jueves, junio 28, 2007

Obispos: ¿dictadura o democracia?

Un reciente artículo publicado en El País (2007-26-06) por el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza, Julián Casanova, expone con claridad meridiana la alianza de intereses que se estableció, desde el inicio mismo del llamado Alzamiento Nacional, entre la jerarquía eclesiástica y la jerarquía militar, con la consiguiente demonización de la causa republicana, identificada con el ateísmo y la persecución religiosa. Esta alianza perseguía, como objetivo principal, la justificación del genocidio franquista, elevado al rango de “cruzada” por esa misma jerarquía religiosa. Ese fue el origen de la mentira fundamental sobre la que se basó todo el tinglado del Alzamiento: canonización de mártires del lado de los sublevados y damnatio memoriae (condena de la memoria) para los réprobos caídos del otro lado, identificando la causa política y la religiosa en un frente común que ungía de santidad ambas causas, de manera que, aun las víctimas civiles del bando que representaban los rebeldes eran “caídos por Dios” y, recíprocamente, las víctimas religiosas eran “caídos por España”. Y, unos y otros, por ambas causas. Primera apropiación indebida del patriotismo, por demás abusiva y falaz.
La “causa victrix”, la causa vencedora, comenzó a serlo por obra de la mentira, basada sobre todo en esa interesada confusión que, por un lado, identificaba la causa republicana (la que resultaría ser, a la postre, la “causa victa”, la causa de los vencidos) como responsable de la persecución religiosa, algo que fue siempre una circunstancia accesoria, es decir, no consustancial a la causa republicana. Fue la mentira interesada la que alimentó este mito, explotándolo a su favor, en descrédito de la república.
La mentira fue, desde luego, el arma de guerra más eficaz del franquismo, y su mejor exponente lo constituyeron las soflamas faramalleras de Queipo de Llano, pero también esas consignas y eslóganes, imbuidos de falsedad, como el repetido ‘ad nauseam’ de “Por Dios y por España”.
Mentira también y añagaza propia del régimen franquista, siempre con el beneplácito eclesiástico, fueron las listas amañadas de esos presuntos "caídos", que figuraron en su día en los muros de las iglesias de todos, o casi todos, los pueblos de la nación. Incluidos, desde luego, aquellos en los que no hubo ni un solo muerto de la parte del bando vencedor. Así ocurrió en mi pueblo y en tantos otros en los que no mataron a nadie de derechas. ¿Cómo se confeccionaron aquellas listas, de 15 ó 20 caídos por cada pueblo, unas personas que nadie, o casi nadie, conocía?
En mi pueblo, Aceuchal, pudo leerse durante algunos años, en el muro que da a la Cruz de los Caídos, la correspondiente lista: era la que pretendía borrar de la conciencia ciudadana la otra lista de caídos locales, esos que en el pueblo todos conocían, los muertos “sin honor y sin recuerdo” que diría el falangista (falso falangista) Foxá.
Y todavía pretenden que no siga adelante esa proyectada Ley de la Memoria Histórica. Una ley que muchos llevamos escrita (lo queramos o no) en el propio corazón.

martes, junio 26, 2007

El evangelio según El Roto

Una reciente viñeta de El Roto, publicada en El País (23-06-2007) ha suscitado un breve pero sustancioso comentario de José Mª Lama en su blog Toledanismo lo que, a su vez, ha generado, hasta el momento, una docena de comentarios, sin contar éste que ahora le dedico.
Veamos: si no he entendido mal, los señores obispos no ven con buenos ojos que se introduzca una asignatura, por recomendación estatal, que se propone como objetivo principal la educación para la ciudadanía. Incluso este mismo puede ser el nombre de la asignatura, con sólo poner el título con las iniciales mayúsculas.

¿Qué es lo que no les gusta a los pastores eclesiásticos del mero enunciado de la asignatura en cuestión? Porque los términos 'educación' y 'ciudadanía' no pueden ser, en principio, más ortodoxos y ajustados a derecho. ¿Qué les inquieta, qué les solivianta y encocora hasta el extremo de recomendar la desobediencia civil a sus dirigidos? ¿Es, acaso, malo o inconveniente educar con vistas a hacer del educando un buen 'ciudadano'? No simplemente ‘buena persona’, sino una persona capaz de asumir sus derechos y deberes cívicos, los que le corresponden como miembro integrante de una sociedad, beneficiario y co-responsable de ese bien común que a través de ella puede obtenerse.
La verdad es que no lo entiendo. Me gustaría que me razonaran los motivos que alegan para rechazar que los alumnos sean instruidos en las 'normas de la convivencia democrática'. Porque eso es una aspiración legítima de la democracia y de los demócratas: la aspiración a perpetuarse en su propia legitimidad civil.
Pero, claro, educarse en los principios democráticos conlleva la aceptación de ciertos corolarios como el de la libertad religiosa, la a-confesionalidad del Estado de derecho y cosas así. Y esto supone unos ciertos inconvenientes para el mantenimiento del 'statu quo' católico. De ahí a perder influencia y poder no hay más que un paso. Creo que estoy a punto de entenderlo.
Por lo demás, entiendo que la denostada (aun en mantillas) asignatura sea reconocida como 'hermana' de la fenecida Formación en el Espíritu Nacional. Eso sí, hermana legítima, pues la bastarda sería, en todo caso, la que nació contra todo derecho democrático, como consecuencia de un golpe de Estado.

lunes, junio 25, 2007

El humor escatológico en Miguel Hernández

Es sabido que el término ‘escatológico’ tiene, en castellano, una doble acepción, según se considere emparentado con sendos términos griegos de distinta etimología. Estos términos son, respectivamente, “esjatós” (último) y ‘skatos’ (gen. sing. de skwr = excremento) De ahí que, según el contexto, unas veces se refiere a lo que llamamos “postrimerías” (o ‘ultimidades’) y, otras, a los asuntos que tienen que ver con la micción o la defecación. Es lo que, con sendos eufemismos, se suele llamar también ‘hacer aguas menores’, o ‘ mayores’ (mi amigo Paco Sánchez abreviaba diciendo, según el caso, ‘mayorear’ o ‘minorear’)

El Miguel Hernández que aspiraba a darse a conocer en los círculos literarios del Madrid de los años 30, pretendía demostrar, sobre todo, que estaba en posesión de una técnica literaria y no era, como algunos pudieran suponer, un patán con el pelo de la dehesa. Para ello hizo, con su primer libro publicado, Perito en lunas, una demostración práctica de que podía manejar con soltura los recursos literarios y de que era capaz, con maestría singular, de “eludir el nombre cotidiano de las cosas”, según cierta definición provisional de la poesía que me parece atribuida a Ortega y Gasset.

El presunto rabadán se pitorreaba muy finamente de las aficiones gongorinas de la generación del 27 y simulaba participar de aquellos entusiasmos, imitando paródicamente al poeta cordobés. Fueron pocos los que descubrieron que, en el caso de Miguel Hernández, la imitación de Góngora más bien se encuadraba en el género paródico.

De las octavas de Perito en lunas son de tema escatológico la XII y la XXX, referidas a la defecación. No se incluyeron en este libro otras composiciones sobre el mismo tema, como las que corresponden a los números 22 y 33 de los POEMAS SUELTOS II, (O.C.t. I, Espasa-Calpe, pp.273-87)

Vamos a recordar aquí la XXX de Perito en lunas, titulada “Retrete”, y la 22, de las octavas que no fueron incluidas en el libro anterior. Dice la primera de ellas:

Aquella de la cuenca luna monda
sólo habéis de eclipsarla por completo
donde vuestra existencia más se ahonda,
desde el lugar preciso y recoleto.
¡Pero, bajad los ojos con respeto
cuando la descubráis, quieta y redonda!
Pareja, para instar serpientes, luna,
al fin, tal vez la Virgen tiene una.

Por supuesto, la ‘cuenca luna monda’ es la taza del inodoro. Y el ‘eclipse’ de esta luna ocurre cuando nos sentamos sobre ella. El subsiguiente respeto que se nos recomienda se explica por la analogía que existe entre ciertos cuadros que representaban a la Inmaculada (algunos de ellos pintados por Murillo) debajo de cuyos pies aparece la luna menguante y la diabólica serpiente. La analogía se da por la semejanza de la taza del WC con esa luna y la de la serpiente con las heces.

La otra décima escatológica es la 22 y dice:
Ciñe ajorcas la enagua de puntillas
a los tobillos. Andan viento en popa
y en un motín de rosas las mejillas
últimas desde dentro de la ropa.
Silban sierpes y bajan amarillas,
pero delgadas, asias sobre Europa;
mientras el más que opuesto bello lado
bate palmas de oro limonado.

La mención de las ‘enaguas’ nos indica que se trata de una mujer. Una mujer sentada sobre el inodoro y ocupada en evacuar vientre y vejiga. Son fácilmente deducibles los significados de las expresiones jocosas ‘viento en popa’ y la amarilla orina (‘asias’) descendiendo hacia ‘Europa’ (la taza del WC) Las 'últimas mejillas' son las posaderas rosadas ('un motín de rosas') Y el trasero es ‘el más que opuesto, bello lado’. Su actividad aquí consiste en…'batir palmas' (bisemia, pero aquí no es tocar las palmas, sino algo que recuerda lo que hacen los orífices con los panes de oro)




Miguel se divertía haciendo estéticamente soportable lo antipoético por antonomasia: la descripción de las necesidades corporales. La trasmutación poética era una especie de alquimia que le ayudaba, mediante el humor escatológico, a transformar la realidad desagradable.




lunes, junio 18, 2007

¿La arruga es bella?

