
Virgilio recoge esa fábula (En. VI, 893-8) reproduciendo casi literalmente las palabras de Penélope. ¿Por qué trae a colación el poeta romano este concreto pasaje de la Odisea?
Pues, según el antiguo comentarista Servio, la cosa está bien clara: Virgilio quiere dar a entender que todo lo que ha visto Eneas, a partir de su entrada en la cueva del Averno, ha sido solamente un sueño. Tanto el emotivo encuentro con su padre Anquises, como la fugaz visión de Dido, que no contesta a la justificación que Eneas hace de su huida de Cartago: todo ha sido una mera representación onírica.
Este inesperado desenlace, que el poeta de Mantua nos ofrece del episodio de la visita de Eneas al mundo de ultratumba, ha producido cierta perplejidad entre algunos comentaristas de la Eneida. Así el Prof. R. G. Austin en su edición comentada del canto VI, (Oxford Clarendon Press) encuentra sorpresivo ese desenlace, por inesperado, y se extraña de que habiendo entrado Eneas y la Sibila en el inframundo por un determinado lugar supuestamente real (una cueva) salen, sin embargo, de allí de forma un tanto extraña y por un sendero irreal…(The Gates of Sleep come now as a total surprise. Just as Aeneas and the Sibyl entered the underworld mysteriously and imperceptibly, so they leave it by a strange and unsubstantial path)
La interpretación de Servio no parece convencer al profesor Austin. Sin embargo, es la más plausible. El hecho de que todo fuese un sueño no le quita importancia a la visión de Eneas (none the worst for it that it was a dream) Así se entiende mejor que el profesor Austin escriba que “el asunto constituye uno de los enigmas de Virgilio, lo que en nada menoscaba su interés”. Desde luego, para los antiguos, los sueños tenían mayor importancia que para nosotros.
Por lo demás, en la literatura romana, existía algún precedente del encuentro con los antepasados a través del sueño. Cicerón había descrito en “El sueño de Escipión” (libro VI De Re Publica) el encuentro de Escipión Emiliano con su difunto abuelo Escipión el Mayor. En cuanto a la imperceptible transición, sin solución de continuidad, de la narración en clave de realidad a la clave onírica hay, aparte de la Eneida, algunos ejemplos más en la Historia de la Literatura Universal. Así, por ejemplo, se dan ciertas analogías de situación en el descenso de Don Quijote a la cueva de Montesinos y la bajada de Eneas a los infiernos. Las cosas que Don Quijote vio en la famosa cueva fueron también visiones oníricas, por más que él creyese que las vio en plena vigilia. Confiesa, sí, que se quedó dormido allá abajo, pero que, al poco, se despertó y vio todo lo que contó después a los que quedaron arriba. Cuando estos lo sacaron, todavía estaba en pleno sueño, como se puede colegir por el reproche que les hace por haberles interrumpido una visión tan agradable: “Dios os lo perdone, amigos, que me habéis quitado de la más sabrosa y agradable vida y vista que ningún humano ha visto ni pasado” ( II parte, cap. XXII)
En el famoso clásico de la literatura infantil Alicia en el País de las Maravillas, la protagonista se queda dormida junto a su hermana, que leía un soporífero libro, sin ilustraciones. La transición de la vigilia al sueño es imperceptible: lo real y lo imaginario empalman en un hecho que la niña ve como natural, aunque sea verdaderamente insólito: un conejito blanco que consulta un reloj de bolsillo y corre musitando “¡Se hace tarde!”. Alicia lo sigue y se mete, tras él, en un agujero. Y, tras avanzar unos metros, viene la caída en una sima. Y todo lo que ya conocemos por el fantástico relato de Carroll. Vemos, pues, que existen elementos comunes en estos relatos de base onírica: transición imperceptible del estado de vigilia al del ensueño, localización subterránea, vuelta al estado de vigilia y a la percepción de la realidad.
La puerta marfileña es el único acceso que puede permitir el encuentro entre los vivos y los muertos. Es la puerta del Sueño-Mentira. La puerta córnea es la que se abre a la Muerte. Por ella penetramos cuando morimos y eso ocurre sólo una vez (statutum est hominibus semel mori, Ep. Ad Hebraeos, IX, 27) Luego se torna impracticable. Se supone que es la puerta del Sueño-Verdad. El comercio entre muertos y vivos sólo es posible a través de la ebúrnea puerta. Y si la vida es sueño, cabría esperar que la muerte sea la verdadera vida. Eso es lo que le dice a Escipión Emiliano su abuelo difunto, Escipión Africano el Mayor:
− Lo que vosotros llamáis vida es muerte. Los que de veras viven son éstos que de las ataduras del cuerpo, como de una prisión, se han liberado (R.P. VI, 14)
Por eso, cuando el poeta Estacio pide a su padre difunto que venga a verle por la puerta de cuerno, la puerta de la Verdad, le está pidiendo lo imposible. Porque esa puerta, una vez que se atraviesa, ya no vuelve a abrirse más para el difunto. Es el vivo el que tiene que atravesarla, una sola vez, y morir consiste en atravesar su dintel. Sólo la ebúrnea puerta es practicable para los vivos. Aquellos cuya vida es sueño.







.jpg)





.jpg)
.jpg)
.jpg)










