lunes, mayo 04, 2015

El dios del Ripalda

Los catecúmenos de la religión católica recibíamos desde niños nuestras primeras enseñanzas en aquel compendio, tan divulgado, de la doctrina cristiana que fue el catecismo Ripalda.
Era un prontuario de reglas y normas, adaptado a la mentalidad infantil, para ser fácilmente entendido y asimilado por el neófito, un manual adaptado ad usum delphini, como se suele decir de aquellos tratados apropiados a la inteligencia pueril. Todo sencillo, elemental, sin complicaciones. Todo fácil y simple. Los preceptos se agrupaban en números precisos. El número clave solía ser el 7. Así, 7 eran los pecados capitales (ni uno más ni uno menos) y 7 las virtudes opuestas a ellos. Las obras de misericordia son (eran) 14, a saber, 7 espirituales y 7 corporales. En cuanto a las otras virtudes a tener en cuenta, también sumaban 7, pues había que contabilizar las llamadas teologales, que eran 3, a saber, fe, esperanza y caridad y las cardinales, que eran 4: prudencia, justicia, fortaleza y templanza. 7 también era el número de los sacramentos de la Iglesia. En cuanto a los mandamientos de la Ley de Dios, son 10, pero, ojo, los 3 primeros referidos a Dios y los 7 restantes al prójimo, o sea, a nuestros semejantes. Claro que esos 10 mandamientos podían reducirse, o resumirse, en 2: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo. Decididamente el 7 era el número preferido por la doctrina cristiana.

Pero era en la definición de Dios en la que se reflejaba el modelo de la sociedad heril (amo/siervo) que regía para las cosas humanas. ¿Quién era (es) Dios para el neófito, o catecúmeno, de esta 'infantilizada' sociedad? Pues, por lo pronto, Dios es "un señor". Si se quiere, el Señor por antonomasia. Pero el comienzo de la definición arranca de una generalización de la palabra 'señor'. Claro que es 'un señor' muy especial, puesto que es "infinitamente bueno, sabio y poderoso, principio y fin de todas las cosas". Pero, en definitiva, "un señor" más, pese a su singularidad, que lo peralta sobre el resto de los señores. 

El concepto del  'dios' que nos ofrecía el Ripalda era un concepto pobre, paupérrimo, infantilizado y hasta caricaturesco, el concepto de Dios que se administraba a las mentalidades infantiles, a cuya hechura se adaptaba el popular catecismo.

La primera razón para justificar el agnosticismo y hasta el ateísmo práctico del adulto era el recuerdo de esa vieja definición ad usum delphini que comenzaba diciendo que Dios es "un señor".

martes, abril 28, 2015

GARLIC DESERVES HONOUR ("El ajo merece honores")


Aceuchal está orgulloso de su producto típico, por  más que éste haya sido menospreciado y hasta denostado por gente que se las da de fina y selecta. Aceuchal le ha levantado un monumento al ajero, probablemente el único que hay en toda España y fuera de ella. Y esto prueba la singularidad del talento piporro, que se ha pretendido denigrar en alguna ocasión por algún presunto sabio de pacotilla o de 'guardarropía'. Conozco personalmente algún que otro caso. Celebro, por esto, que en el periódico HOY, correspondiente al día de la fecha, su colaborador habitual J.R. Alonso de la Torre, que aparece en la última página de este diario, se refiera elogiosamente al típico producto local de mi pueblo y escriba, entre otras cosas, lo siguiente: "El ajo castaño de Aceuchal, de los piporros, sabe mucho pero no se repite"... Al contrario del ajo al que se refiere cierto detractor, que 'sabe poco, pero se repite mucho'. En una entrada antigua de este mismo  blog  ya incluí el monumento piporro al ajero y dibujé, junto a su boca, en actitud de pregonar su mercancía, un 'bocadillo' de TBO, con la palabra 'ojalá'. Leída al revés, esta palabra remeda el pregón del ajero: ¡Al ajo! El aludido detractor 'repetía' el pregón, al revés, hasta ocho veces en su insulsa cuchufleta.

Que Dios lo haya perdonado, que, por mi parte, yo ya lo perdoné.

jueves, abril 23, 2015

EL DOCTOR PEDRO RECIO DE TIRTEAFUERA

Una considerable porción del contenido de la 2ª parte del Quijote la ocupa la narración de las burletas que organizaba el ingenioso y malévolo mayordomo de los duques a costa de los ocasionales huéspedes de éstos Don Quijote y Sancho, su fiel escudero. Toda la servidumbre de palacio participaba como comparsa en las burlas y reía a costa de la 'chifladura' de los famosos andariegos, cuyas aventuras 'andaban' ya impresas en libro, como 'tesoro de contento y mina de pasatiempos' de los desocupados lectores.

El doctor Pedro Recio de Tirteafuera era el supuesto médico encargado de velar por la salud de Sancho, cuando éste accedió a su puesto de gobernador de la ínsula Barataria. Fingía el falso médico velar por la salud de Sancho, pero lo que en realidad hacía era matarlo de hambre. El procedimiento no podía ser más refinado, en lo que tenía de tortura, con el pretexto de vigilar la salud del mandatario. Consistía en excitar su apetito, poniéndole a la vista los platos más suculentos, para retirárselos enseguida, con la excusa de que podían ser perjudiciales para su salud. Así, el apetitoso plato de perdices, le fue retirado, apelando a la autoridad de Hipócrates, el célebre médico de la antigüedad, que supuestamente había dicho lo de "omnis saturatio mala, perdicis autem pessima" (toda hartura es mala, pero la de perdiz es malísima)
Falso, radicalmente falso. Primero, porque Hipócrates no hablaba latín, sino griego. Y, segundo, porque el pobre Sancho no aspiraba a darse un atracón, sino que sólo pretendía alimentarse.

En fin, observen el acierto con el que el dibujante (Doré en este caso) ha caracterizado el severo semblante de Tirteafuera, tieso e intransigente. Todo un retrato psicológico. A tal ingenio como el de Cervantes, le venía al pelo la maestría de un ilustrador de la categoría de Gustavo Doré.

miércoles, abril 22, 2015

DORÉ, EL MEJOR ILUSTRADOR DE EL QUIJOTE


Cuando yo era alumno del Seminario de Badajoz tenía entre mis hobbies el de dibujar. Ejecutaba en fieles copias las ilustraciones de mis dibujantes predilectos, como por ejemplo, Gustavo Doré, posiblemente el mejor de los ilustradores de El Quijote. Aún conservo algunos dibujos de aquella época y hoy, a propósito de celebrarse el Día del Libro y aniversario 399 de la muerte de Cervantes (Francisco Rico nos ha recordado muy recientemente que Cervantes murió el 22 de abril de 1616 y que el día del sepelio fue el día después) En recuerdo de la efemérides y de mi antiguo hobby, reproduzco aquí una de las muchas copias que hice de aquellas ilustraciones de Doré. Se trata de la que representa al caballero de la Mancha auxiliando a su fiel escudero Sancho en el trance del efecto vomitivo que le ocasionó el llamado 'bálsamo de Fierabrás'. Don Quijote socorre a Sancho en el angustioso trance.
La reproducción prescinde de detalles superfluos para quedarse con la esencia de lo que Doré quiso representar. Pueden leerse las palabras 'Gustavo Doré', 'Juan García', 'Reproducción', 'Seminario'... Data, pues, como muy tarde, de junio de 1952. Yo abandoné el Seminario en las vacaciones del verano de ese año.


