sábado, marzo 20, 2010

EL TEMA DE LA SIMIENTE

* 'Non enterran cadavres, enterran semente', del libro Galicia mártir, por Alfonso Castelao

Entre los temas que en su conferencia musical ilustrada ‘tocó’ anoche el guionista y director artístico del grupo “Barricada” quiero señalar uno que me resultó especialmente familiar, porque, tanto desde el punto de vista personal como desde el ángulo de la poesía y de las artes plásticas, ya contaba yo con experiencias anteriores en las que había tomado contacto con el asunto. Decía la letra, más o menos: “no entierran huesos, entierran simiente”.

Los precedentes literarios y artísticos de ese Leitmotiv afloraron a mi memoria. Y recordé en primer lugar, unos versos del poeta Luis Álvarez Lencero, versos que me son especialmente queridos, porque el poeta tuvo la deferencia de dedicarme uno de los poemas de su libro Juan Pueblo. El poema, dedicado a petición mía, es el titulado “Juan Nadie”: No se mata la simiente / y, aunque se pudra enterrada,/ nacerá multiplicada / con más vida nuevamente




Estos son los versos que me interesa resaltar en el poema. Leyéndolo, naturalmente, recordaba la muerte de mi padre, pero también la de otro familiar mío, Juan Pavón Rosario, que fue alcalde socialista en Aceuchal durante la República. Juan Pavón era primo hermano de mi abuela materna y en casa se le nombraba como ‘tío Juan Pavón’. Su madre y la madre de mi abuela, mi bisabuela Pepa, eran hermanas. Tío Juan Pavón murió con una entereza admirable, según cuentan (o contaron) quienes presenciaron el fusilamiento.

Así que el motivo de “Barricada” me tocaba en la fibra más sensible del alma. También a mi abuela, por atreverse a clamar contra este asesinato de su familiar querido, así como el de su yerno y padre mío, la castigaron con la humillación del rapado. Otro de los temas que trató “Barricada” en aquella breve relación de infamias que se produjo en cada uno de los pueblos de nuestra comunidad extremeña, y así en toda España.

En un artículo que me publicaron en el periódico HOY (allá por el 1979, no puedo precisar la fecha con exactitud) me ocupaba de “Los otros caídos”. Escribía, por aquellas fechas: Quiero honrar a esos muertos; reclamar para ellos el homenaje que desde hace largo tiempo se merecen. A su tenaz recuerdo, a su simiente nacida, debemos la libertad que ahora renace.

Finalmente, dentro de este mismo Leitmotiv se encuentra uno de los dibujos de aquel gran artista, defensor de la causa republicana, que fue el gallego Alfonso Castelao. Me permito reproducirlo aquí para que sirva como ilustración a esta página.

BARRICADA Y LA MEMORIA HISTÓRICA

Organizado mancomunadamente por la Casa de la Juventud, el Instituto “Suárez de Figueroa” y la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica “José González Barrero”, ha tenido lugar en Zafra un concierto en homenaje a los mártires laicos de la República, entre ellos el padre de Libertad González y mi propio padre. Tras el fallecimiento de Justo Calderón y de Teodomiro Trujillo, Libertad y yo (si no me equivoco) somos los únicos descendientes directos de fusilados por la causa de la República: quedan nietos y biznietos entre los descendientes de aquellos represaliados.

Invitado a participar en el acto sentí ciertos reparos y escrúpulos, por lo que éste pudiera tener de show, o espectáculo, más que de homenaje a aquellos que murieron por una causa noble, como es la democracia. Los hechos vinieron a demostrarme que mis temores no eran fundados. Tenía, ciertamente, una razón poderosa para no recelar de las limpias intenciones del acto. Y es que andaba de por medio la persona de José María Lama, de cuya probada honestidad no cabía esperar nada que no respondiera a un acertado enfoque del asunto.

Lama me tranquilizó en este aspecto, me informó que el grupo musical actuaba de forma completamente desinteresada (no han cobrado ni un duro), que estaban concienciados de que había víctimas también de ‘la otra parte’, y que no se trataba de revanchismo de clase alguna. Sólo que este tipo de homenajes no ha sido posible más que con el establecimiento de la democracia; y que, desde luego, era impensable con el franquismo, en el que sólo era ‘legítimo’ el honrar a los ‘caídos’ de ese lado.

El nombre mismo del grupo, “Barricada”, me sonaba a beligerancia, a palabra del argot guerrero. Y bien es verdad que el nombre evoca situaciones de guerra, pero, desde luego, en todo caso, de guerra defensiva, no ofensiva. La “barricada”, como el ‘parapeto’, es una de las principales estrategias de la resistencia.

Y es que la democracia nos obliga a no bajar la guardia contra una continua amenaza de involución por parte de una antidemocracia, más o menos latente, que no ha abandonado los viejos resabios del franquismo. Tengamos en cuenta el hecho más contradictorio de esta ‘presunta’ democracia que tenemos y es que los demócratas de la derecha consideran, con la mayor naturalidad, compatible el ser ‘demócratas’ sin tener que cumplimentar el requisito de condenar el franquismo: tal exigencia, por parte de la izquierda, les parece una condición inicua para su democracia. El argumento del Sr. Mayor Oreja es de una sencillez (=simpleza) monumental: ¿Por qué tendría yo que condenar el franquismo si fue una etapa que yo viví en plena placidez? (Esto, o algo equivalente, fue lo que dijo) Y su partido asintió.

Pues mire usted: El argumento (más razonable que ese que usted da) de por qué debe ser condenado el franquismo para que los demás (digamos, si quiere, la izquierda) creamos en la sinceridad de la conversión de ustedes a la democracia, es que el franquismo es lo antidemocrático por esencia. Y así como al catecúmeno le exige el rito católico renunciar expresamente a Satanás, a sus ‘pompas y a sus obras’; así a ustedes se les pide, como prueba de su adhesión al credo democrático, esta señal de repulsa, o repudio, de la dictadura franquista. Democracia y franquismo son incompatibles y conviene tener muy clara esa delimitación conceptual para que nuestra (la de todos) democracia sea de fiar. Lo contrario es no ponerse de acuerdo ni en lo esencial, con lo que la democracia se convierte en lo que estamos viendo actualmente: una constante desavenencia y un enfrentamiento acre y permanente entre el partido del gobierno y el de la oposición. En estas circunstancias (y por mal que lo esté haciendo el actual gobierno) los que creemos por encima de todo en la verdadera democracia no podemos votarles a ustedes: la renuencia de ustedes a condenar el franquismo es un muy serio obstáculo en contra de su fiabilidad como demócratas.

Bueno, pero estábamos con lo de “Barricada”. Una prolongada y cálida ovación fue la respuesta unánime por parte del público asistente. Sin ofender a nadie, habíamos honrado la memoria de nuestros ‘caídos’: los que cayeron por la causa de la libertad. Sin el menor propósito revanchista. Sólo con la intención, legítima por demás, de honrar a aquellos ‘muertos sin honor y sin recuerdo’ (¡Foxá! dixit) a quienes durante tantos años se les denegaron oficialmente los honores y el reconocimiento de su sacrificio.

lunes, marzo 15, 2010

El paraguas de Rajoy y la Ley de Amnistía

*Viñeta de Peridis en El País

Es típico de la viñeta de Peridis, que publica diariamente El País, ver a Rajoy tendido (¿a la bartola?) chupando su veguero y cobijándose bajo un paraguas. Ahora resulta que el paraguas bajo el que se pretende cobijar los crímenes de la dictadura franquista es la llamada Ley de Amnistía que, según nos recuerda hoy en las páginas de opinión del mencionado periódico uno de los que asistieron al parto de esa ley, fue concebida, sobre todo, como una forma de proteger, bajo cobertura legal, a los vencidos de la contienda civil, amparando a éstos de seguir padeciendo arbitrarias persecuciones por parte del aparato legal montado por el franquismo. Entresacamos aquí uno de los fragmentos del artículo de Jaime Sartorius, concretamente, el correspondiente al párrafo 4º (el artículo íntegro puede consultarse aquí)

Se trataba de amnistiar a los reprimidos por el franquismo, no a los franquistas, que ya se habían autoamnistiado, de forma que fueron los partidos de izquierda y los nacionalistas con representación parlamentaria los que tomaron la iniciativa de redactar la ley sin que los herederos de la dictadura aceptaran participar en la Comisión Parlamentaria, ni votaran posteriormente a favor de una ley que no les afectaba”.

La situación verdaderamente surrealista ocurre cuando ahora, a la hora de tratar de encausar a Garzón bajo el presunto delito de prevaricación, se invoque, por parte de los querellantes, el amparo de una ley en la que no tuvieron arte ni parte , que consideraron en todo momento que no les afectaba ni correspondía a sus demandas o a sus intereses.

Encima nos arrebatan el paraguas, dejando al juez a merced del chaparrón.


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* Consultar mi entrada anterior La Ley de Amnistía no es lo que yo creía

sábado, marzo 13, 2010

El tiempo amarillo

Entre los múltiples actos conmemorativos del centenario del nacimiento de Miguel Hernández (que se cumple dentro de este mismo año, el 30 de octubre de 2010), El País Semanal le ha dedicado un primer homenaje (nº 1.745, 7 de marzo, pp. 32-48) en el que varios escritores, un político y un cantante abordan diferentes aspectos de la personalidad del poeta. Uno de esos artículos, firmado por Luis García Montero, lleva por título “El tiempo amarillo” (p. 48)

Al elegir yo este mismo título quiero destacar que, si García Montero emplea el sintagma hernandiano como algo incidentalmente relacionado con el contenido de su artículo, yo por mi parte voy a ocuparme aquí de ese mismo sintagma en cuanto recurso literario, figura poética, síntesis feliz y hallazgo novedoso del genial autodidacta de Orihuela.

