lunes, octubre 31, 2011

DON CESÁREO, PREFECTO DEL MENOR

Cesáreo Bermudo Guerrero era prefecto del Seminario Menor en los tiempos en que le hice esta especie de semblanza fisonómica. Cesáreo era un entusiasta de la música. Todavía, en la actualidad, creo que practica ese ‘hobby’ y dirige un coro mixto de personas mayores. Es fontanés de origen: ‘de Villalba a un lao’, como dicen los piporros, mis paisanos, también próximos a esa villa del antiguo Ducado de Feria. En los años que aquí evoco dirigía el coro del Seminario Menor. Contaba por aquel tiempo con las egregias voces de dos tiples de excepción: Joaquín Fernández Picón, corito, y Enrique Gajardo, fontanés como Cesáreo. El primero de ellos siguió una brillante trayectoria musical, como Catedrático de Órgano del Conservatorio de Madrid. Actualmente dirige el coro de la Universidad de Mayores de Extremadura.

Hace ya muchos años que aquellas maravillosas voces blancas se extinguieron, pero a la fecha perviven aún como bien timbradas voces graves. Gajardo, si mis datos son ciertos, aún actúa (supongo que como tenor) en la coral fontanesa. Y, a veces, según me contó él mismo hace algún tiempo, viene expresamente a dirigirlos su antiguo profesor y paisano, que en la actualidad vive en una residencia de mayores en Alcuéscar.

Quiero evocar, al publicar esta caricatura de D. Cesáreo, un precioso motete en latín que por entonces tenía en su repertorio la escolanía del Seminario Menor. Todavía recuerdo la letra que ahora copio aquí, seguida de su traducción castellana: O Iesu, mi bone pastor, en ego ovis tua sum: meque tecum fac gaudere in terra viventium. Qui manducat tuam carnem atque bibit sanguinem in te manet tuque in illo, ipsum alens nutriens. Te in mundum misit Pater et vivis propter Patrem: pariter qui Te manducat ipse vivet propter Te. (¡Oh, Jesús, mi buen pastor, heme aquí: yo soy tu oveja. Haz que yo goce de tu compaña en la tierra de los que viven para siempre! El que come tu carne y bebe tu sangre permanece en Ti y Tú en él, nutriéndolo y alimentándolo. El Padre te envió al mundo y Tú vives por el Padre. De igual manera, quien Te come, él mismo vivirá por Ti)


Cada una de estas estrofas iba seguida del estribillo, aquí marcado con negritas, con lo que el motete resultaba más largo.

Cesáreo desplegaba un gran dinamismo en la dirección del coro infantil. Parecía fascinar a los chicos cuando agitaba los brazos indicando las entradas de las respectivas voces. Conseguía conjuntarlos a las mil maravillas.

domingo, octubre 30, 2011

EVOCACION DE GERMÁN CID

NOTA: Clicar en la figura para verla en tamaño mayor

Las caricaturas son síntesis fisonómicas que elabora el subconsciente (al menos en mi caso) de manera espontánea. Esto significa que, a diferencia de los caricaturistas que se ganan la vida con esta actividad profesional, yo no puedo hacer una caricatura cada vez que quiero: la fisonomía de la persona, su expresión característica, fragua en el subconsciente y aflora en forma casi maquinal, en ocasiones en que uno coge el lápiz para trazar, al buen tuntún, figuras o perfiles humanos. Y a veces ocurre que la figura que surge del discurrir caprichoso del lápiz, sin un propósito concreto de retratar a alguien, resulta ser una figura que presenta cierto parecido, incluso bastante parecido, con personajes de la vida real, según el esquema fisonómico que ha decantado en nuestro subconsciente.

La figura de Germán Cid, antiguo compañero y vecino de las viviendas del Colegio Juan XXIII, es un caso de este curioso operar del subconsciente. A mí se me parece a Germán Cid, no sé si también quienes conocieron al personaje le encontrarán parecido con el del dibujo.

Germán Cid, uno de los mejores pedagogos que he conocido, era un enamorado de la profesión docente. Él fue quien puso en marcha el colegio que hoy lleva su nombre en Zafra. Yo fui un modesto colaborador suyo. Por cierto, antes de llamarse "Germán Cid", el colegio se llamó "San Eugenio", en honor de un desconocido personaje que fue Director General de Enseñanza Primaria* en los tiempos en que se decidió, por parte del Ministerio correspondiente, la creación de un nuevo colegio para atender a la creciente necesidad de plazas en nuestra ciudad. Fue a comienzos de la década de los 70. Lo de "San Eugenio" fue una deferencia hacia el santo patrón que llevaba el mismo nombre que el homenajeado, el Ilmo. Sr. D. Eugenio...no sé qué.

En fin, este esquema fisonómico que acompaña a estas líneas nos da un gesto que, según mi memoria visual, era característico de aquel excelente maestro que fue Germán.
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* Tras la lectura del comentario de Juan C. Fernández, procedo a corregir lo referente al cargo que desempeñaba el Ilmo. Sr. Don Eugenio López: Director General de Formación Profesional y Promoción Educativa.

domingo, octubre 23, 2011

DECORO VERBAL Y LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Crátera que representa a Ulises cegando a Polifemo







Amo verecundiam vel potius libertatem loquendi
(Cic. Fam. 9.22.1)





Cicerón, en el pasaje de sus cartas que citamos en el epígrafe, declara amar la libertad de expresión pero tratando de hacerla compatible con la continencia verbal. Y todos sabemos que hay palabras nefandas cuya mención debemos evitar por respeto a nuestros oyentes, máxime si estos son pequeños: “A los niños se les debe el mayor respeto”, dice Juvenal (Sat. 14.47) Así los nombres de las cosas nefandas, como suelen ser las denominaciones populares de las partes verendas (los órganos sexuales) o bien, las palabras escatológicas (relacionadas con las deyecciones, o las necesidades corporales) suelen evitarse por indecorosas. En ese mismo texto que citamos, un poco más adelante, Cicerón evita decir el nombre popular del miembro viril (mentula, palabra esdrújula en latín) y lo sugiere mediante un rodeo verbal (circunloquio o perífrasis). Para ello menciona las palabras 'ruta' (‘ruda’, nombre de una planta) y 'menta' (otra planta) Y dice que se puede decir el diminutivo de la primera (rutula), pero no así el de la segunda (sugiriendo el nombre del vocablo nefando mentula)

Otros autores de la literatura latina no tienen un criterio tan pudibundo de la continencia verbal y nombran por sus nombres cotidianos las cosas que el decoro evita mencionar. Así Catulo y Marcial se expresan con libertad y sin remilgos en este sentido: los nombres de los órganos sexuales masculinos y femeninos, como también las acciones propias del ejercicio de la sexualidad (futuere, pedicare, irrumare...) se nombran sin cortapisas. Lo mismo se nombran sin reparos los verbos que indican necesidades corporales (mingere, cacare, pedere... etc,)

Ahora bien, según una definición orteguiana de la poesía, ésta consiste en “evitar el nombre cotidiano de las cosas”, particularmente, añadimos nosotros, si se trata de cosas nefandas.

Esta norma la aplicó Miguel Hernández en su primera fase poética, la lunar, que corresponde, como ya habrá adivinado el lector, a la primera época, la de Perito en lunas. En ese libro y en los poemas pertenecientes a esa época, las acciones y las cosas nefandas, la escatología del sexo y las excreciones, se velan bajo un sistema de circunloquios y de metáforas. La tetralogía nefanda (caca, culo, pedo, pis) aparece bajo los disfraces de la metáfora y la perífrasis. Así las ‘nalgas’, o ‘culo’, son "las últimas mejillas", el ‘pedo’ es el "viento en popa", y los chorros de orina son 'asias' (por el color amarillo) que silban como sierpes delgadas sobre "Europa" (la taza del retrete). Ésta es la ‘cuenca luna monda’ que eclipsamos 'por completo' al sentarnos sobre ella. Comprobar cómo el poeta va sorteando estos ‘obstáculos de estiércol’ propios del vocabulario escatológico, constituye un divertimiento a la par entretenido y curioso.

Pero si nos trasladamos a la literatura latina y queremos comprobar cómo puede darse una cumplida relación de los órganos de la sexualidad, sin mencionar ninguna palabra desagradable o malsonante, lo más indicado es leerse el pasaje del Cento nuptialis, de Ausonio, quien a base del vocabulario del más púdico de los poetas latinos, como es Virgilio, consigue describir la escena del coito en la noche de bodas. Se alude a los nombres de los órganos sexuales masculinos y femeninos, la penetración, etc. con pasajes diversos de la obra virgiliana, sin mencionar ninguna palabra o acción por su nombre.

Hay, por cierto, alguna remota coincidencia con Miguel Hernández (poeta que ya se ha relacionado con Virgilio en alguna ocasión) *. Así el poeta de Orihuela llama 'Polifemo' al trasero (por lo del ojo) y Ausonio, refiriéndose al miembro viril, trae a colación el verso de Virgilio que describe la catadura del cíclope:

Monstrum horrendum informe ingens cui lumen ademptum
(Monstruo horrible, deforme, enorme, al que se privó de la vista)

Por efecto de la sinalefa, las cuatro primeras palabras de este verso se 'empalman' entre ellas, contribuyendo a sugerir el enorme tamaño del gigante y, por efecto cómico, del miembro viril aludido en este caso (monstrorrendinformingens) **


La parte de la parodia de Ausonio en la que se describe la desfloración (inminutio) es de una comicidad superlativa. Para reír a mandíbula batiente. Existe traducción pero la gracia está en leerlo en latín, reconociendo y recordando los pasajes correspondientes del casto Virgilio, declamando sus versos en una cámara nupcial. Es hilarante y desternillante. Doy fe de ello.
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* Ver V. E. Hernández-Vista, “Los toros bajo el imperio de Venus”...en Estudios Clásicos, nº 55, t. 12, pp. 497-515. El artículo se incluye también en Virgilio y Miguel Hernández, edic. de María de Gracia Ifach (Edit. Taurus, 1989) pp. 164-74)

** En latín se da sinalefa cuando una palabra termina en -m y la siguiente empieza por vocal , o h (muda)

jueves, octubre 20, 2011

OTRA VISTA DEL PELÁEZ MEMORIAL

___________________________________C____A__B________






La lectura debe iniciarse desde el módulo lateral derecho, caras A y B, seguidas de la cara del módulo lateral izquierdo C. Los renglones se ordenan de la siguiente forma:






A) ARTÍCULO 13 / B) CONSTITUCIÓN / C) DE CÁDIZ./
A) El objeto del / B) Gobierno es /C) la felicidad /A) de la Nación / B) puesto que / C) el fin de toda/A) sociedad /B) política /C) no es otro / A) que el bien / B) estar de los / C) individuos / A) que la / B) componen.