lunes, abril 20, 2015

SOBRE LA EVENTUALIDAD DE MORIR DEFECANDO


 Recuerdo, de mis tiempos del Seminario, que un día, en la clase de Don José Rodríguez Cruz, el docto profesor villafranqueño, quizás hablando sobre la imprevisibilidad de la muerte, citó un viejo dicho latino que yo nunca había oído hasta entonces. Era el de alius perit cacando ('otro murió mientras defecaba') La frase quedó grabada en mi memoria, quizás por lo insólito de esa eventualidad. Muchos años después, cuando yo me ocupaba en traducir del latín el poema del holandés Enrique Cock describiendo los pueblos de Zafra y las demás villas del Ducado, me encontré citada en este poema la ciudad de Zamora (Sentica, v. 202) Con ocasión de traducir el referido poema, leí otras composiciones del latinista holandés dedicadas a describir otras ciudades de España, por ejemplo, Madrid y Toledo. En un pasaje de este último poema encontré una nueva mención de la ciudad de Zamora en cierto pasaje del texto en el que se menciona las circunstancias de la muerte de Sancho II el Fuerte. Se trata de los versos 187-190 que traduzco aquí a continuación: "Entre tanto, el rey Sancho se levanta en armas contra su hermana Urraca, junto a la ilustre ciudad de nombre Zamora, a la que ciñe el río Duero con sus vórtices y cascadas, y es asesinado, cuando, desarmado, estaba evacuando su vientre".*
Tenemos, pues, un ejemplo histórico en la persona de Sancho II el Fuerte, al que le aconteció morir a manos del traidor Vellido Dolfos, aprovechando éste que el rey estaba desarmado haciendo sus necesidades. ¡Pobre Don Sancho! Si en vez de castellano hubiera sido catalán, sus paisanos lo habrían inmortalizado como el más ilustre de los caganers.
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* Interea Vrracae rex Sanctius arma sorori 
iuxta urbem movet egregiam cui Sentica nomen,
quam cingit rapidis et gurgite Durius undis,
cum ventrem exonerando suum mactatur inermis 
(Toleti urbis regiae heroica descriptio (vv. 187-90) 

martes, abril 14, 2015

ZAFRA TIENE YA UNA CALLE DEDICADA A ENRIQUE COCK

 Hasta ayer no me percaté de este detalle. Venía de ver a mi nietecita  ('la niña de mis ojos') y, de regreso, decidí tomar la dirección Oeste, más bañada por el sol del atardecer. Torcí finalmente hacia el N. y enfilé la calle Severiana Fernández que ha crecido en un nuevo barrio de edificaciones que sobrepasa los cien números. A la altura del número 102, giré la vista hacia una calle que desemboca en la dedicada a doña Severiana y vi, no sin sorpresa, que la calle ostentaba en la esquina el nombre de Enrique Cock. Una agradable sorpresa, sin duda, que me  producía satisfacción, al comprobar que, por fin, Zafra se mostraba agradecida con el autor holandés que escribió un poema en el que se describía en elegantes hexámetros latinos nuestra ciudad y los demás pueblos pertenecientes al Ducado de Feria. Poema que fue dedicado al segundo de los duques de Feria, Don Lorenzo IV Suárez de Figueroa. Las fechas en las que se compuso este poema, conservado en un manuscrito de la Biblioteca Nacional, fueron las que van del 25 de agosto de 1580 (derrota de los portugueses, que ya se menciona en el verso 33 del poema) al 14 de diciembre de 1581, que es la de la carta de Cock al Duque pidiéndole subvención para publicar el poema. Ambas fechas figuran como términos, respectivamente, post quem y ante quem, indicativos de que en ese intervalo hay que situar cronológicamente la composición del poema, sin tomar en consideración otros datos de muy incierta validez, tales como la supuesta alusión al poeta Cristóbal de Mesa y su publicación del poema Las Navas de Tolosa (1594) en el que se celebraban las glorias de la familia de los Suárez de Figueroa. El hecho de que en cierto pasaje del poema se aluda a una mesa (con minúscula) entre los enseres y lujos de la casa del duque, no nos da pie a deducir que se trata del poeta de ese nombre. Ese mueble, según podemos leer en versos posteriores, había sido labrado por insignes artesanos,(artificum magnorum insculpta labore) (v. 121) y en él se representaban diversas hazañas del César por antonomasia del siglo XVI, Carlos V. Nada nos autoriza a ver una alusión velada (¿por qué tendría que velarse?) al poeta Cristóbal de Mesa. Y, menos, interpretar que la palabra 'argentum' sea una inequívoca alusión a Pedro de Valencia.
Hoy sabemos muchas más cosas sobre la biografía de Enrique Cock gracias a la reciente publicación de su Epistolario, que ha sido objeto de una tesis doctoral presentada en la Universidad de Cádiz por el profesor Don Antonio Sánchez González. Tesis dirigida por los profesores Drs. Don Juan Gil Fernández y Don José Mª Maestre Maestre, catedráticos, respectivamente, de la Universidad de Sevilla y de Cádiz. Una tesis magníficamente documentada que mereció la máxima calificación.
Enrique Cock, el holandés que cantó a Zafra, tiene ya el merecido honor, después de tantos años, de que su nombre figure en el callejero zafrense. Ya era hora de que alguien tuviera la plausible idea (felicitamos a quien la propuso y al Ayuntamiento que la aprobó) de recompensar de esta forma los servicios que nuestro ilustre visitante prestó a esta ciudad, cuya fama acrecentó fuera de nuestras fronteras, gracias a ese idioma universal que, en aquella época, era el más conocido y utilizado por la Europa culta.  
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NOTA: El Sr. Secretario del Ayuntamiento de Zafra me informa, a requerimiento mío, de que la denominación  de la citada calle y de otras más, correspondientes a nuevas edificaciones de la ciudad, se tomó por el Consejo de Gobierno del citado Ayuntamiento con fecha de abril del año 2000. Es decir, este mes se cumplen 15 años de la existencia de la calle Enrique Cock, de la que yo no tenía noticia alguna de su existencia hasta ayer mismo.

martes, abril 07, 2015

LAS DOS ALTERNATIVAS QUE PARA SÓCRATES PODÍA SER LA MUERTE


Δυοῖν γὰρ θάτερον ἐστιν τὸ τεθνάναι· (Plat. Apol. Socr. 41.e.1)

En la parte final de La defensa de Sócrates, en la que Platón reproduce los discursos que el maestro hizo en su propia defensa, reflexiona Sócrates acerca de la doble alternativa que, según él, puede ser la muerte: "La muerte puede ser una de estas dos cosas: o bien la ausencia total de sensaciones, como la de un sueño profundo en el que nada se sueña, en el que la eternidad sería como 'una sola noche' (mía nyx) La otra alternativa es que, como también suele creerse, la muerte viniera a ser como un traslado o cambio de residencia de este mundo a otro, el mundo del alma, a donde van a parar quienes amaron la justicia y la verdad y la belleza: los artistas, los poetas, la buena gente, en general. En cualquiera de las dos hipótesis la muerte no es un mal. De modo que el sabio debe afrontarla con ánimo alegre. Sócrates muere con la conciencia tranquila de aquel que cree que ha cumplido con su deber.

