miércoles, diciembre 10, 2008

Garzón ante el Juez Supremo

Circula por ahí un chiste reciente sobre el juez Garzón que dice, más o menos, lo siguiente: Está el juez embebido en su trabajo, solo en su despacho, y de pronto escucha un siseo como de alguien que llamara su atención:

−Ssst

Levanta la cabeza y mira a su alrededor. No ve a nadie, por lo que intenta concentrarse en lo que está haciendo. Pero vuelve a sentir el siseo de hace unos instantes. Entonces se da cuenta de que la llamada de atención proviene del crucifijo. Es Cristo el que le dirige la palabra para preguntarle:

−Y… lo de Poncio Pilatos, ¿para cuándo?

Hasta aquí el chiste. Cabría, sin embargo, imaginar algunas posibles respuestas de Garzón, además de la carcajada de honor, para celebrar la gracia. Una de estas posibles réplicas sería, por ejemplo, para seguir la broma

− Es que tengo entre manos un proceso contra una serpiente, incoado a instancias de un matrimonio al que han expulsado de una finca llamada El Paraíso.

Claro que el chiste primero admite varias continuaciones. Cristo habló desde la cruz a varias personas: a su madre, al discípulo amado, al buen ladrón…A éste le dijo lo de “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”. Garzón podría haber aprovechado la oportunidad para preguntarle a Cristo:

− Señor, ¿a Franco también lo tienes donde el Buen Ladrón? Además, siendo Tú el Juez Supremo que, como se nos dice en el Credo, “desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos”, ¿no vas a encargarte del caso de Pilatos y el de Franco? Es en tu justicia en la que confiamos, Señor. Porque el invicto Caudillo, en un acceso de soberbia y de arrogancia, dijo que él no iba a responder ante ningún tribunal. Que respondería sólo ante Dios y ante la Historia. Y en el tribunal de la Historia hay, como Tú sabes, jueces parciales y jueces imparciales. Depende de que en esa tribuna haya un Pío Moa (pongo por caso) o una persona decente.

Y termino ya. Recuerda, Señor, que si puedes dialogar conmigo en mi despacho es porque yo no he retirado el crucifijo: es un sitio privado y en él yo ejerzo mi libertad de credo. La Audiencia Nacional, como sabrás, me ha declarado incompetente en el asunto del genocida de El Ferrol. Aquí sólo nos queda aguardar al Juicio Final que, como sabes, sigue aplazado sine die.

La justicia de Dios es nuestra única esperanza. Bueno, la de los creyentes.

domingo, diciembre 07, 2008

Un traje nuevo para una democracia adulta

El sastre, por G. Battista Moroni (1529-1578) National Gallery of London
Una reciente encuesta sobre si se debe, o no, reformar la constitución española de 1978 arroja como resultado que el 80% de los españoles pensamos que sí, que debe reformarse. Si la Transición fue el proceso de crecimiento hacia la democracia de un pueblo infantilizado por sus ‘presuntos’ tutores; y la constitución de 1978 fue el primer traje político que los españoles estrenamos tras la muerte del dictador, es de suponer que, después de treinta años, ese traje ya no le siente a la medida del cuerpo a una democracia adulta. Aquella constitución, todavía vigente, bien estuvo para la época, pero los sastres que la confeccionaron tuvieron que atenerse todavía, en gran medida, a los patrones del franquismo. No adaptarse a aquellos patrones de moda hubiera supuesto el tener que seguir mostrando nuestras vergüenzas civiles ante el resto de la sociedad europea. Y aunque el traje, en ciertos aspectos, resultara ridículamente ‘estrecho’, era conveniente no escandalizar demasiado a los ‘mayores en edad, saber y gobierno’, sobre todo en esto último.
Así que nuestra democracia tuvo que vestir todavía con arreglo a ciertas pautas impuestas por el franquismo ‘residual’, ya que, en cierta medida, lo conseguido en el proceso hacia la democracia se debía a determinadas concesiones del mismo.
Fraga, por ejemplo, y alguno que otro más de los llamados ‘padres de la Constitución’, antiguos colaboradores del dictador, no hubieran consentido la más mínima insinuación de condena explícita del régimen. Demasiado se hacía ya con abrir la mano a cierta clase de libertades, como la que supuso el famoso ‘destape’.
La Constitución de la democracia española en su primera andadura está, pues, todavía, condicionada por la dictadura, como si al franquismo y a los franquistas debiéramos el resto de los españoles el favor de que se nos permitiese acceder al sistema democrático y gracias a ellos disfrutáramos de unos derechos que también ellos habían de disfrutar, tras haber detentado el poder durante tantos años.
Condenar la dictadura no era de recibo en la Carta Magna de la Constitución. ¡Hasta ahí podíamos llegar!
Era como si se nos advirtiese: ustedes podrán disfrutar de libertades, menos la de censurar a quienes ejercieron la censura en la época anterior y privaron al pueblo español de libertades durante cuarenta años.
En fin, la idea principal que quisiera aportar en estas líneas es que, en efecto, estoy de acuerdo con lo que de positivo aportó la actual constitución a la consolidación de la democracia en España. Admito que supuso un estimable esfuerzo de voluntad por sacar adelante aquel proyecto de vida cívica, ya desde una perspectiva francamente democrática, dicho sea sin segundas intenciones.
Creo que debiera introducirse en la puesta al día del documento una condena explícita del franquismo. Se puede y se debe hacer porque de ello se seguirían más ventajas que inconvenientes. He aquí enumeradas algunas de las primeras:
a) Se introduciría, con carácter oficial, el consenso acerca de un asunto generador de perpetuas desavenencias entre los españoles.
b) Se evitaría el poner en trance de contradicción consigo misma a la derecha, cosa que ya ocurrió cuando en el Parlamento Europeo (año 2006) el representante de la oposición, Sr. Mayor Oreja, se negó a condenar el franquismo, alegando en abono de ese sistema el mérito de que fue dique de contención para la expansión del comunismo en Europa. Tal actitud invalidó la unanimidad de la condena del franquismo, conseguida en el Parlamento Español el 20 de noviembre de 2002.
c) Se disiparía el recelo y la desconfianza que genera un sistema democrático que pueda tener cualquier asomo de connivencia con el golpismo. ¿Con qué confianza otorgaría el pueblo el poder a quienes podrían emplearlo contra él? Sólo la constitución que incluya una cláusula donde se condene sin paliativos el franquismo puede generar confianza en el sistema democrático que la propugna.
Con respecto a la monarquía constitucional como forma de gobierno somos partidarios de mantenerla, en virtud de los méritos democráticos contraídos por el actual rey de España, Juan Carlos I. El Rey puede ser (lo fue en memorable ocasión) tutor y garante del sistema democrático y eso le confiere, a nuestro juicio, el mérito de la corona vitalicia. Ya Cicerón contemplaba la forma de gobierno que él llamaba ‘regali re publica’ (una ‘república regia’) El rey de España se ganó a pulso, en aquella ocasión, el título de ‘Pater Patriae’, padre de la patria.
Esto es todo, por hoy. *
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* Por supuesto, discrepo del actual Presidente del Gobierno, Sr. Zapatero en lo que ha dicho recientemente: “la reforma de la Constitución puede esperar”. Tal espera prolonga, innecesariamente y erróneamente
, la Transición.


sábado, noviembre 29, 2008

La Ley de Amnistía no es lo que yo creía

Leo en EL PAÍS de hoy (sábado 29 de noviembre de 2008) un artículo de Vicenç Navarro, catedrático de la Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona, refutando otro anterior de Javier Pradera, en el que éste pone en tela de juicio la competencia del juez Garzón para enjuiciar los crímenes del franquismo y critica el argumento de la imprescriptibilidad de los ‘crímenes contra la humanidad’ alegado por Garzón. Pradera aduce como argumento determinante de la improcedencia de dicho enjuiciamiento la llamada Ley de Amnistía, de 1977. Y aquí el dato revelador, que yo ignoraba, y es que dicha ley fue promovida en el Parlamento a instancias de la parte que perdió la guerra civil, es decir, a instancias de la izquierda, y que su principal objetivo era el de lograr la excarcelación de los presos políticos de ese partido que, aún por esas fechas, continuaban en las cárceles. De manera que la procurada amnistía lo era para las desventuradas víctimas del franquismo, no para el franquismo, todavía operante políticamente. Esto explica que la derecha se abstuviese de votar la susodicha ley: procedió como si con ella no fuera la cosa. ¡Y yo que había creído, ingenuamente, que ante el avance irrefrenable de la democracia, el franquismo comenzaba a ‘curarse en salud’ y se adelantaba, previsoramente, a proponer una Ley de Amnistía que lo eximiera de posibles responsabilidades frente a eventuales reivindicaciones democráticas! Nada de eso. Así que los presos políticos nada le tienen que agradecer a quienes se abstuvieron de votar esa ley que les redimiera de penas a cuenta de delitos, no ya prescritos, sino inexistentes. En cambio, en la actualidad, se ha invocado esa ley para en ella apoyar el principal argumento ‘democrático’ que garantiza la impunidad de los parricidas y genocidas que promovieron la guerra civil. Una ley que se votó con la abstención (es decir, sin la anuencia explícita) de la derecha, se invoca ahora para apoyar una causa que favorece a la derecha.¡Cosas veredes, amigo Sancho! La democracia abogando por la impunidad de la antidemocracia. ¿Qué necesidad hay de condenar el franquismo si después, invocando leyes democráticas va a salir absuelto?

viernes, noviembre 28, 2008

El franquismo a juicio

* Por la gracia de...


Sé que algunos podrán reprocharme de padecer una cierta fijación en el tema del franquismo, y en el empeño, casi obsesivo, por su condena; pero ante la renuencia de la oposición a condenarlo y la actual tibieza que manifiesta el presidente Zapatero, exhortando a olvidar los crímenes del régimen, me parece oportuno recordar que la sociedad española, en sus componentes de mayor edad, necesita una ‘catarsis’ que aún no se ha realizado, o se ha realizado a medias, de manera incompleta. La denominada transición (que no hubiera sido tan prolongada de haberse puesto en claro las cosas desde el principio) optó por silenciar la condena del régimen y, en su afán de buscar componendas aceptables por los herederos del poder usurpado, pactaron la Ley de Amnistía por la que estos herederos se aseguraron la impunidad. Se eliminaron responsabilidades políticas y nadie tuvo que temer que les pidieran cuentas por la vía judicial. Prescribieron los crímenes (al parecer, incluso los imprescriptibles) sumados los tiempos del franquismo y los de la transición (en los que el franquismo ha estado latente) y los responsables no fueron convocados a juicio. La fechoría global de la rebelión militar (una acción punible, sin duda) quedó inulta (como El crimen de Rosarito Jesús, en la novela de Moreno Guerrero)
La transición, en aras del consenso y la concordia a todo trance, debió haber concluido con una condena explícita, institucional y solemne del franquismo. Se dice ahora que sí, que la hubo, en el 27 aniversario de la muerte del dictador (20 de noviembre de 2002)
Fue una condena forzada, a regañadientes. Y lo peor es que no fue firme, al no ser ratificada en el Parlamento Europeo por el entonces representante del PP en ese foro, el Sr. Mayor Oreja. Esa renuencia invalidaba la anterior condena, la desmentía, en una descarada palinodia. ¿En qué quedamos?