(*) Desde el campo de la moda hubo quien, hace años, trató de reivindicar la vejez a través de su faceta convencionalmente menos promocionable: la faceta estética. Y fue entonces cuando se puso en circulación ese eslogan que, contra la opinión general, considera que la arruga es bella. Afirmación desmentida, a cada paso, por el empeño que todo el mundo pone en disimular, por todos los medios que la cosmética pone a nuestro alcance, esa inequívoca señal del envejecimiento que es la arruga, tan pronto como aparece en nuestra piel. El horror hacia la arruga no es, desde luego, privativo del sexo femenino; por más que sí puede decirse que ha sido la mujer quien ha puesto, desde siempre, el mayor empeño en combatir más resueltamente esa contrariedad que denuncia en el rostro el paso del tiempo. Para el ser humano que cifraba el éxito o el fracaso de su vida en agradar al varón, esa señal precursora de la vejez debía alcanzar proporciones de tragedia. De ahí la importancia que la cosmética tuvo siempre, desde antiguo, en el mundo femenino. Por supuesto, también hubo varones coquetos en la antigüedad. Pero constituían la excepción frente a la regla, que suponía a la mujer la interesada, por antonomasia, en el cuidado y acicalamiento de su persona. Ovidio se refiere exclusivamente a las mujeres cuando compone su breve formulario de consejos cosméticos Medicamina faciei femineae (“Cuidados del rostro femenino”) obra que probablemente el autor dejó inconclusa, o bien concibió como de una extensión mayor de la que en la actualidad conocemos (100 versos solamente) Habla ya Ovidio, en este texto, de las arrugas que con la edad pueden aparecer en el rostro femenino y, en plan moralista, comienza peraltando la belleza moral sobre la belleza física, ya que ésta termina, indefectiblemente, arruinándose con la edad:

Certus amor morum est: formam populabitur aetas (v. 45)
( lo seguro es enamorarse de las cualidades morales: la belleza física la arruinará el tiempo)

Con respecto a las arrugas y las manchas del rostro ofrece ya algunos remedios específicos, aportando algunas curiosas recetas cuyos ingredientes especifica detalladamente (vv. 51-66)

De la eficacia de estas recetas no duda en afirmar que la mujer que las utilice tendrá la piel de su rostro “más tersa que la superficie de su propio espejo”:

Quaecumque afficiet tali medicamine vultum
fulgebit speculo levior ipsa suo
(vv. 67-68)

No encontramos, sin embargo, en el breve tratado de cosmética ovidiano, mención alguna de otros remedios empleados en la corrección de las arrugas.

Así, por ejemplo, el que se refiere a la famosa “baba de caracol”, que últimamente hemos visto promocionar mediante la publicidad televisiva. Parece que ya se usaba en la antigüedad como regenerador dermatológico y en este sentido ya lo cita Plinio el Viejo en su Historia Natural (30. 136) Este mismo autor hace referencia a otro de los más nombrados entre los productos antiarrugas que se empleaban en la antigüedad. Se trata de la famosa leche de burra, uno de los cosméticos más acreditados de la época antigua, especialmente por la publicidad que le hicieron algunas de las más célebres bellezas de aquel tiempo, como Cleopatra y Popea. Ya el autor citado anteriormente se refiere en la misma obra (28.183.3-5) a la esposa de Nerón y a su toilette favorita para mantener la piel tersa y bien hidratada: los famosos baños en leche de burra, lo que suponía el mantenimiento de un considerable número de estos animales, a fin de asegurar el suministro del cosmético. Pues, como dice Plinio, “era creencia común que la piel del rostro perdía sus arrugas y se rejuvenecía en su blancura con la leche de burra” (Cutem in facie erugari et tenerescere candore lacte asinino putant…) Tenemos, pues, rescatados, gracias al testimonio de Plinio, dos de los más famosos cosméticos de la antigüedad en el tratamiento de las arrugas: el “lacte asinino” y la “coclearum saliva”, o sea, la leche de burra y la baba de caracol. Junto a estos remedios de la farmacopea primitiva existirían, probablemente, los remedios quirúrgicos, más o menos rudimentarios, para el restiramiento y “planchado” de la piel, lo que hoy se conoce en la cirugía estética con el nombre de lifting. Desde luego, la cirugía estética estaba bastante más adelantada de lo que pudiera creerse en nuestra época, particularmente en lo que se refiere a la odontología. Sabemos por algunos autores latinos, como Marcial, que ya se implantaban dentaduras completas en aquella época. Así, la razón por la que Thais tenía dientes negruzcos, mientras que Lecania los tenía blancos, era que los de aquélla eran suyos naturales y los de ésta última eran comprados (Ep.5.43) En fin, el mantenimiento de la belleza, tanto en el hombre como en la mujer, exigía cuidados costosos y, a veces, sacrificios y molestias. Y, ocasionalmente, alguna que otra práctica repelente. Así el célebre Egnacio, ridiculizado por Catulo, poseía una blanca dentadura y, para lucirla, sonreía, sin venir a cuento, a todas horas. Catulo recuerda que el tal Egnacio es español (“Celtiber”, dice) y que en Celtiberia existe la costumbre de restregarse los dientes y las encías con la orina que cada cual expele cada mañana. De modo que “mientras más lustrados reluzcan tus dientes, es señal de que más los has bañado en orina”.


(*) Secuencia del baño de Popea, según la película de Cecil B. de Mille, El signo de la cruz. El papel de Popea lo encarnó, en esta película, la actriz Claudette Colbert.

viernes, junio 15, 2007

Provisionalidad

Repasando lo escrito hasta hoy en este blog y enmendando algún que otro error, no advertido hasta el momento, me doy cuenta de algo que, en principio, parece resultar característico de toda obra humana, por perfecta que pueda parecernos, y es lo que, en el presente caso, voy a llamar la provisionalidad del texto. El linotipista que se precie aspira a conseguir un texto libre de erratas. Y el escritor, por su parte, un texto libre de errores. En el caso del blogger, el escritor y el linotipista son, por lo general, la misma persona. Y sus erratas vienen a coincidir con sus errores.
Tengo que reconocer, pues, el carácter provisional de los escritos que componen este blog. Ya he advertido alguna vez que los someto a periódicas revisiones y que, cuando lo hago, suelo descubrir alguna nueva incorrección que inmediatamente procuro subsanar.
Por lo demás, nunca he estado completamente de acuerdo con aquello de Juan Ramón Jiménez aconsejando dejar intacto el poema a partir de un cierto número de correcciones:
¡No lo toques ya más,
que así es la rosa!


Creo que el poema y, en general, la obra escrita, debe dejarse abierta a la posibilidad de nuevas correcciones.
Recientemente he corregido el texto de la cita de Descartes que inserté en estas páginas (véase el artículo titulado “¡Ah, los matemáticos!”) Había tomado la cita de un viejo manual de Filosofía, transcribiéndola de memoria, sin comprobar la correcta ortografía francesa. Pues bien, fue una imprudencia por mi parte no hacer esta comprobación, pues hubo acentos mal colocados (circunflejos, agudos, graves…)
Sobre los textos latinos procuro (me va en ello mi profesionalidad como ex–docente de esta disciplina) ejercer la más estricta vigilancia. En el verso, particularmente, suelo mirar con lupa las cantidades y las conexiones sintácticas. Aun poniendo todo el cuidado, sé que algún desliz puede pasar inadvertido. Soy consciente de que el Latín no es mi lengua materna, pese a serlo del español, como suele admitirse convencionalmente.
Por todo ello quiero prevenir al lector de que no tengo inconveniente en admitir la provisionalidad de los textos que aquí se incluyen.
Es la única forma que se me ocurre de curarme en salud para no defraudarlo.
Tómese como una leal advertencia y que, al menos, el posible lector recuerde que le he prevenido. Repito, una vez más, lo dicho en alguna ocasión a este respecto: El que avisa no es traidor.

domingo, mayo 27, 2007

POESÍA Y PRESENTIMIENTO (y III)

Y, por último, (y aquí viene bien aquello de “last but not least”, último pero no menos importante) vaya en este lugar mi recuerdo afectuoso y agradecido para mi amigo el poeta Benito Acosta, cura en Málaga, autor del libro Oráculos para días inciertos, libro de versos, publicado en dos pequeños volúmenes, correspondientes a los números 7 y 8 de los Poemarios Kylix, que hace años editaba el benemérito Robles Febré, en Badajoz.
Viene aquí a cuento eso de los “oráculos”, en consonancia con la tradición apolíneo-sibilina de la poesía.
¿Cuáles serán esos “días inciertos” de los que nos habla el poeta? Posiblemente, aquéllos en los que sentimos flaquear la fe. Tiempos de prueba y de aflicción. La poesía nos conforta, sobre todo, a través de las enseñanzas de los oráculos poéticos y proféticos que se pueden consultar a través de la lectura del Libro Sagrado.
Benito es de los curas que en los tiempos de la sumisión al franquismo supieron plantar cara a quienes pensaban que la Iglesia estaba ahí para justificar las tropelías del régimen, para cohonestar todos sus abusos y atropellos. El primero y más grave de los errores cometidos por las jerarquías eclesiásticas de la época fue bendecir el levantamiento militar franquista al que se calificó con el apelativo de “Cruzada”. Los intereses de la religión se hicieron coincidir con los intereses de los ricos y así la propaganda que se montó a partir de esa burda mentira se pudo alimentar de consignas como “por Dios y por España”.
Benito decidió no seguir las pautas “generales” que seguía el clero más veterano, en este sentido de apoyar a un régimen que, desde sus comienzos, había secuestrado la voluntad popular y suprimido las libertades democráticas. En un pequeño prólogo que Benito pone al II libro de sus Oráculos (donde me hace el honor de dedicarme un poema) explica así las razones de su negativa a sumarse a los aduladores y los sumisos al régimen:

Pero tuvo que pasar un tiempo para que yo viera la crueldad de la Guerra Civil, la posibilidad de otras soluciones y, sobre todo, el manejo de las ideologías y la religión para justificar represalias y tan larga dictadura sin futuro.Y mi despertar fue un indignado despertar, una rebelión contra toda aceptación silenciosa de la injusticia.






Y esta rebelión, como una consecuencia natural de la propia honradez, le costaría indisponerse con los poderosos capitostes de los pueblos en los que ejerció su ministerio sacerdotal, entre ellos, el mío. Se granjeó el afecto y la simpatía de la gente sencilla y humilde, pero se enajenó las voluntades de los mandamases influyentes. Y esto le costó las deportaciones sucesivas a diversos pueblos de la provincia pacense, como otros tantos avisos y correctivos a los que sus superiores eclesiásticos (conchabados con el poder) le sometían. Llegaron a “aislarlo”, (en su sentido etimológico más riguroso) confinándolo a un departamento militar de las Islas Chafarinas o por ahí. Benito soportó estoicamente (con el estoicismo de los cristianos más auténticos) todas estas vejaciones.
Ese fue su gran mérito y esa su heroicidad, merecedora de nuestra gratitud y nuestro reconocimiento.


Ojalá que mi pueblo, Aceuchal (no responsable, desde luego, como colectividad, de las decisiones de quienes por aquellas fechas detentaban el poder) tributase a nuestro hombre el homenaje de gratitud que, sin duda, merece.