Del tiempo sabemos muchas cosas que él mismo se encarga de revelarnos y que se convierten en convencionales en el decurso de su devenir. La más obvia es, tal vez, la de su condición fugitiva: el tiempo huye, se nos escapa constantemente: tempus fugax. El tiempo se caracteriza, sobre todo, por su fugacidad.

Pero los poetas, que no dejan de asombrarnos con su perspicacia, descubren, a veces, facetas inéditas de las cosas, en las que no habíamos reparado anteriormente. Por ejemplo, ésta de que el tiempo hace amarillear las fotografías, lo mismo que torna blancos los cabellos, o encorva las espaldas o enlentece la locomoción. Esos efectos del tiempo sobre las personas, o sobre las cosas, delatan su transcurso, su huella inconfundible. El paso del tiempo sobre las fotografías consiste en… ponerlas amarillas. El color amarillento, propio de las fotografías añosas, nos revela la edad de esas fotos, nos dice que pertenecen al pasado y, tratándose de personas, nos dice que sus protagonistas están, probablemente, muertos.

Las fotografías se ponen amarillentas con el tiempo. La síntesis poética que atribuye al tiempo la cualidad que se ‘refleja’ en la fotografía, la llaman los teóricos de la literatura hipálage. Así, en la foto antigua, el tiempo es amarillo.

La hipálage desplaza sobre el tiempo (la causa agente) el efecto que es la amarillez de la fotografía.

Esta síntesis poética es conocida desde muy antiguo. Es una de las que hemos catalogado como “síntesis por contigüidad” (o asociaciones por contigüidad): la parte por el todo, el efecto por la causa, el singular por el plural (y viceversa, en todo caso) etc. etc. La sinécdoque y la metonimia son los tropos más representativos de este grupo de síntesis.

Hay numerosos ejemplos de cada una de estas síntesis. De la hipálage, en concreto, existe uno muy socorrido en La Eneida:

ibant obscuri sola sub nocte, per umbras (Aen. 6.268)

La característica de la ‘oscuridad’, que propiamente corresponde a la noche, se traslada a ‘los que caminaban en la noche’ (obscuri = ellos) y, en cambio, la característica de la ‘soledad’ (sola = sola) se trasfiere a la noche. Lo que se pudo decir ‘iban solos en la noche oscura, avanzando a través de las sombras’, se dice ‘iban envueltos en la oscuridad, avanzando entre las sombras de la noche solitaria’.
Y Miguel Hernández, que no necesitó estudiar Retórica para saber, por puro instinto poético, el empleo de este recurso literario, escribió:




algún día
se pondrá el tiempo amarillo
sobre mi fotografía
.



¡Lo que saben los poetas! Como escribió mi amigo Miguel Garci-Gómez.
Sabiduría instintiva, ancestral, ciencia infusa que no necesita conocer el nombre técnico de esa admirable síntesis que es ‘el tiempo amarillo’ y que, según los teóricos de la literatura, no es otro que el de hipálage.

miércoles, marzo 03, 2010

¿QUÉ VA A PASAR CON GARZÓN?


Con el título de “¿Garzón prevaricador?” publicaba ayer El País, en su sección de Opinión, un artículo firmado por Carlos Slepoy, cargado de razones y de indignación, por el acoso al que viene siendo sometido en los últimos tiempos el juez en el que tantas esperanzas había puesto la causa de la democracia, en vías de normalización en España.




Y es que la sociedad española de la Transición parece no haber asumido todavía que la democracia fue objeto de compraventa y chalaneo entre la facción vencedora y la vencida y que una de las cosas que fueron objeto de cambalache fue la impunidad, negociada y sancionada con la Ley 46/1977/ de 15 de octubre, la llamada Ley de Amnistía. Según en el citado artículo se notifica, dicha ley contendría en sí misma elementos que la invalidan, al presuponer la impunidad de delitos que leyes anteriores consideran imprescriptibles. En consecuencia, El Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas ha instado a que sea derogada la citada Ley, que ahora se invoca para imputar el cargo de prevaricación al juez Garzón.


Procede, pues, que se solicite la previa anulación de la Ley que ahora se quiere aplicar para procesar a Garzón. De lo contrario, se podría proceder a inhabilitarlo en virtud de la vigencia de aquella ley, no derogada.



Y, entonces, el proceso podría ser mucho más laborioso: demostrar la nulidad de la ley (por hallarse potencialmente en conflicto con derechos humanos considerados fundamentales e imprescriptibles) y, tras conseguir esa nulidad, restituir al juez en su cargo anterior.



Siguiendo la argumentación del autor del artículo (una autoridad en la materia de Derechos Humanos y un jurista de prestigio internacional) habría que juzgar como los auténticos prevaricadores a “los que se han opuesto a la investigación de los crímenes de la dictadura y los que contra este juez vienen dictando resoluciones manifiestamente injustas. A ellos debe serles aplicada la sanción que el Código Penal prevé para quienes lo hagan a sabiendas…etc. (Léase el último párrafo del texto)



A última hora, la causa contra Garzón va a ser la causa contra la democracia española.Lo que en ella está en juego es, nada menos, que el ser o no ser de la democracia en nuestro país, tras el golpe de Estado del 36, y los 70 años transcurridos, desde el comienzo de la dictadura hasta el final de la transición.







martes, marzo 02, 2010

Me visitan tía María, tío Jerónimo y…¡Amando de Miguel!


Decía mi madre que “soñar con muertos es pensar en vivos”. Nunca entendí bien qué quería decir con esto; aunque ahora imagino que lo que querría decir es bastante obvio: soñar con muertos es imaginar que aún siguen vivos.

Tía María, tío Jerónimo, tía Gumersinda están, los tres, muertos. Esta madrugada los he recibido como visitantes en la casa del Llano de Postrera. Estaban muy rejuvenecidos. Con ellos venía un personaje de cierta popularidad, a quien conocía yo por la tele y al que enseguida supuse una vieja amistad con tío Jerónimo. Aunque le reconocí al punto, sentí por el momento no recordar su nombre, lo que me privaba de la satisfacción de presumir, dirigiéndome a él con un:

− ¡Hombre, Don Amando, qué gusto verle por aquí! ¿Se conocían?

El fallo de memoria, al no asociar de inmediato el nombre del personaje conocido, me hizo optar por empezar saludando a los parientes. Así que empecé por la que hace menos tiempo que se fue de este mundo, tía María.

A ella me dirigí nombrándola “¡Tía María!”. Y ella se levantó para corresponder a mi saludo. Tenía un nuevo look, desde el tiempo que yo no la veía: cabellera larga, oscura, que le caía por la espalda y llegaba hasta el suelo. Pero cuando la besé era tía Gumersinda, en la que no había reparado, y que se quejó levemente porque con mi barba le pinchaba en los labios. Tío Jerónimo, muy jovial, estaba más moreno, como si hubiera regresado recientemente de la playa. También estaba más poblada de pelo su cabeza, ahora nada cana, como en los últimos años de su vida. Dijo alguna ironía acerca de la rapidez con que pasa el tiempo “más de veinte años ya!”. Y yo, para mis adentros, pensaba “Y más de veinticinco también”.

No pude aclarar cómo se había producido el conocimiento con el sociólogo de Miguel. No pude intercambiar ninguna información con éste. El sueño se interrumpió.

El nombre olvidado del profesor universitario y publicista fue recordado después, ya en la vigilia. La razón de su extraña, en principio, relación con la familia se quedó en mera hipótesis: debía de tratarse de una amistad de tío Jerónimo, de la que yo no había tenido noticia hasta este momento.

Luego, he creído ver otra causa subliminal: el apellido de Don Amando coincide con el nombre de otro de mis tíos, también difunto, hermano de los visitantes: el innombrable tío Miguel, el Bota.

Así se delataba la presencia de este otro miembro de la familia, de costumbres un tanto censurables, por su conocida tendencia a blasfemar. El Bota se insinuaba en la memoria dignificado bajo el apellido del profesor universitario.

El Bota murió en 1974, en el Asilo de Ancianos de Fuente del Maestre. Sólo tenía 62 años cuando murió.

lunes, febrero 22, 2010

EL TIRÓN DE OREJA

El portavoz del PP en el Parlamento europeo, Sr. Oreja, mereció un democrático tirón de ídem por revocar en dicho foro internacional lo que su partido había previamente consensuado con la oposición en el Parlamento español, el 20 de noviembre de 2002.

Suponemos que recibiría instrucciones concretas en este sentido por parte de su grupo para revocar en 2006 lo acordado en 2002.

Lo que el PP niega a la democracia y, consecuentemente, se niega a sí mismo como demócrata (en el caso de que lo sea de veras) es esa condenada condena.

Por encima de desencuentros a cuenta de la presente crisis económica, la revocada condena del franquismo reavivó una crisis de confianza que pone en tela de juicio el propio talante democrático del partido hoy en la oposición.

¿Se puede ser de veras demócrata y no condenar el franquismo? That is the question.

La no condena de la Dictadura bien pudo consentirse en la Transición porque era época de transigir. Pero la Transición misma tiene un límite (30 años resulta un periodo de tiempo incluso generoso) Que el texto constitucional aprobado en 1978 omita este trámite denota una parte del precio que la naciente democracia tuvo que pagar a los detentadores del poder del Régimen.

La Constitución de la Transición, aún vigente en la actualidad (menos da una piedra) nació con ese defecto de forma. Fue una constitución que vino al mundo con esa tara de estar mediatizada por el Régimen y ser tributaria del mismo.

La no condena del franquismo fue el pago que el vencido hubo de pagar por la incipiente democracia, que a otros les resultaba gratis. Nuestra legalidad democrática (la de todos) procede, a fin de cuentas, de una graciosa concesión de sus herederos (los del franquismo): vamos a repartirnos libertades, pero a condición de que Franco sea intocable.

