miércoles, junio 08, 2016

EPICEDIO EN MEMORIA DE MI MADRE

Vuelvo a reproducir aquí el epicedio (palabra relacionada con epitafio, se refiere a un poema mortuorio) que compuse en recuerdo de mi madre. Está escrito en estrofas asclepiadeas de tipo A (tres asclepiadeos menores y un gliconio) La última estrofa, en vez de concluir en un gliconio, concluye en un ferecracio (tiene una sílaba menos que el gliconio):

O dulcis genetrix, alma parens mea,
quae iam transieris limina Tartari,
hos versus pia nunc accipe, amabilis,
flores quos tibi dedico.

Annus iam volucris transiit octies
ex quo mors tua nos reddidit orphanos,
cum te amisimus, heu, et valediximus,
mater lumine carior.

Lecto iam recubans morteque proxima,
vitae praeteritae dum reminiscere,
vestem sollicite condere quaeritans
sutricis petis forficem.

Etsi post obitum tardior affui 
laturus tibi, heu, oscula postuma,
servasti tepidos corporis halitus
donec basia venerint.

Sic vitae calor haud deseruit tuum
corpus dum veniunt filia filiusque,*
ad Manes abiens laeta viatico
almo dulcis amoris.**

TRADUCCIÓN

Oh, dulce progenitora, madre mía nutricia,
que ya atravesaste los umbrales de la muerte,
recibe piadosa y amablemente estos versos,
como flores que te ofrezco.

Volanderos los años pasaron en número de ocho,
desde que tu muerte nos dejó en la orfandad;
cuando te perdimos y te dijimos adiós,
madre más querida que la luz.

Ya en el lecho yacente y cercana la muerte,
recordando tu vida pasada, afanosamente
soñabas acabar un vestido y pedías
que te diéramos las tijeras.

Aunque llegué a tu lecho cuando ya habías muerto,
para llevarte, ay, mis postreros besos,
conservaste el calor de tu cuerpo,
mientras que llegaban esos besos.

Así el calor de la vida no abandonó tu cuerpo, 
en tanto que llegaban tu hija y tu hijo,
partiendo hacia el viaje final, contenta,
con las provisiones del amor más dulce. 
___   
* En la última estrofa se da sinalefa entre el segundo y el tercer verso.
** El último verso de esta estrofa (asclepiadea A) que, normalmente es un glicónico, es aquí un ferecracio 
(heptasílabo en vez de octosílabo)

sábado, junio 04, 2016

DEL TIEMPO QUE ESTÁ DEMÁS


Glosando en cierta ocasión el profesor Otón Sobrino unos versos de Lucrecio (R.N. 3.904-8) sugirió la posibilidad de entender la expresión 'quod aevi superest' como referida a 'un tiempo que sobra', o que estuviera demás en la vida. El pasaje en cuestión dice:


Tu quidem ut es, leto sopitus, sic eris aevi
quod superest cunctis privatu' doloribus aegris;
at nos horrifico cinefactum te prope busto
insatiabiliter deflevimus aeternumque
nulla dies nobis maerorem e pectore demet.

(Tú, ciertamente, tal como estás dormido en la muerte, así estarás lo que resta de la eternidad. Pero nosotros te hemos llorado inconsolablemente, convertido en ceniza junto a la tumba horrenda y ningún día nos arrancará del pecho el eterno pesar)

Comentando estos versos, el profesor Sobrino, Catedrático de la Complutense, interpretaba la expresión 'quod aevi superest' como sugeridora de la posibilidad de un tiempo "de sobra"; no simplemente de un tiempo 'restante'. En realidad el significado de ese 'superest' no parece referirse a algo más allá de 'lo que resta'. Pero la interpretación puede ir más allá y sugerir que se trata de un tiempo 'que sobra', o que 'estuviera demás', especialmente para el afectado por la pérdida del ser querido, para el doliente.
El "taedium vitae" es una posible secuela, subsiguiente a ciertas pérdidas dolorosas, generadoras de esa vivencia de un tiempo "que sobra", o que 'está demás'. En los casos de los amantes, la muerte de uno de ellos acarrea la muerte del otro, como en los casos, inmortalizados por la literatura, de Hero y Leandro, Píramo y Tisbe o Romeo y Julieta. Ninguno de ellos sobrevive a la muerte de su respectivo amante. El tiempo restante (quod superest) sería, en realidad, un 'tiempo de sobra'.