POESÍA Y PRESENTIMIENTO (II)

El tema tratado en el artículo precedente da para mucho más de lo que escuetamente se dice en el referido escrito. Sobre todo, si nos adentramos en el territorio de la adivinación en general. Pero, aun sin abandonar el terreno de la poesía, podíamos ampliar lo dicho anteriormente, aportando algunos ejemplos de los que tenemos noticia, que pueden ser ilustrativos de esas misteriosas anticipaciones que los poetas tienen, ocasionalmente, del futuro. Lo recordaba yo en mi artículo del HOY, citado en la primera parte de este escrito. Rubén Darío contaba que Rollinat (uno de los poetas ‘malditos’, que siguió las huellas de Baudelaire) escribió un poema titulado “La rabiosa”. Veinte años más tarde la propia esposa de Rollinat murió víctima de la rabia.
En uno de sus poemas, el portugués Fernando Pessoa anticipa una fecha significativa para la historia de Portugal: 1974. Se trata, justamente, del año de la llamada Revolución de los Claveles. Conviene señalar que Pessoa falleció el año 1935.
Otro caso de barrunto del porvenir está más cerca de mi propia experiencia. Mi compañero de estudios en el Seminario pacense, Juan José Jurado (ya fallecido) escribió un libro de poemas que presentó con el título de La voz no me responde. Varios años después una trombosis cerebral le produjo una afasia permanente.
Todos estos casos contribuyen a confirmar la sospecha de que, efectivamente, la anticipación del porvenir, en forma de presentimiento, se da ocasionalmente en los poetas.
Lo que suele ocurrir es que a los poetas nadie, o casi nadie, les da crédito como adivinos. Les pasa como a Casandra, a la que Apolo concedió el don de adivinar el porvenir, pero a la que nadie le hacía caso, pues la tomaban por loca.
Pero lo cierto es que, cuando leemos a los grandes poetas, descubrimos, a menudo que en muchos de sus versos se pueden rastrear auténticas anticipaciones del porvenir: sólo que las descubrimos a posteriori.
De Virgilio se dijo que en su Egloga IV estaba anticipando el nacimiento del Mesías. Los cristianos primitivos vieron en esta égloga un presagio del nacimiento de Cristo. No obstante, para un no creyente se trata de una mera conjetura sin fundamento.
La anticipación del futuro, especialmente la del momento supremo de la muerte, la experimentó vivamente Rubén Darío. El atisbo del trance escatológico, que momentáneamente lo llenaba de angustia y que él llamaba “el horror de sentirse pasajero”, es algo recurrente en el poeta de Nicaragua. La certidumbre de la muerte presentida cruzaba, en ocasiones, fugazmente por su conciencia, en un ramalazo de pesadumbre:

¡Vamos a morir, Dios mío,
vamos a morir!


Claro que este presentimiento de la postrimería lo puede experimentar cualquier ser humano, sin que para ello tenga necesariamente que ser poeta.
Pero no se pueden negar al gran nicaragüense ciertas intuiciones geniales en relación con el porvenir. Así en la trilogía de sonetos dedicados a Velázquez y a Góngora (en C. de V. y E. y Otros poemas) el poeta parece presentir la rehabilitación de Góngora que tendría lugar un cuarto de siglo más tarde con la llamada “generación del 27”:


Para Don Luis de Góngora y Argote
traerá una nueva palma Polifemo.

jueves, mayo 17, 2007

Poesía y presentimiento (I)

La adivinación es un arte apolíneo, de esto existe una arraigada convicción en la concepción tradicional de la poesía. Apolo, hijo de Júpiter (Zeus) y de Latona (Leto), llamado también Febo (personificación del sol) es el dios de la poesía y de la profecía.
Por su parte, los poetas, según la genealogía de los dioses que versificó Hesíodo en su Teogonía, son los hijos "de las Musas y del flechador Apolo" (v.95) Por la vía materna recibieron la facultad de recordar (pues las Musas son hijas de Mnemósine, es decir, de la memoria) y por la vía paterna, o sea, apolínea, recibieron el arte de la premonición, el don de atisbar el porvenir.
Hay en los poetas una veta de adivinos, de la cual ellos se sienten eventualmente conscientes y hasta llegan a proclamarlo en algunas ocasiones. Por más que ello suponga, más bien, una fatalidad. Pues lo que del futuro suele atisbar el poeta es aquello que atañe a su propio destino, sobre todo cuando es de signo trágico.
Estas facultades mánticas, o adivinatorias, del poeta han sido reconocidas desde antiguo, como podemos rastrear por testimonios suficientemente significativos, propios o ajenos. La misma palabra 'vaticinio' (que literalmente significa 'lo que canta el poeta') se entendió teñida de una connotación profética. Vaticinio se considera sinónimo de pronóstico.
Algunos poetas han incurrido en jactancia, al arrogarse una facultad mántica que probablemente no tenían. Los que de veras la tienen, la tienen a título de premonición, barrunto o pálpito, sin que puedan afirmar nada con certeza.
Esos atisbos del porvenir suelen vivirlos los poetas en forma de presentimientos. Algo que intuyen aunque no puedan justificar, son corazonadas, presagios que nunca se le revelan con la seguridad de que han de acontecer. Y es mejor que sea así, pues no es conveniente saberse abocado a un destino trágico.
Más o menos oscuramente, los poetas se sienten a veces en posesión de la facultad mántica. Los testimonios en este sentido datan de muy antiguo. Así en un conocido fragmento de un texto de Píndaro, el poeta se ve a sí mismo como capacitado para interpretar oráculos:
Musa, di tu oráculo y yo seré tu profeta (fr.150)
En Horacio, en cambio, la facultad mántica atribuida al poeta se ve más bien con irónico escepticismo, como algo que el presunto adivino dice haber recibido de Apolo:
Divinare etenim magnus mihi donat Apollo* (Sat. 2.5.60)
Todavía en el pasado siglo, tan cercano aún, uno de los poetas franceses de las vanguardias, Guillaume Apollinaire (ya su propio apellido parece relacionarlo a propósito con el dios de la profecía) se presentaba como dotado de poderes mánticos:
Tu vois que flambe l'avenir.
Sache que je parle aujourd'hui
pour annoncer au monde entier
qu' en fin est né l'art de prédire
.
(Ves que reverbera el porvenir.
Sábete que yo hablo hoy aquí
para anunciar al mundo entero
que por fín ha nacido el arte de predecir)
En fin, la relación entre poesía y profecía se puede considerar un tópico literario. A la tarea de determinar esa relación han dedicado tiempo algunos estudiosos y uno de los trabajos ya clásicos sobre el tema es Poetry and Prophecy, de Nora Chadwick.Poseo una copia de este libro obtenida de la biblioteca tayloriana. No es lo que yo me esperaba sobre el particular.
Los resultados de las investigaciones en este sentido no contienen aportaciones decisivas acerca del asunto. Nos movemos en un terreno en el que no podemos trascender la mera conjetura.
Con todo, cabe afirmar que hay suficientes indicios que nos permiten establecer la hipótesis de que poesía y premonición van, a menudo, asociadas. De que cabe establecer entre ambas una relación eventual, susceptible de ser apoyada con ejemplos.
Se da, efectivamente, en algunos poetas una especie de atisbo o vislumbre del futuro, especialmente en lo que atañe a su propio destino. Dos casos significativos en este sentido están representados por sendos poetas que mutuamente se atrajeron y se repelieron, sucesivamente, según la orientación de sus respectivos polos espirituales. Me estoy refiriendo a García Lorca y a Miguel Hernández.
Es fácil diagnosticar a posteriori que ambos poetas tuvieron como una suerte de premonición de sus respectivos destinos.
El barrunto de ese fatum que, como dijo Dámaso Alonso, en el caso de Lorca, "en la última y tremenda hora de su vida prevaleció aciagamente", se puede rastrear tanto en uno como en otro poeta; bien que de modo más personalizado en el autor de El rayo que no cesa. El pálpito de una muerte temprana está ya en la fase inicial de la poesía del oriolano, en unos versos primerizos que hoy nos parecen sorprendentemente premonitorios:
Sabe
que me iré por el sendero,
muy pálido y muy ligero,
y que me iré muy temprano:
Tal vez no esté todavía
el sol en el meridiano
.
Este presentimiento se hace recurrente a partir de la gran experiencia del amor, influido probablemente el poeta por la concepción aleixandrina del amor/destrucción. El símbolo del mar "que es el morir", según la intuición manriqueña, nos revela que el poeta es tremendamente lúcido acerca del presentimiento de la muerte prematura que le ronda:
Esposa, sobre tu esposo
suenan los pasos del mar
.
Esta inminencia de la muerte presentida se asume, a veces, desde una perspectiva menos trágica, despojándola de sus trazos sombríos para aceptarla de una forma más llevadera, casi con un resignado humor. Entonces el poeta se declara "vecino de la muerte". La familiaridad con ella hace que su proximidad resulte menos temerosa. En la "Elegía a Federico García Lorca", Miguel alude a esta familiaridad con la muerte, confesándole a su admirado amigo, ya difunto:
Tú sabes, Federico García Lorca,
que soy de los que gozan de una muerte diaria
.
Por su parte, Federico había asimilado la intuición de su propia tragedia, desplazándola hacia sus personajes. Las visiones premonitorias de muerte y asesinato que rondaban al propio poeta se fijan en los personajes de sus dramas y poemas. El sino trágico del poeta se refracta en muchos de estos personajes. Se diría que en ellos el poeta adopta los papeles drámáticos que representan su propia tragedia, ya prefigurada en ellos. Así, por ejemplo, en el "Romance sonámbulo", uno de los poemas del Romancero gitano, el poeta dice:
Compadre, quiero morir
decentemente en mi cama,
de acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda
...


Pero también en el "Romance del Emplazado", del mismo libro, se cuenta un caso que presenta curiosas afinidades con la propia circunstancia del poeta. Al Emplazado le pronostican en junio su próximo fallecimiento:


El veinticinco de junio


le dijeron a El Amargo:


Ya puedes cortar si gustas


las adelfas de tu patio (...)


Porque dentro de dos meses


yacerás amortajado.


De modo que El Amargo murió en el mes de agosto, lo mismo que Federico. De suerte que podemos conjeturar que con una anticipación de ocho años (el Romancero gitano se publicó en 1928) el poeta había tenido algo así como un pálpito de su propio fin trágico.
Cabe, en efecto, imaginar que Federico anticipa en este caso la visión de su propia tragedia, y que está vislumbrando su propia muerte, ignominiosa y violenta, junto al barranco de Víznar.
El pasaje citado no es más que un ejemplo de entre los varios más que se podrían citar a este propósito. En todos ellos, como en los fragmentos de un espejo roto, se puede ver reflejada, multiplicadamente, la propia tragedia personal del poeta.


