martes, diciembre 27, 2011

LA CUENTA PENDIENTE DE LA DEMOCRACIA

El diario ABC fue el primer periódico español durante muchos años, antes y después de la Guerra Civil. En casa de mi abuela paterna (es decir, en casa de mi padre) había una buena cantidad de números atrasados, de los años 30, tanto de ABC como de Blanco y Negro. Después de la guerra, se seguía comprando el diario monárquico en casa de mi abuela, un periódico que yo leía con deleite, sobre todo, en las jugosas colaboraciones de Agustín de Foxá. Tras el cambio político que se inició en la llamada Transición, empecé a sintonizar más con la línea ideológica de El País y, en consecuencia, me fui alejando del ABC. Ya residiendo en Zafra, he seguido leyendo habitualmente El País, más coherente con mis propios puntos de vista ideológicos. Pero en fechas recientes, a partir del 20-N pasado, el nuevo Ayuntamiento decidió suprimir de la Biblioteca Municipal dos periódicos: El País y el Extremadura, dejando sólo el HOY, a nivel regional, y El Mundo, a nivel nacional. Privado de esas fuentes de opinión, me informaron de que en el Hogar del Pensionista se puede leer El País, el ABC, el Extremadura y el HOY. Por lo que me convenía (ya era hora) solicitar el correspondiente carnet de pensionista.
Con lo que, mira por dónde, he vuelto a leer el ABC (El Mundo me parece un periódico perfectamente prescindible, sobre todo por ciertas firmas que acepta, puede que en aras de la libertad de opinión, pero que en realidad son dañosas para la democracia)
Encuentro en el veterano diario cosas con las que sintonizo: su repulsa, más o menos paladina, del franquismo y el reconocimiento de la necesidad de reparación, siquiera en el aspecto moral, de las víctimas de aquella revuelta fratricida. En este sentido quiero hacer aquí una referencia a la entrevista que publicaba con fecha de ayer el diario fiel a la monarquía, entrevista con el escritor Xavier Alcalá, con motivo de la reciente publicación en castellano de su novela Fábula, publicada originalmente en gallego. De esa entrevista subrayo las palabras que siguen:
¿Los fantasmas de la Guerra Civil han desaparecido de nuestra vida?
No pueden desaparecer. Creo que el mal fue —y es— de toda España. Los fantasmas no desaparecen hasta que se les hace justicia a los muertos, sin rencor, pero justamente.
Ojalá tomen nota quienes ahora tienen en su mano la ocasión de reparar, de alguna manera, esa flagrante e inveterada injusticia. Y procuren saldar esa deuda con la república y con la Historia.
Hasta ese día, no desaparecerán los fantasmas. O, como decía el escritor Moreno Guerrero, “el llanto de los espectros”. Título de una novela inédita que a mí me dio a leer, pocas fechas antes de su muerte.

sábado, diciembre 24, 2011

LA OCTAVA XXXIV DE PERITO EN LUNAS

Es sabido que el primer libro que consiguió publicar el poeta Miguel Hernández, Perito en lunas, fue escrito con el propósito de combatir un posible malentendido que pudo producirse con ocasión de su ‘presentación en sociedad’, en sendas publicaciones de Madrid, como fueron el semanario Estampa y la revista La gaceta literaria, esta última dirigida por Ernesto Giménez Caballero. Ambas publicaciones resaltaban el hecho insólito de que el joven poeta procediera del medio rural y coincidían en etiquetarlo, aunque fuese de una manera provisional, con el apelativo de “poeta pastor”. El poeta quiso deshacer ese tópico desde el principio. Alguna vez llegó a impacientarse por el remoquete y contestó a quien le identificaba por el mismo:
– “De pastor, nada: sólo poeta”.
Lo de “pastor”, recelaba el poeta que tenía connotaciones de incultura, o de rustiquez. Perito en lunas se propone deshacer ese mito incipiente y el poeta, con cierto amor propio, va a demostrar que domina los recursos literarios y que su poesía puede alcanzar cierto grado de refinamiento y maestría. Miguel Hernández va a probar entre los asiduos a las tertulias literarias de la capital de España, que no es ningún pardillo al que se le ve ‘el pelo de la dehesa’ . Domina recursos sofisticados de la literatura, como el hipérbaton y lo hace con soltura y desparpajo. Y sabe cifrar sus mensajes poéticos a la manera sibilina de ciertos vanguardistas. Su remedo de ciertos ‘tics’ gongorinos es como un guiño a los de la ‘generación del 27’, año del tercer centenario de la muerte del poeta cordobés, bajo cuyo patrocinio se había acogido el citado grupo poético.

Como quiera que algunos lectores del poeta le pidieran ayuda para poder entender, o descifrar, el contenido de las octavas, el poeta accedió a colocar, a manera de solución a las adivinanzas que cada poema planteaba, una palabra clave, que era como la respuesta a la incógnita, o la respuesta al acertijo.

El que concretamente plantea la octava 34 lo cifró el autor en la palabra HUEVO. En efecto, se trata del huevo, uno de los aspectos que puede adoptar la poliforme deidad lunar.

Leamos el poemita para, seguidamente, bosquejar una interpretación:

Coral canta una noche por un filo
y, por otro, su luna siembra para
otra redonda noche, luna clara
(la más clara) con un sol en sigilo.
Dirigible al partir, llevado en vilo,
si a las hirvientes sombras no rodara,
pronto un rejoneador, galán en pico,
iría sobre el potro en abanico.

Interpretación: Una
gallina*, negra como la noche, canta por la parte de su cuerpo que está cerca de la cresta, roja como el coral. Mientras, por el otro extremo de su cuerpo, deposita en el nidal un huevo. Huevo que es blanco, como la blanca luna, tanto más clara cuanto que está compuesta, en este caso, de la albúmina, que es la clara. Rodeada por ella, está la yema, parecida a un sol guardado en secreto. El huevo se parece a un zeppelín, o dirigible, cuando es llevado a la redonda noche que es la sartén. De no ser que cayera en medio del aceite hirviendo de la sartén, saldría de él un gallo que montaría a las gallinas, igual que un rejoneador monta sobre la jaca, y que, al subir sobre la gallina, despliega en abanico ** sus alas hacia el suelo para guardar el equilibrio.

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* Cliquear sobre la palabra enlace para ver la puesta de la gallina.

** Ver al 'rejoneador' en plena faena

viernes, diciembre 16, 2011

LA SAGA DE LOS ALMEIDA

Desde hace muchos años he conocido y tratado a varios hermanos de la numerosa familia de los Almeida Nesi, muy mermada últimamente por los fallecimientos de varios de sus miembros. A Pepe, el mayor, lo conocí en el Seminario de Badajoz, siendo él un chaval y yo unos cuantos años mayor. Coincidí con él en las oposiciones a plazas de Magisterio y volví a encontrarme nuevamente con él en Sevilla, en el Centro de Profesores donde se impartían cursillos para obtener el CAP (Certificado de Aptitud Pedagógica). Con otro de los hermanos, Federico, me encontré en Madrid, donde ambos nos licenciamos en la misma especialidad (Filosofía) en la Complutense. Y con un tercer hermano, Ricardo, (que trabajaba en la MUFACE de Badajoz) coincidí, junto con nuestras respectivas esposas, en un lugar de descanso estival en la citada provincia, a principio de los años 70.
Una reciente esquela mortuoria aparecida en el periódico HOY me facilitaba datos más que elocuentes sobre la situación actual de la familia. La fallecida era una de las hermanas, Amparo de nombre. Entre los dolientes vivos se nombraba a otra fémina, Mercedes, y al presumiblemente único varón superviviente de los hermanos, Julio, al que no he llegado a conocer personalmente, pero de quien tengo óptimas referencias: es, o ha sido profesor, en la especialidad de Filosofía, de la Universidad de Córdoba. Deduzco, de la susodicha esquela, que ‘han pasado a mejor vida’ (valga el manoseado eufemismo) tanto Pepe, como Federico, Juan Pedro y Ricardo. De los Almeida tuve siempre la mejor opinión: son gente lista estos Almeida Nesi. Por esto, por considerarlos listos, me parece tanto más enigmática esa especie de prisa, esa unanimidad que parecen haber mostrado en irse relativamente pronto de este mundo: han resuelto con prontitud los trámites de su paso al más allá.
Desde luego, los que yo traté eran mentes despejadas: José, Federico, Ricardo. De éste último recuerdo un artículo que debo tener guardado en alguna parte, publicado en el diario HOY, y cuyo título era “En busca del díptero testicular”. Era una especie de réplica a otro escrito anterior del director del periódico, a la sazón Teresiano Rodríguez, que instaba a los llamados intelectuales a que se ‘mojaran’, ejercitando la libertad de opinión que favorece el desarrollo de las sociedades democráticas. Ricardo, con irónica sagacidad, venía a decir que lo que el director de HOY echaba de menos es lo que vulgarmente llamamos la “mosca cojonera” (el díptero testicular) y ya se sabe que nada detestan tanto los políticos como ese incordiante insecto.

De Pepe recuerdo otro artículo, igualmente sabroso, en el que se encaraba con la sociedad, personificada, a la que dirigía una valiente reprimenda sobre el trato que daba al sufrido personal docente.

Quiero evocar aquí elogiosamente a estos amigos desaparecidos. Al recordarlos, me viene a la memoria un verso de Camoens que oí citar a otro amigo común, aplicándolo a ellos: ... os temidos / Almeidas por quem sempre o Tejo chora (Os Lusiadas, canto I, est. XIV, 5-6) Los Almeidas ‘que el Tajo llora’ son, desde luego, para el vate lusitano, unos héroes. Estos Almeidas españoles, acaso descendientes de lusitanos, sin duda, también lo han sido, a su manera.

La presteza con la que, por rara unanimidad, han ido dimitiendo de la vida, me hace pensar que este artículo debería titularse “la saga... y fuga de los Almeidas”, mejor que 'la saga', a secas.

jueves, diciembre 15, 2011

SÍNTESIS POÉTICAS Y COMICIDAD (y III)

Las síntesis poéticas, cualquiera que sea el grupo en que se encuadran, pueden invalidarse como tales síntesis, destruyendo la pretendida equivalencia que a través de ellas se persigue. Así, por ejemplo, la metáfora que pondera el valor del tiempo equiparándolo con el valor del oro, se desmonta con el siguiente chiste:

El tiempo es oro, amigo.
– Pues cóbrese con él


(La equivalencia tiempo = oro no es extrapolable al terreno de los valores mercantiles. Es cierto que time is money, siempre que tengamos en cuenta que esa ‘moneda’ no tiene curso legal)

Así por el estilo sucede con otras muchas síntesis poéticas. He recogido diversos ejemplos de estas síntesis poéticas, reducibles a chistes, en un pequeño trabajo inédito que titulo “Los fundamentos retóricos del chiste”. Copio a continuación algunos de los ejemplos recogidos en ese breve ensayo.