NOTA: Clicar en la imagen para agrandarla. Así puede leerse con mayor comodidad el texto del Artículo 13.






De igual modo que es posible leer, desde el ángulo NO la inscripción, del Artículo 13 de la Constitución de Cádiz sin tener que ir rodeando las caras del módulo, también desde la cara SE se puede leer el texto completo. Para ello debemos situarnos en la esquina de la derecha, de modo que abarquemos con la vista la cara Sur y la cara Este, o sea, la parte frontal y la parte lateral derecha del paralepípedo. La distribución del texto por parte del artista constituye, sin duda, una prueba de ingenio, del que a primera vista no alcanzamos a darnos cuenta.

sábado, octubre 15, 2011

EL ARTÍCULO 13 DE LA CONSTITUCIÓN DE 1812

* Comenzar la lectura por ARTÍCULO 13/ CONSTITUCIÓN/ DE CÁDIZ. En el bloque de la esquina derecha. Continuar a partir de El objeto del / Gobierno es... (continuar con el bloque situado en la esquina de la izquierda.

Hace unos meses se inauguró en la Plaza de los Escudos de Zafra (la que da a la fachada Este del Alcázar de los Duques de Feria, hoy Parador de Turismo) un monumento a la primera Constitución española. Dada la participación de Muñoz Torrero en la redacción de esa primera Carta Magna de los españoles, fue invitado el entonces alcalde de Cabeza del Buey (en esa fecha la corporación local, tanto en dicha población como en Zafra, era del PSOE) Hoy, en virtud de ese principio constitucional, tanto en la patria chica de Muñoz Torero como en la de los Álvarez Guerra, las respectivas corporaciones municipales son del PP. Nada que objetar: hágase la voluntad del pueblo soberano.

El monumento está dedicado a la memoria de un buen amigo y compañero nuestro como fue Manuel Peláez. Por eso yo lo llamo, un poco a tenor con el talante del homenajeado, el Peláez Memorial, a semejanza del otro ‘memorial’ de Washington, dedicado a Lincoln.

Esta mañana me he detenido, una vez más, a leer la inscripción que se distribuye en los diversos bloques. Es el artículo 13 de la citada Constitución. Si comenzamos a leerlo de espaldas a la Avenida de Antonio Chacón, tenemos que ir dándole la vuelta al monumento, a fin de poder completar el referido artículo. Tenemos que cambiar de posición para poder leer los trozos de la frase, repartidos por las diversas caras del paralepípedo.


Pero hoy he descubierto un truco para poder leer todo el artículo sin necesidad de cambiar de posición. Y es situarse de espaldas a los chalets cuyas fachadas miran a la plaza, y de manera que la vista abarque una de las caras más anchas y la lateral de la derecha. Lo muestro en la fotografía adjunta. Así se puede leer el artículo completo sin tener que moverse del sitio.



Y ahora vamos al texto del mencionado artículo 13. Lo copio separando las partes que corresponden a las dos mencionadas caras que se dominan desde el ángulo derecho:

El objeto del / Gobierno es / la felicidad / de la Nación / puesto que / el fin de toda / sociedad / política / no es otro / que el bien / estar de los / individuos / que la / componen.

Teniendo presente que las palabras ‘objeto’ y ‘fin’ son, en el presente caso, sinónimos, como, a su vez, lo son 'felicidad' y 'bienestar'; el artículo en cuestión nos sabe a una simple tautología: si lo expresamos de manera esquemática, da la impresión de que es como si dijéramos: el fin de A es B, puesto que el fin de todo A no es otro que B. (Tautología y petición de principio).


Claro, como en el razonamiento ‘todos los hombres son mortales, Sócrates es hombre, luego Sócrates es mortal’. El concepto de Sócrates está subsumido en el de hombre, en general.

Del mismo modo: Toda sociedad política tiene por objetivo el bien común. El Gobierno de la nación es una sociedad política. Luego su finalidad no puede ser otra que la del bien común.El silogismo nada nuevo nos aporta

Pues a mí todo esto me parece tautológico. Lo de albarda sobre albarda.
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NOTA: Clicar sobre la foto para agrandar. También se puede leer la inscripción desde el ángulo derecho de la cara opuesta, de modo que la vista abarque el lado Sur y el lado Este (la cara ancha y la estrecha del paralepípedo)

jueves, octubre 13, 2011

¿QUÉ ES UN PRIAMEL?

O quizás una priamel, pues hay quien atribuye a esta palabra el género femenino.

Bueno, pues, por lo pronto, hay que decir que se trata de una especie de recurso literario, una síntesis por contraste, que consiste en confrontar diversas opiniones, primando una de ellas. Pero, ojo, lo de ‘primar’ no tiene que ver con el nombre de priamel: uso el verbo ‘primar’ para facilitar la asociación correspondiente. Como recurso literario, es muy antiguo, a pesar de no encontrarse registrado, al menos con este nombre, en tratados tan prestigiosos como el excelente Manual de Retórica Literaria, de H. Lausberg, publicado en la española editorial Gredos.
Leo en Internet que el término fue introducido por el filólogo alemán Franz Dornseiff en 1921, en unos estudios sobre la poesía de Píndaro.
A mí, desde luego, nunca me hablaron mis profesores de Literatura acerca del priamel. Fue hacia principios de los 90 cuando entré por primera vez en contacto con el concepto.
Recientemente he vuelto a interesarme por el recurso literario en cuestión y creo que estoy en condiciones de ofrecer al curioso lector una explicación del mismo, aportando los correspondientes ejemplos.
Según he podido sacar en claro, de las varias definiciones que se han dado de esta figura de pensamiento, el priamel consiste en una especie de confrontación o contraste de opiniones, resaltando nuestra propia opción por una de ellas. La confrontación puede ser, también, de vocaciones o de aptitudes. Lo vemos mejor con algunos ejemplos:
El que tiene un amigo tiene un tesoro,
dice la Biblia con palabras de oro.
Pero yo más bien digo
que el que tiene un tesoro tiene un amigo.
El priamel, en este caso, consiste en la confrontación de la opinión autorizada de la Biblia frente a la propia. Por lo demás, en el ejemplo propuesto se da también un recurso literario denominado retruécano, consistente en la inversión de una frase, cambiando, como en el ejemplo propuesto, el orden de algunas palabras de la misma.
Otro ejemplo más de lo que puede ser un priamel lo ofrece este pensamiento de Baltasar Gracián: "Dicen que el primero que se atrevió a navegar tenía el pecho revestido de acero, mas yo digo que de yerros". (Aquí se da, además, un juego de palabras entre yerros (= equivocaciones, torpezas) y hierros ( = metal)
Como vemos, el priamel se asocia, a veces, con otras figuras o recursos literarios. La confrontación de opiniones resalta la diferencia entre lo que uno piensa y lo que piensa el otro; o el contraste entre el hoy y el ayer, el antes y el ahora; o la idiosincrasia, o forma de ser, de un pueblo, o una gente, en comparación con otro u otra. En este sentido constituye un buen ejemplo de priamel la peculiaridad que atribuye Virgilio al pueblo romano frente al pueblo griego: éste volcado preferentemente hacia el arte y la ciencia; aquél, hacia la dominación y la ampliación del imperio:

Excudent alii spirantia mollius aera
(credo equidem) vivos ducent de marmore vultus;
orabunt causas melius caelique meatus
describent radio et surgentia sidera dicent.
Tu regere imperio populos, Romane, memento,
(hae tibi erunt artes) pacique imponere mores,
parcere subiectis et debellare superbos (Aen. 6. 847-53)

('Otros modelarán el bronce, como infundiéndole la blandura de lo vivo (tal creo yo) extraerán del mármol rostros que parecen vivos; expondrán con más elocuencia las causas forenses y trazarán con el compás las trayectorias celestes y el orto de los astros.
Tú, romano, ten presente el someter a tu mando los pueblos. Estas serán tus habilidades: pacificar las conductas, ser indulgente con los sometidos y derrotar a los soberbios')

Hay en Virgilio otros muchos ejemplos de priamel. Citaré aquí sólo dos más, que extraigo de la égloga II. Nos refiere las cuitas de Córydon, enamorado de Alexis, que no le hace caso. En el rigor del mediodía, cuando las bestias buscan la sombra, echadas bajo los árboles y la campesina Téstile prepara un refrigerio a los segadores sudorosos, cansados de la faena, Córydon vagabundea en busca de su muchachito.

El priamel contrasta, en este caso, la quietud en torno, el cese de la actividad de bestias y de hombres, frente a la inquietud de quien está espoleado por la pasión amorosa. Y, más adelante, se engarza otro priamel, esta vez acompañado de la figura conocida por el nombre de concatenación: “la torva leona sigue los pasos al lobo, el lobo, por su parte, a la cabritilla; la cabritilla, al florido cantueso. Y Córydon, a ti, Alexis: A cada uno lo arrastra su particular afición. En muchos casos, como en éste, el priamel remata con una sentencia filosófica.

