miércoles, enero 29, 2014

DE LAS DOS ESPAÑAS

Quienes más vocearon por la unidad de España fueron siempre los más secesionistas. Esa España Una por la que siempre clamaron no era la “nuestra”, era la “suya”. Descubierto este sofisma se desprende lo vano y lo hipócrita del resto de la consigna: ni Grande ni Libre. Y esto por entenderla precisamente como la suya, no la de todos.


Claro que nos gustaría que Cataluña, por ejemplo, siendo ella misma, fuese también España. Pero entendemos sus aspiraciones de independencia como la única forma viable de sacudirse del yugo (y las flechas) del franquismo: la única manera posible de emanciparse de él.


Habló en el Parlamento europeo Mayor Oreja de que la condena del franquismo significaba el paso atrás de la Transición: el regreso a “las dos Españas”. Era la visión unilateral del franquismo, precisamente. La Transición la entendieron siempre como inmovilidad: silencio sobre el genocidio, la amnistía la identificaron con la amnesia. Y la Ley de Amnistía (que se negaron a votar) la invocaron luego para tratar de borrar de la memoria sus crímenes. Y quisieron perpetuar la “modélica” Transición con la Ley del Silencio sobre la dictadura que fue la Constitución de 1978.


Pienso que la salida de este impasse, de este piétinement sur place que es y ha sido la Transición (andar sin moverse del mismo sitio) será la federalización de España: fragmentémonos para poder unirnos; para poder escapar del sofisma de una unidad que no es la nuestra, sino, siempre, la suya. Por serlo, precisamente, no es ni Grande ni Libre. De modo que la Unidad la impiden quienes nos impiden vomitar el franquismo, echar afuera la "amargura de la memoria". Con palabras de Cicerón: evomere virus acerbitatis.


Váyase, señor Oreja, en buena hora, del Parlamento europeo. En él no ha representado a toda España, sino sólo a su partido. Llévese consigo su franquismo, allá doquiera que vaya. Y lo mismo digo al señor Vidal Quadras: váyase en buen hora a chillar a otro lado


Vox parece ser el partido más recomendable para usted y los de sus cuerdas (vocales) Quienes no detesten el franquismo no aman la democracia, puesto que no detestan la dictadura, que es su antítesis: la antidemocracia por excelencia. Ni quieren de verdad, en definitiva, la Unidad de España.


La España Una, Grande y Libre, que tanto cacarearon en su día los que se van, ora sea al “otro barrio” (Piñar) o a partidos todavía más a la derecha, esa España será la que abjure del franquismo de una vez por todas, para salir por fin de este atolladero que ha resultado ser la Transición.

miércoles, enero 08, 2014

CONTRAPORTADA E INTERIORES

Después de haber visto el prólogo en prosa y el epílogo en verso del libro reseñado en la entrada precedente, voy a trasladar aquí, con la venia del autor, tres poemas, a modo de muestra, que inciten al lector a seguir leyendo y a buscar el libro, en la seguridad de que va a pasar un rato divertido: ameno (Si existe el locus amoenus, éste es un buen ejemplo en el que poder solazarse) Busque el lector en las librerías, pues seguro que merece la pena esa lectura que, sin duda, consideramos relajante. Del Apartado III de la primera parte (el titulado MIRAR) he escogido los poemas titulados "Sesteo", "Hiper" y "Botellódromo". Los transcribo a continuación:

SESTEO

Libre de la cadena del trabajo
a casa vuelvo procurando el rancho,
y allí solito con la 2 me engancho
para bien digerir sopa y tasajo.

¡Grandes documentales a destajo!
Estampida de ñúes en zafarrancho,
cocodrilos bañándose en el ancho
río, macacos meneándose el badajo.

De Darwin salmodiando la receta
fisgonea la cámara indiscreta
semiescondida en el abrevadero.