____


* La ironía de Horacio se advierte sólo por el contexto con el verso anterior:


¡Oh, hijo de Laertes, lo que diré ocurrirá o no ocurrirá: / pues el gran Apolo me ha concedido el don de adivinarlo! (Se entiende que una de las dos cosas tiene que verificarse, por fuerza, ya que "tertium non datur".Pero, claro, aquí huelga la profecía. Por simple lógica sabemos que ha de ser así)

lunes, mayo 14, 2007

NE QUID NIMIS

*Representación de Astrea, o Virgo, sosteniendo la balanza (=Libra)
que sopesa las acciones humanas



(No excederse)



Respecto a la oda alcaica latina, incluida en este blog, me doy por satisfecho, por el momento, con la redacción actual. Renuncio a traducirla en verso, utilizando cualquier tipo de estrofa, incluido el verso libre.
Ya es bastante con haberse sometido al tormento de Procusto que supone versificar en latín (un verdadero tour de force) para volver a someterse de nuevo ahora a un doble grillete, de pies y de manos: la fidelidad al texto y la sujeción al modelo métrico. Demasiadas sujeciones.
Retiro la traducción en verso y ofrezco una traducción en prosa, más ajustada al texto original. Aquí está:

I.- Digno de llanto, padre mío querido, privado de la vida con muerte muy penosa, de tu fiel esposa arrancado y de tus hijos y tu anciana madre.

II.-Un general sin piedad, reo de alta traición, que dirigió las armas contra su propio pueblo, invadió las ciudades de España y declaró la guerra a sus conciudadanos.

III.- Dueños de la situación, la derecha y la nefaria tropa de los militares, se embriagan con la muerte y el asesinato, derramando la sangre de sus hermanos.

IV.- Se inicia entonces una doble línea de combate feroz y la guerra se lleva a cabo de una doble manera: por la vía militar castrense y por los asesinos ejecutores del crimen, servidores de aquellos.

V.-Entonces la muerte trajo la desolación a las ciudades; entonces se otorgó a los civiles el derecho a matar, allanando las viviendas de los conciudadanos, para llanto y ruina de la patria.

VI.- Temiendo las funestas iras de los verdugos, huiste a una finca lejos resguardada; así abandonando a tu esposa y a tu hijo evitas el ataque de los malvados.

VII.- “¿Así conocéis a Ulises?”
(Virgilio, Eneida, II, 44)



Fiándote en las falsas promesas de los enemigos, de no hacer daño a nadie que regrese a su casa, en una lenta carreta transportado, vienes a caer en manos de los despiadados.








VIII.- "se les prometía incolumidad a quienes se entregasen" (César, B.G. 3,28,2)

Jamás deis crédito a promesas no fiables de parte del enemigo: guardaos de prestar oídos a quienes dicen falsedades y a las lenguas mentirosas: siempre os llevarán a la ruina.

IX.- Descubierto el error, quedó a la vista el engaño; pero tarde te pesó de tu equivocación y del doloso fraude padecido: ya estabas en manos del enemigo.

X.- Tan pronto supieron de tu regreso fueron a prenderte a tu casa. Prendido y bajo la coacción de las armas te encierran en la cárcel y el calabozo.

XI.- Allí encerrado permaneciste muy poco tiempo. De allí te sacan para morir. Oprimido te ves por el gran dolor de dejar para siempre a tu mujer y a tu hijo.
XII.- Los que iban a matarte no te permitieron ni darme un beso ni decirme tu adiós: sacudido por la angustia y el terror eres conducido al lugar de los muertos.

XIII.- INVOCACIÓN A LA JUSTICIA

Virgen Astrea, diosa de la Justicia, diosa que moras en el alto cielo, que durante la Edad de Saturno habías sido huésped de los hombres justos que entonces habitaron la Tierra:

XIV.- No permitas que quede sin castigo el daño que sufrieron las víctimas. Recibe benignamente los ruegos de los ciudadanos y compensa, con la exactitud de tu balanza, las pérdidas de todos aquellos que perecieron en la guerra.

viernes, mayo 11, 2007

Cumpliendo con el IV Mandamiento

Mi amigo Miguel, ciudadano USA, me felicita por mi oda alcaica latina, publicada días atrás, pero dice que no le parece acertada la traducción, especialmente por el ritmo ligero del verso elegido, el heptasílabo; no acorde, según su apreciación, con el tema “sombrío y fúnebremente lento” de la oda. Para él hubiera resultado más adecuado un verso más lento y reposado, probablemente, el endecasilabo, entreverado con los heptasílabos, como en los versos de Fray Luis de León.
Puede que no le falte razón en esto. Y tal vez reconsidere, por mi parte, la posibilidad de sustituir mi anterior traducción por otra en la que emplee los versos que me indica. A título de prueba, incluyo aquí la oda latina escrita hace un par de años, para commemorar el octavo aniversario de la muerte de mi madre. La estrofa empleada en esta ocasión es la llamada asclepiadea A, o asclepiadea primera. La reproduzco aquí, acompañándola de la traducción castellana en la estrofa típicamente leonina, garcilasiana y sanjuanista: la lira.

Con ello cumplo gustosamente con el precepto divino del IV mandamiento: "Honrarás a tu padre y a tu madre".

EPICEDION AD MATREM
IN DECESSUS EIUS VIII ANNIVERSARIO

O dulcis genetrix, alma parens mea,
quae iam transieris limina Tartari,
hos versus pia nunc accipe amabilis,
flores quos tibi dedico.

Annus iam volucris transiit octies
ex quo mors tua nos reddidit orphanos,
cum te amisimus, heu, et valediximus,
mater lumine carior.

Lecto iam recubans morteque proxima,
vitae praeteritae dum reminiscere,
vestem sollicite condere quaeritans
sutricis peti’ forficem.

Etsi post obitum tardior adfui
laturus tibi, heu, oscula postuma,
servasti tepidos corporis halitus
donec basia venerint.

Sic vitae calor haud deseruit tuum
corpus, dum veniunt filia filiusque,
ad Manes abiens laeta viatico
almo dulcis amoris. *
____
* El verso final es aquí, excepcionalmente, un ferecracio, en vez de un gliconio





TRADUCCIÓN DE LA ODA ANTERIOR

Madre que me nutriste,
y que en tu tibio seno me llevaste,
que de la muerte triste
ya la puerta cruzaste,
recibe tú estos versos que inspiraste.

Fugaz, perecedero,
ocho veces pasó, tras de tu muerte,
el año volandero;
pero el cariño es fuerte;
y el dolor de perderte, duradero.

En tu lecho postrada,
recordando el oficio de tu vida,
con él obsesionada,
las sábanas cogida*,
pedías la tijera, enfebrecida.

Llegué junto a tu lecho
poco después que tú habías expirado,
por el dolor maltrecho,
habiendo tú guardado
el calor de la vida al beso amado.

El calor de la vida
no abandonó tu cuerpo, demorando
la triste despedida;
los besos esperando
del viático que ibas preparando.
_____

* Construcción intencionada de la forma llamada acusativo de relación o acusativo griego.

martes, mayo 08, 2007

NOTICIAS DE OLIVENZA




Estoy al tanto, gracias a los buenos oficios de mi amigo Alfonso Limpo, archivero, cronista oficial y bibliotecario de la histórica villa oliventina, de la actividad editorial de su corporación municipal. Actividad que se traduce en ciertas publicaciones a plazo fijo, tales como el Boletín Mensual que edita el Ayuntamiento, por el que se da cuenta prácticamente de todo lo que se realiza a través de la citada corporación en las diversas áreas de su competencia.
Una de las más recientes publicaciones versa sobre el Homenaje a tres intelectuales oliventinos, con motivo de habérseles concedido sendos títulos de Hijos Predilectos a dos de ellos: los hermanos Marzal Fuentes. Naturales de la vila, se les otorga el distintivo de Hijos Predilectos por su reconocido prestigio intelectual y la labor social desarrollada en la Universidad española, el uno, y americana, el otro. Al profesor Abadíe se le distingue con el título de Hijo Adoptivo de Olivenza, por sus trabajos de investigación acerca de las relaciones luso-españolas en la América meridional. Y por haber legado a la Biblioteca Municipal de Olivenza un estimable tesoro bibliográfico, el de su biblioteca particular, cedida al Ayuntamiento oliventino a título de legado personal, sin que haya tenido que abonarse otra cantidad que la de cubrir los gastos de transporte, desde Uruguay a España.
Al mayor de los hermanos Marzal, posiblemente le conociera yo de la época del Seminario de Badajoz. Se dice en este librito homenaje que “estudió en el Seminario de San Atón de Badajoz, donde fue compañero de don Apolonio Noriega” (pág. 31). Es decir, era del curso de los que estudiaban 3º de Filosofía cuando yo ingresé en ese mismo centro. Yo recuerdo sobre todo a don Apolonio, que amenizaba las aburridas misas con un variado repertorio de intermedios musicales que interpretaba al armonio. Melodías que nos eran familiares y que recordábamos mucho tiempo después. Pero de Marzal no me acuerdo nada.
Después de su paso por San Atón se hizo jesuita, para terminar secularizándose en 1970. Se dedicó a la docencia universitaria que alternaba con sus colaboraciones periodísticas (“Cuadernos para el diálogo”, “La Vanguardia”, “El Mundo”…) Fue decano de la Universidad Ramón Llull de Barcelona, donde falleció en el año 2005.
En cuanto a Manuel Marzal, la mayor parte de su actividad apostólica y docente (“id y enseñad”, fue la misión que Cristo confió a los apóstoles) transcurriría en America Meridional, más concretamente, en Perú, como profesor de Antropología de la Universidad Católica.
Como historiador, el bibliotecario y cronista oficial de Olivenza se declara en deuda con él, ya que Manuel Marzal fue quien le puso en la pista de un dato muy a tener en cuenta para comprender la historia del contencioso oliventino. Olivenza fue, en efecto, enajenada a Portugal por un acto de conquista. Una guerra en la que, en vez de tiros, hubo naranjas. Pero que no se emplearon como proyectiles, sino como una especie de trofeo que el primer ministro, Manuel de Godoy dedicó galantemente a la reina María Luisa de Parma. No obstante, Portugal recibiría como compensación por parte de España un amplio territorio de las colonias americanas: “Olivenza, no jurídica sino fácticamente, fue permutada por Siete Pueblos guaraníes que constituían como dos tercios del actual estado de Rio Grande do Sul” (pág. 54)
Los 400 kms. cuadrados perdidos en la metrópoli eran compensados con la ganancia de 90.000 kms. cuadrados en tierras americanas. ¡Un terreno 225 veces mayor! Fue, realmente, "la perla que costó un tesoro", según la significativa valoración que hace Limpo de aquella histórica transacción (Ver su OLIVENZA, LAS RAZONES DE ESPAÑA, pp. 133 ss.)
El libro homenaje, cuidadosamente editado, se avala con firmas de conocidos personajes de la política y de las letras: José Juan Toharia, Carlos Losada, Pedro Altares, Miguel Roca i Junyent, Fernando Suárez, Alain Surpiot…
Y un artículo final del único superviviente entre los homenajeados, el profesor Abadíe.
Y un par de trabajos más de Alfonso Limpo, el factótum de esta publicación y eficaz colaborador como jefe de prensa del Ayuntamiento oliventino.Trabajos que versan sobre Manuel Marzal y sobre el profesor Abadíe-Aicardi.