De la muerte como sueño profundo nos hablan los poetas. Deseándola incluso, como supremo y definitivo descanso. Así Bécquer:
                             ¡Cuándo podré dormir con ese sueño
                               en que acaba el soñar!  (Rima XLVIII)
                 

En ese mismo profundo sueño piensa Manuel Machado cuando, en su poemita titulado "Morir, dormir" escribe: 

                              - Hijo, para descansar
                                es necesario dormir:
                                no pensar,
                                no sentir,
                                no soñar.

                            - Madre, para descansar
                              morir.                                                       
                             

Pero, en la otra alternativa, de las dos que nos habla Sócrates, en la que el alma emigra al reino de la justicia, la verdad y la belleza, también la muerte promete ser un bien, el mayor bien. Imagina Sócrates que en ese mundo donde reina la justicia, la belleza y la verdad, podrá reunirse con poetas como Homero y Hesíodo, y con jueces justos, tales como Eaco, Minos y Radamanto. Jueces que de verdad practican y ejercen la justicia; no como los de esta vida, que no siempre son justos y condenan injustamente, como puede verse en el caso de Sócrates.

 Así que, ya sea para ir al cielo que les espera a los que obraron el bien, o para caer en la nada, la muerte no debe asustarnos en ningún caso.Nuestro querido paisano, el poeta extremeño Luis Álvarez Lencero, en su libro Tierra dormida, escrito bajo la fuerte impresión que le causó la muerte de su amigo el poeta Manuel de Monterrey, nos dice en un poema, encabezado por unos versos de Antonio Machado (Yo, para todo viaje, / siempre sobre la madera / de mi vagón de tercera / voy ligero de equipaje")

                              Cualquier día nos iremos                       
                              donde nadie quiere ir:
                              todos hemos de partir
                              y nunca regresaremos.
                              Por más que desesperemos
                              en la vía esperará
                              el tren que nos llevará
                              en un vagón de tercera,
                             o en segunda, o en primera,
                             ¡Qué más da!

                              Cuando la campana dé
                              la hora de la salida
                              no habrá retraso que impida
                              abandonar el andén.
                              En punto saldrá ese tren
                              que no deja de silbar
                              y en la estación quedará
                              nuestra piel arrinconada
                              para soñar con la nada.
                             ¡Qué más da!

     
                             Desnudos nos han parido                     
                              y nos iremos desnudos.
                             ¡Para qué con tantos nudos
                              nos atan el apellido!
                              La soledad y el olvido
                              son puertas de par en par
                              por las que hemos de entrar
                              a ser pasto del gusano.
                              Sea más tarde o más temprano,
                              ¡Qué más da!

                              El título de viajero             
                              ya nos lo dan al nacer,
                              nadie se queda sin él,
                              no se compra con dinero.
                              Ni al rico ni al pordiosero
                              billetes les cobrarán:
                              todos pagan por igual
                              en este largo viaje.
                              Y no hace falta equipaje...
                              ¡Qué más da!

miércoles, marzo 18, 2015

LA NIÑA DE MIS OJOS


"Por una sonrisa un cielo" (Bécquer, Rima XXIII) 

Bécquer ofrecía a cambio de una mirada de su chica predilecta un mundo y, por una sonrisa, un cielo. La niña de mis ojos, María, nos da aquí además de su mirada, su sonrisa. Y no hay que pagarle con un 'cielo' porque el cielo es ella misma, con su infantil inocencia y su gracia. Lo del beso no se oferta aquí, pues no se trata del amor erótico cuya finalidad es siempre interesada. El beso se lo doy yo, que ya me siento suficientemente compensado por su mirada y su sonrisa. Que Dios te guarde, mi querida niña, y a tus padres para que te críen con salud y llegues a ser la linda y guapa moza que prometes ser. Y que ninguna pesadumbre empañe esa inocente sonrisa que nos reconcilia con la vida y nos anima a seguir en ella.
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NOTA: Excusado es decir que se trata de mi nieta
                                                    

domingo, febrero 08, 2015

EVOCANDO AL PROFESOR SENABRE

En la fotografía adjunta aparecemos, de izquierda a derecha, el autor de este blog, de pie, leyendo probablemente su comunicación a este 5º Congreso de Escritores Extremeños.
Presidiendo la mesa aparece el profesor Don Ricardo Senabre y, a su izquierda, el escritor de Nogales, José Antonio Ramírez Lozano.
El congreso tuvo lugar en el Hotel Huerta Honda de Zafra, del 26 al 28 de mayo de 1989. He encontrado entre mis papeles la foto y me ha parecido oportuno reproducirla en esta entrada, a propósito de la reciente noticia del fallecimiento, el pasado jueves, de uno de los más prestigiosos docentes que han pasado por la Universidad de Extremadura. Tuve el honor de relacionarme con él epistolarmente durante algún tiempo y de que me obsequiase con algunas de sus publicaciones, como su librito Tres estudios sobre Fray Luis de León, en ejemplar dedicado que conservo.

Entre sus cartas, que guardo con aprecio, he seleccionado una en la que me agradece el envío de un ejemplar de la 1ª edición de mi libro De la Vida a la Teoría. A propósito de mi ensayo,"La hombría como virtud en Miguel Hernández y en Luis Álvarez Lencero", presentado en el aludido congreso y recogido después en este libro, me comenta con naturalidad, elogiosamente, el libro de Marcela López Hernández (sin mencionar en ningún momento la relación familiar que le une a ella) sobre El vocabulario de la obra poética de Miguel Hernández. Conozco el libro y reconozco su enorme importancia y utilidad para desentrañar las claves de Perito en lunas, libro ciertamente de difícil comprensión, si no conocemos previamente esas claves.  A propósito de mi ensayo, citado más arriba, sobre el oriolano y el extremeño, recuerda la octava IV de Perito ("Por el lugar mejor de tu persona / donde capullo tórnase la seda...") Y dice: "El 'lugar mejor' de quien se caracteriza por su valor y su hombría reside, claro, en los genitales, donde capullo tórnase la seda, (de la taleguilla), jugando con otro sentido de 'capullo' e invirtiendo el proceso natural del capullo a la seda".

He querido recordar aquí, en honor del maestro desaparecido, su ameno comentario del texto hernandiano. Descanse en paz.

lunes, enero 19, 2015

DE CUANDO SAN AUDITO MÁRTIR DIJO AQUELLO DE “ME VAN A OIR”

Esta mañana me eché de la cama con el propósito de poner en claro algunas ideas que comenzaban a bullir en mi mente sobre la posibilidad de escribir algo acerca del tema que da título a este artículo. Veremos si puedo decir algo interesante sobre el particular, partiendo del nombre del santo; nombre que, como puede apreciarse a simple vista, es la completa antítesis de lo ‘inaudito’. Porque es el caso que, casi a raíz del comienzo de la Edad Moderna, el nombre de este santo cayó en el olvido, hasta el punto de ser descatalogado de los modernos santorales. Gracias a que nuestro paisano de Fregenal, el ilustre Arias Montano, se le ocurrió mencionarlo en una oda sáfica en Latín, se ha vuelto a ‘oír’ de San Audito, a rescatarlo del olvido. En mi opinión, modesta por supuesto, deberíamos incluso proponerlo para un patronazgo. Muchos santos pueden estar orgullosos de ser patronos de algo. Así San Huberto, o San Humberto (si mal no recuerdo) es el patrón de los cazadores; Santa Cecilia, de los músicos, San Antón (cuya fiesta celebrábamos ayer mismo) es algo así como el jefe celestial de la Sociedad Protectora de Animales: la gente le encomienda sus animales de compañía, sus ‘mascotas’, para que los bendiga y proteja.

