El lenguaje de los oráculos era con frecuencia deliberadamente ambiguo. El oráculo solía responder con evasivas y circunloquios, con palabras de doble sentido, todo ello para no ser cogido en mentira, y así sus respuestas podían tener más de una interpretación, incluso podían significar una cosa y su contraria. Un par de ejemplos de estas respuestas con truco se conoce desde la antigüedad. Uno es el de la respuesta que la sibila dio a Pirro al consultarle sobre el resultado de la guerra que pensaba emprender contra los romanos:_ Aio, te Aeacida, Romanos vincere posse.
Frase que puede entenderse como:
_Digo que tú, descendiente de Eaco, puedes vencer a los romanos.
Aparte de que afirmar la mera posibilidad de un resultado no compromete a nada, en la frase de este ejemplo es posible tomar los acusativos te y Romanos, alternativamente, como sujeto o como complemento directo. De modo que lo mismo podría traducirse la frase, también, como:
-Digo, descendiente de Eaco, que los romanos pueden vencerte.
Otro ejemplo de ambigüedad reside en separar por medio de pausas los términos de la frase, de manera que la ilación se debilite:
Ibis.....redibis.....non.....morieris.....in....proelio
(Irás…volverás…no….morirás…..en…la…batalla)
El “no” puede entenderse aplicado al “volverás”; pero, por esa misma ambigüedad, se podría entender aplicado a “morirás” (“no morirás en la batalla”; o, bien, “¿Volverás? No. Morirás en la batalla)
Con el texto de la inscripción del Arco de la Victoria, en Moncloa, que hemos glosado en días pasados, ocurre algo parecido. La ambigüedad, ya sea intencionada o fortuita, reside, en este caso, en que la palabra ‘victura’ puede tomarse como participio de futuro del verbo ‘vincere’ (vencer’), pero también cabría tomarlo por participio de futuro del verbo ‘vivere’ (‘vivir)
Es cierto que, si nos inclinamos por una o por otra opción, debemos razonar por qué lo hacemos. Una razón muy a tener en cuenta la podemos explicar por el campo semántico. Veamos algún ejemplo que nos lo aclare:
victurosque dei celant, ut vivere durent
felix esse mori (Luc. B.C. 4.519-20)
(A los que van a vivir, los dioses les ocultan, para que persistan en su afán de vivir, que morir es la felicidad)
El campo semántico al que pertenecen los vocablos ‘victuros/ vivere’ hace que quede descartada automáticamente la posibilidad de que el participio ‘victuros’ sea, en este caso, del verbo ‘vincere’ (vencer), y sí del verbo ‘vivere’ (vivir)
En cambio, en el ejemplo de la inscripción, nos inclinamos por considerar que el participio de futuro ‘victura’ (referido a ‘mens’) corresponda ahora al campo semántico de ‘vincere’ (vencer) que ya aparece contenido en el adjetivo precedente, ‘victricibus’.
Otro ejemplo, esta vez tomado de Cicerón (Philip. 4.12.11)
_ Agitur enim non qua condicione victuri, sed victurine simus an cum supplicio ignominiaque perituri.
(Se trata, pues, no bajo qué condiciones vamos a vivir, sino si vamos a vivir o vamos a perecer con torturas y deshonor)
El campo semántico, en este caso, nos sitúa ahora frente al contraste, o el dilema, de vivir o perecer entre suplicios y deshonras. No cabe duda de que el participio ‘victuri’ corresponde ahora al futuro del verbo ‘vivere’.
Por tanto, aunque posible, la traducción del sintagma ‘iugiter victura’ de la inscripción de Moncloa, según la interpretación que se propone en el blog de Leguina, “que perennemente ha de vivir”, es menos probable que la que dice “que perennemente ha de vencer”. Así como las armas han vencido antes, la inteligencia vencerá siempre.
Es por esta razón que la propuesta que hemos hecho, en nuestra particular hermenéutica de la inscripción, creemos que permite sostener la hipótesis de que el autor de la misma quiso desmarcarse de la victoria militar y confiar en la futura victoria de la inteligencia.
El “no” puede entenderse aplicado al “volverás”; pero, por esa misma ambigüedad, se podría entender aplicado a “morirás” (“no morirás en la batalla”; o, bien, “¿Volverás? No. Morirás en la batalla)
Con el texto de la inscripción del Arco de la Victoria, en Moncloa, que hemos glosado en días pasados, ocurre algo parecido. La ambigüedad, ya sea intencionada o fortuita, reside, en este caso, en que la palabra ‘victura’ puede tomarse como participio de futuro del verbo ‘vincere’ (vencer’), pero también cabría tomarlo por participio de futuro del verbo ‘vivere’ (‘vivir)
Es cierto que, si nos inclinamos por una o por otra opción, debemos razonar por qué lo hacemos. Una razón muy a tener en cuenta la podemos explicar por el campo semántico. Veamos algún ejemplo que nos lo aclare:
victurosque dei celant, ut vivere durent
felix esse mori (Luc. B.C. 4.519-20)
(A los que van a vivir, los dioses les ocultan, para que persistan en su afán de vivir, que morir es la felicidad)
El campo semántico al que pertenecen los vocablos ‘victuros/ vivere’ hace que quede descartada automáticamente la posibilidad de que el participio ‘victuros’ sea, en este caso, del verbo ‘vincere’ (vencer), y sí del verbo ‘vivere’ (vivir)
En cambio, en el ejemplo de la inscripción, nos inclinamos por considerar que el participio de futuro ‘victura’ (referido a ‘mens’) corresponda ahora al campo semántico de ‘vincere’ (vencer) que ya aparece contenido en el adjetivo precedente, ‘victricibus’.
Otro ejemplo, esta vez tomado de Cicerón (Philip. 4.12.11)
_ Agitur enim non qua condicione victuri, sed victurine simus an cum supplicio ignominiaque perituri.
(Se trata, pues, no bajo qué condiciones vamos a vivir, sino si vamos a vivir o vamos a perecer con torturas y deshonor)
El campo semántico, en este caso, nos sitúa ahora frente al contraste, o el dilema, de vivir o perecer entre suplicios y deshonras. No cabe duda de que el participio ‘victuri’ corresponde ahora al futuro del verbo ‘vivere’.
Por tanto, aunque posible, la traducción del sintagma ‘iugiter victura’ de la inscripción de Moncloa, según la interpretación que se propone en el blog de Leguina, “que perennemente ha de vivir”, es menos probable que la que dice “que perennemente ha de vencer”. Así como las armas han vencido antes, la inteligencia vencerá siempre.
Es por esta razón que la propuesta que hemos hecho, en nuestra particular hermenéutica de la inscripción, creemos que permite sostener la hipótesis de que el autor de la misma quiso desmarcarse de la victoria militar y confiar en la futura victoria de la inteligencia.




