Siguiendo con más ejemplos de priamel nos detendremos un momento en la poesía de Manuel Machado. A su libro titulado Ars moriendi (“El arte de morir”) corresponde este breve poema, “Morir, dormir”, que reproduce un diálogo entre una madre y su hijo, ya adulto:
– Hijo, para descansar
es necesario dormir:
No pensar,
no sentir,
no soñar.

–Madre, para descansar
morir.

Una muestra muy primorosa de priamel es el poemita dedicado a ensalzar la peculiaridad de cada una de las capitales andaluzas. Sevilla (la patria del poeta) se deja para el último lugar. Es un priamel contrastivo con respecto a las restantes capitales de la comunidad. A Sevilla no se le añade ninguna característica, lo que viene a significar que no necesita de adjetivaciones, que tiene, en sí misma, un valor sustantivo que la peralta sobre las demás:

Cádiz, salada claridad. Granada,
agua oculta que llora.
Romana y mora, Córdoba callada.
Málaga, cantaora.
Almería, dorada.
Plateado Jaén. Huelva, la orilla
de las tres carabelas.
Y Sevilla.


Haciéndose eco de este poemita de Manuel Machado, la publicidad turística puso, hace años, en circulación un eslogan que decía: “...Y Sevilla...¡casi na!”

Manuel Machado, dotado de la sabiduría popular de la tierra andaluza, dominaba con garbo y maestría el priamel. Incluso al contrastar su propia opinión actual con lo que opinaba en el pasado. Así cuando entona la palinodia “El poeta de Adelfos dice, al fin...” (‘Ya el pobre corazón eligió su camino./ Ya a los vientos no oscila, ya a las olas no cede;/al azar no suspira ni se entrega al destino;/ ahora sabe querer y quiere lo que puede./ Renunció al imposible y al sin querer divino’) Contrapone lo que antes pensaba a lo que siente ahora. Rectificar es de sabios. Quizás también, en su fuero interno se arrepintiera un día de su loa al dictador. ¡Quién sabe!

Por último, un priamel de Federico García Lorca es el poema titulado “Baladilla de los tres ríos”:

El río Guadalquivir
va entre naranjos y olivos.
Los dos ríos de Granada
bajan de la nieve al trigo.

¡Ay, amor, que se fue y no vino!

El río Guadalquivir
tiene las barbas granates.
Los dos ríos de Granada,
uno llanto y otro sangre.

¡Ay, amor, que se fue por el aire!

Para los barcos de vela
Sevilla tiene un camino.
Por el agua de Granada
sólo reman los suspiros.

¡Ay, amor, que se fue y no vino!

Guadalquivir, alta torre
y viento en los naranjales.
Darro y Genil, torrecillas
muertas sobre los estanques.

¡Ay, amor, que se fue por el aire!

¡Quién dirá que el agua lleva
un fuego fatuo de gritos!

¡Ay, amor, que se fue y no vino!

Lleva azahar, lleva olivas,
Andalucía, a tus mares!

¡Ay, amor, que se fue por el aire!

El priamel reside aquí en el contraste vital de la alegría sevillana y la tristeza mortal que el poeta percibe en su propia patria chica, simbolizada en los dos ríos que llevan “uno llanto y otro sangre”. Como un presentimiento de la propia tragedia que fue su vida. Una de tantas ocasiones en las que el poeta había de encarar, premonitoriamente, su destino.

Recapitulando, la forma esquemática del priamel corresponde a la siguiente fórmula:

‘Otros..... celebran / cantan / ensalzan..... tal cosa
mas yo... celebro / canto / ensalzo ..... tal otra

O bien: a otros les gusta esto o aquello; pero a mí... tal o cual cosa.
Este esquema podemos verlo en poetas como Horacio, Ovidio, Tibulo...

Algo parecido vemos en el poema de Anacreonte (1.23.1-4) en el que el poeta contrapone su deseo de celebrar a los Atridas y a Cadmo, pero su lira está dispuesta sólo a celebrar el amor. Él quiere ser poeta épico, pero la lira se empeña en que sea un poeta amoroso:

Quiero celebrar a los Atridas,

quiero cantar las glorias de Cadmo,

pero mi lira en sus cuerdas

amores sólo canta.


En fin, el priamel. (Para mí de género masculino)

viernes, octubre 07, 2011

PÁLPITOS

Un pálpito es algo así como un barrunto, una corazonada, una premonición. Los poetas suelen experimentarlos con relativa frecuencia y de ahí que la poesía y las artes mánticas, o adivinatorias, se relacionen desde antiguo. Apolo era según la mitología clásica el dios de la poesía y de la profecía. La palabra ‘vatis’ (= vate, poeta) era sinónimo de adivino, o chamán. Éste auguraba el porvenir y por eso su canto se denominaba ‘vaticinio’ (literalmente, ‘canto del poeta’)
Ocasionalmente me reencuentro con el tema de la poesía en su vertiente profética. Y hoy se ha dado una de esas ocasiones, al leer esta mañana en el diario El País (pp. 44-47) los artículos que este periódico dedica al poeta sueco Tomás Tranströmer con motivo de habérsele concedido el Nobel de Literatura. El poeta está afectado, desde hace más de veinte años, por una afasia, como consecuencia de una hemiplejía. Lo que nos resulta sorprendente es que muchos años antes de sufrir el ictus cerebral, el poeta había escrito unos versos que, leídos ahora, resultan premonitorios. Unos versos suyos, escritos con dieciséis años de antelación, parecen presagiar lo que le iba a ocurrir a él:

Entonces llega el derrame cerebral: parálisis en el lado derecho/
con afasia, sólo comprende frases cortas, dice palabras/
inadecuadas...

El poeta predijo, pues, sin ser consciente de ello, su propia situación futura. Curiosamente, yo conozco un caso idéntico a éste, muy cercano a mi experiencia, pues le ocurrió lo mismo a un antiguo condiscípulo mío de los años de Seminario. Mi compañero, ya desaparecido, Juan José Jurado, escribió un librito poético titulado La voz no me responde. Y como ahora le ocurre al reciente Nóbel sueco, también él se quedó sin habla, años después, aquejado de afasia permanente, después de haber sufrido el infarto cerebral.

Los versos de Tranströmer fueron escritos en 1974, y el episodio cerebral que lo dejó sin habla tuvo lugar en 1990.



Por fortuna, esta incapacidad para la expresión oral no le impide la expresión escrita. Es como la mudez de Zacarías, el padre de Juan el Bautista. Nos lo refiere el evangelio de San Lucas (I,20 y 57-66) Por no dar crédito a la palabra de Dios, manifestada a través del arcángel Gabriel, Zacarías quedó temporalmente mudo. Cuando le pidieron su opinión acerca del nombre que habían de darle al niño, Zacarías pidió, por señas, escribir la respuesta y trazó el nombre de Juan.

Anécdotas aparte, el caso es que las premoniciones no son ajenas a la poesía, que es a lo que vamos. Desde la antigua frase de Píndaro, “musa, di tu oráculo y yo seré tu profeta” hasta la reivindicación de Apollinaire de que la poesía es “l’art de prédire”.

Y viniendo, por último, a poetas ya más próximos a nosotros, no podemos dejar de recordar los barruntos y las premoniciones que acerca de su respectivo final tuvieron los poetas Federico García Lorca y Miguel Hernández. Son muchos los versos del poeta de Granada que nos traen los ecos de la propia tragedia, por él presentida. Entre esos atisbos, el detalle de la no localización de sus restos, que en vano se trató de localizar, hace unos meses. Gibson y otros han recordado, a este propósito, unos versos premonitorios del autor de Poeta en Nueva York:

Ya no me encontraron.
¿No me encontraron?
No. No me encontraron.


(“Fábula y rueda de los tres amigos”)

En cuanto a Miguel Hernández, hay unos versos que son inequívocamente indicativos de que el poeta intuyó muy tempranamente su final. Es un breve poema titulado “Presentimiento”, escrito muy probablemente cuando el poeta aún no había cumplido veinte años. Desde luego, anterior a su primer libro publicado, Perito en lunas. Ese breve poema dice:



Sabe:
Que me iré como el sendero,
muy melancólicamente,
muy pálido, muy ligero,
y que será muy temprano...


Tal vez no esté todavía
el sol en el meridiano.


Tanto el poeta de Orihuela como el de Granada presagiaron su respectiva muerte. Y la intuyeron, lúcidamente, como próxima. “La muerte, mi vecina”, es la genial síntesis del oriolano, que denota el barrunto de esa proximidad.

miércoles, septiembre 28, 2011

TETRALOGÍAS ESCATOLÓGICAS


Para quien no lo sepa, una tetralogía es un conjunto de cuatro palabras, o conceptos, que guardan alguna relación entre sí (del griego ‘tetra’, cuatro; y ‘logos’, palabra) Ejemplos de tetralogía son: las cuatro estaciones, los cuatro puntos cardinales, los cuatro jinetes del Apocalipsis, etc.

En cuanto a las tetralogías escatológicas las hay de dos tipos: las llamadas ‘postrimerías’, o ultimidades (el viejo catecismo Ripalda las cifraba en cuatro: muerte, juicio, infierno y gloria) y, finalmente, la escatología referida a las heces. Naturalmente, de ésta no se ocupaba el Ripalda, atento casi exclusivamente en catalogar las necesidades espirituales. Digo ‘casi exclusivamente’, porque, en lo tocante a las obras de misericordia, distinguía, en efecto, entre las siete corporales y las otras siete espirituales.