Ese indulto forzoso del franquismo es el defecto congénito de nuestra democracia, tributaria de aquella dictadura. Expuesta a recaídas golpistas, atajadas sólo de manera disuasoria cuando el Rey tomó partido por la misma. Y toda vez que el propio rey es un legado del franquismo, su revalidación democrática se la ganó a pulso el 23-F-1981, al ponerse de parte de la legalidad constitucional.

Nuestra democracia tiene, repito, ese defecto congénito de la no condena institucional del franquismo. Esto ha contribuido a ‘ralentizarla’, entre otros detalles, mediante una retirada, remolona y paulatina, de los símbolos del franquismo. Algunos de ellos perduran todavía como testimonios de esa parsimonia democrática. Otros han sido retirados sólo muy recientemente, como el famoso ‘pericuto’ u obelisco de Castejón en Zafra, en la glorieta del mismo nombre, hoy Glorieta Comarcal.

Esta lentitud en retirar los símbolos contrasta con la rapidez que se adoptó en instalarlos en su momento: en todos los pueblos y ciudades de España no faltaron las correspondientes ‘cruces de los caídos’, calles con nombres de los militares rebeldes, monumentos y arcos triunfales.
Estamos en tiempos de crisis, lo sé. Hay cosas probablemente más urgentes en las que ocuparse. Pero ésta sigue siendo una rémora para la convivencia en paz, una convivencia cada día más lejana, por una oposición que últimamente ha redoblado su acritud, atizando infatigablemente la crispación.

El franquismo residual es la lacra de España. Franquismo y democracia son incompatibles. Si aquél no se erradica, será ésta la que, inevitablemente, termine yéndose a pique.

jueves, febrero 11, 2010

EL CONTUBERNIO DE MUNICH


* Brujas dirigiéndose al aquelarre, por Goya


Los funcionarios de antaño, para serlo, teníamos que acreditar adhesión al Régimen y fidelidad a los Principios del Movimiento.
De no cumplir esas condiciones, nunca hubiéramos podido acceder al título profesional. Era preceptivo obtener el título de Instructor del Frente de Juventudes, tras un cursillo en un campamento donde se nos explicaba la doctrina falangista. De modo que éramos franquistas por obligación.
Hubo alguna ocasión en la que fue necesario dar pruebas de esa adhesión y una de ellas se dio en el llamado contubernio de Munich (así lo denominó la prensa oficial) allá por la década de los 60 del pasado siglo.
Unos cuantos intelectuales de dentro y de fuera de España (exiliados estos últimos) se dieron cita en esa ciudad alemana para proponer al Régimen la implantación de un sistema democrático que nos homologase con el resto de Europa.
La prensa del Movimiento, sin tomar en consideración las ventajas que a España le podría reportar la medida, consideró la iniciativa como una ‘conspiración’ y le aplicó el sambenito de “El contubernio de Munich”. A su regreso, los participantes españoles que residían en España fueron considerados desafectos y fueron removidos de sus puestos.
Yo recuerdo que por entonces estaba de maestro en mi pueblo natal y, para demostrar mi compromiso con el Régimen, preparé una lección ocasional, reprobando lo que la prensa nacional había calificado como una ‘conspiración’. Ilustré mi lección con un dibujo de los rasgos fisonómicos del Caudillo.
En verdad, desconocía las buenas intenciones del plan que, desde el exterior, le proponían al Régimen aquellos patriotas: aspiraban, de buena fe, a homologar España con el resto de las democracias europeas. Pero, ¿cómo convencer a quienes venían adoctrinándonos, desde 1940, que “España no estaba preparada para la democracia”?

Por fortuna, mi compromiso con el Régimen concluyó a la muerte del dictador. Desde entonces me sentí liberado de este compromiso. Los periódicos y los noticiarios llevaban varios días ocupándose del delicado estado de salud del Caudillo cuando nos llegó la noticia de su óbito. En las pantallas de televisión apareció un compungido Arias Navarro para comunicar oficialmente el fallecimiento del general. Los funcionarios estábamos oficialmente de luto y se nos recomendó llevar corbata negra. La medida debió de partir del Ministerio de Educación, a través de las delegaciones provinciales.

La muerte del Caudillo le eximía a él de toda responsabilidad penal ante la Ley y, a los funcionarios, de la obligada adhesión.
Franco se había puesto siempre por encima de la Ley, al declararse responsable de sus actos “sólo ante Dios y ante la Historia”. Esto equivalía a considerarse inviolable ante la Ley (eso que, en teoría, debe ser igual para todos) Y así se consignó expresamente en algunos manuales de “educación cívica” de la época. No sólo se puso por encima de las leyes humanas, sino también de las divinas, arrogándose el derecho de matar, contra el precepto del Decálogo.

Ahora, a los 35 años de su muerte, el juez Baltasar Garzón ha tratado de encausar los “crímenes del franquismo”. Pero la muerte del dictador exime a éste de responsabilidad penal. En esto y en la promulgada Ley de Amnistía (1977) basan sus impugnaciones el sindicato titulado “Manos Limpias” y el grupo Falange Española de las Jons, para querellarse con el juez, acusándolo de prevaricación.

Pero la iniciativa de Garzón apuntaba a reparar el daño moral infligido a los damnificados por la Guerra Civil en el bando perdedor. Los caídos del otro lado tuvieron ya sus conmemoraciones y homenajes y sus cruces, legitimadoras de su buena causa: Por Dios y por España.

Sólo “los muertos sin honor y sin recuerdo” (Foxá) permanecieron silenciados durante los cuarenta años de la Dictadura.

La impunidad del franquismo constituye el mayor oprobio y descrédito de la democracia española.


Sólo una derecha crispada y atizadora incansable de crispación, hasta el empecinamiento de no condenar la dictadura (que es lo antidemocrático por definición) impide la reconciliación entre los españoles, negándoles esta señal de buena voluntad democrática.

Si se nos objeta que la derecha accedió una vez a condenar el franquismo en el Parlamento, el día 20-N-02, ese gesto quedó invalidado cuatro años después, por su portavoz en el Parlamento europeo, Sr. Mayor Oreja.

Al recuperar el poder que le otorgaron las urnas en la siguiente legislación, se dio marcha atrás en la condena del franquismo: incluso se justificó éste con el mérito de haber contribuido a ser muro de contención del comunismo en la Europa occidental. Se omitió decir que a costa de pactar con los fascismos europeos de Hitler y Mussolini.

Esa especie de legitimación del franquismo, no desautorizada aún por el PP, desmintiendo a su portavoz, admite una cierta componenda entre dictadura y democracia, en pugna con el sentido común y la lógica. Al antiguo “se puede ser demófilo y no ser demócrata”** , se puede añadir ahora: “Se puede ser demócrata y no condenar el franquismo”. Por lo visto, ambas cosas pueden ser compatibles, a juicio del PP.

Pero la antidemocracia, consustancial con el franquismo no se puede mezclar con la democracia. Y, desde luego, deja en punto muerto la deseable reconciliación entre los españoles.

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miércoles, febrero 10, 2010

La demonización de Zapatero

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En la sección de Cartas al Director (“El País”, 9-II-2010)** se pronunciaba ayer un lector sobre este mismo tema. El asunto viene dando que hablar desde bastante tiempo atrás y arranca, prácticamente, desde la misma toma de posesión del actual presidente del gobierno, a raíz de los atentados del 11-M. El PP ha achacado desde entonces su descalabro electoral a aquel suceso en el que vio una maniobra electoralista y, por tanto, una culpabilidad (que nunca ha podido demostrarse) por parte del partido entonces en la oposición.

La campaña de desprestigio contra el presidente Zapatero arranca desde ahí y se encona más y más cada día, aprovechando cuantas circunstancias adversas se presentan para minar su reputación. Es una verdadera ‘labor de zapa’, la que la oposición practica con Zapatero. La coyuntura de la crisis económica se aprovecha al máximo y, en lugar de arrimar patrióticamente el hombro, se propaga que la solución de la crisis pasa necesariamente por la sustitución del presidente del gobierno. La operación de acoso y derribo contra el actual jefe del Gobierno es evidente, cotidiana, constante. Ciertas emisoras le tienen declarada la guerra y le tiran a degüello a todas horas. Los maulladores gatos de la Intereconomía lo bombardean con SMS, incluso con mensajes intimidatorios: “¡Ríndete! ¡Te tenemos rodeado!” Es la crispación que no cesa.

La irresponsabilidad de esta conducta ciudadana (los mismos que claman contra la implantación de una asignatura que incorpore una recta conciencia democrática en la juventud, la Educación para la ciudadanía) está llegando a extremos repelentes: hasta la demonización del rival político: Zapatero es la personificación del mal. Cuando se alcanza este nivel de descalificación en lo político (lo sabemos por experiencias anteriores) podemos estar acercándonos, por contraste, a la idea de la santificación de la propia causa. Y a la justificación de la guerra como ‘santa’: las consabidas ‘cruzadas’.
Entre el material propagandístico de esa orquestada campaña contra Zapatero, circula un video que me ha llegado recientemente, enviado por un amigo. El título es “¿Se atrevería Zapatero a quitarles el crucifijo?”. Se trata de la filmación de un desfile militar de la Legión, presidida por un enorme crucifijo. Como música de fondo, se oye el himno de los llamados “novios de la muerte”. Los soldados desfilan con sus fusiles al hombro, marcialmente, ante la presencia de la imagen del Crucificado, inspiradora de piedad y de perdón. Y el crispador de turno aprovecha la oportunidad para lanzar la pregunta insidiosa que suena a baladronada: ¿Se atrevería Zapatero, etc?