lunes, abril 30, 2007

Con piezas de Mecano






Para mi sobrina Eloísa y su amiga Ana Torroja,
la voz del grupo que se llamó Mecano



Siempre seguí, en su día, los avatares y los éxitos del grupo Mecano, contagiado, en cierta medida, por una de sus fans más entusiastas: mi sobrina Eloísa Arnés. Los componentes del célebre y recordado grupo musical tenían en la hija de mi hermana una de sus más fervientes y fieles admiradoras, y el cuarto de mi sobrina era la prueba más fehaciente de esa admiración: una fonoteca de lo más completo acerca del grupo, álbumes de discos, cassetes, CDs, videos, carátulas, carteles… fotos dedicadas, etc. etc.
Hasta tal punto me sabía yo los títulos y las canciones de Mecano que un día se me ocurrió la humorada de componer un pequeño relato, ensartando los títulos de esas canciones, componiendo con ellos (como si se tratase del conocido juego que lleva el nombre que para sí adoptó el conjunto musical) un texto, a la manera de los antiguos centones. Por estar compuesto con las piezas exitosas del célebre grupo, mi artículo llevaba el título de “Concierto de Mecano” y se publicó en el diario HOY, de Badajoz, con fecha 15 de agosto de 1995. Por cierto que el título del artículo apareció alterado por el tipógrafo de turno que se tragó por descuido la preposición: Concierto Mecano (sic)

Reproduzco aquí la parte más lúdica de aquel relato:
(…)
La “fan” a la que me refiero (la destinataria de este artículo) ha convertido su habitación en lo que yo llamo “el santuario de Mecano”. Posters de la trinidad musical tapizan las paredes, souvenirs por doquier, fotos dedicadas y, sobre todo, la más completa fonoteca monográfica de Mecano jamás vista: versiones en LP, en microsurco, en compact disc, en cassette... Mecano en inglés, en francés, en italiano. Mecano por activa y por pasiva.
Es un empacho, diría cualquier incrédulo; pero el devoto, el entusiasta, el “fan”, tiene que reconocer: es una gozada.
Puedes escuchar varias versiones de cada canción, puedes apreciar matices, puedes, en fin, “mecanizarte” a placer.
Yo, aunque Me río de Janeiro y hasta de mi propia sombra, me he tomado muy en serio esto de Mecano. Por fin, en estas vacaciones, creo que estoy haciendo algo de provecho: ponerme al día sobre uno de los grupos musicales más importantes de este siglo en España.
Así que Nada tiene de particular que, fascinado por los temas y las melodías del exitoso grupo, intente ahora componer, con piezas de Mecano, la clave de un pequeño cuento veraniego que podría “sonar”, más o menos, así:
Cuando llega La estación calurosa (es decir, cuando Ya viene el sol pegando fuerte) en nuestra tierra extremeña se alcanzan temperaturas sofocantes. En casa no hay quien pare y tienes que estar todo el tiempo echándote Aire con el abanico. Llega un momento en que dices Ya no aguanto más. Se acabó. Ahora mismo Me voy de casa. Tan desesperado estás que en ese momento te irías a El fin del mundo, incluso a vivir, como Los héroes de la Antártida, en compañía de las Focas.
Claro que lo que a mí me gustaría de verdad es visitar Japón, pero el presupuesto no me da para tanto. Así que Busco algo más barato. Echándole imaginación al asunto, procuro montarme mis paraísos artificiales sin salir de mi propio piso. Me lo paso Bomba y es como si estuviera en Hawai.
Pero como no es cosa de estar todo el día Perdido en mi habitación, a veces salgo para echar una cana al aire. Así que, para variar, me meto en El cine o, si se tercia, me voy de marcha. Sobre todo, los fines de semana. Anoche, sin ir más lejos, Me colé en una fiesta, Por la cara, y estuve toda la noche Bailando salsa. Así que, claro, Hoy no me puedo levantar. La verdad es que, a cierta edad, uno no está ya para muchos trotes. Hay que reconocer que uno toma ya, cada vez más de tarde en tarde, El barco a Venus. Y apenas te interesas por La extraña posición.
Y no es que uno sea insensible a Las curvas de esa chica. Lo que pasa es que para esa chica ni siquiera cuentas. En el mejor de los casos te toma como una Naturaleza muerta. Y es que, cuando vamos siendo viejos, para ciertas cosas ya No pintamos nada.
Hay quien dirá que estoy Un poco loco. Desde luego, tengo que reconocer que no soy un Ángel. Yo Sólo soy una persona que tiene sus fallos, como todo el mundo. Lo importante es que cada uno de esos fallos se vea como El fallo positivo que enriquece nuestra experiencia.
De momento lo que más me fastidia es que se están acabando las vacaciones. Para antes de El 7 de septiembre me veo currando de nuevo. O sea, entonando, Un año más, El blues del esclavo:
— Tu - ru - ru - rú

martes, abril 24, 2007

EN POS DE LA "RUTA 66" (I)

El deseo de tender puentes con una derecha cada vez más arisca y recalcitrante, en lo que a “crispación” se refiere, me lleva a saludar, con fundadas esperanzas de entendimiento mutuo, el artículo recientemente aparecido en HOY (18 de abril de 2007) titulado “Ira, memoria, Ruta 66”, cuyo autor es el concejal de Zafra, Juan Carlos Fernández:

http://www.hoy.es/prensa/20070418/articulos_opinion/memoria-ruta_20070418.html



Quiero, antes de nada, felicitar sinceramente a su autor porque creo apreciar en su escrito tres cosas que considero importantes y que son, en el presente caso, objetividad, veracidad e inteligencia.


La política de mano tendida, si bien en tiempos de guerra es, cuando menos, imprudente y nada recomendable (véase el artículo precedente en este mismo blog, titulado PUNICA FIDES) es, por el contrario, muy recomendable en tiempos de paz y de convivencia democrática.El concejal zafrense trae a colación algunas analogías que él aprecia entre ciertos episodios de la novela de Steinbeck titulada Las uvas de la ira y el contencioso, de “rabiosa actualidad”, (valga el tópico, no por manido menos exacto) que se conoce con el nombre de “Recuperación de la Memoria Histórica”.


Juan Carlos es joven y quiere comenzar su andadura política desde el presente, sin ese fardo oneroso del pasado. Siguiendo su paralelismo, al hilo del relato del autor norteamericano, Juan Carlos considera estéril aferrarse a la tierra calcinada del pasado, para colonizar el presente y el futuro, sembrando nuevas esperanzas. Y establece este bello aserto que suscribo: “las cenizas de antaño deberían servir de abono a la convivencia de hogaño”. Y, en un breve repaso de la denominada Transición (que sería el equivalente de la primera etapa de la Ruta 66, que nos sirve de símbolo) recuerda los gozos y las sombras de nuestra, todavía corta, andadura democrática: el referendum del 76 (el del “Habla, pueblo, habla”) , la legalización del partido comunista, el susto del 23-F y otros hitos memorables de esta puesta de largo de nuestra ciudadanía, de nuestra mayoría de edad, inútilmente prolongada por el paterfamilias del Pardo:


Todos los sepultados (dice el edil zafrense) fueron víctimas de la misma no-España.Y justo será que a todos se llore. A todos. Pero al llanto de familiares (…) se suman plañideras indeseables (…) con rencor y ansia de revancha…


Bueno, es posible que haya plañideras, parece inevitable. También las hay que hacen ruido junto a las víctimas del terrorismo. Y que agitan banderas inconstitucionales en solidaridad interesada con esas víctimas. (Indeseables, honesto Juan Carlos, los hay en todas partes)


Yo le agradezco sinceramente el que usted reconozca el derecho de los familiares de los vencidos en aquella guerra a buscar y honrar los huesos de los suyos. Ese derecho no les fue reconocido durante los años de la Dictadura. Y en la Transición hubo que dar preferencia a otros asuntos más acuciantes, al objeto de afianzar la todavía débil democracia.Pero la herida estaba ahí. Y había que restañarla para inaugurar de una vez por todas una convivencia no basada en el recelo. No es, créame, ganas de incordiar a la derecha, sino de restablecer la concordia, depurar la convivencia de todo rescoldo de amargura. La izquierda (lo que ella simboliza) necesitaba una catarsis, es una norma saludable de la convivencia echar fuera el veneno de esa amargura (permítame decírselo, sin petulancia, en el viejo latín de Cicerón: evómere virus acerbitatis)


Pero esto requiere ser tratado más pormenorizadamente. Abrigo la esperanza (y con esto termino por hoy) de que usted y yo podamos ponernos de acuerdo, puesto que ambos parecemos estar bien dispuestos para lograr el mutuo entendimiento. Se trata de alcanzar un consenso básico respecto a ciertos aspectos innegociables de la verdad. Algo en lo que, necesariamente, tenemos que coincidir, por ser el resultado de una deslumbradora evidencia, como, por ejemplo, convenir que en este momento en que escribo (las diez de la mañana) es de día.Por supuesto que, respecto a lo opinable, vamos a fomentar la bio-diversidad de opiniones. Es otro de los preceptos saludables de la higiene democrática.




(continuará)

EN POS DE LA "RUTA 66" (II)

Por fortuna, ya no hay Zona Roja y Zona Nacional: Hablar de eso suena ya a un anacronismo afortunadamente superado. Hay Zona Democrática común. Pero nuestra confluencia en la democracia parece provenir de distintos caminos. Y lo que su Partido Político nos trae a la memoria, aunque en la actualidad circule correctamente por la vía democrática, es que nació, como el ave fénix, de las cenizas del franquismo, es decir, de la antidemocracia. Creo que no tendrá usted mucha dificultad en reconocerlo. En cambio, la vieja República, fue un primer esfuerzo, si bien tosco e imperfecto, por tomar el rumbo hacia la verdadera Democracia. En esta caravana popular hacia el santuario de la Democracia ideal, en la que usted y yo parecemos estar empeñados, hemos venido a confluir con la opinión del viejo mandatario inglés, Mr. Churchill, de que “la democracia es el menos malo de todos los sistemas de gobierno” (el premier británico lo decía de una forma más ingeniosa y paradójica, al estilo de aquel Wilde que fue contemporáneo suyo)


Como ve, escribo solemnemente Democracia con mayúscula. No es mi pretensión ‘santificar’ la democracia, con minúscula, aunque, verá: ‘santificar’ o ‘canonizar’ viene a ser a ser lo mismo. Ambas palabras provienen de nuestros comunes manantíos léxicos, el Latín y el Griego. ‘Santificar’ viene de ‘sancire’, sanctum, y ‘facere’, hacer. Digamos ‘elevar a rango de acuerdo o pacto venerable algo que creemos digno de respeto’. Y ‘canonizar’, del Griego ‘kanon’, viene a ser casi lo mismo. La Iglesia santifica o canoniza a algunas personas, reconociendo que son ejemplares.La Democracia se sanciona (se ratifica) mediante lo que se conoce con el nombre de Constitución. Consiste en convertir en regla o norma (‘kanon’) de nuestras vidas una serie de pactos ratificados de mutuo acuerdo.Las normas de convivencia, ratificadas, conforman lo que llamamos la Constitución. Esos acuerdos pactados nos garantizan que vamos por el buen camino de la Democracia. Los santos se han preocupado siempre por encontrar el buen camino. Santa Teresa de Jesús, nuestra santa más castiza, escribió su Camino de perfección. Y un santo de relativamente reciente canonización escribió un libro titulado, simplemente, Camino. Un conjunto de normas que sirvan de guía espiritual, pensado para hombres destinados a ser líderes. Hay libros destinados a guiar (ejemplo, la Guía de pecadores, de Fray Luis de Granada, la Guía de perplejos, de Maimónides…) Y hay otros libros destinados a guiar a los guiadores. Tal parece ser el libro de Monseñor Escrivá de Balaguer, San José María, al que acabamos de referirnos.