El cuello de una cebra la leona
besa al fin... (Con los güevos al brasero
yo, feliz ronco hundido en mi poltrona)

HÍPER

Abre y cierra sus puertas de cristal
al tropel la moderna catedral.
¡Oh círculo vicioso e infinito.

pescadilla sin fín del Consumismo!
Medio mundo gimiendo en el abismo
y otro medio tirando de un carrito:

¡Palitos de merluza de Frudesa,
jamón de york, chorizo, perrunillas,
espuma de afeitar, lavavajillas,
chocolate, estropajos, mayonesa,

Vim con clorex, atún, yogourths de fresa,
galletas, huevos, gel, Ajax, pastillas
de Avecrem, salsa rosa, arroz, natillas,
suavizante, foie-gras y un kit-compresa!

BOTELLÓDROMO

Dio la una. La manada quinceañera
concurre al descampado con farolas
llevando ron, ginebra y coca-colas
para oficiar la inmensa Borrachera.

Truena en la noche la machaca hortera
del bakalao con techno-cacerolas,
y los tubos de escape y las cabriolas
de las motos campando por la acera.

Una rubia vomita en una esquina.
Dos se magrean. Aquél mea en los rosales.
Otros cocean con saña una cabina.

El suelo es pura alfombra de cristales.
La Policía acudió de madrugada.
Miró al soslayo, fuese y no hubo nada.

El último verso de esta última composición es del conocido soneto de Cervantes "Al túmulo de Felipe II" ("Voto a Dios que me espanta esta grandeza...") Es un soneto con estrambote (se añade un terceto más a los dos tercetos reglamentarios del soneto)

Insisto: la lectura de Beatus ille 2001 nos sirve de relajo y diversión.

EL "BEATUS ILLE" EN LA MODERNIDAD

Alfonso Limpo, archivero y bibliotecario municipal de Olivenza, es además cronista oficial de esta población. Y, ainda mais, es historiador y poeta. Autor de varios libros sobre la historia de su pueblo, acaba de editar un libro de poesía entreverada de filosofía, con el título de Beatus ille 2001. El título evoca, ante todo, el primer verso del Épod.II, de Horacio, que comienza así. Evoca también la película de Kubrick 2001, Una odisea en el espacio. Hay, además, una novela de Antonio Muñoz Molina que lleva por título las dos primeras palabras del referido épodo horaciano. Esas dos palabras son el enunciado de uno de los tópicos más difundidos en la historia de la literatura: el de la vida retirada. Tópico que se ha hecho más y más convencional a medida que se ha ido consolidando el llamado "progreso".

Alfonso Limpo va poniendo de relieve, a lo largo del libro, cómo el ideal de la "vida retirada" se torna cada vez más y más utópico, pese a todos los esfuerzos del hombre por mantenerlo vigente: adquirir una casita (o una casona, según las posibilidades económicas) en el campo, para librarse del tráfago y el ruido de la ciudad, hacer realidad de alguna manera ese tópico de la vida retirada. (Mi amigo y vecino Francisco Croche hizo ya una parodia de los versos luisianos y todavía suele recitarla cuando se le presenta la ocasión) *


En el prólogo del libro el autor expone muy lúcidamente ese contraste entre el ideal utópico de la vida retirada y el inevitable contrapunto del mundanal ruido de la aldea global. Y el epílogo, en verso, confirma de manera rotunda lo que ya el poeta romano consideró, con penetrante visión de futuro, una utopía radical. El usurero Alfio será quien, con su afán de lucro, eche por tierra los buenos propósitos de reintegrarse a la Naturaleza.
El hombre no puede quedarse a vivir por siempre en el locus amoenus, cualquiera que sea la ubicación de su paraíso artificial: siempre será expulsado de él por otras necesidades más perentorias.

Los versos del epílogo evocan otros muy conocidos del inquilino de la Flecha, el locus amoenus del ínclito Fray Luis, o del dulce poeta Garcilaso: "Si de mi áspera lira / tanto pudiese el son que en un momento /aplacase la ira"... "un no rompido sueño"..., "morada de grandeza, / templo de claridad y hermosura"... 