La tetralogía escatológica de las necesidades corporales se cifra, también, en cuatro palabras, por más que podrían ser muchas más. Por ejemplo, todas las relacionadas con el sexo, los genitales, la defecación, la micción... Más o menos, todas o casi todas ellas están comprendidas en la categoría de lo nefando. Aquello de lo que el buen sentido nos aconseja no hablar: ni se mencione (nec nominetur) Esas ‘cuatro palabras’ tabú se reducen a: caca, culo, pedo, pis. Hay muchas más, repito. Por ejemplo, la que entre los romanos servía para nombrar el miembro viril: mentula (pron. méntula)

No obstante, la libertad de expresión (que también es una necesidad del espíritu) nos impele, aunque sea ocasionalmente, a enfrentarnos a los temas tabú. La ‘parresía’ de los filósofos cínicos griegos tenía muy poca consideración, en este sentido, a los ‘respetos humanos’, lo que solían justificar con el principio que dice naturalia non sunt turpia (‘lo natural no es vergonzoso’)

La amplitud de miras del humanista lo autoriza a enfrentarse, si llega la ocasión, a esos temas tabú, relacionados con la escatología del sexo y las deyecciones. En este sentido se puede calificar de valiente la actitud de un grupo de intelectuales que decidieron abordar el tema ‘escatológico’ (skatologie, scatology, scatologia... de la raíz griega ‘sk-atós’ = excremento) en un curso especial dedicado al tema nefando. El resultado de los estudios presentados en ese curso fue reflejado en un libro titulado Fragmentos para una historia de la mierda. Cultura y transgresión, editado por el Prof. Luis Gómez Canseco (Univ. de Huelva, 2010), libro que, pese a lo vidrioso del tema (o tal vez por eso) ha constituido todo un éxito editorial.

Por lo que a mí respecta, no he tenido empacho en abordar el tema escatológico (en el sentido no de ‘éschatos’, ‘último’, sino de ‘sk-atós’, ‘mierda’) en varias ocasiones, incluso en épocas en las que todavía resultaba muy chocante ocuparse con temas de esta índole (mi breve estudio “Refranero escatológico de la Baja Extremadura” vio la luz en 1979, época en la que aún resultaba osado ocuparse de ciertos temas, ya que la libertad de expresión se hallaba todavía muy mediatizada por la censura política, especialmente interesada en evitar todo aquello que pudiera ofender a la moral y las buenas costumbres)
Posteriormente, he vuelto a ocuparme con el tema de la escatología nefanda a propósito de Miguel Hernández. En este aspecto, la poesía del oriolano, rompedor de tabúes, marcaba un nuevo derrotero a la libertad de expresión, que se desmarcaba así de la poesía del 27, todavía pudibunda en este sentido. La faceta del Miguel Hernández escatológico (en la acepción nefanda del término) le he abordado en varias ocasiones. Sobre todo, en las entradas de mi blog ‘La materia del sueño’, correspondientes a las fechas 25-VI-2007, 7-II- 2009 y 15-VII-2010. También en el artículo “La componente escatológica en la poesía de Miguel Hernández” (publicado en la Revista de la Feria de Zafra, 2010, pp. 100- 2)

Finalmente, como remate de este artículo, quiero plantearme la posibilidad de relacionar la escatología de las ultimidades (la teleológica y teológica) con la escatología nefanda: la de las deyecciones corporales. ¿Cabe la posibilidad de relacionarlas? ¿Existen nexos (no arbitrarios o rebuscados) entre ambas? Personalmente me inclino a creer que sí, que esos nexos ‘reales’ se dan. Concretamente, la blasfemia constituye un ejemplo de que ambas escatologías, la teleológica y la nefanda, pueden tener puntos en común. Un ejemplo: el exabrupto hispano ‘¡vete a la mierda!’ se corresponde con la expresión ‘go to hell!’ (lit. ‘¡vete al infierno!’) Las expresiones blasfematorias más malsonantes mezclan teología y escatología.

En algunos poemas de Miguel Hernández parece insinuarse esta correspondencia entre lo escatológico y lo teleológico. Así en la octava 33 (no incluida entre las que forman parte del libro Perito en lunas) se equipara la acción de ‘soltar un viento’ con lo blasfematorio. Es como un brindis irreverente en el que interviene el trasero (caracterizado como Luzbel) y la taza del W.C. como la copa de ese brindis atrevido. Esa ‘copa’ es oscura porque es como una luna, totalmente eclipsada por el trasero. Dice la octava XXX de Perito...:

Aquella de la cuenca luna monda
sólo habéis de eclipsarla por completo
donde vuestra existencia más se ahonda,
desde el lugar preciso y recoleto...

En la mencionada octava 33 (no incluida en la selección de Perito en lunas) el poeta pide perdón por esa especie de blasfemia involuntaria que es la ventosidad:

¡Perdóname, Señor, si sobre el pedo
alzo hasta ti la más oscura copa!


Alega el poeta que él quiere ser humilde, renunciando a la gloria. Esta ‘gloria’ (que es, no lo olvidemos, el nombre de una de las postrimerías) está tomada aquí como sinónimo de ‘fama’, ‘renombre’, etc. Pero una de las posibles acepciones de la palabra ‘gloria’ es la que nos transmitió Rubén Darío en su Autobiografía. Era la opinión que Verlaine tenía de la fama, la ‘gloire’:
–La gloire, la gloire... merde, merde encore!

Sigue Miguel Hernández:

De la gloria, Señor, por ti me vedo
y la gloria me tira de la ropa.


En este caso, el poeta se desprende de la ‘gloria’ mediante la defecación. Sentado sobre la taza del inodoro (=‘Europa’, porque es ‘blanca’), bajados los pantalones, el poeta cabalga sobre ella, como la mítica Europa cabalgó a lomos del toro Júpiter.
Continúa el poeta:

Sin ella, Señor mío, ¿qué más puedo
hacer, a lo viudo, sobre Europa,
que elevarme a la esfera que Tú ocupas
y decirle a Luzbel que vuelva grupas?
__
‘Sin ella’. Es decir, sin la ropa (que acaba de mencionar).
‘A lo viudo’. Solitario.
‘La esfera que Tú ocupas’. La región celeste, aérea. La ventosidad es un meteoro (y, de paso, a la flatulencia se la llama también ‘meteorismo’) Recordemos que los antiguos se fiaban de que Júpiter existiera, por el ruido del trueno: Caelo tonante credidimus Iovem regnare: ‘Cuando truena creemos que Júpiter reina’. Una anécdota, recogida por Suetonio, nos cuenta que el poeta Lucano se burló de Nerón, citando un verso de éste en una letrina pública, después de haber soltado una ventosidad: Sub terris tonuisse putes (‘diríase que ha tronado bajo la tierra’). Metido a poeta, el autor del incendio de Roma pretendía describir con ese verso el ruido telúrico del terremoto.
Para terminar, creo que, efectivamente, existe cierta correlación entre los elementos de ambas tetralogías, la de las ultimidades y la obscena: la excrementicia. Una observación final: la muerte, que es la única de las postrimerías de la que tenemos certeza, nos exime de las necesidades corporales, a condición de convertirnos en detritus, en estiércol. Así lo reconoce el memorable verso de la famosa elegía hernandiana:

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

jueves, septiembre 15, 2011

LA LEAL OPOSICIÓN

Si hay un adjetivo que compense y aminore la carga de antipatía que encierra la palabra oposición (en política), ese adjetivo es el de ‘leal’. Por muy negativa e inamistosa que haya sido la actuación del partido que ejerce la oposición, es tópico que éste no deje de reclamar, como cualidad positiva, irrenunciable y justificativa de la legitimidad de su oposición, el calificativo de ‘leal’. Aunque se haya tirado a degüello al oponente, o se le haya ‘puesto a parir’ (como suele decirse), aunque se le haya hostigado, en ocasiones, con descalificaciones que, a veces, han rayado en lo abiertamente calumnioso. En el momento de despedir al adversario político, la oposición se pone de tiros largos, se engalana con su mejor atuendo para la ocasión. Y ese traje de ceremonia se llama ‘lealtad’. Por supuesto, la oposición siempre fue ‘leal’, que es como debe ser toda oposición que se precie. Pero es en esta particular coyuntura cuando conviene demostrarlo.
La oposición al presidente Zapatero, ahora que éste se ha despedido oficialmente de los restantes miembros del Senado, parece querer recuperar en última instancia esa conditio sine qua non de la ‘lealtad’, que no debe faltar a la hora de calibrar y hacer un balance positivo de toda oposición que se precie de serlo, con bonhomía y espíritu de colaboración. Así el Sr. García Escudero, habitualmente adusto y duro con el presidente, dejó por esta vez su trabuco naranjero (dialéctico, se entiende) en casa para, como es de cortesía en estos casos, desearle suerte al Sr. Zapatero en sus asuntos personales y en su vida privada, como un ciudadano más. La ‘leal oposición’ se apresta a tenderle el consabido ‘puente de plata’ al oponente, quizás porque reconoce que su razón de ser, como oposición, está sostenida por la existencia de ese contrapunto dialéctico que representa el contrario. Es el argumento de Rubalcaba: “sin mí no eres nada”. Es la dialéctica de los contrarios: la izquierda y la derecha, en tanto que referentes opuestos, se necesitan mutuamente.
Es menester, con todo, que la ‘leal oposición’ lo sea no sólo de palabra, sino también de obra. Ahora que, previsiblemente, pasará a ser gobierno (es decir, la ‘oposición de la oposición) debería corregir actuaciones y situaciones en las que su ‘lealtad’ como tal oposición ha estado en entredicho. La más significativa fue, a nuestra manera de ver, la retractación que hizo de la condena del franquismo a través del representante en el Parlamento Europeo, Sr. Mayor Oreja. La oposición no fue, en esa ocasión, ‘leal’ a su anterior compromiso con la oposición a la que el 20-N-02 prestó su consentimiento en el Parlamento Español, con la condena unánime del franquismo.
La ‘leal oposición’ que próximamente le suceda en el puesto, replanteará probablemente, esa condena (anulada en el citado foro europeo en 1996). Y la podrá replantear en virtud de una sencilla argumentación: no se puede aspirar a ser formalmente un gobierno democrático sin una previa y explícita condena de la dictadura.
La ‘leal oposición’ tiene derecho a exigirlo. En aras de una normal convivencia democrática. Y esperamos que lo haga pronto, ya desde el gobierno, como lo hizo, un poco a la trágala, eso sí, durante la legislatura en la que estuvo anteriormente en el gobierno (concretamente el 20-N-02). Se aproxima de nuevo la significativa fecha (doblemente nefasta para la Dictadura, porque en ella perdió la vida el fundador de la Falange y, 39 años después, el propio dictador) Pero fausta para la democracia porque en un 20 de noviembre de 2002 se condenó por unanimidad el franquismo en el Parlamento Español. Y ahora, por fin, una fecha halagüeña para las esperanzas de recuperar democráticamente el poder (el gobierno) por los herederos del franquismo. El antiguo ‘Día del Dolor’ se puede convertir en Día de Júbilo para los que se avinieron a condenar el franquismo en el Parlamento Español, pero se desdijeron cuatro años después en el Parlamento Europeo. La reforma de la Constitución requiere que se incluya en el texto de la nueva constitución, recientemente modificada, una cláusula con la condena explícita del franquismo que inicie la verdadera andadura democrática, no la de la Transición, que nos hace bordear la democracia indefinidamente, sin que lleguemos a alcanzarla nunca. No hace falta que se formule de nuevo la antigua propuesta. Basta con que el texto constitucional recoja el documento que sirvió para dar fe de la efeméride del día 20-N-02.