Así, entre las síntesis del 2º grupo (por contigüidad) tenemos la metonimia, según la cual podemos tomar una cosa por otra con la que tiene una relación de parte a todo, causa a efecto, valor a precio...Lo explico con el chiste siguiente:
Cierto cliente distraído olvida pagar su consumición en el bar. Al día siguiente, el dueño del establecimiento le recuerda:
– Tiene usted aquí un café de ayer.
– Pues tráelo. Me lo tomaré aunque esté frío.

Evidentemente, se trataba de un café ‘a deber’, no de un café ‘a beber’. El interesado ha confundido (aposta o sin querer) el precio de la consumición con el artículo consumido.
Entre las síntesis por contigüidad (sinécdoque y metonimia, entre otras) están las que toman el singular por el plural, el instrumento por el que lo maneja, la cantidad contable por la mensurable, etc. Pondremos ejemplos concretos para hacernos entender mejor:

Por ejemplo, siguiendo con la metonimia (síntesis que pertenece al grupo de las asociaciones por contigüidad) y la sinécdoque (relaciones de parte a todo, de efecto a causa, autor a su obra, singular por plural, y viceversa, etc. etc.) vamos a ver algunos ejemplos de comicidad, en los que la síntesis queda invalidada por una operación diametralmente opuesta: el análisis. Veamos, por ejemplo, la sinécdoque consistente en el uso del singular por el plural, o viceversa:

.En aquel lugar, las mujeres llevan la falda por las rodillas (o por la rodilla, si son cojas)

Otro ejemplo: Si tomamos al pie de la letra la famosa rima becqueriana “¿Qué es poesía? –dices, mientras clavas / en mi pupila tu pupila azul”. Como, en realidad, solemos tener dos pupilas, una en cada ojo, se sobreentendería que tanto el poeta como la amada son tuertos de un ojo.

A veces, solemos confundir lo numerable con lo mensurable, o la cantidad discontinua con la cantidad continua. A base de esta metonimia podemos obtener el consiguiente efecto cómico. Así cuenta Pérez Zúñiga, en su novela Viajes morrocotudos, que en cierta ocasión los obligaron a torear, para demostrar su condición de españoles, en una ciudad de Asia. No podían negarse, so pena de ser condenados por aparentar una falsa nacionalidad, así que pidieron los enseres necesarios para la lidia. Y, en primer lugar, pidieron “dos toros con pocos cuernos”. O sea que no tuvieran los cuernos muy grandes. Les trajeron dos toros con unos cuernos descomunales. Y, cuando protestaron por el tamaño de los mismos, les advirtieron que ellos habían pedido “dos toros con pocos cuernos” y por allí no los habían encontrado con menos de dos.

La paronomasia es una síntesis del grupo de las asociaciones por semejanza. Su utilización como recurso cómico representa un buen filón del que suelen abastecerse los payasos y caricatos circenses. Casi todos los chistes de sordos, o paletos, o miopes, suelen consistir en tomar una palabra por otra (se ha oído mal, se ha leído mal, se ha entendido mal) Las paronomasias se dan entre palabras que suenan de modo parecido. Ahorramos al lector ejemplos que puede encontrar por sí mismo.

El eufemismo es una síntesis del grupo de las asociaciones por contigüidad. Como la perífrasis, consiste en expresarse mediante un rodeo, al objeto de evitar algún efecto desagradable. Lo malo es cuando se pone al descubierto lo que se pretendía ocultar. Y se llega a caer en el ridículo. Ejemplo, la superiora de un convento aconseja a las novicias no utilizar expresiones vulgares como, por ejemplo, “el culo del vaso”. Deberán decir mejor “el fondo del vaso”. Pero un día, el director espiritual del convento, alabando la bondad de la madre superiora, dice a las monjas: “Tenéis que amar a la abadesa, porque es muy buena. Yo conozco muy bien el fondo de la madre superiora”.

Apenas hay síntesis poética, sea cualquiera el grupo asociativo al que pertenezca, que se libre de poder ser reutilizada como recurso cómico. Así, hasta la misma apóstrofe (que como figura poética se encuadra en el grupo de las llamadas figuras patéticas) se presta a ser ridiculizada como síntesis poética. Es lo que hace el escritor festivo Juan Pérez Zúñiga, parodiando el tono grandilocuente de los románticos:

¡Oh, Naturaleza, cuán maravillosa y bellamente se manifiesta usted a los ojos del Universo todo!

Y añade en nota a pie de página:

Nota: Decir ‘te manifiestas’ nos parece demasiada confianza.

De ese modo el autor se 'cargaba' esa síntesis poética que se conoce como apóstrofe.

En resumen, todas, o casi todas, las que aquí hemos llamado síntesis poéticas, o figuras literarias, son susceptibles de ser recicladas, transformándolas en los correspondientes recursos
cómicos.

LA SÍNTESIS MENTAL Y LA ASOCIACIÓN DE IDEAS (II)

Las asociaciones de ideas facilitan la realización de las síntesis mentales. Éstas son, en buena medida, el resultado de aquéllas, aunque no todas las asociaciones de ideas cuajan en síntesis, sino sólo las que tienen como resultado el descubrimiento de una nueva faceta de la realidad.

El mecanismo de la asociación de ideas se conoce desde antiguo, y ya Aristóteles apuntó las leyes que, según él, regulaban el funcionamiento de las mismas: a) la ley de semejanza, b) la ley de contigüidad y c) la ley de contraste.
Así, según la primera de estas leyes, las personas, o las cosas, parecidas, se asocian en nuestra memoria: una persona nos recuerda a otra por su parecido con ella. Así los gemelos, por ejemplo, suelen ser parecidos y, a veces, resulta difícil distinguirlos.
Pero, igualmente, las personas y las cosas pueden asociarse por una relación de proximidad, o contigüidad, en el espacio o en el tiempo. El humo se asocia al fuego, el yunque al martillo, etc. Y, por último, las cosas y personas se asocian o evocan, según ley de contraste, o ley de contrarios: blanco/negro, alto/bajo/, frío/caliente, etc.

Las síntesis pueden ser el resultado de cualquiera de estos tres tipos de asociaciones. Si aplicamos la doctrina de la asociación de ideas al estudio de las figuras literarias, descubrimos que éstas configuran otras tantas síntesis poéticas, las cuales pueden clasificarse de acuerdo con el tipo de asociación del que proceden. Así, al grupo de las asociaciones por semejanza corresponden las siguientes síntesis poéticas:

1. ASOCIACIONES POR SEMEJANZA
Comparación (símil), metáfora, alegoría, símbolo, paralelo, parábola, parodia, paráfrasis, paronomasia, equívoco, personificación...

2.ASOCIACIONES POR CONTIGÜIDAD

Al grupo de las asociaciones por contigüidad corresponden las siguientes síntesis:

Sinécdoque, metonimia, circunloquio, eufemismo, perífrasis, gradación, concatenación, esquema, perfil, silueta, hipérbole, hipotiposis, caricatura, hipálage...

3.ASOCIACIONES POR CONTRASTE

Y, finalmente, al grupo de asociaciones por contraste podríamos adscribir la paradoja, la antítesis, el retruécano, el priamel y aquellas figuras que caen bajo la denominación genérica de la ironía (antífrasis, asteísmo, sarcasmo...)

Lo novedoso de este punto de vista es que aporta una clasificación coherente de las figuras literarias, no contemplada (que sepamos) anteriormente en los manuales de retórica al uso.

Algunos teóricos de la asociación de ideas reducen a dos las leyes asociativas: la ley de semejanza y la ley de contigüidad. La ley de contraste la engloban en la de semejanza/ desemejanza, como una especie de integración de opuestos. Parece más didáctica la clasificación aristotélica.

Hay que anotar, sin embargo, que la tendencia poética a la síntesis se ve, a menudo, contrarrestada por la tendencia cómica: la que invalida la síntesis poética (por ejemplo, la metáfora) subrayando la desemejanza, o la diferencia, allí donde la poesía pretendía establecer una equivalencia. Por eso se ha dicho que “lo contrario de la poesía es el chiste” (C. Bousoño)

lunes, diciembre 12, 2011

¿QUÉ ES UNA SÍNTESIS? (I)

Hubo una época de mi vida en la que la palabra ‘síntesis’ revistió para mí una importancia capital. Fue una especie de toma de conciencia del papel fundamental que en el conjunto de las operaciones mentales desempeña la síntesis. Consciente de la importancia de ese papel, concebí el proyecto de realizar un trabajo de tesis acerca del asunto y llegué, incluso, a entrar en contacto con el profesor Dr. D. José Luis Pinillos, quien por entonces era titular de la cátedra de Psicología de la Universidad Complutense. Sólo que, poco después, desistí de mi propósito, dada la necesidad atender a mi trabajo, como funcionario en activo del MEC. Fue como un amor al que se decide renunciar, al sopesar las dificultades que iba a encontrar en el camino. Ya me había ocurrido algo semejante con otros amores de carne y hueso, de modo que soportar las renuncias era algo que formaba parte de la disciplina que la vida me iba enseñando. Quizás no me encontré lo suficientemente capacitado para acometer un trabajo que, ante todo, se me aparecía como ambicioso, pero altamente prometedor. Y es que presentía que la ejecución satisfactoria del mismo rebasaba la capacidad de mis conocimientos: conectaba con el campo de la ciencia universal, en especial con las Matemáticas, y yo tenía el handicap, de principio, de ‘ser de letras’. Bueno, para ser exacto, de Filosofía y Letras; pues fue precisamente en Filosofía (Metafísica) donde obtuve el grado de licenciado en 1969. Desde el comienzo de esa década ejercía la profesión de Maestro de Enseñanza Primaria. Mi encuentro con el tema de la síntesis data de 1958

Escribí por esas fechas un pequeño ensayo titulado “La síntesis mental: bosquejo de una fisiología del entendimiento”, en un primer intento de ordenar mis ideas sobre el tema. Cuando ahora trato de redefinir el concepto de síntesis, casi me veo desbordado por la cantidad de cosas a las que podemos llamar con ese nombre: desde una fórmula matemática a una figura literaria o, incluso, una caricatura: hay síntesis poéticas, síntesis dibujísticas, síntesis matemáticas...Por ejemplo, una ecuación no es ni más ni menos que una síntesis. La famosa ecuación de Einstein que condensa su teoría de la relatividad: e =mc2 (energía = masa por el cuadrado de la velocidad de la luz) es una síntesis genial, un asombroso parto de la mente.
Esa síntesis admirable establece las relaciones que cuantitativamente existen entre esas magnitudes que son la masa, la energía y la velocidad de la luz.
Para alcanzar el adiestramiento necesario que nos capacite para realizar este tipo de síntesis se requiere, sin duda, una preparación específica, que se consigue con el estudio de las Matemáticas y la Física. Pero, afortunadamente, la noción de síntesis es más general y podemos llegar a ella sin necesidad de especialización. Estamos en condiciones de poder brindar una sencilla definición de síntesis, si entendemos por tal el resultado de una operación mental que nos revela un aspecto nuevo de la realidad, comprobable por cualquier persona normalmente constituida.*

Así que nos quedamos, por lo pronto, con que la síntesis es un producto mental. El resultado de esa operación mental puede adoptar el aspecto de una fórmula matemática, o bien puede tratarse de una síntesis dibujística (una caricatura, por ejemplo), o una síntesis poética (una metáfora, pongo por caso)

Por el momento nos centraremos en esas síntesis poéticas que constituyen el conjunto de los llamados ‘recursos literarios’.