En un sistema que se considera democrático, la condena explícita de la dictadura no es una cosa baladí, algo que pueda pasarse por alto; sino al contrario, algo que hay que dejar inequívocamente reflejado en la ley de leyes que es la Constitución. Esta deficiencia ‘constitutiva’ en la constitución de 1978 (en la que intervinieron elementos procedentes del franquismo, como el ex-ministro Fraga Iribarne) es una de las carencias a subsanar en futuras redacciones del texto. Hubo que hacer esta concesión a los voceros del régimen anterior, que, sin vacilación, se hubieran opuesto a que se incluyese en el texto constitucional una cláusula tan osada como para condenar el régimen del que acabábamos de emerger. Esto, para algunos de los redactores del documento, hubiera equivalido a condenarse a sí mismos. Hubiera sido mucho pedir, para quienes se habían avenido a “marchar juntos por la senda constitucional”. La Ley de Amnistía fue otra de estas concesiones ‘a la trágala’ con las que hubo que transigir (¡la transigencia de la transición!). Luego parece que ha resultado que hay cosas que no se pueden pactar en la más estricta legalidad, así los llamados Crímenes contra la Humanidad, que resultan imprescriptibles.

En todo caso, los principales responsables de aquellos crímenes contra la Humanidad han muerto y, por tanto, ha prescrito la punición que la justicia pudiera haber ejercido contra ellos. ¿Qué inconvenientes hay en exigir, al menos, la condena moral de aquellos crímenes? Y, por lo que respecta a la Iglesia, ¿no sería ‘en verdad justo, equitativo y saludable’, en palabras del Prefacio, que ésta pidiera perdón por lo de la ‘Cruzada’ y las ‘cruces de los caídos’ del bando vencedor, y las misas conmemorativas, y la connivencia ante los asesinatos cohonestados por consignas tan hueras como falaces ("Por Dios y por la Patria") y el agravio comparativo de recibir a Franco bajo palio como al Santísimo Sacramento?

Hay que desenmascarar todo aquello que se nos vendió como verdad y que no lo fue.
Pues mentira fue que los militares golpistas tuvieran como objetivo primordial la salvación de España y el restablecimiento del orden. ¿Quién, para restituir el orden, introduce un desorden mayor? (“Quis ut seditiones leniret turbavit rem publicam?”, Sen. Maior, Cont. 2.6.4.23)

Los sublevados tomaron, desde luego, partido por la causa que había perdido las elecciones. So capa de preservar el orden se introdujo el desorden constitucional y se procedió, desde luego, no contra unos cuantos desmandados que aplicaban la violencia (también la aplicaban los desmandados de la causa falangista, por ejemplo) sino contra el pueblo, en general. Se demonizó la causa de la República, tratando de identificarla con algunos grupos exaltados que incendiaron templos y así se pudo cohonestar la sublevación como una ‘Cruzada’ en defensa de la religión católica (Carta del Cardenal Gomá del 1 de julio de 1937). “Por Dios y por España”, fue la consigna con la que se pretendió justificar el Alzamiento y, con él, las matanzas de millares de inocentes.

Todo esto hay que denunciarlo para sacar a relucir la verdad contra la hipocresía y la falacia intrínseca del franquismo y sus aliados de dentro y fuera de España.

miércoles, noviembre 19, 2008

Tras esto, la canonización

Franco, como el Cid, gana batallas después de muerto. Y el juez campeador, Garzón, que se cubrió de gloria en América y estuvo a punto de renovar la vieja épica de La Araucana, deteniendo a Pinochet en la tierra de Juan Sin Tierra (la más adelantada en tener una Constitución, todo lo rudimentaria que se quiera, pero una Constitución, al fin y al cabo) nuestro adalid de la judicatura, en quien tantas esperanzas habíamos puesto los amigos de la democracia, se bate en retirada.
Franco, a pesar de haberlo apeado de algunos de sus pedestales con cabalgadura y todo, cabalga de nuevo.
Y en el trigésimo tercer aniversario de su muerte, vuelve a cantar victoria. Invicto caudillo, dictador ejemplar, único capaz de poner a la dictadura en parangón con la democracia, inventor inefable de la que él llamó la ‘democracia orgánica’ (que, según se dijo por entonces, fue la democracia que el Caudillo se había sacado de los órganos) y, en definitiva, restaurador de la monarquía en España, aunque su pupilo le saliera rana en eso de querer implantar una monarquía constitucional, es decir, democrática. Si seremos insensatos que hemos pretendido juzgar, retroactivamente, a quien sólo estaba dispuesto a responder ante Dios y ante la Historia. Pues bien, Dios no sabemos qué habrá dicho. El veredicto de la Historia, sí. La Memoria (Mnemosine) y Clío (la Historia) son madre e hija, y tanto una como otra no guardan un buen recuerdo del que fuera “Caudillo de España por la gracia de Dios”.
Franco tuvo el refrendo de la jerarquía católica, que aprobó y elevó el ‘Alzamiento’ a la categoría de ‘Cruzada’. Persuadido de la ‘justicia’ de su causa, se arrogó el ‘ius vitae necisque’ (derecho de vida y de muerte) , la licencia para matar. Y quienes le apoyaron (los jerarcas eclesiásticos, sobre todo) lo consideraron investido de esa prerrogativa, sólo a Dios reservada (a Dios o la Naturaleza, que diría Spinoza). Los jerarcas consideraron desde luego la guerra ‘justa’ y, en consecuencia, no pusieron reparos (en general) a lo que tal apreciación conllevaba. En ningún momento pensaron que el Caudillo conculcara leyes divinas o humanas. Y prueba de ello es que sacralizaron su figura, recibiéndole ceremoniosamente en los templos bajo palio.
Y puesto que el Caudillo fue reputado como el ‘salvador de la patria y de la religión’ (católica, por supuesto), héroe máximo de la Cruzada, ¿por qué no premiarlo con la canonización? Tal sería, en buena lógica, la apoteosis esperada por parte de la Iglesia agradecida.

lunes, noviembre 17, 2008

La Audiencia Nacional veta a Garzón en su operación a tumba abierta

Sede de la Audiencia Nacional
en la calle García Gutiérrez


¿A qué instancia superior tendrán que recurrir los afectados para continuar los trámites de recuperar los restos de sus familiares, asesinados por el franquismo? ¿A la misma Astrea en persona, la diosa de la Justicia?
Es sabido que esta diosa tuvo que emigrar al Cielo, en vista de que en la Tierra le hacían la vida imposible. Resistió cuanto pudo entre los hombres, yéndose a vivir con los pastores en las montañas, donde todavía era respetada. Hasta que la corrupción general de la Edad de Hierro la forzó a trasladarse al Cielo. Allí sigue en forma de constelación, siendo conocida por el nombre de Libra.
Sus representantes acá abajo hacen cosas que no acaban de parecernos justas. Ahora parece que la Ley de Amnistía (1977), pactada en la Transición, resulta un obstáculo para alcanzar unos objetivos que son, a todas luces, de justicia; como es el de la recuperación de los restos de los asesinados por el franquismo y enterrados en fosas comunes.
La transición, como es bien sabido, consistió en asegurar la democracia (en afianzarla) por la vía de concesiones recíprocas entre los vencedores (y sus descendientes) y los vencidos (y los suyos). Es decir, la transición tuvo mucho de transacción o de cambalache (como hemos dicho en otra ocasión, evocando la letra del famoso tango).
Con la Ley de Amnistía los beneficiarios del franquismo se cubrieron las espaldas cediendo poder a cambio de impunidad. Pero, siendo el poder usurpado, no es moneda de curso legal. Porque la moneda legal hubiera sido el poder otorgado por las urnas. Cuando tuvieron éste, condenaron el franquismo (2002) con la boca chica. Pero, de nuevo en la oposición, dieron marcha atrás en el Parlamento europeo (2006) para replegarse a sus cuarteles de invierno. Esa vacilación en condenar, esa renuencia, delata la dudosa vocación democrática de la derecha. La consabida ‘prueba del algodón’ que la pone en evidencia.
Si los crímenes del franquismo fueron crímenes contra la Humanidad y los crímenes contra la Humanidad no prescriben, no puede haber subterfugios legales que entorpezcan su condena.
Otra cosa es la impunidad que, de facto, han alcanzado los principales responsables de aquellos crímenes, ya fallecidos casi en su totalidad. La época del castigo ha prescrito. Y, en consecuencia, en el 99’99 % de los casos esos crímenes han quedado, de hecho, inultos.
Por la Ley de Amnistía se puede renunciar al castigo de los culpables, pero no al carácter imprescriptible de los delitos mismos. El presunto ‘descargo de conciencia’ que la Audiencia parece querer ejercer frente a la Memoria Histórica es improcedente. La obstrucción de las exhumaciones perjudica una causa justa, como es la de dar honrosa sepultura a los que fueron enterrados en fosas comunes, sin que se diera a los familiares la oportunidad de ejercer los deberes de la piedad con sus muertos.
La Historia ha juzgado ya a Franco y lo ha puesto en el lugar de los grandes genocidas, amén de considerarlo traidor a la patria (reus perduellionis) Sin embargo, anoche mismo se podía asistir en el canal 10 de televisión (Gato y Cía) a la reivindicación del franquismo por dos afectos a la figura del ‘Generalísimo’ (uno el ex−ministro y ex−gobernador Utrera Molina y, otro, el que hacía de moderador del programa) ensalzando la figura y la obra de Franco en la Historia. A ver quién hace algo así en la Alemania actual con la figura de Hitler.

domingo, noviembre 16, 2008

El otro JRJ

Juan Ramón retratado por Sorolla


Había en JRJ como una doble personalidad que, en el aspecto literario, le planteó un conflicto de identidad, lo que se resolvería en lo que se ha convenido en llamar sus épocas literarias. Fundamentalmente suele distinguirse una primera y una segunda época, aunque hay quien distingue todavía una tercera época, a mi juicio, poco relevante. El cambio más importante es, desde luego, el que se da entre la primera y la segunda época.




Sólo a partir de ésta última el poeta cree haber dado con el camino que, en lo sucesivo, le marcará certeramente lo que ha de ser su ruta poética hacia el logro de su auténtica personalidad. Hacer que ésta aflore será el mayor empeño de su vida. Hasta que el poeta no se reconoce en el camino verdadero, considera todos sus escarceos poéticos anteriores con una cierta actitud desdeñosa: para esos escritos reservará el apelativo de borradores silvestres.

Juan Ramón se sentía convivir con un yo espurio, inauténtico, incluso ya encaminada su obra poética por la senda que él consideraba acertada. Todavía en su libro Eternidades (dentro de lo que ya se considera la ‘segunda época’) siente la presencia de ese yo impostor y llega a delatarla, como un aviso al lector:

Yo no soy yo; soy éste
que va a mi lado, sin yo verlo,
que, a veces, voy a ver y que, a veces, olvido:
el que calla sereno, cuando hablo;
el que perdona, dulce, cuando odio,
el que pasea por donde no estoy;
el que quedará en pie cuando yo muera.

(Eternidades, 44)

Hablaba, sin embargo, con la voz sincera del yo auténtico. En cambio el otro Juan Ramón, el de la ‘primera época’, fue más propenso a caer en el artificio y en la insinceridad. Sobre todo, tras ese primer encuentro con la poesía ‘vestida’, aunque fuese vestida ‘de inocencia’. Todavía en esa fase la poesía le resultaba amable; pero, cuando se vistió con el ropaje literario convencional, ya se hizo odiosa. Hasta que prescinde de esas galas literarias y se queda en su esencial desnudez.