En primer lugar, Zapatero no ha quitado ningún crucifijo de ninguna parte. La Constitución española en su artículo 16, punto 3, declara que “ninguna confesión tendrá carácter estatal”. Y esta disposición va encaminada, precisamente, a garantizar la libertad religiosa. La Legión forma parte del estamento militar de la nación, integrado en el Estado, constitucionalmente aconfesional. ¿Pretende el insidioso preguntador que todos los legionarios son fervientes católicos? Quizás algunos de ellos pertenezcan a otras confesiones religiosas, o sean, simplemente, ateos. Aquí estamos, sin duda, ante la vieja estratagema de ligar la Iglesia y el Estado, en este caso a través del estamento militar, como en los mejores tiempos del franquismo.

No se prohibe la religión católica ni otra alguna, sino su oficialización. Y en la medida de lo razonable, incluso la Constitución da un trato de privilegio a la religión católica. Pero el Estado y la Iglesia deben desvincularse, por el bien común.
Ya sabemos los males que su antigua alianza acarreó a la Patria, a la madre común.
La pregunta “¿Se atrevería…?”, es insidiosa, tendenciosa, malintencionada. Parece querer sugerir una bravata retadora, que los propios militares no han planteado.

A ese provocador se le podría replicar, invirtiendo los términos de la pregunta:

− ¿Se atreverían los legionarios a quitar a Zapatero?

La cosa es grave, señores ‘crispines’. Porque parece propiamente como si algunos estuvieran deseando que se produjera otro golpe militar como el del 36, que tanta sangre costó a España.

Dejad ya de una p. vez de mezclar Iglesia y Política, catolicismo y patriotismo. Estáis perjudicando a la democracia que debe ser, ante todo, voluntad de convivencia en paz.



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* Copia del Cristo de Velázquez, bordada a punto de cruz por Eloísa, mi hermana. Este cuadro preside mi despacho.
** véase


*** El demonio, según un dibujo original de Apeles Mestres. La reproducción que ilustra esta página es una copia a tinta china realizada por mí en 1952. Sacada de la Enciclopedia Universitas, en la biblioteca del Seminario.




sábado, enero 30, 2010

¿METAFÍSICO JUAN RAMÓN?

Eso es lo que se dijo de él cuando el poeta de Moguer inició su segunda navegación poética, allá por el año 16 del siglo pasado. Así caracterizaron esa segunda singladura Ortega y Basterra, entre otros, con la complacencia del propio poeta. Y hay que reconocer que no les faltaba razón para enjuiciarlo así; si bien hay que matizar, no sea que el crítico literario se sienta descolocado cuando situamos al poeta en el terreno de la filosofía, ajeno a su competencia. Esta renuencia del crítico literario a que su poeta sea encuadrado en el campo de la Metafísica, ha contribuido a que no sean tomados en consideración ciertos trabajos que intentan investigar esta faceta de JRJ. Esto es lo que me ha ocurrido a mí con dos estudiosos de la Literatura, discípulo el uno del otro, por lo demás críticos literarios de reconocida solvencia. Ellos son Francisco Ynduráin, maestro, y el también maestro, discípulo a su vez del primero, de grata memoria en Extremadura, el profesor Senabre.



La autoridad de estos dos eminentes profesores me ha impelido, si no a renunciar a mis convicciones, sí a matizarlas, a fin de que no se malinterpreten. Y a este propósito me he visto obligado a precisar mis conclusiones sobre el particular, cambiando el primer título de mi trabajo “La metafísica de JRJ”* por otro título, menos rotundo y más cauto: “El aspecto metafísico de la poesía de JRJ”. En el mencionado trabajo (p. 52, nota 4 a pie de página) citaba yo las palabras del profesor Ynduráin dirigidas en carta personal a quien esto escribe: “Para mí tengo muchas dudas acerca de la capacidad de JRJ para especular en un plano metafísico. Lo que pasa, me parece, es que la lírica suele en sus más altos vuelos rondar lo metafísico en intuiciones más ocasionales que sistemáticas, que no le pertenecen ni le son exigibles”.
De acuerdo con estas sabias advertencias, tengo que aclarar que nunca fue mi propósito presentar la poesía de JRJ con ínfulas de sistema filosófico. Faltaría más. Ya el propio Ortega (cuya categoría como filósofo ha sido y es universalmente reconocida) consideraba, no sin cierta ironía, que él estaba lejos de pretender haber fundado ningún sistema. Decía: “Por una idea diéramos nuestra escasa fortuna; por una teoría, nuestra vida; por un sistema, yo no sé qué diéramos por un sistema”.
Si el propio Ortega, filósofo, no se consideraba en posesión de un sistema filosófico propiamente dicho, cuánto menos un poeta que, ocasionalmente filosofa; pero que, cuando lo hace, logra retransmitirnos su concepción metafísica de lo que es para él la realidad, su visión filosófica del mundo, su peculiar ‘cosmovisión’ o, como dicen los alemanes, su Weltanschauung.
No. JRJ no tiene la pretensión de que su filosofía se considere un sistema filosófico. Ni nosotros le atribuimos esta pretensión. Lo que sí podemos afirmar es que, en su conjunto, las ideas y las intuiciones del poeta son afines al sistema filosófico que se conoce con el nombre de idealismo, que enlaza con Hegel y Fichte y cuya conexión más próxima, en el caso de Juan Ramón, es el pensamiento krausista que inspiró a los fundadores de la Residencia de Estudiantes.
El mismo Ortega, en sus lucubraciones sobre lo que él entiende por ‘realidad radical’ estaba muy próximo a esa línea de pensamiento: lo que es, o sea, la realidad en tanto que yo puedo constatarla, es en mí. En este punto, el pensamiento juanramoniano está en sintonía con las ideas del filósofo de El Escorial. También Juan Ramón siente la propia conciencia como soporte primario de la realidad. Cuando yo desaparezca, la realidad desaparecerá con él:
Sé bien que soy tronco
del árbol de lo eterno.

Sé bien que las estrellas

con mi sangre alimento.

Que son pájaros míos

todos mis claros sueños.

Sé bien que, cuando el hacha

de la muerte me tale,
se vendrá abajo el firmamento.


En el fondo, es el orteguiano yo y mi circunstancia. La realidad es percibida como algo en mí. Y así es como yo la capto. Lo de la cosa en sí es una entelequia. Según Kant, la existencia de Dios nunca se podrá demostrar por la vía metafísica. Es, únicamente, un postulado de la razón práctica.

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* Véase J. García Gutiérrez, De la Vida a la Teoría, (2001), ed. ERE y Caja Badajoz, pp. 51-60

domingo, enero 10, 2010

LOS MITOS DEL ALZAMIENTO

Cartel de posguerra

Sobre el descrédito de la República deturpada, despojada de sus valores positivos, se fueron edificando los mitos del Alzamiento, y su legitimación como una reacción salvadora ante una situación que se pintaba con las más negras tintas del pesimismo, como ruinosa y nefasta para la patria. Los interesados en el descrédito de la República la presentaban como sinónimo de caos político, de anarquía, de ingobernabilidad: enfrentamientos callejeros, ajustes de cuentas y ‘taliones’ por doquier. Había que acentuar la sensación de desorden, que exigía enérgicas medidas correctivas. Los interesados en el fracaso de la República eran los más interesados en el progresivo deterioro de la situación: así su causa se cargaba de ‘razones’ (si no de razón) y se justificaba la acción ‘correctora’ de la fuerza militar contra esa situación indeseable: quanto peius, melius: cuanto peor, mejor. La reacción de quienes estaban deseando cargar contra el sistema se veía venir. Y la inminente intervención del ejército era del dominio público, ya que muchos de los mismos interesados no se recataban en airearlo: el ejército iba a intervenir, tenía que intervenir, de un momento a otro.
El desorden del que era presuntamente culpable la República iba a remediarse con un desorden mayor: el consabido “remedio peor que la enfermedad”. Quis ut seditiones leniret turbavit rem publicam?* Había que ‘cargarse’ el sistema constitucional, odioso para quienes se creían perjudicados por él. Y, con él, las garantías de la libertad. Se cargó a cuenta del sistema todo lo malo y lo perverso: los sabotajes contra la religión católica (quema de templos, asesinatos de religiosos…) Había que demonizar la República, que había traído todos aquellos males. Y fueron apareciendo las consignas blanqueadoras de los más crasos intereses. Así surgió lo de “Por Dios y por España”. La defensa de la religión equivalía a la defensa de España.
Una vez demonizada la República como la causante de todos los males, se justificaba la guerra contra ella como “guerra santa”, como Cruzada. El máximo delito de rebelión contra la patria, la perduellio, la ‘alta traición’, quedaba, por arte de magia, convertido en obra máxima de misericordia. Y sus promotores y caudillos, en ‘salvapatrias' por excelencia. Pero ¿cómo se podía cargar contra el pueblo y ser patriota? Pues, muy sencillo, porque en el fondo, se estaba luchando contra un enemigo exterior.
El enemigo exterior era, en este caso, Rusia, que supuestamente actuaba en España infiltrada bajo el ideario comunista. En cada comunista, o socialista, había un ruso camuflado: el país estaba ideológicamente invadido por un enemigo exterior. Y había que salvarlo, exterminando sistemáticamente a todo sospechoso de connivencia con ese enemigo, con ese invasor ideológico infiltrado en nuestro país a través de la revolución marxista bolchevique.
Así todos los adictos a la República quedaban artificiosamente convertidos en enemigos ‘exteriores’ y perseguidos como tales hasta su total extinción. Los rojos tenían que ser eliminados sin miramientos, inflexiblemente.
Así funcionó, más o menos, la lógica simplista del Alzamiento. Sobre este andamiaje conceptual de simplificaciones se levantaron, como castillos en el aire, los mitos del Alzamiento: la salvación de la Patria, la defensa de la Religión, el restablecimiento del Orden, la conquista de la Paz…
La Patria quedó mutilada de su mano izquierda por unos bárbaros cirujanos que se habían constituido a sí mismos en ‘salvapatrias’.
Unos malsines que, encima, pretendían para sí mismos la condición de héroes y de patriotas.