¿Y San Audito? En mi personal experiencia, San Audito debería postularse para patrón de los indocumentados. A su protección y amparo debemos acogernos cuando vayamos a emprender cualquier investigación, ya sea filológica o de otro tipo. La primera obligación de los devotos de este santo es la de procurarse información, por supuesto, veraz. Porque no toda información lo es. Un ejemplo a seguir nos lo ha dado al respecto, no hace muchos años, el ilustre catedrático de la Universidad de Cádiz, Dr. José Mª Maestre. Desde comienzos del pasado siglo, cuando en 1910 el P. Mariano Gutiérrez Cabezón editó el poema en estrofas sáficas latinas descubierto por él en un manuscrito de la Biblioteca de El Escorial (poema que él tituló ‘De incolumitate fontis Ariae Montani’) se venía dando por supuesto que la fuente a la que se refería el poema no era otra que la llamada fuente de la Peña de Alájar, o fuente de Arias Montano. ¿Qué otra fuente podía ser? No podía ser más que la conocidísima fuente de la Peña de Arias Montano. Suposición ciertamente lógica, pero gratuita. Sólo que hubo un investigador concienzudo, el ya citado profesor Maestre, que intentó averiguar, desde el primer momento de su investigación, quién era San Audito.

Y siguiendo esa pista llegó a su conclusión, tan palmaria como ‘inaudita’, de que la que se había creído hasta entonces la fuente destinataria de la oda montaniana, no era la que está en la Peña de Alájar, sino otra, que estuvo localizada en los terrenos del antiguo monasterio de Santoid, o San Audito, cerca de Buitrago (Guadalajara).

Cayó el mito de que la celebrada oda de Montano se refería a la fuente de la Peña de Alájar. Fue una lluviosa tarde del 18 de octubre de 2001 en la ermita de la Peña de Arias Montano, dedicada a Ntra. Señora de los Ángeles.

La fuente de la Peña fue desposeída de su más honorífico, aunque falso, título: el de haber sido celebrada por su más ilustre propietario.

Estábamos en un error quienes habíamos supuesto, gratuitamente, que la fuente cantada en la oda era la de la Peña de Alájar. Desde Gutiérrez Cabezón, pasando por Mora Mantero, José Andrés Vázquez, Agustín de Foxá * , Florentino Pérez Embid, y muchos otros más, hasta llegar a este humilde servidor de ustedes.

A todos nos había castigado el santo por el olvido en que lo teníamos, pese a la expresa mención que de él había hecho Montano en su oda. Era un olvido verdaderamente imperdonable que, en este caso, equivalía a cambiarle su nombre por el de su antónimo: lo inaudito. A todos aquellos descuidados investigadores que no le habíamos prestado atención, parecía decirnos, un tanto socarronamente, el santo:

- ¡Pues me vais a oír!
_______

* Ver A. de Foxá, OBRAS COMPLETAS, t. II, “Artículos y Ensayos”, Edit. Prensa Española, 1971) (artículo titulado “Por la sierra de Aracena”, publicado en ABC de Madrid, 10-11-1945)

jueves, diciembre 25, 2014

NUEVAS REFLEXIONES SOBRE LA FUENTE DE ARIAS MONTANO

Ya he contado aquí en otra ocasión (11-7-2010) a cuál de las dos fuentes de Arias Montano me refiero, la de Buitrago del Lozoya, en Madrid, o la de Aracena, junto a la llamada Peña de Arias Montano, en la sierra de Huelva. Siempre se creyó que las estrofas sáficas latinas que el biblista de Fregenal compuso se referían a esta última fuente. Hubo que padecer algunas equivocaciones, tanto en la adecuada transcripción del poema montaniano, como en la gratuita suposición de que la celebrada fuente era la de la Peña de Aracena.

Hasta que el doctor Don José María Maestre y, posiblemente, su maestro Don Juan Gil, tomaron cartas en el asunto y se pudieron aclarar, por fin, los varios enigmas que encerraba la oda “ Pro incolumitate fontis Ariae Montani”.

El primero fue el de recuperar para el santoral el nombre de un santo descatalogado que figura en la segunda estrofa de la oda. Se trata de San Audito, santo del que “numquam audivimus” (o sea, más bien, San Inaudito). Este santo tuvo su correspondiente monasterio, durante la época medieval, en Buitrago, en la provincia de Madrid. Cuando ya sus frailes se aburrieron y se marcharon de allí, el edificio fue adquirido por el Cardenal Cisneros, para utilizarlo como residencia de verano de los estudiantes de Alcalá. Un Montano bastante joven residió allí como estudiante y durante ese tiempo, aprovechando los ratos libres, pudo excavar una fuente y componer unos versos en latín, pidiéndole a la Virgen protección para esa fuente, que él mismo había cavado con la ayuda de un azadón.

Una vez puesta en funcionamiento la fuente, nada mejor que dedicársela a la Virgen, con el propósito de ponerla bajo su protección:

Cuida tú, Virgen, de mi amada fuente 
que, hace poco, mis manos excavaron
de la gravosa azada con el duro
diente de bronce.

La estrofa siguiente presentaba un problema de transcripción en la primera palabra del verso 4º, el adónico. Quienes habíamos antes tropezado en ella leíamos un presunto “lúgier”, que, según las trazas, podría ser la forma pasiva del infinitivo activo de un posible “lugĕre”. La solución no era satisfactoria, puesto que el verbo latino “lugēre” pertenece a la segunda conjugación y su infinitivo presente pasivo, en la forma correcta, sería “lugerier”. Pero, claro, esta forma no encajaba métricamente en el adónico. Y pese a la muy improbable existencia de una forma ‘alotrópica’, no atestiguada por lo demás en los autores clásicos, de un verbo “lugĕre”, de la 3ª, dimos por hecho que el tal verbo pudo existir en la imaginación de Montano, como un sustitutivo de “lugēre”. Pero la verdad es que no se trataba de la manida metáfora de que “las fuentes lloran”. Antes de que el profesor Maestre nos sacara de nuestro despiste, los que habíamos leído “lúgier” no habíamos reparado que el presunto acento prosódico (inexistente en latín) no era más que el llamado ‘signo de nasalidad’ (que sustituye a la ‘n’ o la ‘m’ en la grafía medieval y renacentista de estas letras) y que lo que habíamos tomado por una ‘l’ no era otra cosa que la llamada ‘i’ longa. En resumen, que en vez de ‘lúgier’, lo que allí debía leerse era ‘iungier’. Y, siendo esto así, no se trataba de ninguna especie de llanto por parte de la presuntamente llorosa fuente. Sencillamente, era que el agua de la poza sobre la que cae el chorro que mana, quiere que continúe esta unión incesante entre el uno y la otra:

Mira, fluyendo de la roca viva, 
precipitarse, trémulas, sus ondas;
y el líquido del fondo cómo quiere u-
nirse al que cae.

