no, reformar la constitución española de 1978 arroja como resultado que el 80% de los españoles pensamos que sí, que debe reformarse. Si la Transición fue el proceso de crecimiento hacia la democracia de un pueblo infantilizado por sus ‘presuntos’ tutores; y la constitución de 1978 fue el primer traje político que los españoles estrenamos tras la muerte del dictador, es de suponer que, después de treinta años, ese traje ya no le siente a la medida del cuerpo a una democracia adulta. Aquella constitución, todavía vigente, bien estuvo para la época, pero los sastres que la confeccionaron tuvieron que atenerse todavía, en gran medida, a los patrones del franquismo. No adaptarse a aquellos patrones de moda hubiera supuesto el tener que seguir mostrando nuestras vergüenzas civiles ante el resto de la sociedad europea. Y aunque el traje, en ciertos aspectos, resultara ridículamente ‘estrecho’, era conveniente no escandalizar demasiado a los ‘mayores en edad, saber y gobierno’, sobre todo en esto último.
Así que nuestra democracia tuvo que vestir todavía con arreglo a ciertas pautas impuestas por el franquismo ‘residual’, ya que, en cierta medida, lo conseguido en el proceso hacia la democracia se debía a determinadas concesiones del mismo.
Fraga, por ejemplo, y alguno que otro más de los llamados ‘padres de la Constitución’, antiguos colaboradores del dictador, no hubieran consentido la más mínima insinuación de condena explícita del régimen. Demasiado se hacía ya con abrir la mano a cierta clase de libertades, como la que supuso el famoso ‘destape’.
La Constitución de la democracia española en su primera andadura está, pues, todavía, condicionada por la dictadura, como si al franquismo y a los franquistas debiéramos el resto de los españoles el favor de que se nos permitiese acceder al sistema democrático y gracias a ellos disfrutáramos de unos derechos que también ellos habían de disfrutar, tras haber detentado el poder durante tantos años.
Condenar la dictadura no era de recibo en la Carta Magna de la Constitución. ¡Hasta ahí podíamos llegar!
Era como si se nos advirtiese: ustedes podrán disfrutar de libertades, menos la de censurar a quienes ejercieron la censura en la época anterior y privaron al pueblo español de libertades durante cuarenta años.
En fin, la idea principal que quisiera aportar en estas líneas es que, en efecto, estoy de acuerdo con lo que de positivo aportó la actual constitución a la consolidación de la democracia en España. Admito que supuso un estimable esfuerzo de voluntad por sacar adelante aquel proyecto de vida cívica, ya desde una perspectiva francamente democrática, dicho sea sin segundas intenciones.
Creo que debiera introducirse en la puesta al día del documento una condena explícita del franquismo. Se puede y se debe hacer porque de ello se seguirían más ventajas que inconvenientes. He aquí enumeradas algunas de las primeras:
a) Se introduciría, con carácter oficial, el consenso acerca de un asunto generador de perpetuas desavenencias entre los españoles.
b) Se evitaría el poner en trance de contradicción consigo misma a la derecha, cosa que ya ocurrió cuando en el Parlamento Europeo (año 2006) el representante de la oposición, Sr. Mayor Oreja, se negó a condenar el franquismo, alegando en abono de ese sistema el mérito de que fue dique de contención para la expansión del comunismo en Europa. Tal actitud invalidó la unanimidad de la condena del franquismo, conseguida en el Parlamento Español el 20 de noviembre de 2002.
c) Se disiparía el recelo y la desconfianza que genera un sistema democrático que pueda tener cualquier asomo de connivencia con el golpismo. ¿Con qué confianza otorgaría el pueblo el poder a quienes podrían emplearlo contra él? Sólo la constitución que incluya una cláusula donde se condene sin paliativos el franquismo puede generar confianza en el sistema democrático que la propugna.
Con respecto a la monarquía constitucional como forma de gobierno somos partidarios de mantenerla, en virtud de los méritos democráticos contraídos por el actual rey de España, Juan Carlos I. El Rey puede ser (lo fue en memorable ocasión) tutor y garante del sistema democrático y eso le confiere, a nuestro juicio, el mérito de la corona vitalicia. Ya Cicerón contemplaba la forma de gobierno que él llamaba ‘regali re publica’ (una ‘república regia’) El rey de España se ganó a pulso, en aquella ocasión, el título de ‘Pater Patriae’, padre de la patria.
Esto es todo, por hoy. *
_______
* Por supuesto, discrepo del actual Presidente del Gobierno, Sr. Zapatero en lo que ha dicho recientemente: “la reforma de la Constitución puede esperar”. Tal espera prolonga, innecesariamente y erróneamente
, la Transición.