La incomprendida Memoria Histórica tiene una razón de ser más profunda, no la mezquina que se le atribuye de atizar rencores pretéritos y reavivar heridas. Se trata de fundamentar la convivencia sobre bases más estables, consolidando el firme sobre el que pisamos, para que no se llene de baches. Ese camino provisional hacia la democracia llamado Transición no fue (ahora lo vemos con claridad meridiana) más que una etapa del camino hacia la Democracia con mayúscula, la anhelada meta a la que usted y yo aspiramos, como compañeros de viaje. La razón de ser de la Memoria Histórica surge de la necesidad de elaborar un mapa del territorio que hemos recorrido, para no volver a equivocar la ruta. Y eso implica razones más importantes, de mayor calado que la de exhumar huesos putrefactos de unos y de otros. Sí, es verdad que los unos fueron celebrados y honrados, sin censura, por los poetas azules (¡aristocrático Foxá!) y los otros silenciados ignominiosamente. Reparemos también esta iniquidad (‘in-aequitas´, ‘desigualdad’ = in-justicia) en la medida de lo razonable.


La Memoria Histórica demanda otro modo de revisar el pasado, otra forma de puesta en común, de verificar que anduvimos errados, cuando, para atajar atentados menores, nos metimos en el Gran Atentado de la Guerra Civil. Los promotores de este Gran Atentado están actualmente siendo juzgados por la Historia, como los de la yihad islámica lo están siendo estos días por la justicia ordinaria. La justicia, a secas. Fíjese cómo van encajando las piezas: hubo tribunales de justicia cuyos vere-dictos fueron, más bien, falsi-dictos, que ahora están siendo invalidados por la justicia, a secas. La Justicia verdadera, la de la Edad de Oro, a la que siempre ha aspirado la Humanidad; la mitológica Astrea, que emigró al Cielo cuando vio que en la Tierra no tenía nada que hacer, vuelve, por fin, por sus fueros. Los añorantes de la “dichosa edad” queremos convencerla para que se quede con nosotros.La Memoria Histórica demanda, exige, reparar los viejos errores. Reconocer los pasos en falso y proclamar con sinceridad y valentía: aquí anduvimos errados. La confrontación bélica entre españoles fue un formidable error y no existe razón histórica que lo justifique.


Pero, si le parece, hacemos un alto en el camino para tomarnos un respiro

EN POS DE LA "RUTA 66" (III)

La mirada retrospectiva, crítica, de la situación política dejada atrás, trata de revisar la etapa de la Dictadura a la luz de la experiencia democrática. Si la Memoria Histórica plantea esta revisión no es, como algunos piensan, con la finalidad de “renovar heridas”, sino con la de dejar bien clara la ilegitimidad de un sistema opuesto a la democracia, desmontando así, uno a uno, los mitos (es decir, las falsedades) en las que basó su presunta legitimidad el franquismo.Desde luego que esa revisión crítica implica también el reconocimiento de errores por parte de los herederos ideológicos de la 2ª República. Las deficiencias de ese primer intento de implantar la democracia eran, en gran medida, consecuencia de uno de los males que la República intentaba corregir: la falta de cultura, como resultado de una situación económica que no facilitaba, precisamente, a quienes carecían de recursos, el acceso a esa cultura. Hubo intentos de remediar tales carencias, como los que ensayaron las llamadas Misiones Pedagógicas, o las Universidades Populares (que no son, como pudiera creerse, un invento de hoy día) En esos proyectos colaboraron poetas como García Lorca, o Miguel Hernández, hondamente comprometidos con la causa popular.Pero la cultura, más allá de lo meramente ‘folklórico’, no estaba al alcance del pueblo llano, sin recursos para realizar estudios superiores. Y, sin cultura, una democracia nunca puede prosperar (Un texto mío, en Latín, cuyo título en español podría ser “Una democracia inculta no puede subsistir”, puede verse en DEMOCRATIA INDOCTA


El inconveniente principal de los ensayos de democracia sin cultura es que, como decía Cicerón, las masas se embriagan fácilmente con el vino de la libertad (R.P. I, 43) El diagnóstico ciceroniano parece aplicable a la 2ª República española:


De este exceso de libertinaje que ellos creen que es la única libertad, dice él 〔Platón〕que brota y nace, como de su raíz, el tirano (Cic., R.P. 1.68.


3-5)*


Las torpezas cometidas por quienes, ayunos de cultura, se embriagaron de libertad, se fueron anotando en la cuenta de la República.Los desheredados de la cultura se asilvestraron. Y, al parecer, no hubo un gobierno que pudiera controlarlos y lograra meterlos en cintura. Los ‘dipsómanos de la libertad’ cometieron algunos excesos contra el estamento religioso, quizá influenciados por aquel punto doctrinal del marxismo que se refiere a la religión como ‘el opio del pueblo’. Y se produjeron sabotajes y estragos contra establecimientos religiosos: las conocidas quemas de iglesias y conventos.


Por otro lado, los terratenientes (los ricos de entonces) temían verse privados de sus posesiones, por los planes de expropiación de tierras, para repartirlas entre jornaleros y gañanes. Se comprende que los ricos hicieran causa común con los intereses de la Iglesia, igualmente amenazada.


Y, por fin, la solución drástica de la sublevación militar. ¡La salvación!Franco fue jubilosamente recibido por los ricos y el estamento religioso como el salvador de la patria en peligro. La jerarquía eclesástica vio en el caudillo el hombre providencial y no tuvo ningún reparo en bendecir la sublevación, calificando de ‘Cruzada’ el golpe militar.Había que atajar los desórdenes particulares de una democracia errónea (la República) con una enérgica intervención militar que implantara el orden por la fuerza.


Pero, señores, ¿cómo se pueden atajar los errores particulares mediante ese Desorden General que es la guerra? Séneca, el Viejo (que sabía más por viejo que por Séneca) había dejado constancia, en sus Controversias, del carácter contradictorio, absurdo, de una medida como esa: Quis, ut seditiones leniret, turbavit rem publicam? (Contr. 2.6.4.23) (Adaptando el sentido de esta pregunta a nuestra particular circunstancia, traduciríamos: “¿Quién, para atajar revueltas, trastornó el orden constitucional?”)


Pues hubo quien lo hizo, y fue nuestro ‘invicto’ caudillo. Que, además, frustró la implantación de la democracia en España durante ocho lustros.La revisión crítica de la dictadura, la demolición de sus viejos tópicos, es necesaria para cimentar la nueva casa común que hemos de habitar los españoles. Esa revisión presenta, entre otras reivindicaciones, la de la condena explícita de la Dictadura, como antítesis de la Democracia. Y esa fue la prueba del algodón que en 2002, el partido entonces en la oposición, recabó del PP, entonces en el gobierno. Cogido entre la espada y la pared, el partido que había obtenido el poder en virtud de las reglas democráticas, aceptó condenar la dictadura (so pena de incoherencia política) ¿Por qué después, en el Parlamento Europeo (4 de julio de 2006) el diputado Sr. Mayor Oreja, inconsecuentemente con lo aceptado por su partido en el Parlamento Español, no condenó el franquismo? ¿No es eso dar marcha atrás?


En efecto, la condena de la dictadura (y, en consecuencia, del franquismo) que tuvo lugar en el Parlamento Español (20 de noviembre de 2002) con la unanimidad de todos los partidos politicos, era una señal esperanzadora de que íbamos por el buen camino, la “Ruta 66” de la Democracia. Andarse ahora con reticencias y resabios en este punto es de muy mal pronóstico.Y es que la deseable pluralidad y la bio-diversidad de opiniones, propia del sistema democrático, resulta incompatible con cualquier tipo de concesiones a la dictadura, y menos a la franquista, que consistió en


a) Una traición al pueblo español legítimamente representado por el gobierno de la República (aun admitiendo posibles fallos e incompetencias de estos representantes legales)


b) Una traición al resto del estamento militar que no secundó la sublevación


c) Un delito de parricidio, perpetrado principalmente contra una población inerme e indefensa, cuyo único delito fue profesar unas ideas que aspiraban a mejorar las condiciones sociales de los españoles.


d) Una prolongada usurpación del poder, obtenido por la fuerza, que retrasó de manera exasperante la mayoría de edad de los españoles y el disfrute de las libertades (de prensa, de culto, etc.) a que tienen derecho las naciones ‘civilizadas’


e) Una rémora, en fin, de la incorporación de España a la modernidad y el bienestar.





Estos y otros daños trajo al país la dictadura franquista.No es de recibo que un representante de un partido español, que se supone democrático, rehúse condenar lo que su mismo partido ya había condenado con anterioridad (quizás a regañadientes)





Ahora bien, si el PP no reitera esa condena es una señal inequívoca de que su propia credibilidad democrática está en entredicho. Y de que no va en la dirección de la democrática "Ruta 66", sino que tiende ‘a volver grupas’, hacia la vieja querencia.


__






* La cita de Platón pertenece su Rep. VIII, 562c-563e)






lunes, abril 23, 2007

¡Ah, los matemáticos!