viernes, agosto 26, 2011

¿REMODELAR LA CONSTITUCIÓN?

Hay que reconocer, de entrada, que el texto constitucional de 1978 ha quedado, en muchos aspectos, obsoleto, o si se prefiere, anticuado. Aceptable, en general, para la fase inicial de la democracia que con él se estrenaba oficialmente, y que enseguida comenzó a denominarse Transición, se aceptaba como el código político más adecuado para un país que acababa de salir de una Dictadura y que requería un cierto periodo de acomodación a la democracia. La voluntad de convivencia en paz aparcó, por el momento, el planteamiento de reivindicaciones, sin que tal aplazamiento significara la renuncia definitiva a las mismas: no se priva de libertades durante cuarenta años a un pueblo sin que éste, al recuperar la libertad, emplee una parte de la misma en denunciar los abusos sufridos y en demandar, en la medida de sus posibilidades, la consiguiente reparación de los daños padecidos.

Es obvio que después de 33 años de Transición se considere la conveniencia de modificar la Constitución de 1978, pero ahora resulta que la única modificación que se plantea en estos días, con carácter de urgencia, es una modificación que se justifica por motivos exclusivamente económicos, para estabilizar la economía con no sé qué medidas de urgencia y, sobre todo, ponerla a salvo de los tiburones de la especulación. Según parece, en principio, los líderes de los respectivos partidos mayoritarios están de acuerdo en modificar el texto constitucional únicamente en este punto; por lo visto la cuestión económica es lo que tiene prioridad en este momento y todo lo demás es secundario, aplazable indefinidamente como ha venido siendo hasta ahora. Así la remodelación a fondo del texto constitucional puede seguir esperando ad Kalendas Graecas. El 30 de febrero, vaya.

Tenemos una constitución hecha a la medida del vencedor de la guerra civil. En la redacción de su texto se procura ser circunspecto y evitar todo aquello que pudiera molestar a quienes han accedido a negociar el pacto democrático, plasmable en ley, que va a llamarse, solemnemente, Constitución. La derecha negocia desde una posición de ventaja, rechazando cualquier cláusula que pudiera poner en entredicho la legalidad del régimen subyacente, desde el que se parte: el régimen del 18 de julio.

En la redacción del texto constitucional de 1978 no podía figurar una cláusula que condenara explícitamente ese régimen, por más que toda ley de carácter democrático (y esa, a pesar de sus deficiencias, lo era) supone la condena implícita de la dictadura, o el franquismo, en este caso. Era una ley sui generis, que se hacía desde el propio régimen y hubiera resultado absurdo que los representantes del mismo reconocieran su ilegalidad.

Pero ahora la Constitución remodelada partiría de una situación democrática legal, y la condena de la dictadura, o del franquismo, debería ser explícita. Tirios y troyanos, rojos y azules, deben reconocer que aquel régimen nacido del 18 de julio fue un crimen de lesa patria, en el que unos militares se alzaron contra un gobierno legítimo, traicionaron a su propio país, solicitando la ayuda de potencias extranjeras como Alemania e Italia, infligieron estragos en poblaciones de la propia nación y, sobre todo, se deshicieron del disidente político indefenso, asesinándolo a mansalva en la retaguardia.

La nueva redacción del texto constitucional debería incluir una condena explícita del franquismo. Es una formalidad exigible en un documento que se supone refrendado por un consenso democrático. Toda omisión en este sentido podría considerarse sospechosa de connivencia o simpatía con una etapa que fue, en muchos aspectos, funesta para España.

Hay omisiones en el texto constitucional vigente que hay que reparar, como sería la de la anulación de los juicios sumarísimos por parte de los tribunales militares franquistas (ahí está todavía el ejemplo de Miguel Hernández, cuya condena por un tribunal militar no ha sido aún anulada por el Tribunal Supremo, al que los familiares del poeta apelaron. La petición de estos ha sido, de hecho, denegada)

Cuando se acometa la remodelación de la Constitución, que sea para introducir esas reformas en profundidad que el texto de nuestra Ley de Leyes está demandando. Si los dos partidos mayoritarios están de acuerdo, como parece, en introducir, por motivos económicos una reforma parcial de la Constitución, habrá que plantearse la necesidad de esas otras reformas de mayor calado que dicho texto requiere. Por lo demás, los partidos llamados mayoritarios no representan necesariamente, hoy por hoy, a la mayoría del pueblo español. Y actuar basándose únicamente en el consenso de los partidos mayoritarios, saltándose el protocolo de una consulta popular, podría incurrir, incluso, en inconstitucionalidad.

Si se reforma ahora la Constitución alegando motivaciones económicas urgentes, se perderá la oportunidad de acometer una reforma a fondo de la misma. Y otra oportunidad no se dará, probablemente, en mucho tiempo.

* Remito a una antigua entrada donde se alude a la 'ley del silencio', o mejor, 'pacto de silencio' con el que se consiguió sacar adelante aquella primera constitución con la que se perpetró la transición a la democracia


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NOTA: Esta entrada estaba escrita desde hace varios días y en fase de revisión. En el telediario del mediodía de hoy se ha hecho pública la noticia del acuerdo entre el PP y el PSOE por el que se ha resuelto modificar el texto constitucional en el sentido que apuntábamos más arriba. Es la política de los hechos consumados.

jueves, agosto 11, 2011

LA TRANSICIÓN, O EL PRETÉRITO IMPERFECTO

La Transición es la verdadera encarnación del pretérito imperfecto. El cuento de la Democracia en España comienza así: “En el principio fue la Transición. Y de ahí no hemos pasado”. Se suponía que esa transición era el trecho que debíamos de andar para proceder de la dictadura a la democracia, para llegar a ésta. Un periodo de rodaje y acomodación, hasta habituarnos a la nueva forma de convivencia en libertad y adaptar nuestra visión de la oscuridad a la luz; que, por fin, nos iba a permitir contemplar la verdad y, sobre todo, poder expresarla en libertad.
Pero, después de haber transcurrido más de 30 años caminando hacia esta meta, comprobamos que nuestro itinerario no pasaba de ser el de un círculo vicioso: girábamos en torno a la democracia sin lograr alcanzarla nunca. En el principio de esta ‘transición’, los españoles conseguimos acompasar nuestra andadura política evitando las aceras: acertamos a proscribir temporalmente las palabras ‘derecha’ e ‘izquierda’ para caminar juntos por el ‘centro’. Y este buen propósito nos hizo, por el momento, aparcar viejas reivindicaciones. Los transeúntes parecíamos ir por el buen camino y aplazábamos esas reivindicaciones para mejor momento. Pero, claro, había que dar algunos pasos en pro de las libertades. Uno de ellos era el de la legalización de los partidos políticos. ¿Recuerdan ustedes la que le armaron a Suárez con ocasión de la legalización del partido comunista? El feliz invento del centro comenzó a hacer aguas y las ‘viejas glorias’ se pusieron a conspirar, como de costumbre. Y vino el 23F, que nos hizo abandonar el centro y ocupar las respectivas aceras, por si los tanques de Miláns y Cíª. La transición se mantuvo, de momento, con la mediación del rey y el apoyo de unos militares ya evolucionados a la democracia (el ejemplo de Gutiérrez Mellado es digno de mención en este caso)

Pero estábamos con la Transición, alabada como modélica, sobre todo por una derecha que no quería oír hablar de reivindicaciones. Había que enterrar el pasado y no exhumarlo en forma de esqueletos esparcidos por descampados y cunetas, o junto a tapias de cementerios. Y había que olvidarse de empañar la fama del Glorioso Movimiento Nacional, que liberó a España del Comunismo Internacional, etc. ¿La condena del franquismo? Ya pueden olvidarse de ella los que circulan por la acera de la izquierda: Por ahí no pasarán los que avanzan por la otra acera. A quién se le ocurre ir por la izquierda cuando lo preceptivo para avanzar es la derecha. No. El franquismo no se condena. No es sólo que forma parte de la historia, es que constituye la razón de ser de la derecha, la razón histórica, por lo menos, y hasta la razón de la sinrazón. Ni siquiera la razón democrática puede obligar a una parte de los españoles a la apostasía política del franquismo. Si hay que ‘maquillar’ la historia se maquilla, con tal de salvar la razón histórica del franquismo. Unos cuantos botones de muestra: el llamado ‘golpe de Estado’ no lo inició Franco, sino que se inicia con la revolución de Asturias de 1934. La guerra civil se inició contra la voluntad de los militares, que advirtieron a los responsables de la izquierda para que no la promovieran, ya que la iban a perder, como de hecho sucedió. Algo así como: ‘¡vosotros lo habéis querido!’.