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* Y, por supuesto, con la preparación necesaria. No todos podemos verificar, por ejemplo, la fórmula de Einstein a la que aquí hemos aludido.

viernes, diciembre 09, 2011

LA CONSTITUCIÓN CUMPLE 33 AÑOS

Se cumple por estas fechas (6 de diciembre de 2011) el 33º aniversario de la Constitución, que marca el comienzo de la llamada Transición: el rodaje de la democracia, tras el largo caminar por el desierto de la Dictadura. La democracia era como la tierra prometida de los israelitas: ya lo dije en otra ocasión (recuperar entrada aquí)
Seguimos estancados en una Transición que ya ha dejado de serlo, sin alcanzar plenamente sus objetivos: la reconciliación de los españoles, su incorporación a una tarea común de reparación colectiva, sin prolongar la humillación de los vencidos con el mantenimiento de símbolos y monumentos que perpetúen la memoria de una victoria, que fue de los menos, y una derrota, que fue de los más. El perdedor de la guerra civil fue el pueblo y, con él, la democracia. El franquismo tiene que ser juzgado y condenado; en ello tiene que empeñarse toda la sociedad española. Es mal camino que se persiga a la única persona que intentó aplicar esa justicia, que está por cumplirse. Me refiero, como todos sabemos, al juez Baltasar Garzón.

Si los crímenes del franquismo, reconocidos como crímenes de lesa humanidad y, por tanto, imprescriptibles, no son condenados explícitamente por una sociedad que pretende homologarse a las democracias europeas, esa sociedad no ha logrado la verdadera democracia. Seguimos estancados en la Transición, en tierra de ninguna parte, en la utopía de la democracia. Estamos, más bien, en un callejón sin salida.

La Constitución de 1978 soslayó, sin plantearla en aquella fecha - por prematura- la condena explícita del franquismo. Naturalmente, fue un pacto con los herederos de la Dictadura y hubo que transigir. La Transición empezó por ser Transacción (de ‘transigir’) Pero ya es tiempo de plantear esa reivindicación pendiente. No sería necesario volver a plantear esa condena, de no haberse 'desdecido’ (o desdicho, para su ‘desdicha’ y la de todos) el partido entonces en el poder y, ahora, a sólo a unas fechas de volver a recuperarlo, de la condena unánime del franquismo, acordada con la oposición, con la que suscribió dicha condena en el Parlamento español, el 20-N de 2002. Años más tarde (1996) en el Parlamento europeo, estando el gobierno de España nuevamente en manos del PP, tuvo lugar la retractación de aquella condena, por parte del portavoz del mismo, Sr. Mayor Oreja. Retractación que recupera viejos resabios exculpatorios de la dictadura. Ese no es el camino, señores del PP, pese al resonante triunfo de los recientes comicios celebrados en otro 20-N.

El franquismo es como una herida cerrada en falso. Y la democracia, a secas, vuelve por sus fueros al reivindicar su condena.
La Constitución de 1978 ya está talludita. Y, con ella, la democracia española va camino de quedarse soltera para los restos. Parece que la sociedad española está condenada a perpetuo enfrentamiento, a una irreductible desavenencia

jueves, diciembre 01, 2011

DEMOCRACIA RADIACTIVA

Quiero traer a colación aquí la viñeta de El Roto que publica El País de fecha de hoy. Como tantas veces, una más, este comentarista gráfico de la actualidad pone el dedo en la llaga de nuestra 'democracia' transicional: la de la 'transigencia' pactada con los depositarios del legado franquista. Los residuos radiactivos (radioactivos) de esa dictadura son (como otros tantos residuos de esa naturaleza) de larga duración. Pero no hace falta trasladar esos residuos a un cementerio nuclear: Cuelgamuros es, precisamente, ese cementerio.

Por eso, ni tocarlo. Por más que nuestra 'democracia' siga, indefinidamente, irremediablemente, contaminada de franquismo.

miércoles, noviembre 23, 2011

EL EPITAFIO DE ANNIANO PEREGRINO EN EL MUSEO ROMANO DE MÉRIDA



(Reprodución de la inscripción fúnebre de Anniano Peregrino)


Guardo un recorte de periódico (HOY, 19-9-09) con un reportaje, firmado por el periodista Juan Soriano, acerca de una inscripción de época tardorromana, relativa a una lápida funeraria dedicada a un niño, de nombre Anniano Peregrino, que falleció a los 14 años. A esa temprana edad, el joven difunto ya ostentaba el título honorífico de ‘arconte’ de dos de las sinagogas que probablemente existían por aquellas fechas (s. IV) en la ciudad de Mérida.
A propósito del texto de esa lápida, dio ese mismo día, en la capital autonómica, una conferencia el catedrático y académico de la Real Academia de las Letras y las Artes de Extremadura, Dr. Luis García Iglesias.
Una semana después, la sección de Cartas a HOY publicaba una carta, firmada por mí, en la que daba la trascripción del texto lapidario, tomado de la foto que insertaba el reportaje de la semana anterior, así como la traducción del referido texto.
Poco tiempo después tuve ocasión de comentar con el profesor García Iglesias el texto de la lápida, que yo había transcrito procurando la corrección gramatical, eludiendo la falta de corrección de la palabra SINAGOGE (sic) y transcribiendo SINAGOGARVM como pide la correcta sintaxis.
Creo que era el único punto en el que el ilustre académico no estaba de acuerdo conmigo. Las transcripciones deben de ser escrupulosas y, si hay faltas de ortografía, tenemos que respetarlas. Por supuesto que García Iglesias admitía que el latín de la lápida presenta deficiencias gramaticales, resultado del distanciamiento progresivo del latín al uso de la época respecto del latín clásico. No era la única incorrección que presentaba el texto de la lápida. La otra era el régimen de la preposición ‘de’ con acusativo, cuando lo normal es utilizarla con ablativo. La transcripción fiel debió ser la siguiente:



ANNIANVS PEREGRINVS ONO/RIFICVS DVARVM SINAGOGE/EXARCON VIXIT ANN. XIV DE/ QVEM BONVM TESTIMONI/ VM REDDENT CIVES ET AMICI/ SVI O TE INNOCENTEM NON/ FRVNITVM FVISSE AETA/TEM TV/AM BENE/ DORMIAT / SPIRITVS TV/ VS

(Anniano Peregrino, exarconte de honor de dos de las sinagogas, vivió 14 años, de él darán buenas referencias sus conciudadanos y amigos. ¡Oh, tú, inocente, que no gozaste de tu juventud! ¡Que tu espíritu duerma en paz!)

En relación con los usos y costumbres de las comunidades judías de la época, mi colega y antiguo compañero de estudios, Miguel García Gómez, me puso en la pista de un interesante artículo de Isidoro Muñoz Valle, titulado “El testimonio de las inscripciones sobre el régimen de las comunidades judías en la Roma imperial”, publicado en los Cuadernos de Filología Clásica, vol. 4, pp. 151-163 (1972)

El contenido de este trabajo arroja mucha luz para mejor entender la inscripción latina.
Habitualmente, la comunidad judía utilizaba con más frecuencia el griego que el latín en este tipo de inscripciones. Curiosamente, una de esas inscripciones redactada en griego nos pone en la pista de un caso similar al de la lápida emeritense. Y da la coincidencia de que, en este caso, el niño arconte se llamaba, igualmente, Anniano. Traduzco a continuación el texto griego de la inscripción:


Aquí yace Aniano, arconte niño, hijo de Juliano, padre de la comunidad de los Campenses, de ocho años y dos meses de edad

Si nos habíamos preguntado ya qué méritos extraordinarios concurrían en esos niños para que merecieran a tan temprana edad ostentar esos títulos honoríficos, la respuesta la obtenemos del mismo autor del artículo: en esas comunidades judías tales cargos solían ser hereditarios. De modo que los hijos de quienes ostentaban de hecho los cargos de ‘arcontes’, o jefes espirituales de la sinagoga; así como otros cargos de responsabilidad, como el de ‘grammateus’ , algo así como secretarios de las asambleas, tenían el privilegio de que sus hijos fuesen designados como futuros sucesores. Los cargos heredables podían ser, además del de ‘arconte’, o jefe, el de ‘grammateus’, o secretario, y, en especial, el de ‘padre de la comunidad’ Los jóvenes retoños, por el mero hecho de ser hijos del ‘cuerpo’, recibirían a título honorífico el nombramiento correspondiente, al que acaso nunca accederían, si morían prematuramente, como en los casos que aquí se refieren.

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* Corpus Inscriptionum Iudaicarum, inscrip. 88, edit. J.B. Frey, Città del Vaticano, 1936
** art. cit. pág. 157

viernes, noviembre 18, 2011

LO REITERABLE CARACTERÍSTICO DE LA VERDAD

La verdad es reiterativa: tiende a repetirse. Lo que es tiende a permanecer en su ser, decía Spinoza. Lo malo es que hay quienes aviesamente proclaman la mentira de modo reiterativo, con el propósito de que se tome como verdad.

Esto es lo que se desprende de aquella frase cínica (en el peor sentido de esta palabra) que algunos atribuyen a Goebbels y otros (entre ellos cierto cronista oficial) se la endosan a Lenin, ya que éste tiene más pinta de ideólogo que aquél y, además, se supone que es de izquierda, por ruso y por comunista. Y esa frase (la dijera Goebbels o Lenin) es que “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. Pues, no. Lo que pasa es que se reitera y reafirma su condición de verdadera mentira.