A mi ex–alumna Inmaculada P. de G. Molina



Lo que son las cosas… Si mi exclamación del epígrafe hubiera cambiado del masculino al femenino (¡ah, las matemáticas!) nadie la hubiera interpretado como referida a las mujeres, sino a las ciencias llamadas matemáticas. Claro que, entonces, en la escritura, la correcta grafía de la expresión hubiera requerido el empleo de la mayúscula inicial del sustantivo. Pero eso no sería percibido en la frase oral, sino en la escrita: ¡Ah, las Matemáticas!
Si opto por la forma masculina se entiende que me estoy refiriendo a las personas (¡de ambos sexos!) que cultivan esas ciencias tan peculiares como son las que, de entrada, ya se enuncian en plural, a diferencia de otras ciencias (la Filosofía, la Medicina, la Astronomía…) que habitualmente se nombran en singular.
Si digo las Matemáticas se entenderá, seguramente, que me refiero a las ciencias, no a las personas del sexo femenino que las cultivan. Si, en cambio, digo “los matemáticos”, está claro que mi expresión se entenderá referida a los seres humanos, mayoritariamente masculinos, claro, que cultivan esas ciencias.
Ellas, las Matemáticas, son maravillosas; y ellos (los matemáticos y las matemáticas) unos seres maravillosos, como la mente del personaje que encarna el actor Russell Crowe, de modo maravilloso, por cierto.
Si el saber produce deleite, el que producen las Matemáticas (y algunas matemáticas, probablemente) consiste, según afirman ellos/ellas, en un deleite muy señalado, muy sui generis, casi inefable. Descartes lo explicó en alguna ocasión, tratando de razonar la causa que lo producía:
Je me plaisais sourtout aux Mathématiques, à cause de la certitude et de l’évidence de leur raisons. (Yo me deleitaba, sobre todo, con las Matemáticas, debido a la certeza y la evidencia de sus razonamientos)
¿Y los matemáticos? ¡Ah, eso depende de los gustos de cada cual! A mí, personalmente me atraen más las matemáticas de líneas curvas, pero, según dicen, “sobre gustos no hay nada escrito”, cosa que tampoco es verdad.
Tanto admiro a los matemáticos que hace ya bastantes años me compré los dos tomitos publicados por Penguin Books, que tratan de las vidas maravillosas de esos cerebros privilegiados. Me refiero al libro titulado Men of Mathematics, de E.T. Bell.
Allí leí cosas muy interesantes acerca de esos seres admirables, anécdotas de sus vidas, a veces trágicas, como la muerte en duelo del famoso algebrista Èvariste Galois; o sorprendentes, como la prodigiosa precocidad de un Gauss, descubriendo, intuitivamente, hacia los nueve años, el procedimiento de la suma rápida, casi instantánea, de los términos de una progresión aritmética…
Sí, me hubiera gustado enamorarme, hasta las cachas, de las Matemáticas. Y, por supuesto, te envidio, querida ex–alumna, Inma Pérez de Guzmán, profesora de esta disciplina en la Universidad malagueña. Pero,¡ay!, non omnia possumus omnes, no todo se puede. Hay, menos mal, otros puros placeres en la tierra, a los que, por fortuna, yo he tenido acceso. Leer a Virgilio en su idioma es también un placer muy estimable. Y otro tanto puede decirse de quienes tienen la suerte de saborear la incomparable sinfonía dactílica de los versos homéricos. Alguna experiencia, aunque muy modesta, tengo del asunto.
Por estos espirituales deleites, barrunto que me perdí algo extraordinario por no haber estudiado a fondo las Matemáticas. Pero, de haberlas estudiado, me hubiera gustado escalar esas cimas gloriosas que escalaron los más audaces. Me gustaría haber compartido con Fermat el secreto del célebre teorema que él se llevó a la tumba y que sólo hace unos años, con métodos posiblemente más sofisticados pero menos sutiles, logró descifrar Andrew Wiles, un matemático anglosajón, profesor en Princeton. O conseguir elevar al rango de teorema el atisbo genial de otro gran matemático francés, Henri Poincaré, la llamada conjetura de Poincaré, sólo recientemente resuelta por otro genial matemático, esta vez de origen ruso, Gregor Perelman.
Todos estos inmarcesibles secretos de las Matemáticas podrían sernos más accesibles, de haber estudiado más a fondo las llamadas ciencias exactas. Por más que hay matemáticos que rehúsan el calificativo de ‘exactas’, aplicado a las Matemáticas, lo mismo que hay filósofos que rechazan para su ciencia el epíteto de ‘pura’, que hasta hace 30 ó 40 años (cuando yo acudía por la Complutense) se solía aplicar a la Filosofía
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jueves, abril 19, 2007

PUNICA FIDES

La memoria histórica sirve, entre otras cosas, para desenmascarar las viejas trapisondas que puso en marcha la propaganda del régimen franquista, a fin de disfrazar de celo por la causa pública y el mantenimiento del orden lo que era en realidad una añagaza para hacer salir de sus escondrijos a los obreros afectos al socialismo y, una vez localizados, tenerlos bajo control y, eventualmente, hacerlos desaparecer para siempre.
Lo sé porque la estratagema enemiga dio resultado en el caso de mi familia. El contenido del bando que aquí se reproduce es idéntico al que movió a un tío carnal mío (hermano de mi padre) a ir a buscar a su hermano a un escondite para trasmitirle las garantías recibidas de que no tenía por qué temer, ya que no tenía delitos de sangre y bla, bla, bla…
Mi tío (20 años entonces) incurrió en la candidez de dar crédito a semejante faramalla y allá se fue en un carro, a unas cuantas leguas del pueblo, en busca de su hermano.
Todo fue una añagaza marrullera. No bien hubo vuelto al pueblo, mi padre fue llevado preso a la cárcel que se había habilitado al efecto en el que luego sería (si es que no lo era ya) el Bar de Nicolás, en el rincón junto al Casino. De allí saldría en la madrugada del 10 de septiembre del 36, para ser asesinado junto a las tapias del cementerio, en compañía de otros presos, entre ellos una mujer apodada La tenienta.
Unas reflexiones al hilo del contenido de este bando, que se conserva en el archivo propiedad de la familia Salazar, de Zafra, y que el historiador José María Lama reproduce con el nº 135 entre los documentos que aporta en su libro La amargura de la memoria (Ed. Diputación de Badajoz, 2004) :
La primera reflexión es la que aconseja no fiarse jamás del enemigo. Es la moraleja de aquella conocida fábula de Samaniego titulada “El perro y el cocodrilo”. Dice la moraleja:
¡Oh, taimado perro viejo!:
Yo venero tu sentir
en eso de no seguir
del enemigo el consejo
.


Esa desconfianza sistemática hacia el enemigo es lo que entre los romanos se conocía con el nombre de Punica fides. La proverbial alevosía cartaginesa se conocía entre los romanos con el irónico mote de lealtad cartaginesa. Ese recurso tropológico llamado antífrasis, que consiste en dar a algo el nombre más opuesto al que en realidad le cuadra. Esa lealtad era, justamente, todo lo contario de la auténtica lealtad. Bien lo sabía Laocoonte cuando aconsejaba a sus compatriotas desconfiar del caballo de Troya:
Timeo Danaos et dona ferentes
(Temo a los griegos incluso cuando nos traen regalos)

Y, por último, una ojeada sobre el fementido y pestífero texto del bando, sobre sus abominables muletillas, simulando preocuparse del bienestar de los obreros y protegerlos de los abusos del explotador, en este caso, naturalmente, los líderes rojos. Se refiere a la insurrección como un “movimiento salvador de España”, lo que es flagrantemente contradictorio y falso. Y pretende ganar, con el halago doloso, la confianza del obrero. Este tipo de soflamas estaba a la orden del día.
De paso conmina a la entrega de las armas, so pena de ser pasados por ellas, a quienes no lo hicieren (se sobreentiende: a menos que pertenezcan, o sean adictos, a la gloriosa causa del Movimiento Nacional, en cuyo caso, la tenencia de armas resulta totalmente lícita; ya que en algunos lugares, los propios militares han suministrado armas a los mandamases de la derecha para que contribuyan a limpiar a España del rojerío, el enemigo común)
Y termina el bando con el preceptivo y patriótico “¡Viva España!”
La España suya, naturalmente, no esa otra España sobre la que ellos sembraban diariamente la muerte.
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* Transcribo el texto del bando, por no estar legible en la fotocopia que se adjunta a esta entrada. Falta algún que otro acento y sobra alguna que otra coma. Pero no iba encima a suministrarle ortografía al comandante. Faltaría más.
Don Carlos Blond Mesa
Comandante Militar de esta Plaza

HAGO SABER: Todos los obreros que estén ausentes de su domicilio pueden volver tranquilamente a sus casas en la seguridad de que nada han de temer, ya que el movimiento salvador de España no va ni ha ido nunca contra el obrero, sino todo lo contrario, puesto que solo quiere su bienestar, la paz entre todos y la salvación de la Patria que estaba en peligro de derrumbarse.

El ejército salvador viene a los pueblos en son de paz, no de guerra como traidoramente os querían hacer ver los dirigentes a costa de vuestras cotizaciones, pan que quitabais a vuestros hijos, vivían y querían seguir viviendo en el lujo y el bienestar de los potentados, y esto por fortuna para vosotros ha terminado para siempre.

Por tanto el que no haya sido dirigente ni tenga sobre su conciencia delitos de sangre, puede regresar tranquilamente a su lugar, entregando previamente el arma que tenga como prueba de lealtad a su patria, y promesa de que no incurrirá nuevamente en los errores a que le llevó su ignorancia o buena fe al seguir a unos traidores a su nación.

En cumplimiento de bandos publicados anteriormente y que ya conoceis, advierto a todos que los registros domiciliarios se llevarán a cabo con todo detalle y energía, por tanto, el que aún conserve algún arma y no se atreva a entregarla, que la deposite en la vía pública de donde por las fuerzas a mis órdenes serán recogidas, bien entendido que a los inquilinos de las casas en donde se encuentre alguna sin la debida autorización, serán pasados por las armas con arreglo al bando de declaración de Estado de guerra.

Espero de todo el pueblo de Zafra el más exacto cumplimiento a las órdenes dadas y no dudo que todos sabrán portarse como buenos españoles cooperando con las autoridades a la salvación de nuestra Patria.

¡Viva España!

Zafra, 27 de Agosto de 1936

Carlos Blond

domingo, abril 15, 2007

Pensar con los pies...