Los apologetas y apologistas del franquismo, los seudohistoriadores, Moa, Jiménez Losantos y demás, han venido a contar la ‘historia del franquismo’ de manera que no moleste a sus incondicionales. Estos apologistas tienen infiltrados incluso en la Real Academia de la Historia, y ahí está el Diccionario biográfico para dar fe de lo que afirmamos.
La reconciliación no puede llevarse a cabo sobre la base de la no condena del franquismo. Menos sobre la justificación de un golpe de Estado que llevó a efecto la sistemática eliminación del contrario, justificando, o pretendiendo justificar, como “hechos de guerra” los crímenes cometidos en la retaguardia. En las partidas de defunción de los represaliados suele figurar como la causa de la muerte la de “choque con la fuerza pública”. O bien, el fallecido murió “a consecuencia de la pasada guerra”.

La democracia a la que creíamos que nos llevaba la Transición no es la auténtica Democracia, sino la de mentirijillas, el sucedáneo. Al tratar de vadear las arenas movedizas del franquismo, la transición dejó de avanzar hacia la democracia y se estancó en un impotente piétinement sur place: el coche comenzó a patinar en el atolladero. Ahí seguimos. Esperando una reparación de la injusticia. Siquiera una reparación moral.

Mientras no se procure esta reparación moral, la reconciliación y, con ella, la democracia seguirán, indefinidamente, en punto muerto.

jueves, agosto 04, 2011

ECO DE UNOS VERSOS DE HOMERO (ODIS. I, 161-2)

Leyendo, a salto de mata, una antología titulada Latim Renacentista em Portugal, de la que es autor el emérito profesor de la Universidad de Coimbra Américo Costa Ramalho, me encuentro un epitafio de Diogo Pires, humanista del siglo XVI, a un amigo suyo, de apellido Silva, que murió en la campaña de Alcazarquivir, la infortunada aventura en la que pereció también el rey Don Sebastián, emprendedor de la campaña. El breve epitafio consta de tres dísticos elegíacos (o sea, seis versos, tres hexámetros y tres pentámetros) y, en él, el autor lamenta la muerte de su amigo Silva. Pues bien, el segundo de esos dísticos, me trae a la memoria el recuerdo de unos versos del canto primero de la Odisea, concretamente, los versos 161-2. Esos versos bullían en mi memoria desde que nuestro antiguo profesor de griego, Don Carlos Nieto, allá por los lejanos años 50 del pasado siglo, nos propuso como textos a estudiar para ese curso, los cantos I y VI del citado poema homérico. Y, sin duda, la causa de que retuviera en la memoria los referidos versos era la semejanza de mis propias circunstancias con las del personaje en cuyos labios ponía Homero las palabras que tocaban mi fibra sentimental. Eran las palabras con las que Telémaco, el hijo de Ulises, evocaba a su padre, al que creía muerto. Yo sabía que el mío lo estaba, pero, como Telémaco, no sabía dónde habían ido a parar sus huesos. Telémaco dudaba si esos huesos de su progenitor estarían en la tierra o en el mar. Yo sospechaba que los del mío estaban en algún lugar del cementerio de Aceuchal, a donde llegarían por su propio pie los presos del Rincón, la madrugada del 10 de septiembre de 1936, para ser fusilados junto a las tapias del cementerio.

Los versos de Homero los puse como encabezamiento de la oda alcaica latina que hace años compuse en recuerdo de mi padre. Corresponde esta composición a la entrada de este mismo blog, fechada el 2 de mayo de 2007 *. Allí el lector los verá escritos en su idioma original y traducidos por mí.

En cuanto a los versos latinos de Diogo Pires, en honor de su amigo Silva, los transcribo ahora aquí, acompañándolos de la correspondiente traducción. He resaltado en negrita los versos que evocan el pasaje de Homero. Aquí los pongo para que los vea el curioso lector:

Sylvae, qui in acie Africana cum Sebastiano rege periit, epit.


Sylva, tuum regem qui bella in dira secutus,
occidis (heu) lacrimis altera causa meis.
Sive solo quocumque iaces, seu mersus ab undis
volveris huc, illuc
: hoc breve carmen habe.
Quam bene, qui nostrae fueras pars optima gentis,
dum cadit infelix patria, Sylva, cadis
!

A Silva, que murió en el ejército de Africa junto al rey Sebastián, epitafio

(Silva, que siguiendo a tu rey a una cruel guerra, / has perecido, ¡ay!, una causa más para mis lágrimas; / ya sea que estés tirado en cualquier solar, o que, entre las olas, / éstas te volteen de acá para allá: recibe este pequeño poema en tu honor. / ¡Qué honrosamente has muerto, tú que eras la parte mejor de nuestra gente! / Caes, Silva, cuando cae nuestra infortunada patria)




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* Clicar aquí

miércoles, agosto 03, 2011

FUEGO AMIGO, DE JUAN C.FERNÁNDEZ CALDERÓN

Aunque hace ya dos meses, o más, que vio la luz el más reciente libro de Juan Carlos Fernández Calderón, titulado Fuego amigo, la verdad es que hasta hace muy poco no he tenido la oportunidad de leerlo. Hoy lo he visto expuesto en el estante de novedades de la Biblioteca Municipal y me he apresurado a sacarlo en préstamo. (Generalmente, no compro los libros que publican los amigos. Espero que me los regalen. Eso sí, en ese caso, procuro corresponderles en especie, con algún fruto de mi cosecha. El género que cultivo preferentemente es el ensayo y así practicamos el intercambio de géneros: el poético, el narrativo, el histórico... En mi caso, la moneda de cambio es del género ensayístico)

Bueno, a lo que voy. Lo que quiero decir, ante todo, a propósito de Fuego amigo es que es un relato ágil y vivaz, que no tarda en enganchar nuestra atención y que mantiene en vilo nuestro interés desde el principio hasta el fin. Creo que el jurado que le concedió el premio Hontanar de Narrativa, hace unos meses, ha sabido apreciar estas cualidades y otras que podrían señalarse: economía de medios, soltura en la dicción, junto al oportuno toque detallista que da verosimilitud a la narración. Y, por último, ese desenlace que nos desvela la clave del título del relato. Título paradójico, pero muy a propósito para poner de relieve el carácter trágico de aquel enfrentamiento fratricida. Contar el final de la novelita, el inesperado desenlace, creo que en ningún caso debe hacerse y mucho menos en éste. Ahí se concentra la intriga del relato, que se viene acumulando desde el comienzo mismo de la narración. Ese ‘fuego amigo’ es, de alguna manera, una versión de lo que se entiende, con otras palabras, por ‘daños colaterales’. Son expresiones, según veo en Internet, puestas en circulación por el ejército de los Estados Unidos a propósito de la guerra del Vietnam.

Los ‘daños colaterales’ se dieron de manera muy especial en la guerra civil española. Por efectos del ‘fuego amigo’ cayeron muchos de los que pretendieron, con la mejor voluntad, socorrer al contrario. El ‘fuego amigo’ frustra los buenos propósitos, en este caso, del proletario y presunto izquierdoso que responde por el nombre de Ojedita. Hubo quienes, en uno y otro lado, arriesgaron su vida por ayudar humanitariamente al del otro bando. Desde el bando rebelde, esto constituía un delito tipificado por ellos como ‘auxilio a la rebelión’. El fuego amigo se encargó, en este caso, de frustrar los buenos propósitos del fiel Ojedita. Por su parte, el terrateniente Don Julio Tarifa no se percató, hasta el último momento, de que ‘había moros en la costa’.

En fin, recomiendo vivamente al lector que se solace leyendo el libro, merecidamente premiado, de Juan Carlos Fernández Calderón.

lunes, julio 25, 2011

ESCATOLOGÍA Y FOLKLORE

En este blog, que ya va por el 5º año desde que vio la luz en octubre de 2006, he insistido en varias ocasiones sobre el tema escatológico en su acepción nefanda. O, si se prefiere, obscena. En castellano, el adjetivo ‘escatológico’ tiene dos acepciones: la que se refiere a las ultimidades o postrimerías (muerte, juicio, infierno y gloria, según el viejo catecismo Ripalda) y la que se refiere a lo relacionado con los excrementos (la otra tetralogía, la obscena o nefanda: caca, culo, pedo, pis) En otros idiomas europeos (francés, inglés, italiano...) cada una de estas acepciones es perfectamente distinguible porque se acomodan a sus respectivos étimos griegos: ‘skatós'- excremento- o ‘éschatos'- último)



Las entradas de este blog que tienen contenido ‘scatològico’ (it.), no ‘escatològico’ (it.) corresponden a las siguientes fechas: (25-6-2007), (7-2-2009), (15-7-2010). Fuera de este cuaderno de bitácora he publicado algún artículo más sobre el tema, el más reciente salió en la Revista de Feria (la feria de Zafra) del año pasado (pp. 100-2), con el título “La componente escatológica en la poesía de Miguel Hernández”. El artículo más antiguo que he escrito sobre este tema recurrente se publicó en la revista Alminar (Revista de Cultura de la Institución Pedro de Valencia) en el nº 6, junio de 1979, pp. 22-3. El título de este primer artículo es “Refranero escatológico de la Baja Extremadura”. Puede que sea el primer intento de compilación de refranes relacionados con la ominosa tetralogía. Miguel Hernández identificaba lo escatológico, en este sentido, con “lo abominable” (octava XII de Perito en lunas)

Pero hoy me siento motivado a insistir sobre el recurrente tema porque, recientemente, dos jóvenes amigos de la Universidad de Huelva han contribuido a la edición de los diversos trabajos que constituyeron sendas ponencias en un curso realizado en esa universidad, a lo largo del académico 2008-9. El curso llevaba el sorprendente título de "Historia de la mierda". No apto, naturalmente, para espíritus delicados. Pero para un humanista, al que se supone avezado conocedor de ciertas valiosas consignas de la antigüedad, como el horaciano nihil admirari (‘no sorprenderse por nada’) o el terenciano nihil humanum a me alienum puto* (‘nada humano lo considero extraño a mí’) no tiene por qué ser un inconveniente el encarar ciertos temas considerados ‘tabú’ por el común de los mortales.