Ahí comienza la etapa de la poesía con la que el poeta se siente plenamente identificado. La época del que podríamos llamar Juan Ramón auténtico.

Sin embargo, el otro JRJ fue el poeta que apreciaron algunos de sus contemporáneos de comienzos del siglo XX, y el único que conocieron, especialmente Rubén Darío. Cuando el poeta de Nicaragua murió (6 de febrero de 1916) comenzaba a encontrarse a sí mismo el poeta de Moguer. Se iniciaba, por esas fechas, lo que a raíz de la publicación del Diario de un poeta recién casado se dio en llamar la “segunda época” de JRJ. El Juan Ramón intelectual, metafísico, estaba ‘saliendo del cascarón’, o abandonando la piel de aquella poesía sentimentaloide y enfermiza, en gran parte exudada en sanatorios y establecimientos de convalecientes.
Y es que “el otro JRJ” fue también un poeta, aunque no el poeta que aspiraba a ser el JRJ de las llamadas 2ª y 3ª épocas. Éstas, evidentemente, son posibles porque existe esa época previa de la que el poeta no estaba satisfecho y que consideraba como una especie de tanteo, o escarceo, preparatorio de aquellas otras etapas que le ponen en el camino de su plenitud.
Como he expuesto en trabajos anteriores *, el poeta emprende su camino ascético hacia la plenitud hacia 1915, aunque hay atisbos de que ya vislumbraba su camino desde 1912, fecha de composición, según parece, de los Sonetos espirituales (se publicaron con posterioridad al Diario)
A partir de esa 2ª época, el poeta se eleva a la propia apoteosis, en una especie de fusión mística con la divinidad. La culminación de esa etapa ascética se da en sus libros Animal de fondo y Dios deseado y deseante. Estos libros representan lo que los místicos llamaban la ‘vía unitiva’, el éxtasis que se alcanza en la unión con Dios.
Antes de iniciar su itinerario poético hacia la cumbre, el JRJ juvenil, que aún no había encontrado su voz auténtica, escribió muchas cosas que hubiera después deseado borrar de su obra. Y, en la medida de sus posibilidades, algunas de esas composiciones poéticas trató de hacerlas desaparecer.
El poeta se encargó de suprimir de las antologías algunos de esos poemas, sustituyéndolos por otros que eran más de su agrado. Así se eliminó, por ejemplo, de la primera edición de Las mil mejores poesías, de José Blecua, el poema que se titulaba “Los niños tenían miedo”, una típica muestra de esa poesía ñoña que el poeta llegaría a detestar:
Los niños tenían miedo,
yo no sé lo qué soñaban;
y la noche de diciembre
era cada vez más larga.
(cito de memoria)

Los versos siguientes no los recuerdo con toda precisión, pero en ellos se insistía en el desvelo de los niños temerosos. Más o menos, con estas palabras:

Los niños pidieron besos,
más tarde pidieron agua


y así, en este plan, apurando la situación al punto de que ésta podía derivar hacia lo ridículo. Y, aunque el poeta no lo dice, uno puede fácilmente imaginarlo:

más tarde pidieron hacer pis.

Lo que también sería perfectamente lógico, aunque seguramente menos poético.

Entre estas espiritualidades del Juan Ramón apócrifo creo que podríamos incluir los serventesios, en versos alejandrinos, que narran cierto idilio de dos enamorados junto a un piano:
Nacía gris la luna y Beethoven lloraba
bajo la mano blanca en el piano de ella.
En la estancia sin luz, ella, mientras tocaba,
morena de la luna era tres veces bella.


Teníamos los dos desangradas las flores
del corazón y acaso llorábamos sin vernos.
Cada nota encendía una herida de amores
(el dulce piano intentaba comprendernos)

Por el balcón abierto a brumas estrelladas
venía un viento triste de mundos invisibles;
ella me preguntaba de cosas ignoradas
y yo le respondía de cosas imposibles.


Debía ser un diálogo verdaderamente singular el de los dos atortolados amantes, bien que algo rayano en el absurdo. Pero el sublime arrobo de dos seres cautivados por la música y por el amor parece hacerlos inasequibles al ridículo. No digo ya un piano, aunque humanizado por la prosopopeya, pero ni una persona normal y corriente hubiera podido comprender el galimatías de los amantes, la una preguntando por cosas ignoradas y el otro contestando por peteneras “de cosas imposibles”.

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* Mis estudios sobre JRJ aparecen incluidos en la obra de A. Campoamor Bibliografía general de Juan Ramón Jiménez, Taurus, Madrid, 1983. Remito principalmente a “El aspecto metafísico de la poesía de JRJ” y “El principio de inmanencia en la poesía de JRJ”. Ambos se incluyen en mi libro De la Vida a la Teoría (2001), editado por Caja Badajoz, con la colaboración de la Editora Regional de Extremadura.

jueves, noviembre 13, 2008

Huesos y piedras (Bones & Stones)



Deucalión y Pirra, Rubens, Museo del Prado


Según el mito clásico, Deucalión y Pirra (que son el equivalente de Noé y su familia en el mito bíblico) se sintieron angustiosamente solos en el mundo tras el diluvio. Y suplicaron a los dioses que el planeta fuese de nuevo repoblado con seres humanos, para no sentir tan desoladora soledad. Los dioses accedieron y recomendaron a la pareja lo que habían de hacer para que el planeta volviera a estar habitado de nuevo: cada uno debería recoger los huesos de su madre y, con la cabeza cubierta, arrojarlos tras de sí, a medida que iban andando. El matrimonio encontró, en principio, irreverente y falto de piedad para con sus respectivas madres esta acción de esparcir sus huesos por la tierra; pero, después de reflexionar y comprender que los dioses no pueden recomendar actos impíos, dieron con la correcta interpretación del mandato. La divinidad, como suele ser su costumbre, se había expresado de forma alegórica. Y Deucalión discurrió en estos términos:

Nuestra gran madre es la Tierra. Las piedras, creo que son los huesos de su cuerpo. Estos son, pues, los huesos que nos mandan que arrojemos (Ov. Met. I, 393-4)

En consecuencia, los esposos fueron recogiendo en el regazo de sus túnicas las piedras que iban encontrando y, seguidamente, con la cabeza cubierta, como se les había mandado, fueron arrojando tras de sí aquellas piedras que se iban convirtiendo en seres humanos.

Deucalión arrojó primero las piedras sobre el mundo vacío,
de las que nacieron los hombres, esa dura raza…
(Virg. Georg. I, 62-3)

Los huesos de la Tierra son las piedras. Huesos y piedras son la misma cosa, especialmente cuando, por efecto del tiempo, aquellos se fosilizan, o se petrifican.
Es curioso, que en el idioma inglés, a los huesos de las frutas carnosas (por ejemplo, el melocotón) se les denomine ‘stones’ (= piedras)

Los huesos de Doña Juanita.− Y hablando de huesos y de piedras (y de melocotones) me viene a las mientes la historia de Mrs. Anderson, de la que nos ocupábamos en este blog, hace algunas semanas. Se interrumpió la investigación sobre su turbulenta historia, a la espera de unos datos que vagamente nos había prometido enviarnos un familiar del marido, que lleva el mismo nombre que él: Eduardo Álvarez de Cienfuegos. Este ‘señor’ regenta un centro de idiomas en la ciudad de la Giralda: El Giralda Center. Nos había insinuado que disponía de algunos documentos de interés acerca de su pariente y de la norteamericana: fotos de su enlace matrimonial en Sevilla, en el año 1934. Creíamos que iba a facilitarnos esta información pero estábamos en un error. Los esperados datos no llegaron nunca.
La verdad es que tampoco estábamos empeñados en hacer un trabajo exhaustivo sobre la portavoz de la causa fascista en España y en USA, la émula de Queipo (aunque con mejor estilo que el del faramallero general). Los datos que, al parecer, podía proporcionarnos el pariente sevillano, posiblemente se podrían haber obtenido por otros medios: consultando el acta de matrimonio en el juzgado de Sevilla y, probablemente, los ecos de sociedad en alguna revista o periódico de la época, que hubiera recogido información gráfica del suceso.
En fin, últimamente, cuando ya tenía prácticamente abandonado el asunto, me llegaron nuevos datos sobre la señora Anderson. Sabíamos, por la partida de defunción, obtenida por la periodista Ángeles Torres, que Mrs. Anderson de Cienfuegos había fallecido en Madrid, el 5 de mayo de 1972. Y sabíamos también, por el mismo documento, que había sido inhumada en el cementerio de La Almudena. Solicitamos de los servicios de este centro la localización de la sepultura, por si había una lápida que confirmara la identidad de la difunta. Pasadas tres semanas, o poco más, hemos recibido el siguiente escrito:

Muy Sr/a nuestro/a:
Acuso recibo de su escrito de fecha 4 de octubre de 2008, en el que solicita conocer el lugar de inhumación de Dña. JANE ANDERSON PATTERSON.
Consultados nuestros archivos históricos del cementerio de la Almudena, JANE ANDERSON PATTERSON se inhumó el día 7 de mayo de 1972 en sepultura temporal, cuartel* …, manzana* …, letra* …., cuerpo* ….,enviándose sus restos al OSARIO COMÚN el día 11 de febrero de 1983.
Atentamente
Madrid, 29 de octubre de 2008


(El escrito viene firmado por el Jefe de Sección del C. de la Almudena, con un sello que dice Empresa Mixta de Servicios Funerarios de Madrid, Cementerio Almudena, Avda. de Daroca,nº 80, 28017, MADRID)

A una fosa común fueron a parar, finalmente, los huesos (the stone!) del Melocotón de Georgia. La ‘legendaria belleza’ de la que fue una de las más atractivas mujeres de su época (tengo a la vista una serie de testimonios que coinciden en este punto: “extraordinary beauty”, “legendary pulchritude”, “spectacular beauty”… fue a dar con sus huesos al madrileño cementerio de la Almudena. Al osario común)

Recuerdo, a este propósito, a Luciano de Samósata, uno de los más antiguos precursores del llamado ‘humor negro’. En su libro Diálogo de los muertos, un famoso ‘guapo’ de la antigüedad, Nireo de nombre (de su 'guapeza' se hizo eco el mismísimo Homero**) cree que su hermosura le sigue acompañando post mortem. Y pretende ser más hermoso que su compañero Tersites, otro difunto como él. Pide a Menipo, el filósofo, que sea juez de este litigio. Y Menipo le contesta que él los encuentra bastante parecidos. Pues nada hay más parecido que un esqueleto a otro esqueleto. Y, como leemos en otro de los diálogos del autor, el titulado Menipo, “los huesos son todos semejantes, indiferenciados y anónimos y nadie es capaz de reconocerlos” (Men. 15. 23-5)


Mucho me temo que los huesos -- the stone-- del Melocotón de Georgia sean ya irrecuperables para siempre.
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* Suprimimos los números o letras, en su caso.
** Ilíada, 2. 673

lunes, noviembre 10, 2008

Feria homenajea a José Muñoz Gil

El sábado, 8 de noviembre, fue un sábado de gloria para Feria y, especialmente, para uno de sus hijos que, en ese mismo día, recibía a título póstumo el nombramiento de Hijo Predilecto. Estoy hablando de mi querido amigo, colega en las tareas docentes y antiguo compañero de estudios en Badajoz, José Muñoz Gil.