La característica reiterativa de la verdad se pone de manifiesto en la réplica que Sócrates dio a Calicles (Gorg.490 e. 10-11) cuando éste le reprochaba que siempre dijera lo mismo:

– Lo mismo, ciertamente, y sobre las mismas cosas.

Si la verdad es reiterativa ello se debe a su propia condición de ser invariable. Por eso San Agustín decía aquello de “Varías, luego no eres la verdad”.

Lo que pasa es que la propia condición mudable de la vida humana se convierte en norma y de ahí el paradójico verso de Quevedo que sirve de remate a uno de sus sonetos:

lo fugitivo permanece y dura

Verso que, por cierto, resuena en otros poetas de diversas lenguas. Así, por ejemplo, en un verso de Shelley, citado por Juan Ramón Jiménez:

nought may endure but mutability

(nada perdura excepto la mudanza)

A la condición de inmutabilidad de la verdad sólo puede oponérsele la esencial mutabilidad de la vida. De ahí el carácter irreal de ésta, que lleva a la conclusión barroca de que la vida es sueño, o también, comedia o teatro. (‘Irreal, como la vida misma’, podrían decir éstos)

De cualquier manera, siempre habrá que tener en cuenta el carácter insobornablemente subjetivo de la verdad: ésta consiste, en última instancia, en un veredicto, el pronunciamiento que acerca de la realidad hace nuestra mente. Si nuestro pronunciamiento sobre la realidad es adecuado a la misma (adaequatio rei et intellectus) estaremos ante la verdad (que no por eso deja de ser subjetiva) Si no es adecuado a la realidad, nuestro pronunciamiento será falso. No podemos seguir afirmando que era café-café lo que hemos bebido, cuando llegamos a la convicción de que se trata de auténtica malta (achicoria o cebada tostada), uno de los verdaderos ‘sucedáneos’ del café. La verdad, en último término, es lo que se llama un ‘ente de razón’, incluso en el mejor de los casos, o sea, cuando haya acuerdo entre la realidad y nuestro ‘veredicto’ acerca de ella. Si no lo hay estaremos en el error.

miércoles, noviembre 16, 2011

LA TRAICIÓN COMO TÁCTICA DE GUERRA

Espero que el lector me perdonará si una vez más (la tercera) insisto en un tema ya tratado en anteriores ocasiones, concretamente en las fechas que corresponden a los enlaces siguientes: 1-3-09 y 19-4-07. En todo caso, la lección que se desprende de las correspondientes entradas merece ser recordada de vez en cuando, especialmente si se aporta, como en esta ocasión, algún dato nuevo que sirva para reforzar la enseñanza: nunca conviene confiar en las promesas del enemigo. Es un consejo saludable que siempre conviene recordar.
He recordado en las susodichas entradas que los romanos tenían como norma no fiarse ni un pelo de lo que ellos llamaban ‘lealtad cartaginesa’. De haberse tenido en cuenta esta norma en los días turbulentos de nuestra guerra civil, probablemente se hubieran salvado muchas vidas que se perdieron por confiar en la palabra del enemigo. El mero hecho de ser el enemigo nos pone en guardia para que no lo creamos capaz de cumplir su palabra.
Hemos copiado el bando que en Zafra publicó un capitoste de aquellos tiempos, de nombre Carlos Blond Mesa. Lo hemos reproducido en una de las entradas citadas anteriormente. En conexión con ese asunto he traído a colación un pasaje del De bello civili, de César, en el que se refiere un caso de esta clase de trampas. Se encuentra en el párrafo 28 correspondiente al libro 3:
[Otacilio*] prometía la inmunidad a quienes se entregaran. Los novatos (aceptando el juramento, por parte del enemigo, de que no sufrirían ningún daño) se entregaron. Todos fueron conducidos a su presencia y, contra lo prometido bajo juramento, fueron asesinados cruelísimamente ante sus ojos.
Lástima que estas enseñanzas de la antigüedad no pudieran tomarse en cuenta por los incautos hombres de izquierda que, en el año de la guerra civil, creyeron ingenuamente en las vanas promesas de los del otro bando.
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Uno de los jefes del bando pompeyano en la guerra civil entre César y Pompeyo.

domingo, noviembre 13, 2011

LA CRUZADA, GRAN MENTIRA DEL FRANQUISMO

No sé si el comunismo llegó a ser alguna vez formalmente excomulgado por la Iglesia. Leo en Google (el ‘espasa’ de Internet) que Pío XII lo condenó expresamente el 1 de julio de 1949 y amenazó con la excomunión a sus seguidores (los del comunismo, claro)
En España, el comunismo ya había sido previamente demonizado, al paso que se equiparaba la rebelión franquista contra la república con una ‘cruzada’, la Cruzada por antonomasia. Fue su Eminencia el Cardenal Gomá, Primado de España en 1937 (el 2º Año Triunfal) el encargado de santificar el golpe de estado y el correspondiente genocidio puesto en marcha por el aparato rebelde. Aberrante, desde luego, llamar ‘cruzada’ al exterminio organizado a raíz del 18 de julio del 36. El franquismo se vio, no sólo legitimado, sino santificado por este aparato de propaganda. El enemigo político era, ni más ni menos, el demonio. Y la lucha contra la república era la lucha contra las potencias del mal. Este enfoque de la situación fue el fulcro principal de la publicidad con que se ‘blanqueó’ la causa de la derecha. Muchos de los carteles publicitarios que el régimen desplegó por los muros y paredes de la España franquista estuvieron basados en esta estrategia de demonización del enemigo político.
Como ilustración de lo que va dicho traigo a colación, una vez más, dos de los carteles de aquella campaña publicitaria. En uno de ellos se ve a un soldado enarbolando una bandera y pisoteando al monstruo diabólico del comunismo, derribado en tierra. Se ven los símbolos de la Falange: el yugo y las flechas y la bandera. El demonio del comunismo lleva pintarrajeados en su cuerpo las siglas de los movimientos obreros de signo marxista: CNT, UHP y FAI. Las organizaciones obreras quedaban así anatematizadas, identificándolas con el demonio.

A esta misma tónica obedece el título de uno de los poemas ‘épicos’ del momento, dedicados a celebrar la gesta. Me refiero al Poema de la Bestia y el Ángel, de José María Pemán, publicado en 1938 (3º Año Triunfal) con ilustraciones de Carlos Saenz de Tejada.

Por supuesto, una vez más, el ‘ángel’ era el franquismo y la falange, al paso que la bestia era el comunismo. Se reproducía, por enésima vez, el mito de las huestes angélicas, capitaneadas por el arcángel San Miguel, contra las hordas demoníacas del marxismo.

El asesinato, a gran escala, estaba justificado de sobra. Era la causa de Dios
contra la causa de Luzbel.












* Este cartel de los años 40 estuvo fijado en la pared lateral de la fachada de los Manganés, en Aceuchal, la que daba (y da en la actualidad) a la Cruz de los Caídos

viernes, noviembre 04, 2011

UNA EXCEPCIÓN A LA REGLA

Todas las reglas tienen excepción, se dice, y la caricatura que acompaña estas líneas es una prueba que confirma la exactitud del dicho. He escrito, en una entrada anterior, que el arte de la caricatura es algo que no domino a voluntad y que casi todas las caricaturas que tengo hechas han brotado de manera espontánea en virtud de una síntesis mental elaborada en el subconsciente, sin que, por regla general, mi voluntad tome parte en esa operación.
El presente caso puede ser la excepción a la regla, hasta cierto punto. Y es que el representado en el dibujo me pidió personalmente y con cierta insistencia "A ver si me haces una caricatura, Juan". Le dije que, desafortunadamente, no disponía a voluntad de la habilidad de hacer caricaturas. Pero su misma insistencia tal vez puso en juego los resortes del subconsciente y, algún tiempo después, pude presentarle el resultado de lo que yo consideraba su gesto más característico. Parece que lo aceptó, incluso con satisfacción. Se trata de José Antonio Suárez Bárcena, un buen amigo mío, al que hace años no veo por Zafra. Espero que le vaya bien allí doquiera que esté. Creo que en la actualidad no tiene tanto pelo como en la época en que le hice la caricatura.

jueves, noviembre 03, 2011

CORRESPONDENCIA ATRASADA

Un lector ocasional, que no desconocido, de este blog, se preguntaba hace algún tiempo por qué razón este portal lleva por título La materia del sueño. “El corazón tiene razones que la razón no comprende”, decía Pascal. Trataré, no obstante, de explicar alguno de los posibles motivos que me indujeron a titularlo de este modo. Uno de ellos es, sin duda, la creencia de que los sueños forman parte importante de nuestra vida. El poeta Antonio Machado los valoraba mucho y afirmaba que “de toda la memoria sólo vale / el don preclaro de evocar los sueños”. Y esa estimación de nuestro poeta por los sueños se echa de ver en que, a menudo, algunos de los temas de sus poemas consisten en el relato de un sueño (“Soñé que tú me llevabas / por una blanca vereda…”; “Desde el umbral de un sueño me llamaron”…)

Otra de las razones que explican mi predilección por esta temática es que todos somos algo barrocos (¿qué ser humano no lo es?) y es propio del talante barroco equiparar el sueño con la vida. El tópico de la vida como sueño es uno de los descubrimientos capitales del barroco. Y el Barroco mismo, como forma de expresión artística, rebasa el marco temporal del siglo XVII en el que solemos enmarcarlo:

El sueño que es mi vida desde que yo nací

dice Rubén Darío en sus Cantos de Vida y Esperanza (Nocturno XXXII) Como él, todos hemos perdido un paraíso y, en nuestro fuero interno, todos lamentamos esa pérdida:

La pérdida del reino que estaba para mí (ibid.)

Shakespeare dijo aquello de que “somos de la misma materia que los sueños” (we are such stuff as dreams are made on) y con esa sola frase queda homologado a la gran corriente del barroco.