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* ¿Quién, para sofocar revueltas, trastornó el orden constitucional? (Séneca el Mayor, Contr. 2.6.4.23)

viernes, enero 08, 2010

ASÍ ERA LA EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA EN EL FRANQUISMO

*Portada de Fernando Marcos, ilustrador del libro

Si ustedes quieren ver un texto oficial de “Educación para la ciudadanía” contra el cual, desde luego, no hubieran maullado los ‘gatos’ de antaño; antes bien, hubieran ronroneado de gusto, ese pudiera ser el texto que recientemente han recuperado algunos expertos en localizar joyas pedagógicas de este tipo. El libro se titula Así quiero ser y fue publicado (2ª edic.) en Burgos, en 1940, por Hijos de Santiago Rodríguez. Burgos fue inicialmente el foco desde el que ‘irradió’ el franquismo por toda la Península: allí estuvo, como sabemos, el cuartel general donde se coordinó toda la estrategia golpista. El libro lleva el sugestivo subtítulo de “lecturas cívicas”. O sea…
El libro contiene unas ilustraciones muy apropiadas para imbuir a los niños en el militarismo del Régimen: ya en la misma portada dos niños sostienen sendos fusiles, aunque sean de juguete (se supone) y en el interior hay niños que desfilan en formación marcial con armas de juguete, o bien, saludan con el brazo diestro en alto.
Era la educación para la ciudadanía (ad usum Delphini) para los cachorros del nuevo Régimen.
Hay en sus páginas frases de antología, verdaderamente ejemplarizantes y muy aptas para fomentar el complejo de Peter Pan, en el que se quería modelar el carácter del pueblo español, para que nunca sintiera deseos de crecer, para perpetuarse eternamente en la niñez ideal que quería para él el abuelo Franco. Contiene perlas inefables y distinciones sutiles en las que se nos previene (como si se nos vacunase) contra el mal democrático. Por eso hay que distinguir entre:
Demofilia y democracia.- (Pág. 26) Y cuando he escrito la palabra ‘demofilia’, el corrector automático ha escrito ‘hemofilia’; que es, en efecto, una enfermedad. “Se puede ser demófilo y no ser demócrata; es decir, se puede amar al pueblo y no ser partidario de que estén en sus manos las altas jerarquías del mando de la nación. ¿Por qué? Porque no está preparado para desempeñarlas” (p. 27)

Una afirmación en recuadro: El alma española es naturalmente católica (p. 8) Y, desde luego, “por la Religión católica luchó España contra los árabes, los turcos, los judíos, los protestantes, los enciclopedistas masónicos y los marxistas” (ibid.) Otro dogma en recuadro, para que no se olvide fácilmente, es que el Caudillo invicto responde de sus actos sólo ante Dios y ante la Historia. (p. 11)

En la p. 44 aparece atribuida a Menéndez Pelayo la frase “todo lo que no es tradición es plagio”, cosa que Menéndez Pelayo nunca dijo, sino Eugenio d’Ors, que, por cierto, estaba muy en la onda del Movimiento. No sabemos si Xenius se enfadaría por ver atribuida al santanderino su propia ocurrencia. Probablemente no, por la razón antedicha.

En fin, he ahí un texto clásico de ‘educación para la ciudadanía’, disciplina no tan novedosa como podrían pensar algunos. Los mismos que, posiblemente, pensarán que esa es la verdadera educación para la ciudadanía; no las perniciosas doctrinas que, en aras de la herejía democrática, nos quieren ‘colar’ los pedagogos ‘hodiernos’, con el único propósito de idem (si pronunciamos la anterior palabreja con la ‘h’ aspirada)

martes, diciembre 29, 2009

EL ÚLTIMO OTOÑO



La Asociación Literaria Huebra, de Aracena, ha editado recientemente un libro del poeta Carlos Sánchez Rodríguez, poeta del que ya nos hemos ocupado anteriormente en las páginas de este blog. El título del libro es El último otoño, y en él se nos ofrece una especie de relato novelado de la última etapa de Arias Montano en su retiro de Aracena, de la Peña, concretamente. Ese último otoño se refiere, sin duda, al del año anterior al de su muerte, ocurrida en julio del 1598. La placidez del retiro de la Peña, tan grata a nuestro biblista, hubo de verse turbada por el requerimiento del Rey, que pidió al arzobispo de Granada, Don Pedro de Castro, que se tuviese en cuenta la opinión de Arias Montano acerca de la autenticidad de los llamados Plomos del Sacromonte; y que no se tomase ninguna decisión sobre los referidos documentos sin que el sabio de Fregenal hubiese dado su veredicto. Sabía muy bien Felipe II que en tal coyuntura sólo podría fiarse de la sabiduría y la honradez de nuestro políglota.
El relato está alternativamente protagonizado por un narrador (capítulos pares) y por el propio Benito Arias Montano (capítulos impares) como únicas dramatis personae que intervienen en la narración. Hay que destacar, en este punto, el acierto del autor, que se mete en la piel del personaje y le da la máxima veracidad, en el tono comedido y prudente de las palabras que pone en boca de él.

Todo el relato está apoyado en datos con base histórica, en su mayoría. Y desfilan por sus páginas personajes de probada honradez e integridad moral, como el propio Arias Montano y, también, sus amigos como Pedro de Valencia, el arzobispo Méndez, natural de Salvatierra de los Barros; frente a ellos, los inevitables antagonistas, el contrapunto de los personajes intrigantes, que no actúan sino en provecho propio. Los que han preparado, seguramente, el fraude del que esperan obtener grandes beneficios. Los que, en definitiva, nunca perdonarán a Montano que haya impugnado la autenticidad de los Plomos, declarando que se trata, lisa y llanamente, de una falsificación.

El relato se lee con gusto, porque sabe urdir una historia interesante y refleja con todo acierto la honradez de unas almas nobles; todo ello sin demasiadas concesiones a lo fantástico, para lo que sirve de contrapunto el apoyo en el dato histórico. No sé de dónde toma el narrador algunos detalles de los numerosos que aporta y que contribuyen a dar veracidad a su relato. Pero, por ejemplo, los versos de Montano que aparecen reproducidos en la página 60, son auténticos sáficos, en los que el tercer verso, el sáfico, va seguido del adónico, tal como se consideraba en la antigüedad.

En fin, una gozada leer este libro de Carlos Sánchez. Desde aquí mi enhorabuena al autor y a los editores.

domingo, diciembre 20, 2009

LA ESPINA DE LOS ROSALES

El escritor Manuel Vicent publica hoy en EL PAÍS, en su columna dominical, un artículo con el título de “Niebla”, que puede consultarse aquí , en el que relata una anécdota de la que fue testigo en su época de estudiante en la Facultad de Derecho de Granada. El nombre de García Lorca era entonces tabú todavía en esa ciudad. No tan tabú, si la referencia al poeta era para ir contra sus méritos literarios a cuenta de su homosexualidad. Lo que cuenta Vicent es el caso de uno de los hermanos Rosales, José, más conocido por Pepiniqui, quien se dejaba caer por las tascas, siempre bien trajeado pero, a menudo, achispado y un sí es no es etílico, y pidiendo en voz alta perdón a Federico: in vino veritas. La beodez dejaba hablar libremente a su conciencia y ésta se convertía en delatora del delito latente: era la venganza de las Erinias, las Furias atormentadoras. Los cargos de conciencia referidos a la muerte de Lorca debieron de ser las espinas de los Rosales. Ya veíamos, hace unos días ("La fosa de García Lorca") la referencia a otro escrito, aparecido días atrás en el mencionado diario, cómo la hija de Ruiz Alonso, Emma Penella, contó haberle oído decir a su padre que quien reveló a éste dónde estaba Lorca escondido fue otro de los Rosales, de nombre Miguel. No sabemos si éste también experimentaría los mismos cargos de conciencia que su hermano. En todo caso, por una razón u otra, parece que la muerte de Lorca fue la espina que durante su vida atormentó a la familia de los Rosales. Hubo, posiblemente, transacciones y paripés, con tal de guardar las apariencias.

Viene, en ese mismo número de EL PAÍS, copia de la partida de defunción del poeta. Y la muletilla de siempre, cuando se trataba de ocultar los crímenes de estas ejecuciones: "murió a consecuencia de heridas recibidas en hechos de guerra" (la cursiva es nuestra). La susodicha muletilla nos es familiar por cuanto en la partida de defunción (asentada en el Juzgado de Aceuchal) hacia 1942 y que tuvo que presentar mi madre para solicitar una mísera pensión de viudedad, decía poco más o menos: "fallecido a consecuencia de la pasada guerra". La guerra era la tapadera de los asesinatos con los que la derecha se fue deshaciendo de sus enemigos políticos.

martes, diciembre 15, 2009

LARREY, CARICATURISTA DE LEY

No sé si voy a descubrir el Mediterráneo si digo que José Larrey, el humorista gráfico habitual de nuestro diario regional HOY, además de dibujante de monigotes impersonales, es un formidable caricaturista, capaz de realizar síntesis fisonómicas que encierran, en unos pocos trazos, las facciones que nos hacen reconocer a una persona en sus rasgos fisonómicos esenciales. Esta habilidad se hizo patente a sus convecinos de Usagre en la exposición de caricaturas de personajes típicos del pueblo, pero se puede comprobar a diario en la representación de rostros conocidos de la política u otras actividades que suelen implicar cierta popularidad en los que las ejercen. Voy a reproducir (si me lo permiten el autor, amigo, y el diario que suelo leer a diario) la que hoy se publica en la página 24 correspondiente al día de la fecha en el mencionado periódico. Son perfectamente identificables los personajes que en la actualidad lideran, respectivamente, las agrupaciones sindicales que se denominan CCOO y UGT, Fernández Toxo y Cándido Méndez.
Como yo practico también la caricatura, si bien no con la habilidad y el dominio con que me gustaría hacerlo, creo estar en condiciones de calibrar estas extraordinarias aptitudes para hacer síntesis fisonómicas que demuestra nuestro popular colaborador del HOY. Mi presunta aptitud para la caricatura es, más bien, fruto del subconsciente, pero no algo que pueda dominar y dirigir a mi arbitrio. De pronto, sin que haya un propósito explícito, brota del lápiz una fisonomía que estaba siendo tratada de forma subliminal por el subconsciente. No me lo propuse: salió por sí sola la síntesis. Sólo recuerdo haber logrado una vez una caricatura por encargo. Los rasgos decantan por sí solos, sin que medie la voluntad, y sólo a partir de ese alumbramiento involuntario (o sólo subconscientemente voluntario) podemos hacernos con la fórmula fisonómica de ese rostro. Otro día pondré algunos ejemplos de esta imprevisible manera de actuar el subconsciente.