José fue una persona muy vinculada a la historia de la localidad por su condición de cronista oficial de la villa, título que él se había ganado a pulso con su asidua dedicación al estudio de la historia de su pueblo natal. Los dos amores esenciales de José fueron su esposa y su patria chica, y a ambos fue fiel durante toda su vida. José era un ‘corito’ de ley, y al servicio de su patria chica dedicó, de alma y de corazón, la mayor parte de su existencia: en ella ejerció funciones de maestro, de alcalde, de estudioso del folklore local, amén de cronista e historiador veraz y meticuloso.

Fue, por tanto, un homenaje muy merecido el que le tributamos ese día sus paisanos y amigos. Una especie de apoteosis por la que reconocíamos y premiábamos, unos y otros, sus merecimientos. El acto fue minuciosamente planeado y preparado por su muy querida mujer, amiga y colaboradora, Vicky; y fue, sobre todo, un acto sencillo y entrañable, comenzando por el descubrimiento de una placa a la entrada del nuevo centro cultural que, a partir de ese día, llevará el nombre de “José Muñoz Gil”. La presentación del acto corrió a cargo del popular locutor Lucio Poves, e intervinieron en el mismo, en primer lugar, la Sra. Alcaldesa de la villa, quien hizo la semblanza de uno de sus más ilustres predecesores. Intervinieron seguidamente el cronista oficial de Badajoz, Dr. Alberto González; el archivero municipal de Zafra D. José María Moreno, el catedrático y doctor en Historia D. Juan Carlos Rubio Masa; el Dr. D. Diego Peral, profesor de Historia de la Medicina en la Universidad de Extremadura y, de parte del académico de la Real de Extremadura de las Letras y de las Artes, Dr. Feliciano Correa, leyó un emotivo escrito el presentador, Lucio Poves, debido a que, por razones de fuerza mayor, no pudiera asistir el propio autor del escrito. Feliciano dedicó al amigo ausente un emotivo apóstrofe, en forma de plegaria, con palabras del Padrenuestro, dirigidas a José, que estás en los cielos. Todo muy a tono con eso que llamamos apoteosis. El caso es que nuestro querido José Muñoz Gil entró oficialmente en la gloria ese día, y esto nadie puede negarlo, sea creyente o incrédulo.

Fuimos tratados con afecto y deferencia. Agasajados con una breve actuación musical del Cuarteto Mediterráneo (alguno de cuyos integrantes es oriundo de Feria, como Joaquín Fernández, hijo de nuestro amigo y también antiguo colega Joaquín Fernández Picón) e invitados a una sencilla colación. Y, por último, obsequiados generosamente con un ejemplar del libro cada invitado de fuera. Y sendos ejemplares para cada una de las familias de Feria; lo que es una muestra de generosidad y munificencia por parte de Vicky, la esposa del autor. El libro publicado a expensas de la Diputación Provincial, es decir, con fondos públicos, revierte en el pueblo. Un detalle más de la generosidad de José y del cariño por sus gentes.

De los méritos del libro habrá que hablar con más tiempo en otra ocasión. Como anticipo yo quiero resaltar algún aspecto particular, como el que escogió para muestra el archivero de Zafra, José Mª Moreno: un precioso fragmento del libro en el que José Muñoz describe la mesa de un zapatero de los de antes; y a propósito recoge un estimable repertorio de palabras familiares, entrañables (uno de mis abuelos fue zapatero) pero que actualmente están prácticamente proscritas del vocabulario (lezna, bruñeta, cerote, patacabra, etc., pág. 70)

Y, por último, en el delicado asunto que toca a la Memoria Histórica, José hila especialmente fino, con delicadeza y circunspección, para que nadie se sienta herido. Me quedo con una afirmación suya, altamente satisfactoria y reconfortante:

En Feria, los “rojos” no mataron a nadie… (pág. 438)

Gracias, José Muñoz Gil, querido amigo.

jueves, noviembre 06, 2008

EL PALÍNDROMO DE OBAMA

En principio creí haber sido el primero en descubrirlo: el nombre de OBAMA, leído hacia atrás, resultaba un presagio de esperanza para todos los simpatizantes del candidato americano a la presidencia. OBAMA, al revés, es AMABO, primera persona del futuro simple del verbo AMARE (amar, en latín): yo amaré.
Era la más hermosa de las promesas que un candidato podía hacer a sus electores; y la hacía, además, insinuada, modestamente encubierta al reverso de su propio nombre. Así lo expuse a través de la correspondencia epistolar de latinistas de Internet GLL. La carta se publicó unas fechas antes de la celebración de los comicios cuyos resultados ya sabemos. Sólo a título particular se hizo eco uno de los lectores de esa correspondencia.
Después he comprobado, a través de Google, que el palíndromo OBAMA/AMABO ya estaba en la calle, probablemente desde el inicio mismo de la campaña. Bueno, era de esperar. En principio sólo se necesita estar un poco familiarizado con el latín para darse cuenta de la ‘casualidad’. Pero, aun así, no todos caen en la cuenta. Mi comunicante, por ejemplo, que es latinista, reconoce que no había caído.
Lo que yo escribí en latín fue:
Utinam bonis ominibus (hominibusque bonis) eveniat quod ex OBAMA nomine augurari licet. OBAMA enim, si retrorsum legerimus, Latinum verbum inveniemus AMABO. Mac Cain candidos habet capillos; Obama autem nigros. Sed cum Vergilio sentiamus illud "nimium ne crede colori". Obamae color pellis fuscus est; albus vero Caino. Sed "quamvis ille niger, quamvis hic candidus esset", mutationis prospectus quos America desiderat maiores sunt ex Obamae iuventute exspectandi quam ex Caini senectute.
Iuventuti credite, cives Americani, quae mundi spes semper fuit! Et lex quaecumque sequatur (Stat. Silv. 5.3.276)
Good luck. Fortuna propitia vobis sit!
Ioannes Hispanus Oleastrensis.

Mi amigo Miguel Garci-Gómez me ha hecho una versión al inglés que es, más bien, una paráfrasis, no exenta de belleza, como puede comprobarse:
Today, with the election of Obama for the Presidency of USA, I happened to look at his name and, as I was reading it backwards, resulted in AMABO (Latin for I’m going to love), descriptive of his temperament and his program of inclusion: truly auspicious. Mac Cain is white in his hair and skin, the effects of a long life and painful experiences; Obama’s hair and skin are dark, fresh and untested. What a difference! With his election, once and for all the American people have proven Vergil right when he said "do not put to much trust in color" (Eg. II,17). What a change! The White House is not just for white; Goodbye experiences of yesterday; wellcome promises for tomorrow. In youth do trust, citizens of America; you are once again the hope of the world. "And be it what it may" (Stat. Silv. 5.3.276). Adelante.

Por último, falta la versión castellana, que asumo seguidamente:

Ojalá que con buenos augurios (y con augures buenos) suceda lo que cabe esperar del nombre de OBAMA. Pues este nombre, si lo leemos hacia atrás, resulta ser el futuro del verbo latino ‘amar’ (AMABO = amaré). Mac Cain tiene el pelo blanco. Y Obama, negro. Pero digamos con Virgilio aquello de “no fies demasiado del color” (Eg. 2.17) El color de la piel de Obama es oscuro. El de Mac Cain es blanco. Pero, “aunque aquél sea negro y éste sea blanco” (ibid. 2.16) las perspectivas del cambio que América desea son más amplias considerando la juventud de Obama que la vejez de Mac Cain.
¡Confiad en la juventud, ciudadanos de América, que siempre fue la esperanza del mundo! Y que “pase lo que tenga que pasar” (Stat. Sil. 5.3.276) (* Más exactamente: Y que cualquier otra ley vaya detrás de ésta (= se posponga a ésta)

Buena suerte. ¡Que la fortuna os sea propicia!

Finalmente, diremos que el palíndromo ha sido esta vez un mensaje subliminal, actuando eficazmente a favor del candidato.

domingo, noviembre 02, 2008

Patriotismo y patrioterismo

Entre patriotismo y patrioterismo existe la misma relación que entre patriota y patriotero. El concepto de patria ha sido malentendido y adulterado con frecuencia a lo largo de la historia, para hacerlo coincidir, a menudo, con mezquinos intereses particulares o intereses de grupo. No es patriotismo de buena ley aquél en el que ‘patria’ suele identificarse con facción o bando, como ocurrió en España, a partir de la escisión de 1936. Los vencedores de la guerra civil se apoderaron del concepto de ‘patria’ desde entonces, dejando al contrincante fuera de juego, despojándolo de sus símbolos y sus consignas, arrebatándole su patrimonio. Esta privación de la patria conlleva el parricidio, inherente a toda guerra civil: el vencido se ve privado de patria, en una especie de orfandad: sin vida civil, desde luego, y en el peor de los casos, sin vida material.
Exiliados, encarcelados o anulados civilmente, si no ya muertos, estuvieron los vencidos de la guerra civil, desposeídos de una patria que, en opinión de aquellos que desde entonces detentaron su posesión, pretendía ser “Una, Grande y Libre”. Una, por eliminación de la otra. Grande, sólo porque, eliminados los vencidos, los vencedores cabían a más. Y Libre… de los inconvenientes de la competencia.
En resumen, lo que los vencedores llamaron 'Patria' fue monopolio. Y su pretendido patriotismo, patrioterismo.
Con la patria se monopolizaron sus símbolos, al tiempo que se privaba de los suyos a los ‘enemigos’, ya no ‘compatriotas’. ¿Cómo compartir símbolos con el enemigo?
Toda esta crisis del concepto de Patria la trajo consigo la sublevación militar de 1936. A partir de ese primer ‘rupturismo’, el traidor fue aclamado como patriota y, el vencido, como traidor. El vencedor, ‘rebelde’, se permitió encausar y ejecutar al contrario alegando el delito de “auxilio a la rebelión”. Se hizo realidad el tópico del mundo al revés.
¿Qué tiene de extraño que esos españoles, despojados de la patria por quienes detentaron su propiedad, no ‘vibraran’ ante unos símbolos y unas consignas que no eran las suyas? El “Cara al Sol”, los “Arriba España”, los “Por Dios y por España”…o determinados gestos, como el de levantar el brazo, no podían ser compartidos por aquéllos que ya no sentían la patria como suya, porque la sentían enajenada.
Desde esa situación precaria del vencido que se ve privado de la patria común resulta difícil sentir al unísono con los que coreaban consignas como la de "¡Arriba España!" u otras por el estilo. No iba contra ellos, en consecuencia, la letra de la jota con la que el aragonés Sanz Ferrer increpaba la falta de patriotismo:

Quien al oír ‘¡Viva España!’
con un ‘¡viva!’ no responde;
si es hombre, no es español;
y, si es español, no es hombre.