lunes, diciembre 01, 2008

El atasco de la Transición

Si leen ustedes el artículo de Gabriel Jackson en EL PAÍS de ayer (30 de noviembre de 2008) verán que lo que se viene machaconamente repitiendo en este blog tiene una razón de ser, que más de un analista imparcial ha reconocido y señalado como un obstáculo para alcanzar la ansiada meta de la reconciliación entre españoles.
La democracia en España alcanzó un tope máximo en el que el consenso entre la izquierda y la derecha dejó de avanzar hacia la reconciliación, estancándose en un recíproco “hasta aquí hemos llegado”. Y no es lo malo que no hayamos avanzado más en la consecución de ese objetivo, sino que en determinados aspectos estamos retrocediendo de manera preocupante: la llamada ‘crispación’, atizada desde los baluartes de la COPE, (para citar un ejemplo no dudoso) está contribuyendo a que se radicalicen las posturas. Se invoca en estos medios la libertad de expresión, un principio democrático irrefutable, lo malo del asunto es que esa libertad se emplea, precisamente, para minar la democracia.
¿Cuál ha sido la causa principal de ese estancamiento, de ese impasse, que nos impide avanzar hacia la reconciliación y, lo que es más grave, que contribuye a acentuar el mutuo distanciamiento? Pues también lo hemos venido repitiendo aquí con una insistencia que a algunos puede resultar cansina. Jackson lo enuncia con toda claridad en el artículo aludido. Se trata del hecho, tremendamente anómalo, de que “la inmensa mayoría de los españoles podría [debería, más bien, diría yo] reconocer el carácter criminal de una represión que duró décadas y ejecutó a más de 100.000 no combatientes”. Podría hacerlo y no lo hace. ¿Por qué? El propio articulista añade, más adelante, que “el trato reciente dado al esfuerzo del juez Garzón para documentar en la mayor medida posible las purgas mortales realizadas por los generales rebeldes y sus seguidores deja bien claro que muchos ciudadanos conservadores no creen que dichas purgas constituyeran crímenes contra la humanidad” (pág. 38)
Queda así explicada la renuencia del partido en la oposición a condenar el franquismo. Y aunque se diga que sí, que hubo condena el 20-N-02, hay que contrarreplicar que ésta fue posteriormente revocada por un representante del PP en el Parlamento europeo, el Sr. Mayor Oreja (se supone que con el refrendo de su partido) quien justificó al dictador con el argumento de que ‘impidió que el comunismo se incautara del sur de Europa’.
La condena del franquismo que el PSOE, desde la oposición, ‘arrancó’ al PP, aplicando el obvio argumento de que, si se es demócrata se está, por principio, contra la dictadura, fue forzada como lo fue la jura de Santa Gadea.
Hemos retrocedido a las posiciones en las que estábamos antes de aquella fecha. La renuencia a condenar la dictadura y sus crímenes impide confiar en los propósitos ‘democráticos’ de quienes se resisten a reconocer esos crímenes y a castigarlos en la medida de lo posible. En el caso español, al estar muertos en su mayoría los responsables, los delitos han quedado impunes. Si España fuera una nación democráticamente normal, sana políticamente hablando, la condena del franquismo debería haberse solventado políticamente, no judicialmente, como ahora se ha pretendido. Pero entonces los herederos del franquismo hubieran visto mermada su herencia a extremos de miseria. Sin embargo, la ganancia de la democracia les habría compensado generosamente.
Por su parte, la Iglesia no ha pedido perdón (claro que lo suyo no es pedir perdón, sino concederlo) por no haber alzado su voz contra los crímenes de la dictadura. Esta pudo ejercer su represión sin ningún reparo de carácter religioso: pues combatir el comunismo era como combatir la herejía, recuperar los viejos usos y prácticas de la Inquisición. Y la República estaba del lado de los comunistas, o seguidores de la herejía marxista, como entonces se les llamó. ¿Cómo poner trabas a la causa justa que defendía la religión? Adelante sin escrúpulos con el exterminio del mal. Con la rebelión militar, bendecida por la jerarquía eclesiástica como Cruzada salvadora.

sábado, noviembre 29, 2008

La Ley de Amnistía no es lo que yo creía

Leo en EL PAÍS de hoy (sábado 29 de noviembre de 2008) un artículo de Vicenç Navarro, catedrático de la Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona, refutando otro anterior de Javier Pradera, en el que éste pone en tela de juicio la competencia del juez Garzón para enjuiciar los crímenes del franquismo y critica el argumento de la imprescriptibilidad de los ‘crímenes contra la humanidad’ alegado por Garzón. Pradera aduce como argumento determinante de la improcedencia de dicho enjuiciamiento la llamada Ley de Amnistía, de 1978. Y aquí el dato revelador, que yo ignoraba, y es que dicha ley fue promovida en el Parlamento a instancias de la parte que perdió la guerra civil, es decir, a instancias de la izquierda, y que su principal objetivo era el de lograr la excarcelación de los presos políticos de ese partido que, aún por esas fechas, continuaban en las cárceles. De manera que la procurada amnistía lo era para las desventuradas víctimas del franquismo, no para el franquismo, todavía operante políticamente. Esto explica que la derecha se abstuviese de votar la susodicha ley: procedió como si con ella no fuera la cosa. ¡Y yo que había creído, ingenuamente, que ante el avance irrefrenable de la democracia, el franquismo comenzaba a ‘curarse en salud’ y se adelantaba, previsoramente, a proponer una Ley de Amnistía que lo eximiera de posibles responsabilidades frente a eventuales reivindicaciones democráticas! Nada de eso. Así que los presos políticos nada le tienen que agradecer a quienes se abstuvieron de votar esa ley que les redimiera de penas a cuenta de delitos, no ya prescritos, sino inexistentes. En cambio, en la actualidad, se ha invocado esa ley para en ella apoyar el principal argumento ‘democrático’ que garantiza la impunidad de los parricidas y genocidas que promovieron la guerra civil. Una ley que se votó con la abstención (es decir, sin la anuencia explícita) de la derecha, se invoca ahora para apoyar una causa que favorece a la derecha.¡Cosas veredes, amigo Sancho! La democracia abogando por la impunidad de la antidemocracia. ¿Qué necesidad hay de condenar el franquismo si después, invocando leyes democráticas va a salir absuelto?

viernes, noviembre 28, 2008

El franquismo a juicio

Sé que algunos podrán reprocharme de padecer una cierta fijación en el tema del franquismo, y en el empeño, casi obsesivo, por su condena; pero ante la renuencia de la oposición a condenarlo y la actual tibieza que manifiesta el presidente Zapatero, exhortando a olvidar los crímenes del régimen, me parece oportuno recordar que la sociedad española, en sus componentes de mayor edad, necesita una ‘catarsis’ que aún no se ha realizado, o se ha realizado a medias, de manera incompleta. La denominada transición (que no hubiera sido tan prolongada de haberse puesto en claro las cosas desde el principio) optó por silenciar la condena del régimen y, en su afán de buscar componendas aceptables por los herederos del poder usurpado, pactaron la Ley de Amnistía por la que estos herederos se aseguraron la impunidad. Se eliminaron responsabilidades políticas y nadie tuvo que temer que les pidieran cuentas por la vía judicial. Prescribieron los crímenes (al parecer, incluso los imprescriptibles) sumados los tiempos del franquismo y los de la transición (en los que el franquismo ha estado latente) y los responsables no fueron convocados a juicio. La fechoría global de la rebelión militar (una acción punible, sin duda) quedó inulta (como El crimen de Rosarito Jesús, en la novela de Moreno Guerrero)
La transición, en aras del consenso y la concordia a todo trance, debió haber concluido con una condena explícita, institucional y solemne del franquismo. Se dice ahora que sí, que la hubo, en el 27 aniversario de la muerte del dictador (20 de noviembre de 2002)
Fue una condena forzada, a regañadientes. Y lo peor es que no fue firme, al no ser ratificada en el Parlamento Europeo por el entonces representante del PP en ese foro, el Sr. Mayor Oreja. Esa renuencia invalidaba la anterior condena, la desmentía, en una descarada palinodia. ¿En qué quedamos?

En un sistema que se considera democrático, la condena explícita de la dictadura no es una cosa baladí, algo que pueda pasarse por alto; sino al contrario, algo que hay que dejar inequívocamente reflejado en la ley de leyes que es la Constitución. Esta deficiencia ‘constitutiva’ en la constitución de 1978 (en la que intervinieron elementos procedentes del franquismo, como el ex-ministro Fraga Iribarne) es una de las carencias a subsanar en futuras redacciones del texto. Hubo que hacer esta concesión a los voceros del régimen anterior, que, sin vacilación, se hubieran opuesto a que se incluyese en el texto constitucional una cláusula tan osada como para condenar el régimen del que acabábamos de emerger. Esto, para algunos de los redactores del documento, hubiera equivalido a condenarse a sí mismos. Hubiera sido mucho pedir, para quienes se habían avenido a “marchar juntos por la senda constitucional”. La Ley de Amnistía fue otra de estas concesiones ‘a la trágala’ con las que hubo que transigir (¡la transigencia de la transición!). Luego parece que ha resultado que hay cosas que no se pueden pactar en la más estricta legalidad, así los llamados Crímenes contra la Humanidad, que resultan imprescriptibles.

En todo caso, los principales responsables de aquellos crímenes contra la Humanidad han muerto y, por tanto, ha prescrito la punición que la justicia pudiera haber ejercido contra ellos. ¿Qué inconvenientes hay en exigir, al menos, la condena moral de aquellos crímenes? Y, por lo que respecta a la Iglesia, ¿no sería ‘en verdad justo, equitativo y saludable’, en palabras del Prefacio, que ésta pidiera perdón por lo de la ‘Cruzada’ y las ‘cruces de los caídos’ del bando vencedor, y las misas conmemorativas, y la connivencia ante los asesinatos cohonestados por consignas tan hueras como falaces ("Por Dios y por la Patria") y el agravio comparativo de recibir a Franco bajo palio como al Santísimo Sacramento?

Hay que desenmascarar todo aquello que se nos vendió como verdad y que no lo fue.
Pues mentira fue que los militares golpistas tuvieran como objetivo primordial la salvación de España y el restablecimiento del orden. ¿Quién, para restituir el orden, introduce un desorden mayor? (“Quis ut seditiones leniret turbavit rem publicam?”, Sen. Maior, Cont. 2.6.4.23)

Los sublevados tomaron, desde luego, partido por la causa que había perdido las elecciones. So capa de preservar el orden se introdujo el desorden constitucional y se procedió, desde luego, no contra unos cuantos desmandados que aplicaban la violencia (también la aplicaban los desmandados de la causa falangista, por ejemplo) sino contra el pueblo, en general. Se demonizó la causa de la República, tratando de identificarla con algunos grupos exaltados que incendiaron templos y así se pudo cohonestar la sublevación como una ‘Cruzada’ en defensa de la religión católica (Carta del Cardenal Gomá del 1 de julio de 1937). “Por Dios y por España”, fue la consigna con la que se pretendió justificar el Alzamiento y, con él, las matanzas de millares de inocentes.

Todo esto hay que denunciarlo para sacar a relucir la verdad contra la hipocresía y la falacia intrínseca del franquismo y sus aliados de dentro y fuera de España.

miércoles, noviembre 19, 2008

Tras esto, la canonización

Franco, como el Cid, gana batallas después de muerto. Y el juez campeador, Garzón, que se cubrió de gloria en América y estuvo a punto de renovar la vieja épica de La Araucana, deteniendo a Pinochet en la tierra de Juan Sin Tierra (la más adelantada en tener una Constitución, todo lo rudimentaria que se quiera, pero una Constitución, al fin y al cabo) nuestro adalid de la judicatura, en quien tantas esperanzas habíamos puesto los amigos de la democracia, se bate en retirada.
Franco, a pesar de haberlo apeado de algunos de sus pedestales con cabalgadura y todo, cabalga de nuevo.
Y en el trigésimo tercer aniversario de su muerte, vuelve a cantar victoria. Invicto caudillo, dictador ejemplar, único capaz de poner a la dictadura en parangón con la democracia, inventor inefable de la que él llamó la ‘democracia orgánica’ (que, según se dijo por entonces, fue la democracia que el Caudillo se había sacado de los órganos) y, en definitiva, restaurador de la monarquía en España, aunque su pupilo le saliera rana en eso de querer implantar una monarquía constitucional, es decir, democrática. Si seremos insensatos que hemos pretendido juzgar, retroactivamente, a quien sólo estaba dispuesto a responder ante Dios y ante la Historia. Pues bien, Dios no sabemos qué habrá dicho. El veredicto de la Historia, sí. La Memoria (Mnemosine) y Clío (la Historia) son madre e hija, y tanto una como otra no guardan un buen recuerdo del que fuera “Caudillo de España por la gracia de Dios”.
Franco tuvo el refrendo de la jerarquía católica, que aprobó y elevó el ‘Alzamiento’ a la categoría de ‘Cruzada’. Persuadido de la ‘justicia’ de su causa, se arrogó el ‘ius vitae necisque’ (derecho de vida y de muerte) , la licencia para matar. Y quienes le apoyaron (los jerarcas eclesiásticos, sobre todo) lo consideraron investido de esa prerrogativa, sólo a Dios reservada (a Dios o la Naturaleza, que diría Spinoza). Los jerarcas consideraron desde luego la guerra ‘justa’ y, en consecuencia, no pusieron reparos (en general) a lo que tal apreciación conllevaba. En ningún momento pensaron que el Caudillo conculcara leyes divinas o humanas. Y prueba de ello es que sacralizaron su figura, recibiéndole ceremoniosamente en los templos bajo palio.
Y puesto que el Caudillo fue reputado como el ‘salvador de la patria y de la religión’ (católica, por supuesto), héroe máximo de la Cruzada, ¿por qué no premiarlo con la canonización? Tal sería, en buena lógica, la apoteosis esperada por parte de la Iglesia agradecida.

lunes, noviembre 17, 2008

La Audiencia Nacional veta a Garzón en su operación a tumba abierta

Sede de la Audiencia Nacional
en la calle García Gutiérrez
¿A qué instancia superior tendrán que recurrir los afectados para continuar los trámites de recuperar los restos de sus familiares, asesinados por el franquismo? ¿A la misma Astrea en persona, la diosa de la Justicia?
Es sabido que esta diosa tuvo que emigrar al Cielo, en vista de que en la Tierra le hacían la vida imposible. Resistió cuanto pudo entre los hombres, yéndose a vivir con los pastores en las montañas, donde todavía era respetada. Hasta que la corrupción general de la Edad de Hierro la forzó a trasladarse al Cielo. Allí sigue en forma de constelación, siendo conocida por el nombre de Libra.
Sus representantes acá abajo hacen cosas que no acaban de parecernos justas. Ahora parece que la Ley de Amnistía (1977), pactada en la Transición, resulta un obstáculo para alcanzar unos objetivos que son, a todas luces, de justicia; como es el de la recuperación de los restos de los asesinados por el franquismo y enterrados en fosas comunes.
La transición, como es bien sabido, consistió en asegurar la democracia (en afianzarla) por la vía de concesiones recíprocas entre los vencedores (y sus descendientes) y los vencidos (y los suyos). Es decir, la transición tuvo mucho de transacción o de cambalache (como hemos dicho en otra ocasión, evocando la letra del famoso tango).
Con la Ley de Amnistía los beneficiarios del franquismo se cubrieron las espaldas cediendo poder a cambio de impunidad. Pero, siendo el poder usurpado, no es moneda de curso legal. Porque la moneda legal hubiera sido el poder otorgado por las urnas. Cuando tuvieron éste, condenaron el franquismo (2002) con la boca chica. Pero, de nuevo en la oposición, dieron marcha atrás en el Parlamento europeo (2006) para replegarse a sus cuarteles de invierno. Esa vacilación en condenar, esa renuencia, delata la dudosa vocación democrática de la derecha. La consabida ‘prueba del algodón’ que la pone en evidencia.
Si los crímenes del franquismo fueron crímenes contra la Humanidad y los crímenes contra la Humanidad no prescriben, no puede haber subterfugios legales que entorpezcan su condena.
Otra cosa es la impunidad que, de facto, han alcanzado los principales responsables de aquellos crímenes, ya fallecidos casi en su totalidad. La época del castigo ha prescrito. Y, en consecuencia, en el 99’99 % de los casos esos crímenes han quedado, de hecho, inultos.
Por la Ley de Amnistía se puede renunciar al castigo de los culpables, pero no al carácter imprescriptible de los delitos mismos. El presunto ‘descargo de conciencia’ que la Audiencia parece querer ejercer frente a la Memoria Histórica es improcedente. La obstrucción de las exhumaciones perjudica una causa justa, como es la de dar honrosa sepultura a los que fueron enterrados en fosas comunes, sin que se diera a los familiares la oportunidad de ejercer los deberes de la piedad con sus muertos.
La Historia ha juzgado ya a Franco y lo ha puesto en el lugar de los grandes genocidas, amén de considerarlo traidor a la patria (reus perduellionis) Sin embargo, anoche mismo se podía asistir en el