LA CRUZ Y EL LÁBARO

"Detrás de la cruz está el diablo", ilustración por Apeles Mestres


La consigna “Por Dios y por España” está herrumbrosa, orinienta y, sobre todo, manchada de sangre. Si yo la saco ahora a relucir aquí es para delatar la enorme estafa, religiosa y patriótica, con la que defraudaron paritariamente a la Religión y a la Patria quienes la enarbolaron como consigna para defender no unos intereses comunes, patrióticos y/o religiosos, sino unos intereses propios, de partido o de bandería.
La derecha vio una inmejorable oportunidad de abortar un movimiento que trataba de subvertir, por injusto e insolidario, el statu quo social (antisocial, más bien) basado en la propiedad abusiva de los medios de produción y en la explotación sistemática del económicamente débil.
A la Falange se la utilizó como ‘tonto útil’, como idealista ‘compañero de viaje’ al que había que cortar las alas tan pronto como se consiguiera parar la marea socialista. Inmovilizado en la cárcel José Antonio, aislado, no se movió un dedo para salvarlo. La Falange de José Antonio fue la gran defraudada. Por eso lo de la Falange Auténtica (a buenas horas, mangas … azules) no ha ‘colado’ después. Hubiera sido preciso ‘cambiar de camisa’: la azul estaba teñida de ‘rojo’ sangre.
Los falangistas aristócratas, que se habían olido ciertos ‘tufos’ de la ideología joseantoniana, barruntaban ya en la misma sospechosos resabios marxistas. Foxá lo decía como bromeando, pero sin rebozo: “La Falange es la hija adulterina de Isabel la Católica y de Carlos Marx”.


La polémica actual del crucifijo NO SE PLANTEA COMO UN DILEMA CRISTIANISMO SÍ, O CRISTIANISMO NO; SINO COMO UN DILEMA LIBERTAD RELIGIOSA SÍ O LIBERTAD RELIGIOSA NO.


En nombre de Dios y de Cristo se han cometido muchas tropelías. En muchos casos (y en el de nuestra Guerra Civil tenemos el más sangrante) se les ha llamado Cruzadas. Son genocidios, matanzas perpetradas en nombre de Cristo.

Desde Constantino el Grande, el lábaro (es decir, la cruz) ha sido el estandarte que ha servido para ocultar y, sobre todo, cohonestar, intereses distintos de los puramente religiosos.


Porque es verdad que, a veces, detrás de la cruz está el diablo.

sábado, diciembre 12, 2009

LA FOSA DE GARCÍA LORCA

Porque amé a este poeta desde mi niñez, porque lo descubrí por mí mismo, porque contagié de mi entusiasmo por su poesía a varios compañeros de estudios en el Seminario de Badajoz, porque supe, desde muy joven, que Lorca había sido víctima de la misma represión que acabó con la vida de mi padre…porque Federico fue mi poeta predilecto desde que tomé contacto con su poesía, porque su magia y su duende me cautivaron hasta la exaltación, me duele ahora que se esté a punto de renunciar, o de tirar la toalla, en el asunto de la localización de sus huesos, tras el resultado infructuoso de las excavaciones que se están llevando a cabo en el barranco de Víznar, donde, hasta ahora, se había creído que estaban enterrados los huesos del poeta, junto a los de sus compañeros de fusilamiento. Las declaraciones de alguno de los responsables de las excavaciones nos producen tristeza y rechazo: “No llenaremos Granada de agujeros”, parece que ha dicho uno de los representantes del Ayuntamiento granadino. Hipérbole se llama esa figura. Si se abren agujeros, con volverlos a tapar otra vez, en paz.
Probablemente, no aparecerán los restos de Lorca. El franquismo tuvo tiempo de sobra para trasladar esos restos, para destruirlos incluso, haciendo desaparecer todas las huellas físicas del crimen más odioso.
Y una revelación, con todas las trazas de ser verosímil, por parte de una de las hijas del abominable Ruiz Alonso, Emma Penella, una de sus hijas (¡qué terrible oprobio el de ser hijo, o hija, del que dirigió la operación de prender a García Lorca!) quien ha revelado que fue uno de los Rosales, Miguel de nombre, quien en un desfile falangista le contó a Ruiz Alonso que Federico estaba escondido en el domicilio de los Rosales y que por eso él, el delator, no quería ir por casa de sus padres, para no encontrarse con el poeta. Si esto es verdad (y tiene pinta de serlo) la perdición le vino al poeta por traición de la propia familia Rosales: vino a refugiarse en la boca del lobo.
Ya resultaba bastante sospechoso el ajetreo de los falangistas hermanos Rosales, todo el día fuera de casa, afanándose en los frentes fascistas, que no tuvieron tiempo de acudir a casa a interesarse por el huésped prisionero, a buen recaudo en la ratonera del presunto refugio.
¡Pobre Federico! Mucho me temo que no podremos besar tus huesos, “tu noble calavera”, reliquias venerandas para todo amante de la poesía.

domingo, diciembre 06, 2009

LA ULTRARREALIDAD DEL SUEÑO

Goya, El sueño de la razón

Este blog, desde su nacimiento mismo, ha estado vinculado al sueño y al mundo onírico. De ello da cuenta el título mismo “La materia del sueño”, porque su visión del mundo y de la llamada realidad encaja de lleno en la concepción barroca de la vida como sueño. Es la misma intuición que hace exclamar a Próspero, el personaje shakespeariano de La tempestad:

Somos de la misma materia de los sueños
y nuestra breve vida rodeada está por un sueño.
(Acto IV, vv.156-7)

Suelo volver, recurrentemente, sobre el tema, pues también ciertos sueños se repiten. A veces, nuestras experiencias del mundo onírico se entremezclan y confunden con las de la vida real. Recuerdo, a este propósito, cierto pareado de Campoamor:

Te he visto no sé dónde ni sé cuándo.
¡Ah!, sí, ya lo recuerdo; fue soñando

(Humoradas, II, X)

Nuestro siempre recordado Bécquer, que aunque pertenece al Romanticismo conserva un trasfondo de signo barroco, nos habla de ciertas escapadas del espíritu a la otra dimensión, la de la ultra-realidad, representada principalmente por el mundo de los sueños. En él tiene amigos y conocidos, que nunca vio en la realidad y que, sin embargo, le son familiares:

Pero sé que conozco a muchas gentes
a quienes no conozco
(Rimas, LXXV)

Recuerdo que, entre las lecturas que distraían del ruido de las cucharas y los vasos en el comedor del Seminario, un lector de turno (también a mí me tocó hacerlo alguna vez) nos leía un interesante artículo sobre el mundo de los sueños (creo que era de la revista Razón y Fe) En este artículo afirmaba el autor que se dan recuerdos “de sueño a sueño”. Esto es, se recuerdan algunos sueños que ya se han tenido en una o más ocasiones anteriores. Esta experiencia se ve confirmada por el testimonio de algunos escritores y uno de éstos es Luciano de Samósata. Esto es lo que viene a decir el autor en un breve relato que narra la visita a la Isla de los Sueños, y que forma parte de sus relatos fantásticos titulados, irónicamente, “Historias verdaderas” (Verae historiae, II, 34):

Reconocíamos a muchos [de los sueños] porque los habíamos visto tiempo ha en nuestras casas, y ellos mismos nos salían al paso y nos saludaban con abrazos, como si fuéramos conocidos e íntimos…



(Relatos fantásticos, Luciano de Samósata, trad. de C. García Gual y otros, Alianza Editorial, 1998, pp. 79-80)

Uno de estos personajes, que debía ser conocido de un sueño anterior, fue el que anoche volví a ver yo en sueños. Nos encontrábamos en un lugar oscuro, de manera que yo no podía distinguir claramente su rostro. Estrechó mis manos muy amigablemente, con unas manazas grandes y fuertes. Deduje, puesto que en la oscuridad no podía apreciar bien su estatura, que debía tratarse de un individuo más bien alto, a tenor de aquellas manos que estrechaban las mías. Cuando, por fin, pude divisar su rostro a la claridad del día (todavía en el sueño) vi que sus facciones no me resultaban del todo desconocidas, por más que no recordaba bien dónde lo había visto anteriormente. Tampoco era tan alto como yo me había figurado.
Nos despedimos amigablemente y yo estuve muy solícito en demostrarle que lo apreciaba y lo recordaba bien, por más que en mi fuero interno me preguntaba a mí mismo quién sería aquel individuo.

jueves, noviembre 26, 2009

El montaje publicitario de la actual campaña contra la violencia de género

“¿Es lo tuyo más o menos?