Se celebró el curso, con el desenfado y buen humor que cabía esperar del talante de los organizadores, encarando el tema con académica deportividad, sin remilgos, pero también sin complacencias y concesiones a lo chocarrero. Y se demostró que hasta de la mierda se puede aprender.


Es más, las ponencias del insólito curso se han editado y en la última feria del libro han constituido un éxito de ventas, como lo atestigua una noticia publicada por el diario El Mundo. es /Andalucía. Facilitamos el correspondiente enlace aquí.

Ahorro al lector la foto de la portada del libro, porque va incluida en el enlace que acabo de facilitarle. Un éxito de ventas. Todo un best seller.



* La cita de Terencio (Heaut. 77) dice exactamente: Homo sum: humani nil a me alienum puto. Se trata de un senario yámbico.

jueves, junio 30, 2011

DÉCIMA EN HONOR DE LUIS ÁLVAREZ LENCERO






Aquí estoy de cuerpo entero,
para jugarme las penas,
el corazón y los hue...sos




(L. Álvarez Lencero)




Lo dijo nuestro Lencero,
dechado de buen varón,
poeta de corazón
y artista de cuerpo entero.
Hombre que, a fuer de sincero,
hizo gala de su hombría,
cifrando en la varonía
la esencia de la virtud: *
y es la viril actitud
la esencia de su poesía.

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* “ex viro virtus” (Cic. Tusc. 2.43.12)


("virtud viene de varón)

martes, junio 28, 2011

EL DICCIONARIO BIOGRÁFICO ESPAÑOL ENTRE EL ESCRUTINIO Y EL AUTO DE FE

En un reciente artículo publicado en el diario HOY, el cronista oficial de Badajoz, D. Alberto González Rodríguez, sale en defensa del Diccionario Biográfico Español, editado por la RAH en su primera tirada de los 25 primeros volúmenes. D. Alberto defiende a capa y espada la objetividad científica de esta obra en la que, dice, “he tenido el honor de colaborar”. Detalle este que parece garantizar no sólo su propia objetividad, sino la del resto de los colaboradores. Porque, no nos engañemos, quienes critican la obra que, según él, constituye “la más acabada expresión de la memoria histórica de nuestra patria” son los antipatriotas de siempre. O sea, aquellos que “pretenden que la historia sea lo que ellos quieren, y no lo que fue”, y que, en el fondo, son “los mismos para los que las ideas de España, sus hazañas, símbolos, héroes, valores y cuanto contribuye a cimentar el sentimiento de españolidad y el orgullo de nuestro pasado, son cosas que hay que borrar para sustituirlas por lo que impone la dictadura del pensamiento único...

Todo lo cual explica por qué “el Diccionario ha sido objeto de un rechazo frontal por parte de los iconoclastas del radicalismo izquierdista. (La cursiva es, en todo caso, nuestra). Esta operación, continúa el cronista, “ha sido impulsada desde las altas instancias gubernamentales y partidistas”... Y la causa que ha puesto en marcha esta especie de conjura, esta labor de zapa... de zapa... (¿qué me recuerda esto?) resulta fácil de imaginar. Sólo falta que se formule de manera oficial, cosa que el propio cronista facilita a la censura oficial: “Por resultar perjudicial para la democracia y la memoria histórica oficial”..


El pretexto que ha tenido la opos..., digo el Gobierno que pasará pronto a la condición de oposición, para lanzar su anatema sobre el Diccionario, ha sido el artículo sobre Franco, “redactado por el eminente historiador y prestigioso catedrático, especialista en el personaje, Luis Suárez, por considerarlo laudatorio”...
El Sr. González Rodríguez considera una “falacia” que se argumente, como razón para exigir que se retire la biografía de Franco, la de que “en ningún país se permitiría publicar la menor referencia de personajes semejantes”... Lo que constituye, dice, “una gran falacia”. Pero la falacia la introduce él cuando dice “la menor referencia”. Sofisma y falacia, porque lo que no está permitido, en todo caso, en esos países con democracias bien constituidas, es la menor referencia hagiográfica o enaltecedora de esos personajes que fueron la causa de genocidios execrables. Entre esos grandes genocidas cita D. Alberto a “Stalin, Hitler o Mao Tse Tung”. A lo que se ve, no incluye a Franco entre los genocidas mayores de la Historia. De haberlo hecho su lista hubiera resultado más equilibrada: un 50% de genocidas del comunismo y un 50% del fascismo. Este pequeño detalle pone de manifiesto la ejemplar objetividad de D. Alberto y de su imparcial Diccionario.


Nos aproximamos ya al diagnóstico final de la causa que ha suscitado el rechazo de esa obra que, a su juicio, constituye la más cabal expresión de lo que debe entenderse por memoria histórica buena. Estamos ante un auténtico Auto de Fe, como los de la vieja Inquisición. Como asegura D. Alberto, “lo que los inquisidores del Diccionario Biográfico Español pretenden “no es un ejercicio de imparcialidad, sino un ejercicio de dirigismo dictatorial...” (esto sí que es inconcebible en ningún país demócrata y libre) “para ahormarlo desde el Gobierno a su ideología”...

Ante esta sombría perspectiva de dirigismo estatal, ya se presiente cuál será el destino final de la obra: el de ser arrojada al fuego.
D. Alberto se acuerda vagamente del escrutinio de la biblioteca de Don Quijote e imagina toda una legión de maltratadores interviniendo en la famosa chamusquina, incluso a quienes no intervinieron en ella: “...venteros, zapateros, galeotes y yangüeses de turno”.
Templarios en la hoguera













Viñeta de Gustavo Doré, cap. VII, 1ª parte
(El capítulo del escrutinio corresponde al VI, de la 1ª parte)



Mire, D. Alberto, el famoso escrutinio de la biblioteca de Don Quijote se hizo con la sana intención de proteger al hidalgo contra las lecturas perniciosas que lo trastornaban. Se hizo, además, gracias a los oficios del cura, y con un plausible gusto literario: se salvó lo excelente y se arrojó a las llamas lo malo o lo mediocre.El escrutinio se distingue del Auto de Fe en que, en este último, si llega el caso, se quema no sólo la obra, sino al autor.

El escrutinio que el Diccionario Biográfico Español necesita consiste en extirpar de él todos los resabios franquistas que fueron válidos en una época en la que la libertad de expresión estaba vedada justo para todos aquellos que no ‘ahormaban’ su criterio a las exigencias del Régimen. Lo que esta vez se procura es que la mentira no siga teniendo, como entonces (como ayer mismo, como quien dice) salvoconducto.

miércoles, junio 22, 2011

EL BALUARTE

Un diagnóstico bastante lúcido de la situación política española, que ha dado lugar al estancamiento de la Transición en un movimiento ilusorio hacia la Democracia, es el que podemos leer, a fecha de hoy, en el periódico Público.es. Facilito aquí al lector el acceso a dicho artículo, invitándole a que haga una reflexión sobre su contenido, pues en él, a mi modo de ver, se nos revela la causa que ha estado durante todos estos años escamoteándonos la entrada en la auténtica democracia, desde que terminó la travesía por el desierto de la Dictadura. Ya en una entrada anterior, que algunos de ustedes quizás recordarán, se establecía en este blog el correspondiente paralelismo entre el pueblo español y el israelita, camino de la tierra de promisión de la Democracia. Con la muerte del Caudillo, comenzamos a avistar la deseada tierra de promisión y a respirar el aire de las libertades por las que habíamos suspirado largo tiempo. Pero pronto íbamos a encontrarnos con los muros de Jericó, esa especie de bunker del franquismo que no hemos conseguido derribar, por más vueltas que damos a su alrededor. Es el baluarte del inmovilismo franquista enquistado en la democracia, impidiendo que nos adentremos en ella por los caminos de la libertad. En ese bunker, cerrado a cal y canto, se custodia la memoria del franquismo, la historia como éste la contó. Y frente al testimonio que oponen quienes fueron víctimas del mismo, insisten en contar la historia maquillada a su manera.

En fin, que si Franco no entró en la tierra de promisión de la Democracia, sus simpatizantes pretenden, a toda costa perpetuar el franquismo en la misma. Y esto provoca una situación embarazosa para el normal desenvolvimiento de la democracia, a la que da un tinte de irrealidad, queriéndola hacer, en cierta medida, compatible con la dictadura, transigente, equiparando democracia con Transición y ésta con transigencia. La juventud percibe la Transición perpetuamente prorrogable como una falsa democracia y exige en su mot d'ordre, en su principal consigna, "¡Democracia real, ya!". Y en esas estamos. Lo que pasa es que los que tratan de ofrecernos su versión de la democracia, tratan de boicotear este movimiento (15-M) y acusan a sus promotores de querer establecer una oposición extraparlamentaria. Les conviene perpetuar el simulacro de democracia estancada en perpetua Transición, sin la menor intención de ofrecer reparación a la parte vencida.

viernes, junio 17, 2011

¿DÓNDE ESTÁ EL FIN DE LA TRANSICIÓN?