No podían hacer suyos esos versos quienes se sentían excluidos de la patria como hogar común. Las numerosas víctimas del franquismo se sentían despojadas de una patria que, por ser del adversario, ya no era la suya.
El célebre retruécano de los dos últimos versos podía ser modificado por cualquiera de las víctimas del franquismo, cambiándolos, humorísticamente, por esta otra redacción:

Quien al oír ‘¡Viva España!’
con un ‘¡Viva!’ no responde...
...es que espera oír después:
‘¡Y viva Franco Bahamonde!’

martes, octubre 28, 2008

Insensibilidad de las instancias públicas

Transcribo, literalmente, la breve carta de Ian Gibson publicada en El País (27-10- 2008) acerca del hecho, que el autor califica de llamativo (y que lo es, en realidad) de que en Oviedo, precisamente en la calle donde se ubica la sede de la Fundación Príncipe de Asturias, aún persista el nombre del ominoso general Yagüe para designar dicha vía pública. ¿Nadie había reparado, hasta ahora, en ello? ¿Se puede consentir que el patronímico del matarife número uno, responsable directo de la represión en Extremadura, siga todavía vigente en el callejero de la Vetusta de Clarín? Esta Vetusta me asusta. Señores del Ayuntamiento: ¿De veras han reparado en que la persistencia de ese nombre, a estas alturas de la democracia, constituye un verdadero disparate , una falta de sensibilidad, una incuria (y hasta una injuria) intolerable para la democracia? He aquí el texto de Gibson:




Al margen del ya célebre auto del juez Garzón, ¿no denota una llamativa insensibilidad por parte de las instancias públicas y reales el que la calle ovetense donde la Fundación Príncipe de Asturias tiene su sede siga llevando el nombre del general Yagüe, de tan infausta memoria ... sobre todo por tierras extremeñas? Ian Gibson. Madrid.

miércoles, octubre 22, 2008

Requisitoria al franquismo

La democracia no puede adquirirse a costa de negar su propia esencia, incompatible, por principio, con la dictadura y, por ende, con el franquismo.
El actual encausamiento de éste, que ha puesto en marcha el juez Garzón, tropieza ahora con argumentos de tipo jurídico basados en anteriores concesiones al régimen, efectuadas bajo coacción de quienes tenían ‘la sartén por el mango’. Así, la Ley de Amnistía de 1977. Se puede pactar la amnistía, pero la amnesia no es pactable, o negociable. No se puede olvidar ‘por decreto’, por más que se pueda ‘perdonar por presión y en virtud de pacto’. La transición transigió (¡qué remedio!) y tuvo su parte de cambalache. El franquismo consintió en resignar poder a cambio de impunidad. Si los culpables de aquellos crímenes (sobre todo, los principales propulsores del Alzamiento) ya están bajo tierra y, en consecuencia, sus crímenes han prescrito, nadie va a pedir castigos y responsabilidades. Pero sí es exigible la damnatio memoriae (‘histórica’, en este caso, como la principal personada en la acusación) pidiendo la explícita condena de aquellos crímenes que escaparon a la acción de la justicia, impotente para castigarlos en su momento, y que lograron, como última violencia, arrancar por la fuerza su propia impunidad.
Si los partidos políticos que arribaron a la democracia como herederos directos del franquismo hubieran abjurado expresamente de la dictadura, como algo incompatible con la democracia y hubiesen posibilitado ese acuerdo común de condena del propio franquismo, que es exigencia irrenunciable de la democracia, tal vez no hubiera habido lugar a este encausamiento, emprendido por Garzón. La solución al conflicto hubiera sido política. Fue una buena ocasión y una señal de esperanza la condena unánime de la dictadura en la fecha 20-N-02. Pero ya sabemos cómo, más tarde, el PP, desde la oposición, recogió velas y contradijo esta condena en el Parlamento europeo, en 2006. Lo hizo por delegación de su representante Jaime Mayor Oreja.
No hubo entonces solución por la vía política y ahora se quiere entorpecer la emprendida por la vía judicial, con argumentos judiciales como el de la amnistía, en virtud de pactos alcanzados por extorsión: se resigna poder a cambio de impunidad y amnistía. Vale. ¿Pero también amnesia? Esto es lo disparatado, no la acción del juez Garzón.
Si éste sentó en el banquillo a un dictador foráneo, como Pinochet, ¿por qué no había de sentar, aunque fuera sólo simbólicamente, en el banquillo de la historia, a Franco y sus conmilitones, reos todos de crímenes impunes? Sólo se pide la satisfacción moral que pueda proporcionar la damnatio memoriae, la condena por parte de la ‘memoria histórica’.
No se trata de buscar culpables para meterlos en la cárcel. Se trata de que el salvoconducto de la impunidad no nos quiera hacer tragar lo inadmisible: lo del Alzamiento como Cruzada, ese infundio de la jerarquía eclesiástica que tan buenos resultados dio a la propaganda franquista para cohonestar sus crímenes.
No. El Alzamiento fue un golpe de Estado. Una rebelión contra un gobierno legítimamente constituido. Un delito de alta traición. Y, sobre todo, un exterminio sistemático del opositor político.
El problema pendiente de nuestra democracia es que no se ha facilitado la necesaria, imprescindible, catarsis a los vencidos y a sus descendientes y familiares. Ha faltado generosidad en este punto a los demócratas evolucionados del franquismo. Y sin esa catarsis la salud psíquica y política de los españoles será precaria. Y la convivencia, recelosa.
Hay que vomitar todo el ricino doctrinario y político que nos hicieron tragar. Eso que Cicerón llamaba el virus acerbitatis, el virus de la amargura de la memoria.

domingo, octubre 19, 2008

LA FALANGE AUTÉNTICA Y LA OTRA

La verdadera fatalidad de la Falange fue que al núcleo primitivo constituido por el fundador y sus simpatizantes, los llamados ‘camisas viejas’, se les unió, en los primeros meses de la sublevación militar, un contingente de advenedizos de ocasión, que eran por completo ajenos a los principios doctrinales del credo falangista, que eran extraños e incluso opuestos a esos principios; pero que consideraron a la Falange como banderín de enganche para, desde sus filas, tomar partido por la causa de los militares sublevados contra la República.

La mayoría de los que vistieron la camisa azul no tenía ni idea de la doctrina de José Antonio. Su adscripción a la Falange era meramente oportunista, sin adhesión a lo que pudiéramos llamar la buena fe del dogma jose-antoniano. Pues, aparte los posibles errores en que todo ser humano puede incurrir, no hay por qué negar un mínimo de rectitud y de honestidad, un propósito de ser útil a la sociedad, a las ideas fundamentales que propugnaba la Falange de José Antonio.

Una gran mayoría de quienes vistieron la camisa azul no veía en la Falange más que una forma de pronunciarse a favor del régimen, muchas veces, una manera de medrar, de adquirir influencia política.

Fue así como el régimen absorbió a la Falange, se sirvió de ella, con cierto menosprecio por su doctrina, operación que se consumó con el famoso Decreto de Unificación, lo que vino a suponer en cierto modo su anulación como ideario político.

Todo ese material de aluvión que se incorporó a la Falange no contribuyó más que a neutralizar la primitiva esencia de su doctrina. La Falange se convirtió en el disfraz ideológico del Régimen, y en verdadero compañero de viaje, del que se prescinde cuando ya no nos sirve.

Hubo falangistas a los que verdaderamente la Falange les resultaba un ‘coñazo’ (para utilizar una válvula de escape a la sinceridad, como la que recientemente hemos visto en un conocido líder político) Un mal chiste de aquellos tiempos definía a la falange como un cachondeo (un cacho [de] un deo: señalando le parte del dedo que llamamos ‘falange’)

Uno de estos ‘falangistas’ desdeñosos de la doctrina del fundador fue el poeta Foxá, que no se recataba de proclamar que él, por su circunstancia familiar, era lo más diametralmente opuesto a lo que postulaba el ideario falangista.

Muchas veces, entre bromas y veras, se sinceró con sus amigos acerca de lo que él pensaba en realidad de la Falange. Así uno de estos amigos, Juan Ignacio Luca de Tena, nos ha dejado un par de testimonios inequívocos en este sentido, en los que el aristócrata dejó constancia de lo que en realidad pensaba de la Falange. Una vez la definió, jocosamente, como “la hija adulterina de Carlos Marx y de Isabel la Católica”* O sea, Foxá veía en la Falange (la auténtica, claro) un ascendiente comunista.

Y en otra ocasión dijo que lo que menos le perdonaba él al comunismo es que lo hubiera impulsado a hacerse falangista (quizás por aquello de que ‘de dos males siempre es preferible elegir el menor’)
Cuando la Falange ha querido recuperar credibilidad ya era tarde. La Falange auténtica, que se pretendió resucitar en tiempos de la democracia, ha resultado estar muerta y bien muerta.

Y, lo que es peor (para sus escasos seguidores) nadie cree en su resurrección.
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* Cf. J.I. Luca de Tena, Mis amigos muertos, (Planeta, Barcelona, 1971) p. 256
Algunos falangistas de buena fe, tuvieron el arresto y la valentía de manifestar su discrepancia del sistema. Tal es el caso de Ridruejo. Y, tras él, otros falangistas de primera hora irían manifestando su alejamiento del régimen: Laín Entralgo y, de alguna manera, Antonio Tovar.

lunes, octubre 13, 2008

Carteles de posguerra

Ahí está. Es el cartel que he andado buscando por Internet y que hasta ahora no había encontrado. Es la vieja estampa de Santiago Matamoros puesta al día. Un soldado, se supone que del ejército que ha hecho entrar en cintura a España nuevamente, empuña una bandera victoriosa, mientras que a sus pies yace la bestia comunista derribada.

El cartel estuvo pegado mucho tiempo en la pared de la casa de los Manganés, primera de la calle del Medio, acera izquierda, en dirección al Pozo de Arriba. El flanco derecho de esta casa mira hacia la cruz de los Caídos. Y en ese lienzo de pared estuvo pegado este cartel que yo miraba a diario, cuando iba camino de la escuela.

La bestia comunista caracterizada de demonio, con sus cuernos, aparece en el suelo, gorda y pesada, con sus miembros y su vientre pintarrajeados con las siglas de los movimientos obreros UHP, CNT y alguna que otra, más o menos legible. Se advierte el emblema de la Falange, el yugo y las flechas, y la leyenda de ‘una, grande, libre’ y en la parte superior, el nombre de ESPAÑA, convertida ya en monopolio del fascismo.

Un ejemplo más, tosco y grosero, de la demonización del enemigo. El soldado de rostro anónimo bien podía representar a Franco. El ‘ángel’ de la épica pemaniana de guardarropía, con la bestia del comunismo abatida, derrotada, a sus pies.

Esa bestia representaba a los únicos caídos de Aceuchal, los que cayeron en la retaguardia, a manos de los paramilitares de la derecha y cuyas bajas se contabilizaron como bajas de guerra, no como asesinatos con el refrendo de unos mandos rebeldes. Guerra sucia, desde luego. Y para más INRI, se erigió una Cruz de los Caídos y se colgó una lista de nombres en la pared de la iglesia que mira hacia el monumento.

Hubo algún cura que no se prestó a secundar la pantomima. Y se negó en redondo a oficiar la ‘misa negra’ de los caídos, allí donde no había habido más caídos que los represaliados de izquierda. Fue por los años 60. Naturalmente, fue botado de allí. Ese cura se llama Benito y vive actualmente en Málaga. Y, lo más admirable, ¡sigue siendo cura!

Este cartel me recuerda mi niñez, que tuvo que pechar con todas esas humillaciones, entre ellas la de comprender que la causa vencida se pretendía rebajar a la categoría de lo diabólico.

domingo, octubre 12, 2008

Otras inscripciones del puente de Alcántara

Además de la inscripción existente sobre el dintel de la capilla, o templete, de San Julián, del que días atrás nos ocupábamos, existen varias inscripciones, referentes a restauraciones llevadas a cabo en diversas épocas. Reproducimos aquí las correspondientes a los reinados de Carlos V (1543) y la que se realizó en tiempos de Isabel II de Borbón, en 1859.