Esta segunda traducción, por mi parte, se permitía esa especie de cabriola métrica que consiste en hacer una sinalefa entre el sáfico y el adónico siguiente, floritura de la que hay suficientes ejemplos en los poetas que cultivan el verso eólico: ... - Iove non probante u- / xorius amnis (Hor. C.2.19); o, simplemente, partir una palabra en sílabas que corresponden al sáfico y al adónico siguiente: ... neque purpura ve-/ nale nec auro (ibi. 2.16) Finalmente, un verso dudoso de Catulo (11.11):

... Gallicum Rhenum† horribilesque † ulti-
mosque Britannos.

Por último, la estrofa 8ª presentaba la dificultad de interpretar correctamente la forma “crepet”, del verbo de la 1ª “crepare”. Ninguno de los traductores hasta ese momento habíamos logrado interpretar ese “ruido” que debería asustar a las culebras o serpientes venenosas cuando se acercaran a la fuente, el ruido que debería ahuyentarlas del lugar. “Crepare” es el ruido que hace algo al estallar, por ejemplo, un globo elástico, una vejiga (vesica displodens) . Si la primera culebra que se aproxima a la fuente estalla o revienta, como un triquitraque, las otras que merodeen por el lugar se espantarán y se alejarán para siempre.
Este es el sentido del verbo “crepare” (que también puede referirse al ruido de la ventosidad). Yo traduje, cautelosamente, el “crepet” por “un crujido suene”, sin determinar el origen de ese presunto “crujido”. Se trataba del ruido que podría producirse al reventar la propia culebra, antes de tocar las aguas protegidas por la divinidad.

Se me ocurre que si a Montano le hubiera dado por redactar su verso de otro modo, por ejemplo, este:
                       impetat lymphas pereat crepando

donde “crepet” se puede interpretar por “rumpatur” (es decir, ‘perezca estallando’)la cosa hubiera sido más fácil de entender. La construcción sería métricamente correcta y además, semejante a otra que se da en una estrofa anterior (“tegat inminendo”, v. 23)

En fin, todo esto es, naturalmente, “a toro pasado”. Lo cierto es que hasta que salió a la luz el magistral estudio de Maestre (en una memorable jornada celebrada en la Peña, donde tuvo lugar su brillante exposición) no se aclararon, de una vez por todas, las interpretaciones, no del todo correctas, de la oda montaniana.

Desde aquel día ya no existe la menor sombra de duda sobre la correcta transcripción e interpretación de la oda “Pro incolumitate mei fontis" (Por la preservación de mi fuente) Mía, decía Montano, porque la había excavado él, pero menos suya que la de la Peña de Aracena, porque ésta formaba parte de una finca de su propiedad. Esta fuente era verdaderamente suya, porque la finca donde se encuentra la había comprado él.
_____  

NOTA: El estudio del profesor Dr. José Mª Maestre se publicó en las Actas que llevan por título BENITO ARIAS MONTANO Y LOS HUMANISTAS DE SU TIEMPO (Mérida, 2006) vol. I, pp. 413-476)

sábado, diciembre 13, 2014

DEL HOMO SAPIENS AL HOMO ECOLOGICVS

El siglo XVIII en Europa se caracteriza por ser el siglo de los naturalistas. En él alcanza su máximo apogeo el estudio y clasificación de las especies zoológicas y botánicas, que se verá incrementado en el siglo siguiente por otros ilustres naturalistas como Cuvier y, sobre todo, Darwin. Pero los fundamentos de las ciencias biológicas tienen lugar en el siglo anterior, con figuras como Linneo y Buffon. Se acomete la ingente tarea de clasificar las especies animales y vegetales; entre las primeras, la especie humana, a la que el naturalista Linneo asigna, en 1758, el distintivo de “homo sapiens”. La honrosa calificación es, desde entonces, aplicable a todo “bípedo implume”, tanto si es verdaderamente sabio como si es un vulgar zote o marmolillo.

Pero el pretendido “homo sapiens” (cosa que no parecieron sospechar los bienintencionados naturalistas dieciochescos) comenzó a convertirse en el gran depredador de la Naturaleza, considerada ésta como abastecedora (despensa) a la vez que habitáculo y residencia de la especie dominante.



El “homo sapiens” ha venido a ser, con el tiempo, el más formidable obstáculo para la conservación de la biosfera. Su ‘sabiduría’ le está sirviendo ahora para tomar conciencia de que el deterioro que a escala mundial está sufriendo el planeta está siendo causado, principalmente, por la nefasta influencia que él ejerce sobre el llamado medio ambiente. El cambio climático es uno de los efectos más perceptibles que tenemos a la vista y cuyas consecuencias no auguran nada bueno. Se advierten sus efectos en todas las latitudes del globo terráqueo: el hielo de los polos se derrite y la fauna que antes se desenvolvía bien en este medio ahora lo hace cada vez con mayor dificultad.



Disminuye la masa arbórea, principal suministradora del oxígeno necesario para la vida, impidiendo el conveniente intercambio del dióxido de carbono facilitado por la función clorofílica; se trastorna y se desequilibra este intercambio con el desproporcionado crecimiento de las combustiones: el mundo está “que arde”, literalmente. Combustiones por tierra, mar y aire, que aceleran el llamado “efecto invernadero”.



Con el invento del fuego, el hombre antiguo tuvo ya el pálpito de que había cometido una transgresión. Prometeo, el favorecedor de la Humanidad, con el robo del fuego traído del cielo, se convirtió en un potencial enemigo de la misma. Y como tal fue castigado a ser encadenado a una roca y a que un buitre le picotease el hígado que, constantemente, se le regenera. Admitamos, pese a todo, que Prometeo fue un bienintencionado y que quiso hacerle un favor a la Humanidad. Quizás el logro prometeico no hubiera sido tan funesto, si el hombre hubiera aprendido antes a utilizar la energía no contaminante: la solar, la eólica, la hidráulica. La utilización de los combustibles fósiles ha resultado ser la más perjudicial para la biosfera. Y ese avance hacia la creciente degradación ambiental está poniendo en entredicho el título que le hacía acreedor al más relevante puesto en la escala zoológica. El “homo sapiens” se viene haciendo merecedor últimamente a ser desposeído de ese título para ser degradado a la categoría de “homo insipiens”. *



Para recuperar su antiguo prestigio en la escala zoológica, para librarse de esa connotación que se ha ido ganando a pulso con su actuación necia y suicida, el hombre tiene que reconciliarse con la Naturaleza y convertirse en una nueva especie regenerada; adoptando y poniendo al día los saludables preceptos que descubrió en sus etapas de mayor lucidez, cuando intuyó que la más adecuada manera de consolidar su sabiduría era la de “vivir en armonía con la Naturaleza”, según el viejo precepto de Zenón que nos ha conservado Diógenes Laercio en sus Vidas de los filósofos: “Fue Zenón quien primero dijo, en su Sobre la naturaleza del hombre, que el objeto principal de la sabiduría es el de vivir de acuerdo con la Naturaleza”**