¿Lo mío es menos o es más?”
(J.R.J. Estío, XIV)


No sabemos a cuánto ascenderá el presupuesto de la actual campaña publicitaria del Gobierno para contrarrestar la llamada ‘violencia de género’. Probablemente, habrá costado un pastón. El aparato publicitario me parece torpemente amañado, adobado de falsa galantería y halago a la mujer. Incluso una ofensa para su inteligencia y, de rebote, para la inteligencia masculina. El montaje es el siguiente: unos cuantos hombres, entre ellos el actor Javier Cámara, aparecen en la pantalla afirmando categóricamente y como si estuvieran convencidísimos de lo que dicen (que para eso les pagan):

De todas las mujeres que hay en mi vida, ninguna será menos que yo”.

Entre estos promotores del eslogan, aparecen dos o tres féminas que dicen, aparentando estar firmemente convencidas:

De todos los hombres que hay en mi vida, ninguno será más que yo”.

(He destacado en negrita los adverbios ‘más’ y ‘menos’)

Si reparamos en la forma de enunciar las respectivas frases, los representantes del género masculino reivindican la primacía desde el punto de vista de la inferioridad. Como si dijeran: A mí, a ser inferior, no me gana ninguna fémina. Éstas pueden ser más o igual que yo. Pero yo me reservo el privilegio de la inferioridad respecto a ellas. Y, ojo, con que alguna mujer pretenda disputarme este privilegio, que le rompo la cara…(Podríamos añadir) ≤ (Es el signo matemático que indica la situación reivindicada por el varón con respecto a la mujer. Pura galantería marrullera, de “chica, no te lo creas”)

Por su parte, las representantes femeninas presentan su eslogan desde el punto de vista de la superioridad. Los hombres ‘que hay en mi vida’ podrán ser iguales o inferiores a mí, pero nunca superiores. Tratando de robustecer el sentimiento de valía y la autoestima de la fémina, se la hace incurrir en presunción. Lo que es un halago con un componente muy probable de mentira.

Todo este ‘ser más’ o ‘ser menos’ el hombre que la mujer, me trae a la memoria un epigrama del poeta hispano romano Marcial (8.12):

¿Por qué no quiero tomar por esposa a una mujer rica,
me preguntas? No quiero estar bajo su dependencia.
La esposa, amigo Prisco, debe ser inferior al marido:
no de otra forma resultan iguales el hombre y la mujer
.

Es una paradoja: para que la mujer sea igual al marido es preciso que ‘se haga inferior’. ¿No implica esto que Marcial cree en la superioridad ingénita de la mujer? Es preciso que ésta se ‘rebaje’ para estar a la altura del hombre, inferior de suyo. La paridad del hombre y la mujer sólo se consigue cuando la mujer, que es, por naturaleza, superior al varón, se hace inferior a éste. A fin de cuentas, quizás sea verdad el eslogan publicitario en lo que respecta a la superioridad presunta de la mujer y a la consiguiente inferioridad, también presunta, del varón: Ninguna de las mujeres que hay en mi vida será menos que yo. Igual o más, sí; pero menos, imposible. Y viceversa, el eslogan de las féminas: Ninguno de los hombres que hay en mi vida será más que yo. Igual o menos, sí; pero más, imposible. ≥

El tópico del ‘sexo débil’ resulta ser un mito. Ya lo puso de manifiesto, hace muchos años, el humorista Enrique Jardiel Poncela, con el título de uno de sus libros: El sexo débil ha hecho gimnasia.

Tal vez la mentira publicitaria haya dado en el clavo en esta ocasión. Y si la observación del poeta bilbilitano es correcta, la mujer, para igualarse con el hombre, deberá hacerse como él, inferior.


Inferior matrona suo sit, Prisce, marito:

non aliter fiunt femina virque pares (vv. 3-4)

sábado, noviembre 14, 2009

COCK, EL EURO Y EL HUERTA HONDA

Un pasaje del poema latino que el humanista holandés Enrique Cock dedicó a describir, encomiástica-mente, las villas del Ducado de Feria, es el que describe el ‘locus amoenus’ que era entonces el huerto del palacio ducal (hoy Parador de Turismo) El terreno que ocupaba dicho huerto es el que en la actualidad ocupa el Hotel Huerta Honda, que conserva este nombre como reminiscencia del ameno lugar. Nada menos que 13 versos (aproximadamente el 7% del total de versos dedicados a describir otros lugares típicos de la villa ducal: el palacio, las iglesias y conventos, las fiestas, etc. (versos 30 al 217, inclusive) abarca el pasaje dedicado a describir el huerto del Duque.

Los versos 124-5, con los que se inicia la descripción del florido huerto donde hoy se ubica el HHH, dicen así:

Junto al palacio un huerto, al socaire del Euro ligero,
de breves dimensiones, pero fértil en plantas diversas
.

El Euro (con mayúscula) es el nombre de uno de los vientos más placenteros. Sopla del S.E. y era, antiguamente, símbolo de tiempo bonancible, como sus parientes, el Austro y el Favonio. Recordemos los versos de San Juan de la Cruz:

Detente, Cierzo muerto;
ven, Austro, que recuerdas los amores.


Con la alusión al Euro (con mayúscula) Cock nos da una referencia sobre la ubicación en la que se asentaba el huerto: al lado del castillo, por la parte que mira al E. y al S. No hay duda: se trata de la llamada Huerta Honda, nombre que se conservó hasta bien entrado el siglo XX.

El fundador y propietario del hotel del mismo nombre, Sr. Martínez Buzo, decidió decorar una de las dependencias del citado establecimiento (el llamado Salón del Duque de Feria) con algunos de los versos que Cock dedica al lugar. La idea es buena, a mi modo de ver, por más que, como ya he manifestado personalmente al propietario, echo en falta una cosa. Ya que no se cita al traductor al castellano de esos versos (que, dicho sea de paso, es quien esto escribe) debería mencionarse, siquiera abreviadamente, el nombre del autor: (E. Cock, siglo XVI) Poco espacio, como se ve, se emplearía en hacer esto. Además, la cita no está hecha con precisión: hay una repetición que no corresponde al original. Se debe citar con exactitud. Aun en el caso de elegir ciertos versos y prescindir de los demás.

La cita podría haber sido, por ejemplo:


Aquí las aves, moradoras de las ramas frondosas,

lanzan al aire sus trinos a modo de líricos cantos;
bajo ellas brotan las frescas aguas de los manantiales

(vv. 129-131)


Allí crecen las rosas rosadas, de purpúreos rubores,
y los lirios y el romero oloroso, remedio infalible,
y cuantas flores renueva el tiempo de la primavera

(vv. 134-136)


(E. Cock, Asafrae Turdetanorum descriptio)


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Brindamos estas sugerencias, por si quisieran tomarlas en cuenta los actuales propietarios del establecimiento hotelero.
Y deseamos que el euro (con minúscula) siga soplando favorablemente sobre éste y otros negocios de los Sres. Martínez Buzo.
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NOTA: Insertamos aquí una foto del lienzo de pared del Salón Duque de Feria, con los textos fragmentarios del poema de E. Cock. El 3º verso de la inscripción dice 'tomándose', donde debe decir 'tómanse'. Y en el verso inferior se repite 'renuevan del tiempo de la primavera'. Debe decir 'y las frutas doradas abundan en el tiempo de otoño'.Insertamos también fotocopia de un fragmento de la Asafrae Turdetanorum descriptio, que se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid. Este poema fue transcrito y traducido por mí en el librito, publicado en 1976, con el título de Zafra y los demás pueblos del Ducado de Feria celebrados por Enrique Cock (siglo XVI) En el año 2006 se hizo una reedición a cargo del Ayuntamiento de Zafra y gestionada por el Centro de Estudios del Estado de Feria. Por esta segunda edición citamos aquí.


Nota final: Hacer clic sobre la foto para ampliar

martes, noviembre 03, 2009

CONTRASONETO

En una ocasión anterior hice alusión al soneto panegírico que Manuel Machado dedicó a Franco. El dictador tuvo muchos panegiristas (una lista bastante numerosa, con elogios delirantes, se puede ver aquí ) Falta alguno que otro de entre los más importantes. Me refiero a Eugenio d'Ors, del que ya me he ocupado anteriormente en este blog http://garciguti.blogspot.com/2008_05_01_archive.html#4427431567235703933.


El desencadenante que puso en marcha el genocidio de nuestra guerra civil fue, en mi opinión, un gobierno débil (los mandatarios del régimen de la República) que no atajó los desórdenes que se produjeron previamente a la sublevación militar. Los enfrentamientos preliminares entre los desmandados de una y otra parte. Una izquierda incauta que aspiraba a implantar un nuevo orden social, a consolidar las libertades propias de una sociedad laica (entre éstas la de la libertad religiosa) y un sistema económico que no perpetuase la pobreza de unos y la riqueza de otros. Esto último demandaba un más racional aprovechamiento de los grandes latifundios improductivos. Se procedió a la ocupación de fincas mostrencas. Pero operaciones de este tipo alarmaron incluso a los pequeños propietarios. Todos vieron amenazadas sus posesiones



Los zafios enemigos de la libertad religiosa (¡dejad a los creyentes con sus creencias!) fueron los que más perjudicaron a la causa socialista, con sus sabotajes de personas religiosas y lugares de culto. Esto contribuyó al descrédito de su causa (que se asoció de inmediato a la de los 'enemigos de Dios') y que sería aprovechada por los sublevados como una justificación más de sus tropelías. La consigna 'Por Dios y por España' los acreditaba de buenos, y los jerarcas eclesiásticos, agradecidos, bendecirían como 'Cruzada' la sublevación militar. De todo este malentendido y desaguisado la consecuencia fue que una de las facciones políticas en liza, la derecha, pudo deshacerse sistemáticamente, implacablemente, cómodamente, de su rival político, la izquierda. Contribuyó a ello la organización paramilitar de la Falange, en connivencia con el militar invasor y colaborando con ellos en la 'limpieza' de la retaguardia. Así la población civil quedó en una situación de desigualdad: armados los de la derecha (representados por los falangistas) y desarmados los de la izquierda. La derecha se incautó de la Patria y este fue el primer acto del parricidio que con la madre común cometieron los sublevados.