Los romanos adoptaron temporalmente, de manera provisional, las dictaduras como sistema de gobierno (dictaturae ad tempus sumebantur, dice el historiador Tácito, al comienzo de sus Annales, 1.1.2-3) Es decir, “las dictaduras se adoptaban temporalmente”, como una forma de superar situaciones en las que peligraba la estabilidad del estado democrático (Re publica) y correspondían, aproximadamente, a lo que hoy denominaríamos ‘estados de excepción’.
No ocurrió así con la dictadura nacida con la guerra civil española (1936-1939) cuya razón de ser se justificó por la necesidad de atajar el desorden y el caos que había traído la República. La facción conservadora trató de sacar partido de la situación, propalando la necesidad de una intervención militar que atajara los desmanes. Esa facción conservadora achacó los desórdenes al Frente Popular, triunfador en las elecciones de febrero de 1936. A partir de ese triunfo electoral, la derecha trató de recuperar el poder, a base de desprestigiar a la república como el imperio del caos y el desorden. España, con el triunfo del Frente Popular, se había convertido en “la casa de Tócame Roque”, donde era necesario poner orden, al precio que fuese. Se preconizaba la sublevación militar, que algunos consideraban necesaria para enderezar los asuntos internos del país. En realidad, lo que interesaba a la facción conservadora es que la situación política diese un vuelco a su favor. Interesaba presentar a la República como el reinado de la anarquía. Así a los adversarios de la República les favorecía el desorden, por aquello de ‘cuanto peor, mejor’. Y se difundía, entre tanto, el rumor de que el ejército debería intervenir, a fin de poner coto a estos desmanes.

Y la rebelión militar eclosionó, por fin, el 18 de julio de ese mismo año. Era el cambio de situación que la derecha estaba esperando. Con el salvoconducto de la guerra, los paramilitares de la Falange identificados con los intereses de la derecha, se hicieron dueños de la situación. Y dio comienzo la más sangrienta y arbitraria de las represiones. Fueron estos los inicios de una dictadura que se iba a convertir en vitalicia, sobre todo porque a los principales beneficiarios de la misma, el estamento eclesiástico y los terratenientes, no les interesaba modificar un statu quo que les favorecía. Si añadimos que la guerra los involucró en un ‘pacto de sangre’, habremos encontrado la clave de la larga duración de la dictadura. Así el régimen surgido del 18 de julio se consolidó y afianzó, con el beneplácito y aun la bendición de la jerarquía eclesiástica. Ya en 1937 el primado de España, cardenal Gomá y Tomás dio el nombre de Cruzada al levantamiento militar que desencadenó el mayor genocidio de la historia de España. Si el gobierno de la segunda república no supo, o no pudo, atajar ciertos desmanes y desórdenes (de una y otra parte) ante los que había que haber reaccionado con energía, el remedio aplicado por quienes pretendían corregir la situación fue mucho peor que la enfermedad. Porque el desorden que desató el golpe de Estado fue muy superior al que pretendía corregir. En realidad no corrigió, sino perpetuó, el desorden que la República trataba de corregir mediante una distribución más justa y racional de los medios de producción, en poder de los terratenientes principalmente. Lo que hizo fue aportar nuevos y más graves desórdenes. Recuerdo, a este propósito, unas palabras de Séneca el Mayor, padre del filósofo, y abuelo del poeta Lucano. Dice este Séneca en sus Controversias (2.6.4.22-24): “¿Quién, para atajar revueltas, subvirtió el Estado de derecho? No reprime los desmanes quien los provoca”. Se podía precisar: quien provoca nuevos y mayores desmanes.

El Alzamiento militar del 18 de julio fue el gran desmán contra el estado de derecho que era la República. Con él comenzó la subversión que dio al traste con la legitimidad institucional del estado de derecho, pues, como dijo el poeta Lucano, “se otorgó legalidad al crimen” (B.C., 1.2). Los paramilitares de la Falange (la derecha uniformada), en connivencia con los mandos militares sublevados, iniciaron la represión en la retaguardia, asesinando a mansalva a quienes consideraban bolcheviques, o rojos.
Esta es, a grandes trazos, la maniobra que arrebató el poder al pueblo y arruinó el proyecto democrático en España por más de cuarenta años. Porque, aunque desde 1936 a 1975, año de la muerte de Franco, van 39 años; la sombra de la dictadura es alargada, se prolonga, incluso, durante la llamada Transición. Este periodo comienza con la muerte del Caudillo, lo que no se sabe bien es cuándo termina. Se supone que la ‘transición’ es el proceso por el que se pasa de la dictadura a la democracia, y que esta democracia es la meta a la que se llega cuando concluye el proceso transicional. Pero, así como la larga duración de la Dictadura invalida la noción clásica de la misma (situación excepcional en tanto que se resuelve un problema de Estado, que se procura resolver en un periodo de tiempo relativamente corto), la larga duración de la presunta ‘transición’ la anula como tal, tratando de convertir en permanente una situación que, por definición, se considera transitoria. La Transición prolonga la sombra de la Dictadura, por cuanto que la derecha se niega a condenarla. Las generaciones más jóvenes presienten que esto que tenemos es una forma espuria de democracia y demandan una democracia real. No un sucedáneo o simulacro de la misma.
Los españoles, privados de libertades cívicas durante cuarenta años, tuvimos que adaptarnos paulatina y pacientemente a la futura democracia. El súbito encuentro con la luz, tras haber vivido tanto tiempo en el túnel de la dictadura, hubiera podido dañar nuestra visión. Y así aceptamos pacientemente, esperanzadamente, esa forma de democracia descafeinada que llamamos Transición. La Transición era la forma precavida, gradual, de aproximarnos a la democracia, de saborear la libertad, que es como un vino (uno de los nombres clásicos de Baco es Líber, es decir, Libre) El vino, si se toma en estado puro, puede causar embriaguez. Por eso Cicerón habla en su República de esa libertad a la que compara con el vino sin mezcla: nimis meracam libertatem, advirtiéndonos que puede acarrearnos no pocos inconvenientes. Los españoles renunciamos a esa libertad en estado puro y adoptamos la Transición (el vino rebajado, el 00, el sin) Un sucedáneo de la democracia. La Transición no avanza: es el consabido piétinement sur place, la rueda que patina sobre el barro.
Entre tanto, el franquismo trata de realojarse en la Historia, con el visto bueno de la RAH y su flamantísima edición del Diccionario Biográfico Español.
Cuando esperábamos oír, como acto final de la Transición, el anatema de la Dictadura, resulta que escuchamos el panegírico de la misma, entonado por quienes más obligados estaban a ser respetuosos con la verdad histórica.

Se nos quiere situar indefinidamente en la Transición, sin dar el paso definitivo, por una de las partes negociadoras, que nos situaría en la democracia: la condena de la dictadura con la anulación de los juicios que ésta llevó a cabo, carentes de toda legalidad. Sobre todo, la tipificación como delito de lo que en aquellos juicios falsarios se dio en llamar ‘auxilio a la rebelión’.Proyectando, con la mayor desfachatez, el delito propio sobre el adversario político. Y cuando el juez Garzón, a instancias de parte perjudicada, ha querido encausar los crímenes de esa dictadura, se le acusa de prevaricación y se le inhabilita como juez. Esa es la democracia que tenemos: una contrafigura de la democracia real. Ésta sería la auténtica Democracia con mayúscula, aunque sin adjetivos, como quiere doña Esperanza Aguirre.

jueves, junio 16, 2011

“¡NO ES ESTO!”

Los ex-acampados del 15-M se han apresurado a desmarcarse de los ‘indignados’ de la Plaza de Sant Jaume con los que no comparten, por lo menos, una cosa: el método seguido para protestar. La suya ha sido, y esperamos que siga siendo, una protesta pacífica, que ha descartado, desde luego, la violencia. La adopción de medidas violentas no contribuirá más que a quitarles la razón a esas protestas, por más razonables que puedan ser. El método empleado quita la razón a las mismas, que es lo que en el fondo desean quienes, desde el principio, han visto con malos ojos las reivindicaciones de la Puerta del Sol.
Los disciplinados chicos de la sentada madrileña (que, antes de irse, han procurado barrer y limpiar como es debido el lugar de su acampada) hacen bien en mostrar su disconformidad con el procedimiento empleado en la protesta catalana. No podemos por menos recordar el “No es esto”, con que aquellos intelectuales de la República que componían la famosa terna, Ortega, Marañón y Pérez de Ayala, se pronunciaron contra el carácter violento que había tomado la situación. La estrategia que emplearon entonces los ‘conservadores’ para desestabilizar la República fue aprovechar estas provocaciones para azuzar la conspiración militar. Era la táctica del “cuanto peor, mejor”, pues así se podía justificar la intervención militar que impidiera los cambios que postulaba la República: un sistema que permitiera las libertades (en particular la libertad religiosa) y una distribución más equitativa de los medios de producción, especialmente vinculados en aquel tiempo a la propiedad agraria. Las alteraciones del orden no fueron corregidas de modo tajante por los responsables del gobierno y esto contribuyó a activar la trama golpista por parte de los elementos conservadores, que defendían abiertamente la necesidad de una intervención militar. Cuando ésta, por fin, se puso en marcha, ya sabemos con qué rapidez y eficacia se procedió al exterminio del adversario político. No sabemos si ante la magnitud y gravedad de la represión (remedio peor que la enfermedad) alguno de aquellos intelectuales alzó su voz para decir “¡No es esto tampoco!”. Los intelectuales se encuevaron enseguida, o huyeron despavoridos ante la barbarie. Sólo Unamuno, desde el paraninfo de la Universidad salmantina, tuvo agallas suficientes para enfrentarse al “¡Muera la inteligencia!”, de Millán Astray, con aquel discurso sereno, rematado con una sentencia que quedó para la Historia:
– ¡Venceréis, pero no convenceréis!

El espíritu del 15-M no debe echarse en saco roto, porque en él tenemos no pocas esperanzas no sólo muchos jóvenes, sino también muchos mayores. Nos sentimos solidarios con ellos y comprendemos la justeza de su demanda:
–“¡Democracia real, ya!”

Porque esto que hasta aquí hemos conocido con el nombre, presuntamente provisional, de Transición, no pasa de ser un remedo de la auténtica democracia.