Este ideal es el que puede llevarle a recuperar la antigua dignidad perdida de “homo sapiens”. Cuando logre esa armonía con la Naturaleza, tras haberse reconciliado con ella, el hombre será acreedor a estrenar su nuevo título en la nomenclatura zoológica: el de “homo ecologicus” y, con él, habrá recuperado su antigua dignidad de “homo sapiens”.
_________
*Ver "Homo insipiens", HOY, 1-6-92 (recogido en ARTÍCULOS DE AYER Y DE HOY, pp. 28-29, autoed. (2014)
** Ver Dióg. Laert. Vita Phil. (7.88.2):(vivir conforme a la Naturaleza) (τὸ  ὰκολούθως  τῇ  φύσει  ζῆν) 

martes, diciembre 09, 2014

EVOCACIÓN DE JORGE LLOPIS

Reproduzco aquí la fotografía de Jorge Llopis, que tomo de la contraportada de uno de sus libros paródicos: La rebelión de las musas. La faz del autor no se corresponde con lo que cabría esperar de su ingenio desenfadado. Sus rasgos delatan una especie de tristeza y gravedad que no casan bien con el tono lúdico y jocoso de sus imitaciones paródicas. Quizás el presentimiento de su cercana muerte ya le rondaba, pues su carrera como autor cómico fue breve y meteórica. Sólo vivió 57 años (1919-1976)


Sus aptitudes para la parodia, o sea, la imitación burlesca, las demostró en dos de sus libros más hilarantes: Las mil peores poesías de la lengua castellana  y el citado más arriba, La rebelión de las musas. Del primero de estos libros he seleccionado la parodia sobre el arpa olvidada, de la conocida rima de Bécquer. La de Llopis creo que se titula “Rima del huevo frito” y dice:

Del salón en el centro la mesa
ostentaba el condumio casero;
y en el plato, de límpida loza,
veíase el huevo.

¡Cuánta clara tenía su clara,
cuánta yema tenía en su pecho,
esperando la mano de nieve
que moje en su centro!

¡Ay,-pensé- cuántas veces el hombre
está frito, cual tímido huevo,
esperando una voz que le diga:
“¡este mes te subimos el sueldo!”

Recuerdo también unos alejandrinos del mismo autor, leídos en no sé qué revista de humor, que decían así:

Con la inquietud a cuestas yo voy por el sendero
con la mano extendida de pasión y ternura,
la frente entre las nubes y el pie sobre el otero
(aunque parezca incómoda esta extraña postura)

Yo subo a la montaña, yo asciendo a la colina,
yo voy entre los vientos en pos del huracán.
Y voy también, a veces, con transbordo en La Encina,
A Cartagena, a Murcia o a Alcázar de San Juan.

Yo busco la respuesta excepcional y rara
que aclare mil ignotos pensamientos arcanos:
quiero saber, ¡demonio!, por qué la vida es cara
y si solución tienen los transportes urbanos.

Yo escucho en el silencio el mensaje postrero
que a las puertas del alma nos envían quizás.
Salgo a ver y resulta que ha llegado el cartero
o ese señor que mira el contador del gas.

Mas, sin duda, en la noche hay una voz que llama
y de repente oímos en la quietud silente:
es Antonio Molina, Deglané o Valderrama,
que a todo meter pone la vecina de enfrente.

Por último, recuerdo ahora unos versos pertenecientes a una parodia de teatro clásico, cuyo título, si mal no recuerdo, era Los Pelópidas:

Ampurias, la de las flores,
que con tus gratos olores
has perfumado mi vida,
Ampurias, patria querida,
Ampurias de mis amores.

No hace falta decir la popular canción que evocan estos versos.

Sirva este recuerdo como un sencillo homenaje al autor desaparecido, que tan sanamente nos hizo reír en otros tiempos, en los que también nosotros éramos jóvenes.

jueves, noviembre 20, 2014

DOS SONRISAS EN DETALLE

     Detalle de la sonrisa de Monna Lisa
Fijémonos en el detalle de la sonrisa más interesante de la pintura universal. Aquí se reproduce en detalle el famoso cuadro de Leonardo, uno de los tesoros del Louvre. Falta la parte del rostro en la que se ven los ojos, ligeramente sesgados a la izquierda, indicando que no mira al presente sino al pasado. Su memoria parece trasladarse a un grato recuerdo. Todo converge hacia una fijación placentera.

La sonrisa de Monna Lisa se inicia en la comisura izquierda de la boca. La sonrisa de María, en mi anterior entrada, se agrupa hacia el centro de la boca: se insinúa desde las comisuras centrales del labio superior. Y sus ojos, cerrados, delatan la contemplación interior de un sueño placentero. Esta Monna Lisa está dormida y la de Leonardo, despierta, bien que absorta en la placentera visión recordada. Pero mientras en la sonrisa de la Monna Lisa de Leonardo cabe la posibilidad de sospechar un matiz de picardía atribuible al adulto, en la infantil sonrisa de María sólo cabe pensar en la placidez de la inocencia. Ahí está la diferencia entre una y otra sonrisa.

domingo, noviembre 16, 2014

SONRISA MÁS DULCE NO SABE GIOCONDA

Contemplando esta preciosidad de criatura que es mi nietecita María, me viene a la memoria un verso del gran Rubén Darío en sus Cantos de Vida y Esperanza:

Sonrisa más dulce no sabe Gioconda

Se trata (según he podido localizarlo después) del verso 6 del poema "Salu-tación a Leonardo". Todo un poema la imagen de esta criaturita de apenas dos semanas de vida. ¿Qué visión beatífica está contemplando que hace que se le dibuje en el rostro esa plácida sonrisa?

El arte fotográfico compite en este caso con el arte pictórico. La famosa pintura de Leonardo que está en el Museo del Louvre representa la sonrisa de una mujer adulta, la célebre Monna Lisa. En el retrato de Leonardo, la mujer esboza una leve sonrisa, como evocando algo inefable y grato.

En este caso (el de la foto adjunta) la mamá de la criatura ha sido la artífice que ha sabido plasmar ese momento en que la niña experimenta una agradable sensación de placidez, tras haberse nutrido de la ubre materna.

María sonríe plácidamente, ahita de leche y de inocencia. ¡Sonrisa más dulce no sabe Gioconda!

jueves, noviembre 13, 2014

NUEVA GLOSA DE LA OCTAVA XXXIV DE PERITO EN LUNAS

La interpretación del lenguaje poético de Miguel Hernández, en particular el  que atañe a la etapa de Perito en lunas, debe tener en cuenta la frecuente  polisemia de las palabras en ese lenguaje poético. Así, por ejemplo, la palabra Europa puede significar la taza del WC (por su color blanco) pero, también, según el caso, la jaca del picador, montada por éste, lo mismo que Europa, la doncella fenicia, montó en su día a Júpiter metamorfoseado en toro. Hay que tener en cuenta la bisemia, o polisemia, que pueden presentar las palabras, bien por su propia naturaleza o porque el poeta les ha conferido esa polivalencia.

En la palabra "coral" (con que comienza la octava que aquí glosamos) se pueden considerar, de principio, un par de significados, según le antepongamos el artículo 'la' o el artículo 'el'. En el primer caso, se trata de un conjunto musical de voces. En el segundo, de una sustancia que se encuentra en los arrecifes submarinos. Pero, tambien, tanto el coral como la coral, pueden referirse a cada uno de los individuos que integran una coral o un arrecife coralígeno.