De todas formas, el título de la entrada de hoy alude a una experiencia reciente, de índole onírica: es, simplemente, un sueño. Y es que esta madrugada soñé, una vez más, con mi tío Jerónimo, mi segundo padre desde que me quitaron al primero, su hermano. Soñé que me entregaban un montón de correspondencia suya atrasada, que no había llegado a mi poder en su momento, por no sé qué error de cambio de dirección. Esa correspondencia se había ido acumulando a una antigua dirección mía (¿el Seminario?) y ahora me la entregaban, por fin, al cabo de Dios te salve (sí, tenía ganas de emplear este giro popular, este latiguillo expresivo que escuché muchas veces de labios de mi madre)

El montón de cartas, incluso de paquetes postales, era considerable. Había para leer un buen rato. Cosas que habrían perdido actualidad (teniendo en cuenta que tío Jerónimo falleció en 1993) pero que, en todo caso, tenían el aliciente de ponerme nuevamente en comunicación con mi querido tito Jerónimo, mi segundo padre.
(Foto de tío Jerónimo con su sobrino Juanito, Aceuchal (¿1939?)

martes, noviembre 01, 2011

LA MEMORIA AHISTÓRICA

* Busto de Platón

Puesto que resulta empachoso hablar, una vez más, de la ‘memoria histórica’, se me ocurre hablar hoy de 'la memoria ahistórica' que, a lo que parece, también existe (yo soy uno de los que creen en su existencia) y voy a recordar un testimonio muy curioso a favor de la misma, tanto más curioso y más sorprendente por cuanto que proviene de un conocido comunista como fue Rafael Alberti. Lo que demuestra que no son tan malos los comunistas como se dice por ahí con ánimo de difamarlos. Para mi paisana Mahizflor, ya fallecida, eran malísimos, a pesar de que algunos de ellos fueran devotos de la Virgen de la Soledad. En un trabajo aparecido en la revista que se publicó un año en las Fiestas de la Patrona de Aceuchal, hablando de la profunda devoción que el pueblo sentía por su Patrona, escribía que “hasta los marxistas le tenían veneración”. Conmovedor, de veras, si se considera el grado de perversión moral que suponía, en aquellos tiempos, ser comunista.

Pero no nos desviemos del tema: existe la memoria ahistórica y de ella dan testimonio los poetas, incluso alguno de ellos comunista contumaz. Como Alberti. He aquí el testimonio. Lo saco de su libro poético Sobre los ángeles, de un poema que lleva por título “Tres recuerdos del cielo”. El poema va precedido de un breve prólogo que dice:

No habían cumplido años ni la rosa ni el arcángel.
Todo anterior al balido y al llanto.
Cuando la luz ignoraba todavía
si el mar nacería niño o niña.
Cuando el viento soñaba melenas que peinar
y claveles el fuego que encender y mejillas,
y el agua unos labios parados donde beber.
Todo anterior al cuerpo, al hombre y al tiempo.
Entonces yo recuerdo que una vez, en el cielo…


Esta es, rigurosamente, una experiencia de la memoria ahistórica. Pero continuemos con el rastro del testimonio. Esta vez el testimonio proviene de un humanista cristiano, sacerdote por más señas, como fue José Mª Cabodevilla. Extraigo su testimonio de uno de sus libros, titulado Feria de utopías (pág. 199):

(…) si entendemos la infelicidad como una privación es porque en algún momento, de hecho o de derecho, fuimos felices. ¿Cuándo? Por debajo de la memoria personal debe existir una memoria más honda, la memoria de la especie, esa que guarda el recuerdo de un paraíso anterior a toda historia y prehistoria. ¿En qué vida astral, en qué remotísimas entrañas maternas supimos que existe la felicidad?

Pero será otro poeta, el portugués Camões, el que nos descubra la verdadera naturaleza de esa memoria ahistórica y nos diga su verdadero nombre, el que corresponde a una situación intemporal, fuera del tiempo. Y el nombre de ese recuerdo especial es el de reminiscencia:

Mas, ó tu, terra de Glória,
se eu nunca vi tua essência
como me lembras na ausência?
Não me lembras na memória
senão na reminiscência.

(Pero, oh tú, tierra de gloria, /
si yo nunca vi tu ser en la realidad /

¿cómo es que me viene el recuerdo de tu ausencia? /
No es propiamente la memoria la que
te recuerda/
sino la reminiscencia)


(Seguramente que los versos del poeta de Os Lusiadas podrían tener una traducción mejor que la mía)

La reminiscencia es el recuerdo de algo anterior a la historia y al tiempo. Otro testimonio de peso es el de Platón, La teoría de la reminiscencia, o memoria ahistórica, se encuentra claramente expuesta en su tratado sobre la belleza, más conocido por el título de Fedro. Y ¿qué es lo que nos dice Platón al respecto? Pues que antes de encarnarse en el cuerpo-cárcel, o en el cuerpo-tumba, nuestra alma contempló, con mayor o menor intensidad, el mundo esplendoroso de las ideas. Y de esa contemplación, que la inundó de felicidad, el alma conserva un recuerdo, una ‘anámnesis’, una reminiscencia. Algunas almas conservan un recuerdo más vivo de esa visión de lo bello. Y las almas que guardan mejor el recuerdo de aquella contemplación están destinadas a encarnarse en hombres llamados a ser “amigos de la sabiduría, o de la belleza, o amigos de las musas, o entendidos en amor” ** (Es decir, en filósofos, artistas, poetas, o en teóricos del amor, en su aspecto más sublime)

Ese recuerdo del mundo ‘supraceleste’ (el 'topos hyperuranios') se despierta ocasionalmente en nosotros ante la experiencia de la belleza o del amor. Así a Fray Luis de León se le arrasaban los ojos en lágrimas ante la contemplación del cielo estrellado, o al escuchar la música compuesta por Salinas:

A cuyo son divino
el alma, que en olvido está sumida,
torna a cobrar el tino
y memoria perdida
de su origen primera, esclarecida.

Todo esto es lo que constituye ese peculiar sentimiento que los portugueses llaman saudade. Y esa es la superioridad y la grandeza de la memoria ahistórica sobre la triste, la atormentada y doliente memoria histórica.

De la que ya hablaremos en ocasión más propicia.


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** El pasaje de Fedro aquí aludido es, en el texto griego, el 248 d, 2-4.

lunes, octubre 31, 2011

DON CESÁREO, PREFECTO DEL MENOR

Cesáreo Bermudo Guerrero era prefecto del Seminario Menor en los tiempos en que le hice esta especie de semblanza fisonómica. Cesáreo era un entusiasta de la música. Todavía, en la actualidad, creo que practica ese ‘hobby’ y dirige un coro mixto de personas mayores. Es fontanés de origen: ‘de Villalba a un lao’, como dicen los piporros, mis paisanos, también próximos a esa villa del antiguo Ducado de Feria. En los años que aquí evoco dirigía el coro del Seminario Menor. Contaba por aquel tiempo con las egregias voces de dos tiples de excepción: Joaquín Fernández Picón, corito, y Enrique Gajardo, fontanés como Cesáreo. El primero de ellos siguió una brillante trayectoria musical, como Catedrático de Órgano del Conservatorio de Madrid. Actualmente dirige el coro de la Universidad de Mayores de Extremadura.

Hace ya muchos años que aquellas maravillosas voces blancas se extinguieron, pero a la fecha perviven aún como bien timbradas voces graves. Gajardo, si mis datos son ciertos, aún actúa (supongo que como tenor) en la coral fontanesa. Y, a veces, según me contó él mismo hace algún tiempo, viene expresamente a dirigirlos su antiguo profesor y paisano, que en la actualidad vive en una residencia de mayores en Alcuéscar.

Quiero evocar, al publicar esta caricatura de D. Cesáreo, un precioso motete en latín que por entonces tenía en su repertorio la escolanía del Seminario Menor. Todavía recuerdo la letra que ahora copio aquí, seguida de su traducción castellana: O Iesu, mi bone pastor, en ego ovis tua sum: meque tecum fac gaudere in terra viventium. Qui manducat tuam carnem atque bibit sanguinem in te manet tuque in illo, ipsum alens nutriens. Te in mundum misit Pater et vivis propter Patrem: pariter qui Te manducat ipse vivet propter Te. (¡Oh, Jesús, mi buen pastor, heme aquí: yo soy tu oveja. Haz que yo goce de tu compaña en la tierra de los que viven para siempre! El que come tu carne y bebe tu sangre permanece en Ti y Tú en él, nutriéndolo y alimentándolo. El Padre te envió al mundo y Tú vives por el Padre. De igual manera, quien Te come, él mismo vivirá por Ti)


Cada una de estas estrofas iba seguida del estribillo, aquí marcado con negritas, con lo que el motete resultaba más largo.

Cesáreo desplegaba un gran dinamismo en la dirección del coro infantil. Parecía fascinar a los chicos cuando agitaba los brazos indicando las entradas de las respectivas voces. Conseguía conjuntarlos a las mil maravillas.

domingo, octubre 30, 2011

EVOCACION DE GERMÁN CID

NOTA: Clicar en la figura para verla en tamaño mayor

Las caricaturas son síntesis fisonómicas que elabora el subconsciente (al menos en mi caso) de manera espontánea. Esto significa que, a diferencia de los caricaturistas que se ganan la vida con esta actividad profesional, yo no puedo hacer una caricatura cada vez que quiero: la fisonomía de la persona, su expresión característica, fragua en el subconsciente y aflora en forma casi maquinal, en ocasiones en que uno coge el lápiz para trazar, al buen tuntún, figuras o perfiles humanos. Y a veces ocurre que la figura que surge del discurrir caprichoso del lápiz, sin un propósito concreto de retratar a alguien, resulta ser una figura que presenta cierto parecido, incluso bastante parecido, con personajes de la vida real, según el esquema fisonómico que ha decantado en nuestro subconsciente.

La figura de Germán Cid, antiguo compañero y vecino de las viviendas del Colegio Juan XXIII, es un caso de este curioso operar del subconsciente. A mí se me parece a Germán Cid, no sé si también quienes conocieron al personaje le encontrarán parecido con el del dibujo.

Germán Cid, uno de los mejores pedagogos que he conocido, era un enamorado de la profesión docente. Él fue quien puso en marcha el colegio que hoy lleva su nombre en Zafra. Yo fui un modesto colaborador suyo. Por cierto, antes de llamarse "Germán Cid", el colegio se llamó "San Eugenio", en honor de un desconocido personaje que fue Director General de Enseñanza Primaria* en los tiempos en que se decidió, por parte del Ministerio correspondiente, la creación de un nuevo colegio para atender a la creciente necesidad de plazas en nuestra ciudad. Fue a comienzos de la década de los 70. Lo de "San Eugenio" fue una deferencia hacia el santo patrón que llevaba el mismo nombre que el homenajeado, el Ilmo. Sr. D. Eugenio...no sé qué.