Versos tópicos de ese mundo feliz de la poesía, en abierto contraste con la prosaica realidad de los mortales, tras haber sido definitivamente expulsados del paraíso de la Naturaleza.  
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* He aquí la primera estrofa de su poema paródico: ¡Qué descansada vida / la del que en una hamaca está tendido, / despues de una comida / en la que le han servido / de pollo y carne y buen aperitivo!

lunes, enero 06, 2014

OTROS RECUERDOS DE ACEUCHAL

Del archivo fotográfico de la web del Ayuntamiento de Aceuchal tomo la fotografía que me sirve de ilustración a esta entrada. La foto nos muestra un aspecto de la llamada Plaza de María Cristina, más conocida como el Pozo de Arriba. En los altos del edificio en blanco, que aparece a la derecha, estuvo la escuela nacional a la que asistí en mis primeros años. El maestro se llamaba Don Juan Fraile Bernal, aunque en el pueblo se le conocía como Don Juan el Calvo. Conservo dos cuadernos que datan de 1941 y 1942. A esta escuela asistí posiblemente hasta la mitad del año 1945, pues a partir de las vacaciones del verano comencé a prepararme para ingresar en el Seminario Diocesano de San Atón, al inicio del nuevo curso (1945-1946) Luego ocurrió que, por obras en el centro docente, el ingreso no pudo llevarse a cabo hasta enero de 1946.


La plaza de María Cristina no presentaba el aspecto que ahora tiene en la foto: el piso era de tierra, no estaba embaldosado como en la actualidad. A los altos del edificio escolar se accedía por una puerta que daba a la calle Alvarizo. Había que pasar un patio que daba a un estercolero y, girando a la derecha, estaban las escaleras que daban al aula de clase. Creo que esta casona fue adquirida muchos años después por el hijo de Antonio Carretero, apodado El Chico.

En esa plaza, en el llamado recreo, jugábamos los niños a los juegos acostumbrados: los bolindres, a entera (se sorteaba con la china escondida en la mano quién tenía que ponerse de “burro”) y se iba saltando el burro con aquella retahila de “a la una salta la mula”, etc. El tiempo del recreo no solía coincidir con el de las niñas de la escuela más próxima, cuya entrada estaba en la acera a la izquierda de la foto. Todo estaba calculado de manera que los chicos no pudieran molestar a las niñas, ya que los chavales éramos tenidos por más 'bordes' y díscolos que las muchachas.

El trabajo diario de la escuela consistía en preparar una lección de la enciclopedia escolar, lección que se aprendía de memoria. Esta tarea solía yo despacharla en los primeros cinco minutos. Luego había que copiar unos textos que el maestro escribía en la pizarra, donde se planteaban algunos problemas de aritmética. Yo procuraba despachar lo antes posible estas tareas, para enseguida dedicarme a lo que el maestro llamaba “lectura libre”. Consistía esta actividad en escoger cualquiera de los libros disponibles del armario biblioteca y emplear el tiempo sobrante en la lectura.

Recuerdo que casi todo el tiempo que duró ese periodo escolar fui el primero de la clase: no recuerdo haber tenido rival en este sentido. Una anécdota referida a los castigos corporales. El maestro usaba la palmeta, de cuyos golpes casi ninguno de los chicos de la clase solía escapar. Los lunes recibían un palmetazo en la mano abierta aquellos a quienes el maestro había echado en falta en la misa del domingo anterior.

Recuerdo que un día, en el recreo, dije alguna palabra insultante sobre el maestro, por alguno de estos castigos. Y el hijo de un guardia civil, un tal Albandor, se chivó al maestro. La cosa era grave y yo empecé a sentir fuertes remordimientos. Así que decidí, antes de presentarme en la escuela al día siguiente, ir a casa del maestro a pedirle perdón. Y fui allí y me arrodillé delante de él llorando. El maestro generosamente me perdonó.

Al día siguiente, el acusica, José Albandor Portillo, se extrañó mucho de que el maestro no me castigara ejemplarmente delante de toda la clase. El padre de este niño fue protagonista de uno de los sucesos más sonados en Aceuchal por aquellas fechas. Y fue que en el llamado Cine Moderno (ubicado, precisamente, en el Pozo de Arriba) la noche en la que se proyectó la película titulada Rataplán, estaba en el cine el referido guardia con su esposa, los papás de mi compañero de clase. Y como sucediera que los gamberretes (que en todas partes los hay) hubieran arrojado desde el “gallinero” algunas cáscaras de altramuces, que impactaron en la cabeza y en el cuello de la señora del guardia, éste montó en cólera y se plantó en el gallinero, habiéndole pedido previamente el vergajo a un municipal, y empezó a repartir porrazos de una punta a otra del gallinero hasta que lo dejó vacío. Desde entonces el citado guardia fue conocido con el apodo de Rataplán. Del miedo que entonces se tenía a la guardia civil da idea el que, entre tanta gente de los agredidos indiscriminadamente por el guardia, nadie se atreviera a hacerle frente (no fuera a desenfundar la pistola reglamentaria) Era la autoridad del franquismo emanada del autoritarismo del propio sistema. No sabemos si desde instancias superiores se llamaría la atención al guardia por excederse en el ejercicio de sus funciones. Pues, evidentemente, no todos los espectadores que estaban en el gallinero eran culpables de aquella gamberrada de los altramuces.
Tampoco sabemos si el guardia fue trasladado de puesto a raíz de aquel suceso.

De todos modos era conveniente que el pueblo supiera que la autoridad es la autoridad.


domingo, enero 05, 2014

¿NO LES DIO TIEMPO?

Mi convecina y paisana J. A. que es de origen piporro, pero que reside en Zafra desde hace muchos años (más que yo, que ya llevo residiendo aquí 47 años) tiene motivos para recordar mejor que yo las cosas que sucedieron en su pueblo natal y el mío en las fechas de la guerra civil. Especialmente en el verano y otoño de 1936, pues en ese año yo tenía sólo tres años cumplidos y ella era ya una adolescente. En alguna ocasión ha surgido entre nosotros el tema de la guerra civil y, cuando yo le hago la observación de que en Aceuchal, como en otras muchas poblaciones de Extremadura, sucedió lo que a propósito de Feria dijo el historiador y cronista local José Muñoz Gil, que “los rojos no mataron a nadie”, J.A. suele contestar como quien está en posesión de la verdad: “¡No les dio tiempo!”. Mis referencias, sin embargo, son muy otras. En Aceuchal, el comité antifascista del ayuntamiento socialista pactó con la otra parte respetar mutuamente las vidas de los convecinos, cualquiera que fuese el resultado de un eventual enfrentamiento bélico. Es decir, existió un compromiso (probablemente escrito y rubricado por ambas partes) de que los habitantes del pueblo, fuese quien fuese el bando ganador, prometían solemnemente respetar la vida de los del bando contrario. Si esto es así, los del bando ganador convirtieron pronto este acuerdo en papel mojado. Pues tan pronto vieron las fuerzas rebeldes que, tras la toma de Badajoz, la situación les era favorable, se apresuraron a eliminar desde la retaguardia los posibles refuerzos que podrían incorporarse al ejército de la República. Así que... no les dio tiempo porque, de una parte, se lo impidió el “pacto de honor” y, de la otra (de los que no respetaron el pacto) la consigna, probablemente impuesta por la estrategia de Yagüe, de que no transigiría con ningún tipo de “pactos locales”, con el inapelable argumento de que “la guerra es la guerra”. Y más si se trata de la guerra sucia, como lo fue aquélla.

De modo que SÍ, que les hubiera dado tiempo, de haber sido menos humanos, menos crédulos y menos confiados en la palabra de sus convecinos firmantes del pacto.

Lo que pasa es que las guerras se ganan, principalmente, con artimañas y, desde luego, con el propósito firme de no fiarse lo más mínimo del enemigo. Qué lástima no haber podido leer ciertos ejemplos históricos en los que resulta fatal esa ingenuidad de dar crédito al enemigo. Así lo comprobamos, como lo cuenta César en la Guerra Civil (3.28): “A los que se entregaban les prometían respetarles la vida”. Lo mismo que les ocurrió a los que se fiaron de esta promesa, les pasó a los que se fiaron de ciertos mandos de la guerra civil en España. (Véase, por ejemplo, el caso referido en otro lugar de este blog)
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NOTA: Véase en este mismo blog las entradas correspondientes a las fechas siguientes: 16-11-2011, 1-3-2009 y 19-4-2007

viernes, enero 03, 2014

ALGO SOBRE EL HISTÓRICO LADRILLO DE ACEUCHAL


Hace ya bastantes años publiqué en el periódico HOY un breve artículo sobre el ladrillo histórico de Aceuchal. No recuerdo exactamente cuándo, pero aún vivía la recordada Mahizflor, quien se hizo eco de aquel artículo mío, como era de esperar de una persona a la que le interesaba todo lo relacionado con la historia de su pueblo natal, que también es el mío.


En alguno de mis frecuentes viajes a Madrid por aquella época se me ocurrió visitar el museo arqueológico y allí, para sorpresa mía, me encontré con la inesperada reliquia histórica del “ladrillo de Aceuchal”. Muy poca gente conocía por entonces la existencia de esta rareza histórica y, desde luego, nadie imaginaba que la historia del pueblo fuese mucho más allá de la alta Edad Media. La datación del ladrillo en cuestión era, según la nota que acompañaba en la vitrina a la histórica pieza, del siglo IV de nuestra era. Actualmente se retrotrae esa fecha hacia la mitad del siglo III. Mahizflor se sintió gratamente sorprendida al suponer (como yo) que su pueblo tenía raíces históricas más profundas de las que hasta entonces le habíamos supuesto. Yo había averiguado por mí mismo que la frase grabada en el ladrillo era de Virgilio y que se trataba del verso primero del libro V de la Eneida. Porque (si la memoria no me falla) no constaba ese dato en la vitrina que contenía la pieza. La existencia del texto virgiliano junto al anagrama de Cristo (el Crismón) me hacía suponer la siguiente conclusión optimista: que ya en el siglo IV de nuestra era había cristianos en Aceuchal y, además, que leían a Virgilio. Esto era como para llenar de orgullo a cualquiera. Hay que reconocer que si existía población cristiana por aquellas fechas en Aceuchal, ésta hablaba todavía en latín y, por tanto, no era extraño que entendieran a Virgilio en su propio idioma. Nada tiene de extraño que así fuese en todas las poblaciones que tenían a Mérida como la metrópoli más importante de la Lusitania: en ella se hablaba la lengua oficial de Roma y se entendía el latín clásico sin dificultad, sobre todo por la gente culta.

La frase de Virgilio servía como mero elemento decorativo. Y el anagrama de Cristo daba testimonio de que los habitantes de la casa se preciaban de ser cristianos. En cuanto a la inscripción, ya he dicho que se trata del primer verso del libro V de la Eneida. Lo copio en latín (es un hexámetro, como todos los demás versos del poema) y dice:

          Interea medium Aeneas iam classe tenebat
 (Entre tanto Eneas con su flota iba ya por alta mar...)

La frase continúa al capítulo anterior, de alto contenido emotivo, ya que acaba de narrarnos los últimos momentos del suicidio de Dido, tras la marcha precipitada de Eneas, obediente al mandato de los dioses.

En el ladrillo, el verso no cabe íntegro en un renglón, por lo que hay que partirlo:

INTEREA MEDI / VM ENEAS IAM / CLASSE TENE / BAT
(dos dáctilos, dos espondeos, un dáctilo y un espondeo. Hay sinalefa en la sílaba 7ª)

En fin, esto es lo que tenía que decir sobre el ladrillo de Aceuchal. Un documento histórico que, si no fue trasladado allí en época posterior, nos puede dar pie a situar la antigüedad de la población en varios siglos antes de lo que la datábamos, suponiéndola no muy anterior a la Alta Edad Media.