Considerando los prenotandos que van dichos, estamos en condiciones de poder suponer que esta coral que canta se refiere a un individuo o grupo musical. Pero resulta que quien canta es 'una noche'. ¿Qué clase de 'noche' es ésta? Una noche que tiene 'filos' (al filo de la noche, al filo de la madrugada) y por uno de esos 'filos' canta. Este 'filo' es el pico. Y, por el otro, el ano, "su luna siembra, para / otra redonda noche,  luna clara, / -¡la más clara!-, con un sol en sigilo/". La luna clara es... el huevo (la más clara, porque contiene la clara, o albúmina y, envuelta en ella, la yema: "un sol en sigilo". Atando cabos podemos interpretar el acertijo de este modo: La coral es, en este caso, una gallina negra que acaba de poner un huevo, destinado a la sartén (= redonda noche). El huevo tiene la forma del dirigible, o zeppelín, cuando se dirige, "llevado en vilo", a la sartén. Si no hubiera sido echado en las "hirvientes sombras" del aceite caliente, hubiera podido salir de él el futuro gallo que, como un rejoneador monta a la jaca, montaría a la gallina (=potro)  (desplegando las alas "en abanico", para mantener el equilibrio sobre ella)

Mejor que imaginarse todo lo que nos sugiere esta parábola, es ayudarse de unas imágenes al efecto donde se ve a la gallina (componente de la coral del gallinero) cantando por el filo del pico y poniendo el huevo (sembrando su luna) Video adjunto:

https://www.youtube.com/watch?v=uVuX3R5kNq0

 En cuanto al "galán rejoneador" podemos verlo actuar en el video


martes, noviembre 11, 2014

ALGUNAS ANÉCDOTAS DEL SEMINARIO DE BADAJOZ

Se ha celebrado recientemente el centenario número 350 de la creación del Seminario de Badajoz. Para conmemorar esta efemérides el Centro de Estudios Extremeños ha preparado un número extraordinario de la Revista de Estudios Extremeños en el que he colaborado con un artículo, relatando mi trato personal con los poetas que por aquellas fechas* estudiaban allí. Acompaño la semblanza de cada uno de ellos con unos dibujos en los que he procurado retratar sus respectivas fisonomías. La del poeta Pedro Belloso se acompaña de una fotografía.

En la redacción de ese artículo he echado mano de mis recuerdos personales sobre los poetas que allí traté y conocí. No he incluido a mi buen amigo Benito Acosta porque por aquellas fechas era sólo un poeta en ciernes. Benito reside actualmente en Málaga y ha publicado muchos libros, tanto de poesía como de investigación bíblica.
 Y ahora es momento de recordar una simpática publicación que se confeccionaba íntegramente a mano y se solía ilustrar con dibujos y caricaturas. En ella colaboraban, sobre todo, los seminaristas mayores (teólogos y filósofos) con poesías, dibujos y relatos en prosa. Yo también llegué a colaborar en ella, al menos una vez, con la caricatura del poeta Nazario Ortiz (seudónimo de Francisco Cañamero) El título de la revistilla humorística era Chumbi y su publicación coincidía con las grandes solemnidades que correspondían a las más señaladas fechas del calendario escolar del centro: el Día de San José (que era también el Día del Seminario) era una de estas fechas. En cuanto al contenido de la revista se resumía en un lema que modificaba el conocido lema de Juan Ramón Jiménez “Amor y Poesía cada día”. Sólo que la palabra “amor” se canjeaba por la palabra “humor”. La publicación era esperada con regocijo por las tres comunidades en que se agrupaba a los seminaristas: latinos, filósofos y teólogos. O, también, pequeños, medianos y mayores. Se leía en el comedor grande, contiguo a otro más pequeño. En este último ‘manducaban’ los teólogos y, en el primero, los latinos y los filósofos. Ese día se abrían las ventanas que comunicaban ambos refectorios para que todos, pequeños, medianos y mayores, pudieran oír la lectura de la revista festiva. En ella se incluían poesías, cuentos y ocurrencias, con la glosa humorística de algunos sucesos hilarantes que habían ocurrido desde la última edición de la revista. Chumbi comentaba jocosamente algunos hechos anecdóticos que se podían catalogar como ‘memorables’ dentro del monótono discurrir diario de la vida común.
 Entre las actividades encaminadas a formar al futuro sacerdote estaba la de prepararlo para ejercer la oratoria sagrada. A partir del 1º curso de Filosofía, el alumno estaba obligado a preparar un sermón que, generalmente, pronunciaba una vez en el año, desde el púlpito del comedor. Este púlpito tenía, además de la función de servir de tribuna al futuro orador sagrado, la de servir de estrado al lector de turno (normalmente se turnaba el lector cada semana) En el desayuno la lectura habitual era la de la Imitación de Cristo, de Tomás de Kempis, que de tanto oírla nos sabíamos casi de memoria. En uno de aquellos sermones de ensayo, el seminarista santeño llamado Serapio Corchado habló sobre los remordimientos de Caín, tras haber matado a su hermano Abel. El remordimiento perseguía al homicida por medio de extrañas visiones, en este caso, el conocido anagrama del ojo enmarcado en un triángulo, representativo del lema “Dios todo lo ve”. Así, dondequiera que se escondía Caín, “el ojo grande lo miraba”. El orador novato llegó a repetir esta expresión varias veces. La frase quedó grabada en la memoria de todos los oyentes. Nada tenía de extraño que en la próxima edición del Chumbi, en la sección de anuncios, apareciera el siguiente: “Oculista de Los Santos: especialidad en ojos grandes”.
La alusión al inolvidable sermón de Serapio resultaba hilarante.

Otro de los recursos cómicos que se utilizaron en el Chumbi era la oportuna aplicación humorística de las enseñanzas del Kempis. Así, por ejemplo, el seminarista Bazago Donaire poseía una enorme linterna, muy útil para desplazarse por los oscuros pasillos del Seminario, sobre todo cuando en las tardes de invierno, había que acudir a la barbería a trasquilarse cada mes. A Bazago le cuadraba muy bien aquella frase del Kempis que reza: “Quien me sigue no anda en tinieblas”. Otra de estas frases le venía a la medida al compañero  Ramón Rodríguez Bordallo. Entre sus compañeros del 2º curso de Filosofía, Bordallo se destacaba por su aspecto aniñado, imberbe, frente al común de sus condiscípulos, con aspecto de hombres hechos y derechos. En el Chumbi se aplicó a Bordallo otra conocida frase del Kempis: “Cada vez que estuve entre los hombres volví menos hombre”.

Por último quiero referirme a otra anécdota esta vez concerniente a mi modesta persona. 

Como cada quisque, yo también tuve que pronunciar mi correspondiente sermón en el comedor. Ni siquiera recuerdo ahora sobre qué tema versó. Sólo recuerdo que el prefecto de guardia en el comedor aquella noche, Don Alonso García Molano, me dijo cuando bajé del púlpito:

- Eso no es un sermón, es una conferencia (perspicaz Don Alonso, que ya atisbó por aquel indicio que eran otros mis derroteros)

Finalmente, quiero relatar otra pequeña anécdota que me ocurrió en el mismo púlpito, esta vez como lector. Se debía tratar de una revista o periódico eclesiástico que reproducía un discurso del Papa. Leí correctamente el título del discurso que figuraba en el epígrafe como “Discurso de Su Santidad el Papa a los tranviarios”. Pero entonces me fijé en que la palabra tranviarios aparecía impresa con una visible tilde ortográfica en la segunda 'i': tranviarío. Y entonces ‘corregí’, volviendo a leer lo que allí decía exactamente: “Discurso de Su Santidad el Papa a los TRANVIARÍOS”.