En el texto de la primera de estas inscripciones se lee: CAROLVS ∙ V ∙ IMP ∙ / CAESAR ∙ AVGVSTVS / HISPANIARVMQUE ∙ REX ∙ HVNC PON / TEM BELLIS ETAN/ TIQVITATE EX PAR/ TE DIRVPTVM/ RVINAMQVE / MINANTEM INS/ TAVRARI IVS/ SIT∙ ANNO DO/MINI∙ M∙D∙XLIII/IMPERII SVI XXIIII/ REGNI VERO XXVI

O sea: Carlos V, Emperador, César Augusto, y Rey de las Españas mandó restaurar este puente, en parte roto y amenazando ruina, por las guerras y por la antigüedad, en el año del Señor 1543, año vigésimo cuarto de su imperio y vigésimo sexto de su reinado.

La otra inscripción corresponde a la restauración realizada en el reinado de Isabel II, cuando se grabó de nuevo en mármol el texto de la vieja inscripción del templete, ya por entonces muy deteriorada y a duras penas legible, texto que reproducíamos en la fotografía aportada en aquella entrada de este blog.

Esta restitución se hizo a instancias de la Real Academia de la Historia y se llevó a cabo, como se ha dicho, en el año 1859. Para ello hubo que desmontar piedra por piedra al arco abovedado del puente. Las piedras se numeraron, de manera que, tras la reposición del arco derruido del puente, volvieran a ocupar el lugar que tenían previamente a la restauración. De todo lo cual se da cumplida información en la Noticia de las Actas de la Real Academia de la Historia, leída en junta pública de 1º de julio de 1860, por Don Pedro Sabán, en Madrid, año de 1860, apéndice 8º, págs. 1-5. El arquitecto que restituyó la obra de Lácer no fue indigno de su antecesor. Su nombre es Alejandro Millán.

El texto de la lápida que da noticia de esta restauración es como sigue:





ELISABETH.BORBONIA/HISPANIARVM∙REGINA/NORBENSEM∙PONTEM/ANTIQVAE PROVINCIAE/LUSITANIAE∙OPVS/ITERVM∙BELLO/INTERRVPTVM/TEMPORIS∙


VETVSTATE/PENE∙PROLAPSVM/RESTITVIT/ADITVM VTRINQVE/AMPLIFICAVIT/VIAM∙LATAM∙AD/VACCEOS∙FIERI∙IVSSIT/ANNO∙DOMINI/ M∙DCCC∙LIX



(
Isabel de Borbón, Reina de las Españas, restituyó el puente Norbense*, de la antigua provincia de Lusitania, obra por segunda vez destruida por la guerra y casi en ruinas por su antigüedad; amplió las entradas por uno y otro lado, mandó hacer una ancha carretera hacia los vaceos, en el año del Señor de 1859)

Otra de las inscripciones que se encuentran en el puente es la que enumera los municipios y pedanías de la antigüedad que contribuyeron a la construcción del puente (inscripción sobre la que ha realizado un documentado estudio Luís García Iglesias, en un trabajo que citábamos en nuestra anterior entrega sobre las inscripciones latinas del puente) y la que aparece en el frontispicio mismo del arco del arco abovedado sobre el puente.

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* Norba es el nombre que corresponde a la provincia de Cáceres. El gentilicio Norbense es correlativo de Pacense, referido este a la provincia de Badajoz.

martes, septiembre 23, 2008

La inscripción latina del Puente de Alcántara

Mi doblemente amigo José Luís Ortiz (por ex – discípulo y por amigo de mi hijo Juan Gabriel) me remite unas fotos preciosas del puente romano de Alcántara, lo que me hace pensar que el obsequio supone una invitación tácita a que me atreva a descifrar la inscripción en latín que aparece en el frontis del templete, junto al puente. Porque yo interpreto como una invitación, hecha, desde luego, con discreción y delicadeza, insinuada más bien, a que el antiguo profesor de Latín haga inteligible el texto del dintel de ese templete.
Tengo, pues, trabajo a la vista y, en tal situación, lo que debe hacer un investigador responsable es documentarse sobre el asunto y ver qué es lo que han dicho anteriormente otros investigadores sobre el particular. Yo tengo que declarar no haber visto aún ninguna bibliografía sobre el tema y, desde luego, ninguna traducción previa. Asumo, por tanto, mi tarea con el solo bagaje científico de mis estudios filológicos. El documentarse lleva tiempo y el contrastar opiniones más, y lo que yo quiero es hacer inteligible la inscripción como latinista que se enfrenta por primera vez a un texto y trata de hacerlo asequible a los no latinistas.
Lo primero que el latinista advierte, y que suele pasar desapercibido para el no latinista, es que el texto de la inscripción está en verso. Exceptuado el primer renglón que contiene la dedicatoria, los seis renglones siguientes contienen sendos dísticos (dos versos por renglón) Vamos a proceder, ante todo, a poner cada verso en un renglón, tras el encabezamiento, o dedicatoria, que resaltaremos en negrita:

IMP.NERVAE.TRAIANO.CAESARI.AVG.GERM.DAC.SACRVM

Templum in rupe Tagi superis et Caesare plenum
ars ubi materia vincitur ipsa sua.
Quis quali dederit voto fortasse requiret
cura viatorum quos nova fama iuvat.
Ingentem vasta pontem qui mole peregit
sacra litaturo fecit honore Lacer.
Qui pontem fecit Lacer et nova templa dicavit,
illic se solvunt, hic sibi vota litant.
Pontem perpetui mansurum in saecula mundi
fecit divina nobilis arte Lacer.
Idem Romuleis templum cum Caesare divis
constituit felix utraque causa sacri.

C.Iulius Lacer H(oc)S(acellum)F(ecit) et dedicavit amico Curio Lacone Igaeditano
Hunc titulum procellis abrasum Philippus IV renovari, marmori denuo incidi Elisabeth II decrevit.
Hasta aquí el texto completo de la inscripción. Son seis dísticos (cada uno consta de un hexámetro y un pentámetro)

Su traducción, más o menos parafraseada, podría ser esta:
Al Emperador Nerva, Trajano, César, Augusto, Germánico, Dácico, está consagrado




este templo, en la roca viva del Tajo, ocupado por la Divinidad y por el César,

donde la grandeza misma del arte es superada por la grandeza de la obra.

Tal vez la curiosidad de los viajeros, a quienes la celebridad de lo nuevo les agrada,


indagará quién, y en virtud de qué voto, ofreció este templo.

El que construyó el gran puente de vasta fábrica fue Lácer,

para ofrecer con toda solemnidad los sacrificios.

El que hizo el puente, Lácer, también dedicó los nuevos templos:

en aquél se cumplen los votos, en éstos se les consagran las ofrendas.

El ilustre Lácer, con divino arte, hizo el puente

para que durase por los siglos en la perpetuidad del mundo.

Él mismo llevó a cabo felizmente el templo y el puente,

consagrados a los dioses romanos junto con César, una y otra obra.

Cayo Julio Lácer hizo esta capilla y la dedicó a su amigo Curio Lacón Igaeditano*.

Este letrero, desgastado por el temporal, lo mandó renovar Felipe IV y lo mandó grabar en mármol de nuevo Isabel II.


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* El gentilicio Igaeditano corresponde, según estudio de Luis García Iglesias (que he consultado después) a los habitantes de la ciudad portuguesa de Idanha a Velha (Cf. REEx, t. XXXII, nº 2, pág. 266


NOTA: Probablemente la abreviatura IMP. habrá que interpretarla no como un singular sino como un plural: IMP(ERATORIBVS). Nerva adoptó a Trajano y ambos comandaron el imperio durante los últimos años de Nerva. En cuanto a los nombres posteriores que aparecen en la inscripción, son títulos, no propiamente nombres de personas: César, Augusto, Germánico, Dácico.

martes, septiembre 16, 2008

Doña Juanita, recordada por un ex – alumno de Almoharín

Mi amigo Miguel Garci-Gómez, del que ustedes tienen cumplida referencia a través de este mismo blog Reencuentros en la tercera fase , me envía una carta interesantísima de un paisano suyo, arquitecto en ejercicio en tierras gallegas. La memoria del antiguo alumno nos acerca vívidamente la imagen de Doña Juanita, por lo que este testimonio es uno de los más valiosos entre los que, hasta el momento, hemos recibido los de la Agencia GGs (que es como, humorísticamente, ha bautizado Miguel al equipo que, en cierto modo, él coordina, y cuyos miembros somos, además del propio Miguel, su esposa, el citado arquitecto, la periodista Ángeles Torres, y una serie de enlaces más (Nacho Pavón, Maruja Pavón, María Mayoral, María Inocencia Alarcón…) y yo mismo. Vamos ya, sin más dilaciones, a participar a ustedes el precioso testimonio:

Respecto a Doña Juanita, dudo que esté enterrada en el pueblo. Digo esto porque la última vez que la ví, en 1962 ó 1963, vivía en Cáceres,cerca del Camino Llano, por donde paraban los coches de línea de Almoharín. Desde allí salen unas calles cortas en fuerte pendiente que van hacia Cánovas. En una de ellas está la casa donde la visité. Era un lugar sórdido y maloliente que me impresionó tanto o más que el lamentable aspecto que ella presentaba. La encontré muy deteriorada y con cierto aire de miseria. Al parecer, sobrevivía, malamente, dando clases de Inglés. No recuerdo bien si me contaron que acabó mal con la familia que convivía en Almoharín, en una casa del Postigo, tal vez porque se le complicó la situación económica. Por eso decidiría irse a Cáceres e iniciar allí otra etapa en su vida que, salvo alguna circunstancia excepcional, pudo ser la última. Desde luego, no sería descabellado pensar que muriera y fuera enterrada en Cáceres. Mi tío, Domingo Salas, fue quien me dijo, entonces, dónde vivía. La conoció en Almoharín y quiero recordar que le hizo --ya en Cáceres-- alguna entrevista, para el Hoy o el Extremadura, periódicos con los que colaboraba. Lástima que Domingo muriese hace unos años porque, casi seguro, podría recomponer una buena parte de lo que falta de esta historia. De doña Juanita guardo muy buenos recuerdos. Fue todo un curso yendo, diariamente, a la casa donde vivía en Almoharín. Allí nos recibía, en una habitación que compartía con Negus, un gato mimoso y un poco tonto que nos disputaba, con fiereza, el espacio frente al brasero. Tenía una maleta llena de recortes de periódico de Alemania, Italia, Francia, EE.UU. y, por supuesto, de España. Aparecía con Hitler, con Mussolini, con Franco, con Serrano Suñer y un largo etcétera. Nos contaba cosas de su vida que, a veces, ilustraba con los recortes de periódico, mientras fumaba insistentemente. Recuerdo, vagamente, oirla decir que sus antecesores eran irlandeses, que ella había estudiado filología alemana en La Sorbona y un sinfín de anécdotas de su vida. Solía lamentarse de su condena y destierro a perpetuidad --confiscación de bienes incluida-- por el "macarthysmo" que la había acusado de actividades antiamericanas. Estaba aún muy afectada por la muerte, relativamente reciente, de su marido.Las clases de inglés con ella consistían en conversaciones sobre las cuestiones citadas, sin especial interés por los aspectos gramaticales. Para D.J., mi pronunciación, o la forma de expresarme, era siempre "wonderful" (¿?). A veces paseábamos por la Vega o por la carretera, lo que provocaba la natural curiosidad de los paisanos, sorprendidos por su especial atuendo, que solían volverse para estar seguros de no haber visto una pantarulla, de 1,80 m., que no paraba de fumar con su inseparable pipa alargada, tipo Mata-Hari, años veinte. Conservaba alguna foto de ella, tomada con una vieja cámara que había en casa, pero no puedo saber dónde estará. Puedo decir, en resumen, que fue una persona exquisitamente amable, generosa y delicada en el trato. Nunca quiso cobrar por sus clases porque, según ella, este tipo de actividad le daba alegría de vivir y debía agradecerlo de algún modo. Evidentemente, mi madre, encontraba siempre alguna forma de compensarla. Es posible que se pueda indagar algo en Almoharín. Lo intentaré, la próxima vez que vaya. Le preguntaré, también, a la viuda de mi tío Domingo, por si recuerda algo.