Los panegiristas del régimen incensaron a su gusto al Caudillo y la Jerarquía eclesiástica le adjudicó honores divinos. Hubo quien propuso hacer al Caudillo nada menos que Cardenal honorífico. (Repásense los enlaces anteriores).

En fin, el propósito principal de esta entrada ha sido el de hacer un CONTRASONETO contra el que hizo en su día Manuel Machado para elogiar la figura del Caudillo. Soneto que vino a confirmar lo que ya el poeta había presentido: las afinidades entre los poetas (los aduladores, especialmente) y las prostitutas:





Hetairas y poetas somos hermanos


El poeta que había glosado en versos memorables el heroísmo del Cid ("El ciego sol se estrella / en las duras aristas de las armas...") se prostituyó con la alabanza del caudillo golpista. A cambio de los favores del Régimen.

CONTRASONETO DEL QUE HIZO MANUEL MACHADO EN ELOGIO DE FRANCO

Caudillo de la nueva reconquista,
− contrafigura de la antigua hazaña −
la que metió a los moros en España
para apoyar la rebelión golpista.

Al socaire del dogma falangista,
el paramilitar entra en campaña;
y con total impunidad se ensaña
la derecha en el bando socialista.

Por Dios y por España’ es la proclama
que, para cohonestar la felonía,
alega la homicida represión.

Y la Iglesia, a su vez, Cruzada llama
lo que más propiamente debería
llamarse con el nombre de Traición.


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domingo, octubre 11, 2009

NUESTRA CUENTA PENDIENTE CON LA FELICIDAD

En definitiva, el hecho de derramar lágrimas, con ocasión de sucesos venturosos, viene a denotar una característica de la naturaleza humana. Me he ocupado del asunto en un artículo más extenso que se publicó en la revista Encontros-Encuentros y que lleva por título “La nostalgia del Paraíso en la poesía” (1). Lo incluí posteriormente en mi libro De la Vida a la Teoría, publicado hace unos años (2)

Es un hecho palmario el que enunciamos en el título de este artículo. Los seres humanos, por el hecho de serlo, tenemos una cuenta pendiente con la felicidad, estamos ‘vocados’ a ella (si no ya ‘abocados’) de una manera irrenunciable.

Este compromiso nuestro con la felicidad parece que lo llevamos impreso en los genes. De él se han dado varias interpretaciones teóricas, acaso la más antigua sea la de Platón. Su teoría de la reminiscencia tiene numerosos adeptos, entre ellos, muy conspicuas figuras de las letras universales. Una de éstas es el portugués Camões, que demuestra haber entendido muy lúcidamente la teoría platónica de la reminiscencia. El ser humano tiene, según ella, una experiencia innata de la felicidad. Dice el épico portugués:




Mas, ó tu, terra de Glória,
se eu nunca vi tua essência,
como me lembras na ausência?
Não me lembras na memória

senão na reminiscência

(Mas, oh tú, tierra de gloria,
si yo nunca vi tu esencia,
¿cómo es que siento tu ausencia?
No te añoro en la memoria
sino en la reminiscencia)

Esa ‘reminiscencia’ no es otra cosa que la memoria innata de la felicidad. Así lo explica el escritor espiritualista José Mª Cabodevilla:

Si entendemos la felicidad como una privación es porque en algún momento, de hecho o de derecho, fuimos felices. ¿Cuándo? Por debajo de la memoria personal debe existir una memoria más honda, la memoria de la especie, esa que guarda el recuerdo de un paraíso anterior a toda historia y prehistoria. ¿En qué vida astral, en qué remotísimas entrañas maternas supimos que existe la felicidad? (3)

Las lágrimas que brotan en nosotros ante cualquier encuentro esporádico con la felicidad nos remiten a esa cuenta pendiente, despiertan en nuestra alma la nostalgia inmarchitable del Paraíso perdido. La felicidad ocasional nos trae el recuerdo de la felicidad absoluta por la que secretamente suspiramos.

Puede que sea la huella de Dios, su impronta inconfundible. Porque, en el fondo, −no lo olvidemos− Dios no es otra cosa que la concreción del Bien Absoluto, o también, el Bien Supremo.
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(1) Encontros–Encuentros, Olivenza, 1989, nº 1, pp. 69-83


(2) Editora Regional de Extremadura con la colaboración de Caja Badajoz, Zafra 2001, pp. 151-166
(3) Cf. José Mª Cabodevilla, Feria de utopías, BAC, Madrid 1974, p. 119

sábado, octubre 10, 2009

Entonces…¿nunca se llora de alegría?

Consultando unos textos de autores latinos me he topado con unas consideraciones de Séneca el Mayor, padre del filósofo Séneca y abuelo del poeta Lucano. Si mi interpretación del texto latino es correcta (y espero que lo sea) lo que llamamos ‘lágrimas de alegría’ resultaría una expresión inexacta: piensa el viejo Séneca que nunca se llora de alegría, sino que la verdadera causa de las lágrimas queda disimulada, oculta, mediata, por más que la ocasión próxima de ese llanto, cuya verdadera causa no acertamos a discernir, pueda ser un suceso jubiloso. Así, por ejemplo, dos personas que se quieren, al volver a encontrarse, después de una larga separación, sienten que las lágrimas afloran a sus ojos. Si el hecho mismo de encontrarse presupone la alegría del reencuentro, ¿por qué afloran las lágrimas a los ojos de ambos? ¿Por qué el logro de aquello que se ha deseado ardientemente hace que broten las lágrimas? La explicación que solemos dar del fenómeno es que hay lágrimas de alegría, lo mismo que hay lágrimas de dolor. Para el patriarca de los Sénecas sólo habría lágrimas de dolor, nunca de alegría. Lo que esas presuntas lágrimas de alegría delatan es el antiguo dolor, la angustia represada, que aprovecha el instante de la alegría para dar libre curso a las lágrimas, como en el garcilasiano “¡salid sin duelo, lágrimas, corriendo!”. He aquí, extractado, el pasaje de Séneca el Mayor en el que se expone la sagaz teoría:
La lágrima siempre es indicio de que algo no ha salido a la medida de nuestro deseo; las lágrimas son señal de nuestra desazón, y el exponente de ese rechazo de nuestra alma. Nadie llora jamás por tener lo que desea. Las lágrimas son el efecto de salir al exterior el dolor reprimido en el alma y de romperse un silencio no soportable por más tiempo. Así, aquel que llora sobre las cenizas de su patrimonio, aborrece el incendio; el que llora por un naufragio odia el mar; el llanto es la más comedida expresión de aborrecimiento de la humana penuria.*

Se llora, pues, no por la alegría que nos produce el logro de algo que hemos deseado intensamente (en general, nuestra felicidad) sino por el dolor que nos ha producido, hasta ese preciso momento, la separación del objeto deseado. Lo explica también el viejo rétor latino: “derramábamos lágrimas por la pena de nuestra anterior separación”**

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* Lacrima semper indicium est inoptatae rei; lacrimae pignora sunt nolentium et repugnantis animi vultus index. Nemo umquam quod cupit deflet. Lacrimae coacti doloris intra praecordia et intolerabilis silentii eruptio. Sic ille qui super cinerem deflet patrimonium odit incendium; sic qui naufragium deflet maria detestatur. Fletus humanarum necessitatum verecunda exsecratio est. (Contr. exc. 8.6.1.25 ss.)

** ...fundebamus lacrimas ex paenitentia discidii prioris (ibid. 8.6.1.41)

lunes, octubre 05, 2009

FÁBULA DE LOS DOS LOROS



* Dibujo de Castelao


Circula por ahí un chiste de cuya filiación no cabe tener duda, una vez conocido su contenido. Se trata de un loro malhablado, que despotrica más bien a diestro que a siniestro, contra Zapatero, con ese odio visceral que el mandatario de las cejas circunflejas provoca en ciertos sectores de la oposición. El dueño del loro malhablado, preocupado, al parecer, por esa lengua maldiciente que repite obsesivamente “¡Zapatero, cabrón, hijo de puta, muérete!”, busca consejo para que su loro adopte un lenguaje más civilizado. Y qué mejor remedio que la compañía y el trato de un loro como Dios manda, educado en los principios religiosos. Le aconsejan que pida prestado por unos días el loro que es propiedad del cura: un loro al que se le supone bien hablado y educado en las prácticas piadosas.

Al cabo de algún tiempo alguien, le pregunta al dueño del loro mal hablado qué tal ha sido el resultado de la convivencia de su loro con el loro del clérigo.

Ahora es peor – contesta- pues cuando mi loro dice lo de “¡Zapatero, cabrón, hijo de puta, muérete!”, el loro del cura contesta:

− “¡Te lo pedimos, Señor!”.

Hasta aquí la fabulilla.

Lo que sigue bien podría ser un comentario al hilo de la historia, una apostilla que está en consonancia con las enseñanzas de la Historia, con mayúscula. Y que no es otra sino la confirmación de que cuando la extrema derecha se alía con la Iglesia, el odio se reviste de piedad. El genocidio se santifica (la guerra santa) con el nombre de Cruzada. Y todo crimen se justifica con la consigna suprema de “¡Por Dios y por España!”.