La carcajada fue general. Don Alonso me dijo que estaba bien como lo leí la primera vez. A lo que yo le respondí, desde el púlpito,

- Es que aquí pone un acento ortográfico.

A lo que replicó Don Alonso:

- Qui bene legit multa mala tegit. (Quien lee bien corrige muchos errores)
_______  
* Me refiero a finales de la década de los años 40 y comienzo de la de los años 50



domingo, noviembre 09, 2014

ALGUNAS ACOTACIONES AL LIBRO "VOCABULARIO DE LA OBRA POÉTICA DE MIGUEL HERNÁNDEZ"

Europa cabalgando a Zeus  convertido en toro
(obsérvese la forma de lira de los cuernos)



El libro cuyo título se indica en el epígrafe de este breve ensayo fue editado hace ya algunos años por la Universidad de Extremadura (1992) y su autora es Marcela López Hernández. La obra lleva un prólogo del académico de la RAE, Gregorio Salvador. En este prólogo el autor no escatima elogios hacia la obra, sin duda meritoria y elogiable por varias razones; no obstante, el propósito de halagar por parte del prologuista le lleva a comprometer su propio juicio crítico en una afirmación tan contundente como ésta: “ni un solo error he hallado en las múltiples calas realizadas” (p. 9) durante la revisión del libro.


Yo pienso que se trata de un libro de indudables méritos, en el que se ha desplegado un trabajo ingente, que nos facilita, en gran medida, el entender la poesía del genial oriolano, en especial la que resulta más difícil de entender, la de la época de Perito en lunas. La señora López Hernández nos da las claves correctas para interpretar la mayoría de los enigmas que nos plantea Perito y, en general, los demás poemas de esta etapa que no se incluyeron en aquel primer libro del poeta.


Hay, sin embargo, algunos casos en los que cabe discrepar de su interpretación. Tal vez la propia autora haya detectado estos casos y, muy probablemente, los corregirá en la próxima edición del libro. Porque, eso sí, el libro reclama futuras ediciones, dada su indiscutible utilidad para los estudiosos de Miguel Hernández.


Yo voy a anotar aquí algunas interpretaciones en las que discrepo de la autora, porque creo que en ese punto concreto estuvo equivocada. Veamos:


- A la caña silbada de artificio  (lo, L.L.) La edición de L(eopoldo)   de
L(uis) que yo tengo dice, efectivamente, A la caña silbada de artificio.
Si la autora opta por esta forma, está en error, me parece, pues Miguel Hernández suele emplear con frecuencia la expresión adverbial de modo “a lo...” ( a lo cohete, a lo viudo, a lo anillo...)  En este caso es “A lo caña silbada de artificio” (que es equivalente de otra expresión suya: "a lo cohete") pág. 41 (L.L.)


- carrillo en popa: No es aquí el “pecho, o el “seno”, como cree la autora, sino el trasero (dicho “a lo vulgar”: el culo) p. 517. La autora consigna que “popa” es también sinónimo de “trasero” (véase las acepciones de la palabra “popa”) Por tanto, “carrillo en popa” es... el culo. También llamado, en otro lugar, las últimas mejillas, que la autora traduce correctamente como “nalgas”.


- rabo primero (p. 549) : no es la “banderilla”, como sugiere la interpretación de la autora, sino el “cuerno” (“Elegía media del toro”: Por tu nobleza se musicaliza / el saturno de sol y piedra, en tanto / que tu rabo primero penas iza) (El toro, con el cuerno, trata de arrancarse la banderilla y lo que hace es elevarla, sin conseguir que se desprenda) Por lo demás, sabemos que, para el poeta, uno de los varios sinónimos para referirse al cuerno es el de “rabos anteriores” (¡Qué a pulso os sube el toro, picadores, / desde el pozo a la luz de la alegría,/ hasta el mismo brocal os subiría / si fuesen más sus rabos anteriores!) (si el toro tuviera unos cuernos más largos, elevaría hasta la altura de los muros del coso a los picadores)


- Polifemo (generalmente escrito con minúscula) es otro de los nombres del trasero. También puede referirse a la coronilla afeitada de los curas (polifemos mal vistos por la testa)


- El poema XXXIV de Perito, se refiere al HUEVO, como su autor apuntó en un ejemplar dedicado a un vecino suyo, que confesaba no entender los poemas. El autor le facilitó la clave para saber de qué iba cada una de las octavas del libro.
La interpretación de la autora en este caso concreto no es acertada, ya que cree que se trata de un “gallo” (Coral canta una noche por un filo / y, por otro, su luna siembra para / otra redonda noche, luna clara, / ¡la más clara!, con un sol en sigilo. / Dirigible al partir, llevado en vilo, / si a las hirvientes sombras no rodara, / pronto un rejoneador, galán en pico, / iría sobre el potro en abanico) *


Dice la autora que la luna significa  el “semen” del gallo. El caso es que luego dice, acertadamente, que la “redonda noche” es la sartén. Si la palabra “luna” fuera en este caso, el 'semen' del gallo, caeríamos en la inconsecuencia de freírlo, en lugar del huevo, que es lo que en realidad se fríe.


Y es que no se trata de un gallo, sino de una gallina, de color negro. Por el pico, junto a su cresta (coral) canta: por un filo. Y por el otro extremo, o filo, deja caer el huevo, destinado a ser frito. Luna especialmente “clara”, porque lleva consigo la “clara” y, al mismo tiempo, la yema: el “sol en sigilo”. Si no fuese a parar a la sartén de aceite hirviendo, se convertiría, con el tiempo, en un gallo que montaría a la gallina, igual que el picador monta a la jaca en la faena de varas.


El poeta maneja un abundante repertorio de sinónimos para denominar diversos objetos. El ejemplo más ilustrativo es el referido a los cuernos del toro: “luna menos cuarto”, “liras”, “bigotes de oro”, “inquiridor de sangre, hueso y remo”, “rabos anteriores”... etc.


Cuando se trata de partes pudendas, como el trasero, emplea otros sinónimos como el de “polifemo” (normalmente los nombres propios se convierten en comunes y de ahí que se escriban con minúscula), “el más que opuesto, bello lado”, “carrillo en popa”, “Luzbel” (no recoge la doctora López Hernández esta acepción en su vocabulario. En la octava 33 (de las no incluidas en Perito) se lee la palabra Luzbel con esta concreta acepción de “trasero” (y decirle a Luzbel que vuelva grupas)


Por lo demás, estoy de acuerdo con la mayoría de las equivalencias que la autora da a determinadas palabras, algunas con doble bisemia. Así “serpiente” puede significar “heces”, o “miembro viril”; “Europa” puede referirse a la taza del WC o a la jaca de los picadores (europas cabalgadas acomete), etc.
En fin, sólo añadir que acerca de la octava XXXIV (que se refiere al “huevo”) ya hice un comentario en este mismo blog, al que me remito a través del siguiente enlace:
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* Ver mi interpretación de esta octava pulsando en el siguiente enlace: