.jpg)
La mirada retrospectiva, crítica, de la situación política dejada atrás, trata de revisar la etapa de la Dictadura a la luz de la experiencia democrática. Si la Memoria Histórica plantea esta revisión no es, como algunos piensan, con la finalidad de “renovar heridas”, sino con la de dejar bien clara la ilegitimidad de un sistema opuesto a la democracia, desmontando así, uno a uno, los mitos (es decir, las falsedades) en las que basó su presunta legitimidad el franquismo.Desde luego que esa revisión crítica implica también el reconocimiento de errores por parte de los herederos ideológicos de la 2ª República. Las deficiencias de ese primer intento de implantar la democracia eran, en gran medida, consecuencia de uno de los males que la República intentaba corregir: la falta de cultura, como resultado de una situación económica que no facilitaba, precisamente, a quienes carecían de recursos, el acceso a esa cultura. Hubo intentos de remediar tales carencias, como los que ensayaron las llamadas Misiones Pedagógicas, o las Universidades Populares (que no son, como pudiera creerse, un invento de hoy día) En esos proyectos colaboraron poetas como García Lorca, o Miguel Hernández, hondamente comprometidos con la causa popular.Pero la cultura, más allá de lo meramente ‘folklórico’, no estaba al alcance del pueblo llano, sin recursos para realizar estudios superiores. Y, sin cultura, una democracia nunca puede prosperar (Un texto mío, en Latín, cuyo título en español podría ser “Una democracia inculta no puede subsistir”, puede verse en
DEMOCRATIA INDOCTA
El inconveniente principal de los ensayos de democracia sin cultura es que, como decía Cicerón, las masas se embriagan fácilmente con el vino de la libertad (R.P. I, 43) El diagnóstico ciceroniano parece aplicable a la 2ª República española:
De este exceso de libertinaje que ellos creen que es la única libertad, dice él 〔Platón〕que brota y nace, como de su raíz, el tirano (Cic., R.P. 1.68.
3-5)*
Las torpezas cometidas por quienes, ayunos de cultura, se embriagaron de libertad, se fueron anotando en la cuenta de la República.Los desheredados de la cultura se asilvestraron. Y, al parecer, no hubo un gobierno que pudiera controlarlos y lograra meterlos en cintura. Los ‘dipsómanos de la libertad’ cometieron algunos excesos contra el estamento religioso, quizá influenciados por aquel punto doctrinal del marxismo que se refiere a la religión como ‘el opio del pueblo’. Y se produjeron sabotajes y estragos contra establecimientos religiosos: las conocidas quemas de iglesias y conventos.
Por otro lado, los terratenientes (los ricos de entonces) temían verse privados de sus posesiones, por los planes de expropiación de tierras, para repartirlas entre jornaleros y gañanes. Se comprende que los ricos hicieran causa común con los intereses de la Iglesia, igualmente amenazada.
Y, por fin, la solución drástica de la sublevación militar. ¡La salvación!Franco fue jubilosamente recibido por los ricos y el estamento religioso como el salvador de la patria en peligro. La jerarquía eclesástica vio en el caudillo el hombre providencial y no tuvo ningún reparo en bendecir la sublevación, calificando de ‘Cruzada’ el golpe militar.Había que atajar los desórdenes particulares de una democracia errónea (la República) con una enérgica intervención militar que implantara el orden por la fuerza.
Pero, señores, ¿cómo se pueden atajar los errores particulares mediante ese Desorden General que es la guerra? Séneca, el Viejo (que sabía más por viejo que por Séneca) había dejado constancia, en sus Controversias, del carácter contradictorio, absurdo, de una medida como esa: Quis, ut seditiones leniret, turbavit rem publicam? (Contr. 2.6.4.23) (Adaptando el sentido de esta pregunta a nuestra particular circunstancia, traduciríamos: “¿Quién, para atajar revueltas, trastornó el orden constitucional?”)
Pues hubo quien lo hizo, y fue nuestro ‘invicto’ caudillo. Que, además, frustró la implantación de la democracia en España durante ocho lustros.La revisión crítica de la dictadura, la demolición de sus viejos tópicos, es necesaria para cimentar la nueva casa común que hemos de habitar los españoles. Esa revisión presenta, entre otras reivindicaciones, la de la condena explícita de la Dictadura, como antítesis de la Democracia. Y esa fue la prueba del algodón que en 2002, el partido entonces en la oposición, recabó del PP, entonces en el gobierno. Cogido entre la espada y la pared, el partido que había obtenido el poder en virtud de las reglas democráticas, aceptó condenar la dictadura (so pena de incoherencia política) ¿Por qué después, en el Parlamento Europeo (4 de julio de 2006) el diputado Sr. Mayor Oreja, inconsecuentemente con lo aceptado por su partido en el Parlamento Español, no condenó el franquismo? ¿No es eso dar marcha atrás?
En efecto, la condena de la dictadura (y, en consecuencia, del franquismo) que tuvo lugar en el Parlamento Español (20 de noviembre de 2002) con la unanimidad de todos los partidos politicos, era una señal esperanzadora de que íbamos por el buen camino, la “Ruta 66” de la Democracia. Andarse ahora con reticencias y resabios en este punto es de muy mal pronóstico.Y es que la deseable pluralidad y la bio-diversidad de opiniones, propia del sistema democrático, resulta incompatible con cualquier tipo de concesiones a la dictadura, y menos a la franquista, que consistió en
a) Una traición al pueblo español legítimamente representado por el gobierno de la República (aun admitiendo posibles fallos e incompetencias de estos representantes legales)
b) Una traición al resto del estamento militar que no secundó la sublevación
c) Un delito de parricidio, perpetrado principalmente contra una población inerme e indefensa, cuyo único delito fue profesar unas ideas que aspiraban a mejorar las condiciones sociales de los españoles.
d) Una prolongada usurpación del poder, obtenido por la fuerza, que retrasó de manera exasperante la mayoría de edad de los españoles y el disfrute de las libertades (de prensa, de culto, etc.) a que tienen derecho las naciones ‘civilizadas’
e) Una rémora, en fin, de la incorporación de España a la modernidad y el bienestar.
Estos y otros daños trajo al país la dictadura franquista.No es de recibo que un representante de un partido español, que se supone democrático, rehúse condenar lo que su mismo partido ya había condenado con anterioridad (quizás a regañadientes)
Ahora bien, si el PP no reitera esa condena es una señal inequívoca de que su propia credibilidad democrática está en entredicho. Y de que no va en la dirección de la democrática "Ruta 66", sino que tiende ‘a volver grupas’, hacia la vieja querencia.
__
* La cita de Platón pertenece su Rep. VIII, 562c-563e)