"El sastre", por G. Battista Moroni (1529-1578) National Gallery

Entre los poetas antiguos, griegos y romanos, los poemas nacían con un traje a la medida, con el verso puesto. El lenguaje poético era de Corte y Confección y las musas impartían lecciones de sastrería, de modo que los pupilos aprendían a pensar directamente en verso. Y esto era factible, en gran medida, porque los alumnos aprendían antes a cantar que a hablar, mejor dicho, cantar era la forma habitual del habla, por lo que a hablar se aprendía cantando, y de ahí los nombres prosodia y acento, griego y latino, respectivamente, palabras relacionadas con el canto (pros odé / ad-cantus) El hablar era una suerte de música y ‘música’ era, propiamente, el lenguaje de las musas. Griegos y latinos percibían de una forma natural las cantidades breves o largas de las sílabas y equivocar estas cantidades era como desafinar, de ahí que riesen cuando denotaban en los forasteros la falta de precisión en las cantidades. Así los poemas griegos y latinos brotaban espontáneamente cubiertos con el traje a la medida del verso. La armonía innata era su ropaje natural. Claro que algo semejante se podría decir de muchos grandes poetas que no fueron griegos o latinos. Rubén Darío es el ejemplo más preclaro de una aptitud innata para expresarse en verso. Y esto se puede afirmar, en general, de los grandes poetas, sea cualquiera el idioma en que escriban.
Pero la ciencia de las cantidades silábicas en la poesía grecolatina se aprendía de forma natural en el habla. El canturreo, el sonsonete, el acento, se asimilaban de viva voz. Los versos se ajustaban a ritmo y medida, susceptibles de ser marcados por movimientos de cabeza, o, más frecuentemente, marcando el compás mediante la elevación y depresión alternativa de la punta del pie (arsis y tesis). Por eso a un griego, o a un romano, les resultaba relativamente fácil versificar y, en cambio, a nosotros nos resulta muy difícil hacerlo, aun habiendo estudiado las reglas de la cantidad en esos idiomas.
La prosodia, con sus matices musicales, era algo connatural con el aprendizaje del habla viva de las lenguas clásicas y por eso decimos que los poemas nacían ya trajeados de un lenguaje a la medida, sílaba por sílaba. El verso nacía revestido de manera natural por la prosodia asimilada en el habla.
Los poetas, empero, hablan de poesía desnuda y aun de poesía inefable. Bécquer afirmaba conocer “un himno gigante y extraño”, que él quisiera escribir
con palabras que fuesen a un tiempo
suspiros y risas, colores y notas
.
Es decir, un lenguaje incluso exento del vehículo normal que es la palabra.
Juan Ramón postulaba una poesía ‘desnuda’, bien que admitiendo una única vestidura decorosa para su poesía: la túnica de la inocencia:
Vino, primero, pura,
vestida de inocencia
y la amé como un niño
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Pero en la alegoría juanramoniana la poesía se hace adulta y, despues de pasar por una etapa sofisticada, de perifollos y atavíos verbales, inicia un strip-tease en el que se va progresivamente despojando de sus vestiduras:
Se quedó con la túnica
de su inocencia antigua
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Hasta que se despoja incluso de esa túnica. Porque hasta la inocencia puede ser considerada como una ‘fermosa cobertura’. La naturalidad es la desnudez. Por más que el cínico Henry Woton, del wildeano El retrato de Dorian Gray, dijese que “la naturalidad no es más que una pose, y la más irritante de las que conozco” (cap.I)
Por suerte o por desgracia, se perdió para la Poesía esa ciencia de la alta costura por la cual los poetas engendraban versos, a veces con más pies que cabeza: dáctilos, espondeos, yambos, troqueos, pirriquios, anapestos, proceleusmáticos…
Perdido ese arte de vestir el verso ‘a la medida’, arte de sastrería, le resulta muy ardua tarea, al que quiere versificar en versos clásicos, someter su inspiración a las pautas rítmicas marcadas por las cantidades. Es como el tormento de Procusto: estira aquí, corta allá…una tarea enojosa. Cuesta trabajo incluso a quien se ha preparado a conciencia para ello. Quizás por eso nuestro gran humanista Arias Montano componía versos latinos como quien hace penitencia. Casi todos los poemas que componen su colección dedicada a los profetas menores son el resultado de una promesa (Carmen ex voto) Se promete, en religión, aquello cuya realización comporta sacrificio. Montano se sacrificaba componiendo versos latinos. Era esta su disciplina y este su tormento en el potro, como un Procusto voluntario.
A mí me cuesta mucho versificar, someterme a la tortura de las largas y las breves. Y es que no hemos sido educados en esta naturaleza prosódica de manera natural, como los griegos y los romanos. Desconocemos la cadencia prosódica con que ellos aprendían a hablar desde la infancia o, si aprendían a hablar ya desde adultos, por ser extranjeros, desconocemos el acento peculiar de esas lenguas, tal como se aprendía de viva voz. De modo que versificar, que era para ellos relativamente sencillo porque partían de un conocimiento vivo de la prosodia, resulta para nosotros una tarea ardua. Como si sometiéramos nuestra inspiración a un corsé insoportable.
Estas reflexiones se me ocurren tras arduos esfuerzos por componer en latín unas cuantas estrofas en versos alcaicos. La llamada estrofa alcaica consta, en efecto, de dos endecasílabos, un eneasílabo y un decasílabo, según el esquema:

‾ ‾ ˘ ‾ ‾ ‾ ˘˘ ˉ ˘ x / (bis)
‾ ‾ ˘ ‾ ‾ ‾ ˘ ‾ x /
‾ ˘ ˘ ‾ ˘ ˘ ‾ ˘ ‾ x.
He conseguido pergeñar algunas estrofas, pero a costa de un esfuerzo ímprobo. He aquí una de esas estrofas:
O digne luctu, care pater meus,
erepte vita morte nefaria!
avulsus uxori benignae
et genitae genitoque parvo!

Teóricamente, deben seguir siete u ocho estrofas más, pero de momento, están en el telar.Ya veremos si tengo paciencia para terminarlas. Espero que las musas me instruyan con sus lecciones de alta costura.

sábado, marzo 31, 2007

LAS ALAS DEL FRANQUISMO

Toda metáfora puede ser el principio de una alegoría y este es el caso de la que da título al presente artículo. Si hemos equiparado el franquismo con un ave, podemos completar la alegoría diciendo que, en el presente caso, las alas que lo impulsaron y lo hicieron ganar altura para poder planear a sus anchas sobre el solar español, fueron la Falange y la Iglesia. Alas tienen los insectos, las aves y algunos mamíferos (el murciélago), pero alas poderosas que permitan un vuelo sostenido las tienen, entre las aves terrestres, principalmente las rapaces: el águila, el cóndor, el buitre… Imagine el lector, según sus simpatías o antipatías hacia el fenecido régimen, la figura del ave que mejor lo represente, a su juicio. Desde el águila imperial, de tanto abolengo histórico en la heráldica universal, hasta el buitre carroñero tenemos donde elegir. Para los perdedores en la guerra civil el franquismo es como el buitre prometeico, que en este caso se alimentó durante cuarenta años del cadáver de la España vencida, encadenada, privada de libertad.
El franquismo tomó impulso ascensional gracias a la Falange, de un lado y, del otro, a la Iglesia. La primera le proporcionó la doctrina política que sirvió, sobre todo, para paliar la absoluta inopia doctrinal de un régimen carente de ideología política, ciego y sordo a las aspiraciones de mejora social que motivaba a la clase proletaria; empeñado únicamente en mantener el “statu quo” en lo referente a una más equitativa distribución de los bienes de producción, lo que hubiera permitido el acceso de los menos favorecidos económicamente a los bienes superiores de la cultura y el espíritu.
La Falange, al menos sobre el papel, incluía algunas de estas preocupaciones en sus puntos programáticos (recuerdo, por ejemplo, aquello de "todos los que lo merezcan tendrán acceso incluso a los estudios superiores") La letra de estas y otras disposiciones por el estilo sonaba muy bien, pero en la práctica todo venía a quedar en buenos propósitos. El aspecto doctrinario de la Falange interesaba al régimen sólo de cara a la galería. De hecho, quienes en los primeros momentos del levantamiento militar se enrolaron en las filas de la Falange tenían como objetivo inmediato contribuir a eliminar al enemigo político. Ser falangista consistía, sobre todo, en pertenecer al cuerpo paramilitar que en la retaguardia se ocupaba de eliminar al adversario político, antes de que pudiera alcanzar las trincheras, o sea, todavía inerme e indefenso.
Ni el régimen ni el falangismo militante se tomaron verdaderamente en serio el corpus ideológico joseantoniano. Lo que sí se tomó en cuenta fue lo de "la dialéctica de los puños y las pistolas", que el fundador preconizara en un momento de arrebato oratorio. Pero aun así, se le interpretó torcidamente, ya que no cabe tal dialéctica frente a un adversario desarmado.
Personalmente, tras haber leído los escritos del fundador, me inclino a creer en la probidad intelectual de su pensamiento que, en la práctica, quedó descalificado por los hechos de sus presuntos correligionarios. A la Falange auténtica la desacreditaron, para los restos, aquellos facinerosos de primera hora. De ahí que haya resultado vano cualquier intento posterior de resucitar una presunta “falange auténtica”. Aparte del fundador, ha habido muy pocos falangistas auténticos. Los que de veras lo fueron, como Ridruejo, hubieron de apostatar de aquella falange espúrea, o aliviar sus remordimientos con “descargos de conciencia”, como el íntegro Laín Entralgo.
En cuanto a la otra “ala” del franquismo, casi es preferible no hablar. La redención social del proletariado que demandaban los nuevos tiempos topó con la incomprensión del estamento eclesiástico, propiciando el desencuentro con el pueblo. La situación empeoró debido al radicalismo de los más exaltados, imbuidos del principio marxista que considera la religión como “el opio del pueblo”. Los sabotajes contra instituciones religiosas que los más extremistas llevaron a cabo ante la ineficacia de un gobierno que no supo atajar estos desmanes, se cargarían en la cuenta de la causa popular, propugnada por un socialismo mayoritariamente moderado. Así, cuando sobrevino la rebelión militar, la izquierda en bloque, entre los que se encontraban no pocos creyentes, cayó bajo el anatema político y religioso, que en principio sólo alcanzaba al materialismo marxista. Todos quedaron marcados por el mismo denominador común denigratorio de “rojos”.
La rebelión militar se colgó los galones de la salvaguarda de la religión y surgió la consabida entente Iglesia-Estado. La sublevación militar contó con las simpatías y las bendiciones del estamento eclesiástico. El alzamiento se revistió de ‘cruzada” y en los muros de las iglesias se grabaron los nombres de los “caídos por Dios y por España”. La medida se aplicó a todos los pueblos de la geografía española, incluidos aquellos en los que no hubo ni un solo muerto de derechas y sí muchos de izquierda. Con lo cual éstos quedaron, de una parte, tildados de réprobos y, de la otra, de antiespañoles. A la muerte se añadió el oprobio.
Esa deuda histórica de la jerarquía eclesiástica con el pueblo español aún sigue pendiente, en nuestra opinión. La Iglesia, dispensadora de perdón, no ha considerado pertinente pedirlo en el presente caso
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