En fin, este esquema fisonómico que acompaña a estas líneas nos da un gesto que, según mi memoria visual, era característico de aquel excelente maestro que fue Germán.
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* Tras la lectura del comentario de Juan C. Fernández, procedo a corregir lo referente al cargo que desempeñaba el Ilmo. Sr. Don Eugenio López: Director General de Formación Profesional y Promoción Educativa.

domingo, octubre 23, 2011

DECORO VERBAL Y LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Crátera que representa a Ulises cegando a Polifemo







Amo verecundiam vel potius libertatem loquendi
(Cic. Fam. 9.22.1)





Cicerón, en el pasaje de sus cartas que citamos en el epígrafe, declara amar la libertad de expresión pero tratando de hacerla compatible con la continencia verbal. Y todos sabemos que hay palabras nefandas cuya mención debemos evitar por respeto a nuestros oyentes, máxime si estos son pequeños: “A los niños se les debe el mayor respeto”, dice Juvenal (Sat. 14.47) Así los nombres de las cosas nefandas, como suelen ser las denominaciones populares de las partes verendas (los órganos sexuales) o bien, las palabras escatológicas (relacionadas con las deyecciones, o las necesidades corporales) suelen evitarse por indecorosas. En ese mismo texto que citamos, un poco más adelante, Cicerón evita decir el nombre popular del miembro viril (mentula, palabra esdrújula en latín) y lo sugiere mediante un rodeo verbal (circunloquio o perífrasis). Para ello menciona las palabras 'ruta' (‘ruda’, nombre de una planta) y 'menta' (otra planta) Y dice que se puede decir el diminutivo de la primera (rutula), pero no así el de la segunda (sugiriendo el nombre del vocablo nefando mentula)

Otros autores de la literatura latina no tienen un criterio tan pudibundo de la continencia verbal y nombran por sus nombres cotidianos las cosas que el decoro evita mencionar. Así Catulo y Marcial se expresan con libertad y sin remilgos en este sentido: los nombres de los órganos sexuales masculinos y femeninos, como también las acciones propias del ejercicio de la sexualidad (futuere, pedicare, irrumare...) se nombran sin cortapisas. Lo mismo se nombran sin reparos los verbos que indican necesidades corporales (mingere, cacare, pedere... etc,)

Ahora bien, según una definición orteguiana de la poesía, ésta consiste en “evitar el nombre cotidiano de las cosas”, particularmente, añadimos nosotros, si se trata de cosas nefandas.

Esta norma la aplicó Miguel Hernández en su primera fase poética, la lunar, que corresponde, como ya habrá adivinado el lector, a la primera época, la de Perito en lunas. En ese libro y en los poemas pertenecientes a esa época, las acciones y las cosas nefandas, la escatología del sexo y las excreciones, se velan bajo un sistema de circunloquios y de metáforas. La tetralogía nefanda (caca, culo, pedo, pis) aparece bajo los disfraces de la metáfora y la perífrasis. Así las ‘nalgas’, o ‘culo’, son "las últimas mejillas", el ‘pedo’ es el "viento en popa", y los chorros de orina son 'asias' (por el color amarillo) que silban como sierpes delgadas sobre "Europa" (la taza del retrete). Ésta es la ‘cuenca luna monda’ que eclipsamos 'por completo' al sentarnos sobre ella. Comprobar cómo el poeta va sorteando estos ‘obstáculos de estiércol’ propios del vocabulario escatológico, constituye un divertimiento a la par entretenido y curioso.

Pero si nos trasladamos a la literatura latina y queremos comprobar cómo puede darse una cumplida relación de los órganos de la sexualidad, sin mencionar ninguna palabra desagradable o malsonante, lo más indicado es leerse el pasaje del Cento nuptialis, de Ausonio, quien a base del vocabulario del más púdico de los poetas latinos, como es Virgilio, consigue describir la escena del coito en la noche de bodas. Se alude a los nombres de los órganos sexuales masculinos y femeninos, la penetración, etc. con pasajes diversos de la obra virgiliana, sin mencionar ninguna palabra o acción por su nombre.

Hay, por cierto, alguna remota coincidencia con Miguel Hernández (poeta que ya se ha relacionado con Virgilio en alguna ocasión) *. Así el poeta de Orihuela llama 'Polifemo' al trasero (por lo del ojo) y Ausonio, refiriéndose al miembro viril, trae a colación el verso de Virgilio que describe la catadura del cíclope:

Monstrum horrendum informe ingens cui lumen ademptum
(Monstruo horrible, deforme, enorme, al que se privó de la vista)

Por efecto de la sinalefa, las cuatro primeras palabras de este verso se 'empalman' entre ellas, contribuyendo a sugerir el enorme tamaño del gigante y, por efecto cómico, del miembro viril aludido en este caso (monstrorrendinformingens) **


La parte de la parodia de Ausonio en la que se describe la desfloración (inminutio) es de una comicidad superlativa. Para reír a mandíbula batiente. Existe traducción pero la gracia está en leerlo en latín, reconociendo y recordando los pasajes correspondientes del casto Virgilio, declamando sus versos en una cámara nupcial. Es hilarante y desternillante. Doy fe de ello.
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* Ver V. E. Hernández-Vista, “Los toros bajo el imperio de Venus”...en Estudios Clásicos, nº 55, t. 12, pp. 497-515. El artículo se incluye también en Virgilio y Miguel Hernández, edic. de María de Gracia Ifach (Edit. Taurus, 1989) pp. 164-74)

** En latín se da sinalefa cuando una palabra termina en -m y la siguiente empieza por vocal , o h (muda)

jueves, octubre 20, 2011

OTRA VISTA DEL PELÁEZ MEMORIAL

___________________________________C____A__B________






La lectura debe iniciarse desde el módulo lateral derecho, caras A y B, seguidas de la cara del módulo lateral izquierdo C. Los renglones se ordenan de la siguiente forma:






A) ARTÍCULO 13 / B) CONSTITUCIÓN / C) DE CÁDIZ./
A) El objeto del / B) Gobierno es /C) la felicidad /A) de la Nación / B) puesto que / C) el fin de toda/A) sociedad /B) política /C) no es otro / A) que el bien / B) estar de los / C) individuos / A) que la / B) componen.

NOTA: Clicar en la imagen para agrandarla. Así puede leerse con mayor comodidad el texto del Artículo 13.






De igual modo que es posible leer, desde el ángulo NO la inscripción, del Artículo 13 de la Constitución de Cádiz sin tener que ir rodeando las caras del módulo, también desde la cara SE se puede leer el texto completo. Para ello debemos situarnos en la esquina de la derecha, de modo que abarquemos con la vista la cara Sur y la cara Este, o sea, la parte frontal y la parte lateral derecha del paralepípedo. La distribución del texto por parte del artista constituye, sin duda, una prueba de ingenio, del que a primera vista no alcanzamos a darnos cuenta.

sábado, octubre 15, 2011

EL ARTÍCULO 13 DE LA CONSTITUCIÓN DE 1812

* Comenzar la lectura por ARTÍCULO 13/ CONSTITUCIÓN/ DE CÁDIZ. En el bloque de la esquina derecha. Continuar a partir de El objeto del / Gobierno es... (continuar con el bloque situado en la esquina de la izquierda.

Hace unos meses se inauguró en la Plaza de los Escudos de Zafra (la que da a la fachada Este del Alcázar de los Duques de Feria, hoy Parador de Turismo) un monumento a la primera Constitución española. Dada la participación de Muñoz Torrero en la redacción de esa primera Carta Magna de los españoles, fue invitado el entonces alcalde de Cabeza del Buey (en esa fecha la corporación local, tanto en dicha población como en Zafra, era del PSOE) Hoy, en virtud de ese principio constitucional, tanto en la patria chica de Muñoz Torero como en la de los Álvarez Guerra, las respectivas corporaciones municipales son del PP. Nada que objetar: hágase la voluntad del pueblo soberano.

El monumento está dedicado a la memoria de un buen amigo y compañero nuestro como fue Manuel Peláez. Por eso yo lo llamo, un poco a tenor con el talante del homenajeado, el Peláez Memorial, a semejanza del otro ‘memorial’ de Washington, dedicado a Lincoln.

Esta mañana me he detenido, una vez más, a leer la inscripción que se distribuye en los diversos bloques. Es el artículo 13 de la citada Constitución. Si comenzamos a leerlo de espaldas a la Avenida de Antonio Chacón, tenemos que ir dándole la vuelta al monumento, a fin de poder completar el referido artículo. Tenemos que cambiar de posición para poder leer los trozos de la frase, repartidos por las diversas caras del paralepípedo.


Pero hoy he descubierto un truco para poder leer todo el artículo sin necesidad de cambiar de posición. Y es situarse de espaldas a los chalets cuyas fachadas miran a la plaza, y de manera que la vista abarque una de las caras más anchas y la lateral de la derecha. Lo muestro en la fotografía adjunta. Así se puede leer el artículo completo sin tener que moverse del sitio.



Y ahora vamos al texto del mencionado artículo 13. Lo copio separando las partes que corresponden a las dos mencionadas caras que se dominan desde el ángulo derecho:

El objeto del / Gobierno es / la felicidad / de la Nación / puesto que / el fin de toda / sociedad / política / no es otro / que el bien / estar de los / individuos / que la / componen.

Teniendo presente que las palabras ‘objeto’ y ‘fin’ son, en el presente caso, sinónimos, como, a su vez, lo son 'felicidad' y 'bienestar'; el artículo en cuestión nos sabe a una simple tautología: si lo expresamos de manera esquemática, da la impresión de que es como si dijéramos: el fin de A es B, puesto que el fin de todo A no es otro que B. (Tautología y petición de principio).


Claro, como en el razonamiento ‘todos los hombres son mortales, Sócrates es hombre, luego Sócrates es mortal’. El concepto de Sócrates está subsumido en el de hombre, en general.

Del mismo modo: Toda sociedad política tiene por objetivo el bien común. El Gobierno de la nación es una sociedad política. Luego su finalidad no puede ser otra que la del bien común.El silogismo nada nuevo nos aporta

Pues a mí todo esto me parece tautológico. Lo de albarda sobre albarda.
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NOTA: Clicar sobre la foto para agrandar. También se puede leer la inscripción desde el ángulo derecho de la cara opuesta, de modo que la vista abarque el lado Sur y el lado Este (la cara ancha y la estrecha del paralepípedo)

jueves, octubre 13, 2011

¿QUÉ ES UN PRIAMEL?

O quizás una priamel, pues hay quien atribuye a esta palabra el género femenino.

Bueno, pues, por lo pronto, hay que decir que se trata de una especie de recurso literario, una síntesis por contraste, que consiste en confrontar diversas opiniones, primando una de ellas. Pero, ojo, lo de ‘primar’ no tiene que ver con el nombre de priamel: uso el verbo ‘primar’ para facilitar la asociación correspondiente. Como recurso literario, es muy antiguo, a pesar de no encontrarse registrado, al menos con este nombre, en tratados tan prestigiosos como el excelente Manual de Retórica Literaria, de H. Lausberg, publicado en la española editorial Gredos.
Leo en Internet que el término fue introducido por el filólogo alemán Franz Dornseiff en 1921, en unos estudios sobre la poesía de Píndaro.
A mí, desde luego, nunca me hablaron mis profesores de Literatura acerca del priamel. Fue hacia principios de los 90 cuando entré por primera vez en contacto con el concepto.
Recientemente he vuelto a interesarme por el recurso literario en cuestión y creo que estoy en condiciones de ofrecer al curioso lector una explicación del mismo, aportando los correspondientes ejemplos.
Según he podido sacar en claro, de las varias definiciones que se han dado de esta figura de pensamiento, el priamel consiste en una especie de confrontación o contraste de opiniones, resaltando nuestra propia opción por una de ellas. La confrontación puede ser, también, de vocaciones o de aptitudes. Lo vemos mejor con algunos ejemplos:
El que tiene un amigo tiene un tesoro,
dice la Biblia con palabras de oro.
Pero yo más bien digo
que el que tiene un tesoro tiene un amigo.
El priamel, en este caso, consiste en la confrontación de la opinión autorizada de la Biblia frente a la propia. Por lo demás, en el ejemplo propuesto se da también un recurso literario denominado retruécano, consistente en la inversión de una frase, cambiando, como en el ejemplo propuesto, el orden de algunas palabras de la misma.
Otro ejemplo más de lo que puede ser un priamel lo ofrece este pensamiento de Baltasar Gracián: "Dicen que el primero que se atrevió a navegar tenía el pecho revestido de acero, mas yo digo que de yerros". (Aquí se da, además, un juego de palabras entre yerros (= equivocaciones, torpezas) y hierros ( = metal)
Como vemos, el priamel se asocia, a veces, con otras figuras o recursos literarios. La confrontación de opiniones resalta la diferencia entre lo que uno piensa y lo que piensa el otro; o el contraste entre el hoy y el ayer, el antes y el ahora; o la idiosincrasia, o forma de ser, de un pueblo, o una gente, en comparación con otro u otra. En este sentido constituye un buen ejemplo de priamel la peculiaridad que atribuye Virgilio al pueblo romano frente al pueblo griego: éste volcado preferentemente hacia el arte y la ciencia; aquél, hacia la dominación y la ampliación del imperio:

Excudent alii spirantia mollius aera
(credo equidem) vivos ducent de marmore vultus;
orabunt causas melius caelique meatus
describent radio et surgentia sidera dicent.
Tu regere imperio populos, Romane, memento,
(hae tibi erunt artes) pacique imponere mores,
parcere subiectis et debellare superbos (Aen. 6. 847-53)

('Otros modelarán el bronce, como infundiéndole la blandura de lo vivo (tal creo yo) extraerán del mármol rostros que parecen vivos; expondrán con más elocuencia las causas forenses y trazarán con el compás las trayectorias celestes y el orto de los astros.
Tú, romano, ten presente el someter a tu mando los pueblos. Estas serán tus habilidades: pacificar las conductas, ser indulgente con los sometidos y derrotar a los soberbios')

Hay en Virgilio otros muchos ejemplos de priamel. Citaré aquí sólo dos más, que extraigo de la égloga II. Nos refiere las cuitas de Córydon, enamorado de Alexis, que no le hace caso. En el rigor del mediodía, cuando las bestias buscan la sombra, echadas bajo los árboles y la campesina Téstile prepara un refrigerio a los segadores sudorosos, cansados de la faena, Córydon vagabundea en busca de su muchachito.

El priamel contrasta, en este caso, la quietud en torno, el cese de la actividad de bestias y de hombres, frente a la inquietud de quien está espoleado por la pasión amorosa. Y, más adelante, se engarza otro priamel, esta vez acompañado de la figura conocida por el nombre de concatenación: “la torva leona sigue los pasos al lobo, el lobo, por su parte, a la cabritilla; la cabritilla, al florido cantueso. Y Córydon, a ti, Alexis: A cada uno lo arrastra su particular afición. En muchos casos, como en éste, el priamel remata con una sentencia filosófica.

Siguiendo con más ejemplos de priamel nos detendremos un momento en la poesía de Manuel Machado. A su libro titulado Ars moriendi (“El arte de morir”) corresponde este breve poema, “Morir, dormir”, que reproduce un diálogo entre una madre y su hijo, ya adulto:
Hijo, para descansar
es necesario dormir:
No pensar,
no sentir,
no soñar.

Madre, para descansar
morir.

Una muestra muy primorosa de priamel es el poemita dedicado a ensalzar la peculiaridad de cada una de las capitales andaluzas. Sevilla (la patria del poeta) se deja para el último lugar. Es un priamel contrastivo con respecto a las restantes capitales de la comunidad. A Sevilla no se le añade ninguna característica, lo que viene a significar que no necesita de adjetivaciones, que tiene, en sí misma, un valor sustantivo que la peralta sobre las demás:

Cádiz, salada claridad. Granada,
agua oculta que llora.
Romana y mora, Córdoba callada.
Málaga, cantaora.
Almería, dorada.
Plateado Jaén. Huelva, la orilla
de las tres carabelas.
Y Sevilla.


Haciéndose eco de este poemita de Manuel Machado, la publicidad turística puso, hace años, en circulación un eslogan que decía: “...Y Sevilla...¡casi na!”

Manuel Machado, dotado de la sabiduría popular de la tierra andaluza, dominaba con garbo y maestría el priamel. Incluso al contrastar su propia opinión actual con lo que opinaba en el pasado. Así cuando entona la palinodia “El poeta de Adelfos dice, al fin...” (‘Ya el pobre corazón eligió su camino./ Ya a los vientos no oscila, ya a las olas no cede;/al azar no suspira ni se entrega al destino;/ ahora sabe querer y quiere lo que puede./ Renunció al imposible y al sin querer divino’) Contrapone lo que antes pensaba a lo que siente ahora. Rectificar es de sabios. Quizás también, en su fuero interno se arrepintiera un día de su loa al dictador. ¡Quién sabe!

Por último, un priamel de Federico García Lorca es el poema titulado “Baladilla de los tres ríos”:

El río Guadalquivir
va entre naranjos y olivos.
Los dos ríos de Granada
bajan de la nieve al trigo.

¡Ay, amor, que se fue y no vino!

El río Guadalquivir
tiene las barbas granates.
Los dos ríos de Granada,
uno llanto y otro sangre.

¡Ay, amor, que se fue por el aire!

Para los barcos de vela
Sevilla tiene un camino.
Por el agua de Granada
sólo reman los suspiros.

¡Ay, amor, que se fue y no vino!

Guadalquivir, alta torre
y viento en los naranjales.
Darro y Genil, torrecillas
muertas sobre los estanques.

¡Ay, amor, que se fue por el aire!

¡Quién dirá que el agua lleva
un fuego fatuo de gritos!

¡Ay, amor, que se fue y no vino!

Lleva azahar, lleva olivas,
Andalucía, a tus mares!

¡Ay, amor, que se fue por el aire!

El priamel reside aquí en el contraste vital de la alegría sevillana y la tristeza mortal que el poeta percibe en su propia patria chica, simbolizada en los dos ríos que llevan “uno llanto y otro sangre”. Como un presentimiento de la propia tragedia que fue su vida. Una de tantas ocasiones en las que el poeta había de encarar, premonitoriamente, su destino.

Recapitulando, la forma esquemática del priamel corresponde a la siguiente fórmula:

‘Otros..... celebran / cantan / ensalzan..... tal cosa
mas yo... celebro / canto / ensalzo ..... tal otra

O bien: a otros les gusta esto o aquello; pero a mí... tal o cual cosa.
Este esquema podemos verlo en poetas como Horacio, Ovidio, Tibulo...

Algo parecido vemos en el poema de Anacreonte (1.23.1-4) en el que el poeta contrapone su deseo de celebrar a los Atridas y a Cadmo, pero su lira está dispuesta sólo a celebrar el amor. Él quiere ser poeta épico, pero la lira se empeña en que sea un poeta amoroso:

Quiero celebrar a los Atridas,

quiero cantar las glorias de Cadmo,

pero mi lira en sus cuerdas

amores sólo canta.


En fin, el priamel. (Para mí de género masculino)

viernes, octubre 07, 2011

PÁLPITOS

Un pálpito es algo así como un barrunto, una corazonada, una premonición. Los poetas suelen experimentarlos con relativa frecuencia y de ahí que la poesía y las artes mánticas, o adivinatorias, se relacionen desde antiguo. Apolo era según la mitología clásica el dios de la poesía y de la profecía. La palabra ‘vatis’ (= vate, poeta) era sinónimo de adivino, o chamán. Éste auguraba el porvenir y por eso su canto se denominaba ‘vaticinio’ (literalmente, ‘canto del poeta’)
Ocasionalmente me reencuentro con el tema de la poesía en su vertiente profética. Y hoy se ha dado una de esas ocasiones, al leer esta mañana en el diario El País (pp. 44-47) los artículos que este periódico dedica al poeta sueco Tomás Tranströmer con motivo de habérsele concedido el Nobel de Literatura. El poeta está afectado, desde hace más de veinte años, por una afasia, como consecuencia de una hemiplejía. Lo que nos resulta sorprendente es que muchos años antes de sufrir el ictus cerebral, el poeta había escrito unos versos que, leídos ahora, resultan premonitorios. Unos versos suyos, escritos con dieciséis años de antelación, parecen presagiar lo que le iba a ocurrir a él:

Entonces llega el derrame cerebral: parálisis en el lado derecho/
con afasia, sólo comprende frases cortas, dice palabras/
inadecuadas...

El poeta predijo, pues, sin ser consciente de ello, su propia situación futura. Curiosamente, yo conozco un caso idéntico a éste, muy cercano a mi experiencia, pues le ocurrió lo mismo a un antiguo condiscípulo mío de los años de Seminario. Mi compañero, ya desaparecido, Juan José Jurado, escribió un librito poético titulado La voz no me responde. Y como ahora le ocurre al reciente Nóbel sueco, también él se quedó sin habla, años después, aquejado de afasia permanente, después de haber sufrido el infarto cerebral.

Los versos de Tranströmer fueron escritos en 1974, y el episodio cerebral que lo dejó sin habla tuvo lugar en 1990.



Por fortuna, esta incapacidad para la expresión oral no le impide la expresión escrita. Es como la mudez de Zacarías, el padre de Juan el Bautista. Nos lo refiere el evangelio de San Lucas (I,20 y 57-66) Por no dar crédito a la palabra de Dios, manifestada a través del arcángel Gabriel, Zacarías quedó temporalmente mudo. Cuando le pidieron su opinión acerca del nombre que habían de darle al niño, Zacarías pidió, por señas, escribir la respuesta y trazó el nombre de Juan.

Anécdotas aparte, el caso es que las premoniciones no son ajenas a la poesía, que es a lo que vamos. Desde la antigua frase de Píndaro, “musa, di tu oráculo y yo seré tu profeta” hasta la reivindicación de Apollinaire de que la poesía es “l’art de prédire”.

Y viniendo, por último, a poetas ya más próximos a nosotros, no podemos dejar de recordar los barruntos y las premoniciones que acerca de su respectivo final tuvieron los poetas Federico García Lorca y Miguel Hernández. Son muchos los versos del poeta de Granada que nos traen los ecos de la propia tragedia, por él presentida. Entre esos atisbos, el detalle de la no localización de sus restos, que en vano se trató de localizar, hace unos meses. Gibson y otros han recordado, a este propósito, unos versos premonitorios del autor de Poeta en Nueva York:

Ya no me encontraron.
¿No me encontraron?
No. No me encontraron.


(“Fábula y rueda de los tres amigos”)

En cuanto a Miguel Hernández, hay unos versos que son inequívocamente indicativos de que el poeta intuyó muy tempranamente su final. Es un breve poema titulado “Presentimiento”, escrito muy probablemente cuando el poeta aún no había cumplido veinte años. Desde luego, anterior a su primer libro publicado, Perito en lunas. Ese breve poema dice:



Sabe:
Que me iré como el sendero,
muy melancólicamente,
muy pálido, muy ligero,
y que será muy temprano...


Tal vez no esté todavía
el sol en el meridiano.


Tanto el poeta de Orihuela como el de Granada presagiaron su respectiva muerte. Y la intuyeron, lúcidamente, como próxima. “La muerte, mi vecina”, es la genial síntesis del oriolano, que denota el barrunto de esa proximidad.

miércoles, septiembre 28, 2011

TETRALOGÍAS ESCATOLÓGICAS


Para quien no lo sepa, una tetralogía es un conjunto de cuatro palabras, o conceptos, que guardan alguna relación entre sí (del griego ‘tetra’, cuatro; y ‘logos’, palabra) Ejemplos de tetralogía son: las cuatro estaciones, los cuatro puntos cardinales, los cuatro jinetes del Apocalipsis, etc.

En cuanto a las tetralogías escatológicas las hay de dos tipos: las llamadas ‘postrimerías’, o ultimidades (el viejo catecismo Ripalda las cifraba en cuatro: muerte, juicio, infierno y gloria) y, finalmente, la escatología referida a las heces. Naturalmente, de ésta no se ocupaba el Ripalda, atento casi exclusivamente en catalogar las necesidades espirituales. Digo ‘casi exclusivamente’, porque, en lo tocante a las obras de misericordia, distinguía, en efecto, entre las siete corporales y las otras siete espirituales.

La tetralogía escatológica de las necesidades corporales se cifra, también, en cuatro palabras, por más que podrían ser muchas más. Por ejemplo, todas las relacionadas con el sexo, los genitales, la defecación, la micción... Más o menos, todas o casi todas ellas están comprendidas en la categoría de lo nefando. Aquello de lo que el buen sentido nos aconseja no hablar: ni se mencione (nec nominetur) Esas ‘cuatro palabras’ tabú se reducen a: caca, culo, pedo, pis. Hay muchas más, repito. Por ejemplo, la que entre los romanos servía para nombrar el miembro viril: mentula (pron. méntula)

No obstante, la libertad de expresión (que también es una necesidad del espíritu) nos impele, aunque sea ocasionalmente, a enfrentarnos a los temas tabú. La ‘parresía’ de los filósofos cínicos griegos tenía muy poca consideración, en este sentido, a los ‘respetos humanos’, lo que solían justificar con el principio que dice naturalia non sunt turpia (‘lo natural no es vergonzoso’)

La amplitud de miras del humanista lo autoriza a enfrentarse, si llega la ocasión, a esos temas tabú, relacionados con la escatología del sexo y las deyecciones. En este sentido se puede calificar de valiente la actitud de un grupo de intelectuales que decidieron abordar el tema ‘escatológico’ (skatologie, scatology, scatologia... de la raíz griega ‘sk-atós’ = excremento) en un curso especial dedicado al tema nefando. El resultado de los estudios presentados en ese curso fue reflejado en un libro titulado Fragmentos para una historia de la mierda. Cultura y transgresión, editado por el Prof. Luis Gómez Canseco (Univ. de Huelva, 2010), libro que, pese a lo vidrioso del tema (o tal vez por eso) ha constituido todo un éxito editorial.

Por lo que a mí respecta, no he tenido empacho en abordar el tema escatológico (en el sentido no de ‘éschatos’, ‘último’, sino de ‘sk-atós’, ‘mierda’) en varias ocasiones, incluso en épocas en las que todavía resultaba muy chocante ocuparse con temas de esta índole (mi breve estudio “Refranero escatológico de la Baja Extremadura” vio la luz en 1979, época en la que aún resultaba osado ocuparse de ciertos temas, ya que la libertad de expresión se hallaba todavía muy mediatizada por la censura política, especialmente interesada en evitar todo aquello que pudiera ofender a la moral y las buenas costumbres)
Posteriormente, he vuelto a ocuparme con el tema de la escatología nefanda a propósito de Miguel Hernández. En este aspecto, la poesía del oriolano, rompedor de tabúes, marcaba un nuevo derrotero a la libertad de expresión, que se desmarcaba así de la poesía del 27, todavía pudibunda en este sentido. La faceta del Miguel Hernández escatológico (en la acepción nefanda del término) le he abordado en varias ocasiones. Sobre todo, en las entradas de mi blog ‘La materia del sueño’, correspondientes a las fechas 25-VI-2007, 7-II- 2009 y 15-VII-2010. También en el artículo “La componente escatológica en la poesía de Miguel Hernández” (publicado en la Revista de la Feria de Zafra, 2010, pp. 100- 2)

Finalmente, como remate de este artículo, quiero plantearme la posibilidad de relacionar la escatología de las ultimidades (la teleológica y teológica) con la escatología nefanda: la de las deyecciones corporales. ¿Cabe la posibilidad de relacionarlas? ¿Existen nexos (no arbitrarios o rebuscados) entre ambas? Personalmente me inclino a creer que sí, que esos nexos ‘reales’ se dan. Concretamente, la blasfemia constituye un ejemplo de que ambas escatologías, la teleológica y la nefanda, pueden tener puntos en común. Un ejemplo: el exabrupto hispano ‘¡vete a la mierda!’ se corresponde con la expresión ‘go to hell!’ (lit. ‘¡vete al infierno!’) Las expresiones blasfematorias más malsonantes mezclan teología y escatología.

En algunos poemas de Miguel Hernández parece insinuarse esta correspondencia entre lo escatológico y lo teleológico. Así en la octava 33 (no incluida entre las que forman parte del libro Perito en lunas) se equipara la acción de ‘soltar un viento’ con lo blasfematorio. Es como un brindis irreverente en el que interviene el trasero (caracterizado como Luzbel) y la taza del W.C. como la copa de ese brindis atrevido. Esa ‘copa’ es oscura porque es como una luna, totalmente eclipsada por el trasero. Dice la octava XXX de Perito...:

Aquella de la cuenca luna monda
sólo habéis de eclipsarla por completo
donde vuestra existencia más se ahonda,
desde el lugar preciso y recoleto...

En la mencionada octava 33 (no incluida en la selección de Perito en lunas) el poeta pide perdón por esa especie de blasfemia involuntaria que es la ventosidad:

¡Perdóname, Señor, si sobre el pedo
alzo hasta ti la más oscura copa!


Alega el poeta que él quiere ser humilde, renunciando a la gloria. Esta ‘gloria’ (que es, no lo olvidemos, el nombre de una de las postrimerías) está tomada aquí como sinónimo de ‘fama’, ‘renombre’, etc. Pero una de las posibles acepciones de la palabra ‘gloria’ es la que nos transmitió Rubén Darío en su Autobiografía. Era la opinión que Verlaine tenía de la fama, la ‘gloire’:
La gloire, la gloire... merde, merde encore!

Sigue Miguel Hernández:

De la gloria, Señor, por ti me vedo
y la gloria me tira de la ropa.


En este caso, el poeta se desprende de la ‘gloria’ mediante la defecación. Sentado sobre la taza del inodoro (=‘Europa’, porque es ‘blanca’), bajados los pantalones, el poeta cabalga sobre ella, como la mítica Europa cabalgó a lomos del toro Júpiter.
Continúa el poeta:

Sin ella, Señor mío, ¿qué más puedo
hacer, a lo viudo, sobre Europa,
que elevarme a la esfera que Tú ocupas
y decirle a Luzbel que vuelva grupas?
__
Sin ella’. Es decir, sin la ropa (que acaba de mencionar).
‘A lo viudo’. Solitario.
‘La esfera que Tú ocupas’. La región celeste, aérea. La ventosidad es un meteoro (y, de paso, a la flatulencia se la llama también ‘meteorismo’) Recordemos que los antiguos se fiaban de que Júpiter existiera, por el ruido del trueno: Caelo tonante credidimus Iovem regnare: ‘Cuando truena creemos que Júpiter reina’. Una anécdota, recogida por Suetonio, nos cuenta que el poeta Lucano se burló de Nerón, citando un verso de éste en una letrina pública, después de haber soltado una ventosidad: Sub terris tonuisse putes (‘diríase que ha tronado bajo la tierra’). Metido a poeta, el autor del incendio de Roma pretendía describir con ese verso el ruido telúrico del terremoto.
Para terminar, creo que, efectivamente, existe cierta correlación entre los elementos de ambas tetralogías, la de las ultimidades y la obscena: la excrementicia. Una observación final: la muerte, que es la única de las postrimerías de la que tenemos certeza, nos exime de las necesidades corporales, a condición de convertirnos en detritus, en estiércol. Así lo reconoce el memorable verso de la famosa elegía hernandiana:

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.