Hasta aquí la misiva del antiguo alumno de DJ, Pepe Fernández.

Por azares del destino, Doña Juanita fue una víctima de la 2ª república y una adelantada del fascismo, primero español y, después, europeo. Casada con el falangista (¿de conveniencia?) Eduardo Álvarez de Cienfuegos, apresada y torturada por los ‘rojos’, fue una acérrima defensora de la causa fascista. Y, a su pesar, una mártir de esa causa (dio testimonio de sufrimiento por la misma), como mártires fueron otros por la causa religiosa. Mártir la llamó el obispo Fulton Sheen, contemporáneo y compatriota suyo. Mártir en el sentido del sufrimiento. También en el bando contrario hubo ‘mártires’ (sufrieron y hasta murieron por la causa de la república) ¿Quiénes fueron los equivocados? Doña Juanita, sin duda, estuvo equivocada en sus apreciaciones sobre Hitler y el fascismo. Esa causa produjo pavorosos estragos a la Humanidad y son testimonios de ello nombres como los de Auschwitz y Matthaussen.

La causa franquista se quiso identificar con la causa religiosa (es lo que pretendía el lema “Por Dios y por España”) y, ambas, con la causa patriótica.
No había tal: en el fondo se trataba de impedir los verdaderos objetivos de la república: poner los medios de producción de riqueza al alcance del mayor número posible de ciudadanos. Todo se tergiversó, como sabemos. La patria fue traicionada por quienes pretendían ‘salvarla’. Lo que en realidad pretendían era salvar sus privilegios.

Por azares del destino, Doña Juanita cayó del lado de los vencedores en la guerra civil española, y en el de los perdedores de la segunda guerra mundial. Esto le valió la calificación de ‘traidora’ a la causa de su propio país.

A casi 40 años de su muerte, deseamos que sus huesos reposen en paz. Y que, si no en el cielo católico (se convirtió al catolicismo desde el credo protestante) , se encuentre, al menos, junto a sus compañeros “que hacen guardia sobre los luceros”. Catasterizada, como una constelación (¡el “melocotón de Georgia”!) en el cielo falangista.

domingo, septiembre 14, 2008

Los últimos años de Doña Juanita

To this day nothing else is known about Jane Anderson after 1947. Despite diligent investigations by historians it still has not been determined when or where Jane Anderson died. Somewhere, presumably in Spain, lie the ashes of an Atlanta-born woman who drank the cup of life to the full but nonetheless suffered a tragic fate. Born a Georgia peach, she died the Nazi Georgia Peach.

(From “JANE ANDERSON: THE NAZI GEORGIA PEACH, Part 3” by Prof. Wilkes. Published in The Athens Observer, June, 1 (1995)

(Hasta hoy, nada más se ha sabido acerca de Jane Anderson, después de 1947. A pesar de diligentes investigaciones realizadas por historiadores, no se ha determinado aún cuándo y dónde murió Jane Anderson. En algún lugar, presumiblemente de España, yacen las cenizas de una mujer nacida en Atlanta, que bebió hasta el borde la copa de la vida y, con todo, sufrió un trágico destino. Nació como un ‘melocotón de Georgia’ y murió como ‘el melocotón nazi de Georgia’ *





*(Nota: Retrato de Doña Juanita Anderson (1910) La expresión ‘melocotón de Georgia’ es la equivalente de lo que en España llamamos ‘un bombón’, para ponderar los apetecibles encantos de una mujer guapa. Debo esta explicación a mi amigo Miguel Garci-Gómez)







Habría que contar con un equipo tan eficiente como el de Paco Lobatón, el recordado presentador televisivo del programa “¿Quién sabe dónde?” para averiguar con toda la precisión deseable dónde y en qué fecha exacta acabó sus días Dª Juanita Anderson de Cienfuegos, la yankee de Atlanta (Georgia, USA) que casó con el español Eduardo Álvarez de Cienfuegos.
Dª Juanita vivió en Almoharín (Cáceres), pueblecito de la Alta Extremadura donde Cienfuegos tenía posesiones. Testigos presenciales retrotraen la presencia de Doña Juanita en Almoharín a los tiempos de la República (así nos lo confirma Doña María Mayoral, que aún vive en esta población) La señora Anderson frecuentaba por esas fechas las embajadas y legaciones extranjeras. Así parece ser que conoció a Eduardo Álvarez Cienfuegos y se unió a él en matrimonio.
Al comienzo de la guerra civil envió crónicas de España a los periódicos de lengua inglesa. En Madrid fue apresada por los ‘rojos’, acusada de espionaje, y encerrada en una checa en la que la sometieron a cruelísimas torturas (por ejemplo, soltando en su celda ratas hambrientas que la mordían y la llevaban al paroxismo del terror) Otras veces la iluminaban con un foco que mantenían encendido a todas horas. Desde entonces padeció disminución de la visión.
Cuando consiguió verse libre de aquel infierno (gracias a la intervención de la legación de su país en Madrid) se convirtió, como no podía menos, en una fervorosa apologista del franquismo y en una acérrima detractora de la causa de la República.
Esto hizo que la Falange la considerara la más adecuada propagandista del Movimiento en territorio americano. Allí fue la panegirista del franquismo, narrando sus penalidades carcelarias, lo que predispuso a sus oyentes de habla inglesa contra la causa de la República (identificada con la causa de sus torturadores en la checa) El obispo Fulton Sheen dijo de ella que “era una mártir viviente”.
La labor propagandística que Doña Juanita había desarrollado en pro de la Falange y del franquismo prosiguió, terminada la guerra civil, en Alemania, ahora a favor del fascismo. Sólo que ahora, el ataque japonés a Pearl Harbor, dejó a Juanita fuera de juego ante sus compatriotas. El panegírico del fascismo cayó en picado ante la opinión pública y Juanita fue declarada traidora y antipatriota.
En esa tesitura, Juanita optó por volver a España y pasar desapercibida en la tierra de su marido.
Doña Juanita vivió algunos años en Almoharín (Cáceres), atendida por los caseros de la finca que su marido poseía cerca de esa población. Parece que esa finca se llamaba El Rincón, aunque Juanita la bautizó con el poético nombre de La Vega de Oro (desde esa dirección recibí yo una carta suya en el verano de 1952) En 1957 todavía residía en esa población y mi amigo Miguel recuerda que asistió a la celebración de su primera misa en ese pueblo.
Años después, probablemente a comienzos de los 60, se instaló en una modesta vivienda de Cáceres capital, con el fin de ayudarse a su sustento dando clases particulares de inglés y de alemán (hablaba perfectamente también el francés)
Hacia finales de los 60 o comienzos de los 70, los parientes de su marido (ya fallecido) la llevaron a Madrid, bien a una residencia o a una clínica de desintoxicación, ya que se habían agudizado sus problemas de adicción al alcoholismo. Y en la capital de España murió en 1972. Doña Inocencia Alarcón, hija de un pariente del marido de Doña Juanita, recuerda que fue en ese año, porque "en el mismo año (poco antes o poco después) falleció mi padre, José Alarcón".
De modo que “el melocotón de Georgia”, “la mujer más buscada del mundo”, tras la caída del tercer Reich, vivió en tierras de Extremadura hasta finales de los años 60. Y murió en Madrid en 1972*.
Con o sin lápida, sus cenizas deben reposar en alguno de los cementerios de la capital de España.
Hasta ahora es toda la información que hemos podido recopilar de personas que la conocieron.
Si más adelante averiguáramos algo más, lo trasladaríamos puntualmente a ustedes.


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* En el Registro Civil de Madrid se ha localizado su partida de defunción, ocurrida el 5 de mayo de 1972

miércoles, septiembre 10, 2008

LXXII aniversario

Hoy, 10 de septiembre, se cumple el 72 aniversario de la muerte de mi padre. Tenía 31 años. Yo tenía la edad que tiene mi nieto ahora (tres años y ocho meses). Recuerdo que fuimos, mi madre y yo, a llevarle la cena la noche anterior, al rincón de Nicolás, donde este vecino puso un bar años después. Un ángulo de la plaza de España, de Aceuchal, entre el casino y la que después sería oficina de Caja Badajoz.
Había en la puerta unos tipos con escopetas. Recuerdo nítidamente que mi padre no quiso comer y que dejó intacta la tortilla de patatas que le había preparado mi madre.

Tío Jerónimo me contó, muchos años después, que a él le habían dado palabra de no hacerle ningún daño a mi padre (su hermano) de modo que podía regresar tranquilo. No sé cuántas marrullerías más alegaron para convencer a mi tío; el caso es que éste picó el anzuelo y fue a buscarlo a su escondite, a varias leguas del pueblo:

− Me han prometido que no te harán daño, si regresas. Es más, si te escondes, dicen que puedes dar pie a que se piense que has hecho algo malo. Por eso he venido a pedirte que vuelvas a casa.

Nada más llegar el fugitivo, fueron a por él. ¿Fue aquella, que yo recuerdo, la última noche de su vida? Pienso que sí. Se traicionó la buena fe de la buena gente, con dolo y felonía. Pero, ¿qué importaba eso a los que se habían propuesto eliminar, sin contemplaciones, a quienes querían mejoras sociales? Había que proceder sin miramientos, de acuerdo con las consignas de los militares rebeldes. La derecha consideró, desde luego, a éstos como la autoridad absoluta, actuó de común acuerdo con ellos y en ellos se escudó para justificar sus ejecuciones y asesinatos, considerándolos acciones de guerra. Y a esta cacería se la llamó “Cruzada” y se la cohonestó con la consigna de “Por Dios y por España”.

Hubo registros domiciliarios y recuerdo a unos facinerosos con camisa azul registrando los cajones de la cómoda de mi madre (ropa interior, sábanas, etc.) Se consideraban con derecho a despojar de sus pertenencias a la gente de ‘izquierda’. (Sí, yo recuerdo que en el ayuntamiento socialista se acumulaban receptores de radio confiscados a la gente de la derecha. Ignoro el por qué de la medida y cuál fue el verdadero motivo de esa confiscación. Pero tal vez eso fue lo que provocó la reacción posterior que consistió en despojar a la gente humilde de sus más modestas propiedades. A mi padre le quitaron la bicicleta, herramienta de trabajo con la que, ocasionalmente, se desplazaba a trabajar fuera del pueblo. Y hasta les hizo cuerpo una colección de la revista “Estampa” que mi padre guardaba en una casa de Los Silos. Era la suscripción de varios años. Se la llevaron como si tuvieran derecho a hacerlo.

72 años ya. Y después de 40 años de “Caídos por Dios y por España” y 30 años más de propina ‘transicional’, todavía se nos reprende que tengamos ‘memoria histórica’, que queramos honrar a nuestros muertos, localizar sus huesos, recuperarlos para nuestra veneración…

martes, septiembre 09, 2008

PRIVILEGIO DE IMPUNTUALIDAD

Durante mucho tiempo existió, en el pasado, una prerrogativa cuya vigencia podía comprobarse por quienes asistían habitualmente a ceremonias religiosas en las que había intervenciones propias de la oratoria sagrada: sermones u homilías, principalmente.
Se trataba de un privilegio, ante todo, real (o regio), pero, también, de la jerarquía eclesiástica de rango superior al del que ocupaba, en ese momento, la tribuna sagrada. A esta prerrogativa podríamos llamarla ‘privilegio de impuntualidad’ y consistía en que el orador sagrado interrumpía el sermón cuando entraba en el templo un personaje regio, o un alto dignatario eclesiástico. El orador aguardaba a que el recién llegado se acomodara y, tras dirigirle unas palabras de bienvenida, tenía para el ilustre personaje la deferencia de resumirle lo que, hasta el momento de su entrada en el templo, estaba diciendo. Retomaba el hilo del discurso interrumpido con un “íbamos diciendo, Majestad, (o el título que correspondiera, Excelencia, Eminencia…)
Es muy verosímil que, para hacer efectivo el privilegio, se programara de antemano la ceremonia con el episodio de la impuntualidad incluido.
Cuenta Gracián que, en una de estas ceremonias de impuntualidad regia, estando el oficiante hablando de la pasión de Cristo, tuvo que interrumpir el sermón por la llegada de la reina con retraso al templo. No hubo más remedio que tener en cuenta la prerrogativa. Cuando la real persona se acomodó y el cura pudo retomar su discurso, lo hizo con la frase por la que Eneas accede a la petición de Dido, a que le cuente sus penalidades en la guerra de Troya:

Infandum, regina, iubes renovare dolorem

(mándasme, reina, renovar un dolor indecible)

Dadas las circunstancias, la cita virgiliana no carecía de sentido del humor.

El otro día, en Guadalupe, se reprodujo, seguramente de manera involuntaria, la mise in scène de la vieja prerrogativa. La ex – reina de los belgas, nuestra venerable compatriota Doña Fabiola, entró en el templo guadalupense con retraso. Se escenificó toda la antigua ceremonia. El celebrante interrumpió su homilía, dio la bienvenida a la señora reina e ilustre paisana, y continuó su plática, tras un breve resumen de lo dicho.

Creemos que esta vez el retraso fue debido al azar, o a causas menos rebuscadas de exhibición de privilegios. Por ejemplo, a que el tráfico está fatal. O que hubo atasco en las curvas que dan acceso a Guadalupe.

Nuestra simpática y querida Fabiola, bien a su pesar, malgré lui, había protagonizado la puesta en escena de un rancio, de un obsoleto privilegio.

jueves, septiembre 04, 2008

Un ciclón llamado Juanita

Jane Anderson de Cienfuegos fue un fenómeno de la naturaleza. Bella y borrascosa, “sopló como mujer”, según decía la vieja copla, sedujo, avasalló con su belleza, fue Circe y Calipso a la vez. ¡Legendaria Doña Juanita, Mrs. Anderson de Cienfuegos! Fuegos cien y ardores mil la hacían exaltarse cuando peroraba contra el ‘rojerío’ y los enemigos de la causa fascista. Entonces su oratoria se encandecía como una filípica y el idioma inglés crepitaba en sus labios como las ramas crepitan en un incendio. Se han anotado frases de sus discursos en las que las palabras entrechocan en trallazos onomatopéyicos y el lenguaje despliega sus recursos más característicos y efectistas.
Como en la conocida armonía imitativa que nos recuerda el rumor de las aguas de un arroyuelo:



Myriads of rivulets hurrying through the lawn,
the moan of doves in immemorial elms
and murmuring of innumerable bees…

Es un ejemplo clásico de lo que se considera onomatopeya en las preceptivas de la literatura. Otro buen ejemplo es aquel hexámetro homérico de la Ilíada que imita el ruido del galope de unos caballos, empleando palabras usuales del repertorio griego:

pol-la d’ánanta, kátanta, párantá te, dóchmia t', ēlthon (XXIII, 116)






(y así subieron y bajaron cuestas, y recorrieron atajos y veredas)*





En castellano (toda lengua tiene su ocasión onomatopéyica) recordamos la primera estrofa del poema “El faro de Malta”, del Duque de Rivas, donde creemos percibir el eco lejano del retumbo de los truenos:

Caricatura de Franklin D. Roosevelt


por Sirio








Envuelve al mundo extenso triste noche,
ronco huracán y borrascosas nubes
confunden y tinieblas impalpables
el cielo, el mar, la tierra.





Jane Anderson conseguía en sus discursos apasionados unos efectos semejantes a éstos. Cuando su oratoria se acaloraba (lo que se ha llamado su ‘overheated prose’, sus discursos se aproximaban a la soflama. Juana desplegaba su cohetería verbal que explosionaba en magníficos fogonazos retóricos. Dos ejemplos de antología nos brinda como muestra el profesor Wilkes:

Roosevelt has pulled a brass band out of his hip pocket, and a concentration camp from under the coattails of the brain trust…

Roosevelt consolidated with Churchill in the simultaneous declaration of war upon Japan … so the American people have gone to war to save Stalin and the international banker which are one and the same …

(Se pueden traducir las frases: su efecto sonoro es intraducible) **


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* Nos decidimos por la traducción de Luis Segalá. También se ajusta al texto esta traducción: 'y tras /mucho subir y bajar, rodear y trochar, arribaron'/


** Añadimos, no obstante, la traducción, con el asesoramiento de un amigo: 1) Roosevelt ha sacado una banda de trompetas de su bolsillo trasero y un campo de concentración de debajo de las levitas de su equipo de eminencias grises (brain trust = clan de cerebros, asesores intelectuales)


2) Roosevelt se fusionó con Churchill en la declaración simultánea de guerra contra el Japón, de manera que los americanos han entrado en guerra para salvar a Stalin y al banquero internacional, que son una y la misma cosa.

lunes, septiembre 01, 2008

Jane Anderson de Cienfuegos (tercera entrega)

Tras su salida de la cárcel en Madrid, Jane Anderson regresó temporalmente a los Estados Unidos, convertida en una activa propagandista de la causa de los sublevados y difundiendo, a través de los medios de comunicación de su país, su visión negativa de la República española como sinónimo de barbarie, desorden público y persecución religiosa.
Esta visión, necesariamente parcial, de la situación española predispuso entonces a muchos de sus paisanos en contra de la República y a favor de la sublevación militar. A consolidar esta opinión en el mundo católico contribuyó, en gran medida, la famosa proclama de los obispos españoles, redactada por el Cardenal Gomá y publicada con fecha de 1 de julio de 1937. La adhesión solidaria con este escrito de 32 países y unos 900 obispos de todo el orbe católico consagró la sublevación militar de Franco y sus secuaces como una Cruzada y le otorgó una especie de legitimidad de la que hasta entonces carecía. Los intereses políticos se tiñeron de celo religioso y, en cambio, las mejoras sociales que buscaba la República se asimilaron a una persecución religiosa, el plan diabólico del ateísmo marxista. Se acuñó la famosa consigna de “Por Dios y por España” que monopolizó el patriotismo a favor de la derecha. Esta y otras consignas por el estilo se emplearían como salvoconducto para justificar toda clase de atropellos contra los leales a la causa republicana. Todo estaba justificado para aquellos que creían que ‘Dios estaba de su parte’.
En 1938 los mandos de Falange consideraron que la periodista Jane Anderson, con experiencia como corresponsal de campaña en la I Guerra Mundial y, sobre todo, como ex prisionera de los ‘rojos’, sería un buen fichaje para la causa del Movimiento. Las penalidades que había sufrido durante su encarcelamiento en Madrid eran prendas de garantía de que serviría con fervor a la causa falangista. Pero, sobre todo, el elogio del arzobispo católico Monseñor Fulton Sheen, al declararla una “mártir viviente”, eran una suerte de credenciales para hacer de ella una especie de embajadora en los EEUU de los ideales de la Falange. Y Jane Anderson cumplió a satisfacción su cometido:
Millones de americanos leían sus crónicas en los periódicos −la ‘marquesa’ tenía buena prensa− y la circunstancia de ser una sencilla chica de Georgia daba a su testimonio cierto aire de cercanía y autenticidad. Millares de personas se inclinaban a su favor cuando peroraba en las tribunas públicas y cientos de americanos influyentes que se codeaban con ella en recepciones oficiales estaban por completo inclinados a la causa franquista, ganados para ella, por la habilidad de la ‘noble dama’ americana que había sufrido cautiverio a manos de los ‘Rojos’… (FALANGE…, pág. 218)
En ese mismo año de 1938 viajó por los Estados Unidos abogando por la causa falangista y pudo desempeñar un papel decisivo en la campaña que desarrolló el Eje para evitar que se levantara el embargo de armas a la República española, una medida que muchos americanos de toda clase y condición estaban demandando de su gobierno.
Las cosas, sin embargo, iban a torcerse para Jane Anderson, a partir del ataque japonés a Pearl Harbour. Jane, desde Berlín (la ‘otra’ capital de España en aquellas fechas), en sus emisiones en inglés para EEUU, seguía defendiendo la causa fascista, por más que sus alegatos en pro del nazismo perdían credibilidad de día en día.
Los hechos cotidianos desmentían a la locutora que ensalzaba al Führer como “an immortal crusader, a great lover of God”. Estos elogios y otros por el estilo estaban en flagrante contradicción con la realidad. ¿Quién se iba a creer afirmaciones como que Hitler fuese “the great exponent of Catholic civilization”?
Las emisiones de Jane Anderson se interrumpieron bruscamente en abril de 1942. La ‘marquesa’ de Cienfuegos regresó a España donde se sentía más segura. En 1943 fue acusada ‘in absentia’ junto a otros siete intelectuales americanos por hacer propaganda radiofónica del nazismo. Los demás acusados eran: Robert H. Best, Douglas Chandles, Edgard Delaney, Constance Drexel, Frederick Kaltenbach, Dr. Max Koitschwitz y Ezra Pound. En 1945 los periódicos de Norteamérica proclamaban a Jane Anderson “the most sought- after woman in the world” (la mujer más buscada del mundo)
¿Quién se iba a imaginar que esta mujer se había refugiado en tierras extremeñas? Dicen las crónicas que en 1947 se levantaron los cargos contra ella por falta de pruebas. Y añaden que, a partir de ahí se esfumó, dejó de ser vista públicamente: When and where she died remain a mystery (‘Cuándo y dónde murió continúa siendo un misterio)
Bueno, yo no sé cuándo ni donde murió. Pero sé que en 1957 aún vivía y que asistió a la primera misa de mi ex condiscípulo Miguel Garci-Gómez en Almoharín.
En el caso, bastante improbable, de que aún estuviera viva, tendría entre 115 y 120 años.
Aquí ponemos punto final a la historia de Jane Anderson. Queda en suspenso que fuese ella la dama que salía a pasear con el cura Galán. No quiero que se me acuse de hacer juicios temerarios.